miércoles, 18 de octubre de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día.

Para ti....


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Lo nuestro: Los Cortigüelos

Pago rural, a las faldas del monte Hacho, en la orilla izquierda, de la antigua carretera de Málaga a Sevilla por Peñarrubia, en tierras de El Sabinal. Dista del núcleo urbano diez kilómetros. Fue propiedad del Angel de Saavedra y Ramírez de Baquedano, duque de Rivas. El duque documentalmente está incluido en la relación de hacendados forasteros durante el reinado de Carlos IV. Pagó por su adquisición 91 rs. de vellón.



MORALES GARCÍA, J. Diccionario Histórico-Geográfico de Álora y su término municipal. Servicio de Publicaciones de Diputación Provincial de Málaga. Málaga, 2008



Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Oro molido

Aún no había despuntado el alba. El lucero se las andaba en sus tareas de cada día. Hubo un cambio de hoja de ruta y dicen que, entonces, despertaron a los ángeles y como los más chicos, o sea, los angelitos pequeños se hacía los remolones decidieron lanzar un estruendo grande.

Eran sobre las seis de la mañana, minuto arriba, minuto abajo y sonó un trueno grande. Luego, un sucesión de ruidos grandes, y a eso, en algunos sitios lo llaman tormenta,  y tronó con gran estrépito y en el cielo parecía que se había desencadenado una mudanza de esa de arrastrar roperos.

Luego,  los angelitos pequeños  - tenían mucho sueño – comenzaron los chispazos eléctricos. Los llaman rayos y relámpagos. Rompían el cielo, como en cuarto y mitad, como eso que quieren hacer algunos con Cataluna, pero por las alturas.

Aquella batería de luces dicen que era para despertarlos del sueño de la noche que esta mañana Dios había decidido que fuese más corta que otras y que amanecería antes.  Y,  dicen, que Dios los reunión con amor de padre a su alrededor y les dijo: “hijos, vamos a cernir oro líquído y se lo vamos a mandar a los de abajo, que son malos, pero no tanto como algunos quieren serlo, y a ver si se enteran de una vez que Yo, sí que soy su Padre”.

Y comenzó a llover. Bajaba el agua, en algunos sitios a espuertas, como si se hubiesen reventado las tornas del cielo y se le escapaba por todas partes y se regaban los pueblos y caía sobre los tejados y sobre la calle y como los sumideros… - pues eso, como no ha habido tiempo, pues no estaban totalmente limpios – no podía tragarse toda la que venía,  corría por la calle…


Pero donde más hermosa estaba la lluvia era en el campo. Abrieron de par en par su palmas los olivoso y las aceitunas mandaban besos que las gotas no dejaban que subiesen al cielo y los naranjos y los limoneros y las campiñas  con voz dulce y acompasada dijeron: loado seas mi Señor por esta agua que nos viene, y corrieron los arroyos y las cañadas y los veneros y  el campo se espolvoreó de oro líquido que, por aquí, así llamamos al agua que en otoño baja del cielo…

La imagen puede contener: cielo, nube, montaña, exterior y naturaleza


martes, 17 de octubre de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día.

Para ti...


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Lo nuestro: Cruz de Humilladero

Conforme llegues a Flores, si vas desde el pueblo, a la izquierda, una pequeña construcción orilla la carretera. Es la Cruz del Humilladero. Dice la tradición que allí se entregaron las llaves después de la toma de Álora por los Reyes Católico en 1484… Dentro, al fondo, sobre un pequeño pedestal, una humilde cruz de madera; algunas flores… Tal como se dice te lo cuento.


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Viaje

Un amigo publica una foto en facebook; le agrega un comentario. Dice que su hijo viaja a Irlanda en ese avión que está a punto de despagar. En un bolsillo lleva un poco de dinero material, el que le puede permitir vivir mientras encuentra trabajo; en el otro, las ilusiones de quien emprende algo nuevo y,  además, en un país extranjero.

En los años en que creíamos en muchas cosas Carlos Cano cantaba una canción que era una égloga a la esperanza; otro canto a la alegría. “Que vuelvan pronto los emigrantes, que haya cultura y prosperidad” ¡Dios mío, Dios mío… ¡ Ahora no se llevan a nuestra gente trenes con máquinas de vapor y maletas reatadas con cuerdas. Claro, aquí es  que ya llegó el progreso.

Cada día el telediario nos amarga el bocado de comida. Bueno, hechos como los gorriones a las voces,  ni caso. En nuestra situación egocéntrica no nos percatamos que los que llegan en pateras por el mar azul de Ulises también tienen padres y madres. Mi amigo se ha quedado con un pellizco por dentro. Los padres de los que vienen por el mar, también.

Un lugar extraño; una lengua, diferente; unas costumbres totalmente distintas… A todos les mueve la ilusión de poder realizarse como personas; otros, piden algo más simple: comer. Esos negros  - los ‘de color’ juegan a baloncesto – tienen la mala costumbre de comer cada día. ¡Qué cosas pasan! En su tierra no se lo permiten.

No han  sabido allí  - tampoco, aquí - crear las condiciones adecuadas. La tierra los ve irse; su tierra le da lo mejor de ellas misma a otra tierra… Siento asco, si asco – y puede que me quede corto – cuando veo  cosas, cuando ante problemas enormes los vividores profesiones del presupuesto (la lista crece y crece)  pontifican y, encima nos dan lecciones…


La realidad de cada día reza otro rosario. Muchas familias tenemos a los que queremos lejos. Se siente por los adentros un agua de levante… No es el agua de levante o de poniente llamada, a voces, para baje de esas nubes - ¡hace tanta falta! - que entoldan el cielo por el que volará el avión que llevará a Miguel Leandro que es como se llama el hijo de mi amigo hasta Irlanda. No, no. Ustedes me entienden…


La imagen puede contener: cielo, avión y exterior