martes, 27 de octubre de 2020

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 Para ti... Ayer, un problema técnico me impidió colgar la "rosa nuestra de cada día". Al comunicar la noticia, Salvador Pendón, comentó: "mañana, dos". El rosal ha sido así de generoso...




Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El castaño de Tormantos

 


 Gredos se chorrea hacia la parte de poniente por la Sierra de Tormantos, y de allí, al Jerte, y luego, a la Vega de Plasencia. Subíamos una tarde de verano, de Garganta la Olla al Piornal. Brezos, helechos, un robledal asombroso y…

-         Vas a ver el castaño más grande que hayas visto nunca, me dijo mi amigo Jesús Mora.

Tierra de leyendas. “Entre Piornal y Garganta, / no muy lejos de Plasencia, / relatan viejos romances / una historia verdadera…” Hablan de una serrana de la familia Carvajal, despechada por el sobrino del obispo de Plasencia. Dice el romance que: “De cintura para arriba / de persona humana era; / de cintura para abajo / tiene estatura de yegua...”

El romance corrió por La Vera, Monfragüe, tierras de Portugal e incluso llegó a Canarias. “Cuando tiene sed de agua se baja pa la ribera  / cuando tiene sed hombres se sube a las altas peñas…” La moza seducía a los hombres que encontraba por la sierra – a otros, por las fuerza – y  los llevaba a su cueva, los gozaba y los mataba…

-         ¿Y, de verdad, por estas tierra anduvo la Serrana? Pregunto.

-          Eso dice la leyenda…

La carretera serpentea. Comienza el ascenso casi desde el mismo brocal del puente que salva la garganta, pasado el pueblo. Baja el agua desde las cumbres de Gredos.  Cristalina, entre granitos y embrujo. La carretera estrecha sube y sube y sube.

-         Ahí lo tienes, me dijo, después de salir de una curva. Bajamos, nos acercamos, acaricio su corteza centenaria con la yema de los dedos, casi lo reverencio. Entre los seis – porque íbamos seis – no podíamos abrazarlo…

No salgo de mi asombro. ¿Cuántos años puede tener este castaño? No sé calcular la edad de los árboles con solo mirarlos. Hay expertos que tienen sus métodos para averiguarlo.

Tierra de leyendas, lobos y mastines para el ganado, tierra que asombra y atrapa. Suenan en el monte las cencerras de las cabras. Abajo el pueblo, en la lejanía, el Puerto de Mirabete y Extremadura que se abre por el sur hacia Andalucía, por el oeste hasta Portugal.

El Piornal está al coronar el puerto. Esto, dijo Fernando que se nos fue muy pronto -“temprano madrugo la madrugada”-  merece un pitarra, y le hicimos caso…


 

 

lunes, 26 de octubre de 2020

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día


 

Mi amigo Juan Blanco ha visto la nota en la que anuncio la imposibilidad de colgar la foto. Me ha indicado un nuevo 'camino' y aquí está el resultado... El que sabe, sabe y el que no... pues eso. Muchas gracias, amigo Juan.

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El baúl de los retales

 


Con la llegada del otoño, se abren los armarios. Se saca la ropa guardada cuando llegaron las calores, ropa de invierno acompañada de bolillas de alcanfor ‘para que no se pique’, decía mi madre. Un olor a neftalina invade la casa.

Algo parecido está ocurriendo en el mundo literario con algunos autores. No es que se haya abierto el armario que guarda su obra. No, no. Se ha echado mano al baúl de los retales y se está ‘recuperando’ la memoria hacia algunos autores que hace un montón de años -alguno no tanto, aunque sí la obra rescatada – que se nos fueron.

Verán. Han surgido libros sobre la ceguera de don Benito Pérez Galdós, sobre la inquietante vida fascista y enriquecimiento de César González-Ruano, sobre la capacidad empresarial  - sí, como suena – de Zenobia Camprubí que vendía cerámica y antigüedades en Estados Unidos, sobre el discurso franquista de José María Pemán…

Esto no es que se hayan desenvuelto las bolillas de alcanfor de los papeles de periódicos. Esto es meter la mano en el baúl de lo retales y sacar y sacar trapos y ropa que está pasada de moda, que es vieja y, además inservible, porque se ha apolillado.

Pienso que en el centenario de Galdós, lo que tiene que importar de verdad es su obra y no que un fallo en la operación de cataratas provocase su ceguera, cuando probablemente la causa fue su diabetes y la vida un tanto desordenada de don Benito.

César estuvo lleno de sombras, en Berlín, en París o en el mismísimo Café Gijón. Dejó una obra como articulista excepcional, hasta el punto que fue el foco literario en un Madrid donde comenzaban ya a brillar: Delibes, Cela…

A Zenobia, hay que valorarla por su traducción de Tagore. De su mano lo conoció Juan Ramón y el resto de los españoles -Tagore obtuvo el Nobel de Literatura en 1913 – que descubrieron la hondura del poeta indú…

De Juan Marsé ha salido un libro -Viaje al Sur – de los años sesenta, pero donde se destaca el discurso de Pemán en el palacio de Las Dueñas en 1936, alabando el golpe de Estado. Me parece excesivo. Juan Marsé escribió una obra excepcional, pero por otros motivos: por el tema, por el sitio y por la situación social en que se desarrolla. Se ha abierto el baúl de los retales…


domingo, 25 de octubre de 2020

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 Para ti..., para ti Tomás que nos dejaste lo mejor de tu arte, lo mejor de tu alma enorme que no te cabía en el cuerpo y que una noche de otoño voló al cielo...




Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Tomás Salas

 

 

                                


Esta mañana ‘Nuestra Tierra’, el grupo folk, y nuestra tierra, la que pisamos cada día se ha despertado triste, muy triste. Un mazazo inesperado. Una noticia que nunca se quiere saber, pero que está ahí. Se nos ha ido Tomás, Tomás Salas González. Su corazón dijo que ya estaba harto de andar los caminos y decidió pararse y no mover más el reloj de las horas para atrasarlo o para adelantarlo, eso lo dejó para otros hombres…

Tomás era el alma de muchas cosas. Una autoridad en la recopilación del folclore de nuestra tierra, un hombre servicial y como todos los que llevan mucho arte dentro alguien tan especial que era único e irrepetible. Tomás era de esas personas que deja un vacío, que puede sonar a tópico, pero que no va a llenar nadie.

Seguramente en una noche en que a Dios se le movió alguna cuerda de su guitarra tuvo la ocurrencia de llamarlo para que se la afinase. Y Tomás que no sabía decir que no – a mí nunca me dijo que no, ¡y mira que lo importuné veces! – emprendió el camino y fue a poner la cuerda en su sitio y a darle los acordes y los afines…

Dios se empeña en escribir de una manera que a los hombres nos cuesta trabajo entender y nos hace que nos preguntemos y nos preguntemos y nos preguntemos,  pero la respuesta siempre es la misma: lo ha querido Él. Y Tomás desde esta madrugada escribe en un pentagrama diferente en clave de Sol diferente junto al Sol diferente y verdadero, el Sol que todo lo puede.

Es difícil escribir obituarios. Casi siempre se escribe de alguien de quien decimos que se quiere y que era bueno. En este caso, no es que se diga, es que se cumplen las dos. Su ausencia va a ser una presencia constante en todo por lo que él andaba. Cuesta, cuesta mucho y como Miguel asumo sus versos: “un manotazo duro, un golpe helado / un hachazo invisible y homicida / un empujón brutal te ha derribado. Andaba la madrugaba pajareando cuando todavía estaban lejos las luces del alba”.  Se nos ha ido Tomás. Dios lo ha querido.