martes, 31 de julio de 2018

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El uniforme de los Ángeles


Maravillosa imagen. ¿Por qué no se las mandan – ésta, y otras que salen estos días, muy poco, muy poco, pero salen - a los apologetas  de terroristas? No cabe más humanidad ni más ternura.  Los ángeles puede que lleven alas. Los ángeles puede que tengan plumas… Algunos como éste llevan el uniforme de la Guardia Civil…




Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La importancia de la 'J'



La tecnología moderna sorprende. Me ha llegado un mensaje – es probable que a ustedes también -. Habla de la importancia de la letra ‘J’. Esa que, al no ser vocal, sino consonante, necesita de otras, a modo de bastoncillo, para poder salir del escondrijo de  su casa del diccionario.

Dice de un niño, de nombre Jesús – su abuelo, Joaquín –, nacido en Judea, criado por un tal José (ese sí que lo tuvo jodido, perdón por la expresión, al principio, después probablemente también, pero del que nunca jamás, con ‘j’,  se supo) bautizado por Juan, en un río de nombre Jordán…

Hubo otro Juan, joven, jovial … Llegó juvenil. Se ganó al conjunto.  Se hizo cargo de María, la Mujer, con ‘j’,  con más enjundia en la Historia, y junto a Ella, pasó los momentos  más jorobados de aquellos días.  Cuando envejeció se fue lejos, muy lejos, a una isla y…

El niño se hizo joven (con j) y se entretuvo en perderse en el templo. Se lo encontraron que  entretejiendo y juiciando –  la palabra no existe, pero bueno… –  había puesto en jaque a los doctores. Es decir los que emitían Juicio sobre la Ley.

Cuando se hizo más grande. Dicen que hombre, y le llegó su hora, se buscó entre los colaboradores adjuntos (en la iglesia lo motejan con otro nombre) a un puñado de amigos. Después se fue a cumplir con el destino. Entró a la ciudad subido en un jumento… Uno de los que había rejuntado,  le salió rana y le hizo una jugarreta (con ‘j’) Lo canjeó por treinta monedas. Se llamaba Judas. Le gustaba el dinero… A Él lo ejecutaron.

 Otro, también, tenía el mismo nombre. Para desemajanza lo llamaron Judas de Santiago y Judas Tadeo… A éste buen hombre hasta lo subieron a un altar y nos los ofrecen, juntamente, con otros de los que fueron fieles en los momentos cuando algunos se juramentaron para seguir juntos (y va de ‘jotas’) después de todo lo que pasó aquellos días por Jerusalén (que también encierra su letrita).

Un amigo, enjundioso y jocoso, me dice de otra palabra que también lleva la ‘j’, pero hoy no toca. ¿A qué no había reparado en importancia de la ‘j’? Yo, jamás.




lunes, 30 de julio de 2018

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Paisaje



Mañana de sol. Aire de arriba. Un poquito virando a poniente. O sea, ‘terral’. Ese aire que trae las de Caín en sus adentros. Dicen que  sopla tres días. Parecen días pero cuantificados como siglos. Se hacen largos.

Subo con un amigo a Sierra de Aguas. A eso que ahora les han dado en llamar los ‘molinos’. Artilugios que giran y giran. Generan energía eólica. No contaminan y enriquecer nuestro todavía pequeño parque de energías alternativas.

A mi amigo le parece que la carretera está fatal. A mi amigo, a mí, también. Es la carretera que unía Málaga y Sevilla por Peñarrubia. Enlaza (es un decir) los municipios de Álora y Carratraca. La vía, dejada de Dios – Dios no tiene porqué ocuparse de esos asuntos - y de los hombres qué sí, esos sí tienen que entender del tema. Pero…

Subimos entre pinos. La mañana, limpia. Ascendemos. Se abre el paisaje. Los pinos, por debajo y, desde el Puerto de Lucianes a la cumbre, un carril terrizo de servicio.

Llegamos a la cima. Pico de Aguas. Hemos superado con creces los novecientos metros de altitud sobre el nivel del mar. Se ve allá, a lo lejos. Cierra el horizonte. El día, bellísimo. Se confunden, en el horizonte, los dos azules, cielo y  mar…

Le indico a mi amigo – a modo de circunferencia, pero en sentido contrario a las agujas del reloj – lo que queda a nuestra vista: ¿Allí? Almijara y Tejeda. A la izquierda,  a lo lejos, Sierra Nevada, si fuese invierno la veríamos blanca. Camarolo, Sierra de Loja, El Torcal… Málaga y Granada de la mano.

Al fondo, en la línea de los molinos, las Sierras de Cabra y Priego. La provincia de Córdoba. De color verde claro, hacia la izquierda, la Laguna de Fuente Piedra y la sierra que parece que hinca la cresta, el Puntal, entre Sierra de Yeguas  y Estepa. Málaga y Sevilla…

¿Esos pueblos? Campillos, Teba y el castillo de la Estrella, Cañete la Real y la Sierra Sur de Sevilla y, a la izquierda, Zaframagón que ya es Cádiz… Y  ¿eso?, Serranía de Ronda y Sierra de las Nieves – a mí me gusta más Sierra de la Nieve, que es su nombre de verdad – y Alcaparaín y Sierra Blanquilla. Coín, Guaro, Alhaurín y Cártama y la Sierra de Mijas y, Pizarra… ¿Álora? No se ve desde aquí…Álora no se ve…





domingo, 29 de julio de 2018

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Las manolitas son para el verano



Me apoyo en el título de la obra de Fernando Fernán- Gómez. Primero, teatro; luego, cine. No tiene nada que ver. Solo comparten el nombre de ‘Manolita’. Aquello tiene un contexto histórico en una España que lo pasaba entre tiros y desentendimientos. (A lo peor, de lo segundo puede haber, también algo, ahora, pero no, no.)

En muchos lugares de España se come de maravillas. Le dan nombre propio a sus manjares. Se pueden encontrar ‘vitorianos’ en el Rincón, ‘quisquillas’ en Motril, ‘coquinas’ en Huelva, ‘peregrinas’ en Fuengirola, ‘yemas’ en Sevilla, 'piononos' en Santa Fe o ‘mostachones’ en Utrera…

Desde hace unos días a los espetos un grupo de iluminados (¡qué cosecha más espléndida hay últimamente!) han querido ponerle pegas. Se les ha ocurrido decir que las sardinas ‘sufren’ en los espetos. Que no estoy de broma, que no, que tal cual lo he leído lo cuento. Ya ven, además, de ignorantes con mucha carga de mala intención.

En el rebalaje – junio, julio y agosto, los meses óptimos por su grado de grasa -  a esos espetos de sardinas pequeñitas y plateadas le llaman ‘manolitas’. Para que el espeto esté en condiciones, siete manolitas arquedas y con la plata de sus escamas que se deslizan suavemente, sin forzarlas, con solo rozar con la yema de los dedos, sin que la brasa las queme, ni mucho ni poco. En su punto.

En el Rincón donde vive el Maestro Alcántara – “en el rincón del Rincón” - cerca del acantilado donde duermen sus noches cortas de verano  las gaviotas, a los boquerones que tienen el tamaño propio para no ser ni grandes ni chicos los llaman ‘vitorianos’. Yo cada vez que los veo en el plato pienso que son virutas de nubes en el crisol de la sartén.

Hace unas noches compartí con dos personas entrañables, Mari Pepa y Andrés, las mejores ‘manolitas  degustadas en mucho tiempo. La luna estaba sobre el mar, limpia. Una brisa suave traía ese no sé qué que viene desde mar adentro hasta el rebalaje y a uno hace que se le ponga henchida el alma y, si, además, estaba en la compañía… Entonces supe – mejor, corroboré – que las ‘manolitas’ son para el verano.




jueves, 26 de julio de 2018

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Cal



El chiste hablaba de letrero enigmático aparecido en un derribo a las afueras del pueblo. Era una casa vieja. El ‘progreso’ pedía que aquello había que quitarlo de en medio. De pronto, en una esquina, sale a relucir una inscripción: cá pan calá… Estaba envuelto en el hálito de la antigüedad.

Comienzan las pesquisas. Alcalde que ve autobuses de turistas, móvil en mano, sacando fotos del descubrimiento arqueológico de primer impacto con noticias en los telediarios y él abriendo páginas con la camisa nueva sin las arrugadas planchadas y una corbata de seda porque la imagen, pues eso, ya se sabe.

El cura tienen que desempolvar papeles viejos para hurgar en que por allí hubiese algún reducto de devoción sagrada a alguna virgen local, santo perdido del santoral, o vaya usted a saber qué mensaje de otros cielos había aparecido en el pueblo donde, por cierto, el  obispo que seguía sin oler a ovejas lo había mandado y se había olvidado de él.

De los maestros, el progre,  que lo sabía todo se desentendió del asunto. El mayor, el que había estado toda su vida buscando y rebuscando cualquier cosilla que engrandeciese a su pueblo sintió una alegría interior enorme. Podría haber bajado Dios con el pequeño milagro. El farmacéutico pasó del tema.  Él andaba con sus pedidos de fármacos y sus quejas contra la administración que se retrasaba en los pagos.

Un viejo, vino a decir que no era una inscripción griega  - ‘pan’, que significa todo; ‘calá’, belleza… ni ‘ca’ que podría ser apócope de la conjunción copulativa ‘cai’ ( ‘y’) pero que allí no tenía sitio – sino que aquello debía ser el letrero que anunciaba la venta de “cal para encalar” y que el de turno escribió sencillamente como él hablaba.

Hay otra cal. No es de chiste. Está escrita con el lenguaje de la gente que huye de la miseria, el hambre y la injusticia. Fue en Ceuta. Un grupo de personas pretendían entrar por la fuerza. Arrojaron cal viva contra la Guardia Civil…
Un horror.  A esa gente no se les para con alambradas ni concertinas ni palabrerío hueco. Piden Justicia de la que tiene los ojos vendados para salvarguardar la ecuanimidad – si no, no es justicia, es parte – en la solución de sus problemas.

Justicia piden también los Guardias Civiles agredidos de manera salvaje. Hace falta luz, mucha luz. Luz que ilumine decisiones.




miércoles, 25 de julio de 2018

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Astros



Noche de verano. Luna casi llena. Hace un rato apareció por lo alto  de los Lagares. Dejó atrás, el Cerrado, la Aguililla, el Cerro de la Fiscala… Dormitaban  las lomas. Campo de  rastrojos. Las máquinas segadoras dejaron los palotes encañados con olor a paja seca.

Por un hueco entre la pasiflora y la parra se ha colado la luna. Tiene el cielo por suyo. Se enseñoreó de él y ha oscurecido a las estrellas. Casi no se atreven a toserle. Le faltan solo un par de día, y luego vendrá la menguante,  o sea, la decrepitud con que la vida llama a la realidad de cada día.

Hace un rato cuando el lubricán estaba en un casi sí  y un casi no, junto a ella aparecieron los tres plantes del atardecer. Júpiter, a su derecha; a la izquierda, Marte y Saturno.  En otra dirección del cielo la Osa Mayor con el carro marcado y la Menor, con esa Estrella Polar guía de peregrinos….

Júpiter, dicen los que saben, es el mayor de todos los planetas del Sistema Solar. Zeus (el Júpiter de los griegos) era el padre de todos los dioses. Es decir el que mandaba en todo el Olimpo. Como es verano debe andar de vacaciones y a lo peor por eso se ha liado lo que ha formado el fuego en Grecia. No está el patio para bromas. Ustedes me entienden.

Saturno está rodeado de anillos. Lo descubrió Galileo, el sabio a quien no se lo cargaron de puro milagro. Se le ocurrió demostrar que quien gira es la Tierra alrededor del Sol y no al revés. La que le montaron los puritanos tuvo tanto eco que Pio XII  cuando fue conminado por otros puritanos pero de este tiempo a condenar el modernismo, sentenció: “De casos Galileo basta uno en la Historia”. El dios griego Saturno devoraba a sus hijos… ¡Era de cuidado!

Marte es el planeta que lleva el nombre del dios de la guerra. Ahora – lo publica El País de hoy – unos científicos italianos han descubierto que su polo sur una masa de agua salada bajo el  hielo. Las temperatura allí rondan por los 120º (bajo cero, claro).

Cantan los grillos. En la lejanía ladra un perro… Miro al cielo. Me pregunto. ¿Todo esto para nosotros solos? ¿Será un acto de soberbia el solo pensarlo?





martes, 24 de julio de 2018

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Horror



Ya está aquí. Cada año llega inexorablemente. Antes o después, pero viene. El año pasado le tocó a Portugal, antes a las Sierras de Gredos y la de Gata… La relación podría ser una letanía. Este año ha apuntado por la parte de Casares, el Turón en Ardales en Málaga,  y Alhendín, en Granada. Ahora le toca a Grecia.

Son aterradoras las imágenes. Dan pánico. Todo es pábulo. La impotencia ante la tragedia deja a uno sin palabras. Los números de muertos suben casi con la misma velocidad con la que avanza el fuego o sube el humo hacia el cielo.

En todo el Ática dominan dos colores: el blanco de sus casas y el azul de dinteles en puertas y ventanas o en las barandillas de las escaleras que bajan hasta las costas del mar Egeo. Mar de poesía y ensueño; ahora, mar de terror que no ha podido salvar ni a los que, incluso, buscaron en sus  aguas la tabla para asirse a la vida.

Cuando estudiábamos nos enseñaban que en Grecia quedaban marcadas tres regiones diferenciadas. El Ática, culta y agrícola que tenía su capital en Atenas, donde Pericles en el siglo V antes de Cristo fundó la menos imperfecta de las formas de gobierno, o sea, la Democracia. Al sur el Peloponeso, pobre y quebrado, guerrero y sufridor, su capital Esparta, allí nació una manera de concebir la vida, la espartana. Al norte Macedonia, la patria de Alejandro Magno…

El aporte del mundo clásico griego a Occidente es imposible resumirlo: la filosofía, el teatro, la literatura, la mitología… El mundo de hoy no es, obviamente, el clásico. Muestra  disconformidad e inestabilidad política – dicen que el fuego ha sido provocado, ¡hay que ser canalla – y una lucha para sobrevivir en un mundo con demasiados problemas dentro y fuera.

Hasta hace unos días Grecia era noticia por la llegada de pateras. Venían desde la enemiga Turquía. A partir de ahora porque ha agregado, además,  dos colores nuevos a los suyos identificativos, el rojo del fuego arrasador,  y el gris en su suelo, y que por si fuera poco se eleva, a modo de columnas de humo, en un decorado de espanto aunque de él forme parte, incluso, el Partenón.  ¡Cuánta muerte ha quedado a ras del suelo…! ¡Qué horror, Dios mío, qué horror!



lunes, 23 de julio de 2018

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El bichito


                  
Dicen que es una avispa que viene de Asia. Entró por Francia, se adueñó de la cornisa cantábrica y la está liando. ¡Y bien, que la está liando! Dice el periódico que ya van tres muertes en poco menos de un mes. Dos por picaduras de insectos autóctonos y otro por la dichosa invasora.

Los comentarios, generalizados. Afirman los que saben que con una investigación seria podría presentársele cara porque los estragos del bichito son de consideración. Ha acabado con gran parte de insectos que polinizan los prados y con las abejas a las que considera un verdadero manjar.

Tiene nombre propio y apellido. Avispa Velutina.  Su aspecto como todo portador de muerte, feo. Combina el negro y el amarillo. Parte de su cuerpo lleva el tinte de la muerte – por cierto, ¿por qué la muerte es negra? – y el otro un color llamativo, el que dicen que es el que más se ve en la naturaleza, el amarillo.

Toda la cornisa que recibe los aires del Cantábrico – cuando yo era niño a los temporales que se desataban allí les llamaban ‘galernas’ pero ahora como los tiempos han cambiado los llaman de otra manera -  están verdes. Muy verdes, peros sus prados se han quedado sin flores. Culpan a los pesticidas que hacen horrores y a la carencia de insectos que los polinicen porque la dichosa avispa acaba con ellos.

La primera vez que fui a Galicia un accidente tenía cortada la carretera. Un camión había atropellado a una mujer mayor. Había dado su vida por salvar una vaca. Después en algunas ocasiones me he cuestionado. ¿Dónde estaba la vida realmente de aquella mujer vestida de negro y con un pañuelo en la cabeza?

Otra vez bajé a Fonsagrada y por Los Ancares crucé a León… ¿No conocen la experiencia? No sé qué aconsejar… Me dan miedo las meigas, las brumas que traen el diablo en sus entrañas, los sueños que se enredan en  las copas de los árboles, los senderos misteriosos que llevan a las fuentes rumorosas. Desde hace unos días, después de leer lo que está apareciendo, a esa dichosa avispa que puede estar en cualquier recodo del camino…




domingo, 22 de julio de 2018

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Alba



Lo cuenta Cervantes en el capítulo IV de la primera parte del Quijote. Ese libro que muchos españoles tenían en el mueble del salón de su casa pero que casi ninguno había leído que: “La del alba sería cuando Don Quijote salió de la venta, tan contento, tan gallardo, tan alborozado por verse ya armado caballero, que el gozo le reventaba por las cinchas del caballo…”

No era esta mañana exactamente así pero la Gracia de Dios se había echado a la calle. Madrugó. Amaneció  pasada las 6 y media, quizá un poco más, pero no mucho. El sol apuntó por el filo del Cerro de la Farola. El cielo antes oscuro se tornó de un celeste  claro.

Antes se había ocultado el lucero del alba. Los que saben de astronomía dicen que es el planeta Venus. Ilumina el amanecer.  Antes, cuando Venus estaba en lo alto del cielo los gañanes se levantaban y echaban la primera pastura a las yuntas para salir a la besana. Era, la hora, también, en que los cabreros comenzaban el ordeño…

Entre todo ese acontecer  han madrugado los mirlos. Son pájaros tempraneros. Como ya no hay brevas y los higos están a medio camino de madurar se las andan en las uvas de la parra. Están pintonas. Están propias para proclamar que casi ya han cogido el grado de azúcar óptimo. Están de camino entre el sarmiento y el planto con el permiso, naturalmente, de los pajarillos negros, escandalosos y madrugadores.

Los ruiseñores no duermen  cantan durante toda la noche. Están cerca del nido. Su canto, armonioso,  bellísimo. Las alondras esperan el día en los rastrojos y dejan que el viento se lleve sus trinos. Ninguno de los dos atacan a las uvas de la parra. Parece que los mirlos son los que tienen patentes de corso. Yo madrugo, pero ellos madrugan más, y las seleccionan por su grado de madurez. Se ve que su formación profesional está incluida a en sus genes.

Cuando Don Quijote salió de la venta era temprano. En las viñas de su tierra, llana y extensa como un mar seco para que se pierda la vista aún no estaban maduras las uvas. Si lo hubiesen estado don Miguel lo habría reflejado en ese bellísimo texto de contento y alborozo “que de puro gozo le reventaban la cinchas del caballo”.




sábado, 14 de julio de 2018

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Veneno



Se ha ido Juan. Se nos ha ido Juan Aranda Suárez,  el ‘Veneno’. Dice el Maestro Alcántara que hay gente se muere y gente que se nos muere. Te nos has muerto. Esto no se les hace a los amigos.

Un timbrazo del móvil alerta de un mensaje. Es mi primo Andrés. “Se ha muerto, el Veneno”. Pregunto: ¿Juan? Corrobora… Yo me las andaba de ‘procesión’ por el Corte Inglés. Ya sé que hay  procesiones más beneficiosas para el espíritu pero a veces…, pues ya ven…

Cuando he llegado al cementerio tu hija Mari me ha informado cómo ha ido todo. La última vez que nos vimos me dijiste que andabas regular. Me hablaste de la máquina de diálisis y de tus achaques…

Tú, Juan, que has sido un junco de elegancia. Tú, Juan, pinturero y portador de una figura diferente. Señor en el vestir. Impecable tu ropa negra y tus botillos de tacón alto, tu sombrero que te daba un toque especial, tan único que no tenías igual y ahora se te ocurre hacernos esta faena.

Un día – porque sabes del aprecio mutuo que nos hemos dado – te dije que Pepe Rosas, Juan Martín, el ‘Capitán’,  y tú formabais la Santísima Trinidad del folclore en Álora… Me esbozaste una sonrisa picarona, pusiste tu mano sobre mi hombro y te dejaste caer: “Tienes unas ocurrencias”.

Ahora, hace un rato,  he viso que tu grandeza no se ha perdido ni entre las dichosas cuatro tablas rodeadas de coronas de flores con lazos y mensajes para el momento. Todo da igual. Eras tú, Juan Veneno. Señor de genio y figura. Dicen de la descomposición de la muerte y esas cosas. Pero no, no es verdad, por lo menos, en esta ocasión…

Fuera había mucho ruido de gente que hablaba. Tu hijo me cuenta que esta mañana tu nieto Eloy fue a recoger la bandera, tu bandera, porque tú – y lo sabes ahora  con la clarividencia que ya es total – has sido quien mejor  ha bailado la bandera de Verdiales. Como platillero eras bueno, muy bueno. Para mover  la bandera, el mejor… Dejas semilla, Juan, tu bisnieto – dos añitos – apunta maneras… Hay ‘Veneno’ para rato… Ya ven…

Luna, creciente. Casi apunta en un cielo limpio, calor de verano. Se lo he dicho a tu hijo Juan. Os estáis yendo todos los amigos… De verdad, Juan, eso no se hace…




viernes, 13 de julio de 2018

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Otra cosa.



Estoy hecho un lío. No sé si Francia es muy bonita - que lo es -, o si la belleza es fruto de una realización perfecta. ¿Serán las dos cosas a la vez?

 El Tour de Francia, además de un espectáculo deportivo, es algo más. Es otra cosa. La Televisión francesa ofrece una realización que raya en la perfección.  Dan imágenes de la cabeza de carrera, de los perseguidores, del pelotón o de quien cierra. Todo con una agilidad asombrosa. No cansa;  motivan.

En la parte inferior izquierda de la pantalla un letrerito en amarillo –  el color que más se ve – informa del castillo, del lago, del embalse, del río, de la iglesia Santa María, San Martín…, de los pueblos con sus tejados de pizarras grises y  pináculos de monumentos – casi siempre religiosos – más sobresalientes. Y luego algunos, por estos lares, nos quieren vender un laicismo iconoclasta.

Todo está limpio. Impolutas las cunetas. No hace mucho pasó por allí la máquina desbrozadora. No hay yerbajos, ni latas, ni cartones, ni bolsas de plástico. Los únicos que lanzan objetos son los ciclistas cuando dejan de alimentarse o de hidratarse.

Setos recortados,  recién peinados, hortensias en flor. Parece que esperan la visita de la suegra. Precioso. Esto no es flor de un día. Es una cultura que no se vende en la botica. O sea, se mama, desde chiquititos, en la casa.

Las imágenes de la Bretaña - por donde ha pasado  - es un mosaico del ‘bocage’. Setos en las lindes. Propiedades irregulares. Ni grandes, ni muy pequeñas, medianas.  Puestos por la mano del hombre o reductos de un bosque que en otro tiempo cubrió toda la región. Maizales, cereal de ciclo corto y de regadío. Campos recién segados… Animales en los prados. Gente, mucha gente en todos sitios.

El canal de Nantes a Brest, un surco de vida entre árboles frondosos.  Pienso en la ocasión perdida en España con el abandono del canal del San Clemente en la Sagra granadina o en el Canal de Castilla con Frómista a tiro de mirada.

La abadía de Nuestra Señora del Buen Reposo es una ruina. Se fundó en el siglo XII. Las voces de Pedro Delgado y Carlos de Andrés – se complementan  -  saben de qué hablan y hablan de lo que saben… y, además, informan que recaudan fondos para reconstruirla… ¡Qué envidia! El Tour es otra cosa.




jueves, 12 de julio de 2018

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Libros y libros



Cantaba Raphael en unas de aquellas canciones que nos ponían melosos que ‘a veces llegan cartas…”, y nos contaba algunas de las peculiaridades que podrían traer en un papel pautado  - ¡qué tiempos, verdad! – o en un folio blanco…
Algo parecido ocurre con los libros. Unas veces porque uno se los trae consigo cuando se pierde por esas tiendas donde los ponen al alcance de la mano;  otras, porque te los regalan los amigos.

Hace unos días, Fermín Adame, me traía uno, de Jesús Rodríguez Delgado. ¿El Título? Como para echarle de comer aparte: “De las mayordomías de la Hermandad de Nuestra Señora de Flores, Patrona y Alcaldesa Perpetua y Honoraria de la Muy Noble y Leal Villa de Encinasola (Huelva) y de otras curiosidades parroquiales y aconteceres diarios marochos”.

El contenido, para los que damos en hurgar en los papeles viejos, una delicia. Un tratado de investigación. Pormenoriza Jesús  en los detalles más ínfimos, más insignificantes. Deja claro que han sido muchas, muchas las horas de investigación. Contacto con legajos, papeles viejos, historias que se habrían  olvidado si esa mano, como en el arpa de Bécquer, la suya, no hubiese sacado el jugo de sus cuerdas.

A título de curiosidad. Tres muestras. Recoge que “Sebastián Vázquez que se fue a las Indias en el siglo XVI y que dejó un débito pendiente a la Virgen de Flores, de los cuales había pagado su mujer, la mayor parte…” (Y digo yo, ¿ Cómo le mandaría el indiano, el dinero). La mujer debía ser una santa.

Otra. Cuenta que deciden rifar un cerdo por Navidad. ¿Objetivo? Recaudar algunos fondillos. La imprenta se equivoca. Pone la imagen del Niño en el brazo derecho; el cetro, en la izquierda… (Y pregunto ¿abonarían a la imprenta el importe de las papeletas? Con tan buena gente de por medio, no lo dice Jesús, pero seguro que sí).

La tercera: “…. Mi padre fue quien marcó el pozo de sondeo”, o la compra de un televisor para el ermitaño.  La obra está plagada de pinceladas humanas. Es el devenir del tiempo. Casi  todos tocan el tema del tejado, las obras, el ‘arreglo de la camina’ (Siempre lo vi en masculino, menos aquí). Se ve que se adelantaron a los tiempos. Por lo pronto, a Álora nos trajeron su Madre de Flores y, ahora, un libro delicioso. Gracias, Jesús.




miércoles, 11 de julio de 2018

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día.

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Mosca



Están rabiosas. Debe ser el calor. Debe ser la mala baba que atesoran estos bichejos que tienen de todo, menos vergüenza. “Anda, que extrañas menos que una mosca”. El dicho deja retratado a mucha gente inoportuna. Aparece en cualquier momento.

Don Antonio Machado, genial e ignorado durante tanto tiempo les dedicó unas letras antológicas. Luego, Joan Manuel Serrat llevó a un disco – cuando los discos eran de vinilio y se escuchaban en el pik up – sus poemas. En aquel momento para muchos españoles se produjo la resurrección de un muerto que se sabía que estaba enterrado en Francia.

Esos bichejos, insectos, incordiantes, vulgares en estos días de calor aparecen y vuelan y se suspenden en las penumbras de las casas. Lo andan todo. Están en todos sitios. Dicen, quienes se prodigan en la televisión, que ahí, ahí es donde realmente es cojonera  e intratable. Bueno, por lo pronto ese problema no va conmigo.

Ahora cuando me he puesto a escribir hay una que se ha empeñado en darme la tarde. Me la está dando. ¿Es pecado maldecir a los muertos de las moscas? Seguro que me condeno. Acabo de hacer acopio de vocabulario contra todos los muertos del mundo de las moscas y les deseo todo lo mal que se les pueda desear.

Echo mano a ese chisme que espolvorea un gas y se las lleva por delante. El chisme está vacío. Es hora en que el sol cae aplomo. En la calle por no haber no hay ni sombras. Se ve que en mi casa alguien me tomó la delantera y cometió el asesinato que yo pensaba llevar ahora a término con luz y alevosía, con calor y con una inquina que ni les cuento.

Dicen que las moscas tienen poca vida. No sé. Un puñado de días o poco más.  Da lo mismo. Ésta que me ronda debe tener la experiencia como de haber venido desde los tiempos de Adán y Eva, esos que se las andaban por el paraíso, donde por cierto, no sabemos si había moscas. Otros bichos, sí. Eso sí los había. Es cuestión de ir a enterarse y si no la tenían, pues yo, con sumo gusto se la regalo. Hija de independentista… ¡Vaya tarde que me está dando!




martes, 10 de julio de 2018

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Murmullo de Historia



El barrio del Barranco es uno de los barrios emblemáticos de Álora. A un grupo de amigos, Marilina, Felipe Aranda, Ignacio Márquez…, nos ha dado por llamarle el ‘Albacín nuestro’. Es una manera más de expresar cariño por algo muy especial y, además, muy de nosotros.

Tiene Álora otros barrios con personalidad. Los barrios como las personas tienen sello propio. Se diferencian de todo lo que lo rodea. El Bajondillo, Las Chozuelas, El Cerrillo – el de ‘poco pan’, que dio nombre porque sus eras tenían la dimensión apropiada para el cereal que se trillaba y, entonces, apareció la calle ‘Erillas’- , el otro, El Palomar…

El Barranco, o sea, el Albaicin nuestro, fue el asentamiento primero de la población. Se salía del primer cinturón de defensa del castillo. Por en medio de sus casas aparecen todavía trozos de lienzos de muralla. Reflejan un pasado que fue y ya no es.

En los papeles viejos aparece como “Villavieja”. Pedro Acedo, el Viejo “dexó una casa en la Villavieja para que con los alquileres se dixesen misas”… En su suelo, sobre una pequeña mezquita, que no era la principal,  la de arriba, la que estaba en el Cerro de las Torres, se construyó una ermita dedicada a Santa Catalina.

El Padre Llordén da cuenta de entalladores que hacen  andas para procesionar y de imágenes que recibieron allí culto y veneración. Tampoco queda nada de la ‘Joyanca’  habilitada como fosa común para enterramiento al que no daban abasto… ¿La culpa? Una epidemia de peste en el siglo XIX  

El folclore tiene una visión más bella, más optimista. Lo pregona para quienes quieran saberlo. “Alora tiene tres calles / que no las tiene Madrid / calle Ancha y el Barranco / y la calle del Carril”. Ahí queda eso. Quién quiera que venga y lo mejore.

Hay un murmullo de brisa que juega al escondite entre los geranios. Hay un murmullo de Historia que lanza a través del viento: “Tregua, tregua, Adelantado / por tuyo se da el castillo. / Alzó la visera arriba / por ver el que tal le dijo….” Y todo eso que sigue y que sabemos del Romance…

Hay un murmullo de nubes. Se asoman desde lo más alto, pespuntean las Torres. Hay un murmullo de arte, de cal blanca, de barrio donde no sobró nunca la abundancia, de luchas a ‘dentelladas’ en eso que algunos llaman vida.




lunes, 9 de julio de 2018

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El viejo pescador



Echo mano al anaquel. Busco, remiro. Lo encuentro. Lorenzo Orellana me hizo descubrirlo cuando yo era joven. Desde entonces, no nos hemos separado. A ratos, le echo un vistazo. Paso sus hojas. Leo a salto de mata, de hoja, en este caso. Luego, cierro los ojos, sueño… Sueño tantas cosas como aquel viejo pescador que hacía más de cuarenta días que no cogía ningún pez.

Veo la barca en medio del océano. Está perdida. Como yo. Veo cómo las olas – otras olas – se estrellan contra la quilla y cómo el viejo, viejo pescador, siente que se le clava el sedal que le corta la los dedos y hace que sangre su mano ruda, curtida, encallecida…

Veo como después de unos días sin comer, los pececillos voladores le han salvado el poder alimentarse aunque solo sea para sobrevivir en los momentos de más penuria, de más dificultad. Son esos momentos en los que entre el final y el comienzo solo hay un hálito que permite decir ¡ay!

Siento el olor de la sangre que derrama el pez grande. Llegan los tiburones. El viejo, al principio, cuando se tragó el anzuelo, le soltó cabo, luego, cuando el pez se creyó libre y ya no tiraba con peligro para hacer zozobrar el bote, él, el viejo pescador que de noche soñaba con leones marinos y con los grandes jugadores de la liga americana, recogía el sedal con mimo, con tino, con suavidad…

Lo hizo poco a poco, con la lentitud de quien sabe que a las fieras se les domina más por la maña que por la fuerza. El viejo comenzó a acercarlo. Percibió cómo el pez daba grandes vueltas, gigantescas vueltas, alrededor del bote. Reconocía su derrota. Cada vez más cerca. Intuía su silueta enorme… ¡Era el pez más grande que había pescado en su vida! Y, una vez más, exclamó en voz alta: “Si estuviera aquí el muchacho…”

El viejo pescador veía de noche los reflejos de la luces de La Habana. Era una luz lejana, tan lejana como esa que, a veces, aparecen en nuestra vida, y uno se encandila con ellas, sabiéndolas tan lejos como imposibles. Y luego, rompió el remo y el cuchillo que hincó con todas sus fuerza en el primer maldito tiburón que llegó y le dio una dentellada, y vinieron otros, y….”¡ay, si estuviera aquí el muchacho”! y entonces,  don Ernesto, don Ernesto Hemingway nos legó ‘El viejo y el mar’…




domingo, 8 de julio de 2018

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Ahora, sí



Los amaneceres frescos tienen el sello especial de los encierros. San Fermín, el que cada año, indefectiblemente, llega el 7de julio, puebla las calles de Pamplona de gente de medio mundo  - y del otro , también - vestida de blanco y pañolillo rojo. Queda muy lejana la sombra de Hemigway  y de Antonio Ordoñez  en una  barrera de la plaza… Al autor de “El viejo y el mar” le debe mucho la ciudad como reclamo de tan masiva asistencia.

El Tour llena las siestas de sopor.  Son horas muertas.  El sol hace chiribitas en las esquinas; los pájaros buscan las sombras. No vuelan las golondrinas. Hay espejismos de agua en los cambios de rasantes en las carreteras del sur de Europa. La verde Francia pone una diferente. Es una  nota de frescor, de verde en los campos, maizales y colinas donde hay un manto de yerba, de campiñas en las que a uno le gustaría pasar horas  y horas  en estos momentos en los que el reloj parece que se para.

Al caer la tarde se echa a la calle el jazminero. Lleva pinchados en una penca – los jazmines no se acaban, las pencas de chumbas parece que sí - y el hombre sube por calle Larios o se coloca en una de las esquinas de calle Granada. Ofrece su mercancía. Ofrece biznagas. En palabras del Maestro Alcántara: “menos que una estrella y más que una flor”. Genial Maestro. ¿Podría haber sido de otra manera viniendo de quién viene?

Hay una guerra abierta entre propietarios, gestores o como puñetas se llamen de los chiringuitos playeros. ¿La culpa? El precio que cobran por los espetos de sardinas. Dicen unos que han tirado los precios; otros, que sangran al que llega. Como muestra, un kilo de sardinas, en un mercado normal oscila entre 5 y 8 euros. Ya saben qué pueden cobrarle  por un espeto ¿Qué no se han enterado? Mejor que no lo hagan… Cuando saquen la conclusión verán a quienes les dan la razón.

Ahora, sí. Ahora ya está aquí el verano con mando en plaza. Se han acabado las pamplinas. Anuncian que viene de camino – como los viajeros de pateras que cruzan la mar – un aire cálido sahariano. Polvo en suspensión. Ahora, sí, ahora nos vamos a enterar que ya está aquí el verano.





viernes, 6 de julio de 2018

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

Para ti...




Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Campanario



Está ahí desde hace… bueno, desde hace mucho tiempo. Es emblema y seña. Un oteador de vientos que, según de donde vengan luego, cuando siguen su marcha,  se lleva el tañido de las campanas y lo deja reposar en el campo. A veces, llega tan lejos que sorprende y hace que surja la duda ¿son, de verdad, de verdad, son ellas?

Rosalía lo dejó escrito en unos versos llenos de ternura y nostalgia “campana de mi lugar, / tú me quieres bien de veras / cantaste cuando nací, / llorarás cuando me muera”. Era otro tiempo cuando las campanas hablaban con sus mensajes.

El campanario, - el campanario de la Encarnación – es uno de los emblemas del pueblo. Si me apuran me quedo con cuatro: el arco del castillo de las Torres, la espadaña del convento de flores, la espadaña de la Vera Cruz que dice cómo será el tiempo, y él. Enhiesto, solitario, sobresaliente…

Cuatro virtudes cardinales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza.  Eso lo decía el catecismo el padre Ripalma. (El que nos llevaba por unos senderos diferentes a los que marcaba Marilin Monroe en las pantallas) Ahora, como los tiempos han cambiado tanto pues uno ya no sabe a qué carta quedar…

Tiene cuatro cuerpos. El básico. Con ventana de forja que protege lo que en otro tiempo fue el baptisterio. Sobre la ventana, los liberarles, en una hornacina colocaron la placa conmemorativa de  ‘la Pepa’. Los conservadores no conformes la manchaban con barro y aguas sucias; después, la removieron.

De vuelta al poder los liberarles elevan la placa  a donde no pudiesen llegar escobones y cubos de agua. La colocaron – por poco tiempo  - un poco más alta. Con ribete artístico y todo. De vuelta, Fernando VII, un escuadrón de Caballería del Rey bajo las órdenes del general Gómez Pantisco, la derribó… a tiros. Los impactos aún perduran en la piedra…

El último cuerpo es posterior. De menor elevación que los otros tres y más desproporcionado.  El campanario, en el ángulo de la nave del Evangelio es el complemento ideal para una fachada excepcional con un balcón civil en un edificio religioso y desde donde los beneficiados – que eran muchos, lo que hablaba del poderío económico de aquel tiempo – contemplaban las corridas de toros, cucañas y espectáculos que se celebraban en la plaza.

Punto de referencia entre el caserío blanco que quiere  llegar donde el cielo azul le sirve de palio…