viernes, 31 de marzo de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La cantina

El bar de la estación es la cantina. En la estación hay otros bares; tienen otro estilo. La cantina tiene su sello especial. Los bares de la estación de entonces también lo tenían. Eran bares a los que acudía gente que faenaba por la estación. Gente que iba y venía al tren; trabajadores; empleados del ferrocarril con  sus vestimentas azules…

De casi todos,  el superviviente, la cantina. Está junto a la sala de espera. De hecho una puerta la comunica con una habitación grande donde se despachan billetes o donde la gente obtiene información sobre el  tránsito de los trenes que tienen parada.

Otra puerta da directamente al andén. Las obras continuas para adaptarla a los nuevos modelos hacen que el suelo esté un poco inclinado. Normal. Antes de modificar la vía, se cambia el suelo que pisan los viajeros.

Una ventana en uno de los testeros da un pequeño desahogo entre lo que un día fue muelle par mercancías y un emparrado donde los hombres se sentaban, durante horas, a jugar la partida, a tomar un café, a hablar de sus cosas.

Yo conocí de cantinero, a Diego, “Diego, el de la Cantina”. Diego es un hombre amable, atento, servicial. Diego lo sabía todo de los trenes; conocía a todos los maquinitas, y revisores; quién subió anoche con el ‘expres’; si venían a su hora o qué retraso traían , por dónde venía el correo, o qué parada tendría el tren que había pedido vía franca desde una estación remota.

Cuando Diego – su madre, fue cantinera, antes que él – dejó la Cantina regentaron el establecimiento diferentes taberneros. Tuvo, incluso un tiempo  mortecino; abría por dar un servicio a los viajeros.

Ahora, el cantinero es Joaquín. Joaquín sabe y ama el flamenco. Joaquín canta y ha hecho su pequeña carrera más cercana al aficionado que al profesional. Se puso un nombre artístico. Lo tomó de otro bar que regentó con anterioridad. Joaquín se anuncia en los carteles como Joaquín, ‘el de la Bodega’.


Joaquín ha decorado las paredes con  gusto exquisito. Camarón preside. Un mosaico de fotografías antiguas hace juego y compañía a carteles e ilustraciones de flamenco.  Felipe Aranda lo ha recogido… Yo paso por la cantina cuando acudo a hacer uso del tren. Joaquín siempre me recibe con agrado, con profesionalidad. Joaquín es una gran persona.

jueves, 30 de marzo de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Viento de levante

Se ha arrancado a media mañana; más cerca de la hora del Angelus,  que de esa en que, antes, la campana de la iglesia llamaba a misa; el pueblo, entonces olía a pan caliente; llegaban los lecheros con las cántaras de cinc repletas. El murmullo crecía y todo era el hormiguero puesto en marcha.

Esta mañana cuando arrancó el viento de levante el cielo no tenía la limpieza que tiene los días que el aire sopla del norte. El aire de norte es un viento que barre las nubes y deja que todo ofrezca un tul de azul pureza. Esta mañana tenía un suelto de telarañas como cuando están revueltas las sábanas y se abre la ventana para que se ventile la habitación.

Ha pasado por el camino un muchacho montado a caballo. El caballo es precioso. Su pelo brilla con el sudor del animal. El caballo lleva el paso que le marca el jinete. El muchacho es joven; moreno; lleva el cuerpo erguido; va a los suyo. Se siente mirado y admirado; él lo sabe. El caballo es de pelo castaño; tiene la crin larga; bracea con garbo…

En el río trabaja una máquina. Hace un ruido tosco. Chocan las piedras entre ellas y cuando tiene que forzar el motor se siente un gemido, a contracorriente. La máquina debe estar haciendo un trabajo duro. No para; no descansa. No la veo; está oculta, al otro lado del cañaveral y luego, la maleza y los tarajes que ya han pasado de la lengua del agua y se adentran en el cauce.

Pasa una pareja de patos. Su vuelo es directo. Van rápidos; van a alguna parte. Con esto de la llegada de la primavera todas las aves están a los suyo. Ya ha nidos tempranos. Chamarines y mirlo, los más adelantados. Luego vendrán los verderones y los jilgueros y las tórtolas que buscaran las crucetas de los almendros o el ramaje nuevo en el tronco del olivo...


Zumban las abejas. Liban en la floración de azahar. El campo embriaga; el campo es un canto a los sentidos. Están los jaramagos en flor; hay florecillas malvas en las lindes; han aparecido las primeras amapolas en el trigo; peonías, cantuesos, genistas;  el almoradux …

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miércoles, 29 de marzo de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Polémicas



                                


Varios aldabonazos saltan hoy al ruedo de la prensa. Leerlos duele. Miramos para otro lado; somos humanos. No queremos escuchar lo desagradable. La gente, sin embargo tiene problemas; muchos problemas; algunos solucionables; otros, para echarse a temblar.

El estado de la red ferroviaria en algunas zonas de España, lamentable. Almería pide conexión con el resto de Europa; el Campo de Gibraltar, en el olvido. De Algeciras a Bobadilla, existe el mismo trazado de vía que observaban los bandoleros cuando recorrían la Serranía de Ronda a caballo.

En la Sierra de Huelva claman por una autovía que enlace las dos capitales de provincias limítrofes: Badajoz y Huelva. Dicen que sería una salida a la despoblación de la zona; una inyección a la economía y una facilidad para la atracción del turismo al que ven como tabla de salvación.

Dice la Junta que saca tropecientas mil plazas para opositores dentro de unos meses. Desde la distancia veo la zozobra y la inseguridad de quien ansía porque lo necesita un puesto de trabajo…

Hay una tercera. Dura, tremenda. Humana. Una porteadora muere aplastada por una avalancha en Ceuta. La apertura de un nuevo paso fronterizo, dicen los que saben, ha sido un efecto llamada para la gente que lucha contra su propia miseria y buscan en el tráfico de mercancías una salida para su angustia económica.

Se llamaba Suad al Kathabi, era ciudadana ‘del amable vecino de enfrente’, o sea, Marruecos;  tenía veintidós años. Era madre de un bebé de cinco meses. Su marido se sintió indispuesto. Ella cargó con el fardo. Eso lo hacen miles de personas cada día. La muchedumbre no tiene espera. A veces hay un cierre de fronteras imprevisible; viene la avalancha. La muchedumbre la pisoteó y la aplastó.

Estas personas sobreviven con lo arañan de su propia miseria. Dice el periódico que, a algunos, no les da ni para pagar la luz y el agua. Pensar en otras cosas es deslizarse por los caminos de la utopía.


 Nosotros mientras tanto planeamos las vacaciones que llegan y  hablamos de que ya está aquí el buen tiempo. Chicas monísimas se bronceaban esta mañana en La Malagueta. Probablemente alguna sea de la misma quinta que Suad. Seguiremos mirando para otro lado; no pasa nada.


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martes, 28 de marzo de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Arana

Se llamaba Luis. Era delgado y enjuto. De estatura media; las manos de dedos alargados… Tenía unos ojos grandes y una mirada profunda. Era amabilidad y agrado. Era la palabra adecuada para atender a quien entraba por su puerta…

Cazador de escopeta y perro. Su setter, su acompañante echado a los pies del mostrador. Una trasposición del campo al estudio como lugar de trabajo. Al final de su vida, sus escapadas, cuando caía la tarde,  al ‘Madrugón’ en busca del ‘tiento callado’ al trago amigo.

Era fotógrafo, o sea notario gráfico de la realidad nuestra de cada día. Plasmaba en su cámara la vida diaria de un pueblo, es decir, del nuestro que ya era suyo. Nada le era ajeno; todo le interesaba. Unas veces por vocación, otras, porque hay que ganarse el pan de cada día o por deformación profesional.

Se llamaba Luis. Nació en Granada; se hizo perote  porque él era así. Tenía arte para haberse establecido donde hubiese querido. Optó por quedarse aquí y reflejar la cal blanca de nuestras casas; la gente que acudía; los acontecimientos que marcaban el día a día de cada uno.

Nada le era ajeno. Ante su objetivo han posado personas, personajes, paisajes y paisanajes. Su generosidad sin límite. Conjuntamente con Carlos Planas  - doy fe – inició aquel primer movimiento para recuperar el retablo de la Encarnación; hoy, una realidad.

Su archivo debió encerrar varios millones de negativos. Fotografías de carnés, de estudio, reportajes… En Granada, en 1940,  recogió el gusanillo del arte que llevaba dentro y en la Escuela de Artes y Oficios aprendió cómo manejar la cámara; lo otro, la sensibilidad eso lo da  Dios; no se aprende.

Madrid siempre fue la escapada necesaria para todo muchacho ‘de provincias’ que se quería probar a sí mismo. Luis no fue la excepción. No era aquel su sitito. Tampoco Tenerife donde llega en 1961. Luego Motril, y de la mano de Sebastiana Rubiales, Álora.


Con Manuel Morillas  montan un estudio a la entrada de la calle de  la Parra. Fue su lugar hasta que un día nos dejó. Hoy, Marisa ha colgado varias fotos hechas por él. A mí se me ha ocurrido recordar al amigo… 

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lunes, 27 de marzo de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Esta tierra nuestra

Michel Qoist escribió un libro delicioso: Oraciones para rezar por la calle. Michel Qoist pone en su boca: “Mi mejor invento, dice Dios, es mi madre” Y luego, agrega: “Mi madre se llama María, dice Dios”.

Esta Álora nuestra regala cada primavera una eclosión de sensaciones. Azahares y rosas; jazmines y claveles; geranios y pacíficos; clavellinas y margaritas; orquídeas y lirios; florecillas del camino, florecillas humildes que se abren cada mañana y se dan, todo ellas al caminante…

Esta tierra nuestra cada primavera saca un rosario de Vírgenes a la calle. Verán: con el sol de la mañana entre palmas y olivos tiernos, una Virgen de pestañas grandes; de celeste y blanco; una Virgen morena. María, Amparo y Auxiliadora…

De Amor - María - aparece por la puerta grande.  Pespunteo de estrellas en lo más alto. Se empina el campanario. Quiere alcanzarlas; imposible… Es ella, la Virgen del Amor; es Ella, serena. ¿El amor serenidad? En Ella, sí; en Ella refugio seguro.

Ya está en la calle. Escuchad, escuchad la música más sublime, más maravillosa… ¿Trompetas, tambores? No, no. Tintineo de bambalinas y gemido crujiente de las barras de su  palio. Es María Santísima de los Dolores; mirada triste y profunda, de pena inmensa; de boca pequeña. Es la Virgen del Cantar de los Cantares: “como torre de David tu cuello, fortaleza, escudo…”

Llora. Corren las lágrimas. Silencio. Tanta algarabía de lenguas y todos con el mismo silencio. Silencio. Dios muerto y Ella, María, con su Hijo, con su Dios, sobre sus brazos… y, nosotros a pie de calle y nosotros… Madre mía, Piedad; por tus dolores, Piedad…

Misterio. Dios espera al otro lado de la orilla. Y Ella, Virgen de las Ánimas, María, tiende la mano; consuelo que ayuda en el tránsito. Madre de las Ánimas para la noche del Viernes Santo y para cuando llegue la hora…,  dolor de  pies descalzos y doloridos por el camino… ¡Ay, Madre de las Ánimas!

Media noche. María lleva su dolor; el pueblo el acumulado durante el año. Todo es luto; todo es tristeza. ¿Se consumó todo? Lo había dispuesto el Padre. María con la soledad de todos; nosotros, cada uno con la suya…


Un rosario de Vírgenes – “me faltaba una madre y me la hice”, dice Dios - y cada primavera nos la saca a la calle; el pueblo, mientras, espera, mira, contempla, reza…
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domingo, 26 de marzo de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nieve en marzo

Lo había dicho la televisión. El hombre del tiempo, también. Lo había avisado; no le habíamos hecho mucho caso porque como siempre dice algunas cosas que luego… El otro día, no. El otro día se salió con la suya; a media mañana, nevaba. ¡Nieve en marzo! El que sacó a su padre al sol y lo apedreó, ese, ese.
Un video (con esto de las redes sociales se sabe todo al momento) lo confirmaba. Nevaba también en el Bruch y en Monserrat, en Guadalajara, y en Burgos, y en Santo Domingo de Silos donde ese ciprés en el que anidaban los gorriones y cantó – bueno, los monjes, allí cantan de otra manera – como nadie Gerardo Diego.

Cadenas en Ávila, Salamanca y Zamora; el viento azota las costas de Huelva y Gredos  se corona de blanco;  las gargantas avisan que ya eclosiona la primavera; el Jerte expectante a su nevada sobre los cerezos…

Por aquí ni primavera, ni invierno, ni… Nubes altas. Todas de paso; frío, en el aire. En la sierras de la parte de Granada ha caído, también nieve con abundancia y todas están blancas. En el campo dicen que esto va recargar los veneros y los pozos; correrán las escorrentías y habrá charcos en las coladas.

¿Serán que están de prueba con los trajes de la Primera Comunión? Un amigo me recuerda que la nieve son plumas de ángeles. Estoy seguro que sí. Son los angelillos traviesos que juegan con las almohadas. Se han despistado los encargados de hacer las camas….

El campo sigue su curso. Hay puñados de margaritas en el borde del camino y lirios morados,  y orquídeas en el Hacho. Yo no las he visto pero me lo ha contado un amigo. Hay olas de brisas en los trigales peinados con dulzura, con primor, con mimo.


Los pájaros cantan cada mañana. Han reventado las yemas en los sarmientos de hogaño y hojas tiernas en las parras viejas. Apuntan a flor las encinas. Compiten entre ellos  rosales, geranios y unas florecillas que tienen la alegría de todo lo primoroso pero yo no sé sus nombres…
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sábado, 25 de marzo de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Las nuestras: Leonor de Guzmán

Víctima de la violencia entre nobles españoles del siglo XIV. Su vida, una pura aventura. Faldas, amoríos, infidelidades, luchas internas, puñaladas por el poder; ambiciones para dejar lo menor montando posible a sus hijos.

Leonor de Guzmán nació en Sevilla en 1310. Muere, cuarenta y un años después en Talavera de la Reina por mandato de la reina madre, María de Portugal. Ni perdonó ni olvidó  sus amores con el rey. Se cumple, al enemigo, ni agua; en este caso ni la vida.

Alfonso XI casó en 1328 con su prima María de Portugal. Tres años después no tienen aún descendencia. En aquel tiempo, una tragedia. Por su parte, Leonor se casó con catorce años, con Juan de Velasco de quien ya estaba viuda cuando conoce al rey.

Los cronistas la consideran como una mujer muy atractiva. Se dice que “era en fermosura  la más puesta muger que avia en el Regno”. El rey se enamora. De la relación nacen diez hijos. Entre ellos, el futuro Enrique II de Trastamara de quien descienden los reyes de las coronas de Castilla y Aragón…

Ella gana prestancia en la Corte; María de Portugal, sufre la humillación de la presencia y de la felicidad del rey con la amante. Aparecen los hijos. El problema se incrementa cuando llegan los nacimientos. El primer bastardo de nombre Pedro muere en la infancia; luego, hasta diez; el primer legítimo, del mismo nombre, la Historia lo conoce como “el Cruel”…

Los benimerines se apoderan de Gibraltar; el rey quiere devolver la plaza a Castilla. Leonor acompaña y vive con Alfonso XI. Comparte con él “tanto el lecho palaciego como la tienda asentada en el lugar de la guerra”; María está en el Alcázar de Sevilla…

La peste quita la vida del rey tal día como hoy, veintiséis de marzo de 1350. Leonor acompaña el cadáver de Alfonso XI.  La apresan; la trasladan a Carmona: luego, a Talavera de la Reina. Allí la ejecutan un año después, 1351, por mandado de la reina madre. 

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viernes, 24 de marzo de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Encarnación

El templo, magnífico; soberbio; sobrio. Sustituyó a otro de igual nombre, la Encarnación; hoy, por cierto, su festividad. Eran tiempos de desencuentros – como ahora –, lo levantaron sobre el solar de la mezquita mayor de los vencidos.  Allí permaneció durante mucho tiempo. Luego se quedó pequeño. El pueblo se hacía, poco a poco, más grande; se chorreaba por la ladera.

Decidieron que edificarían uno nuevo. Al pie de la ladera del castillo. Primero una plaza; luego, el templo. Por la calle principal subían al  castillo – por la del Postigo del adarve, también -. Allí establecieron los servicios comunes: el concejo,  la cárcel – hasta la palabra es feo – el pósito…

El templo, de piedra. Se acerca más a la arenisca que al granito duro, indómito y recio con el que levantaron otros templos en otros lugares. No tiene canecillos ni lobos y hombrecillos de fauces horrendas, ni górgolas por las que caen caños de agua las noches de lluvia.

El templo se abre a tres calles. La fachada principal, al mediodía, o sea mira cara a cara a la belleza blanca del Albaicín nuestro. Lo llamamos el Barranco. En una de las esquinas de la fachada principal se levanta la torre del campanario. Cinco cuerpos; el último, chato. Rematado con prisas y, al parecer, con falta de dinero.

Las otras dos puertas lateras abren a dos calles. A la de Atrás, que cambió un montón de veces de nombre, para seguir con el mismo de siempre. El pueblo, sabio dice que con sus cosas no se juega. Le puso ese nombre; es el que perdura. Los demás para el recuerdo y los papeles viejos.

La puerta de la calle Bermejo era el acceso al panteón. La muerte siempre estuvo cercana a los templos. Fue camposanto hasta que Carlos III dijo que la salubridad se imponía y que había que enterrar a los muertos fuera de las ciudades…


En el testero de la fachada principal se abre un balcón civil. Un obispo quiso perpetuarse; dejó su escudo en la piedra. Pocos templos tienen balcones para que los clérigos gozasen de un lugar tan privilegiado; éste, sí. En la torre huellas de tiros de cuando las cosas se resolvían a las bravas…¡Otros tiempos!
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jueves, 23 de marzo de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Soluciones

En mi pueblo había uno de mala baba. Tenía las ideas de un cable caído. A las desconexiones de empalmes  interiores, que dicen que tiene esa gente,   unía una hartá de poca vergüenza. El cóctel era algo así como  una mezcla de bicarbonato sódico, medio limón y un vaso casi lleno de agua: efervescencia que  rebosaba.

Un día se empeñó en matar al cuñado;  rondaba a su hermana. La madre  no dudaba de su capacidad.  Avanza la noche; regresa a la casa  el otro hijo. Venía, también, de su ronda;  le pide que lo acompañe – vivían en el campo – hasta el pueblo. Naturalmente andando…

Por el camino el aire movía las ramas de los olivos… La espantada de Rafael ‘el Gallo’, juego de niños comparada con las que él daba. Casi llegan al pueblo;  aparecen las luces tibias de las bombillas enclencles de entonces. Se envalentona; le dice al acompañante, “si tu hermano hubiese venido a matarme, quien lo mata soy yo”. La respuesta,  lacónica: “Y, eso ¿por qué no me lo dijiste en la casa…?”

Los telediarios están para no verse. Hay quien escupe al cielo y le echa la culpa a la gravitación universal: todo lo que sube baja; los periódicos, según de qué sitio, para no abrirlos. Todos, los que no son de allí, malos; los de los otros sitios llenan de  malos  al barrio de enfrente…

Hay problemas serios. (De lo de Londres, Bruselas y Alsasua no hablamos). Miserias de salarios. Gente sola.  Juventud sin horizontes. Dos salidas, o entrar por el aro, o emigración... ¿Sanidad, paro, terrorismo, falta de futuro…?


Ahora tiene turno de picota la televisión pública. ¿Delito?  Los domingos por la mañana retransmiten  una misa. Un líder político tiene el remedio. Que los interesados vean la misa  por las  televisiones privadas… Tío, si tenías la solución a ese gran problema que atosiga a España tan a mano, ¿por qué no lo has dicho antes?

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miércoles, 22 de marzo de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El río

¡Ay, río de Sevilla! si yo supiera escribir te diría que eres remanso de quietud y belleza.  Como aquellos versos de Gerardo Diego hacia otro río, el Duero, te veo ‘quieto y en marcha’;  vienes desde tierra de sierras, pinos y violetas,  y te vas, y te vas… ¿Hasta dónde se adentran tus aguas cuando llegas a Sanlúcar?

Remansa el agua su ímpetu en la orilla. Limo y tierra húmeda; lugar donde las olas – porque los ríos también tienen olas – vienen; dejan su beso dulce, tierno, delicado… Un beso de amor bajo las sombras de los sauces; un beso de amor tan soñado como los versos que no se escriben  nunca.

No tienen las  ramas tendidos pañuelos blancos para saludarle cuando suban los veleros. Son ramas de sauces, alisos, álamos de riberas. Están hechas al río; el río, a ellas. Se ven se saludan, se reverencia;  las ramas son muy cumplidas; nunca pierden las formas.

La luz; la sagrada luz, la divina luz de cada mañana se asoma al horizonte. ¿Dónde están ahora los sueños acunados durante la noche cuando las estrellas se asomaban a las horas largas y todo en sí es un deseo?  Los sueños se desvanecen cuando llega la realidad, la realidad nuestra de cada día;  todo lo que pudo ser se quedó en evaporescencia sin cuerpo.

¡Ay, río de Sevilla! si yo pudiera te diría que ahí, muy cerca hay alguien que abre el compás como nadie, que se sacó de la manga un quite por cigarreras, clava los pies y, entonces… hay un revuelo de mariposas por dentro y uno siente… ¡ay, río de Sevilla! lo que se siente por dentro…


Y, un poco más allá, en la llanura inmensa hay toros que no van a tener los ojos verdes y que comen margaritas en abril y en mayo;  y, amapolas de sangre, cuando encaña el campo.  Y va por el aire un recuerdo de aquel hombre que todavía no me he enterado si era más poeta que ganadero;  más garrochista que torero; más… ¡Ay, río de Sevilla si yo supiera…!
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martes, 21 de marzo de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Él

De pronto ha dejado de ser niño malo. El mar ha estado unos días como los niños malos, revoltoso;  inquieto. Ha roto el jarrón de porcelana de Sèvres. Le han regañado pero él, songo,  a lo suyo. No les ha importado nada.

 El mar la ha liado en algunas playas cercanas. Se ha llevado lo que es suyo; ha devuelto lo que no quería.  Las playas son un revuelto de cañas, troncos de árboles, ramas; plásticos, chapas; latones… El naufragio los dejó sobre la arena.

Le hemos perdido el respeto a muchas cosas; al mar, también. Se edifica en la lengua de playa. Desde la ventana del dormitorio hay que escuchar el rumor sordo que va y viene. Es el canto de las olas, opaco, monótono, constante… Es la afirmación de saber que él, el mar, está ahí.

La tarde se ha entolado por la parte de tierra; el sol busca  cobijo detrás de las nubes; se dibujan, difuminadas, montañas lejanas. Ya duermen las playas largas de arena cernida de granos redondeados,  diminutos, modelado por la erosión;  se acerca la noche. Dentro de un rato las traíñas siembran de luces esa inmensa quietud en movimiento.  El bamboleo de las olas,  su mecido…

En algún sitio hay encendida una luz. La encienden a su Virgen. Ella puede echar una mano en la pesca; en la tempestad que no avisa y aparece; en la zozobra que trae el pez grande, a modo de crucero, que desplaza un rebufo que mueve las barcas pequeñas.

El mar se aleja inmenso, tenebroso, oscuro, preocupante para los que somos de tierra adentro. La noche es su aliada. Hombres anónimos echan las redes, una, dos, muchas veces. Cuando llegue el alba enfilan  al embarcadero. Los pescadores de bajura no se alejan mucho. Bueno, ni mucho ni poco; lo preciso. Ellos saben qué va a hacer y cómo se va comportar el tiempo, y en qué momento puede cambiar y, entonces…


Las gaviotas a estas horas ya han buscado el saliente del acantilado;  lo conocen; mañana, cuando claree sobrevolarán el arrastre de las redes; otros han pescado para ellas durante toda la noche. Y, luego, como en el cuadro de Sorolla, alguien dirá que el pescado es caro.
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lunes, 20 de marzo de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Pueblo

Una amiga a la que conocí por ‘culpa’ de Encinasola, un pueblo al que yo quiero mucho – al pueblo y  a su gente -, el otro día ponía un enlace de una televisión regional. Mi amiga se llama Begoña;  el programa, Me vuelvo al pueblo;  el pueblo, el suyo, Ampudia, en la llanura palentina.

Nunca he estado en Ampudia. Me tengo que escapar un día. Debe ser un pueblo precioso. Es más; estoy seguro: es un pueblo precioso. Ampudia es un pueblo de sol y de historia; de buen pan y de gente recia de Castilla.

El programa, como muchos otros, se iba por las ramas. Entrevistó a muchas personas pero no descubrió ese gusanillo que nos mueve a los viajeros para ir a los sitios perdidos. Por allí la gente no se detiene; no tiene tiempo para pararse.

Ampudia entra ya en mi calendario. Ampudia está en la Tierra de Campos. Me documento.  Me entero que tuvo tres conventos: templarios, agustinos y monjas claras un obispo y un castillo con el duque de Lerma por medio.

Ahí debió haber dinero – eso no lo dice la documentación, lo pienso yo – porque los curas, los frailes y las monjas acuden al dinero como las moscas a la miel. Tierra de cereales y ya se sabe, el pan nuestro de cada día, quien lo tiene posee un magnífico tesoro aunque él no lo vea así.

Las calles porticadas, algo excepcional para resguardarse del fuego del sol del verano, “llaga la luz, los petos y espaldares”; cantan las alondras con el alba en los rastrojos; de mediodía arriba, todo es silencio. No salen a la calle ni las sombras…


Pero y ¿el frío? el frío de Castilla en invierno con páramos helados, con el viento que corta la cara; con el helor que se mete en los huesos… ¿mitigan los soportales de Ampudia el frío de la Tierra de Campos? Pues, a pesar de ello, en cuanto pueda, amiga Begoña, me escapo a tu pueblo….

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domingo, 19 de marzo de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Soñar

No; no es un mal sitio para perderse en un paseo y soñar y soñar y soñar… Y escuchar cómo, entre las flores, cantan los mirlos; llenan de silbos el parque; reciben a la primavera;  Se siente la brisa;  llega del río como  los barcos de vela que venían de Sanlúcar. Cruzaban serenos, despacio, majestuosos, la marisma…

No; no es mal sitio para ver cómo se entreabre paso la luz entre los mirtos y los naranjos en flor y los rosales de rosas nuevas; pérgolas y buganvilias; bancos que esperan a sus enamorados; arrayanes en fuentes de cerámica trianera que viene de la otra orilla.

No; no es mal sitio para adivinar cómo un poco más arriba en el albero de la Maestranza hacen filigranas los recuerdos. Miuras de cinco amapolas y toros de la Janda, y Albaserradas, y otros de la Sierra con sombras alargadas entre encinas, jaras  y chaparros…

Por el tendido flotan  - no las borra el tiempo - faenas de Joselito, y la del otro Gallo, Rafael, -sangre de los Ortega-   y de Pepe Luis, y de Curro y, de Morante, el de los quites por cigarreras, y  las ‘medias verónicas’. “Dios mío, si esto es una media, - dejó escrito el maestro Barbeito - ¿cómo será un entera?”

No; no es mal sitio para saber que un poco más allá, solo un poco más allá, va una procesión de mantillas al Monumento. Mujeres guapas, de estilo y clase que miran y quieren que las vean;  hombres de traje negro…  Un  Nazareno con su cruz y su silencio llena la Madrugada. El Señor de Sevilla. Me pregunto ¿por qué no el Señor del mundo entero? Asombro, poder, misterio.

 “Bendito, bendito, bendito  sea Dios…! cantos de ángeles con bailes de seises; personajes de otro tiempo. La primavera se da una vuelta por el parque de María Luisa;  lo hace espejo de eso que dicen que es el cielo.

 Bécquer sigue allí bajo el árbol enorme. Proclama  las verdades eternas en sus versos: “¿Qué es poesía?, dices mientras clavas / en mi pupila tu pupila azul.  / ¿Qué es poesía? ¿Y me lo preguntas ¿ Poesía... eres tú.”


Umbría, sombras… Ya mismo abren las puertas del infierno, pero ¿ahora?… No; no es mal sitio para dar rienda sueltas a los sueños…
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sábado, 18 de marzo de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Las nuestras: Beatriz de la Cueva

Mujer excepcional, agraciada, de figura esbelta y ojos grandes. Nació en Úbeda en la comarca de La Loma, en el Reino de Jaén en 1490; murió, en Guatemala, en 1561. Tenía cincuenta y un años.  De extirpe noble. Su biografía es un tratado de la genealogía de la nobleza de España. Su familia, por ambas ramas,  llena de personalidades influyentes en la vida de España y de América.

Beatriz de la Cueva casó con su cuñado Pedro de Alvarado, viudo de su hermana. En  este matrimonio tuvo que ver – y mucho - , don Francisco de los Cobos, Secretario de Estado del Emperador Carlos y su esposa María de Mendoza. Median en los problemas legales; luego, el nuevo matrimonio marcha a América.

El séquito numeroso. La expedición con aires de crear una nueva nobleza en tierra americana. Viajan con ellos doscientos cincuenta  hombres y veinte doncellas. La expedición hace escala en Santo Domingo. Pasan por Puerto Caballos; el dos de abril llegan a la ciudad de Gracia de Dios. El 15 de septiembre de 1539, a Santiago de Guatemala…

El séquito se incrementa. Ya van cuatrocientas picas, trescientos arcabuces, doscientas ballestas, mucha artillería y mercaderías por valor de treinta mil ducados. Es una expedición en toda regla.
El 4 de julio de 1541 muere en la Guerra del  Mixtón de Nueva Galicia, Pedro de Alvarado. El Cabildo, la elige gobernadora. Ella, a su vez, nombra a su primo Francisco de la Cueva como su teniente gobernador.  Se reserva el proveimiento de aborígenes.

Su nombre figura con propiedad en la Historia. Es la primera mujer Gobernadora en la Conquista de América; en Centroamérica por más señas. Su mandado efímero; su final, trágico. Solo dos días duró su poder. Se hacía real lo de “la sin ventura” como ella misma se autotituló.


 Los temporales -una tormenta descomunal – un terremoto, y la erupción de un volcán de lo que la tierra, allí, es tan generosa lo  arrasan todo. La gobernadora perece,  -otra víctima más- en  la catástrofe. Dicen las crónicas que habían ido a rezar, ante el pánico reinante, sus damas y ella, a la capilla de palacio… 
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viernes, 17 de marzo de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Preludio

Esto ya huele a incienso;  a turiferario de estreno; a romero por las calles; a cera de velas; a penumbra de los templos… Esto huele a gloria bendita que se viene hasta la tierra desde el cielo… Esto huele a tallos de olivos tiernos. ¡Hosanna, bendito el que viene en nombre del Señor!, y  a azahar que embriaga y perfuma,  y a mujeres de mantilla, y…

Esto huele a Jesús Orando en el Huerto,  que viene del Calvario, del nuestro,  y es Jesús que parece  más hombre, con sus dudas, con sus miedos… “Padre no se haga mi voluntad sino la tuya”
Y a un Jesús Atado a la columna porque maniatando a los demás nos reafirmamos en nuestra sinrazón y Jesús mira, y perdona y deja que todo se cumpla porque así estaba escrito y así tenía que ser…

Esto huele a Nazareno que baja de las Torres y viene, un año más al reencuentro. Un año más; maravillosamente igual; maravillosamente, distinto. Él arriba; abajo, el pueblo: espera, reza,  implora, suplica… Hay un Dios con cara de infinitamente bueno y sones de trompetas y tambores…

Y un Cristo Crucificado, “No me mueve mi Dios para quererte, el cielo que me tienes prometido…” Y hombros de hombres jóvenes, una juventud  a la que hemos cerrado muchos puertos y le hipotecamos el futuro, y…

Dolorosa de dolor de Ella; y otro dolor, el nuestro. Le damos los nombres de todas esas limitaciones que nos quitan el resuello, y Ella es Amor, Soledad, Esperanza, Remedio, y todas las lágrimas; las lágrimas de advocaciones: María Santísima de los Dolores; las lágrimas de las preguntas  sin respuestas, ¿por qué?; ¿por qué? ¡Ay, Virgen de las Ánimas! Todo, todo; todo recogimiento.

Esto huele a alondras que cantan al alba y a pájaros que también cantaban como aquel día al caer la tarde. Él se fue con ellos; iban apesadumbrados y tristes por  lo que había pasado… ¡Quédate con nosotros que la noche está encima…” y se sentaron y lo reconocieron al partir el Pan.


Pan nuestro de cada día. Benito, Señor por nuestro pan de cada día y por  la luz y por  los campos verdes y por los árboles frutales y por las rosas nuevas. Esto huele a túnica,  y a gloria bendita que baja de otro cielo cada primavera.

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jueves, 16 de marzo de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Manuel

Su hija cada mañana lo saca un rato al sol. Hace muchos años que vive con su hija. Lo sienta, en un banco, a la recacha. Él se deja llevar. No protesta. Lo mueven; lo ponen en un sitio; luego, en otro… Cuando cae la tarde lo acuestan. Él deja que pase el tiempo.

Se llama Manuel. Todos lo conocen por Manolo. Tiene tantos años… Cuando se lió la grande, me dijo un día, yo era rapagón y estaba de boyero en un cortijo. Me levantaba a echar las pasturas a las vacas cuando asomaba el lucero por el Puerto de Jévar, entre los Lantiscares y el Cerro del Cura.

Me llevaron a Cerro Muriano y estuve  en Peñarroya, y en Pueblo Nuevo y en toda la sierra de Córdoba. Y habla, y vuelve a hablar de lo mismo, y cuenta que iba con un borrico viejo y entero que era muy malicioso por agua a un arroyo…, pero no se acuerda cómo se llamaba el arroyo.

Dice  que de noche se hablaban con los del otro lado y todos estaban deseando que aquello acabara de una vez, pero ya se sabe, donde mandan otros… Vuelve a repetir la historia y cuenta  que era boyero, y que cuando se lió la grande…

Manolo tiente la cara surcada por dos hendiduras grandes que bajan por la mejilla a ambos lados. Le faltaban algunos dientes y dice que le pusieron una dentadura pero que no se hallaba con ella. Manolo tiene abrochado el primer botón del blusón, el que tapa la nuez en el cuello; el resto, abierto. La camisa, de color crudo; muy limpia. El pantalón,  de pana sintética.

 Manolo tiene  la nariz aguileña; la barbilla afilada y el pelo ya ajado. Manolo pudo haber sido un modelo para un cuadro de El Greco. Entrecruza  los dedos delgados de unas manos huesudas. Las manos están llenas de  asperezas. Los trabajos del campo y  los años han dejado su huella. 


Enfrente las montañas se recortan en el cielo azul. Por la cicatriz abierta en las lomas del Chopo… Manolo, le digo, por allí viene el AVE. Hijo, me contestó, ¿tú no sabes que hace muchos años que yo no veo…? Yo quiero mucho a Manolo.
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miércoles, 15 de marzo de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Angelus

La campana grade, la que está en el lado norte de la torre, ha anunciado que es la hora del Angelus. Hay un tropel de abejas. Liban en las flores del camino; las margaritas son mariposillas quietas; nadie las mira; nadie les echa cuenta;  está ahíto el ciruelo blanco del borde de la alberca; se ha llenado de brotes tiernos la higuera…

Angelus. Cielo entoldado; el campo chorrea por los poros de las yerbas las aguas de ayer. Llovió fuerte ayer. Sopló a media tarde algo de viento. Oreó. Parece, ahora,  que otra vez va a llover. El campo espera. Todo es quietud.

Han subido los cormoranes como todos los días. Estos pájaros negros pasan la noche en otro sitio. Cuando lo tienen a bien vuelan sobre la lengua del agua. Se dan un chapuzón; siguen camino. Se han posado en el eucalipto grande, el que está al borde del río. Primero llegó uno; luego, otros; después han llegado varios más.

Una garza solitaria, patilarga y con el moño como de enfado se mueve entre los juncos. Las garzas no dan miedo; asombra su figura tan esbelta. Parecen que ellas son de otra fiesta. Están por aquí como de prestadas. El río es de ellas pero van de paso…

Hay un tañido de campana; cruza el campo. La campana grande dice que es la hora. Toca a rezo del Angelus. En el campo, antiguamente, se desuncían las yuntas. En el hato frontiles, coyundas y aguijada. Era hora de almuerzo. Las yuntas dejaban la besana. Volvían a las pesebreras. Un ejército de bisbitas moviendo la cola, nerviosas, inquietas, curiosas picoteaban buscando los bichillos del surco.

Hay un pitido largo. Es el tren que viene. El tren anuncia su llegada desde mucho antes de entrar en la estación. Avisa a los viajeros; hace un toque de atención por si alguien está en las cercanías del paso a nivel. Hay un ruido de hierros que frenan. Luego, silencio…


Don Pío Baroja escribió otro Angelus. Eran pescadores. Trece hombres y una mujer; estaban en una mar lejana…Yo, estoy solo en el campo. La campana, la campana grande de la iglesia, ha llamado al rezo del Angelus. El campo que es sabio conoce que el “Ángel del Señor anunció a María…”
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martes, 14 de marzo de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Solos

No es el grito de la pareja que añoraba la intimidad; no. Es algo  peor; acogota.  Un puñado de municipios del interior la provincia de Málaga se queda sin gente. ¿Por qué? Las causas, muchas. La principal, por falta de futuro. No hay perspectivas. Esto, dicen, se muere.

No es solo un problema de la provincia de Málaga. Castilla, la vieja Castilla de ‘páramos y soledades’,  sabe de eso; mucho. Un paseo por las tierras Altas de Soria o por La Rioja es un muestrario. Una salida un poco a trasmano de las carreteras convencionales lo confirma. En los pueblos no hay nadie.

Me gusta ir a las fuentes públicas. Allí, a veces, hay un viejo. Puede que se apoye en un bastón. Tiene la cara curtida. Se le velan los ojos cuando mira al frente: en la distancia física y la distancia de su vida. Tiene ganas de hablar; habla.

Según el sitio cuenta que se fueron, en otro tiempo, a Bilbao; a Barcelona; a la Costa del Sol. Algunos de los que salieron de allí llegaron a la cumbre. (En Medinaceli una placa sobre la fachada recuerda al profesor Grande Covián, hijo ilustre de la ciudad…)

Aquí, en Málaga, son los municipios del Valle del Genal. O sea, parte de la Serranía de Ronda, por un lado; por el otro, la Axarquía. La belleza extrema. Pueblos blancos, pintorescos; llenos de encanto. Ofrecen paz que se convierte en silencio y cuando el silencio habla, malo.

Por la tierra soriana: Gallinero de Soria, Almarza, Arévalo de la Sierra, Castilfrío, Estepa de San Juan, Carrascosa… De Oncala a San Pedro Manrique la soledad es compañía a pedir de mano; Yanguas, Villar del Río. Todo sigue igual por La Rioja: Munilla; la tierra de Cameros… Turuncún ya es un pueblo fantasma.


Los alcaldes buscan soluciones. Ofrecen ‘cheques-bebe’, trabajo, casas baratas, suelo para construir casi regalado… ¡Hasta han pintado de azul el pueblo para atraer a a gente!  No hay manera.  Se han ido. Buscan el pan de cada día lejos. Colonias de gente un tanto excéntrica se asientan por aquellos lares. ¿Cuánto van a durar?
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lunes, 13 de marzo de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Carboneros

Por aquí al carbonero lo llamamos ‘pajarito del agua’.  Su canto, lo entiende la gente del campo, como un anuncio: viene agua. O sea, que hay un cambio de tiempo más pronto que tarde. Por cierto, hou día ventoso está callado; el hombre del tiempo informa que va a llover; veremos quién se sale con la suya.

El maestro Barbeito dice que por la onomatopeya  - “imitación de un sonido que no es propio del lenguaje humano” – en su pueblo lo llaman ‘chachapí’. El maestro Barbeito sabe del campo más que nadie, y si él lo dice, lleva razón.

Es una respuesta a la pregunta. ¿Pajarito del agua, va a llover?, y entonces, él que es muy obediente, desde la rama donde esté camuflado, en opinión del que pregunta contesta con un “sí, señor; sí, señor”, -porque lo repite, por si no se ha enterado -  o con un “no, señor; no, señor”.

Estos carboneros son pajarillos pequeños. Su plumaje, muy llamativo. Una banda negra – su cabeza y el cuello, también lo es – cruza su barriga; el resto del plumaje verde oliva. Se ve que es un pájaro al que la naturaleza lo vistió de buen gusto.

Dicen que no se suele ir. Se queda a pasar por aquí el invierno y que busca las larvas y los insectos en las cortezas de los árboles y en el suelo. Anidan en las oquedades y ahora cuando ya apunta a primavera ellos se las andan en la construcción de sus nidos.

El campo apunta a primavera. Se ha alfombrado de verde; han florecido los borde de los caminos las margaritas; revientan las yemas de los frutales; las parras tienen hojas tiernas; dentro de nada, casi a vuelta de calendario, serán un entoldado de pámpanos que cobijan racimos, adorno de altares en el Corpus…


Los trigos, en las lomas, ondean con la brisas de la tarde. Hoy sopla – de hecho, lleva toda la noche – un viento fuerte. Malhumorado. Se lleva el humo de las candelas. No deja quieta las ramas. Es aire ‘de arriba’; del norte; frío, gélido… Parece que marzo ha vuelto el rabo. Hasta el carbonero hoy se ha puesto a buen recaudo. 

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domingo, 12 de marzo de 2017

Una hojas suelta del cuaderno de bitácora. Clamor

Una amiga pide que de comparta el problema. Se aire. Se dé a conocer. Se sepa. Llámenlo como quieran. Una persona toca con la yema de los dedos los noventa años. Pasa la noche en una silla de hospital con un coágulo en la cabeza después de una caída. No hay camas.

La sanidad española, la andaluza también, claro, es buena. Muy buena. Los profesionales excelentes. Entonces ¿qué pasa para que haya que recurrir a las redes sociales y denunciar casos tan flagrantes?
Hace unos días. Un amigo pasó por un trance parecido. Lo suyo una gripe. El hombre mayor. 

Sobrado en años y por tanto en problemas añadidos, entre otros la inquietud de alguien que de por sí es nervioso, muy nervioso. Estuvo cuatro días en una silla. Terminó amarrado – como suena y es, amarrado – porque el hombre ya pasaba a lo irracional.

Granada se ha levando en peso. Han cortado calles. Manifestaciones, protestas y más protestas. Al parecer los costes aconsejaban refundir hospitales y cerrar de dos para concentrarlo todo en uno solo.
Algo parecido ha ocurrido en Huelva. Se ven imágenes de personas lanzadas a la vía pública y gritan y gritan. La gente está harta de aguantar. Pide soluciones a un problema con el que no se puede ni se debe jugar: la sanidad.

En Álora se manifiestan los vecinos con frecuencia. Piden un segundo equipo de Urgencias. Ustedes dirán que si ya hay uno… Por partes. El hospital más cercando está a veinte kilómetros. Es el recién abierto de Cártama pero según para qué cosas…; el Clínico Univesitario de Málaga, a treinta y ocho.

La cosa no queda aquí. El equipo de Urgencias atiende a El Chorro – cómo carretera una vía de Servicio, entre veinte y treinta minutos de ida- y Carratraca, según qué carretera entre veinte y veinticinco kilómetros; entre treinta y cuarenta minutos de desplazamiento. ¿Y la vuelta? ¿Y si el  enfermo hay que evacuarlo al hospital?


Todo esto en un terreno quebrado de montaña. Los profesionales no tienen la culpa. Alguien tiene que tomar decisiones.  Se sabe la dirección a la que se apunta. ¿Cuándo habrá una respuesta? “Largo me lo fiais, amigo Sancho”  Lo dijo don Quijote…
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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Pueblo de entonces

El pueblo tenía su pequeño comercio. A los niños nos parecían muy grandes, pero eran pequeños; muy pequeños. Panaderías, tiendas de tejidos, carnicerías, fraguas,  dos drogueros, un puñado de barberías, zapaterías de maestros artesanos, carpinterías… y tabernas, muchas tabernas.

Las tahonas abrían temprano. Antes que apuntase el día. Olían a pan caliente, a retama de caldeo y a aulagas. Las bestias descargaban, la tarde antes en las puertas, y la calle era un aroma a campo...
Las tiendas de tejidos anunciaban, sobre el dintel, con un letrero: Cofecciones. Las piezas de tela se desplegaban sobre el mostrador; los dependientes eran muy hábiles – algunos para sisar centímetros -  en el manejo del metro largo de madera.

En la calle Toro había una fragua y  en el Camino Nuevo, en la Cancula, en el Camino de la estación… Tenían encanto; misterio. Las chispas saltaban con el empuje del fuelle. El tintineo del martillo sobre el yunque era un carillón de hierro y fuego; el hierro incandescente  hervía al enfriarse en el agua…

A mí me hacía los zapatos – bueno, eran unas botas de piel de becerro y suela de camión que no se rompían nunca – el Maestro.  Se llamaba Pepe Blanco. Para nosotros, ‘el Maestro’. Vivía en la Callejuela. Con él trabajaban, en mesas individuales, su hijo Rafael; Felipe que era el padre de Paco pero todos lo conocían por Currichi, Diego Laínez… Era gente buena;  muy buena.

Los hombres iban a ‘arreglarse’ a las barberías. (A los niños nos pelaban) La maquinilla, a veces, se atrancaba; ¡daba unos tirones…! A algunas barberías se les conocía por el apodo de los maestros: Paquirri; Salmorejo; Remolinos.  Otras tenían el nombre del dueño: Joaquinito; Andresito (que era un hombre mayor pero seguían llamándole ‘Andresito’); Pedro; Cristóbal Lobato; o por el apellido: Zafra…


Los niños íbamos a las carpinterías por serrín cuando se acercaba la Navidad. La anilina hacía milagros. Las virutas de madera eran praderas verdes donde pastaban ovejas y araban los gañanes y por donde cruzaba un río de papel del plata que envolvía el chocolate de Pablito; de Guidú; de Lería; de Torreblanca; de Juanico, el de Bonela; o en casa de Paca, ‘la de las Caballerías’…

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sábado, 11 de marzo de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Las nuestras: Lola

“Torbellino de colores. / No hay en el mundo una flor / que el viento mueva mejor / que se mueve Lola Flores”. Lo dejó dicho uno de los poetas grandes que ha dado Andalucía, gaditano como, como ella. Se llamaba don José María Pemán.

El New York Times fue por otro camino: “no canta, no baila; no se la pierdan”. Lola ya había actuado por medio mundo. En España rompió moldes. Manolo Caracol, grande entre los grandes, y ella, pusieron lo que se diría ‘una pica en Flandes’.  Todo era admiración, asombro, gloria. El público llenaba y llenaba sus espectáculos.

Hija de Rosario Ruiz Rodríguez, costurera,  nacida en Sanlúcar de Barrameda y de Pedro Flores, de La Palma del Condado.  María de los Dolores Flores Ruiz era gitana por parte de abuelo materno, Manuel, vendedor ambulante.

Nació en la calle del Sol, barrio de San Miguel, Jerez de la Frontera, 1923. En palabras de Tico Medina: “tierra de gitanos inmensos, de los mejores, barrio de buena, buena gente”. Murió en Alcobendas, Madrid, en 1995. La sierra se abría a la primavera y mayo rompía en siestas de calor y tormentas en plena feria de San Isidro.

Su mirada fuego ¿la Niña de Fuego? Claro y más. Su mirada la fuerza de alguien que podía tener extirpe de faraones: ‘La Faraona’. Se lo pusieron en México; ella ya lo llevó por todo el mundo del arte como algo consustancial.

Temperamento, brío, fuerza… “Quien te puso Salvaora / no supo ponerte nombre…” Lola era soberbia, genial… “Si me queréis, -  la marabunta abarrotaba la sacristía, la iglesia de San Pedro Alcántara y la calle, en la boda de Lolita - , irse”; fue a más. Tiene problemas con Hacienda. No piensa que la sanción sea tanta… “si cada español me da una peseta…”


Lola única. De mirada penetrante. Si Venus hubiese querido cambiar el frío del mármol por un moreno de aceituna se habría reencarnado en Lola, Lola Flores, carácter, arte, esencia de quien es irrepetible e inimitable. Claveles en el pelo; mantilla y bata de cola. Tópico y tronío. Marcó época. No ha habido, hasta hoy,  otra. 

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viernes, 10 de marzo de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El campanario

El templo magnífico, soberbio, espléndido. Se entra por dos puertas laterales. La puerta principal da a la plaza; se abre en ocasiones o para los acontecimientos. El templo es del siglo XVII.

Entre el altar de Santa Rita y el baptisterio está la puerta del campanario. Es de madera. Pequeña; humilde. La puerta, antes estaba siempre abierta. Los monaguillos subían para dar los toques. Llamaban a misas, rosarios; tocaban a quema; al Angelus; a muerto… Los monaguillos y los toques se han perdido.

La puerta ahora está cerrada con llave. Al campanario - tiene cinco cuerpos - se sube por una escalera de caracol. Estrecha; huele a humedad; a lugar cerrado. Hay restos de palomina por el suelo.
Un pequeño ventanuco deja que entre  luz. En el segundo cuerpo estaban los cordeles que movían los badajos de las campanas; ahora, son eléctricas. Han perdido encanto. Los niños no se balancean en el  extremo del cordel…

El tercer cuerpo es ciego; el cuarto, más luminoso. Arriba, una vez coronado, el quinto,  cuadrangular; abierto. Cuatro ventanas. Miran a los puntos cardinales. En los arcos, las campanas. “Campana de mi lugar / tú me quieres bien de veras…” Felipe Aranda subió un día, y nos lo regaló para recuerdo.

La vista excepcional. Al sur, el barrio más bello de Álora. Embrujo y misterio; cal blanca que reverbera. Lo corona el castillo. Es el Barranco o el Albaicín, que para el caso es lo mismo, nuestro. Poesía chorreada a lo largo del tiempo.

A poniente, el Monte Redondo. Un poco más abajo, la erosión recorta la roca blanda. “Es la puerta de la iglesia”. Hazas de sembrados; olivares. A la derecha, el Hoyo  Brioles; más abajo, El Baece,  y los Pechos de la Villa, y el Arroyo Hondo que siempre está seco…

Por  el norte, el pueblo se encarama. Sube, trepa, asciende. Quiere llegar a lo más alto. El Hacho se lo pone difícil; imposible; claudica; se rinde a sus pies. Siempre, un cielo azul. Vuelan los sueños.


Por oriente, aparece el sol cada mañana. Muy a lo lejos, El Torcal; luego, otros montes más cercanos: el Cerro de la Fiscala, los Lagares, el Cerro del Espartal. Casi al alcance de la mano, el Cerro del Calvario… Desde oriente, la luz. Olor a humedad en la escalera del campanario…