viernes, 11 de diciembre de 2020

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Sotos sin ruiseñores

 

 

                                    



No sé dónde he leído, que Ramón Gómez de la Serna, el creador de las greguerías, decía que en el Rastro se encuentran los libros que no se  pueden leer. Probablemente sea cierto. Uno hace un acopio de libros, bien porque se vienen solos o porque los trae alguien y llenan los anaqueles ocupando un sitio que los estaba esperando.

Los sotos del río son algo así, como el rastro de los ruiseñores, o sea un lugar donde están los pajarillos porque la naturaleza es así,  pero que, a diferencia de los libros,  nunca pondrán venir a llenar algún hueco en nuestra casa. Los ruiseñores, no pueden vivir en cautividad.

En las mañanas de primavera, por abril, y más por mayo, en esas horas altas de la madrugada donde el lubrican aún se adueña de la noche y todavía no viene el día, ellos llenan con sus trinos esos momentos indescriptibles que no se pueden comparar con nada en el mundo.

El ruiseñor es pequeño, diminuto, casi insignificante. No es llamativo por su tamaño, ni por su pluma de color parduzco. El ruiseñor vive entre la maleza y entre la vegetación de las orillas de ríos y arroyos. Es amante de los lugares frescos, sombríos. A veces, se deja ver cuando canta, e incluso permite la cercanía del hombre. Dicen que su canto sube de tono y se hace aún más bello, mientras están en el proceso de anidamiento.

Es un pajarillo migratorio. A finales de verano, emprenden la marcha. No queda claro si son gregarios o no, porque se pueden ver de las dos maneras, o en bandadas o solitarios. Buscan los lugares cálidos de África para pasar los meses gélidos del invierno.

El ruiseñor tiene buena literatura. Se asocia con el amor. En el siglo XVII, en 1611 ya lo recoge el Diccionario de Covarrubias:  “Avecita que con su canto nos alegra y regocija en primavera, dicha en latín Luscinia porque canta al alborada…”

El cancionero, en el Romance del Prisionero, le da aún mejor trato: “Que por mayo era, por mayo / cuando hace la calor, / cuando los trigos encañan / y están los campos en flor, / cuando canta la calandria / y responde el ruiseñor….”

Ahora, cuando los árboles de hoja caduca: almeces, granados o prunos, se despojan de sus hojas,  no hay ruiseñores en los sotos…

 

 

 

 

 

 

 

 

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