jueves, 30 de enero de 2020

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

Para ti...



(Foto de archivo)

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La segunda, en la frente






Ayer, Almería y Don Benito; hoy Jaén, parte de Granada y comunidades de Castilla… El campo dice que no aguanta más. Se levanta bravo, y no quiere ser esclavo ni con olivares ni con otros productos… Acaba de dar la segunda, hoy en la frente.

¡Qué desafortunadas han sido las declaraciones de un líder sindical a nivel nacional! Que no hombre, que no te enteras, que la derechona carca y terrateniente no se tira a las carreteras a que le peguen un palo y a pasar frío. Esa, está como tú, resguardadita en el despacho. Perdona, si es que ha sido así y el equivocado soy yo. ¿ O es que te has mirado al espejo?

Hoy han cortado autovías. Me pregunto si hay que llevar la situación a esos extremos. Parece que no se han enterado. (Es un eufemismo, claro) los que tienen que enterarse. Esos lo saben perfectamente pero han tensado tanto la cuerda que, miren por donde, acaba de romperse.

El señor Ministro de Agricultura a quien todos reconocen su valía se ha dejado caer esta mañana en Níjar prometiendo dinero – todo lo arregla el dinero – incluso a los que no tenían seguro y el granizo le ha destrozado el invernadero. De verdad, señor Ministro ¿usted cree que ese es el problema y la solución?

Yo tenía entendido – se ve que yo no entiendo de nada – que en las Democracias los partidos de la oposición que aspiran a gobernar tienen algo así como eso que llaman una cosa Gobiernos en la sombra donde los pesos pesados ofrecen posibles soluciones.

¿Ustedes, por un casual, han oído a algún peso de esos, en los partidos que no tienen gachero, ofrecer lo que ellos piensan que podría ser la solución? Yo no he oído a ninguno. Será porque me he cansado de ver tanta telenovela en los telediarios y ya no les hago caso…

Ah, y otra cosa. Que la Policía, hombre de Dios, no es mala para que usted, señor Ministro del Interior la ponga a hacer esos menesteres…¿Por qué no fue tan valiente en Barcelona? ¡Ay sillón de mis entretelas! La salida no es cortar carreteras, fastidiar a quien no tiene culpa, y apalear la gente. Diálogo y soluciones…







miércoles, 29 de enero de 2020

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

Para ti...



(Foto de archivo)

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El campo revienta



                       


Lo preguntó Miguel Hernández cuando hablaba de los olivos de Jaén. No le respondieron. Bueno, años después, en la Transición, Paco Ibáñez preguntaba, cantando los versos del poeta, casi por lo mismo, o sea, ¿de quién eran los olivos’ y el público,  al unísono, con sorna, decía que eran de un ministro muy dicharachero del franquismo…

Ahora el canto es otro. Es el canto de la rabia y la impotencia. El campo esta mañana en Almería se ha levantado. El campo ha reventado porque ya no puede más con los abusos. Viene de todos los puntos cardinales. De los que mandan, de los que quieren mandar, de los que negocian con sus sudores…

Hace unos meses un amigo me preguntaba qué solución le veía al campo. Le contesté como lo sentía. Ninguna. Desde los Ministerios de Agricultura (o Consejerías  autonómicas) de ahora, de ayer, de anteayer, desde la Comunidad Europea…O no han tomado las medidas oportunas o al campo las que han llegado ha sido otras.

Los usuarios no pueden pagar algunos productos. Esta mañana un agricultor ante las cámaras de televisión decía que los tomates llegan al consumidor un trescientos por cien superior a lo que a él le habían pagado en el invernadero. ¿Cómo le ponemos al niño?

Las naranjas de variedades tempranas, en algunas zonas, se han pagado a 0’10 y a 0’12 céntimos de euro. La mandarina entre 0’30 y 0’40…. Los olivareros no pueden tirar. Algo parecido ocurre con los cereales. Se escapan un poco los tropicales y los cultivos de primor.

En la ganadería no van mucho más allá. Los ganaderos ahora tienen un obstáculo añadido. Les prohíben el pastoreo extensivo en según qué zonas y les reducen las superficies. Solo hay que pasar por algunas secciones de las grandes superficies y salta el asombro ante los precios del pollo, el cerdo o el cordero.

Decían esta mañana que piensan ir a las puertas del Ministerio en Madrid. Soy muy escéptico en los logros finales. Siempre habrá un espabilado que saldrá con la gracieta: “los ricos también lloran”. Yo lo he escuchado más de una vez. Lo que ocurre es que a ningún chistosillo de esos lo he visto con los pies chorreando con el rocío del invierno ni empapado de sudor en el infierno del verano…



martes, 28 de enero de 2020

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

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Foto de archivo)

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Laura


                                                                                    


                                               

El chaval andaba aburrido en la catequesis. Por los ventanales del templo entraba la luz de la mañana. Era una mañana de sol y cielos limpios. En un momento, el catequista le pregunta:

-         A ver ¿qué en un santo?

El chaval no se cortó. Seguía mirando la ventana y, sin pensarlo, respondió:
-         El que deja pasar la luz.

Laura Aguirre llegó a Alora a finales de los años cuarenta. Al comienzo de la década siguiente ya estaba en el tajo.  Se entregó a los que no tenían nada. En este caso niñas huérfanas, pobres y abandonadas. España, - media España de luto y la otra mitad intentando salir cómo buenamente podía -  se debatía contra sí misma y contra las adversidades.

Ella no se lo pensó dos veces, trabajo sin hora ni día ni noche. Puso toda su confianza en la Providencia de Dios. No renunció, tampoco, a la esperanza en la generosidad de la gente, sabedora que los que no tienen nada o tienen muy poco son más solidarios que otros que tienen mucho. Cosas que pasan.

Aquellos años fueron de una dureza extrema. Vivían de la caridad (comida, ropa, vivienda…) y unas paupérrimas ayudas sociales. Deambularon por diferentes puntos del pueblo. Terminaron en el convento de Flores, - en lo que quedaba del convento, claro – luego, vuelta al pueblo. Al final – ya los tiempos habían cambiado – tuvieron una residencia y otras ayudas.

El pueblo valoró aquel esfuerzo ímprobo y titánico. El pueblo lo reconoció dándole ya en vida ese apelativo con que se conoce a la gente excepcional. La Señorita Laura, era aseveración coloquial, es una Santa. Así sin mandarlo a decir con nadie era la manera de ubicarla…

Ahora, la jerarquía oficial quiere iniciar el proceso para llevarla a los altares. Dicen que tiene varios escalones. Sierva de Dios, Beata, Santa… Da igual. Llegan tarde. El pueblo llano lo dijo hace mucho tiempo. La puso en su sitio y la reconoció. Hay quien afirma que el pueblo nunca se equivoca. A lo mejor, en este caso, lleva razón y Laura, -Laura Aguirre Hilla, que renunció a todo para darlo a los demás -era alguien que dejaba pasar la Luz.



lunes, 27 de enero de 2020

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Glicinias






Viene de Australia pero que también se las anda por tierras del Japón, el sudeste de Asia y algunos lugares de China – no donde el virus ese que tiene asustado a medio mundo y parte del otro, no – sino de las tierras cercanas al mar.

Por aquí, la más llamativa de las que conozco, cubre el cenador ‘Cánovas del Castillo’ en el Jardín Botánico de la Concepción, que está conforme se sale de la ciudad por la carretera de Las Pedrizas, a la Izquierda. Ese, muy cerca del río Guadalmedina (ahora remansado en la Presa del Limonero) y que antes con la construcción  del Pantano del Agujero terminó cona las inundaciones de Málaga.

El Jardín fue una creación de Amalia Heredia Livermore y Jorge Loring. La familia Heredia vino a Málaga desde la tierra de Cameros, en la Rioja, se asentaron, hicieron fortuna y los capitanes de barcos conocedores de su afición a las flores, traían, según cuentan, para agasajar a la señora plantas exóticas de medio mundo. Pero eso para otro día.

La glicinia no es una planta muy exigente. Dicen los que saben que es un arbusto longevo, trepador, leñoso, que suele estrangular con su fuerza los tutores que le ayudan a trepar por lo que aconsejan dejar un solo tronco para su crecimiento.

Sus flores son azules, - ¡Ay, la Mujer de azul! – violetas, rosáceas y blancas. De todas, la más conocida es la Wisteria sinensis en honor del anatomisma Caspar Wistar. Esta glicinia de flores a modo de tirabuzones  azules se conoce con el nombre de Glicinia de China y es la más admirada, por su difusión, en los jardines europeos.

Al ser un arbusto caducifolio, la glicinia muestra su desnudez en los meses crudos del invierno. Le perjudican los excesos de abonados y, a veces, hay que recurrir a correctores de carencias, sobre todo la de hierro, que la hace florecer de manera más deficiente.

Cubre paredes, pérgolas, enrejados. Son ideales para dar sensación de intimidad y sirven para crear ambientes evocadores de otras tierras lejanas con todo lo que conlleva de ensueño y mundos exóticos.

Hoy, por ser la primera vez que cumplo setenta y  tres años en mi vida, me he permitido el lujo de regalarme un ejemplar. Ojalá mis nietos y descendientes lo gocen tan bello como el de la foto que ilustra este artículo.



domingo, 26 de enero de 2020

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Ten pa tó





                                     
El Ter, el Tordera – del Muga ni del Fluviá han dicho nada – el Besós…, la han liado. El Llobregat también ha hecho lo que ha podido. Han vertido tanta agua al mar que nos habrían eliminado la sequía para nos pocos años de haberla podido almacenar, pero de eso, no quieren algunos, y claro, no se hace.

El temporal, ese que han llamado Gloria, ha sido generoso, muy generoso con Cataluña. Al Delta, ahora por no sé que extraña razón han vuelto a llamarlo Delta del Ebro y no Delta de l’Elbre, le ha arrebatado un montón de tierra. Hablan de cifras escalofriantes.

Benicasim, Peñíscola y parte de la costa de norte de Castellón no se ha quedado remendando de pobre. Adiós a los paseos marítimos, merenderos, restaurantes y establecimientos que le hablaban de tú al rebalaje de la playa.

Alicante está con sobrecarga. Primero, un incendio los dejó sin aeropuerto y los tuvo unos días aislados de las comunicaciones con otros aeropuertos, luego vino un temporal de viento que lo arrasó todo. Lo terminó de ‘arreglar’ la lluvia…

Un poco más abajo, o sea, entre el Mar Menor, San Javier y Los Alcázares llovió sobre mojado. Alguien dijo que eso antes no pasaba en Los Alcázares. Se olvidó de decir que lo que existía antes era San Javier y una pedanía que, luego, se separó, creó municipio propio. Un ayuntamiento muy generoso concedió licencias con tanta alegría que se olvidó de los estudios hidrológicos y esas menudencia que llaman arroyos y cauces secos y salidas naturales de las aguas…

En Almería el granizo la emprendió con los invernaderos. Horas de sol y sudores bajo el plástico. Todo en un momento destruido. Vuelta a la lucha, vuelta a empezar (de en el campo se sabe un rato). Todo otra vez entre las promesas que no se van a cumplir y la voluntad indómita del hombre.

A Málaga la despertó el granizo del alba. Luego, le tocó a Campanillas, después a la Costa del Sol y la de Granada. En el paquete Mallorca e Ibiza, también. De las muertes, ¡Dios que horror!... Como decía el camarero de mi pueblo cuando le pidieron diferentes bebidas en la feria y se volvió al mostrador y con voz autoritaria dijo: “Pepe, ten, pa tós”





viernes, 24 de enero de 2020

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Antonio



                                               

Nunca he leído nada de él, salvo las reseñas, breves por cierto, que han puesto a raíz de su muerte en los diarios . Dicen de él que nació en Nerva, que había trabajado en la mina, y que era escritor. Es decir que había escrito varios libros.

El hecho de nacer en Nerva, a mí me produce una simpatía especial. ¿Será por el ‘solo’ de trompeta del maestro Rojas en el pasodoble? ¿será porque conozco a Trini que es una mujer excelente? ¿o será por las dos cosas juntas?

Tengo algo claro, ni siendo minero, ni siendo escritor se ha hecho rico. O sea que a este hombre le habrán podido sobrar muchas cosas en su vida: dolor, sacrificio, entrega, incomprensión pero de lo que estoy seguro es que no le ha sobrado el dinero y si no le ha sobrado, de eso seguro, que también era buena persona.

Es dura la vida. La reseña del periódico dice que a Antonio Perejil lo ha matado su hijo en su casa en la calle Niña de la Alfalfa. En los reportajes con que nos ‘obsequian’ - ¡qué difícil es separar la información de la opinión en el periodista -  un vecino decía, que el hijo era un buen chaval, que fue universitario, pero que un mal día la droga se cruzó en su camino. Todo al garete.

Al parecer la sociedad, o lo que es lo mismo, entre todos nosotros no encontramos una solución a ese problema. La cárcel aísla y aparta por un tiempo al presunto delincuente. Al enfermo casi con toda probabilidad no lo cura,  y me pregunto y, ¿al hombre, qué pasa con el hombre?

En medio de todo esto – mañana ya casi nadie recordará el suceso – queda un padre en el cementerio, una madre (si es que la tiene, que no lo sé) aniquilada, una familia hecha añicos y un grupo de amigos con un nudo en la garganta y un hueco imposible de rellenar.

Esta sociedad nuestra donde sobran muchas cosas, demasiadas, tiene perdidos los papeles, los cuatro puntos cardinales y el sentido de la orientación para dar con ellos. Yo no tengo la solución ¿ustedes la tienen?



jueves, 23 de enero de 2020

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Propio de invierno








El maestro Mingote publicó hace quince años, en su periódico, ABC, una viñeta deliciosa.  Venía a resumir eso que lamentamos casi todos los años por las mismas fechas: la sorpresa que haga frío cuando tiene que hacerlo; calor cuando toca y viento cuando el tiempo está de venteo.

Pasamos unos días pendiente del hombre del tiempo. Ahora como hay otros medios también, de ellos. Que si la Aemet.es , que si el Tiempo.com que si tengo un amigo que se conecta con la NASA y sabe hasta en qué hora van a entrar las borrascas por el Estrecho o si van a pasar de largo.

La culpa de todo no la ha tenido como en la copla el vaivén del tren. No. Viene por otro camino. Dicen los que saben que todo se origina por unas corrientes de aire muy frío  que viene de una borrasca formada entre el Golfo de León y el de Rosas. Más o menos.  Entró por el noroeste,  o sea por esa punta del mapa por donde los españoles pasábamos a Perpignan a ver aquellas películas que aquí la censura no dejaba que se proyectasen,  por Cataluña. Atravesó la Península y como un anticiclón le tapona el centro de Europa se vino al Golfo de Cádiz…

El aire sopla con mucha fuerza. El frío de las capas altas congela las gotas de lluvia cuando se precipitan  (si las congela en la nube, nieve) si lo hace por camino, granizo, si ni lo uno ni lo otro, lluvia. Caen, lo ponen todo blanco y el destrozo, descomunal. 

Más de tres mil hectáreas inundadas en el Delta del Ebro, trescientas de invernaderos en Almería destruidas, zonas de hortalizas aniquiladas en Murcia y Alicante, aeropuertos cerrados, carreteras intransitables… Daños difícilmente cuantificables.

Se aíslan los pueblos, las montañas preciosas.  Así se han visto muchas zonas de Teruel – que sí, que existe, a pesar de los políticos – y en Castellón y en La Mancha y Granada, y en Almería o esta mañana en Málaga…

Ríos desbordados. Olas dantescas, - impresiona lo de Mallorca -  paseos marítimos destrozados, zonas habitadas inundadas… Y lo que no tiene arreglo, un pesquero desaparecido y  un puñado de muertos. Entre ellos, al parecer, dos indigentes. ¡Eso es ya bastante más duro!






                                  






                                      

miércoles, 22 de enero de 2020

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La Persiana. (Relato corto) y VIII


                                           

                                               y      VIII

Cuando vio la pistola tan cerca sintió un sudor frío. Le brotaba por toda la frente. Nunca pensó que las cosas iban a tomar ese camino. Sentía la boca seca, le raspaba la lengua. Tenía, al pasar la lengua sobre los labios un sabor a sal recia, un sabor a algo que nunca hasta entonces había sentido tan cercano, tan próximo y que formase parte de sí mismo…
Estaba agitado. Sentía como la angustia le apretaba la garganta. Entre el poder y el tener se rompía una tela tenue, sutil, casi tan fina como una gasa de hospital…. Algo superior lo frenaba. De pronto un ruido metálico, fuerte y seco que suena como un tiro le hizo dar un repullo. Se incorporó. Estaba bañado en sudor. El salto hizo que su mujer se despertase. ¿Has oído un tiro? ¿Qué tiró, preguntó ella? El que acaba de sonar, respondió. Eso, dijo ella, es que a Fátima, la chica de la perfumería, cuando se le escapa la persiana metálica le llega hasta el suelo y forma un estruendo enorme. Ya le ha dado más de un susto a algún vecino…
He tenido una pesadilla, mascullaba... ¡Ufff! ¡Qué pesadilla! ¡Una pesadilla enorme!… Se palpaba. ¿Todo había sido un sueño?¿Nada era cómo él creía que era? Te lo tengo dicho,  le reprimió ella, a tu edad hay que cenar menos. Últimamente no me haces caso. Te estás pasando…



martes, 21 de enero de 2020

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

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(Foto de archivo. Variedad Mística. Rosas Dot. La Palma de Cervelló, Barcelona)



Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La Persiana (Relato corto) VII


                                                 
           
                                                                       VII

La estación de Atocha era un hervidero. Se unían dos cosas: la fecha y las últimas salidas de trenes  para media España. El tablero electrónico subía y bajaba con velocidad de vértigo.  Por megafonía anuncian la salida del AVE con destino Barcelona- Sants y parada en Camp de Tarragona, viajeros diríjanse a la puerta de embarque número 9; viajeros, con destino a Valladolid-Campo Grande, puerta 7; viajeros destino Málaga-María Zambrano, puerta 5, tiene parada en Puertollano, Córdoba, Herrera-Puente Genil y Antequera- Santa Ana; Viajeros destino Sevilla Santa-Justa, puerta 3…
El tren se echó a andar suavemente. Casi de manera imperceptible. Las luces, al principio, pasaban lentas, luego, rápidas y veloces. Eran ráfagas. Se perdían en la noche. Cuando el tren salió a campo abierto todo era oscuridad al otro lado de la ventanilla. Él sentía la oscuridad por dentro. Era todo demasiado negro. No vislumbraba ninguna salida… Iría a la empresa en cuanto amaneciera, por si por un casual por otra vía, hubiese llegado algo….
Fue lo primero que hizo. No solo no había llegado nada, sino que entre el personal  todo era desánimo. Dejó pasar el fin de año. En la mañana del día dos enero fue el primero en llegar y contempló lo duro que es el vacío de los cajones que deben guardar documentos y no telarañas…




lunes, 20 de enero de 2020

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La Persiana V (Relato corto)


                                                      

                                                                    VI
                                                                                                      (… Viene de V)

Madrugó. Desayunó ligero. Café con leche y una tostada que no terminó. Tenía ganas de llegar al Ministerio. Si hubiese podido empujar  al reloj, lo habría hecho. Le parecía que andaba muy despacio, tan despacio que a pesar de haberlo mirado varias veces, no había avanzado casi nada, solo unos minutos.
Llegó a la puerta del edificio. Soberbio, imponente. La Guardia Civil prestaba servicio. Cruzó el umbral, luego, el control de seguridad. Le dieron un tarjetón de plástico – como otras veces – que se colgó del cuello. Avanzó por los pasillos amplios. Los conocía muy bien. Techos altos, ventanales enormes, la calefacción, como siempre, muy alta, daba sensación de calor. Se pasó el dedo índice por el cuello de la camisa para aliviar un poco la opresión de la corbata que le asfixiaba….
Llegó ante la puerta. Dijo a lo que iba y lo pasaron a una mesa…
-         Verá, le informó el funcionario con mucha amabilidad, el Director General no se encuentra en Casa…
-         Pero yo tenía concertada una cita con él…
-         Sí, pero ya le digo…
Entonces, él se armó de valor interior y le contó que la tarde anterior se habían visto, por casualidad, en una librería de la calle López de Hoyos y que, el Director General, al que conocía desde hacía muchos años, le había confirmado la visita…
-          Ya, ya le digo, no está y no va a volver.

Preguntó si había dejado una nota, un mensaje… algo. Le contestó que no. Toda la altura de la techumbre del Ministerio, de pronto, se posó sobre su cabeza… Entonces le dijo que si podría pasarle con alguien… porque el asunto era de suma importancia. Llamó por un teléfono interior. Explicó la situación a quién lo atendió al  otro lado de la línea. Accedió a recibirlo. Se acercó al nuevo despacho y se encontró con…
-         ¡Hombre!, ¡cuánto tiempo!, ¿qué tal?, ¡usted, por aquí! y toda una ensartas de cumplidos…
Estaba anonadado. Le contó muy por encima el problema. Le informó que el Director General no solo no vendría hoy, sino que no lo haría hasta pasado Año Nuevo. Estaba fuera de Madrid. No había dejado nada para él ni sabía cómo podría resolverlo.
-          ¡Ya sabe, estos días se paraliza todo…!
Se levanto despacio. Tragó saliva y se despidió cortésmente de aquel hombre, funcionario anónimo, del Ministerio a quien conocía de visitas anteriores…

                                                                                                     (Continuará…)

domingo, 19 de enero de 2020

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

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(Rosa de archivo)

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La persiana (Relato corto)


                                             
                                                         
     
                                                                       V

                                                                                     (… Viene de IV)

Un mendigo pedía en la esquina de la Cuesta de Moyano. La mirada perdida, ropas raídas, desdentado. ¿Su pasado? Desconocido. Pasó un furgón policial,  sirenas luminosas. Luego otro y otro… Frente al Ministerio de Agricultura sintió escalofríos. Estaban frescas las experiencias de la mañana. Las imágenes acudían en tropel. Se empujaban entre sí dándose o quitándose la razón.
El azar propició el encuentro con el Director General la tarde anterior. Tenían concertada una cita para la mañana siguiente. Le dijo que todo estaba resuelto. “Mañana nos vemos en el Ministerio”. Se conocían desde hacía años. Un día llegó por el pueblo cuando era aún profesor en la Universidad. Buscaba información para un proyecto de investigación  sobre la demografía en el campo en el antiguo Reino de Granada.  Le ayudó dentro de sus posibilidades. Le propició, incluso, dos visitas turísticas a Nerja y a El Torcal de Antequera.
Se habían visto, posteriormente al primer encuentro, en otras ocasiones en casa de amigos comunes. El paso del tiempo lo había llevado a un puesto en el Gobierno. Ahora el motivo de la visita eran unas ayudas de la PAC (Política Agraria Común) a las que tenía derecho. Eran vitales para las inversiones y el funcionamiento de su empresa.
Todo fue difícil, zancadillas, pegas, aportación de nuevos documentos, desencuentros. Así desde antes del verano. Una sinrazón sin visos de salida.
Próxima  la Navidad, desde primeros de diciembre, todo acuciaba. Pagos a proveedores, al personal, vencimientos, obligaciones, liquidaciones... Sabía por experiencia que los bancos quitan los paraguas los días de lluvia…
El encuentro casual con el Director General y la confirmación de verse al día siguiente y ‘que todo estaba resuelto’, hizo que, después de despedirse, llamase  exultante a la Empresa. Por fin se veía algo de luz…

                                                                                               (Continuará…)

viernes, 17 de enero de 2020

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

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(Foto de archivo)

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La persiana IV. (Relato corto)

                                    

                                                                IV

                                                                                        (…Viene de III )

Siguió andando. Pensó, si es que las estatuas sienten, el frío que debía pasar don Ramón María del Valle-Inclán en su monumento de bronce bajo aquel olivo que estaba fuera de sitio, como también estaba fuera de sitio el ramo de geranios que la gitana ofrece a don Juan Valera un poco más arriba, en mármol, antes de llegar a Colon. ¡Bah, tonterías! se dijo para sí mismo y continuó con paso seguro. Le faltaba aún tiempo para coger el tren y el viento fresco que le daba en la cara le sentaba bien. Lo agradecía. Sintió un cierto alivio. Algo que venía de fuera, por no sabía qué extraña razón, en aquel momento, estaba con él.  Sabía cuál era la realidad que se encontraría muy pronto…
Madrid tenía un ruido sordo bajo unas luces que anunciaban Navidad  y que no le decían nada. Al menos a él, que había ido a resolver, y no ha había resuelto, - “todo lo que somos es polvo en el viento”, masculló - y todo aquello le resbalada como resbala un taco de jabón olvidado en un cuarto de baño de hotel…
Cruzó frente la luz tenue que iluminada el monumento al soldado desconocido. Tenía una cosa en común con ese ser anónimo: los dos eran dos desconocidos. El Museo Thyseen estaba cerrado y el Caixa Forum, también… A esa hora la ciudad tomaba otro aspecto y los edificios iluminados, con luz indirecta, daban una imagen irreal y de fantasmas. En la Plaza de Cánovas no funcionaban las fuentes. Con ese frío no habría mucha gente con ganas de contemplar los surtidores, ni esa de Neptuno, nombre con el que se la conocía por el pueblo llano, ni otras que adornaban las calles de la capital. La gente, la masa de turistas que acude cada día al Museo del Prado, había desaparecido. Estaría en algún hotel, o andaría acicalándose para asistir a alguna cena o a algún espectáculo. Seguían allí, asomados al balcón las figuras de época que una casa comercial había colocado en la barandilla del balcón de su comercio para captar la atención de la población flotante. Pasó por delante del Jardín Botánico… Ahora en los meses crudos del invierno no tenía la vigorosidad ni la frondosidad  esplendorosa de los meses de primavera y verano cuando la naturaleza se vuelve exuberancia.
                                                                                     (Continuará...)






jueves, 16 de enero de 2020

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

Para ti...




(Foto de archivo. Variedad: Eddy Mitchell Obt. Meilland. Francia)


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La persiana (Relato corto)


                        


                              LA PERSIANA  (Relato corto, viene de II)

                                               III

De pronto él recordó una cita que había leído con anterioridad. “Una desconocida Emily Dickinson lo dijo hace más de un siglo con sesgo memorable: !Yo soy nadie! ¿Quién eres tú? / Eres nadie también / Ya somos dos entonces”.
Se cruzaron. Él se echó a un lado para no molestar en la estrechez de la acera. En la puerta de Toni 2, un clásico piano bar, dos hombres fumaban desafiando al frío que se incrementaba conforme la tarde avanzaba. Hablaban amigablemente entre ellos. Siguió hacia adelante y enfiló hacia el Paseo de Recoletos…
Estuvo tentado de acercarse al Café Gijón, pero desechó la idea. A esa hora la cafetería emblemática de otro tiempo estaría llena de gente. Detrás de las puertas enmarcadas en maderas valiosas y de cristales serigrafiados,  en los veladores de mármol, se habían celebrado muchas tertulias. La gente, sobre todo escritores que aspiraban a entrar en el mundo literario, había dejado huellas de su hacer y de sus sueños. Otros se habían quedado en el camino. Las cunetas de la vida están llenas de sueños que arrastró el viento y los dejó enganchados en las magarzas y en los lirios secos.
Se sentía un tanto abandonado a una suerte. No sabía por qué calle se había escapado pero estaba seguro que no iba a salir a su encuentro. O a lo mejor…¿Sería su suerte hacer realidad todo aquello que le rondaba por la cabeza?
Los coches pasaban raudos por el paseo. Enfrente, la estación del tren de cercanías que cruzaba Madrid por el subsuelo, autobuses urbanos, taxis con un piloto verde encendidos en su techo. Era la vorágine de la gran ciudad cuando el día tocaba ya casi con las yemas las últimas horas… 
Anduvo por la parte central del paseo. Sabía que, enfrente, un poco más abajo, hacia Cibeles, un antiguo palacio de la aristocracia del siglo XIX era la sede de un banco poderoso, en el otro sentido, esquina Villanueva, el edificio soberbio de la Biblioteca Nacional…
                                                                                    (Continuará…)

miércoles, 15 de enero de 2020

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

Para ti....



Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La persiana.


               



                        LA PERSIANA ( Relato corto. Viene de la Persiana I)

                                                       II

El hombre pasó junto al Palacio de Salesas, lo dejó a un lado.  Era un palacio soberbio. Magnífico. Era el esplendor de un pasado. En el frontispicio unas letras mayúsculas informaban: Tribunal Supremo. Continuó por la calle Fernando VI, luego por Doña Bárbara de Braganza, y por la calle del Conde de Xiquena salió la calle del Almirante. Llegó hasta el paseo… Los coches pasaban raudos.
Los árboles ya estaban sin hojas. El otoño avanzado y el invierno que  llamaba a la puerta los había dejado con los esqueletos de las ramas desnudas. Los árboles competían, sin conseguirlo, en altura con las fachadas  que siempre les ganaban. Los árboles querían alcanzar el cielo o al menos eso parecía desde los ojos de quien los miraba, a pie de calle, con los alcorques vacíos y cubiertos por una capa de una materia gris y compacta.
En la acera se cruzó con una chica. La chica era morena. Un abrigo largo hasta media pierna un poco por debajo de la rodilla, de color beige,  la protegía del frío en aquella umbría en la que nunca entraba el sol en los meses de invierno. Un cinturón lo ajustaba a la cintura. El frío penetraba hasta los huesos.  La chica se cubría la cabeza con una gorra que tenía una pequeña visera. El pelo negro, largo, lacio se le quedaba parado en la solapa el abrigo. Le hacia un reborde, que al alzar el cuello le daba una cierta gracia.
La chica llevaba una mano metida en el bolsillo izquierdo del abrigo. En la otra, - un guante de cuero, suave, liso la protegía  - llevaba un maletín de piel. Caminaba con paso firme,  seguro. Iba a alguna parte...
                                                                                     (Continuará…)