viernes, 31 de julio de 2020

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Barquero





El coro infantil  cantaba en la rueda de la ilusión al caer la tarde: “Al pasar la barca, / me dijo el barquero / las niñas bonitas / no pagan dinero…” y seguía la rueda y el coro de gargantas limpias, lo lanzaba a los aires… “Yo no soy bonita…” ¿O sí?, ¿mira que si la niña era bonita, muy bonita, y ella no lo sabía?

Las niñas se hicieron mozas y ya no cantaban en los coros infantiles. Se iban a los bailes de la feria del pueblo con zapatos y vestido nuevo – amarillo con flores verdes a modo de ramos grandes -  y sabían de la barca de los sueños, bajo un mar plagado de estrellas distantes, que palpitaban en la lejanía… Ah, por cierto, en la caseta que organizaba el cura y su grupo se bailaba Winchester Cathedral (no tenía nada que ver con el organizador) que era la canción de moda en aquel verano.

Había otras barcas. La “Voz de Álora”, emisora de la Cadena de Ondas Populares Españolas, en la sesión de ‘Discos dedicados”, Lucas López, anunciaba – Pedro Trigueros, pinchaba el disco – “Para María, de su Antonio… con todo su amor, esperando ir muy pronto a verla, Marisol Reyes canta Barquerito de Lora, sabiendo lo mucho que le gusta, en recuerdo de lo que ella sabe…”

Marisol Reyes con voz aguda, después de una introducción musical, se arrancaba con aquello que el maestro Román le había compuesto: Y decía que el verde Guadalquivir pasa por Lora, Lora del Río – que no se confunda nadie – y decía que había allí un barquerito y todas esas cosas.

Hay un barquero más prosaico,  Luis Gómez Alcaudete. Fue barquero en el Guadalhorce, en los Callejones de la Barca, siglo XVIII. Sabemos de él por un documento existente en el Archivo Histórico Municipal de Álora, de fecha 8 de octubre de 1715 en el que se da cuenta que Juan García Gordillo pleitea a favor de los huérfanos de Francisco Domínguez, propietario de la barca del río Guadalhorce y al que debe 450 rs. de los 900 en los que la tenía arrendada.

Ya ven. Barcas, ríos, y sueños en el recuerdo. Y las campanas de la catedral, culpables de la marcha de la chica de la ciudad, según la canción de moda en aquel verano, por no haber tocado a tiempo.  ¡Qué cosas pasan!




jueves, 30 de julio de 2020

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Tallista, y de los buenos



                



Francisco Casermeiro Fernández, - Paco, “el Cantúo” mote heredado de su padre-, era tallista y de los buenos. Aprendiz en el taller de Antonio Salas, en el lugar donde hoy está el Hotel don Pero. Afable, de trato agradable y conversación amena. Autodidacta, culto y gran entendido en el cante flamenco. Fue presidente de la Peña Flamenca de Alora. Siempre tenía la palabra oportuna, la chispa irónica: “en mi casa, decía, en los años del hambre comíamos a la carta. Quien la sacaba más alta, comía; los demás miraban”.

Tuvo su último taller en calle Atrás, conforme se baja hacia la Plaza Baja de la Despedía, a la derecha. Trabajó en un local relativamente pequeño para la producción que tenía. Siempre que se pasaba por la calle Paco andaba con el manejo oportuno y precio de gubias, buriles, formones… con los  que sabía sacarle a la madera las entrañas de su esencia para convertirla en obra de arte.

Su gusto al trabajar la madera era proverbial. El exceso de trabajo hacía que las entregas se demorasen en el tiempo hasta el punto de acumular retraso de años pero la espera siempre merecía la pena y sorprendía  al cliente satisfecho con la obra que le entregaba.

Muy minucioso en su trabajo, lo que le hacía acumular aún más retraso. Piezas excepcionales del ajuar doméstico eran el adorno de muchas casas: arcas primorosas, repisas, cornucopias, mesas con un labrado exquisito.

Paco, también emprendió obras de más envergadura. La primera de ellas, fue un trono para Jesús Orando en el Huerto, en 1956. Era hermano de esta cofradía de artesanos y durante muchos años fue una joya de las que se procesionaban en la Semana Santa de Alora. Cuando realizó la obra, en los años cincuenta del siglo pasado, no se tenían en consideración algunos aspectos por que resultó un trono excesivamente pesado que hizo a la Junta de Gobierno de la Cofradía buscar uno más ‘aliviado’.

Realizó un trono para la patrona de Calaña y en colaboración con Francisco Ruiz Martínez unas andas para la Virgen de Flores. Paco, nunca superó la temprana muerte de su hija Mercedes, la tragedia de su vida.  Su obra última, cuando estaba en un momento esplendido de madurez, que no llegó a terminar -murió en agosto de 1993- fue el trono de la Piedad.






miércoles, 29 de julio de 2020

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Álora, en la pluma de Juan Calderón




                 



Juan Calderón Rengel, don Juan, para los muchachos que nos acercábamos a beber en la fuente de su sabiduría. Hombre amable, siempre atento a escuchar a los que más de una vez y de dos acudíamos para pedirle un dato, consultarle un texto, departir con él, salvando naturalmente, las distancias que nos separaban.

 Nació en Álora en 1915 y falleció en 1989. Fue un escritor costumbrista que publicó “Álora, sus gentes y sus cosas”, en tres volúmenes, y donde dio a conocer las peculiaridades e idiosincrasias de los perotes, escudriñando en su manera de responder a todos las cuestiones que presentaba la vida.

Tomás Salas dijo de él: “La gracia de esta escritura, su sensibilidad, su humor y su humanismo la hacen un ejemplo de costumbrismo, que sabe ser popular sin caer nunca en el chiste fácil o el detalle chabacano. Hoy podemos leer estos textos como la elegía de un tiempo que se nos ha ido, y de un mundo que, inexorablemente desaparece”.

Ejerció como docente durante muchos años en la vetusta escuela de la Plaza Baja, que aún no se llamaba de “la Despedía”. Su aula estaba en el rincón del patio junto a la escalera que permitía el acceso al piso superior.

Licenciado en derecho, tuvo bufete abierto hasta su muerte. Experto flamencólogo, fue uno de los fundadores de la Peña Flamenca de Álora a la que dio el lema: “No hay lenguaje como el cante”. Como conferenciante, fue un hombre de verbo fácil y asequible a todos los públicos, lo que daba una especial brillantez a sus disertaciones. Su pueblo, por acuerdo de la Corporación Municipal, le dedicó una calle en el sector del Nuevo Acceso, paralela con la calle Cantarranas.

Nos vio así:  “La Perosia son sus gentes, sus gustos y aficiones, su gracia y su sal, su sol y su cielo, su clima, su azahar, sus naranjos y limoneros, su historia y su leyenda, su cante y su baile… En fin, su ‘qué’ y su ‘porqué’. Álora es un pueblo viejo y siempre remozado, cargado de desidias y lleno de impulsos generosos, indolente, sentimental, inconstante, apasionado, desprendido, despreocupado. Los defectos y virtudes anidan aquí sin reojos ni incompatibilidades, con complacientes concesiones mutuas, en una maravillosa y rara armonía”.



                                                


martes, 28 de julio de 2020

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Tierras de Cádiz





Algar es tierra entre los embalses de los Hurones y de Guadalcobacín que da agua a la bahía de Cádiz. Sobre su cielo, águilas y rapaces a cualquier hora de la tarde, en sus campos ganado bravo…Soledad y silencio. Debe su origen a Domingo López de Carvajal que en un viaje a México, estuvo a punto de morir en un naufragio. Se encomendó  a la Virgen de Guadalupe y salvó el pellejo. En agradecimiento, de regreso, compró las tierras y las repartió entre pobres de solemnidad traídos de Bornos, Ubrique, Benaocaz y Villaluenga, y fundó el pueblo. Como lo leí te lo cuento.

En Paterna de la  Ribera es tierra límite de dos ducados potentísimos de la Edad Media. A saber, los de Medina-Sidonia y Alcalá de los Gazules. O lo que es lo mismo, el poderío de la nobleza andaluza. Perteneció al duque de Alcalá y debe su apellido a la casa de los Per Afán de Ribera, adelantados de Andalucía. Dicen que allí nació la ‘Petenera’: “Al pie de un árbol sin fruto / me puse a considerar / que pocos amigos tiene / quien no tiene pa dar”

Medina-Sidonia se asoma a la Janda. Es tierra llana, con agua, y compendio de historia. Desde muy antiguo fue poblada fenicios, romanos, árabes y  órdenes militares como la de Santiago o la de Santa María de España… Recibidora de favores reales - Alfonso X, Juan II o Enrique IV - y cuna de una de las casas ducales con más poder y capacidad de influencia de la nobleza andaluza.

De Mediana-Sidonia, la carne de retinto y el alfajor ‘alajú’, ¡ah! y otra cosa, “tiene obispo y no tiene gobernador civil”, lo que dice que es la excelencia para vivir en una ciudad, aunque el obispo no vive allí…



Vejer, - Vejer de la Frontera - es pueblo encantado. Y con mucho viento que sopla y deja las calles desiertas, y guardadora de costumbres que sobreviven al paso del tiempo, y si no ¿cómo se explica lo de ‘las cobijadas?’ Es pueblo de cal, de mucha cal, que se apropia de la sal de las brisas marinas que suben desde el cercano Atlántico.

El río Celemín, tierras arriba, donde remansa sus aguas búscate la Cueva del Tajo de las Figuras, bordea el pantano de Barbate y acércate a donde Alcalá de los Gazules…



lunes, 27 de julio de 2020

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. ¿Has echado alforjas para el camino? Del Alto Campoo a San Vicente






¿Recuerdas? A primeras horas de la mañana, Fontibre era un remanso de frescura. Por entre los fresnos y alisos se filtraban los rayos del sol que apuntaba a subir sobre el horizonte. La imagen, la réplica, claro, de la Virgen del Pilar emergía en el mismo nacimiento del Ebro.

Después subimos hasta el Alto Campoo. Todos eran prados verdes y en las colinas onduladas alternaban la vegetación natural atlántica con una alfombra que parecía sacada de los sueños de las “Mil y una noches”. Pastaban las vacas, había una sinfonía de cencerros que llenaban la mañana.


En el puerto de Palombera estaba la pareja de la Guardia Civil. Me paré. Los saludé. Hablé con ellos. Los hombres, todo cortesía  dijeron que era mejor buscar Torrelavega por la autovía  pero que era más pintoresca por la N-611. Y yo le dije que no, que quería ir a San Vicente de la Barquera, bajando el puerto que me lleva al Valle de Cabuérniga…

El guardia que me atendió era una hombre joven, muy atento y con formación. Le dije que bajando este puerto está el lugar, un punto indefinido, donde José María de Pereda fija el encuentro con el oso, en Peñas Arriba, cuando ‘Chisco’ ve que a los caballos se le ponen tiesas la orejas. Marcelo iba a Tablanca al encuentro de su tío Celso…

El guardia pareció, por la expresión de su cara, que descubría una catarata de recuerdos y, entonces fue y me dijo: el profesor de Literatura, cuando yo estaba en el Instituto nos recomendó leer esa novela y fíjese usted lo que es la vida, aquí de servició y viene usted y me la recuerda…



La carretera tortuosa, estrecha y con buen asfalto. Entonces, probablemente ahora puede que siga igual, tenía muchas curvas. Casi en el valle, el río parte en dos Saja. Había hortensias azules y rosáceas en los bordes de las puertas y geranios en los arriates de los balcones. Un poco más abajo, al Saja se le unen las aguas del río Argonza. La naturaleza es todo exuberancia….


En Cabezón de la Sal giramos hacia San Vicente… Estaba la marea baja, las algas daban a las rocas un color diferente. El mar, alejado, como si no quisiera saber nada con nosotros… En Augusto - ¿recuerdas?, ‘arroz con bogavante para dos’, repusimos fuerzas… me gustaría repetirlo contigo.





domingo, 26 de julio de 2020

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La Sierra de Cazorla




 
Nos vamos ahora como para la Sierra, la de Cazorla. Aquella que, cuando niños cantábamos en pupitres bipersonales, con tinteros de porcelana y el maestro - mi maestro don José Oropesa - señalaba con el puntero sobre un mapa de hule con los ángulos descascarillados: “el río Guadalquivir nace entre las Sierras de Pozo y Cazorla, provincia de Jaén, pasa por Montoro, Córdoba y Sevilla y desemboca en el Océano Atlántico por Sanlúcar de Barrameda, en la provincia de Cádiz”.

Hablar de la “Sierra de Cazorla” para un foráneo, es entender de todo el macizo. Para un lugareño, no. Y te dirán que ‘Cazorla’ solamente son los montes que la rodean: desde El Chorro al puerto de las Palomas, y que pasan por el propio pueblo, la Iruela y Burunchel. Quien se lleva la palma, te dicen sin remilgos, es la Sierra de Segura, como la más importante de todo el entramado. Bueno…

Como en todos sitios no deja de ser rivalidad entre vecinos, y entre gente que comparten brisas y sofocos, solanos o cierzos, noches estrelladas y ventiscas, (desde uno u otro lado de estas montañas, que todo es del color del cristal  con que se mira) pero, como aquí, de lo que se trata es de ver y admirar...

Si buscas la manera de entrada, te digo, que tienes - tú y la sierra - cuatro: desde Pontones, si llegaste por La Sagra; por El Chorro, después de superar el puerto de Tíscar y Quesada – del Santuario y de Zabaleta y de cómo se baja hasta el nacimiento durante una nevada en diciembre, hablamos otro día - ; por Cazorla y el puerto de Las Palomas, por donde lo hace más gente; por la Puerta de Segura..., y desde luego, también hay otras. Es cuestión de husmear en los mapas.

Por simple curiosidad te digo que desde hace más de cincuenta años he husmeado por aquellos parajes. Mis hijas estuvieron más de veinte, sin fallar ninguno, pasando una quincena de camping en plena naturaleza. Vimos cómo creció el del Puente de la Herrería, cómo se transformó Vadillo-Catril y la Torre del Vinagre y cómo, poco a poco, se fue poblando con la presencia humana el cauce del río, hasta llegar al pantano del Tranco….



sábado, 25 de julio de 2020

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Perdido



                                          


Sintió algo por dentro desconocido. Nunca se había enfrentado a una situación como la que estaba viviendo. Las palabras resonaron con una fuerza diferente y parecía que venían - ¿o es que realmente sí venían? -  como de otro mundo, y se grabaron sobre su alma como graban a fuego en la piel de la res, durante el herraje en el campo, una fecha:

-         “Por favor, no vuelvas a dirigirme la palabra nunca más”.

Salió sin decir nada. Estaba desconcertado, perdido. Bajó las escaleras despacio, esas escaleras que se bajan sabiendo que nunca se volverán a subir, porque no hay marcha atrás. Se sentía arrojado del paraíso cuando a él, otras veces…

Por las ventanas de los rellanos,  entre los pisos, entraba una luz tibia,  porque el sol se ocultaba detrás de los edificios y las sombras se alargaban en las aceras y llegaban hasta la calzada. Todos los escalones les parecían obstáculos que le dificultaban aún más escapar de todo aquello.

Alcanzó el portal. El portero, en su garita, leía o miraba no sé sabía qué con las gafas a media nariz, sin percatarse de la realidad que tenía al otro lado de la cristalera. Tres escalones de mármol frío lo acercaban a la calle…

La Gran Vía era un hervidero. A todas horas del día, aquella arteria era un murmullo constante de gente que iba y venía. En una ocasión, había leído que a Madrid acudía todos los días una población flotante cercana al millón de personas. Le había parecido una exageración, pero cuando de pronto se topó con aquella multitud, le pareció que todo lo que había leído era verdad.

Deambuló por las calles. Pasó por delante del Instituto Cervantes, giró en la calle Marqués de Valdeiglesias, torció por la de las Infantas y luego por la calle de la Libertad, Augusto de Figueroa y Hortaleza…

Andaba sin rumbo. No leía los rótulos en las fachadas y se cruzaba con la gente. Entró en un cabina de teléfonos en la esquina de la calle del Príncipe con la Plaza de Canalejas y marcó… Esperó un momento:

-         ¿Esto es un adiós definitivo o el fruto de un berrinche?, lo pregunto, dijo, para saber a qué atenerme.

-         De momento, le contestó, no quiero hablar contigo…

Entonces lo entendió todo… Supo, de verdad, lo que era estar perdido.







viernes, 24 de julio de 2020

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. A la sombra de la Historia: Paredones







El pago rural de este nombre, en término municipal de Álora, está cruzado por un arroyo conocido con la misma denominación, que nace en la vertiente oriental de la Sierra de Aguas y desemboca, por la margen derecha, en el río Guadalhorce frente al cortijo de Virote. El arroyo experimenta grandes crecidas, sobre todo con las Gotas fría en otoño, pero de la misma manera que bajan muy turbulentas sus aguas, su caudal casi desaparece en cuando cesan las lluvias.

También recibe ese nombre una cadena descendente de lomas, ‘Lomas de Paredones’, en la margen derecha y frente al pago de Los Cerrajones’, que dan hasta la misma orilla del río. Su altitud máxima alcanza 462 metros.
Existe una fuente y lavadero público, hoy prácticamente en desuso, junto a su cauce, en la margen izquierda, y próxima a la vía férrea entre las estaciones de Álora y La Mellizas, en la línea Málaga-Córdoba  inaugurada en la segunda mitad del siglo XIX

En el Libro del Repartimiento aparece que a “ Cristóbal Ruys de Perogil quedale otrosi una caballería de treynta y seys fanegas de sembradura en la loma del Cerro de Paredones linderos con tierra de Domingo Rebolo e con caballería del rey, vacante”. En otro apartado informa que a Bernardino, tornadizo: “Quedale otrosi una cavallería de tierra de treynta y seys fanegas de sembradura de aquellas de los paredones, alinde con el deslindamiento de de la dehesa del Conçejo…


También se conoce así la obra civil en la que comienza el canal de abastecimiento de aguas a la ciudad de Málaga, conducidas por la margen izquierda del río Guadalhorce y una central hidroeléctrica que perteneció, sucesivamente a Hidroeléctrica del Chorro, Taillefer S.A., Sevillana de Electricidad y Endesa. Tuvo una potencia d 4.600 HP. Está situada, junto al río Guadalhorce, aguas abajo del Molino Alto o de los Naranjos, que aparece en la fundación del Convento de la Paz de Málaga, 16 de agosto de 1561. Gutierre Gómez de Fuensalida, embajador y repoblador de Málaga, lo dotó con 20 fanegas de trigo del censo sobre el molino. El salto de agua se provoca desde un albercón situado junto a la carretera de El Chorro, entre los arroyos de Paredones y de los Huertos que nace entre helechos y junqueras en la fuente de Juan Valor.







jueves, 23 de julio de 2020

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La mujer de los ojos de color de la miel






“Muchos son los llamados, pocos los elegidos” Más o menos así lo deja dicho el Evangelio. Lucas, Lucas G. Rengel, entra en el equipo de los elegidos para formar parte como uno de los grandes que aportan mucho a la Historia de Álora.

Ha publicado en la Editorial Círculo Rojo, su cuarto libro: El hijo del capitán.  ‘Una novela de ambiente histórico’ donde conjuga tres elementos esenciales. Su formación – es licenciado en Historia -, su profesión, docente: sabe lo que dice y hace que llegue a quien va dirigido y su vocación de deportista al poner a cada uno en el sitio donde sabe que el rendimiento es el mejor.

Abindarráez, noble abencerraje, que según la leyenda, “El Abencerraje y la bella Jarifa’ huye de Granada para salvar la vida, refugiado en Cártama, se enamora de Jarifa con quien se casa en Coín. Camino de los desponsales es hecho prisionero por las tropas de Puerto Carrero, alcaide del castillo de Alora que lo deja libre con la promesa de volver, una vez casado, con Jarifa “la mujer de ojos almendrados y de color de la miel…”

Puerto Carrero, admirado del cumplimiento de la promesa, le concede una almunia en las cercanías al arroyo Xébar y próximo al río “del silencio”, donde vive una vida pletórica y desde donde marcha a Fez, al final, ante los peligros que se ciernen con el tema  intolerante que rebela a los moriscos. El ambiente de la novela transcurre entre finales del XV y principios del XVI.

Se apoya en temas históricos: asesinato de los abencerrajes, Guerra de Granada, toma de Álora (al-Lura) que pasa a poder de Castilla, Rebelión de los moriscos, pero sobre todo, refleja aquella sociedad  con una riqueza de vocabulario admirable y donde queda constancia de mensajes de solidaridad, tolerancia,  amistad, generosidad, honor….

Y sobre todos ellos, el amor. El amor entre Abindarráez y Jarifa que hace los mejores pasteles árabes y a los convida siempre a sus visitas. Jarifa, consejera y fiel, bella por fuera, y más, por dentro.

Una obra excelente. Deja momentos emotivos: la despedida del hijo o de los amigos, de la perra “Diamela” o de “Lucero”, el caballo enterrado en las arenas del desierto. Al final, uno admira y envidia al hombre que siempre tuvo muy cerca a la mujer de “ojos almendrados y de color de la miel”.



miércoles, 22 de julio de 2020

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Distales





Sevilla ha estado, por barrios bajo el granizo, una tarde de julio, en otros ni gota. Una amiga dice que la lluvia en Sevilla es una maravilla. Como es mi amiga, lo admito pero voy y copio y pego: “The rain in Spain» es el título de la canción que el profesor Henry Higgins (Rex Harrison) utiliza para enseñar a Eliza Doolittle (Audrey Hepburn) a hablar como una dama de la alta sociedad en «My Fair Lady», película que dirigió en 1964 George Cukor. En Sevilla, lo que tiene que hacer en julio es calor… Lo otro, pues eso.

Me dice alguien que se ha dado un volteo por el centro de Málaga que está en coma. Apenas transita nadie. Los camareros en las puertas  de los establecimientos ofrecen menús a ocho euros y platos de pescado a cinco. Eso es miseria. Eso es de pena. Eso es una ruina sin paliativos.

Alguien que llegó a los puestos bien remunerados de la política – su trabajo le ha costado – dice que Europa ha aprendido de la crisis del 2008. Y el tío va y se queda tan pancho y se lo cree, y que ahora, pues eso… Éste no es que utilice el plagio, no, no. Éste, no tiene vergüeza.

Una zorra – de las de cuatro patas, vayamos a pensar en otras cosas – lleva varias noches bajándose de la sierra a estos andurriales. Los perros les presentan cara. No hay Dios que pegue ojo con tanto bicho ladrando. Alguien me dijo que las zorras – las de cuatro patas y las otras, también – no ladran (el diccionario diría, tautean): ‘guarrean’. ¿Será verdad?

Hablan de ramas de árboles y de nidos y que si se corta una rama no solo cae un nido. Caen todos los que están en la rama….Menudos pájaros andan de revuelo por esos bancos, ah no, que me he equivocado, por esos árboles del bosque sabroso, mejor así.

Señor, la ha liado, ¡cómo la ha liado! ¿Qué lo han liado? Pero, ¡hombre de Dios! con lo bien que lo ha hecho en otras cosas… Ya, ya me doy cuenta lo de las carretas, las tetas y todo eso, claro que con los lodos que hay en los caminos cuando llueve como tiene que llover porque eso de granizos en verano es otro cantar, las carretas se atascan y si no hay agarraderas… Pues eso.






martes, 21 de julio de 2020

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Andersen en Málaga






Hans Christian Andersen vino a España en 1862. Llegó en septiembre, y estuvo hasta diciembre, o sea desde finales de verano hasta el comienzo del invierno. Pasó por Málaga en octubre. Arribó en barco y se hospedó en la “Fonda de Oriente”, en la Alameda.

Cuenta en su relato que hacía calor, mucho calor, “el sol ardía implacable”. Tomó contacto con algunas personas de la ciudad y captó porque era un gran observador el pulso de la ciudad en sus construcciones civiles, en sus jardines y en sus gentes.

Dice que vio como desembarcaban otros pasajeros de barcos cercanos al suyo, y mercancías que salían del puerto. “Remeros y muchachos vestidos de harapos  esperaban en sus barcas el momento de transportarnos a tierra…”

Toma nota cómo la gente paseaba por la calle y habla del arreglo con que las mujeres  - “una mujer malagueña / tiene en sus ojos el sol….” - salían a la calle, con mantillas negras, mantones de colorines”, y agrega,  “señoritos a pie o a caballo, labriegos y cargadores”. Capta que en la ciudad “todo era vida y animación”.

Cuenta que hay puestos callejeros donde venden higos, pasas, chumbos, uvas y curiosamente castañas que no deja de asombrar puesto que la castaña es un fruto más propio de bien entrado el otoño y no en tiempo de calor como Andersen dice que hacia durante su visita a Málaga anotando que mitiga el sol con un toldo de lona en su balcón que no le impide ver cómo pasea la gente por la calle “y el mar, dice, de fondo”.

Insiste en el calor. “Pasé calor; es que en Málaga el calor era extraordinario…”, destaca la figura de la Catedral que se eleva sobre el caserío y las ruinas de la Alcazaba coronada por Gibralfaro. Habla del Guadalmedina, seco de agua y por el que transitó a caballo…

Deja uno de los halagos mejores que puedan firmarse en un libro de visitas, en este caso un libro de viajes, Viaje por España:  "en ninguna otra ciudad española he llegado a sentirme tan dichoso y tan a gusto como en Málaga".
El Ayuntamiento, en colaboración con la Casa Real danesa,  acordó colocar una estatua, obra de José María Córdoba, de este viajero empedernido, nacido en Odense, Dinamarca, que a todos nos engatusó con sus cuentos cuando éramos niños.




lunes, 20 de julio de 2020

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. A la sombra




                                    



Sentado a  la sombra de la higuera, hago un alto en la labor. Me acuerdo de los versos de Manuel Machado: “Quema el sol, el aire abrasa”. Mañana de mes de julio, el cielo, limpio. Acuden los tordos, en bandadas, en la busca de la fruta madura.

La higuera llegó al Mediterráneo desde la parte más occidental de Asia. Es un árbol de hoja caduca y de mediana altura, de madera blanca y blanda, que da brevas e higos y algunas, las dos cosechas. A esas se les llama bíferas. La brevas viene por san Juan de junio, los higos cuando ya está bien entrado el verano. Tiene la corteza de color grisáceo El refranero no la trata muy bien: “la leña de higuera, que la corte mi hijo y la queme mi nuera.

Es un árbol que aparece en el Evangelio y es maldecida por Jesús. Es uno de los pasajes que inducen a confusión, porque la maldición le viene porque no tiene fruto…

Aparece en la obra de numerosos autores. José Antonio Muñoz Rojas en Las cosas del campo dice: “Ahí tenéis a la higuera. Las ramas que peló el invierno, caen graciosamente curvadas de los troncos cenizosos (…)”

Miguel Hernández, en una de las elegías más bellas escritas en nuestra lengua y en la que llora la muerte de su amigo Ramón Sitgé, escribe: “Volverás a mi huerto y a mi higuera / por los altos andamios de las flores / pajareará tu alma colmenera”.

En otra elegia, Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, el torero de la Generación del 27, Federico García Lorca, llora con todo su dolor de amigo: “No te conoce el toro ni la higuera, / ni caballos ni hormigas de tu casa./ No te conoce tu recuerdo mudo / porque te has muerto para siempre”.

Otro poeta del campo, Antonio García Barbeito, aunque en este caso lo hace en prosa, en De lo cercano habla de la higuera: “Podíamos cruzar el campo de parte a parte, todo el término un gran territorio, y podíamos ir de un pozo a un cercado, de una huerta a unas higueras, de un olivar a una era, sin que nada, acaso una linde alta, acaso una valla alambrada pero de fácil paso, acaso un portillo sin más llaves que un par vueltas de alambre, se nos impusiera”.

Sentado a su sombra, dejo que pase el tiempo…