martes, 31 de marzo de 2015

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Media puerta

                                              

No se ha abierto la puerta entera a la luz de la mañana. No. Solo media puerta. Una hoja para que entre el sol, traspase el escalón de madera, y pregunte:

-          “¿Se puede?”

-          “Adelante”, contesta una voz de silencio desde el interior de la casa…

La puerta está ahí desde siempre. Marilina capta  lo que todos miramos; solo ella lo ve. Saca de donde no hay. Primorosa, detallista... ¡Qué arte tienes chiquilla! Un regocijo interior aflora; pienso en muchas cosas.

El  sol que es muy curioso ha entrado en eso que en algunos lugares llaman intimidad. Echa el paso seguro; se apoya en los ladrillos que quieren ser imagen mudéjar en el dintel, traspasa el escalón… y, adentro.

La luz, toda la luz que va siempre con él, lo espera en la calle. Es la plenitud de la Fuentarriba. O sea, es la plaza grande de mi pueblo.  No es la Plaza Mayor; no. La Plaza Mayor de Álora se llama Plaza Baja de la Despedía.

Esta plaza fue lo único bueno, si es que las guerras tienen algo bueno, que la guerra incivil trajo al pueblo. En su solar se levantaba el Beaterio de las Monjas de la Purísima Concepción. Las personas mayores nunca lo llamaron así. Era un nombre muy enrevesado. Las mentes sencillas acortan los caminos. De siempre fue ‘el’ Convento de las Monjas.

Les decía… Los disparates de entonces decidieron su derribo. Nunca más se edificó. Los escombros llevados en unas vagonetas metálicas sobre dos escuálidos raíles a la Cancula fueron los cimientos de un parque. Por unos meses el pueblo tuvo el primer y único tranvía de su historia.

La Fuentarriba – en contraposición a la Fuente de Abajo – se acortó en calle, perdió la fuente  y se engrandeció en plaza. Forma el sol con las plantas de adornos algunas sombras; en la pared de enfrente, un gigantesco cartel de Jesús atado a la Columna dice que es Semana Santa y que allí el Señor tiene mesa y mantel. Es decir, su segunda casa.


Por cierto, no ha habido alcalde que se precie que no haya remodelado la plaza… Una mujer del pueblo, - ¿qué pensará esa mujer? - sentada en la escuálida sombra, deja que pasen las horas; el tiempo, su tiempo…

lunes, 30 de marzo de 2015

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Aznavour

Charles Aznavour tiene solo 90 años. Está en Madrid. Promociona un nuevo disco que saldrá dentro de unos días. Más o menos en mayo según se lee en la nota que han hecho pública para dar a conocer la noticia.

Dice este hombre que el pasado no lo olvida; del presente aprende, y únicamente le interesa el futuro “porque cada día es un oportunidad para seguir creciendo”. He releído la entrevista. No tiene desperdicio. La gente llega a las cumbres porque antes se dejó las uñas en las rocas de la ascensión.

Este Aznavour es el mismo que un día nos dijo que Venecia era distinta porque ante su soledad, un lejano recuerdo le venía a buscar. Cantó, nos cantó, una Venecia de romanticismo, de amores perdidos, de góndolas y atardeceres de luces y lunas sobre el Adriático.

Aznavour nos llevó en sueños a Venecia. Hubo quien, años después, entre otras cosas, añoró en Venecia, en la terraza de un café junto al puente Rialto, todo lo que nos había hecho soñar en las tardes de domingo cuando el baile de pikcup era la única salida para ir al encuentro de eso que llaman amor de juventud…

De su mano París con aquella ‘Boheme’, era otro París. Como lo había sido con Edith Piaf y con Mireille Mathieu y con François Hardy. Era el Paris del Sacre Coeur y los pintores en Montmartre. Por el Sena, como ahora, subían los bateau  mouche. Aún no habían llegado los candados que recordaban imposibles en las barandas de los puentes.

Por el Barrio Latino, o en Café de Flore en Saint Germain de Prés… se exaltaba al existencialismo y se cantaba al comandante. (El comandante era el Che, y de él teníamos la visión de la aventura y la pasión por todo lo prohibido…).


Ahora escribo estas cosas. Están llenas las calles de Cristos atormentados y Dolorosas transidas. Hay una fiesta  a la luz, al color, a los sentidos. Este hombre viene y dice que no le importa el pasado. Hurgo en las telarañas del recuerdo. Hay cosas que son difíciles de cazar,  a veces. 
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domingo, 29 de marzo de 2015

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El Caminito del Rey

Se abre en canal la piedra y por sus adentros corre el río. Del Gaitanejo a El Chorro y en la mediación las Gambutas. Abajo, agua; arriba, el cielo. Entre medio el vuelo de pájaros: águilas, buitres, vencejos.

Dicen los que saben que fueron las rocas que emergieron; otros, que no, que fue el río como un cuchillo con filo de acero quien hendió en dos y buscó camino y lo encontró y luego se prodigó en vegas… y llegó al mar.

Da lo mismo. Los geólogos dicen lo que ellos saben. Uno va, mira, se extasía y contempla. La sensibilidad aflora desde los más adentro. Solo queda exclamar: ¡Dios mío cuánta belleza!

En el centro de la Provincia de Málaga. Tiene casi a tiro de piedra – precisamente no son piedras lo que faltan – El Torcal. Por dónde viene el sol cada mañana, o sea por el Oriente; por dónde se va, la Serranía de Ronda.

Nace el Guadalhorce, Alazores, arriba entre aulas y olivos tiernos. Málaga y Granada se estrechan la mano de amistad en sus lindes provinciales. Acude a la llamda del Guadalquivir. A medio camino porque la naturaleza es así, vira en medio de la Vega de Antequera y busca otro mar. Se viene  para el Mediterráneo.

La gran muralla de caliza de la Sierra de la Huma le cierra el paso. “Por aquí no pasa nadie / ni tu padre ni tu padre…” y no, porque pasa. Digo si pasa. Abre uno de los parajes más bellos, más asombroso que se pueden encontrar aunque se anden muchos caminos. Forma el Desfiladero de los Gaitanes.

El progreso cuando el siglo XX decidió que por allí, por sus paredes escarpadas se haría un ‘camino colgado’ en la piedra. Serviría de vía de servicio entre la presas del Gaitanejo y El Chorro.

Por él entró el Rey Alfonso XIII – de ahí su nombre – cuando, en 1921 a inauguró el embalse del Conde de Guadalhorce. Por él transitaron durante muchos años los hombres que acudían a sus puestos de trabajo en las centrales hidroeléctricas de El Chorro y el Gaitanejo…


Después vino el turismo, y el abandono; luego, otra vez, -restaurado – como fuente de turismo, trabajo, otros trabajos para otros hombres; impulso para la economía de toda la zona…

sábado, 28 de marzo de 2015

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Domingo de Ramos

La luz de la mañana se vino a jugar al campo. Primero jugó al escondite entre los majanos; subió por las cañadas; se escondía entre las adelfas de los arroyos, por detrás de los troncos centenarios de los olivos, por los sembrados que como toros acampanados le presentaron cara.

Álora se viste de azahar y flores nuevas; de aulagas y mimosas en flor; de jaras en la Cuesta del Verrón; de brotes de olivos tiernos y almendros con frutos de terciopelo para recibir al Domingo de Ramos. Porque hoy, dice el calendario por no sé qué combinación de la luna de Nizan, hoy les decía, es Domingo de Ramos.

Desde muy temprano cantan las alondras en las lomas de El Chopo. Abren las amapolas. Hay prados cargados de flores a los bordes de los caminos. Está el cielo limpio de nubes. Se oyen las cencerras de las cabras. Sopla el aire del norte.

El hombre del tiempo dice que estamos bajo un anticiclón. A mí me parece que lo que tenemos encima es la mano del Amado que pasó por estos sotos con presura… Ya me entienden. Todo el campo es un canto al unísono.

Se han llenado las calles de tronos. Músicos trompeteros, niños de nazarenos y mocitas con vestidos nuevos. En todos hay algo en común: Jesús entra en Jerusalén, - en la de verdad – a lomos de un pollino. “Hosanna al Hijo de David, bendito el que viene en nombre del Señor.

Así cantaban aquellos chiquillos que lo recibieron con palmas y ramos de olivos. Cantan, hoy,  los campos otros himnos. Son los himnos de trigos como mantos verdes, y las colinas vestidas de primor. Son las casas blancas oteando los cerros con su blancura  primorosa como pinceladas puestas por Alguien que tiene muy buen gusto.


En el horizonte se recortan las montañas. En la lejanía son azules, difusas. A ellas se llega por los caminos que lleva de la mano la amistad; las alforjas repletas de palabras. Hoy es Domingo de Ramos. Hosanna al Hijo de David.

viernes, 27 de marzo de 2015

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Senhor da Pedra

  
                       
La roca surge entre un encaje de espumas blancas. La roca es compacta y sólida; maciza. Está lamida de  soportar temporales. La roca está allí desde siempre. El océano; también. Es abierto; de horizontes lejanos, de aguas profundas. Se confunden cielo, horizonte y mar…

Dice la leyenda que sobre ella, se conjuraban las brujas. Venían de las profundidades o de lugares dispares de la  tierra o  vaya a usted  a saber de dónde. Era el lugar de cita. Ni cerca ni lejos de la costa. En su sitio.

Se piensa que también en aquel lugar los pueblos precristianos reverenciaron a los dioses de la naturaleza. Eran los dioses que mandaban en las nubes y en las olas; en los vientos y en las brisas; en el mar y en la tierra; en las tempestades y en los temporales.

Un día las olas del océano trajeron sobre el nácar de su espuma flotando un Cristo. Nadie supo de su procedencia. Lo depositaron sobre la roca y lo dejaron allí. Los pescadores lo vieron como algo milagroso.

Decidieron levantarle una iglesia. Sobre la roca, cada noche, aparecía una luz. Los vecinos de Gulpilhares, en el Concejo de Vila Nova de Gaia, lo vieron como un mensaje del cielo indicando el sitio preciso. Le dieron forma hexagonal. Era el lugar que el Cristo que había traído el mar pedía para Él, y  para recibir su culto.

Dice la tradición que la capilla del Señor de Piedra es tanto de la mar como de la tierra. Vista desde el mar, al divisarla en la lejanía, es un punto de referencia para los pescadores que trasiegan en sus faenas. Faro y guía; desde la tierra, un punto de peregrinación para la gente que acude a la llamada de su magia.


El océano, a veces, se pone bravo, tempestuoso e imponente; otras, al caer la tarde,  el cielo se arrebola de nubes caprichosas. Van para alguna parte, y las olas se tornan espumas blancas que besan la peana rocosa donde está el Señor de Piedra….

jueves, 26 de marzo de 2015

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. No me llames Dolores

Sonaba la radio a media mañana. Balcones abiertos y puertas de par en par. Plumeros espantando el polvo; maceteros más limpios que el jaspe y el cobre reluciente. Sonaba la radio, digo, y la voz de doña Concha, doña Concha Piquer, anunciaba a quien quería escucharlo: “no me llames Dolores, llámame Lola…”

El maestro Quiroga ya no andaba por los teatros de Madrid llenos de humos. No había señoras relucientes con collares de perlas falsas que parecían buenas ni hombres de habanos encendidos con cerillas, chaqueta de sastrería y zapatos brillantes. Las noches de la  calle Barbieri no era el ir y venir de flamencos camino de ‘Canasteros’, a la sombra de Manolo Caracol…

Rafael de León arrastraba los sambenitos de ‘aristócrata’ y folclorista. Rafael de León pregonaba en sus letras que era uno de los grandes y buenos de la Generación del 27, pero… Había conocido en los Jesuitas del Puerto a Alberti, pasó por los Jesuitas de El Palo y, en Granada, trabó amistad con Lorca. Eran otros tiempos.

“No me llames Dolores, llámame Lola que ese nombre en tus labios sabe a amapola”. Dolores, Lola, Loli, Lolita, Lolichi y Lolilla; María de los Dolores, María Dolores, Mariloli, Mariló… ¿Verdad que es un prado salpicado de amapolas?

Rafael de León y el maestro Quiroga nos hablaron de  los hierros de las ventanas, y del corazón parado con el resuello contenido; de sombreros de ala ancha y trajes  negros de panas. Y de un clavel en la boca,  y de amores desaprobados: “ni tu madre  a mi me quiere / ni la mía a ti tampoco”…


Viernes de Dolores. María – ‘María de los Dolores’ - enlutada  recibe visitas en las penumbras de los templos. Huele a incienso y a claveles en los tronos y a liliums morados, rosas y blancos. Y a romero esparcido por los montes de corcho. Se asoma la Semana Santa por entre las rendijas de la puerta. Y tu nombre, tu nombre que sabe a amapola…

miércoles, 25 de marzo de 2015

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Seyne-les-Alpes

Hasta ayer tarde no tenía ni idea que existía un pueblo con ese nombre. La televisión se encargó de mostrar las primeras imágenes. Está en un valle, casi al costado de unas montañas altísimas y cubiertas de nieves en invierno…

¿La culpa? El destino de un montón de personas que en una mañana de primavera decidieron tomar un avión. El vuelo iba de Barcelona, en España, a Düsseldorf  en Alemania. El avión cruzó un poco el mar de la Provenza, luego tierra adentro y  sobrevuelo por los Alpes…

Lo que vino después nos lo han contado una, dos, tres… tropecientas mil veces. Da lo mismo. La muerte tenía una cita en una mañana soleada y sin aparentes problemas meteorológicos. La muerte siempre acude a su cita. Cumplió.

Seyne les Alpes está a solo siete kilómetros de la montaña donde el avión vio cortado su cielo. O sea. Donde se estrelló y quedo hecho añicos. Las imágenes muestran  una desintegración total. Todo es desolación.

El paraje es un lugar bellísimo. De acceso casi imposible. Allí solo se puede llegar en helicóptero y el pueblo, que es el punto más cercano, tiene una historia que se remonta casi mil años hacia atrás.

Barcelonette queda más al sur. O lo que es lo mismo, más cercana a la frontera italiana por el Piamonte. Se asienta – eso dice el señor Google que lo sabe casi todo – en las orillas del río  Ubaye. Tiene un clima alpino.

A la belleza natural de lugares idílicos, ahora, añadirán la propagación de sus nombres a los cuatro vientos. Cuando aún estaban las cumbres blancas de nieve, un Airbus A320 de la compañía Germanwings dejó allí escrito su último destino…

Ambos pueblos se entroncan, en la Historia, con Ramon Berenguer IV conde de  Barcelona y Provenza ¡Que ya es casualidad!  Es noche cerrada cuando escribo estas líneas. Arrecia el frío. Ese frío se extiende por los trozos de fuselaje perdidos por las laderas. Congela lo restos de los cuerpos aún no recuperados.


Todo es especulación. Solo hay una cosa clara: están heladas las almas de la gente de bien de medio mundo ante la magnitud de la tragedia.

martes, 24 de marzo de 2015

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La chica rebelde

La chica rebelde vivía en una familia ‘bien’. Entre los suyos había ‘posibles’. En su casa no conoció la carestía que le echaba las manos al cuello a otras chicas como ella. En su casa había libros y ella los leía. Le dieron una formación solida; la aprovechó.

Ni muy alta ni muy baja. Era morena; de complexión fuerte. Ojos grades y expresivos. Más grande el negro de los ojos que todo lo blanco que lo rodea que no era poco y que le daba una belleza atractiva. Nariz larga, boca proporcionada, labios carnosos y la barbilla prominente.

La chica rebelde tenía aires de aventuras. Algo le empujaba. Una fuerza de dentro no le dejaba estarse quieta. La chica rebelde no podía conformarse con todo lo que le rodeaba, a ella y a otras que conocía que eran, eso sí, un poco menos rebeldes que ella, pero casi tan inquietas como ella.

Anduvo caminos. Rompió moldes. Arremetió contra todo lo que no estaba conforme.  Fue, visitó y conoció muchas ciudades: Toledo, Ávila, Beas de Segura, Medina del Campo, Valladolid, Sevilla, Soria, Segovia, Alba de Tormes… No se paró ante arroyos crecidos ni en caminos embarrados. No la frenaron los ríos caudalosos…Pernoctó en ventas y posadas.

Tuvo amistades con un poeta peligroso – algún que otro poeta es gente peligrosa -  que se llamaba Juan. Escribía unos versos bellísimos, y con otro que se llamaba Luis; otro de sus amigos se llamó Jerónimo…

La chica rebelde se juntaba con gente a los que gustaba eso de escribir libros. Se contagió del gusto y, como, además,  tenía mucho que decir y como sabía y necesitaba decirlo pues… llenaba y llenaba papeles. Y aquello que escribía la chica rebelde llegaba a la gente.

Tal como hoy, 25 de marzo, los ojos de la chica rebelde vieron la luz del sol de una mañana que  apuntaba a primavera en los páramos de Castilla frente a Gredos blanco y el campo moteado de amapolas. En Ávila; de eso hace cinco siglos.


Ah, la chica rebelde, se llamó Teresa… Teresa de Ahumada, o sea, Teresa de Jesús. O lo que es igual, Santa Teresa de Jesús.
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lunes, 23 de marzo de 2015

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La chica del café

La chica se sentó en la terraza de unas de las cafeterías que están junto a la catedral católica de Málaga. Por la calle corría una brisa suave, refrescante. Por esa calle siempre sube la brisa que viene del mar. Los tejados no dejaban bajar el sol hasta el asfalto. La fachada de la catedral estaba resplandeciente. Los rayos de sol de la tarde le daban un color especial.
La chica pidió un café.

-          Un café con leche fría,  por favor, le dijo al camarero que se acercó hasta su mesa.

El camarero era un muchacho joven, con pinta de universitario que se ayuda con algo de dinerillo extra.  Un mandil blanco le cubría desde la cintura hasta un poco por encima de las rodillas. Vestía camisa blanca, zapatos negros… En las otras mesas la gente hablaba cordialmente, sin prisa.

La chica abrió el bolso. Instintivamente de la pitillera sacó un ‘Camel Blue’, lo encendió y se acordó de su hijo mayor que ya le daba consejos:

-          Fumas mucho; demasiado, mamá…

Esbozó una sonrisa para sus adentros.  Miró el cigarrillo y entornó los ojos. Expulsó un chorro de humo al aire. La chica tenía unos labios preciosos. Suavemente retocados de rojo, como sus uñas, con delicadeza, con primor. La chica recordó cuando aquel primer beso en el portal entre la penumbras de la noche que llegaba. De aquello hacía mucho tiempo…

Pasaba la gente indiferente. Hablaba entre sí; otros, caminaban más de prisa. Había quien estaba en la calle porque iba a alguna parte o quien la ocupaba porque en algún sitio había que echar la tarde.

La chica barajaba la idea que le atormentaba. Se preguntaba a sí misma. No encontraba respuesta. Su interior bullía, pero tenía la serenidad para saber qué hacer en cada momento. Y lo hacía. Volvía a preguntarse. Se contestaba entre caladas profundas al cigarro. Las respuestas… Le dolían tanto las respuestas que no llegaban como los silencios que no se iban.


La chica se sentía sola. El reloj de la torre de la catedral dio una hora. La chica no sabía que en otra parte de la ciudad él, también, estaba tan solo como ella. Él no tenía un cigarrillo entre los dedos,  ni un café, ni estaba sentado delante de la fachada de la catedral católica de Málaga.

domingo, 22 de marzo de 2015

Una hoja suelta del cuaderno de bitacora. Frigiliana

Frigiliana es pueblo morisco.

Cuando llegas, si vienes de Torrox por la Loma de la Lastra, bordeando El Fuerte, es pincelada blanca con la sierra de Almijara de fondo; si te vas, mirador, según hora y día, sobre un mar envuelto en niebla, azul profundo, o reverberación plateada; depende de la hora.

Si gustas compararlo con los vecinos de enfrente, a mi me recordó a Chef Chauen pero con menos agua o a Alhucemas, blanco y de terrazas planas, pero más tortuoso y quebrado.

Frigiliana ha sacado su historia - y la de la tierra de Bentomiz, que para el caso es lo mismo - a la calle, y en mosaicos  artísticos cuenta, para quien disponga de tiempo de pararse a leerlos, parte de los avatares sufridos.

Guerras de moros y cristianos; de sublevaciones y avasallamientos; del apropiarse por parte de unos de lo que correspondía a otros, que naturalmente defendieron con uñas y dientes.

Doce mosaicos colocados, en lugares estratégicos, por Antonio Navas, a quien su pueblo rinde tributo en placa de cerámica y lo nombra Hijo Predilecto –pero ya tarde, a título póstumo -  dan cuenta de los hechos.

Si, como yo, preguntas quién fue el tal Antonio Navas, al igual, te encuentras con la respuesta:

-‘Un hombre bueno que hizo mucho por su pueblo’.

Se trata de una recopilación de textos de Mármol y Carvajal, Hurtado de Mendoza, Guillén Robles, Vázquez  Otero, Caro Baroja, del propio Navas Acosta, del Marqués de Mulhacén, Pérez de Hita, García Millán,  o el fragmento del discurso de Martín Alwacir..., hasta un total de doce.

O lo que es lo mismo, te dan a leer fragmentos de la “Rebelión y castigo de los Moriscos”, “La Guerra de Granada”, “La Batalla de Frigiliana”, “Guerras civiles en Granada”...


Frigiliana está a medio camino entre olas de nácar y la sierra. Es un abanico de flores y brisas; cal blanca y amabilidad de la gente; mucho cielo azul y la mar de frente…

sábado, 21 de marzo de 2015

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Primavera

Ya no es preludio. Ya está aquí; dicen los que saben, que vino ayer en el tren de la mañana. Clivias y calas; rosales que brotan a borbones; yemas de las parras reventando; margaritas en los bordes de los caminos... Ya está aquí.

Por si alguien lo duda solo hay que salir a la calle. A ver quien tiene bemoles de abrir un paraguas con lo que está cayendo. Aires revueltos que “despeinan las palmeras” se encargan en decir, a los que no se habían enterado, que la primavera solo es placentera y  y sosegada en la mente de los poetas.

La borrasca ha entrado por Cádiz. Ha dejado agua en media España – a la otra, parece que no le hacía tanta falta – y ha puesto el campo precioso. Todo es de un terciopelo verde subido como si quisiera echar un pulso al mando de la Esperanza.

Se han abotonado de morados los pimpollos del almoradux; están llenos los olivos de tallos tiernos; ha florecido el romero y viene ese perfume que únicamente trae la primavera y vuelve a las noches sensuales. Luego, vendrán los jazmines y a las biznagas cuando llegue mayo.

Todo es un canto a la vida que se abre. Todo es un anuncio de frutos que nacen, que madurarán cuando llegue – que llegarán las calores – y madurarán cuando septiembre, que no se quiere quedar atrás, huela a nardos y a vino nuevo y a aceitunas de verdeo.

Esa renovación de la sangre hace que la calle se ponga a competir con el campo y ya saben aquello de don Manuel Machado: “Todas las primaveras /  tiene Sevilla / una  nueva tonada / de seguidillas; /  nuevos claveles / y niñas que, por mayo / se hacen mujeres”.


Don Manuel, y Sevilla y Málaga con las brisas que suben de la mar y Álora con caserones desvencijado entre cerros verdes y Moguer que recuerda a Juan Ramón… Porque ya no es preludio. Ya está aquí. Vino ayer…

viernes, 20 de marzo de 2015

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Cuarto y mitá...

Llevamos no sé cuánto tiempo pidiendo agua. Rogativas  San José: “San José bendito agua / que el campo…” o a San Benito, que fue cuando aquello del cura que se resistía a sacar al santo y alegó ante lo que se le venía encima:”Bueno, sacamos a San Benito pero que sepáis que el tiempo no está de agua...”

“Que llueva, que llueva, / la Virgen de la Cueva / los pajarillos cantan…” o lo de Pablo Guerrero con voz de barítono profundo atronando en una España de mucha ilusión por todo lo nuevo que podía venir: “Que tiene que llover / que tiene que llover a cántaros…”

Pues eso y algo más. En algunos sitio ha llovido agua calaera y oportuna. Vamos ha llovido con vergüenza. Otros dicen que ha venido tarde pero que es un remedión y que el campo - oigan, está preciso – sale adelante y que se salvan los trigos y que hay comida para el ganado…

Y, cuando estamos como con la ‘Parrala’ que si de la Palma o de Moguer vienen los que saben de estas cosas y anuncian un eclipse de sol. Más eclipse en unos sitios que en otros. Vamos que se va a ver más o menos en según qué sitio esté el observador.

Esta mañana esos señores que saben de todo, opinan de todo, pontifican de todo - ¡hay que ver lo que hacen para comer cada día – es decir, los tertulianos han dicho una cantidad de tonterías que habría para hacer una edición tan extensa como el Espasa, pero el abreviado, no; el otro.

A lo que iba. España por mor de una borrasca que ha entrado por el Golfo de Cádiz, está cubierta de nubes. Ha surgido un rosario de lamentaciones. No han podido ver el eclipse.

Juanico, ‘el de Bonela’ tenía una tienda donde había – en aquella España de carestía de casi todo. Estaba en la calle Juan Naranjo. La gente acudía y pedía: azúcar, arroz, lentejas, habichuelas… pero en cuarto y mitad. En su justa medida para hacer el avío.


Hoy ha habido cuarto y mitad de eclipse… para algunos. Por cierto, Juan ¿usted, no habrá tenido nada que ver con el asunto, verdad?

jueves, 19 de marzo de 2015

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Trompetas y tambores

Avanza la Cuaresma. Huele a cirios, a túnicas que salen de la cómoda, a cíngulos - ¿“mamá dónde están mis cordones”?- perdidos el fondo del cajón. Hay tufillo a ropa nueva porque quien no estrena el Domingo de Ramos…

Penumbras de templos iluminadas. Floreros aboyados de cuando lo de la bulla, reparados; alpaca retitinada. Niñas  que vienen de la mano de otros niños – o al revés, que para el caso es lo mismo -. Están los tronos ensamblados.

Hay otros olores. Los que vienen del campo; los que se levantan entre amapolas en los trigos; los del agua caída y deseada estos días; los de las flores que crecen en los bordes de los caminos; los de los tallos de olivos tiernos: “Hosanna al Hijo de David”, o los olores de las palmas a las que no ha dado el sol y vienen de Elche…

Huele también a pregones. Estoy lejos del pueblo. Esta noche, la Encarnación dejará las luces a medias. Tocará la Banda Municipal: “Pasan los campanilleros, Caridad del Guadalquivir…” Sonarán como nunca; o sea, como siempre. Subirá alguien que dirá algo bonito; y luego, otro alguien que presentará al pregonero y luego…, luego, hablará el pregonero.

Un amigo del pregonero y mío me adelantó su nombre. A Jesús aún no lo había convencido Barbeito que hablaba por boca de la Paz, de la Justicia… que tenía que nacer porque se lo pedía el Amor. “Es primicia. El pregonero de este año le va a gustar mucho, me dijo. No rebele usted el nombre”. Y guardé silencio; lo pedía la amistad.

Esta noche –porque ya no es secreto- subirá los peldaños del altar mayor, con traje y corbata, porque no puede ser de otra manera, mi amigo, aquel niño de bajita estatura pero de una inteligencia muy grande…aquel niño de entonces; este hombre, de hoy… Y hablará y,  estoy seguro, a todos ustedes, les va a saber a poco.


Y yo lo soñaré en la distancia. Y habrá algo así como una marcha de sentimiento en la lejanía, o un redoble sordo de tambor… No sé, no sé. Cuando suba al estrado José González Lara, que no lo he dicho, todavía, haremos realidad lo del Maestro Alcántara “podemos  hablar distintas lenguas, pero todos hablamos el mismo Silencio” Entonces…

miércoles, 18 de marzo de 2015

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Eras, tú...

 Y, eras tú, chiquilla, que pasabas por la calle. Saliste del Metro. Ibas a alguna parte. Llevabas algo de prisa. La gente, en las ciudades grandes, siempre lleva prisa. No sé porqué la primera vez que vi correr a la gente para subir al metro, me pregunté para mis adentros. ¿Por qué corre, esta gente, si luego viene otro?

Pero no es así. Yo ya me he sorprendido a mí mismo corriendo… para subir al Metro. Pasabas tú. Yo estaba sentado en el banco aquel de Recoletos. Ya sabes… Cuando estoy cansando – cada día me canso, más – me suelo sentar siempre en ese banco.

Un poco más abajo don Ramón María del Valle-Inclán, esperpento puro junto a un olivo; un poco más arriba, don Juan Valera. Por cierto, Madrid le ha dado mejor monumento – no sé si mejor recuerdo – que su pueblo. Uno en bronce; en mármol, con gitanilla incluida, el nuestro. 

Salí un poco embotado. Bajé despacio las escaleras de piedras de ese ‘sancta sanctorum’  al que sabes que voy siempre. Estatuas silenciosas llevan allí tanto tiempo que ni se inmutan. Papeles viejos. Otra vez el tiempo. Poco tiempo. Corre el reloj… Quiero aprovechar el tiempo… Yo no te lo pude decir, ya sabes. Es el tópico.

Pero eras tú. Bajabas por el paseo. Rebrotan las acacias; con ciclamen rosas y pensamientos del color de pasión han orillado la calle. Pasaban algunas nubes por cielo. Coches raudos. Sirenas. Ruidos. Los autobuses en el frontal entre puntitos luminosos dicen su destino: Atocha, la Virgen de Cortijo, Canillejas, la Quinta de los Molinos…

Me encerré en mi silencio. Y supe que eras tú. Porque tú eres inconfundible y, aunque no me lo digas, te presiento. Y vi cómo te alejabas. Llevabas el porte de siempre, el andar de siempre, la firmeza de siempre.


Cualquier otro día, ¡sabe Dios cuándo! Aparecerás. No dirás nada. Te veré que vienes desde lejos, pasas y sigues el camino. Como hoy, como ayer, como siempre. Pero no me cabe duda. Estoy seguro;  eras tú, chiquilla que pasabas esta mañana por la calle, cuando ya la luz quería hacerse tarde…
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martes, 17 de marzo de 2015

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La chica que escribe libros

La chica que escribe libros tiene la sonrisa amplia; los ojos celestes del color del cielo en abril y la cara con pequillas de niña traviesa. Vive lejos, tan lejos que hay que rebuscar en el mapa porque hasta allí no llegan las brisas del mar.

La chica que escribe libros me puso un correo (este facebook llega a todos los rincones por muy perdidos que estén) y me dijo que acababa de publicar uno (El canario y la máquina de coser, Editado por Bubok Publishing S.L) y que le gustaría saber qué me había parecido.

Manos a la obra. El libro llegó tras unos días – un poco largos de espera – y, oigan: No se lo pierdan. El dicho puede que suene a tópico. No tiene nada, pero que nada que ver con aquello del periódico americano que invitaba a ir al  espectáculo.

La chica que escribe libros, o sea Isabel Salas, que así se llama, sorprende, desconcierta, da gritos de alerta, destila poesía, encanto o soledad. Juega al escondite con los versos y  hace desplantes como el buen banderillero. Con paso y medio y un requiebro de cintura…¡Yo, qué sé!

Probablemente más cosas. No les levanto la liebre: “(…) y sin palabras decirte  lo mucho que te quiero. Lo mucho que siempre te quise. / Desde niña. Porque eres mío. Porque eres como mi calle, mi pueblo mi escalón. Dedicado a…”

La chica que escribe libros ha llevado toda la ternura que pueden buscar, entre sí, dos almas perdidas y solas. “El viejo Tomás ni sospechaba que para ella durante mucho tiempo el desafío era contar las semanas sin llorar ni derrumbarse….”

Y, ve y observa y piensa en voz alta: “Son todos los ruidos de risas, mugidos, juegos y muertes que escucho cuando escucho el jaleo del agua del río…” o cuando la muerte ciega siega las vidas de la gente del Congo o, cuando “si me gusta lo que me vas a hacer me quedo con el dinero, pero si no me gusta… te lo devuelvo".


Ha vivido mucho esta chica que escribe libros. Una vida intensa, plena. Mucho echado a le espalda. El lector se pierde. No sabe dónde acaba lo real; dónde empieza el juego. “El canario y la máquina de coser”. Isabel Salas…La tardanza es la mala.

lunes, 16 de marzo de 2015

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Pija

La mujer se paró ante el escaparate de lujo de la calle Serrano, esquina a Jorge Juan,  frente a Museo Arqueológico Nacional. La mujer no escuchaba la música de unos músicos callejeros. La canción  flotaba en aire: “si alguna vez creíste que por ti o por tu culpa me marché…”

Era delgada, de estatura un poco superior a otras mujeres; el pelo negro y recogido. Su tez ofrecía el moreno que da la nieve en invierno a quien frecuenta las estaciones de esquí. Los labios ligeramente encarnados…

La mujer vestía una camisa blanca de Zara y un pantalón estrecho, azul marino de Roberto Verino. Se cubría con una cazadora de piel, color camel, de Javier Simorra. Abrigaba su cuello con un pañuelo de tonos azules y celestes, de Hermes.

La mujer calzaba zapatos de Pura López. Las joyas: unas perlas de Suárez y un reloj de Bugari. Llevaba un bolso de Loewe y desprendía perfume de Chanel. La mujer, desde lejos, pregonaba que su mundo era otro.

De su cuello colgaba un collar con colgante largo como los que  usaban los hippies que se oponían a la guerra del Vietnam pero que vivían con cuentas sustanciosas ingresadas por los papás.

La mujer era algo diferente en medio de la calle por la que pasaba gente que iba y venía. Ella no tenía que portar los paquetes de la compras – ya había realizado otras, en otras tiendas de lujo similar – porque ella ordenaría que se las llevasen a casa.

La mujer dedicaría algunas horas más a gastar más dinero. No necesitaba nada de lo que compraba pero todo “era tan mono…” Dentro de un rato, cuando estuviese aburrida de aburrirse, llamaría al chófer. Un hombre con traje azul marino oscuro, camisa celeste, zapatos y corbata negra acudiría… Abriría la portezuela y con un “señora…” inclinaría la cabeza.


El escaparate, en el ángulo inferior izquierdo informaba de los precios: Mantella, 10.850 euros; Chaqueta: 2.800 euros; Mochila: 1.900 euros; camisa, 650 euros; Sandalias: 800 euros. Alguien pasó junto a la mujer que miraba el escaparate. La miró, la observó y para sus adentros, entre labios, se dijo: pija.

domingo, 15 de marzo de 2015

Una hoja suelta de cuaderno de bitácora. Gorriones

Pillos, astutos, inquietos y curiosos. Tienen el plumaje como tirando a marrón sucio, el pico gordo por la base y duro;  las patillas como las ideas de algunos políticos españoles cortitas y agarrotadas.

Con esto de la primavera que se anuncia están un poco traviesos. Revoltosillos. Vamos que se las andan buscando pareja porque hay que perpetuar la especie y hay que empezar a meter broza ya mismo.

Esta mañana estaban a la greña en los cipreses de enfrente. Parece que volvían del debate de hace unos días en el Congreso y que se recordaban, entre ellos, algunas cosillas que se habían dejado olvidada ente los folios y papeles que llevaban en las carpetas. No sé, apreciaciones que se me ocurren.

Estos puñeteros hacen los nidos debajo de las tejas. No sé si cobran comisión (del tres por ciento, no hablamos, ¡por Dios!) con algunos albañiles del  pueblo por lo de  retocar luego, cuando llegue el verano, los tejados para que con las aguas del otoño no se mojen las casas…

Los nidos de los gorriones son otra historia. No hay pájaro (las cigüeñas, son algo más que pájaros y trabajan sobre los nidos anteriores) que busque más yerbas secas, palotes y brozas para hacer un nido confortable. Y, no se los digan ustedes a nadie,  pero tienen verdadera predilección por los canalones y por los bajantes de agua…

Los más listos son los de las estaciones y, de entre las estaciones, los de Cártama será porque como están más cercanos a la Costa del Sol…; los que suben, las mañana de sol de verano en busca de los granos a los trigales de las lomas ¡ni les cuento!


Aunque para contar me quedo con lo me contó el Maestro Barbeito: anida en España, nace en España, crece en España, come en España, vuela en España, muere en España y no anda en España… porque como va dando saltitos. ¡Maestro, te quedaste conmigo como con un gorrioncillo de pueblo!

sábado, 14 de marzo de 2015

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Libros

Dice la estadística que corren malos tiempos para la lectura. Si no se lee no se venden libros, si no se venden libros - además de cerrar las librerías -  la incultura se pasea por la calle como los papeles que se lleva el viento los día de aire.  O sea, a la deriva.

Un pueblo inculto es una manada de borregos sin pastor. Un pueblo inculto es presa fácil de demagogos. Más de cuatro se  frotan  las manos. “A éstos, deben decirse entre ellos, los pillamos con una gorra” Informaba el periódico que el cierre de librerías es alarmante; las que sobreviven no lo pasan ‘bien’… El libro electrónico no llega, todavía, a mucha gente.

Echo mano a Platero. Abro al azar. “Este remanso, Platero, era mi corazón antes…” y sigo con el capítulo y, luego,  me paso a otro: “En el negro horizonte de los pinos, la llama distante parece quieta y recortada…” Cualquier cita da pie a los sueños.

Y, yo sueño con praderas llenas de lirios, de margaritas, con trigales que mece el viento y con lomas salpicadas de amapolas… La primavera  es una eclosión de vida. Cada año, sin que nosotros hagamos nada, porque es así,  se renueva el campo. Hay flores y brotes tiernos y pájaros nuevos.

Y veo los pinares de los que habla Juan Ramón: Los  pinares de Doñana, y los otros. Los  pinares de las sierras que silban, por las noches, cuando azota el viento y la luna se asoma por las crestas de los cerros… Y todo esto me viene a la mente de la mano de dos párrafos leídos, al azar, en Juan  Ramón.


La gente no lee mucho. Es penoso. Es así. La gente se pierde en otras cosas.  No dejan que afloren los sueños que le nacen dentro. Prefieren estar en los enredos q sinfín de las televisiones con poco aprovechamiento. Pasividad. O sea, se las andan, perdiendo el tiempo.

viernes, 13 de marzo de 2015

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Cafres

Cafres, según el diccionario, son los habitantes de la Cafrería en Sudáfrica. En otra acepción los llama: ‘bárbaros’, ‘zafios’… Con los primeros no va la cosa; contra los segundos, por supuesto que sí. Dejan a Atila y compañeros mártires como hermanitas de la Caridad a su vera.

Unos vándalos han destrozado los huevos de dinosaurio en  un yacimiento paleontológico con una edad en torno a los sesenta mil años. (Año más o año menos, que tampoco es cuestión de apurar mucho, por lo de los domingos y fiestas de guardar, y esas cosas).

En serio. El yacimiento está en Coll de Nargó, en el condado de Urgell, al norte de Lleida. Se llama el Mirador del Cretáceo y no muy lejos corre el río Segre…El paraje es idílico. Y por allí viven de la ganadería bovina y los lácteos.

No tenía ni idea de dónde quedan esos parajes. En toda la zona abundan los restos románicos. Casi tantos templos como olivos en Jaén. Bueno, es una exageración, pero ya me entienden. Por el año mil ya existía el pueblecito y en cuanto a los dinosaurios el periódico dice que es el mayor yacimiento de Europa…

No se quedan atrás otros primos hermanos – de los vándalos – que viven en Écija. Son tres. Están ya encerrados (A ver si los ponen a la recacha del sol del pueblo en los meses de verano a  arenques y sin agua…) La han emprendido con un mosaico romano. Dicen los expertos que solo hay otros tres más en el mundo… ¿Objetivo? La venta.

Desde no se sabe cuándo el hombre es dado al expolio. En las guerras, en las correría, en la razzias. Era apropiarse de lo de los otros pero destruyendo. De unos años a esta parte aparece la noticia de ‘desaparición’ de imágenes en los retablos, cuadros de museos, documentos… Casi siempre está detrás el móvil del dinero.


Hay otros cafres aún más miserables. Son los que destrozan los bancos de la calle, las farolas del alumbrado público, las papeleras del parque, las barandillas que protegen, las macetas de las fachadas… Son unos verdaderos desgraciados. ¿Alguien sabe que está pasando?

jueves, 12 de marzo de 2015

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La chica sola

La chica ya no era joven. La chica lograba salir en un mar donde las orillas le quedaban muy lejos. Tan lejos que volver atrás era imposible; alcanzar la otra orilla una aventura.  Seguir adelante era un canto a la esperanza. Le empujaba la desesperación y la ansiedad de llegar.

La chica había traspasado la barrera de ese lugar de la vida a donde nunca antes llegaban las olas que hundían, fuera de allí, los barcos confiados y que, también, sin ella saberlo, había hundido el suyo. Se preguntaba y no hallaba respuestas a muchos ‘¿porqué?

La chica de cabellos rubios navegaba en una noche procelosa y oscura. La chica buscaba entre las olas del mar de su vida un faro que alumbrase por encima de la tempestad. La chica buscaba la estrella de una última oportunidad. ¿Sería aquella su última oportunidad?

Caminaba sola por la ciudad de siempre. La ciudad le era tan desconocida que ni ella la reconocía ni se reconocía a sí misma. Pedía y no podía romper con su pasado. Anhelaba que el sol del amanecer – qué hermosura del sol de amanecer – le diese a su vida el calor que no tenía.

Iba con sus preguntas sin respuesta, sola, por la calle. Hacía frío, mucho frío. Pasaban los pocos coches que transitaban a esas horas veloces. Venían de algún sito; iban a alguna parte. Ella había dejado atrás mucho ruido de una música estridente, ensordecedora; otra música.

Hurgó en el bolso, encontró la llave del portal. Abrió la puerta. La chica de manera intuitiva pulsó el botón de la luz. Llamo al ascensor…Su casa estaba vacía. Sola. Chocó con el silencio que siempre despide la nada…

Cuando se metió bajo el edredón de la cama su cuerpo tiritaba. La chica tenía mucho frío por dentro. Pensó en un faro lejano. De vez en cuando, las ráfagas de luz de otro faro pasaban por los cristales de su ventana. En el horizonte todavía no se vislumbraba el día…

miércoles, 11 de marzo de 2015

Un hoja suelta del cuaderno de bitácora. Habas

Están en plena sazón. Se bambolean, en las lomas, con el viento. Y  cuando llegan a la mesa, son un deleite supremo.

Que si en pipas, en tortilla o en revuelto, o con arroz de puchero que ponen el caldo negro, o en potaje de Cuaresma; o sea, para chuparse los dedos.

Las hay de invernadero; las traen en todos tiempos, y si te las regala la vecina, entonces, esas son de aquí te espero.

Tienen la vaina larga; por dentro carnosas, tiernas, sensuales, como del color del terciopelo…
Echan flores por febrero. Dicen las malas leguas que con la habas en flor, se ‘alterean’ las cabezas.

Fueron comidas de pobres; dicen y dicen de ellas, que si para cebones, que si en los años del hambre, que sí…

Vaya, vayan a la frutería,  no pregunten por el precio, que se suben a la parra y eso que son frutos del suelo.

Como las habas de marzo, hay pocas cosas, compadre. Bueno: bacalao, lentejas, garbanzos…
 Eran los tiempos cuando se guardaban los viernes de abstinencia y bulas de cumplimiento…

En Granada en se comen frescas y con bacalao suelto;  en mi casa revueltas con huevos, con taquitos de jamón…con aceite de “Antojo del Sur” o de los que me regala, sí, sí, Juan Blanco y Barbeito. Que el aceite regalado, es el que está más bueno.

 Mi mujer, experta en fogones, las hace con paciencia, y a fuego lento, y tanto, tanto cariño que hay que reverenciar el invento.

Cuando sonó esta mañana el timbre y Carmen traía en sus manos tan preciado don y en ofrecimiento, me pensé muy calladito: hoy  pinta bien esto.

Hoy el día promete, promete más que ‘Podemos’. Celebramos a San Eutimio, y a san Gorgonio…
y a otros santos que ni me acuerdo, pero al medio día comemos tortilla de habas tiernas, seguro, y con algún tintillo del bueno.

Y como hay tanto loco que anda suelto, ya ven, me ha dado por escribir estos ripios en verso…
Se agradece un sonrisilla, un poco de perdón, que es lo que piden los tiempos, y si no es así, pues…

¿Ustedes, gustan?  Eso sí que es un gran invento. ¡Compañeros!

 

martes, 10 de marzo de 2015

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El nido

                                              

Está a remanso de los vientos, en el encuentro de dos ramas, en un limonero que ya apunta a yemas reventonas de azahar. Dentro de unos días  esos brotes serán perfume mañanero en el campo y por las noches harán que suban, hasta romper moldes, los decibelios de la sensualidad.

Es un nido de mirlos. Está hecho con un acopio de yerbas secas. Las han ido llevando, sin que nadie lo perciba, sin que nadie se dé cuenta desde el suelo de la huerta a la rama. El nido está mal formado por fuera, con forma de copa redonda; acogedor y calentito, por dentro.

Tiene tres huevecillos. Verdes azulados, pequeños con algunos puntitos rojizos. Si los mirlos tienen una postura de seis huevos… están a la mediación. Son preciosos. La madre todavía no empolla con el calor de su cuerpo. Están solos pero donde están  no  llegan los gatos.

Un poco más allá, cantan los jilgueros y en los cables del teléfono un chamarín compite con ellos. Seguramente los mirlos me han visto. Me observan. Estarán a ver  cómo es mi comportamiento. Yo no toco el nido. Miro… Siento ternura y admiración.

El árbol está cargado de fruto. Los limones ya han virado de color. Amarillean con ese color que solo toman cuando viene la primavera: intenso y vigoroso. Han salido de un invierno duro; ahora, ya todo es zumo en su interior. Aguardan, esperan la recolección en su  tiempo.

Canta un mirlo… Lo oigo; no lo veo. ¿Me estará avisando? ¿Jugará a despistarme para que me aleje del nido? Son extraños, únicos, insondables. Los animales tienen comportamientos que los humanos no entendemos.

Los mirlos siempre cantan cuando viene el día y a esas horas en que sol decide que hasta aquí hemos llegado y da paso a la noche. Los mirlos son madrugadores. Como son omnívoros combinan la dieta de insectos con las uvas maduras de la parra. Las parras todavía no han brotado. ¿Qué fruta tomarán, ahora, de postre los mirlos?

lunes, 9 de marzo de 2015

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Las cabras

 “Pastores, los que fueres / allá por las majadas al otero / si por ventura vieres…”. Las cabras carean a esa hora en que la luz juega al escondite entre las rocas. Un día - las roscas - se desprendieron del macizo de El Hacho. Las piedras se echaron a correr por el pecho abajo, como chiquillos con la jaula abierta en la hora bendita del recreo.

Las piedras del Hacho son de arenisca moldeable. Son rocas ‘blandas’. Tienen un color oscuro y forman, con la erosión, figuras extrañas, oquedades, recortes de unos moldes asombrosos. Las rocas perdieron la corondilla y se pararon de andar,  a media cuesta, hasta donde le aguantaron las fuerzas.

Han crecido  palmas y acebuches; está alta la yerba. No ha llovido pero está precioso el campo. 
Suena un tintineo de esquilas y cencerras y entonan una sinfonía de latones y lengüetas. Son sonidos diferentes, no siguen las directrices de ninguna batuta, porque su música pertenece a otra orquesta.

 Las cabras son de pelaje marrón claro; tiran a rubio. Las cabras ponen pinceladas de miel entre el verdor de la yerba. Se han subido los gamones. Está cercana su fiesta y han vestido las varitas de florecillas blancas. Las bambolea el viento. Compiten con jaramagos que son pompones amarillos y amapolas tiernas. Todos quieren ir de feria.

Ramonean. Van a  los suyo las cabras. No pierden bocado. Agachan sus cabezas mochas y  proporcionadas. Tienen las ubres llenas. La leche de estas cabras es rica en proteínas y grasas; proporcionan un queso de sabores únicos. Se adaptan al terreno y soportan bien los rigores cuando cambia el tiempo.


No debe andar  muy lejos el cabrero. Tampoco lo necesitan. El campo está acosterado. La colina  baja en declive suave como quien se recrea, otra vez,  en los versos de San Juan de la Cruz: “y yéndolos mirando / con solo su figura / vestidos los dejó de su hermosura”. Y entorno los ojos y digo que sí, que es así.

domingo, 8 de marzo de 2015

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Grúas

 Las grúas nuevas del puerto, desde lejos, son cinco jirafas gigantes que se equivocaron de paisaje. El mar no es la sabana de acacias con espinas en los troncos y  en las ramas, con las bajeras comidas hasta donde alcanza el cuello largo de esos animales desgarbados.

Estas jirafas metálicas tienen otros andares. No son los andares cansinos que le  miden los tiempos al tiempo. La llanura que tiene enfrente es azul, plateada, brillante…, depende del día y de la hora. Por el horizonte cruzan los barcos que van a alguna parte.

Por entre los hierros de las grúas del puerto pasan las brisas. Están engarzados, asidos entre sí con un sinfín de tornillos y soldaduras. Las grúas del puerto saludan cada mañana al sol del amanecer que aparece por Levante; luego, le dice adiós jugando al escondite con la Sierra de Mijas.

Decidieron modernizar el puerto. Hicieron un malecón nuevo. O sea, el  morro ya estaba más lejos y los gatos que iban a la caza de los cebos de los pescadores tenían un montón de rocas más para buscarse los pescadillos que servían de cebo; otras veces, su ‘pesca’ era en el zurrón perdido de vista. Ya se sabe lo listos que son los gatos.

Los cruceristas llegarían en barcos muy grandes. Como ciudades que se echan a la mar. Venían de puertos lejanos. Y ya no tenían tan a mano las palomas del parque que le hablaban de tú al Maestro Alcántara cuando era muchacho.

Y pensaron también, miren por dónd, en unos mecanos gigantescos. Como las Torres Florentino se ven desde El Escorial, no quisieron ser menos y decidieron que la gente  viese las grúas desde Cártama o desde lo alto de la Cuesta de la Reina o desde que el Melillero sale por la bocana del puerto… de Melilla.


Son feas. Rompen, desentonan. Me decía, hace unos día,s un amigo desde la barandilla de Gibralfaro: “lo que le faltaba a La Malagueta era esos bichos metálicos”: Por cierto, caía la tarde, unos torerillos de escuela toreaban un toro imaginario en la arena dorada de la plaza. Pero las grúas… ¡vaya por Dios, se lucieron con el invento!

sábado, 7 de marzo de 2015

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Deleitosa y de buen temple

     


“Dijéronme - escribió Santa Teresa - grandes bienes de la tierra, y con razón, que es muy deleitosas y de buen temple”.

Llegó la santa y dio en llevar a cabo fundación por 1575, y les concedió el privilegio de ser primero de cuantos conventos se fundaron en Andalucía.

Porque es camino de entrada, Beas se llamó Vías de Segura. Es municipio poblado - ahora el que más de la Sierra - desde antiguo, y si por demás, entre que tuvo y tiene (que al tiempo y al hombre les sobra capacidad de destrucción) palacio, el de los Sandovales del XV; conventos de franciscanos y clarisas, iglesias y edificios civiles y archivos que se avienen a decir de la feracidad del lugar donde el pan no fue escaso y la naturaleza generosa en facilitar subsistencias..., pues la aclaración para muchas dudas es obvia.

Por el puente Mocho - más de dos mil años viendo pasar bajo sus arcos las aguas del Guadalimar - se fue Santa Teresa, después de la fundación, camino de Sevilla. Por San Marcos, en abril, corren un toro ensogado: símbolo y seña en toda la Sierra. Y, en todo tiempo, un aceite que es gloria bendita. Excelente.  

Desde la campiña los olivares se arraciman y doblan sus ramas cuando la aceituna está en sazón; el río Beas lleva sus aguas al Guadalimar y, si se remonta por la Sierra – la Sierra de Segura, claro – entonces es el placer de la naturaleza: pinos piñonero, negrales y carrascos; encinas; quejigos y coscojas; romeros, genistas… Eclosión, vida, regocijo, exuberancia…

En su suelo hay sellos del paleolítico, y del neolítico, y de los romanos, y de los iberos, y de los muslimes... Y, otras señas, de otros hombres. Ya se sabe: de todo hay en la viña del Señor.


Vuélvete sobre tus pasos. Otra vez caminas con el río que caracolea con la carretera. Árboles de ribera marcan el rumbo a seguir. La tierra de labor se abre a ambos lados...

viernes, 6 de marzo de 2015

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Empacho

                                  
Hablar de política, con la que tenemos encima, produce el mismo efecto que hablar de mantecados el día de Año Nuevo: empacho. ¡Dios, cómo está el patio! Probablemente había más decencia, vergüenza y honradez en aquel en que Monipodio despachaba en el Arenal sevillano del Barroco.

Se las andan algunos Medios de Comunicación en el cobro de facturas ‘pendientes’. No dejan títere con cabeza y mandan – o quieren mandar -  a algunos a eso que los griegos del siglo de Pericles, o sea de los griegos que no tenían nada que ver, pero nada que ver, con estos, al ostracismo. Más empacho.

Hay, también, un rebrotar de actividades cuaresmales. Mejor; cofradieras. Tienen la agenda repleta. No encuentran un huequecillo donde colocar su cartel, su pregón, su exaltación, su ‘besamano’, su presentación del que va a presentar al pregonero  del cuarto de bordado del estandarte del siglo XVIII que han pasado a un terciopelo nuevo… Empacho.

¿Se ha enterado alguien que el Madrid  - el Real de Madrid, vayamos…- pasa una crisis de juego? Es que en este país llamado antes España pasan unas cosas que antes no pasaban. Desde luego con Franco, algunos, vivían mejor. Otros, tenían, entonces y, ahora: empacho.

Dicen que un determinado partido político, emergente, que tiene las virulencia como las alergias en primavera, o sea, que vienen con rapidez y ahogando, se parece mucho al planeta Marte. ¿Y, eso? Sí hombre, me dicen: rojo, muy rojo, muy rojo y sin vida inteligente: empacho.

Al Ebro le sobra agua. Bueno, al Ebro, precisamente; no. Le sobra a los que por vaya a usted a saber qué intereses – no hay que ser muy lince para que se escapen qué intereses eran – se opusieron a regulaciones, trasvases, pantanos, dragados, limpiezas… Empacho.


¿Qué quieres, cuentan que le dijeron al gallego, que te demos y a tu vecino le daremos el doble? Y el tío, muy pancho él, va y dice: que me saquen un ojo. Casi hay que desistir de ver los telediarios, de sintonizar algunas cadenas de TV, de leer algunos periódicos, de alejarse de según qué programas de radio. Hay  empacho; demasiado empacho.

jueves, 5 de marzo de 2015

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Creación

                                               

Y, entonces dijo Dios: “Hágase la luz…, y como la luz no se estaba quieta – porque la luz es muy traviesa – entonces, fue cuando Dios dejó que naciesen todas las flores. Y  les puso a cada una su nombre y las llamó jazmines, rosas, lirios del campo, amapolas, margaritas - amarillas y blancas - y pensamientos…

Y, entonces dijo Dios: que se haga brisa, y la brisa cada mañana y cada tarde se levantaba. Y mecía los trigos y acariciaba los pétalos blancos de los almendros. Venía del mar y refrescaba en los agobios del verano y dejaba que las nubes se paseasen, asomadas – como en la copla – por las bardillas del cielo que a ratos era azul, celeste, turquesa…

Y dijo Dios: hágase la música. Y pensó en los pájaros. Alondras en los trigos; mirlos en los sotos de los ríos y ruiseñores, muchos ruiseñores, tantos que cuando asomaban los primeros rayos de sol, ellos ya tenían preparada sus sinfonías y todo era un compás bajo la batuta que movía la mano de Dios.

Y Dios, que está en todo, pensó en la noche. Y entonces creo el misterio, y esas horas en que se les habla de tú a las estrellas, y en las que dicen que escriben los poetas. Y Dios pensó en la luna y fue y le dio cuatro fases, para todos los gustos: para las sementeras y las mareas, para que arraiguen los bulbos…

Y, entonces dijo Dios: hágase el amor y nació el amor. Y nació lo más excelso, lo más bello, lo más grande… Y Dios, que se piensa mucho las cosas, se dijo: tengo que buscar dónde depositar algo tan sublime y, entonces fue Dios y se esmeró y se supero a sí mismo y…creó a la mujer.


Y Dios vio que le estaban saliendo bien las cosas y se encontraba a gusto con todo lo que iba haciendo y entonces se dijo: tengo que darle un nombre y lo llamó: Planeta Tierra y nos lo dejó como regalo en el escalón un día que teníamos la puerta entreabierta…

miércoles, 4 de marzo de 2015

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Perotes por la Perosia

Bueno el paisaje; mejor, el paisanaje. Lugar: El Pimpi – Pepe, el gerente, nos regaló un libro y un ping, empezaba bien la cosa - una mañana de niebla en la calle; primer miércoles de marzo del año de gracia del Nacimiento de Nuestro Padre Jesús Nazareno de las Torres. ¿Los Padres? El Espíritu Santo y la Virgen María.

En Álora, porque somos así, a la Virgen María la llamamos con un puñado de nombres bonitos: Flores, Cabeza,  Ánimas, Paz, Rosario, Carmen, Fátima, Paloma, Inmaculada, Amparo, Amor, Soledad, Piedad, o Virgen de los Dolores – la que está allí, al fondo de la nave de la Epístola, en la iglesia.  En Álora hay muchos templos, pero iglesia, lo que se dice iglesia, solo una…, pues en esa.

Trece dicen que fueron ‘los de la fama’; Esta mañana, dieciséis. Alonso y Enrique Calderón,  Juan González, Juan Trujillo, “Parrita”, Faustino, Juanito y Pepito Vázquez, Lucas González – o sea, Lucas Rengel el que más sabe de la historia del fútbol de Álora – Salvador y Juan Pérez Mérida, Cristóbal Sepúlveda – “Cristóbal significa el que transporta a Dios” ¿habrá algo más bonito? – Ignacio Ramírez y Agustín Lomeña.

Juan Blanco e Inés, ‘rescatados’ – pero no como Bankia, vayamos a… - cuando pasaban, un momento y, como los años buenos, se fueron pronto…

Niños de ayer; abuelos, de hoy. “Echadas” algunas permanentes… Un montón de recuerdos y más recuerdos. Los que están fuera añoraran el pueblo que fue; los de ‘dentro’,  los tiempos que pasamos juntos: el pincho en la Puerta del Pintor, el ‘paseo’ con un aro del cubo de cinc a la Cancula. Por cierto, que lejos estaba, entonces, la Cancula. Las tardes  con el sol yéndose por el Monte Redondo en el Llano ‘Santana’…

Enrique recuerda cuando el “Veracruz”  rifaba un Crucifico  - siempre el mismo porque como no tocaba… - y Parrita, en el “Sotomayor”,  “un Niño Jesús, con los dedos rotos”. Nos lo rebajaban de precio – dice – las hermanas Pérez. Un montón de niños con muchas papeletas; clientes potenciales, pocos.


La guinda  – rifas aparte – la pone, uno: “son muy buenas gentes, pero yo no me llevo bien con mis yernos”. Se impone discreción. Agustín propone que, además, de tomar café hay que hacer algo por el pueblo. Y ante eso…

martes, 3 de marzo de 2015

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Hospitalidad

El campo estaba luminoso; el cielo, azul. Ni una nube, ni una ráfaga de viento. Crecen los jaramagos a orillas de la carretera y ponen un tintineo de flores amarillas entre el verdor de los trigos. No han florecido aún esas llamaradas encendidas que se bajan de los crepúsculos a la tierra, o sea, las amapolas…

Olivos primorosos, tiernos, alineados, labrados, como salpicados en la tierra y en medio un cortijo blanco y señas de ganadería – los silos cantan desde lejos – y ocas que reciben como aquellas de Capitolio que decían que venían extraños, o sea, con un  cacareo escandaloso.

Acudimos a la voz de llamada del amigo. Mi amigo echa kilómetros fuera por una carretera entre campiñas ubérrimas. ¡Dios mío como pide agua el campo en este apunte de primavera! Acude al punto marcado. El amigo llega como es norma de la casa con la generosidad proverbial que siempre lleva consigo.

El Saucejo, en la media distancia, está recostado al sol de la media mañana. Casas blancas; trigos vigorosos; olivos plateados en espera de la próxima cosecha. En las dos entradas, el pueblo,  ha colocado sus señas de identidad: un cesta con aceitunas moradas y una prensa.

Nos recibe Juan Pérez. Juan es el gerente de la empresa. Juan es un hombre que ya no es joven.  Es la sencillez hecha persona. Cortés, atento, cordial. Se desvive, nos enseña…; es la hospitalidad abierta.

Lleva consigo un puñado de años necesarios para decir, que a su edad, acumula experiencia, sabiduría de vida y la mano izquierda tan necesaria, tan oportuna, tan precisa. Es un cúmulo de ilusión. La trasmite; la muestra.

Juan gestiona una empresa con muchas facetas. Como las flores del campo, todas distintas y todas en el miso paño. Su empresa, por segundo año consecutivo, ha conseguido el premio al mejor aceite ecológico de las Sierras de Sevilla, o sea, le han dado reconocimiento. O sea se hacen muchas cosas bien hechas – y no es redundancia - en nuestra tierra.


Nos convocó. Antonio – o sea, el Maetro Barbeito – Juan y Miguel Ángel y José y Cristóbal y Rafael y…Supimos y gozamos de ese algo tan proverbial, tan característico, tan de aquí y a lo que se le llama hospitalidad.

lunes, 2 de marzo de 2015

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. LUZ

                                                        

El campo se vistió de Luz. Como solo él lo hace; como solo él sabe hacerlo cuando se asoma la primavera por los cerros y viene bajando – la Luz - por los trigos que ya mismito encañan, y por los ciruelos en flor, cobijo de enjambres que acuden, liban y siguen camino.

El campo se vistió de sinfonía: jilguerillos, verderones, mirlos, gorriones, carboneros… Todos se dieron cita al amanecer. Entre todos llevaba la voz cantante un chamarín revoltoso y enardecido que en el naranjo de la esquina marcaba territorio, acotaba espacio, echaba las lindes del campo.

“Por aquí no pasa nadie / ni tu padre, ni madre…” parecía que cantaba en su afán de convencer a la compañera. Había, también, un mensaje subliminal a los otros pájaros. Aquello era suyo y “sanseacabó, no tiene octava”.

Ha subido, muy temprano el pastor con las ovejas. Iba como para el sotomonte de Sierra de Aguas. Careaban por debajo de los almendros. Como los almendros florecieron  hace unos días, ahora, con la flor cambiada en fruto han decidido que van a vestir de verdes sus tallos. Tallos tiernos, nuevos…

Se ha encendido la trama en los olivos; apuntan las yemas, reventonas, prietas, diminutas. Serán aceitunas en junio –  “una en San Juan, ciento en Navidad” - y luego, ‘suelos’ de agosto y verdeo cuando  Septiembre huela a nardos y a Virgen de Flores… Y,¿luego? Luego molino, ungüento de Dios. A eso le llamamos aceite.

Estaba el campo despierto. Era temprano. Por la sierras de enfrente, El Torcal parecía que ya también estaba levando. Madrugan mucho estas tierras. Había repartido suerte: la bruma a recogerse que ya era hora; los cirros a darse una vuelta por los cielos. Las sierras de Granada eran un desperezo entre neblinas lejanas. Daban la bienvenida a la Luz.


Llegó la Luz. El canto de un pájaro macho saludó a la Luz en la linde del trigo. Tito Livio – o sea, mi gato – se lavaba la cara al sol. Tito Livio, desde muy temprano, anda dándoles sustos a las palomas en el caballete del corral. Y, hay días como que parece que no pasa nada…

domingo, 1 de marzo de 2015

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Despeinada

Andaba yo  por facebook a esa hora de la tarde que dice que se acerca el momento de colgar el artículo y tú no has escrito ni una línea. Andaba yo por facebook como algo desamparado de  las musas que se fueron a tomar café y como se encontraron a gusto, no habían vuelto. Andaba yo por…

Y veo una playa. Arenas suaves. Y, un mar azul casi sin olas. Y, un cielo de nubes altas que más que nubes son cirros que deben estar tan perdidos como yo. Vamos, que ven que pasa el tiempo y que no saben dónde les va a pillar la noche.

La arena tiene rizos. Los dejaron las olas de la pleamar cuando subió, hace un rato, y se acercaron al rebalaje. En primera línea el color del agua de celeste claro; casi transparente. El agua está quieta; las olas rompen más lejos…

En primer plano hay una foto con  una chica. Lo llena todo. Es la protagonista de la foto, de la playa, de la tarde. Es una chica joven. Posa y no le hace caso – o puede – al viento que juega con sus cabellos.

Viste informal. Unas botas  marrones, altas, protegen los gemelos; llegan casi hasta las rodillas. Son las botas adecuadas para andar por las arenas. Pantalón azulado; suéter marrón combinado con algo blanco. Una bufanda de color crudo,  le arropa el cuello.  

 El viento arrastra los cabellos negros – porque la chica es morena – hacia su cara. Los cabellos son largos y finos;  le tapan los ojos; difuminan los rasgos de la cara. Se intuyen pero no se ven los ojos, la nariz, el perfil de sus labios.


La chica tiene los brazos extendidos: dejados de caer. Los dedos de su mano izquierda están abiertos. Don Gregorio Marañón decía que todos los personajes de los cuadros de El Greco que mostraban la mano abierta era gente generosa y con especial sensibilidad. Si lo decía él…La chica estaba despeinada. ¡A ver, qué remedio!