viernes, 30 de diciembre de 2016

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Tiempo

Lo pintaban como un viejo tirando de frío. Era una manera de decir que el año llegaba a su final  y que, a pesar, del bullicio, las cosas se cumplían inexorablemente. Todo es y sucede como tiene que ser, incluso por encima de nosotros aunque nos empeñemos en pintarlo de otra manera.

 Junto a la Alcazaba en unos jardines diseñados cuando don Juan Temboury recuperó uno de los lugares más bellos de Málaga para la ciudad, la Alcazaba por encima del teatro romano,  colocaron varias estatuas en mármol. Representaban las estaciones, o sea de otro modo, el paso del tiempo.

La Mitología griega contaba de Cronos, el tiempo, era hijo de Gea, la tierra. No es cuestión de entrar en historias mitológicas pero sí queda como cierta esa imagen donde el dios  va con una hoz en la mano. ¿Una manera de decir lo que está por venir? Con esa hoz hizo tantos destrozos como fue el mismísimo destronamiento de Urano.

El calendario dice que, en occidente, el tiempo se mide de otra manera y que llegamos al final del año y que mañana, cuando vuelva a salir el sol ya será ‘año nuevo’ y que estaremos en otro episodio más de contar el paso de los días.

Un amigo que gestionaba una empresa con muchos problemas me contaba que cuando el dos de enero llegó al despacho y encontró los cajones de la mesa tan vacíos como los había dejado dos días antes, aunque fuesen ‘del año pasado’ se encontró con una de las realidades más clarividentes  de su vida. Vio  que la realidad es la que es y no la que nos queremos creer.

Llueven estos días mensajes de amigos. Se cruzan buenos sentimientos. Vienen y van buenos deseos. Ojalá no pasen al olvido como esa predisposición a ponernos a dieta en cuando los Reyes Magos encierren los camellos en las cajas de  zapatos y vuelvan a las oquedades húmedas y telerañosas de las alacenas que se solo se abren de año en año.


Que se cumplan todos vuestros deseos y eso que llamamos tiempo  nos permita, que el año que viene seamos un año más viejos, y sigamos renovando buenos deseos. Ah, el campo, entre dos luces,  esta tarde tenía un manto verde precioso; en la sierra se escuchaban los cencerros de las ovejas; retornaban las palomas al palomar…
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jueves, 29 de diciembre de 2016

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Vengo por lo del anuncio

El perote estaba sin blanca.  Vamos tieso, lo se dice tieso, tieso. Calle arriba y calle abajo. El perote estaba perdido en Madrid después de que se le había escapado el tren y esperaba la primera combinación de la mañana que enlazaba la capital con Málaga.

Mediado de los años cincuenta del siglo pasado. Entonces ni AVE ni trenes sofisticados. Solo había tres. El “espress”, viajaba durante toda la noche; el ‘rápido, salía a primeras horas de día, y llegaba al caer la noche; el correo, se ponía en marcha al mediodía y llegaba veinticuatro horas después, si no acumulaba el consabido retraso.

Había otra alternativa. El mercado de Legazpi. Hasta allí llegaban los camiones con las mercancías del pueblo: naranjas, limones, batatas, granadas… Lo que daba el tiempo. Muchos encontraban carga de retorno para Málaga.

Entre el ayudante – porque, entonces, los camiones llevaban un ayudante -  y el conductor  podrían hacerle un huequecillo en la cabina. La mala suerte quiso que aquella noche no había caído por allí ninguno de los conocidos.

El hombre se dedicó a dar vueltas por Madrid. Cuando no se tiene dinero y sobra el tiempo las ciudades son aún más grandes de los que representan y, además, el reloj no anda ni pasa el tiempo.
No quedaba otro remedio que matar la noche y esperar a la primera combinación de la mañana. Eran ya las altas horas de la madrugada. Estaba reventado de andar. Ve una luz encendida en un séptimo piso y lee en un letrero: “Se necesita conductor. Incorporación inmediata. Negociar condiciones”.

Toca el timbre; insiste hasta que le abren.

-          Vengo por lo del anuncio…

-          ¡Pero hombre! Estas no son horas...

-          Pero ahí pone “incorporación inmediata”.

-          Abren. Sube. Le hacen pasar y preguntan por la condiciones.


-          No. Ninguna. Que vengo a decirles que he perdido el “express” y me voy ahora, cuando amanezca, en el “rápido”, que conmigo no cuenten…

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miércoles, 28 de diciembre de 2016

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Una buena noticia

La cuenta, en  facebook,  Marisa Segura. La recoge de una publicación en El País. Dice que el agujero antártico se ha reducido en cuatro millones de kilómetros cuadrados, o sea el equivalente a la extensión de la Unión Europea. Tampoco es cuestión de ir con el metro y contar los kilómetros. Vamos, digo yo.

Se recupera ozono que es vital para este planeta que vieron desde arriba como el planeta azul y donde hay más agua que tierra. Todo empieza cuando algunos hombres han comenzado a concienciarse que, o se pone remedio, o todos vamos río abajo.

Ya sé que puede sonar a inocentada. Ya sé que algunos amigos dirán que esto es un espejismo. Ya sé que puede parecer a poco. Bueno. El castizo decía que menos da una piedra. Así que por algo se empieza.

Yo aprecio mucho al alcalde de mi pueblo. Fue alumno y, además es amigo. Tengo una guerra sin cuartel con él. (Hasta ahora la gana él, ya saben el poder es el poder). La guerra consiste en una petición machacona, reiterada, pesada y agobiante. Le pido, una y otra vez, que siempre arboles, que convierta nuestro pueblo en una ciudad jardín… Pues, no me hace caso el puñetero, en la medida en que yo quisiera.

No ha venido aún el frío. Se ve que el invierno – el ‘general invierno’- está aún de camino, llegará un poco más tarde. Aquí el malo, malo de verdad, como los que están arrasando Siria, (¡ay, que se me había olvidado, que hoy va de buenas noticias) es febrero. Más de una vez nos ha dejado tiritando…

Están brotando las parras. Las yemas reventonas pregonan que ya corre la savia por sus vasos interiores. Algo parecido les ocurre a los rosales. La poda este año no puede dormirse. Algunos ya muestran brotes nuevos y sigue la floración de rosas como en una primavera adelantada.


Hoy hago mía – algo tiene que ver en el asunto -  la letra de aquel Credo de la Misa Campesina: “Creo en Vos, / arquitecto, ingeniero, / artesano, carpintero, / albañil y armador, / Creo en Vos, constructor del pensamiento / de la música y viento, / de la paz y del amor”. ¿Lo comparten?

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martes, 27 de diciembre de 2016

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La chica de los ojos grandes

Tiene los ojos grandes como la luna de abril que va de noche, sola, por las lomas sembradas de trigos que apuntan  a espigas y que, luego, cuando llegue la calor, la primera calor, granan y son harina de pan, pan bendito en la Hostia consagrada.

Tiene los ojos grandes como el brocal del pozo, - el que está allá abajo, entre adelfas, en el arroyo -, donde Platero se asomaba y venía su figura, y sus orejas largas que siempre que sentía curiosidad lanzaba hacia adelante,  y su cabezota para que los niños pasasen sus manitas inocentes en caricias que envidiaban las estrellas.

Tiene los ojos grandes como los amores inalcanzables, como las palabras únicas: amor, madre, ilusión, vida, pasión...Como la voz encantada de Andrea Bocelli, como el embrujo de los violines de Vivaldi, como el misterio de Peer Gynt…

Tiene los ojos grandes como la luna que se levanta en el horizonte una noche de mar en calma, y riela, y deja una estela de plata sobre las olas en calma, quietas, sobre el azul que se oculta para dejar que sea ella, solo ella, quien tenga todo el protagonismo y avance entre veleros de nácar y sueños de marineros.

Tiene los ojos grandes como la luna que se asoma por los montes y esquiva con un quite por cigarrera la veleta del campanario y deja que toquen las campanas a gloria, a vísperas, a procesión del Corpus, a…

Tiene los ojos grandes como la luna que se baña en el río las noches de primavera con olores de jazmines nuevos y  azahares que perfuman las huertas, y escucha el canto de ruiseñores entre  chopos, alisos, y  álamos de la ribera…

Tiene unos ojos grandes que van pregonando paz, paz, paz… y se pierde como se pierde el eco por los campos y se acuna en las ramas de los olivos alineados, guardianes de bálsamos y ungüentos  para alumbrar a Dios.


Alguien dijo que los ojos son el espejo del alma, y entonces voy y me paro, y me pregunto, si sus ojos son así ¿cómo será de enorme su alma?
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lunes, 26 de diciembre de 2016

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Entre sueños

Rebosan comida los cubos de basura. Los países ricos tiramos sin susto. Mejor, primero compramos, gastamos lo que en muchos casos no hay, y luego, a la basura. Porque se estropea, porque estamos ahítos – cuando yo era niño se decía empachados – de tanto…

Escucho al padre Ángel que habla de otros comedores, - ‘Robin Hood’ - de otras prestaciones, de otros servicios, de los que más tienen hacia los que más lo necesitan. Lo ha recogido, incluso, una publicación del New Yort Times.

Según el padre Ángel es importante el plato de comida; más importante, aún, es devolverles la dignidad a personas que la han perdido. Decía algo que suena a aldabonazo. Sobran voluntarios para dar su ayuda. ¿Ven? No todo es malo.

Mi amigo Pillo Lobato me manda la foto que ilustra (es un decir, claro) estas letras de hoy. Es la miseria del mundo. Está un poco más allá del mar azul que vemos cada tarde y que viene mansamente al rebalaje de las playas. Es la miseria a la que hay que atender de inmediato: comida, ropa y medicamentos.

Hay otra miseria. La que no se ve. El maestro Barbeito hablaba, en “De lo cercano”, de un indio guaraní que huyó del hambre de otra tierra al otro lado de otro mar. El hombre entre hambre y hambre hablaba solo – “quien habla a solas espera a hablar a hablar a Dios un día”, escribió don Antonio Machado- porque quería ser locutor de radio…

El hombre se llamaba Oscar, los niños de la foto, también,  tienen nombres. No los conocemos. Otros hombres andan estas noches por las calles de España. Unos tienen la ‘suerte’ de tropezar con la mano amiga que da algo. No todos pueden decir lo mismo.

Acaba de entrar el invierno. Muy pronto la chica guapa de la televisión anunciará una ola de frío. Nos darán noticias de gente que lo pasa mal. Otros irán un poco más lejos. Se adentrarán en ese sitio del que no hay retorno.


Nos sobra de todo; a otros les falta… Y digo yo, y ¿si alguien de los que tienen poder intentan poner un poco  de arreglo a todo esto y, entonces, entre sueños, intuimos que puede haber un mundo mejor…?

domingo, 25 de diciembre de 2016

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Gente

Tenían cara de ibuprofeno, almax y omeprazol. Tenían cara de sueños de sobresaltos, digestiones lentas y cenas abultadas. Tenían cara de haber pasado una mala noche – por los excesos gastronómicos y tintoreros, claro – programada. Tenían cara de una barba del día anterior. Tenían…

A media mañana, como todos los años, me he acercado a la Fuentarriba. La Fuentarriba es el ágora de mi pueblo, o sea, de Álora para los que vivís fuera.  Allí se habla de lo divino y de lo humano. Nos hemos encontrado. En algunos casos casi ha pasado un año. “Te veo igual”. (Se ve que sigue el espíritu de benevolencia navideño porque es cochinamente mentira).

Los saludos; los abrazos. Los mensajes entrecruzados: me voy dentro de un rato “porque comemos en …”; o los que te dicen: “estoy por aquí unos días”. Hacemos promesas de vernos. Algunos nos veremos. Como en los versos de Miguel “que tenemos que hablar de  muchas cosas, / compañero del alma, compañero”.

Hay un recuerdo, también, por los que otros motivos no han acudido a la cita. Se cumplen inexorablemente los versos de Juan Ramón que hablaban del renuevo del pueblo cada año. Como se renuevan los brotes del olivo llamados a la nueva cosecha cuando llegue su tiempo.

Ha despertado el pueblo con el letargo propio del día de Navidad. En otros lugares – aquí el encuentro grande es en la Nochebuena – celebran el día de Navidad. Costumbre de pueblos y de otras tierras.

Los periódicos se han despertado, también, muy tarde. Han traído la noticia del avión caído sobre el mar Negro, al poco de despegar,  con pasajeros componentes de los  coros de ejército ruso. Una flota de barcos ha salido en su búsqueda y rescate. Sobrevuelan las gaviotas; en tierra sobrevolarían ya los cuervos.


El Rey en su discurso navideño dijo que “la intolerancia y la exclusión no pueden caber en España”. Majestad tengo una duda. Una duda muy seria ¿se habrán instalado ya  y vamos un poco tarde? 

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viernes, 23 de diciembre de 2016

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Cuento apócrifo de Navidad

Y, entonces, ella abrió con dificultad la ventanilla. La ventanilla estaba partida en dos.  Cogió con fuerza los pestillos de los extremos; bajó el cristal. Llegó hasta donde la seguridad y la mecánica lo permitían. El tren cruzaba un puente. Los abetos eran árboles  de juguete en el precipicio. La nieve se desparramaba por las laderas.

Una bocanada de aire frío entró con fuerza. Azotaba su cara. Sentía frío y helor… Su pelo,  la aparte de su pelo que dejaba libre el gorrito de lana de colores azul y blanco se agitaba locamente. El pelo era un capricho suelto…Un sol tibio de media tarde daba un sentido diferente al paisaje.

Él la cogió con fuerza. La estrechó sobre su pecho. No se decían nada. Se sintieron. Percibieron el calor de sus cuerpos a través de la ropa gruesa de los abrigos. Las manos estaban protegidas por guantes de cuero; el jersey marrón y de cuello vuelto daba calor a la garganta.

No se decían nada. Pensaban. Recordaban que a muchos kilómetros en su tierra, a esa hora,  ya hervían las ollas en la cocina. Las mujeres estarían afanadas en la tarea. Aquella noche en las mesas de muchas casas…

El Nacimiento de todos los años estaba en el rincón del salón. El salón de su casa olía a romero y a tomillo; olía a sierra; a serrín tintado con anilina que se hacía campo de hierba verde. En un río de papel de plata nadaban unos patos sobre el cristal. Una pastora con un cántaro sobre su cabeza pasaba por el puente…

Y, entonces, ella subió la ventanilla. No se dijeron nada. El tren llegó a la estación. El andén era un mar de nieve. La gente caminaba de prisa. Tomaron un transporte público. Cruzaron calles iluminadas con bombillas pequeñas. Llegaron a casa. El reloj automático había puesto la calefacción a su hora… La casa estaba climatizada.


No se dijeron nada. Sobre la mesa… La crisis, la puñetera crisis, hacía que ellos pasasen la primera Nochebuena lejos de su casa. Y, entonces un abrazo de amor los fundió; por las mejillas corrían gotas agua clara con sabor salado; la llaman lágrimas. En un lugar lejano, muy lejano ardía un puñado de troncos en la chimenea…

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jueves, 22 de diciembre de 2016

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Felicidades

Dicen que corren vientos de paz. Vienen de no se sabe dónde y van a dónde quieren ir. Visto lo visto hasta al mismísimo viento lo traemos loco. Baja de las sierras; cruza el campo, y va de puerta en puerta. Y hay momentos en que no le gusta el sitio y sigue de largo…

Hoy no es cosa de hablar de telediarios, y de primeras planas de los periódicos, ni de todo eso que corre por las redes sociales y por esas cosas con nombres raros. No. Hoy si ustedes me lo permiten vamos a hacer una revolera mental y vamos a pasar de las cosas malas. Vamos a desear todo lo bueno que se nos pueda venir.

Hay quien ha puesto la ilusión en una bola de la lotería y pensaron que la felicidad vendría  - ojo que el dinero ayuda, y mucho, pero no es la solución – del capricho de la fortuna. (Josep Pla lo dijo más fino: ‘El dinero no da la felicidad, ciertamente, pero tampoco es un serio obstáculo). La fortuna sabe a todas las casas.

Felipe Aranda ha colgado un mosaico de fotografías. Gracias, Felipe. El abanico es amplio. Como un mago de la imagen se ha sacado de su manga, bueno de su manga no, de ese archivo único que tiene en la trastienda del mostrador un puñado de ilusiones. Ha combinado lo que es, y lo que era. ¡Cuántos recuerdos de un solo golpe!

Si tuviera que optar por una me quedo con ese albaicín blanco y chiquito que baja por la calle Ancha -  hay una noche en que se quedad estrecha –  y se asoma a la plaza. Pulsea en cielo con el campanario de la iglesia. Reverbera la cal blanca… ¿De qué color es la Gracia de Dios?


Chacharean las sombras del anochecer. Juegan al escondite con las torres del castillo. Hay embrujo. Flota, se ofrece, sale al encuentro. Dice el calendario que es Navidad y los hombres de buena voluntad nos deseamos lo mejor para todos. Corren, aunque no lo parezca, vientos de paz…

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miércoles, 21 de diciembre de 2016

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Galaroza

No sé si lo sabrán ellos, los que viven el día a día en Galaroza, pero a mí al menos me pareció que tienen la fortuna de vivir en uno de esos pueblos que se dicen bonitos de verdad. Pueblo de sierra con aire limpio y cielo azul.

El Ribera de Huelva nace cerca. Río abajo, alimenta el embalse de Zufre. El pueblo, sin embargo, se orilla junto al Múrtiga, el que pasa casi a los pies de la Virgen de Flores y que también va al Atlántico, pero por otro camino. Por el Guadiana. Hay abundancia  - lo que no es poco - de agua. Verdor y exuberancia que se mitiga en otoño y hace que nazca una sinfonía de ocres.

Para tu gozo, mira los oros viejos en las orillas del río y cómo el agua corre por todas partes y cómo crecen castaños y olmos y chopos, y deléitate que ahora por mor de la estación exhiben sus ramas desnudas. Y piensa que estás en uno de los lugares más galardonados de la Sierra porque sus habitantes están tocados por la sensibilidad y por el buen gusto.

Y, por si fuera poco lo que aporta la naturaleza pues también tienen  talla de la Virgen del Carmen, que se entretuvo en hacer Luisa Roldán – la hija de Pedro – ‘la Roldana’, y templo del XVI – de la Purísima Concepción – y ermita a Santa Brígida, desde donde se ve y se mira, y se goza y se contempla la belleza de estas tierras.
                              

De la fiesta de los jarritos, por septiembre… Estaba permitido bañar a cualquiera que osase salir a la calle y ¿el que no lo hiciera? Él se lo perdía. Han escrito tanto que con sólo que preguntes te la van a contar y a decir que todos desean que se recupere para volver a tener lo que tenía antes, pero para eso hacen falta... ¡gentes!    

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martes, 20 de diciembre de 2016

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Berlín

La guerra, la II Guerra mundial tuvo su fin, oficialmente. Berlín fue el símbolo de lo que iba a venir después. Vestiduras repartías entre los vencedores: Estados Unidos, Unión Soviética, Reino Unido y Francia. Berlín era una isla dentro de la Alemania Oriental.

Pasó el tiempo. En la radio hablaban de una línea: Oder-Neisse. No teníamos ni idea de la existencia de aquellos ríos ni del odio que había entre muchos hombres de aquel tiempo. Tres, de los cuatro ‘aliados’ permitían el paso de un sector a otro. Se sabía de quien ‘era’ la zona por la bandera que ondeaba al viento…

¿El cuarto? El cuarto quiso otro modelo. Trazó un muro. Dividió a la ciudad y a la gente. Espinos, alambradas. Soldados que disparaban a los que se atrevían a cruzar el muro sencillamente porque querían vivir de otra manera; a sea, al otro lado.

La situación fue tensa; el bloqueo brutal. Se habilitó un corredor aéreo. Llevaba socorro a sus habitantes. Un presidente estadounidense, Kennedy, proclamó ante el muro que él también era berlinés: “Ich bin Berliner!!”

Para salir del Berlín ocupado por los soviéticos se pasaban controles. Aquel verano pasé ¡hasta cuatro! El policía – los policías - de servicio se empeñaba en saber dónde se las andaban los bambinos que aparecían en el pasaporte y no estaban sentados en los asientos traseros. Les explicaba que sus padres iban de visita - ¡qué se les habrá perdido a estos por aquí, debían pensar! – y que la gente menuda estaba muy lejos de allí…

Berlín acaba de saltar a la primera plana. Es una página más de ese libro de hoy que la sociedad mundial del siglo XXI escribe cada día. Las páginas, como si fuesen de un relato macabro, tienen nombre propio: Ankara, Siria, Mosul, Alepo, Berlín, Niza, París, Afganistán, Nigeria, Egipto… y apellido: atentado.


¿Hace falta seguir? Cobra actualidad la sentencia de Stanley Kramer: “El mundo está loco, loco, loco”. Poca poesía tiene la realidad de hoy. Es, tristemente, así. 
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lunes, 19 de diciembre de 2016

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Ella

Ella tenía unos ojos de ensueño, máscara de pestañas.  Ella era esa belleza única que un día aparece en un recodo del camino. Ella era el imposible de una noche de  primavera – de primavera de abril - de sueños en la madrugada y estrellas perdidas al otro lado de la sierra, entre otras estrellas que se iban por no se sabe donde…

Ella tenía unos labios sensuales; unos labios con un dejo de poesía a sabiendas que nunca será posible. Ella es única. Distante. Perdida en un mar de lejanía. Ella es la ausencia de un sueño imposible…Ella es eso, todo eso…. Nada más y nada menos que todo eso.

Ella encerraba en sí la ausencia del imposible. La distancia. La lejanía. El amor que va por esa senda que marcan los caminos, ¡Ay,  los caminos…! El amigo – o ese, la conciencia - ,  que  te dice: olvida. Ella tiene que ser el recuerdo y tú que no, que el olvido no existe, que no, que no quieres olvidar, que no puedes…

Ella va por otras calles. ¿En qué esquina de la calle ella volverá su vista atrás? Y tú  que piensas que te busca a ti. Que te quiere decir… No.  Ella va por otras calles, por otras esquinas… Bebe de otros vientos…

Hay un viento de rosas – con olor a polvos de talco, porque el maestro Barbeito dice que las rosa huelen a polvo de talco -. No Maestro, la rosas huele a amor mal herido, a herida cerrada en falso. A herida que tiene un mensaje en los ojos y nadie, salvo a quien va dirigido, sabe de su mensaje.

Ella va por… ¿por dónde va ella? ¿Está tan perdida que el amor imposible también le ha dislocado sus puntos cardinales? Esta mañana he estado por las calles de siempre, por los rincones de siempre, por las esquinas de siempre….

Las campanas de la catedral tocaban a misa tempranera. No hay canónigos ni beatas que acuden a esos toques de campana… He estado en el bar de siempre. Lo de siempre. Un machaco tempranero, un café cortado…. No ha pasado. Ella… Hace tiempo que no pasa ella…
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domingo, 18 de diciembre de 2016

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Niño, arregla esto

Hay un repiqueteo de lluvia en la ventana. Llueve. Hace varios días que llueve. Se han empapado los campos; corren los arroyos. Las lomas se han vestido de esperanza; o sea, de verde. Apuntan los trigos y cuando caliente el sol de primavera serán espigas de pan y harina blanca bajo la piedra del molino.

Hay un repiqueteo de malas noticias en la televisión, en la radio, en los periódicos. Huye la gente de Alepo. Dicen que miles de personas están atrapadas entre el frío, el miedo y el odio. La temperatura del odio en aquella zona parece que ha alcanzado cotas inimaginables.

Hay un repiqueteo… No, repiqueteo no; estruendo de bombas en Nigeria. Lo peor de todo con niñas como instrumentos portadores. La ciudad de Maidiguri - ¡qué sabe Dios dónde queda! - cien kilómetros más abajo del lago Chad ha salido en las portadas de los informativos.

Hay un repiqueteo de dolor. Demasiado. Rompen el alma. ¿Cómo se puede ser tan cruel? A veces hay preguntas y las respuestas o se esfuman o no quieren venir. Son demasiado duras. No hay mente que dé cobijo y comprensión a tanta crueldad.

Hay un repiqueteo de consumismo. Señoras guapísimas publicitan perfumes; bebidas, lujos. Nos seducen; nos invitan a comprarlos. Felicidad a cambio de dinero. Un imposible. Llegan días en que tenemos que ser felices por decreto, comer por decreto, beber por decreto…

Huye mucha gente, otra gente, por arenas calientes de otros desiertos. No son magos a lomos de camellos; no hay pajes que tiran de las bridas… Vienen descalzos; huyen del hambre. En la mediación del camino se encontrarán alambradas con serpentinas y… el mar. ¡Ellos que nunca han visto el mar!

Te lo pide el Maestro Barbeito en la voz de la alegoría del Amor. (Noches de espectáculo, con El día que Jesús no quería nacer… Todo cedido para Caritas, ya sabes, algo es mucho para los que no tienen nada).


Tienes que venir y arreglar esto. No le hagas caso a ese montón de ángeles malos que solo velan por sus egoísmos encerrados en despachos de moquetas.  Allí no entra el corazón ni la razón. El dolor está en las calles… En tantas calles y en tantas ciudades… “Qué sí, que sí merece la pena que te lo pide el Amor”.

sábado, 17 de diciembre de 2016

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Las nuestras: Trinidad Grund

Trinidad Grund y Cerero del Campo, nació en Sevilla el 28 febrero de 1821. Su vida estuvo marcada por la tragedia. Hija de Federico Grund, natural de Hamburgo, Cónsul de Prusia en Sevilla, destituido y desterrado a Málaga por discrepancias con su gobierno. Su madre, Trinidad Cerero del Campo y Arroyal,

A Málaga llegaba gente de muy diferentes lugares: Inglaterra, Alemania, La Rioja.... De la Tierra de Cameros, los Heredia. Con Manuel Agustín Heredia hay una colaboración total sobre todo en la fundición San Andrés en Adra.

Trinidad y Julia Grund se casan con los hermanos Manuel Agustín y Tomás Heredia Livermore, en 1848. Cuatro años después, Manuel Agustín se suicida a la vuelta de una visita a Adra. Lo entierran en Almuñécar. La prensa silencia el hecho; lo viste con mentiras piadosas para ‘evitar’ el escándalo.
Pocos meses después muere su hijo en la mesa de operaciones. Tiene la asfixia de croup (inflamación de laringe y tráquea). Se  intenta una salvación a la desesperada sin conseguirlo.

En 1856 embarca en el vapor “Miño”. Van a la feria de Sevilla. Mar en calma; luna clara; no hay niebla ni nubes. Un buque, a pesar de la buena visibilidad, les da alcance de costado;  chocan. El “Miño” se hunde  irremisiblemente. Abraza a sus dos hijas. Un golpe de mar se las arrebata. A ella la salvan en un bote. Llora su desesperación en la orilla.

Su vida cambia. No vuelve al palacio de la Alameda; vive en la Plaza de Arriola. Visita los barrios pobres de Málaga. Socorre a los demás. Funda el Colegio de San Juan de Dios (Goleta) para hijas de trabajadoras. En El Bulto el Asilo de San Manuel. Luego las penurias económicas le impiden seguir con su magnanimidad.

Mujer emprendedora. Adquirió las termas de Carratraca en 1860 y la Cueva en el término de Ardales (durante mucho tiempo llevó su nombre). Fue pionera en la empresa turística de mostrar la cueva como complemento al negocio del balneario.


Desde que la tragedia se cebó con ella vistió manto y vestido negro. Mujer de gran corpulencia, hermosa y de facciones expresivas, murió de cáncer de matriz el 31 de agosto de 1896, a los 75 años.
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viernes, 16 de diciembre de 2016

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. ¡Mamy blue...!

Mediodía soleado después de una noche de lluvia. Cielo azul; pasan las nubes… Hace un poco de frío; se agradece la recacha. Están ocupadas las terrazas de los bares. Se busca el solecito. Úrsula, Phil Trim, y una tercera persona toman algo. Nos saludamos.…

Phil Trim no sabe que forma parte de nuestras vidas. Su Mamy blue fue algo que no faltó  en aquellos guateques de los domingos por la tarde. Un pick up comprado a plazos en Comercial Rebollo, un disco que el uso desgataba... 45 rpm. en los singles; los long play, 33 1/2 . Eran más duraderos, - o sea, más ejercicio de brazos por delante; más caros…

Un coro femenino arrancaba en las primeras estrofas: Oh, mamy, mamy blue… En la segunda entraba la voz masculina. Una voz de tenor apuntando a tenor primero. Sugerente, ágil; enganchaba con solo oírla. Una voz que resonaba y…

Quizá sea yo tu hijo olvidado, aquel que se alejó’. Lo cantaba un muchacho arropado por un coro. Un muchacho de labios carnosos, mirada profunda,  moreno de noche de embrujo, y con unos ojos grandes, tan grandes como la luna que alumbraba en la oscuridad de su Mar Caribe. Lamentaba la ausencia, la desaparición de la madre.

Oh, mamy, mamy blue… ¿dónde estás ahora?’ Preguntas sin respuestas; la casa compartida en la colina; el vacío del pozo sin agua; el brazo amigo y el hombro sobre el que llorar; la mano tendida…
Recuerdos de infancia. Aparecen, de pronto, sin llamarlos; están ahí como están los caminos de la vida que anduvimos sin saber porqué ni cuándo. Moldearon la manera de ver, de entender las cosas. Días y noches solitarias, ausencia que no se van a llenar nunca.

Alain Milhaud hizo que los Pop Tops – Phil Trim era el alma del grupo – saltasen a la fama con Mamy blue…; después, Procol Harum sacó A whiter os fale, los Pop Tops, la cantaban en español: Con su blanca palidez.


Mañana soleada de otoño, Phil Trim… Pasaba el tiempo; pasaban las nubes por el cielo limpio y azul; pasaba la brisa, y muy lejos,  acunados en el recuerdo, aquellos sueños de  muchachos que bailábamos canciones tristes pero como no sabíamos - ahora, tampoco- inglés… 

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jueves, 15 de diciembre de 2016

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El quite de la cigarrera

Y  va el tío y la lía. Y va el tío y se lleva el embrujo de la Marisma o de la Puebla, - de la Puebla del Río por si alguien se las anda despistadillo -, y lo saca como quien saca un cigarro – de cigarreras va la cosa – de la petaca y lo echa con el  amigo con quien se encuentra en un cruce del camino.

En este caso, domingo y por la tarde; diciembre. Lugar: desde el ruedo a los tendidos de la plaza. El motivo: Octava corrida de la Temporada Grande. Compartía cartel con José María Manzanares y Gerardo Rivera que confirmaba alternativa.

¡La Virgen hizo el milagro y Morante fue la mano! Bueno, la mano, no. Las dos, y por delante, dejando libre una para que tome la capa brío, con la esclavina suelta y con ese revuelo que va la brisa cuando lleva la Gracia de Dios, a la que otros llaman Arte.

La cosa, en México D.F. Esa  plaza que dicen que es de leyenda y tópicos. Feria de la Virgen de Guadalupe, ¡Ay, Lupita preciosa! Y un montón de gente... Cuentan que alrededor de los dieciséis mil, uno arriba o uno abajo, que tampoco es para más cuentas. Los toros de Teófilo Gómez. El cuarto, de pelo cárdeno, bragao y meano; de nombre ‘Peregrino’.

Desde ahora - ya estaba -  su nombre aparecerá, una vez más, en la historia del toreo. Morante, se sacó un nuevo quite y lo ha bautizado como “el quite de la Cigarrera’, y el maestro lo explica y dice que ‘cigarrera’, es el gentilicio de las mujeres de la Puebla del Rio. Y, aclara que el quite son lances como ‘si se torease con una falda o se bailara con los flecos y los vuelos…” Y, ahí queda eso.


 Pastan estos toros en Querétaro. Divisa, azul celeste, blanco y plomo. Teófilo Gómez murió en 2008. Desde entonces, sus hijos regentan la ganadería; conservan el hierro y el nombre de su padre. José Tomás, Ponce, Perera.., y desde ahora, con la creación del quite de la Cigarrera, Morante entra, también, como ellos, en la historia de la ganadería.
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miércoles, 14 de diciembre de 2016

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Cudillero

Cudillero tiene cuatro límites. Al Este, al Sur, y al Oeste con otros pueblos. Y, al Norte… ¿Con quién limita Cudillero al Norte? Según la Geografía con el Mar Cantábrico; Marilina, lo captó con su objetivo y nos regaló toda la belleza que da ese mar cuando tiene celos del cielo limpio y azul, y llega, y besa larompiente y espera…

Cudillero se descuelga del cielo; baja por la ladera; abre sus ventanas a los vientos que llegan desde el mar. Son ventanas pequeñas, rectangulares, simétricas, iguales. Su  caserío es un chorreo que viene a dar en el puerto o en el rebalaje que para el caso es lo mismo. Dicen los que saben que Cudillero se divide en tres partes.

La rasa litoral sube hasta los cien metros. Acantilados rotos por ensenadas y playas de ensueño. El cabo Vidío es la proa de tierra y rocas que escinde el mar; el primer rompeolas los días de galerna. A sus pies, el islote Chouzano; a estribor, el Cabo de Peñas; por babor, la Estaca de Bares que es Galicia…

Un puñado de ríos – de tercera división, porque en los ríos, también, hay categorías – fertilizan los valles interiores. El Esquieru, Uncín, Ferrera y Piñera, para que no se pique nadie, le dan nombre a sus pagos. Verde en los prados; agua limpia, cristalina en sus lechos…

“Eran trece hombres, trece valientes curtidos en el peligro y avezados en las luchas del mar. Con ellos iba una mujer, la del patrón” Así comienza don Pío Baroja una pieza excepcional, El Angelus… ¿Tocan el Angelus las campanas de la parroquia de Luiña?

Un poco más al Sur, las cumbres del término. Turberas y musgos; violetas, en primavera. Los vientos helados bajan de las alturas en los meses de invierno. Nieblas y caminos de brujas que van para otros sitios. Cuando el viento viene de tierra, huele a monte.


“Maestro, le preguntaron en cierta ocasión a Agustín Lara, porqué escribió usted, Granada tierra soñada por mí, si nunca estuvo en Granada....?  Por eso, por eso, contestó -  tierra soñada por mí…”; yo no he estado nunca en Cudillero…
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martes, 13 de diciembre de 2016

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La chica del mostrador

La chica del mostrador tiene la elegancia de una sinfonía lejana que trae el viento; el  deje de  música de violines enredados entre las ramas del bosque; el gorjeo de pajarillos que ponen notas de diferencias.

La chica del mostrador roza esa edad en la que dejó de ser niña pero, todavía, no ha llegado a la edad de mujer madura. Sus manos, finas; usa guantes de color añil – como el cielo en las mañanas de verano – que cobija dedos largos y puntiagudos.  La chica del mostrador  muestra siempre agrado, complacencia…

Tiene una sonrisa amplia y generosa; su tez,  blanca como la luna nueva de diciembre una noche clara sin nubes. Nariz aguileña; ojos azules y pelo rubio. En el pelo le han moldeado rizos artificiales con mechas negras;  le dan una cierta gracia cuando gira, de pronto,  la cabeza.

Es de estura media; ni alta ni baja. Labios delgados tocados con una sutil pincelada de carmín;  boca grande; pómulos prominentes; frente lisa, despejada.

La  chica del mostrador es una mujer delgada. Su cuerpo de junco de ribera se mueve de un lugar a otro. Me acuerdo del cante por verdiales: “Viva Dios que nunca muere / y si muere resucita / viva la mujer que tiene / delgada la cinturita”.

No para. Atiende, sonríe, despide con agrado al cliente que se va. Siempre termina el servicio con “gracias”…Y, luego, se dirige a alguien que espera con una inclinación de cabeza y cortesía… ¿Dígame?

Acude al trabajo puntual. ¿Dónde vive? Ni cerca ni lejos; o sea, en el entorno. Llega y entra por la puerta por donde accede el personal que trabaja allí. Pasa los controles; se pone el traje de faena;  ficha en el artilugio electrónico habilitado para esos menesteres, y se coloca detrás de la vitrina porque el mostrador donde la chica trabaja tiene una vitrina de cristal que aísla los productos. Ya se sabe, cuestión de higiene.


La chica del mostrador siempre habla de usted. Despacha solícita, con la prontitud. Sabe  que el cliente puede tener prisa y no le hace que pierda el tiempo ni el de él, ni el de ella. La chica del mostrador, tiene sobre la parte izquierda de su pecho una etiqueta con su nombre. Tiene un nombre precioso…

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lunes, 12 de diciembre de 2016

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Que no quería; pero, sí

Se han vestido las ciudades de luces en la calles. Gloria a Dios en la alturas. Han tirado guirnaldas de acera a acera. Balcones con colgaduras y  bombillitas de colores; las  noches  lucen de otra manera…
Hay abetos metálicos y globos luminosos. Los bambolea el viento. Vaya por delante mi felicitación a los talentos que quieren innovar. Todo el respeto; al menos, el mío, lo tienen. Hay cosas que cuesta digerir; entre lo sublime, y lo ridículo ya se sabe...

Me gustan los peces que beben y beben en el río. Seguramente, el Niño hace el milagro. Los ríos están contaminados y los peces no se mueren. Vuelven, año tras año, y, además, empedernidos ellos, beben y beben…

Hay  un llano de serrín verde con virutas de la carpintería; el agua brota en la gruta de gandinga; hay montes de arpillera, y rebaños de ovejas que pastan entre la nieve que nunca hay en Belén, aunque Raphael… ¿Se acuerdan? Sí “el camino que lleva a Belén /baja hasta el valle / que la nieve cubrió…”

De las alacenas, de debajo del chinero, de lo alto del ropero han salido en tropel: la mujer que lava ropa y la tiende en la orilla; el hombre que ara con una yunta de bueyes; el pastor con el cántaro de leche… Ah, y un atajo de ocas y, cabras que trepan por los montes y una cerdita…¿cómo? Pero sin en el mundo hebreo ese ganado…

Herodes  tiene  bigote negro. Se asoma a la puerta del castillo de corcho. Hay tres reyes con pajes y todo. Vienen por las cumbres, y estrellas de plata sobre un fondo de papel azul y un portal con María, José y el Niño, ¡ay, el Niño! Ese que no quería nacer…

 ¿No se habían enterado? Acudan al Teatro Cervantes. Lo ha convencido la palabra del Maestro Barbeito. El Maestro le ha dicho que sí, que tiene que nacer porque se lo pide el Amor  y que venga. Lo necesitamos. Un grupo de artistas aficionados va a representar el musical “El día que Jesús no quería nacer…”


Viernes y Sábado, 16 y 17; en Álora; nueve de la noche. Los eurillos que se saquen para Caritas que hay tantos que son felices con tan poco…

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domingo, 11 de diciembre de 2016

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Lío

La Navidad toca con las yemas de los dedos a las puertas.  O sea, noches largas; días cortos, tan cortos que casi la merienda – los que tienen esa costumbre – por la luz que hay en la calle no saben si es merienda cena; si han hecho la digestión del almuerzo o si es que como está tan nublado…

Una amiga ha colgado una foto preciosa: una chica lee junto a una chimenea.  Antes, se hubiese dicho que era una buena costumbre. Lo de leer, claro. En un país donde los presuntos analfabetos no pagan al Estado y los presuntos listos meten la mano en otras ‘tarjetas’... Puede ocurrir de todo.

 Ya se sabe.  Un señor que ocupa un cargo muy importante se confiesa lector empedernido de un periódico que se dice de deportes; se edita en Madrid. Yo también, a veces, leo ese periódico.

 Está claro, ni empedernido, ni ocupo ningún lugar importante;  lo leo. Ya ven, cosas raras. Otra amiga ha comentado que a ella le entran ganas de leer al ver la escena de la foto; y quien apostilla: “y te levantas solo cuando te meas por la patilla”. Con esto del progreso cambia todo. Yo que pensaba que la micción se hacía por otro sitio… Me tengo que poner al día.

Terminada una entrevista a Azorín. (Eran sus comienzos en Madrid). “Maestro, le pregunta, otro que empezaba el camino para Maestro, el Maestro Alcántara: “Qué libro me aconseja que lea”. “Usted, que se va a dedicar al oficio de escribir - le contestó - “lea, el Diccionario”. Hace unos días, otro Maestro, el Maestro Barbeito, nos deleitaba en una sobremesa, sobre sus lecturas del diccionario. ¡Y cómo le ha sacado rendimiento!

Echo mano al diccionario; consulto. Leer, orinar – por el sitio que se debe, ¿de acuerdo?- cosas normales. A mí, por lo pronto, me han proporcionado materia para que ustedes hayan podido esbozar una sonrisa de ironía. Conclusión: mis amigas lo han utilizado correctísimamente. Todas las palabras del diccionario tienen el mismo rango. Solo impera el orden alfabético.


Después de lo de Abisinia, Egipto y Estambul ¿seremos capaces de dejar a un lado la crispación? Corren tiempos de paz. De armonía -  y de un machaco, tempranito, si no se va a coger el coche -. La Navidad llama con la yema de los dedos a la puerta.

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sábado, 10 de diciembre de 2016

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Las nuestras: Madre Petra

Ana Josefa Pérez Florido nació en el Valle de Abdalajís (Málaga), pueblo en las estribaciones de la cordillera Penibética, el 7 de diciembre de 1845.

Su infancia, dura. Su madre muere cuando era muy niña – contaba solo tres años -  por lo que se cría bajo el amparo y tutela de su abuela. Su familia gozó de estabilidad económica. Su posesión social era la de una clase media de un pueblo agrícola. Era la menor de cinco hermanos. Sus padres fueron José Pérez Reina y María Florido González.

Fue novia de José Mir con quien rompe y le muestra su vocación de dedicarse a los más necesitados. Ante la oposición paterna deja que pase el tiempo. Con otras compañeras – Josefa Muñoz, Francisca e Isabel Bravo y Rafaela Conejo – se dedican al cuido y atenciones a los ancianos y niños desamparados.

En Álora abren su segunda casa en 1877, en el número 5 de la  calle Santa Ana, y que posteriormente se clausuró después de unos años abierta y de atender a cuantos necesitaron ayuda, por carencia de medios para continuar la labor.

En 1878, un año después de la muerte de su padre, ingresa en las Mercedarias, orden que abandona por consejo del obispo de Málaga Manuel Gómez Salazar para fundar la Congregación de las Madres de los Desamparados. Su dedicación a los ancianos y niños que se hallaban en situación de abandono es total.


En 1880 funda, con otras compañeras, la primera comunidad. Ella toma el nombre de Madre Petra de San José. Comienza la expansión y fundan en Vélez-Málaga, Gibraltar, Andújar y Barcelona donde llega en 1886.  Posteriormente trasladan el noviciado de Málaga a Manresa.

El arquitecto Francesc Berenguer i Mestres, seguidor de Gaudí, construye en estilo neorrománico el Santuario de San José de la Montaña en el barrio barcelonés de Gracia. Se convierte en casa matriz y centro de peregrinación y culto.


Las Hermanitas de los Pobres están extendidas por diferentes puntos de América y Europa. Madre Petra, tras fundar diez casas – la última en Arriate, en 1900 – murió, en Barcelona, en 1906
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viernes, 9 de diciembre de 2016

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Torrijos.

La playa del Charcón, junto a El Bulto por donde El Perchel se asoma a la mar fue testigo del fusilamiento. Sonó la descarga. Por el suelo quedan unos cuerpos. Aquellas muertes eran más, mucho más,  que el fusilamiento de una cuerda de presos.

El rey felón había vuelto al poder. Se establecía el absolutismo en España. Se pretendía matar la libertad que suponía la Constitución de 1812, ‘la Pepa’, proclamada en Cádiz. De hecho, la implantación  total de las ideas nuevas.

José María de Torrijos y Uriarte  participó el primer levantamiento contra las ideas obsoletas. El pronunciamiento lo llevó a cabo Van Hale. Gaditano de San Fernando. Marino e hijo de marino, hombre de vida rocambolesca, afrancesado y liberal. A Torrijos le cuesta cárcel de la que sale después del Pronunciamiento de Riego – de tristísimo final en la plaza de la Cebada de Madrid - en Las Cabezas de San Juan. Era el año de 1820.

Combate a los Cien Mil Hijos de San Luis. Habían venido a España para restablecer a Fernando VII. El pueblo español se había levantado años antes contra los invasores franceses; ahora, los acogen. Se ve cómo cambian los vientos...

Torrijos huye a Inglaterra. La intelectualidad española mal vive casi de limosna en el barrio londinense de Somerstown.  Prepara un pronunciamiento. Desembarca en Gibraltar el 2 de diciembre de 1831. Se internan por la tierra malagueña. En La Alquería, cerca de Alhaurín, caen en una emboscada…

Nueve días después, Torrijos y sus cuarenta y ocho acompañantes, entre ellos un muchacho, son fusilados sin juicio previo. Habían pasado la noche en el cercano convento del Carmen. Málaga les erige un monumento en la Plaza de la Merced. Todos, excepto uno, que era inglés y lo entierran en el cementerio inglés, reposan bajo un obelisco.


Espronceda lo lleva a la literatura; Gisbert y Leonardo Fernández…, al lienzo José María de Torrijos tenía cuarenta años; el 11 de diciembre de 2016 se cumplen ciento ochenta y cinco años…

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jueves, 8 de diciembre de 2016

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Niños

El otoño estaba ya más cercano a su final que a sus comienzos. Hacía frío. Las últimas lluvias  habían dejado una toquilla blanca sobre la Sierra del Valle; el sol la derretía por momentos.

Los árboles, por aquellos días, ya estaban desnudos. Una alfombra amarilla de hojas dejaba el suelo sucio. El viento las arrastraba y las arrinconadas donde se le apetecía; a su antojo.

Los  ‘almencinos’  tenían sus frutos maduros; los arboles, también pelados, mostraban las ramas sin hojas. Pequeñas bolitas negras, carnosas y dulzonas. Con la oportuna precisión eran proyectiles perfectos de cerbatanas dentro de canutos de cañas…

Los granados mostraban las púas de sus espinas. Los granados sin hojas parecían más punzantes. Al nogal del tío Benito llegaban, por las tardes bandas de tordos, que regresaban de los olivares. Buscaban un sitio para pasar la noche.

Los niños los días en que no había clases se echaban al campo. Lo recorrían todo. Los niños sabían dónde coger gandinga para  en usarla en los Nacimientos. La gandinga era ideal para simular la cueva donde nacía el río, para hacer unas montañas diferentes a las otras que eran de arpillera o de corcho.

En las laderas de El Hacho había tomillos y aulagas - ¡que pinchaban!… ¡cómo pinchaban las aulagas! En la curva del Quebradero, pitas pequeñitas. Nacían junto al borde de la carretera, y en la Fuente de Zorra musgo que servía para las orillas del río y para el estanque. Un cristal simulaba el agua. Los cisnes de barro nadaban y reflejaban sus cuellos arqueados en el espejo.

Los niños, otras veces, hacían cosas que no estaban bien. Caminaban despacio por las orillas de la vía con mucho cuidado de alejarse cuando en la lejanía silbaba la máquina del tren y, luego, pasaba despacio arrastrando un montón de vagones que llevaban mercancías en su interior.


En las trincheras, con las lluvias, habían aparecido agujeros llenos de hormigas aladas. Las alúas era un reclamo extraordinario para los insectívoros. Los niños llevaban tarritos de penicilina y los llenaban de hormigas que servirían de reclamo a los pajarillos. Y, luego, ponían trampas… Y….

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