jueves, 27 de abril de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El campo

El campo lo está pasando mal. Falta agua. Falta el agua del cielo que trae la bendición de Dios. Los olivos están cuajados de trama; limpian el azahar naranjos  y limoneros; están encañando los trigos y todo el cereal puede agostarse si les falta, como está faltando,  el agua de abril que es el mes que saca el campo.

Las parras, entre hojas tiernas, enseñan los primeros racimos limpios. Dentro de muy poco serán uvas para una mesa del Corpus y, luego, solo uno poco después, manjar de mesa o pasto de mosto  de uva pisada cuando la madurez diga que ha llegado su tiempo y les lleve a la vendimia.

Cantan las alondras, cuando viene el alba, en las lomas del Chopo; hay una sinfonía de ruiseñores en las alamedas de río; las riberas y los sotos acogen cantos de mirlos. Cantan en los bordes del camino jilgueros, verderones y chamarines.  El campo pide agua, el campo pide que Dios no lo deje de su mano y le eche un rocío, con tiento, con cariño, con toda la Gracia que  Él y solo Él puede darle.

La jara se ha pespunteado de blanco con pinceladas amarillas dentro. Hay un ir y venir de abejas. Van de visita a las calles de las flores. Les hacen una parada breve, corta. Llegan, dejan parte del polen que traen de otras flores,  y se llevan algo de ellas. Cuando castren las colmenas algo exquisito saldrá de sus panales; lo llamamos miel.

Se han derramado las amapolas entre los sembrados; en la lejanía es una alfombra roja. Llama, atrae, deja su impronta. Quizá sea la amapola la flor más efímera. No puede cortarse. Quizá Dios la creo pensando en Platero. No sé, ¿ustedes que opinan?


Están llenos los bordes de los caminos de florecillas lilas, amarillas, blancas… Las magarzas, ahítas de floración, sobresalen a las demás y dejan una marca única, excepcional pero el campo pide agua. El campo necesita agua, el agua de abril que trae la Gracia y la bendición de Dios.

La imagen puede contener: montaña, césped, exterior y naturaleza

miércoles, 26 de abril de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Dehesas y más dehesas





Arroyomolinos de León fue tierra extremeña hasta la división territorial de 1834. En 1840 pertenecía al Priorato de León, Orden de Santiago, y a la Vicaría de Santa María de Tentudía.

El viajero va por terreno pedregoso. Cercas de piedra delimitan el campo. Pasta el toro bravo, el porcino y la oveja. Habla con la gente. Nota que cambia el acento y el giro de la oración y el uso de expresiones como “quédele, el coche allí...”, “tome agua que sea” o, “vaite po tras del cercado”... y ahora, más que nunca, comprende que Extremadura está a vista de poco que se levante las cabeza. Es decir,  al lado.

Se encuentra con alguien que como él recorre lugares y da en ir a sitios como estos. Y detecta a quien no respeta la intimidad de las personas que viven por allí, y que hay quienes se visten de espantapájaros  para ir por esos mundos de Dios. Pero esos no son viajeros. Eso es otra cosa...

Pasa por Calera de León, Cabeza la Vaca y Cañaveral de León. De paredes blancas y casas enrejadas. De flores cabe la fuente y de verdor a orillas del agua en los veneros que alimentan al río Rivera de Huelva por terreno “abrupto y serrano”.

Busca casi la protohistoria; llega a Cala pregunta por las minas de hierro y de cobr. Las explotaron los fenicios y aún siguen  en pleno (¿?) rendimiento. Descubre que le dedican una plaza al minero; una calle tiene rotulado: ‘Málaga’.

Por aquí, la agricultura, para complemento del vivir cada día. Es decir: subsistir. Le dicen que hay lugares de interés. Están – no va-  en las sierras del Castillo y Valdenueces. Como si el verdadero interés no estuviera en saber qué hace, cómo vive, qué sueña la gente que, por mediados de agosto, van, en romería, a ver a San Roque y, por septiembre, a la Virgen de Cala.

Está al pie de la Sierra de San Benito. Del castillo, sólo ruinas, pero en la mente de muchos la creencia del tesoro oculto que, algún día, alguien tendrá la fortuna de encontrar.

¡De ilusión, sabe, también se vive! La dehesa está con la yerba de primavera. Casi no ha llovido; cerdos bajo un bosque de alcornoques y encinas…


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martes, 25 de abril de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Monsaraz

El viajero llega al pueblo más bello del Alentejo pasado el mediodía. Ya ha estado otras veces. Siempre vino por diferentes caminos; supo que llegaba a un lugar único. La llanura a los pies del castillo; en la media distancia, el pantano de Alqueva que hace mar al Guadiana; al otro lado, España…

Una vez,  desde Beja y Serpa. Traía el recuerdo de una plaza con monumento a Camoens; otra, desde Évora. En Reguengos de Monsaraz compró cerámica alentejana. Repitió el mismo viaje pero sin cerámica y con calor de infierno alentejano en verano. Ahora, llega desde Barracos, por Mourao…

La puerta de entrada al castillo se abre a la llanura. Todavía no tiene claro si es un pueblo amurallado con su castillo dentro o es un nido de águilas, o sea un castillo, que cobija al pueblo. Todo es encanto; misterio; todo es paz. Aquí un día dijo a pararse el tiempo. Y se paró.

Por Monsaraz transita el silencio. Calles empedradas con pizarra negra; granito en los dinteles y cal, mucha cal, abundancia de cal que deja paredes impolutas. Reverberan con el sol; dan un toque diferente.

Monsaraz tiene dos calles. La calle Recta y la de Santiago. Flota la sombra del rey Don Dinís y la de los Templarios (por cierto el viajero repone fuerzas en un restaurante con ese nombre. Si les digo, que todo bueno, pueden pensar que se vino de rositas. Piensan mal, pero hay que indicar dónde está lo bueno en calidad, precio, trato, decoración y vistas…Espléndidas).

La gente es amable. Saben del porqué se llega hasta ellos. Son conscientes que a sus pies, además de la llanura hay, también dólmenes, menhires, cromlechs. Hablan de tres mil años antes de Cristo; año más o año menos.


El viajero tiene la sensación de que, esta vez, tampoco quiere irse. Sube al castillo. Desde la torre del homenaje ve lo que se extiende a sus pies. ¿Será por eso el llamarla  la Torre de las Brujas? Monsaraz tiene siete iglesias; macetas con flores en las puertas de sus casas; una picota que recuerda otros tiempos. Monsaraz es un pueblo medieval; tiene novecientos habitantes. El viajero sigue camino…


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lunes, 24 de abril de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Flores, Flores, Flores

Cierro los ojos. Hay por dentro un hervor de sensaciones. Media tarde; calor de primavera; apunta a verano. Llamo – y digo a los amigos que ya he llegado -. Uno, se pone ´de bonito’. O sea, traje y corbata. Las circunstancias mandan.

Iglesia – la parroquia de San Andrés de Encinasola – llena. Saludos. Corre un río de afectos. El protocolo dice dónde hay que sentarse. ¡Con lo a gusto que…! Bueno, otra vez, las circunstancias.
Isabel – Isabel del Carmen Domínguez Jarillo – es la pregonera. Le pongo el toro en suerte. La niña lidia de cine. Emotivo, directo, sentido… Deja con ganas. Le apoya un grupo. Cantan por Huelva; es decir, por fandangos. Interrumpen los aplausos una y otra, y otra, y otra… Isabel deja con ganas.

Noche de convivencia. Imposible departir con todos; imposible estar unos cuantos minutos con todos; imposible… ¡Es que vienes con tan poco tiempo…! Y sonrío y agradezco desde lo más adentro a esta gente tan buena que derroche tanta amabilidad.

La Virgen de Flores recorre el pueblo. Cae la tarde; revuelos de vencejos; van y vienen al alero del tejado. No cesan las campanas; cohete con estruendos en un cielo azul. No me hacen gracia los cohetes. Yo aquí… A callar y obedecer…

La procesión con la Virgen de Flores – manto de terciopelo rojo bordado en oro -   se detiene en lugares puntuales: Un grupo le reza cantando en la puerta de los Mártires; en  la calle Álora, la coral, una salve: Música, Abel Moreno; letra, Antonio García Barbeito. Hay lágrimas, y nudos en las gargantas, y un murmullo de recuerdos  por dentro.

Flautas dulces, tamboriles; carrozas y caballos; gente a pie… La romería, en marcha. Bullicio; gentío. Mujeres guapas; elegancia. Carrozas numeradas. La gente va a pasarlo bien; muy bien. Voy a hasta la Fuente del Rey. ¿Y no vienes a Flores? Ven  al menos hasta la Peña de los Valientes… El año que viene, no hay excusas; tienes que estar en Flores…


Gente buena; buena, buenísima gente. Otros, hace más de quinientos treinta años, sembraron y dejaron una imagen con la misma advocación, Virgen de Flores, en Álora. Quinientos años son más de tres días rezándole a la misma Madre. Los marochos y perotes somos así…


jueves, 20 de abril de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Temporal

Arrecia el Levante desde ayer.  Agita las copas de las palmeras; troncha ramas a los árboles; vuelan los cañizos; no sé sabe dónde va a parar la ropa que arranca de los tendederos; dan portazos las ventanas y las puertas del palomar no cesan en su golpeo constante…

Hay temporal en la mar. Oleajes que van y vienen embravecidas. Impresionan a la gente de que somos de secano; a los marengos, también. Dicen que las olas vuelven a tomarla con los paseos marítimos. Claro, hay una duda que no se despeja, ¿la habrán tomado los paseos marítimos con el mar y se han adentrado más de la cuenta en el rebalaje?

No sé cómo van a terminar los temporales políticos. Probablemente en nada. Algunos, los menos espabilados unos cuantos años de cárcel. El dinero, mucho dinero, está a donde no llegan las olas de la mar bravía ni las de las investigaciones…; los listos, nada de nada. Se irán de rositas.

Las imágenes que salen cada día de otras partes del mundo acongojan un montón. Pateras a la deriva por un mar desconocido. Esa gente nunca ha visto el mar; muchos de ellos ni saben nadar. Vienen de tierras donde lo que sobra es arena, sequedad y pobreza.

Me decía el otro día un amigo a raíz del  referéndum turco que Europa nunca ha tenido un tiempo de aparente paz  tan largo. A lo mejor necesitamos un latigazo de de ven cuando para que las conciencias se pongan al día. No sé.

Por si no hubiera bastante con el patio de la casa, ahora la Universidad de Southampton que está muy lejos pero no tan lejos como las piedras, es decir los asteroides que vienen del espacio, anuncian que hay peligros ciertos de que alguno pueda caer sobre la tierra.


Por lo pronto, el otro día pasó uno relativamente cerca o relativamente lejos, depende del color del cristal con que se mire, por la acera de enfrente. Dicen que es de grande algo así como el Peñón de Gibraltar. ¿Se lo cambiamos a los ingleses? Total, si lo tenemos repetido…

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miércoles, 19 de abril de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora: Rinconete y Cortadillo

Rinconete y Cortadillos vivieron en la Sevilla del Siglo de Oro. Se bajaron de tierras de Castilla y vinieron a dar, en convivencia, con los más florido y exquisito del hampa que deambulaba por el Arenal y por los aledaños del río.
Allí se encontraron con los golfos que andaban por las alojerías y que llevaban a los incautos a beber; con donilleros pendencieros en el juego de los garitos;  viejas cobejeras, alcahuetas de rosario colgados en la cintura, alfileres y randas.
Rinconete y Cortadillo dieron en caer en el patio de Monipodio. Era la universidad de los bajos fondos. Aprenden el más práctico de los consejos. Robad, todo lo que podáis y repartid. Repartid mucho porque luego es imposible recogerlo y todos callarán por la cuenta que les tiene.
Los pobres en aquella Sevilla de finales del XVI y el XVII vivían mal. Como viven mal los pobres en todos los siglos y en todos los lugares. Los ricos ¡ay los ricos! tenían su asistencia de criados, buenos mansiones y comida en abundancia.
Han saltado hoy - ¿y van?- nuevos escándalos de corrupción. Se ve que los ricos siempre quieren más. Era tan pobre, dice el refrán, que solo tenía dinero; pues bien, a estos todo les parecía poco. Querían más y más y más…
La diferencia con el consejo de Monipodio es que aquellos a lo mejor robaban y repartían, que está por ver lo del reparto, claro. Parece que estos se lo repartían consigo mismo. Ya se sabe donde arranca el camino de  la caridad bien entendida.
Unos se flotan las manos por ver a los enemigos en el furgón de la Guardia Civil. A lo mejor cualquier día se vuelve el aire, y entonces los inquilinos del furgón son los que sonríen de oreja a oreja. Dicen que el mundo da muchas vueltas; una cada día, y trescientas sesenta y tantas – depende de los bisiestos – al año.
Yates y pisos de lujo; empresas de tres al cuarto compradas por millonadas de euros; vida de opulencia y oropel; dinero y más dinero fuera;  mucho veraneo en playas de lujo y niñas guapas – con lo monas que están las niñas guapas - alrededor.

Y yo que pensaba que eso de Rinconete y Cortadillo fue algo que nos contó Cervantes…


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martes, 18 de abril de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Cal

L a cal le dio su esencia y lo hizo blanco. Cada mañana le da la bienvenida al sol cuando aparece por detrás de las crestas de los Lagares y lo baña con los primeros rayos del día…

La cal de dio su esencia y le da envidia al pueblo que se extiende, cuesta arriba, enfrente, empinándose para llegar hasta los pies del Hacho que casi toca con la yema de sus dedos y no lo puede alcanzar nunca…

La cal le dio su esencia para que desde la altura lo vean los pájaros de acero. Vienen de tierra de muy lejos y descienden, suavemente, con un rugir de motores que retienen el vuelo porque ya presienten cercano el aeropuerto…

La cal le dio su esencia, y hace que mire al río que va despacio, y juega entre el verdor de las huertas, y caracolea en meandros de capricho en un sí quiero y no puedo porque presiente su entrega al mar que tiene al alcance de la mano…

La cal le dio su esencia para que desde la lejanía las montañas recortadas en el añil del cielo lo vean como un deseo que se ve, que casi se toca, que casi… pero está allí, en su sitio, quieto desde el paso de los tiempos…

La cal le dio su esencia para que otee horizontes  desde donde viene la brisa que refresca los atardeceres del verano  cuando las estrellas salen – porque las estrellas no hacen buenas migas con la luz – más tarde al recreo y pueblan el cielo de puntitos parpadeante, distantes…

La cal le dio su esencia para que se conjuguen todos los verbos con los que juega la Historia y se acunen al amparo de los muros del castillo que sobrevive y está ahí y es emblema y seña y orgullo de su pueblo….


La cal le dio su esencia…“Pongamos que hablo” de Álora, blancura del cal blanca, y del Barranco, el Albaicín nuestro bajo un cielo de azul  con palomas y estorninos en el campanario y vientos que juegan al escondite con nubes de algodón… 

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