domingo, 25 de junio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Caín

Caín, dice el Libro, era malo. Nació fuera del Paraíso y, desde entonces, su espíritu fue de un sitio a otro. Recorre toda la tierra. No encuentra aposentamiento y se las anda buscando a ver dónde puede liarla más grande. Dice el Libro, también, que Caín mató a su hermano y que no agradaba a Dios.

Se disfrazó de hombre bueno. Lo suelen hacer casi todos los que son malos. Se colocan en los lugares donde su poder de maldad es mayor. Caín, como las malas semillas no es una sola, no; son muchas. Solo hay que abrir una mañana el periódico o escuchar las noticias.

Caín vende papeletas de embarcación a gente que nunca vieron el mar y que, por supuesto, no saben nadar. Los mete en pateras, en embarcaciones de plástico o de goma y los lanza a la ventura del juego de las olas… Luego , pasa lo que pasa.

Caín está en los sitios de decisión.  Esos ‘caínes’ no firman los tratados que son buenos  para todos porque dicen que perjudican a sus economías y si el Planeta se hace un desierto o se va al garete, ellos pasan olímpicamente. Los cambios climáticos les afectan a los pobres; a ellos, por supuesto que no.

Caín vende papelinas adulteradas. La gente quiere ser feliz. Hay mucha gente que busca la felicidad; no la halla. La gente cree que la felicidad está en un polvo blanco, en una inyección, en un ¡vaya usted a saber qué invento! y da lo que no tiene por conseguirlo…

Caín le ‘da’ el dinero que recobra con intereses desorbitados a otros aspirantes a caínes para que les compren las armas con las que se matarán entre ellos, y a los vecinos, y a los que viven un poco más allá, o a los que iban a cenar a un restaurante, a un concierto, a coger un tren, o a dar un paseo una tarde de verano en la fiesta de su ciudad.


Caín le pega fuego a los bosques. Ha ardido una porción enorme de tierra en Portugal. Ahora lo hace en el entorno de Doñana y, precisamente, todo ha arrancado en un pueblo donde Platero comía margaritas en sus prados. Se ve claro, Caín no respeta nada…

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sábado, 24 de junio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Las nuestras: Toda de Navarra

Nos la pintan como una mujer de pocas carnes; o sea, enjuta. De estatura por encima de las mujeres de su tiempo, porque Toda de Navarra, vivió y murió cuando llegaba a su final el primer milenio. Ojos grandes, barbilla robusta y nariz prominente. Mujer de mirada directa y frente despejada…

Toda Aznárez fue reina de Pamplona. Casó con Sancho Garcés I de Pamplona  e hija del conde Aznar Sánchez de Larraún y Onneca Fortúnez…hasta aquí un parentesco como podría ser normal en algún personaje de la Edad Media pero entra en escena Onneca Fortúnez, su madre…

La península ibérica está bajo el domino musulmán de los Omeyas que desde Córdoba dominan el territorio y reducen a los cristianos a los reinos de Asturias y a Pamplona. Onneca es bisnieta de Íñigo Arista fundador del reino de Pamplona.

La información de su vida juega entre la leyenda y la realidad. Con su padre cautivo marcha a Córdoba, Contrae matrimonio, con Abdullah, cosa frecuente entre concubinas esclavas cristianas y príncipes musulmanes. En el mundo musulmán se conoce como Durr, ‘la perla’. Nace un hijo varón, Muhammad, heredero al trono, y dos hijas, al-Baha y Fatima.

Asesinado Muhamad en extrañas circunstancias por Mutarrif, el hijo de Muhamad que había nacido tres semanas antes, Adb-ar-Rahman sucede a su abuelo como emir de Córdoba, más tarde se coronó califa, el califa más grande de occidente. Se conoció como Adderramán III.

En el 882, dos décadas después, Onneca  regresa a Pamplona con su padre. Casó con su primo el conde Aznar Sánchez de Larraún. Tuvieron un hijo: Sancho Aznarez, muerto joven y dos hijas: Sancha y Toda.

En el 934 Abderramán la emprende contra el reino de Pamplona. En Calahorra donde está el califa de pelo rubio y ojos azules que delata su ascendencia navarra por vía materna, se presenta la reina Toda. Le pone sobre la mesa los lazos de familia. Toda es tía carnal del califa. Pactos, rupturas, nuevos pactos… Así se escribe la Historia. Toda de Navarra o de Pamplona, para el caso, lo mismo, nació en 2 de enero de 876 y murió en 15 de octubre de 958. Está enterrada en el monasterio riojano de Suso. Toda, una de las nuestras…
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viernes, 23 de junio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Hoy

El campo habla alto, claro;  tiene voz propia. Solo hay que aplicar el oído  escuchar. Tiene su música propia. Solo hay  que leer en su pentagrama. Está achicharrado, y lo dice, y lo pregona, y se muestra entregado como quien sabe que está condenado a poner la espalda. Espera el palo;  conoce  lo que viene, de un momento a otro, y le cae encima.

 Esta mañana al salir el sol el día estaba radiante.  Ni una nube; todo apuntaba a azul. Alguien encendió una hoguera para quemar algo. Madrugó; y no esperó, por prudencia, al mediodía. El humo no subía. Una cortina blanca y frágil como  gasa que queda flotando porque no puede elevarse apoyaba una mano en las lomas de Virote;  la otra, en Los Cerrajones. Era un puente que permaneció lo que tardó en consumirse la quema.

La mañana tomo su rumbo natural. Los pájaros ya habían leído el mensaje del día.  Muy pronto se aplicaron a su tarea; luego,  desaparecieron. Los pájaros son listísimos y buscaron una sombra propicia. El termómetro ese chisme que dice qué  temperatura tenemos lo fue cantando.  A las trece y cuarenta y cinco minutos, anunciaba 48º, al sol. Vamos como si los que andamos de un sitio a otro tuviésemos aseguradas las sombras…

Me acuerdo de la canción que acuñó el saber popular. “De segar de los secanos / ya vienen los segadores / de beber agua de pozo / todo llena de gusanos”. Ahora ya no quedan segadores de aquellos. Las máquinas han ocupado sus sitios y el maquinista puede que hasta lleve una neverita con agua fresca y aire acondicionado en cabina…

Quedan otros trabajadores en el campo. Esta mañana, una cuadrilla, verdeaba, aunque ya están amarillos, limones sensuales y rendidos. Los limones también saben del calor y aguantan pero solo lo preciso porque ellos tampoco pueden con estas puertas del infierno abiertas de par en par y es su manera de hablar alto y claro.


Dicen que esta noche es mítica. La gente quema lo que le sobra. Si yo pudiera quemaría el infierno que se nos ha llegado. Nadie lo ha llamado; nadie,  le da la bienvenida porque esto no es ni el calor, ni la calor, ni la flama, no, no. Esto es mala leche.


jueves, 22 de junio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Pueblo de agua y luz

Es una pincelada blanca al pie de sierras calizas; un suspiro escapado entre olivares y campiñas;  un anhelo hacia un cielo azul, puro y limpio; un derroche de cal y arte recostado; un sueño a orillas de un río…

Paco Campos  –  en un excelente trabajo, en Desde el Alto Guadalhorce  que vio la luz hace unos días -  dice, que Villanueva del Trabuco, que es el pueblo del que se trata, limita, al norte, con el monte de Los Villares; al sur, con el río. Al norte, terrenos abruptos; al sur, tierras inundables por las crecidas en su margen izquierda. Se lo ponen difícil, solo una escapatoria de crecimiento urbanístico: el eje este-oeste. O lo que es lo mismo, en los bordes de la carretera que lleva desde Villanueva del Rosario a Salinas…

En Sierra Gorda, San Jorge y Gibalto nacen arroyos de aguas claras: el Higueral, Chocillas, de la Pita... Todos pierden su nombre, y como en las fuentes del Esla, se agrupan; nace el río. ¿Dónde nace el río Guadalhorce? ¿Ah? Pregunten cada uno le da la importancia al que más quiere…

Un surco de fresnos, alisos, chopos y álamos negros; pequeños puentes de cuentos de hadas; misterio de arte y belleza dice que por allí, por allí va el río, y quién quiera saber más que vaya a Salamanca. Por cierto, puestos a saber, el Trabuco está a 47 km de Málaga, a 84 de Álora –que está “en par del río”, y es mi pueblo - ,  a 492 de Madrid, a 1.748 de París, a 5.341 del  Cabo Norte, en Noruega, y a 12.949  de Jabarosk donde se unen el Amur con el Ussuri…, kilometro más, o kilómetro menos.

Por aquí anduvo el hombre primitivo; luego, vinieron romanos y visigodos. En su suelo se construyó un ‘trabuco’, máquina de guerra, o sea, catapulta que lanzaba piedras y otros objetos  contra fortalezas y murallas. Se empleó en el cerco de Loja. Por aquel entonces, como ahora, la gente se entendía de una manera muy rara; es decir, agrediéndose entre ellos.

Tiene el abanico de nombres más raros del santoral: Fulgencio, Gerásimo, Jacinto, Ambrosio, Horacio…

-         Y, ¿aquí no hay ‘Pepes’, ‘Antonios’ o ‘Juanes’?, preguntó el cura  recién llegado, que se llamaba Victoriano.

Pasaba una niña; le pregunta:

-Y, tú ¿cómo te llamas?

- Córdula.

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-       

miércoles, 21 de junio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Insectos

Con eso de las calores parece que se han venido todos a porfía. A los bichillos chicos les gusta  las temperaturas altas. Moscas, abejas, tabarros, mosquitos, zapateros, arañas… todos están,  a porfía, -como los niños que llevaban flores al Mes de María, ¿se acuerdan? – a ver quién sobresale de todos los demás.

Las moscas son las que menos extrañan. Vamos, que toman posesión como si fuese, de verdad, su casa. Las moscas no saben lo pesadas que son. O a lo mejor sí lo saben y hacen como los políticos de tercera división que por un sillón aparentan y dan lo que no tienen. Las moscas, cuando no tienen otra cosa mejor que hacer se quedan flotando en el aire pensando a  cómo pueden incordiar más.

Esta mañana, temprano, casi con los primeros rayos del sol, -celebraban la entrada de verano - las abejas ya libaban en las flores abiertas de la pasiflora. Las abejas van a lo suyo. O sea, hacen su trabajo casi en silencio. A lo sumo, un zumbar, cuando van grupo, anuncian de su presencia. Las abejas tienen un montón de enemigos: los abejarucos, los primeros; luego, los pesticidas.

En el pilar del pozo pasan sus horas más largas lo tabarros. Aprovechan esos pequeños charcos que quedan como residuales. Vienen, se posan en el filo del agua y beben. En todos los pilares de todos los pozos siempre hay un puñado de tabarros apropiándose y sirviéndose del agua que sacaron, fresca y profunda, para otros avíos.

Las arañas son diminutas. Quieren pasar desapercibidas pero como que no. Y, pican y dejan un retortero que mancha la piel, además del inoportuno dolor y picor. Las arañas están en todo su apogeo, como lo están las garrapatas entre las yerbas secas del camino y se adhieren a los perros y… bueno, ya saben lo que siguen.

Los que sí están en su ambiente son los zapateros. Verán, justo en el paso de la alcantarilla de la acequia un puñado de zapaterillos nadaban contra la corriente del agua. Estaban haciendo un esfuerzo titánico. El agua se los llevaba y ellos con impulsos secos, otra vez venían a recuperar el espacio perdido… El verano, ha traído calor plastoso como si hubiesen dejado abierta la puerta del infierno y una ensarta de insectos que lo hacen más insoportable todavía…


La imagen puede contener: planta, flor, exterior y naturaleza




martes, 20 de junio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Avisos

Dicen que cuando aparecieron los bárbaros en las fronteras de Imperio romano, un lumbreras, en el Senado, fue y dijo aquello de: “parece que hay moros en la costa”. Claro que el nota andaba mal de vista y, además, debía alumbrarse con un candil – si es que los romanos tenían candiles – porque ni eran moros ni había costa.

La Agencia Tributaria le ha mandado un recado con acuse de recibo al señorito Ronaldo. Los recados con acuse de recibo son más malos que los otros. Los indios de las praderas se mandaban recados entre ellos o a los que estaban en las montañas, con humo. No sabemos de ningún indio que amenazase al gran jefe con irse a vivir a la orilla del Pacífico, por ejemplo y, donde, por cierto, debe hacer menos calor...

Entre los mil y un asesores que tiene el bronceado guapera que vende imagen y camisetas blancas,  debe, al menos, el ‘uno’, decirle que se vaya donde se vaya, van a ir a por él y tendrá que rendir cuantas y que no es lo mismo ver a la Guardia Civil cuando se pasa la aduana del Aeropuerto Internacional Adolfo Suárez-Madrid Barajas que venir en su compañía.

Hay, también, otro mensaje con acuse de recibo. Lo llaman sentencia. No le ha hecho mucha – vamos, ni mucha ni poca -  mella al Sr. destinatario. Dice que ni se arrepiente porque lo hizo mirando por el bien del país, o sea, nosotros; ni piensa dimitir que eso es para gente que no quiere asumir su responsabilidad de compromiso… ¡No te j…!

El Tribunal Supremo, ese que es el que más manda, en su recado le aclara que es por una amnistía encubridora de presuntos – vayamos a liarla – estafadores y delincuentes, amigos, amiguetes, conocidos de copichuelas (puede que también haya otras cosas) y mediopensionistas, que se llevaron el dinero lejos, muy lejos, tan lejos que hasta allí no llegan las leyes y así ‘invitarles’ a repatriarlo.


Antes, cuando llegaba un telegrama, que era una manera de comunicar algunas noticias,  se sabía que venía con algo malo. La diferencia que antes – ahora, también – la gente normal sentíamos miedo; ahora, los chulos sacan cuello. A ver ¿cómo le ponemos al niño?

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lunes, 19 de junio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Horror

Estamos  sobrecogidos con  tantas malas noticias que nos vienen de Pedrograo  Grande. El diccionario agota los adjetivos. ¿Cómo calificar lo que escuchamos, lo que vemos y lo que nos escriben? Todo ha sido rápido. Veloz como solo es veloz cuando se dan la mano viento y fuego.

Los pontífices ‘sabelotodos’  despotrican y dan opiniones. Algunas para llorar. Esta mañana  eran  verdaderas enciclopedias de manual de qué habría que haber hecho; de qué hay que hacer;  de qué habrá que hacer. Buscan de quién es la culpa. Claro, si no aparece, entonces la baraja está incompleta.

El verano pasado anduve por una zona cercana al lugar de la tragedia. El paisaje arbolado, ríos con agua, embalses; caseríos dispersos por medio de las masas verdes.  Pájaro de mal agüero lo pensé. Un incendio aquí sería pavoroso. Me temo que me he quedado  corto.

El fuego, como el viento, como el sol, cómo los pájaros, como los ríos…, no saben de fronteras. No conocen que las fronteras las ponemos, estúpidamente, los hombres para separarnos. Ahora, ante el horror y la necesidad,  las manos han sido más largas que las fronteras y la solidaridad, inmediata. Parece que algunos horrores nos hacen más humanos ante las desgracias de los otros.

Estamos empachados de malas noticias; hace falta que, por parte de quien sea, venga algo de solución ante tanto desastre. Hay cosas que pueden preverse; otras, al menos, mitigarlas. Sabemos que contra los imponderables no hay quien pueda luchar, pero entre tanta algarabía del gallinero no he escuchado a nadie  hablar del uso de algo tan simple, tan sencillo y tan poco usual como es el sentido común. Debe ser por eso, es el menos común de todos los sentidos.

No hay aires de estudiantina que canta canciones de aires de tierra lusitana y de mar, de balcones y ventanas del viejo Portugal, ni de Oporto de vino rojo en las dos laderas, ni campo de oliveras verdes… Desgraciadamente, no es así. Son aires  de mucho dolor.  Flota  el lamento del desgarro ante el horror, y la pregunta, “ay, Portugal ¿por qué te quiero tanto?"

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