viernes, 30 de junio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. ¿Cómo le ponemos?

¿Cómo le ponemos a esto? La autora de la foto, Pilar, lo ve cada mañana en su paseo tempranero. Es el Guadalquivir, el que pasa por Lora, Lora del Río, claro, que decía la copla de cuando éramos niños y la gente se la mandaba, unos a otros, en aquella sección de ‘discos dedicados’  ¿se acuerdan?, pero, también deja, a ambas orillas, a Sevilla, y a Coria, y a la Puebla…

Dice la radio y la televisión y los periódicos que media España se va donde la otra. Es decir, adiós a los espetos de sardinas, a los pescaítos fritos, a esa cosilla que produce ese bicho que, por tener bonito, tiene precioso hasta los andares. Todo se va a disparar de precio porque claro hay que sangrar al que viene de otro sitio a conocer al nuestro.

Hablan de cifras mareantes. Algo así como ochenta y nueve millones de españolitos que se echan a la carretera, toman la vía del tren o se acercan, dos horas antes al aeropuerto para que lo registren, le quiten el cinturón y lo miren como presuntos  - por cierto, en Portugal, al jamón se le llama ‘presunto’;  en España,  al presunto, chorizo, pero eso es otra cosa – delincuentes y todo porque se les puede ocurrir ir a visitar la catedral de Santiago,  por decir algo.


La foto de hoy me ha llenado de quietud. Todo es armonía. Todo es belleza. El espejo del agua que puede sonar a tópico refleja esa arboleda que lo circunda; el cielo se torna de color de oro, de ese oro del dorado que no está un poco  más allá de donde nosotros podemos llegar; no. Está ahí. Espera al sol que no se lo quiere perder. Asombra; es un deleite. Recuerdo a San Juan de Cruz, y lo pienso, y lo asumo, porque Este sí es mi Dios: “mil gracias derramando / pasó por estos sotos con presura / y, yéndolos mirando, / con sola su figura / vestidos los dejó de su hermosura…”

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jueves, 29 de junio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Celeste

Dios se vistió esta mañana de celeste. Dios, cada mañana se pone el manto de colores,  a su antojo y caprich, - porque si alguien puede hacerlo, ese es Él -  y se echa a andar. Dios siempre va a la rosa de los vientos y la naturaleza toda despierta al compás que marca su paso y se pone a su servicio.

El sol apuntó pasadas las siete. Se asomó por detrás del cerro de la Fiscala, entre los Lantiscares y la Atalaya.  Cada día ya se hace un poco más perezoso. Es casi imperceptible, pero cada día ya amanece un pelín, solo un pelín, más tarde. Algo parecido ocurre con el crepúsculo del  ocaso pero, al revés. Las sombras comienzan a alargarse un poco antes.

Dios cada mañana se da un paseo y abre el abanico de los colores. Dios juega con los colores como los niños juegan a las bolas, o sea, a su antojo. Todos son suyos y están a su servicio. Los colores se acompañan con una sinfonía de cantos de pájaros que reciben las primeras luces del día.

 Las rosas,  las espigas dobladas por el peso del grano,  las gavillas que aguardan turno de era, los frutos maduros que ponen pinceladas de azúcar. Se han coronado las granadillas del vallado del camino; están maduras las moras. La higuera es un peregrinar de los mirlos que buscan en los pimpollos las brevas a las que saben que solo pueden llegar ellos. Los mirlos son unos privilegiados.

Hay un revuelo de abejas. Liban en las flores moradas de la pasiflora; el jazmín tiene un pespunte de vainica doble con suspiros de anoche. Está en flor la yerbaluisa; ofrece aroma embriagador la yerbabuena ; hay un reclamo de sensualidad.

Cantaba una tórtola cuando arrancaba el día. La tórtola tiene un nido en el almendro que está en la costera conforme se sube de la alberca. Había otro nido de tórtolas en la hueca del olivo viejo pero ya se ha volado. Ahora los pichones buscan los granos por los rastrojos.

Dios se ha vestido de celeste. La celestina le ofreció su manto. Marilina estaba allí y, también, lo vio;  los plasmó con su cámara; luego, los no lo contó…

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miércoles, 28 de junio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. De ayer a hoy

Cincuenta y siete años, ocho meses y veintiocho días. Niños de ayer; hombres de hoy en torno a una mesa, a una sobremesa larga, muy larga, como quien no tiene prisa porque el día era para eso, y a una tarde al amparo de la brisa que viene del mar cuando las sombras se hacen más sugerentes.

De Faraján, llegó un niño pelirrojo y con muchas pecas en la cara; del Trabuco, uno que jugaba al fútbol con un estilo impropio de un chaval que apuntaba a mucho, en el fútbol y en otras cosas. No decepcionó; de Algarrobo, el buen gusto, la elegancia, el estilo y la discreción; de Bobadilla, alguien, que pasado un tiempo, se encargó de reunirnos a todos; la Cueva del Becerro envío un ejemplar único, tan único que siempre pedía: “hay que centrar al centro…” (y, ¿adónde si no?); Garrincha, o sea, la embajada de Colmenar necesitaba, la banda y un balón para él solo; de Antequera, la fidelidad de la amistad…

Hemos recordado los olores de aquellos años; el tiempo que pasaba lento y nos marcaba. Eran años en los que unas manos a las que siempre estaremos agradecidos nos encauzaron , y luego, nos mandaron, a cada uno, a recorrer los caminos a su manera y modo.

El cielo azul  limpio; una nube juega al escondite con las palmeras; unos barcos en el horizonte. Esos barcos van a alguna parte; un banco vacío, unas palmeras que mueve la brisa; unos niños en la playa. Alguien comenta, y ‘entonces, las Escuelas del Ave María estaban solas y por aquí no había nada’ y nosotros aprovechábamos el  agua templada que salía de la térmica,  y el hambre que daban los baños y un autobús viejo y desvencijado que nos traía a la playa y…


Alguien dijo que la vida es lo que pasa mientras nosotros hacemos proyectos.  Si no es así, se le parece. De ayer a hoy hay tendido un puente. Se llama amistad. Hoy porque nos ha parecido bien hemos decidido cruzarlo y desde sus barandillas vemos como se nos pasa la vida…
Cincuenta y siete años, ocho meses y veintiocho días. Niños de ayer; hombres de hoy en torno a una mesa, a una sobremesa larga, muy larga, como quien no tiene prisa porque el día era para eso, y a una tarde al amparo de la brisa que viene del mar cuando las sombras se hacen más sugerentes.
De Faraján, llegó un niño pelirrojo y con muchas pecas en la cara; del Trabuco, uno que jugaba al fútbol con un estilo impropio de un chaval que apuntaba a mucho, en el fútbol y en otras cosas. No decepcionó; de Algarrobo, el buen gusto, la elegancia, el estilo y la discreción; de Bobadilla, alguien, que pasado un tiempo, se encargó de reunirnos a todos; la Cueva del Becerro envío un ejemplar único, tan único que siempre pedía: “hay que centrar al centro…” (y, ¿adónde si no?); Garrincha, o sea, la embajada de Colmenar necesitaba, la banda y un balón para él solo; de Antequera, la fidelidad de la amistad…
Hemos recordado los olores de aquellos años; el tiempo que pasaba lento y nos marcaba. Eran años en los que unas manos a las que siempre estaremos agradecidos nos encauzaron , y luego, nos mandaron, a cada uno, a recorrer los caminos a su manera y modo.
El cielo azul  limpio; una nube juega al escondite con las palmeras; unos barcos en el horizonte. Esos barcos van a alguna parte; un banco vacío, unas palmeras que mueve la brisa; unos niños en la playa. Alguien comenta, y ‘entonces, las Escuelas del Ave María estaban solas y por aquí no había nada’ y nosotros aprovechábamos el  agua templada que salía de la térmica,  y el hambre que daban los baños y un autobús viejo y desvencijado que nos traía a la playa y…
Alguien dijo que la vida es lo que pasa mientras nosotros hacemos proyectos.  Si no es así, se le parece. De ayer a hoy hay tendido un puente. Se llama amistad. Hoy porque nos ha parecido bien hemos decidido cruzarlo y desde sus barandillas vemos como se nos pasa la vida…

Cincuenta y siete años, ocho meses y veintiocho días. Niños de ayer; hombres de hoy en torno a una mesa, a una sobremesa larga, muy larga, como quien no tiene prisa porque el día era para eso, y a una tarde al amparo de la brisa que viene del mar cuando las sombras se hacen más sugerentes.
De Faraján, llegó un niño pelirrojo y con muchas pecas en la cara; del Trabuco, uno que jugaba al fútbol con un estilo impropio de un chaval que apuntaba a mucho, en el fútbol y en otras cosas. No decepcionó; de Algarrobo, el buen gusto, la elegancia, el estilo y la discreción; de Bobadilla, alguien, que pasado un tiempo, se encargó de reunirnos a todos; la Cueva del Becerro envío un ejemplar único, tan único que siempre pedía: “hay que centrar al centro…” (y, ¿adónde si no?); Garrincha, o sea, la embajada de Colmenar necesitaba, la banda y un balón para él solo; de Antequera, la fidelidad de la amistad…
Hemos recordado los olores de aquellos años; el tiempo que pasaba lento y nos marcaba. Eran años en los que unas manos a las que siempre estaremos agradecidos nos encauzaron , y luego, nos mandaron, a cada uno, a recorrer los caminos a su manera y modo.
El cielo azul  limpio; una nube juega al escondite con las palmeras; unos barcos en el horizonte. Esos barcos van a alguna parte; un banco vacío, unas palmeras que mueve la brisa; unos niños en la playa. Alguien comenta, y ‘entonces, las Escuelas del Ave María estaban solas y por aquí no había nada’ y nosotros aprovechábamos el  agua templada que salía de la térmica,  y el hambre que daban los baños y un autobús viejo y desvencijado que nos traía a la playa y…
Alguien dijo que la vida es lo que pasa mientras nosotros hacemos proyectos.  Si no es así, se le parece. De ayer a hoy hay tendido un puente. Se llama amistad. Hoy porque nos ha parecido bien hemos decidido cruzarlo y desde sus barandillas vemos como se nos pasa la vida…

Cincuenta y siete años, ocho meses y veintiocho días. Niños de ayer; hombres de hoy en torno a una mesa, a una sobremesa larga, muy larga, como quien no tiene prisa porque el día era para eso, y a una tarde al amparo de la brisa que viene del mar cuando las sombras se hacen más sugerentes.
De Faraján, llegó un niño pelirrojo y con muchas pecas en la cara; del Trabuco, uno que jugaba al fútbol con un estilo impropio de un chaval que apuntaba a mucho, en el fútbol y en otras cosas. No decepcionó; de Algarrobo, el buen gusto, la elegancia, el estilo y la discreción; de Bobadilla, alguien, que pasado un tiempo, se encargó de reunirnos a todos; la Cueva del Becerro envío un ejemplar único, tan único que siempre pedía: “hay que centrar al centro…” (y, ¿adónde si no?); Garrincha, o sea, la embajada de Colmenar necesitaba, la banda y un balón para él solo; de Antequera, la fidelidad de la amistad…
Hemos recordado los olores de aquellos años; el tiempo que pasaba lento y nos marcaba. Eran años en los que unas manos a las que siempre estaremos agradecidos nos encauzaron , y luego, nos mandaron, a cada uno, a recorrer los caminos a su manera y modo.
El cielo azul  limpio; una nube juega al escondite con las palmeras; unos barcos en el horizonte. Esos barcos van a alguna parte; un banco vacío, unas palmeras que mueve la brisa; unos niños en la playa. Alguien comenta, y ‘entonces, las Escuelas del Ave María estaban solas y por aquí no había nada’ y nosotros aprovechábamos el  agua templada que salía de la térmica,  y el hambre que daban los baños y un autobús viejo y desvencijado que nos traía a la playa y…
Alguien dijo que la vida es lo que pasa mientras nosotros hacemos proyectos.  Si no es así, se le parece. De ayer a hoy hay tendido un puente. Se llama amistad. Hoy porque nos ha parecido bien hemos decidido cruzarlo y desde sus barandillas vemos como se nos pasa la vida…






martes, 27 de junio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El día después

Va a lo suyo. Viene de Cazorla y se entregará  a la mar grande en Sanlúcar. Parece ajeno a la tragedia que estos días se ha fraguado un poco más  allá de sus orillas, a donde llegan sus brisas pero no su agua. El río está ahí desde siempre. Fertiliza la tierra que baña.  Si el río hablase con la lengua de los hombres nos diría tantas cosas…

 El maestro Barbeito lleva varios días  - días es poco, mucho tiempo – apuntándolo. La naturaleza es madre y si se cuida devuelve el favor con tanta generosidad que asombra a cuantos saben que son vida que no se la quedan en sus entrañas sino que la reparte.

Los cauces  - los montes y las cunetas de la carretera, y los taludes de la vía del tren, también -  de los ríos están dejados de la mano de los hombres. Hay quien legisla desde detrás de una mesa y no distingue un barbecho de un erial. Ahora hay una pléyade de gente que se ha dado a sí misma el título de ecologista y, ¡oigan, vaya cosecha que tenemos este año!

Un agricultor que linde con el río lo menos que levanta es sospecha de ser un delincuente. De toda la vida de Dios se han cortado las cañas, y los juncos, y las aneas, y como todo el mundo que sabe,  las cañas, después de cortadas, brotan con más brío, con más fuerza. Eso ocurre con las vides, con los olivos, con los cítricos.  A eso se le llama poda.  Pero esos ‘técnicos’ no tienen ni zorra idea de lo que es eso.

El pastoreo deja limpio los montes. Un pastoreo, lógicamente, ordenado y en regla. Es la mejor limpieza que puede hacerse del monte y eso se hace en invierno y en primavera; ahora, en verano lo que no se limpió en su tiempo corre el riesgo de ser pasto de llamas y tragedia para mucha gente.


Las  nubecillas sobre el cauce del río, según los expertos son evaporación a primeras horas de la mañana; dicen, también que son vientos condensados. La gente del campo diría que es solo un apunte del calor que anuncian y que viene. Ahora que ya parece que estamos en el ‘día después’ de la tragedia de Moguer  es el momento de sentarse a pensar y a tomar decisiones.  No es fácil.
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lunes, 26 de junio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Está ahí

Está ahí, donde siempre; como siempre, desde no se sabe cuándo. Azul y sugerente;  está esperando la mirada desde la orilla. Agazapado, no lo dice y oculta los sueños enterrados, mejor  -¿cómo se le puede llamar a los sueños sepultados en el mar? – quieto y aparentemente tranquilo…

Está ahí orlado por montañas lejanas. Son las montañas de la Axarquía. Las tierras que están al este de Málaga, es decir, las tierras por donde, cada mañana aparece el sol, ese sol implacable que estos días viene con más fuerza, o al menos así lo parece, que otras mañanas, y luego, al medio día se enseñorea de todo y nos achicharra.

Unas pinceladas de  nubes como opositoras a que Murillo la inmortalice bajo los querubines que orlan sus Inmaculadas coronan sus crestas. Son nubecillas tímidas, aprendices de nubes. Se asoman a ver la quietud que se abre bajo sus pies y no dicen nada. Miran, contemplan y luego, cuando vayan por otros sitios contarán que ellas ya estuvieron ahí.

Otras montañas más cercanas se ofrecen al alcance de a mano. Son tierras de cultivos de almendros, de algarrobos, de aceite;  desde hace unos años, tierras donde el aguacate y el mango ponen sabores tropicales en competencia con la almendra de los dulces de Navidad. La pasa, la pasa moscatel que dio nombre, santo y seña a la tierra que la vio nacer, y luego fue vino de misa y mesa,  y elixir, se abre paso en un mercado de competencia.

 Resuena en el subconsciente la voz de Luz Casal. Recuerdo el mensaje entre un sabor semiamargo  de  pistacho nuevo. Y evoco que eres mi muerte y mi resurrección, mi aliento y agonía, de noche y de día, y descubro algo nuevo que antes no veía. Y brotan en mí, como este día tórrido de comienzos de infierno, quiero decir, de verano, sentimientos  nuevos que antes no sentía…

Y sigue ahí, donde siempre, como siempre, agazapado. Tumba azul para los que huyeron de la miseria sin saber que al otro lado de tu orilla hay otra miseria que algunos  no van a llegar a conocer nunca.


Azul y placentero; mar de Ulises y sirenas que cantan canciones para adormecer a los marinos incautos; mar que no sabe de fuegos y candelas de otras orillas porque  él saluda, a su manera y estilo, al verano que llega.

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domingo, 25 de junio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Caín

Caín, dice el Libro, era malo. Nació fuera del Paraíso y, desde entonces, su espíritu fue de un sitio a otro. Recorre toda la tierra. No encuentra aposentamiento y se las anda buscando a ver dónde puede liarla más grande. Dice el Libro, también, que Caín mató a su hermano y que no agradaba a Dios.

Se disfrazó de hombre bueno. Lo suelen hacer casi todos los que son malos. Se colocan en los lugares donde su poder de maldad es mayor. Caín, como las malas semillas no es una sola, no; son muchas. Solo hay que abrir una mañana el periódico o escuchar las noticias.

Caín vende papeletas de embarcación a gente que nunca vieron el mar y que, por supuesto, no saben nadar. Los mete en pateras, en embarcaciones de plástico o de goma y los lanza a la ventura del juego de las olas… Luego , pasa lo que pasa.

Caín está en los sitios de decisión.  Esos ‘caínes’ no firman los tratados que son buenos  para todos porque dicen que perjudican a sus economías y si el Planeta se hace un desierto o se va al garete, ellos pasan olímpicamente. Los cambios climáticos les afectan a los pobres; a ellos, por supuesto que no.

Caín vende papelinas adulteradas. La gente quiere ser feliz. Hay mucha gente que busca la felicidad; no la halla. La gente cree que la felicidad está en un polvo blanco, en una inyección, en un ¡vaya usted a saber qué invento! y da lo que no tiene por conseguirlo…

Caín le ‘da’ el dinero que recobra con intereses desorbitados a otros aspirantes a caínes para que les compren las armas con las que se matarán entre ellos, y a los vecinos, y a los que viven un poco más allá, o a los que iban a cenar a un restaurante, a un concierto, a coger un tren, o a dar un paseo una tarde de verano en la fiesta de su ciudad.


Caín le pega fuego a los bosques. Ha ardido una porción enorme de tierra en Portugal. Ahora lo hace en el entorno de Doñana y, precisamente, todo ha arrancado en un pueblo donde Platero comía margaritas en sus prados. Se ve claro, Caín no respeta nada…

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sábado, 24 de junio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Las nuestras: Toda de Navarra

Nos la pintan como una mujer de pocas carnes; o sea, enjuta. De estatura por encima de las mujeres de su tiempo, porque Toda de Navarra, vivió y murió cuando llegaba a su final el primer milenio. Ojos grandes, barbilla robusta y nariz prominente. Mujer de mirada directa y frente despejada…

Toda Aznárez fue reina de Pamplona. Casó con Sancho Garcés I de Pamplona  e hija del conde Aznar Sánchez de Larraún y Onneca Fortúnez…hasta aquí un parentesco como podría ser normal en algún personaje de la Edad Media pero entra en escena Onneca Fortúnez, su madre…

La península ibérica está bajo el domino musulmán de los Omeyas que desde Córdoba dominan el territorio y reducen a los cristianos a los reinos de Asturias y a Pamplona. Onneca es bisnieta de Íñigo Arista fundador del reino de Pamplona.

La información de su vida juega entre la leyenda y la realidad. Con su padre cautivo marcha a Córdoba, Contrae matrimonio, con Abdullah, cosa frecuente entre concubinas esclavas cristianas y príncipes musulmanes. En el mundo musulmán se conoce como Durr, ‘la perla’. Nace un hijo varón, Muhammad, heredero al trono, y dos hijas, al-Baha y Fatima.

Asesinado Muhamad en extrañas circunstancias por Mutarrif, el hijo de Muhamad que había nacido tres semanas antes, Adb-ar-Rahman sucede a su abuelo como emir de Córdoba, más tarde se coronó califa, el califa más grande de occidente. Se conoció como Adderramán III.

En el 882, dos décadas después, Onneca  regresa a Pamplona con su padre. Casó con su primo el conde Aznar Sánchez de Larraún. Tuvieron un hijo: Sancho Aznarez, muerto joven y dos hijas: Sancha y Toda.

En el 934 Abderramán la emprende contra el reino de Pamplona. En Calahorra donde está el califa de pelo rubio y ojos azules que delata su ascendencia navarra por vía materna, se presenta la reina Toda. Le pone sobre la mesa los lazos de familia. Toda es tía carnal del califa. Pactos, rupturas, nuevos pactos… Así se escribe la Historia. Toda de Navarra o de Pamplona, para el caso, lo mismo, nació en 2 de enero de 876 y murió en 15 de octubre de 958. Está enterrada en el monasterio riojano de Suso. Toda, una de las nuestras…
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viernes, 23 de junio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Hoy

El campo habla alto, claro;  tiene voz propia. Solo hay que aplicar el oído  escuchar. Tiene su música propia. Solo hay  que leer en su pentagrama. Está achicharrado, y lo dice, y lo pregona, y se muestra entregado como quien sabe que está condenado a poner la espalda. Espera el palo;  conoce  lo que viene, de un momento a otro, y le cae encima.

 Esta mañana al salir el sol el día estaba radiante.  Ni una nube; todo apuntaba a azul. Alguien encendió una hoguera para quemar algo. Madrugó; y no esperó, por prudencia, al mediodía. El humo no subía. Una cortina blanca y frágil como  gasa que queda flotando porque no puede elevarse apoyaba una mano en las lomas de Virote;  la otra, en Los Cerrajones. Era un puente que permaneció lo que tardó en consumirse la quema.

La mañana tomo su rumbo natural. Los pájaros ya habían leído el mensaje del día.  Muy pronto se aplicaron a su tarea; luego,  desaparecieron. Los pájaros son listísimos y buscaron una sombra propicia. El termómetro ese chisme que dice qué  temperatura tenemos lo fue cantando.  A las trece y cuarenta y cinco minutos, anunciaba 48º, al sol. Vamos como si los que andamos de un sitio a otro tuviésemos aseguradas las sombras…

Me acuerdo de la canción que acuñó el saber popular. “De segar de los secanos / ya vienen los segadores / de beber agua de pozo / todo llena de gusanos”. Ahora ya no quedan segadores de aquellos. Las máquinas han ocupado sus sitios y el maquinista puede que hasta lleve una neverita con agua fresca y aire acondicionado en cabina…

Quedan otros trabajadores en el campo. Esta mañana, una cuadrilla, verdeaba, aunque ya están amarillos, limones sensuales y rendidos. Los limones también saben del calor y aguantan pero solo lo preciso porque ellos tampoco pueden con estas puertas del infierno abiertas de par en par y es su manera de hablar alto y claro.


Dicen que esta noche es mítica. La gente quema lo que le sobra. Si yo pudiera quemaría el infierno que se nos ha llegado. Nadie lo ha llamado; nadie,  le da la bienvenida porque esto no es ni el calor, ni la calor, ni la flama, no, no. Esto es mala leche.


jueves, 22 de junio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Pueblo de agua y luz

Es una pincelada blanca al pie de sierras calizas; un suspiro escapado entre olivares y campiñas;  un anhelo hacia un cielo azul, puro y limpio; un derroche de cal y arte recostado; un sueño a orillas de un río…

Paco Campos  –  en un excelente trabajo, en Desde el Alto Guadalhorce  que vio la luz hace unos días -  dice, que Villanueva del Trabuco, que es el pueblo del que se trata, limita, al norte, con el monte de Los Villares; al sur, con el río. Al norte, terrenos abruptos; al sur, tierras inundables por las crecidas en su margen izquierda. Se lo ponen difícil, solo una escapatoria de crecimiento urbanístico: el eje este-oeste. O lo que es lo mismo, en los bordes de la carretera que lleva desde Villanueva del Rosario a Salinas…

En Sierra Gorda, San Jorge y Gibalto nacen arroyos de aguas claras: el Higueral, Chocillas, de la Pita... Todos pierden su nombre, y como en las fuentes del Esla, se agrupan; nace el río. ¿Dónde nace el río Guadalhorce? ¿Ah? Pregunten cada uno le da la importancia al que más quiere…

Un surco de fresnos, alisos, chopos y álamos negros; pequeños puentes de cuentos de hadas; misterio de arte y belleza dice que por allí, por allí va el río, y quién quiera saber más que vaya a Salamanca. Por cierto, puestos a saber, el Trabuco está a 47 km de Málaga, a 84 de Álora –que está “en par del río”, y es mi pueblo - ,  a 492 de Madrid, a 1.748 de París, a 5.341 del  Cabo Norte, en Noruega, y a 12.949  de Jabarosk donde se unen el Amur con el Ussuri…, kilometro más, o kilómetro menos.

Por aquí anduvo el hombre primitivo; luego, vinieron romanos y visigodos. En su suelo se construyó un ‘trabuco’, máquina de guerra, o sea, catapulta que lanzaba piedras y otros objetos  contra fortalezas y murallas. Se empleó en el cerco de Loja. Por aquel entonces, como ahora, la gente se entendía de una manera muy rara; es decir, agrediéndose entre ellos.

Tiene el abanico de nombres más raros del santoral: Fulgencio, Gerásimo, Jacinto, Ambrosio, Horacio…

-         Y, ¿aquí no hay ‘Pepes’, ‘Antonios’ o ‘Juanes’?, preguntó el cura  recién llegado, que se llamaba Victoriano.

Pasaba una niña; le pregunta:

-Y, tú ¿cómo te llamas?

- Córdula.

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-       

miércoles, 21 de junio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Insectos

Con eso de las calores parece que se han venido todos a porfía. A los bichillos chicos les gusta  las temperaturas altas. Moscas, abejas, tabarros, mosquitos, zapateros, arañas… todos están,  a porfía, -como los niños que llevaban flores al Mes de María, ¿se acuerdan? – a ver quién sobresale de todos los demás.

Las moscas son las que menos extrañan. Vamos, que toman posesión como si fuese, de verdad, su casa. Las moscas no saben lo pesadas que son. O a lo mejor sí lo saben y hacen como los políticos de tercera división que por un sillón aparentan y dan lo que no tienen. Las moscas, cuando no tienen otra cosa mejor que hacer se quedan flotando en el aire pensando a  cómo pueden incordiar más.

Esta mañana, temprano, casi con los primeros rayos del sol, -celebraban la entrada de verano - las abejas ya libaban en las flores abiertas de la pasiflora. Las abejas van a lo suyo. O sea, hacen su trabajo casi en silencio. A lo sumo, un zumbar, cuando van grupo, anuncian de su presencia. Las abejas tienen un montón de enemigos: los abejarucos, los primeros; luego, los pesticidas.

En el pilar del pozo pasan sus horas más largas lo tabarros. Aprovechan esos pequeños charcos que quedan como residuales. Vienen, se posan en el filo del agua y beben. En todos los pilares de todos los pozos siempre hay un puñado de tabarros apropiándose y sirviéndose del agua que sacaron, fresca y profunda, para otros avíos.

Las arañas son diminutas. Quieren pasar desapercibidas pero como que no. Y, pican y dejan un retortero que mancha la piel, además del inoportuno dolor y picor. Las arañas están en todo su apogeo, como lo están las garrapatas entre las yerbas secas del camino y se adhieren a los perros y… bueno, ya saben lo que siguen.

Los que sí están en su ambiente son los zapateros. Verán, justo en el paso de la alcantarilla de la acequia un puñado de zapaterillos nadaban contra la corriente del agua. Estaban haciendo un esfuerzo titánico. El agua se los llevaba y ellos con impulsos secos, otra vez venían a recuperar el espacio perdido… El verano, ha traído calor plastoso como si hubiesen dejado abierta la puerta del infierno y una ensarta de insectos que lo hacen más insoportable todavía…


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martes, 20 de junio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Avisos

Dicen que cuando aparecieron los bárbaros en las fronteras de Imperio romano, un lumbreras, en el Senado, fue y dijo aquello de: “parece que hay moros en la costa”. Claro que el nota andaba mal de vista y, además, debía alumbrarse con un candil – si es que los romanos tenían candiles – porque ni eran moros ni había costa.

La Agencia Tributaria le ha mandado un recado con acuse de recibo al señorito Ronaldo. Los recados con acuse de recibo son más malos que los otros. Los indios de las praderas se mandaban recados entre ellos o a los que estaban en las montañas, con humo. No sabemos de ningún indio que amenazase al gran jefe con irse a vivir a la orilla del Pacífico, por ejemplo y, donde, por cierto, debe hacer menos calor...

Entre los mil y un asesores que tiene el bronceado guapera que vende imagen y camisetas blancas,  debe, al menos, el ‘uno’, decirle que se vaya donde se vaya, van a ir a por él y tendrá que rendir cuantas y que no es lo mismo ver a la Guardia Civil cuando se pasa la aduana del Aeropuerto Internacional Adolfo Suárez-Madrid Barajas que venir en su compañía.

Hay, también, otro mensaje con acuse de recibo. Lo llaman sentencia. No le ha hecho mucha – vamos, ni mucha ni poca -  mella al Sr. destinatario. Dice que ni se arrepiente porque lo hizo mirando por el bien del país, o sea, nosotros; ni piensa dimitir que eso es para gente que no quiere asumir su responsabilidad de compromiso… ¡No te j…!

El Tribunal Supremo, ese que es el que más manda, en su recado le aclara que es por una amnistía encubridora de presuntos – vayamos a liarla – estafadores y delincuentes, amigos, amiguetes, conocidos de copichuelas (puede que también haya otras cosas) y mediopensionistas, que se llevaron el dinero lejos, muy lejos, tan lejos que hasta allí no llegan las leyes y así ‘invitarles’ a repatriarlo.


Antes, cuando llegaba un telegrama, que era una manera de comunicar algunas noticias,  se sabía que venía con algo malo. La diferencia que antes – ahora, también – la gente normal sentíamos miedo; ahora, los chulos sacan cuello. A ver ¿cómo le ponemos al niño?

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lunes, 19 de junio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Horror

Estamos  sobrecogidos con  tantas malas noticias que nos vienen de Pedrograo  Grande. El diccionario agota los adjetivos. ¿Cómo calificar lo que escuchamos, lo que vemos y lo que nos escriben? Todo ha sido rápido. Veloz como solo es veloz cuando se dan la mano viento y fuego.

Los pontífices ‘sabelotodos’  despotrican y dan opiniones. Algunas para llorar. Esta mañana  eran  verdaderas enciclopedias de manual de qué habría que haber hecho; de qué hay que hacer;  de qué habrá que hacer. Buscan de quién es la culpa. Claro, si no aparece, entonces la baraja está incompleta.

El verano pasado anduve por una zona cercana al lugar de la tragedia. El paisaje arbolado, ríos con agua, embalses; caseríos dispersos por medio de las masas verdes.  Pájaro de mal agüero lo pensé. Un incendio aquí sería pavoroso. Me temo que me he quedado  corto.

El fuego, como el viento, como el sol, cómo los pájaros, como los ríos…, no saben de fronteras. No conocen que las fronteras las ponemos, estúpidamente, los hombres para separarnos. Ahora, ante el horror y la necesidad,  las manos han sido más largas que las fronteras y la solidaridad, inmediata. Parece que algunos horrores nos hacen más humanos ante las desgracias de los otros.

Estamos empachados de malas noticias; hace falta que, por parte de quien sea, venga algo de solución ante tanto desastre. Hay cosas que pueden preverse; otras, al menos, mitigarlas. Sabemos que contra los imponderables no hay quien pueda luchar, pero entre tanta algarabía del gallinero no he escuchado a nadie  hablar del uso de algo tan simple, tan sencillo y tan poco usual como es el sentido común. Debe ser por eso, es el menos común de todos los sentidos.

No hay aires de estudiantina que canta canciones de aires de tierra lusitana y de mar, de balcones y ventanas del viejo Portugal, ni de Oporto de vino rojo en las dos laderas, ni campo de oliveras verdes… Desgraciadamente, no es así. Son aires  de mucho dolor.  Flota  el lamento del desgarro ante el horror, y la pregunta, “ay, Portugal ¿por qué te quiero tanto?"

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domingo, 18 de junio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El río que nos vertebra

En el salón de actos, su pueblo, el pueblo donde nace el río…, bueno el  río nace, Alazores arriba, donde Granada y Málaga, o sea, sus tierras y piedras  calizas se dan la mano, y en Villanueva del Trabuco, en la fuente de los  Cien caños, ‘encauza’ sus aguas y la encajona la Madre Naturaleza, tierra abajo… pues allí, precisamente allí, han presentado la Revista.

Verán. Se llama “Desde el Alto Guadalhorce”. Han alcanzado el número siete, número mítico y embrujado. En esta edición el protagonismo lo lleva, mayoritariamente,  el pueblo de Archidona, a medio camino, al pie de la Peña de los enamorados, de la Vega de Antequera y la Depresión de Loja.

 Un grupo de personas, intelectuales inquietos, de esos que a pesar de los años que acumulan sobre sus espaldas se muestran tan jóvenes como el agua desnuda que baja para formar el río, muestran una inquietud de la gente admirable que no se queda quieta, que busca, anhela, profundiza y avanza. Es la gente que mueve las raíces de los pueblos.

Han reunido un ramillete de colaboradores excepcionales. Tocan temas que interesan por muchos motivos. Desde la zozobra ante la injusticia de muros y vallas de hombres contra otros hombres, a temas históricos, literarios, antropológicos, políticos, artísticos, agrícolas…

Villanueva del Trabuco, pueblo blanco a orillas del río y a tiro de vista de las Sierras de Gibalto y  Camarolo;  pueblo de paz lleva en su apellido, “del Trabuco”,  y además acoge en el peregrinar  de su gente, algo que no tiene con la abundancia que tiene él,  nombres tan poco usuales en el santuario como Fulgencio, Gerásimo, Jacinto, Bibiano, Tetilo, Facundo, Crescencio…


De Archidona han sacado la esencia de su arte sacro, su historia, la aportación de los Escolapios, la enorme riqueza del Arroyo Marín, - la Hoz del Arroyo Marín, para ser más precisos - , afluente del Guadalhorce, el río que nos vertebra, y la abundancia de orquídeas, regalo de la naturaleza con la generosidad de un pueblo más que donado, Archidona. No se pierdan echarle un vistazo a la revista. Es una joya de textos, fotografía y maquetación. 
Engancha.

sábado, 17 de junio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora: Las nuestras: Juana de Austria

Nació en Madrid; comienzos de verano, 1535. Hija de Carlos I e Isabel de Portugal. En su linaje une ser nieta, hija, hermana, y madre de reyes. Infanta de España.

Con dieciséis años casó con su primo, el Príncipe heredero de Portugal, don Juan Manuel, en el afán de los Austrias de incrementar los vínculos con la Casa de Avis. Buscan la posible unión de los reinos de la Península Ibérica.

El Príncipe estaba gravemente enfermo de diabetes. Dos meses dura la luna de miel. Don Juan Manuel muestra síntomas de salud quebradiza. No se ocupa de los asuntos de Estado. Cuando cae enfermo ella se dedica día y noche a su cuidado. Los médicos aconsejan el alejamiento de los enamorados. El responde de manera taxativa: “Prefiero morir antes de estar lejos de Juana”.

Don Juan Manuel muere de diabetes el 1 de Enero de 1554. Se lo ocultan a la reina para no interferir en su embarazo del que iba a ser el futuro rey de Portugal, el rey Don Sebastián; nace veinte días después de la muerte de su padre.

Juana enloquece. Se desprende de sus joyas. Intenta cortarse una hermosa cabellera rubia. Vestirá de luto ya toda su vida. Se siente engañada por su tía Catalina de Austria que la utilizó, a sabiendas de la enfermedad de su hijo, para dar un heredero a Portugal.

Juana se encuentra en un país extraño, sin aliados, sin amigos. Felipe II la nombra regente en sus ausencias: viajes al norte de Europa para arreglar asuntos propios del reino y para su boda con María I de Inglaterra.

El Emperador se opone; prefiere a su hermana, María de Hungría, probablemente la mejor cabeza de todas las mujeres de la Casa de Austria. Felipe II, nombra a Juana. El desvalijamiento de una partida de plata y oro en Sevilla lo hace encolerizar. Exige rastrear el dinero y el castigo de los culpables.

Amenaza con salir de Yuste. Juana es una mujer bella. Gobierna un reino con demasiado problemas; la ruina ya casi en la puerta. Piensa incluso tomar el hábito franciscano; Entra  – cosa prohibida y única en la historia – por influencia de Francisco de Borja en la Compañía de Jesús. Muere de cáncer de útero, el 7 de septiembre de 1573 en San Lorenzo de El Escorial.

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viernes, 16 de junio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La hora.

Al hombre, como a todo el mundo, le llegó la hora. Esa de la que decía Quevedo que “todas hieren, y la última mata”. Esa, que sabemos que está ahí, que espera pero que no sabemos cuándo, ni dónde, ni porqué, pero que un día se presenta en la puerta de la casa y lo pone todo patas arriba.

El hombre era un buen hombre. Había vivido su tiempo y su vida con más penurias que momentos buenos. Los tiempos fueron duros, tan duros que a aquella gente la curtió de otra manera. Supieron de los rigores de la calor, si no igual, prima hermana de las que nos achicharra estos días.

Esta gente supo también de lo que eran los días de invierno con poca ropa y, además, mala. O sea de la que abrigaba poco y dejaba que el aire se filtrase como se pasa al otro lado por los boquetillos de un colador; vamos, que el tiritar era un canto cotidiano muchas veces en el repiqueteo de los dientes.

Supieron lo que era un día de agua con la pelliza mojada, ¡con lo que pesa una pelliza mojada! y de un candelorio de leña, prendido en una linde para secarse cuando venía una clarilla en el tajo o  después de salir del posible refugio al amparo de una piedra grande; debajo de un cobertizo que se calaba o en algún caserón caído…

Conocían el campo y sabían lo que pinchan las esparragueras cuando se hace un rebusqueo porque la mayoría de las veces el espárrago y palmito – por el cojollo – era el recurso de una economía de subsistencia…

Alquel día, en torno a la cama, se agolpaban las vecinas. Al hombre le venía a su cabeza una película que riánse de eso que llaman cine de terror. Toda su vida pasaba por delante. Su mujer siempre mandó en él. En ese momento, también. Y, alzando la voz para que todos fuesen conscientes de dónde estaba el mando, largó:


-          “Y, ahora, cuando llegues a la Gloria, te quedas quietecito donde te pongan, vayas a estar a gloria abajo y gloria arriba…”
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jueves, 15 de junio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Calendario

Estas mañanas en que el calendario dice que aún es primavera pero el tiempo avisa que el verano está aquí, no en la puerta, no; sino dentro, amanece muy temprano. Poco después de la seis ya se ve. El día, disipa las sombras; abre con fuerza, con el poderío del toro que no quiere más chiqueros y pide plaza.

Cuando aparecen los primeros rayos de sol  por Cerro de la Fiscala la luz se  adueña y enseñorea de todo. La LUZ, la que manda en la luz estos días está anunciando su presencia por el campo de una manera que se hace aún más visible.

Las espigas piden hoz y barcina y era en la que trille bajo el infierno del medio día cuando la cañas se tornan hirsutas porque han perdido la blandura de la madrugada y, entonces, se convierten en paja bajo el pedernal del trillo o bajo la rueda dentada del rulo. Una cobra de cuatro yeguas y  un trillero con un zurriago largo, y un potrito, lleno de cascabeles…

Canta un pájaro en la costera de enfrente. Están sacando las perdices. Hay varias camadas de perdigones que se camuflan en los rastrojos y buscan el amparo de la madre en las horas en las que más aprieta el calor. Estos perdigones tienen que pasar el verano y se harán pájaros y cantarán, como esta mañana, canta un adulto de reclamo contra otros que se las andarán por sus cercanías.

Hay pececillos nuevos en las charcas del arroyo. Estos pececillos tienen  los días contados. Desovaron cuando el arroyo corría con agua y a medida que las calores lo han agostado ha dejado de correr. Estos pececillos buscan refugio bajo las sombras de las adelfas que están floridas, preciosas.


El campo no sabe - ¡qué bien! – de confrontaciones de políticos que se insultan con un vocabulario soez y procaz; el campo no entiende  de la pléyade de la ladrones de la que este año, como el otro, y como el otro, hay una cosecha espléndida. El campo sí sabe que todo el que se acerca a él lleva la mano alargada y como poco, como muy poco, se trae polvo en los zapatos… 

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miércoles, 14 de junio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Junio

Junio, quisiera decirte una cuantas cosas ahora que ya estás en todo tu señorío. Verás, cuando yo era niño, de lo que hace mucho tiempo, - tuve la mala fortuna de ‘despertar’ de ser niño y no le hice caso a Miguel – tú eras un mes soñado, querido, anhelado. Tú eras un mes bello.

Volvía a casa. Seis meses fuera era una crueldad. De Navidad a verano era demasiado tiempo. Desde unos días antes de que llegases casi al final, o sea, en torno al veinte, más o menos,  el baúl estaba preparado. Esperábamos el día… Por estas fechas andábamos de exámenes  y con las notas en el bolsillo, ahuecábamos el ala al verano que  nos esperaba.
La argamasa, los remolinos’ , la playita – por supuesto que de río – la nerisca de Lería, las albercas de Flores…, estaban allí, donde siempre, nos esperaban desde el año anterior, y nosotros íbamos, y nos reencontrábamos como los viejos amigos que hacen tanto que no se ven que casi se quedan sin palabras en el encuentro.

Se me agolpan los recuerdos.  Se iba la tarde; me he sentado en el rancho. La parra ya tiene los racimos granados, están como pezoncillos de novicia que cumplen su ciclo y esperan la sazón oportuna; el jazmín está ahíto de pespuntes blancos que abren cuando el sol decide que hasta aquí hemos llegado por hoy y se esconde detrás de la sierra.

El campo se echa al amparo de las sombras. Lo decía Juan Ramón: “la noche entra, y la luna se inflama allá en el fondo”. Y es verdad. Una luna más pequeña  – porque está en menguante- se asomó por lo alto de los Lagares. Las cencerras de las bestias en el rastrojo del trigo tienen una música especial. Zumban los mosquitos y el saetazo inoportuno pone el puntito de realidad que rompe la poesía.


Se agolpan los recuerdos; se idealizan; no van a volver. Ahora, un perfume embriagador se desprende del jazmín. Si estuviera mi madre, hoy habría cumplido cien años, y se habría ensartado una biznaga en el canalillo de su pecho  -“más que una flor y menos que una estrella…” – y será por eso que a mí los jazmines me huelen a madre….
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martes, 13 de junio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nueva York Café

 El viajero va a pie por Térez Krt, atraviesa la plaza Oktogorn en la intersección con Andrássy Ut, avanza por Kiráy, y pregunta. Le indican que está a diez minutos, minuto más o minuto menos, continúa por Erzsébet  y en la esquina de Dohány…, allí está.

Dicen que el New York Café es el más bello del mundo. No lo sé; si no lo es,  el que lo supere tiene que apretarse bien los machos. Es único, sensacional, asombroso; deslumbrante. Es una obra de arte del barroco con todo lo que lleva en sí de exuberancia y ostentosidad. Es…, una joya que está allí para hacer historia en una ciudad, Budapest, que ya es historia en sí.

La calle decadente; está salpicada de otras cafeterías, restaurantes, tiendas de segundo y tercer orden. Algunos comercios están cerrados desde hace tiempo. Hay basura en los escalones;  las persianas no se han abierto hace tiempo; hay también personas a las que el viento les sopló en contra. Me pregunto qué será de ellos cuando arrecien, por lo bajo,  esas temperaturas que dicen que por aquí pasan el invierno.

Al salvar la entrada ya encuentras las primeras sonrisas del personal. Solícitos, asignan un lugar, junto a una ventana. Todo es deslumbrante. Entran dudas por saber  qué tiene de templo, de palacio, de lugar de conciertos, de cualquier cosa, fuera de lo común y que pueda venir a la memoria. Todo es esplendor y derroche de belleza.

Es el lugar propio para darse el capricho que, a veces, uno se merece. Tartas, chocolates calientes… Es un lugar donde se paga más por el boato y por la decoración que por la consumición propiamente; es el sitio donde cuesta más un botellín de agua que un café…


Nació a finales del siglo XIX; el edificio lo ocupó una compañía de seguros: New York Life Insurance Company, de ahí el nombre. Lugar y cita obligada de los escritores (tinta y papel gratis) de Budapest.  Tuvo su esplendor en el período entre guerras, probablemente,  el  centro cultural más importante de Europa central; luego, con la ocupación,  la decadencia; después, otra vez el esplendor… New York Café, Erzsébet krt. Budapest, Hungría.

lunes, 12 de junio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El nido

En la hueca del olivo viejo, el que está en la costera, conforme se sube por la solana de la loma, hay un nido de tórtolas. El zureo constante, desde el alba hasta el crespúsculo de la tarde lo ha delatado. Las tórtolas vinieron cuando el campo se vistió de margaritas en el borde del camino y los trigos eran olas verde peinadas por la brisa.
Las tórtolas del terreno, o sea, las nuestras, cada vez se ven menos. Entre escopetas que las esperaban en los aguaeros del arroyo, en el pilar del pozo y las turcas, esas otras tórtolas que se han venido sin que nadie las llame cada día se lo hemos puesto más difícil.

Las tórtolas tienen un vuelo rápido. Son menos confiadas que las palomas y se las andan por los rastrojos buscando los granos que se desperdigaron de las espigas después de la barcina. Son aves preciosas. Se mimetizan con el color de la tierra y cuando se asientan, si no se las espanta, están a gusto entre los pajotes secos.

Los nidos de tórtolas son lo menos que puede venderse en nido. Cuatro palotes mal puestos, entrecruzados y con el enrejado suficiente para mantener el ciclo de vida que encierran dentro; es decir, dos huevecillos blancos; luego, dos pichones envueltos en pelillos del diablo amarillos y un color grisáceo de pluma con el collar dorado; el pico largo, negro y fuerte;  las alas puntiagudas y finas para el vuelo rápido. Todo eso se va a gestar entre un nido que no envidian otros pájaros.

Se han secado las tagarninas en las lindes de los secanos; los cardos yesqueros, como erizos de amor, bellos desde la distancia pero espinosos cuando se acarician, han terminado en pompones verdes; luego, azules; los jaramagos secos simulan cuerpos de ‘amantis’  bamboleados por el viento. Es tiempo de neldos. Solo ellos, en estos tiempos, que abre la ventana al verano están con sus corolas verdes, amarillas, ofreciendo su olor y color. Es tiempo de ovejas careando en los rastrojos al amparo del frescor de la noche y de tabarros en el pozo.


Por cierto, niños, nos decían siempre, no os acerquéis al pozo, y los niños… Ya se sabe cómo son los niños…

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