jueves, 13 de agosto de 2020

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

Para ti...




Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La Alberca


                
                                      


                   Para mi amiga Paquita que quería que un día abriese mi Vieja Guía por aquí…

Me despido de Salamanca – bueno, yo no me despido nunca, digo: “hasta luego” – junto a la fachada de San Esteban. La ciudad, enfrente. A mis espaldas, una de las fachadas más bellas y más señeras del Plateresco. Un cartel  me dice: Plaza del Concilio de Trento…
Salvo el Tormes - el del Lazarillo, el que viene desde la vertiente norte de Gredos, el que pasa por Alba donde murió Santa Teresa…, ese -, por un puente nuevo. Por el Campo Charro cruzo Vecinos, tomo algo de comer porque es hora, junto a la gasolinera, y voy hasta Tamames. Encinas y dehesas. Toros bravos. “Salamanca, arte, saber y toros…”
No me detengo en El Cabaco. Después del arroyo de la Barranca, a la derecha, enfilo la subida a la Sierra. Ya no es Campo Charro. Ya no hay encinas. Se cambian por rebollares, pinos silvestres y helechos, matorrales.
Junto a la carretera hay una fuente. Paro. Un hombre solitario lee en un libro. No levanta la cabeza, no mira. No se da por enterado de mi presencia. El agua está fría, helada. Se escucha como cae el chorro sobre el pilar. En la cumbre está el santuario de la Virgen de la Peña de Francia; a los pies, a un lado, el campo de dehesas; al frente, Las Hurdes; en medio, las Batuecas…
Llego a La Alberca, es media tarde. La Alberca se ha abierto al turismo: tiendas y más tiendas. Casi todas ofrecen lo mismo: embutidos, miel, garrapiñados, obleas, cestería y platos de cerámica; camisetas con estampados horrorosos. Me echo a andar por las calles. Me abstraigo de la gente. Casas adinteladas. “Ave María. 1728”. Sabor a reminiscencia judía. 
 Pienso que en cualquier esquina puede estar Ladislao Vajda rodando una escena de ‘Marcelino Pan y vino’,  pero no está. Pregunto por “el marrano de San Antón” que rifarán, luego, cuando llegue el invierno y esté cebado. Me dicen que, al de este año, lo atropelló un coche, está accidentado.
Entro en la iglesia de la Asunción: umbrosa y oscura. Cae la tarde. No espero a la moza de Ánimas que dentro de un rato con la campanilla por las esquinas pedirá oraciones para las ánimas benditas del purgatorio y “otro padrenuestro y otra avemaría por los que están en pecado mortal”...
         Entre castaños busco la dirección de Miranda y luego, Béjar y luego… ¿Luego? Dios dirá.






miércoles, 12 de agosto de 2020

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

Para ti...




Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Mi vieja Guía





                                    


Michael Portillo es un señor que viste de manera excéntrica combinando pantalones camisas, chaquetas y camisas con los colores más llamativos. Conduce un programa en el canal Viajar, y a mí me encantan algunas de sus muestras. Siempre se acompaña de una vieja guía de la que saca pequeñas ilustraciones…

En este verano atípico que vivimos yo me he visto privado de mis viajes a esos lugares a los que no iba casi nadie. Ahora no, ahora en los últimos años, uno se encuentra a gente en cualquier sitio por raro y distante que parezca.
Estoy sentado en la mesa de siempre. Miro hacia el anaquel y la veo ahí ajada, quieta, con los filos de las pastas desgastadas por el uso y la quietud impuesta por la prudencia que obliga a quedarse en casa…. Por un momento, hago de ‘Portillo’ y la abro al azar, y leo:

“Plasencia pequeña ciudad fundada aproximadamente  en 1178 por Alfonso VIII en una rica vega que… “ No sigo. Cierro los ojos y contemplo entre nebulosas aquella noche tórrida con dos ventiladores en una un viejo hotel donde era imposible reconciliar el sueño. Yo, había salido aquella mañana de Cangas de Onís, y por el Desfiladero de los Beyos había salvado  la Cantábrica…
Partía el camino. Noche en Plasencia y, luego a Mérida y Sevilla, entonces había 200 kilómetros, con la autovía redujeron a, a 198, o sea, dos menos, y la Tierra de Barros, y Monesterio y la Sierra de Tendudía, y , de allí a casa. “Hogar dulce hogar”, que dice el tópico.

Y recuerdo que en Plasencia confluyen tres valles: el de Ambroz, con Baños de Montemayor,  la judería de Hervás, y por el puerto de Béjar a Salamanca ; el del Jerte, con Navaconcejo, Cabezuela del Valle y Jerte y por Tornavacas, a Ávila; La Vera, con todos los pueblos que se apellidan de “de la Vera” y las gargantas, y arriba, imponente Gredos…

Mi vieja Guía. “España, Guía Azul, Editorial Alce. S.A, Colombia 61 Madrid-16 1977”. Mi vieja amiga y compañera de caminos por esos mundos de Dios que esperan al viajero que va con los ojos abiertos deseoso de  conocer todos sus secretos para luego compartirlos… ¡Qué tiempos, Dios mío, qué tiempo!



martes, 11 de agosto de 2020

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

Para ti...




Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Higiene







Un montón de bulos se pierden en la noche de los tiempos. El más generalizado es que el que afirma que la gente en la Edad Media no se lavaba o si lo hacía era de manera tan esporádica que podría considerarse como algo insólito.

La leyenda negra que tan ‘bien’ nos ha tratado a los españoles en algunos campos, no iba a ser una excepción en el de la limpieza. Ahí, con quien más arrean es contra Isabel la Católica de la que se llegó a afirmar que se lavó dos veces en su vida: el día de su nacimiento y el de los preparativos para su boda con Fernando de Aragón.

La hija de ambos, la reina doña Juana, etiquetada en la Historia como “Juana, la Loca” y  encerrada en Tordesillas no se quedó atrás. Según se afirmaba como no tenía buenas sus facultades y no estaba en su sano juicio, le dio por lavarse y peinarse, y su marido, Felipe el Hermoso, llegó a temer por su salud pensando que aquellos excesos podría acarrearle una enfermedad.

Hay otro rey que no se escapa, Alfonso VI. Sus tropas sufrieron sucesivas derrotas en las continuas luchas del siglo XI contra los musulmanes. Se achaca a que los soldados se habían debilitado como consecuencia del ‘amor’ al agua. El rey para evitar otros posibles descalabros eliminó todos los baños de su reino. No sabemos que si muerto el perro, se acabó la rabia…

El único rey, pero claro ese no era nuestro, que se salva de la quema es Carlomagno de quien se dice que era muy aficionado a las aguas. De hecho manda construir su capital en la ciudad de Aquisgrán en la que existían unas termas que ya se usaban en tiempos de los romanos. Las aguas de Aquisgrán eran muy valoradas como profilaxis de resfriados y de enfermedades del riñón.

Muchos de esos bulos quedan destruidos cuando se profundiza un poco en la historia y se ve que la mayoría de los médicos de aquellos tiempos sí que hacían recomendaciones para luchar contra las epidemias con la limpieza corporal, la del pelo ‘con agua, hierbas medicinales y pétalos de rosa’ al menos cada tres semanas o una vez al mes,  e incluso con la depilación del vello y el afeitado. Por la mañana recomendaban el lavado de cara y manos… No todo era como nos lo han vendido.