viernes, 31 de enero de 2014

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Preguntas sin respuestas

                                 

Acuñó el Maestro Alcántara: “Madrid se desayunaba café con leche y César González Ruano”… Uno, desde hace un tiempo, ha cambiado parte de ese desayuno anunciado por el Maestro. Y así: Artículo de Barbeito, pincelada histórica de José María Hidalgo y, en días como hoy,  Juan Gaitán, que se une a la partida. Vamos: café, zumo y frutas… ¿hay quien dé más?

Barbeito escribe -“Silencios”, La tribu, ABC  -  de las preguntas sin respuestas: las muertes de Alberto y Ascen - ETA, Sevilla, Enero y de noche… ¿se acuerdan?, sí, calle de Don Remondo-, del Crimen de Marta, o de aquella tarde de fuego y verano en Los Galindos… Son, amigo Antonio, los silencios que gritan dentro. Al llegar a la garganta se ahoga; perdemos el resuello. Son silencios de preguntas sin respuestas.

En “Cita con la historia”, José María Hidalgo habla de la muerte de José Castillo, “el Patalete”. España de luto y muerte; sueños imposibles, ríos que no cambiaron su curso. Tiempos de represión y secuestros. Hombres terciados a lomo de bestias. Cerros y cuevas en las calizas serranas: lluvias y vientos. Llamaba la muerte al alba. Maquis y guerrilleros alargaban una guerra que demostraba el fracaso de la dos Españas…

Escribe Gaitán, “Niños pobres” (La Opinión de Málaga). La puñetera realidad. Denuncia valiente. Recuerdos de mañanas de invierno: fríos en los pies y rebecas de lanilla. Las hacían las abuelas, las madres…Tardes de sol, sillas de aneas en las recachas de las puertas. Pedro Pablo Ayuso y Matilde Conesa en las novelas de Guillermo Sautier Casaseca, Cadena Ser. Sonaba lejana la radio…


 No quiero desanimarte – ni desanimarme- amigo Juan, Sevilla y Madrid están casi en el mismo ‘barrio’ que Bruselas, o sea, muy lejos. Tanto que, a veces, se olvidan de aquellos niños que se hicieron grandes…

jueves, 30 de enero de 2014

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Belmonte, el hombre

                                 

Acabo de releer la biografía de Juan Belmonte. La llevó al papel, en 1935, Chaves Nogales. Uno ya no sabe si es tan buena porque habla Juan por la boca de Manolo, o es el periodista quien desnuda el alma del maestro. El epílogo de Josefina Carabias. La que veía, en  las noches de luna, llenar de misterio Gredos desde la ventana de su casa en Arenas de San Pedro.

Destaca Chaves Nogales la figura del hombre que se hace a sí mismo. Desde la escapada del niño que busca aventuras y sabe del frío y del hambre a la templanza que le habla cara a cara a la muerte, apartando toros, en los cerrados de Tablada. Noches de sombras y estrellas…

Destaca su amistad con intelectuales: Valle-Inclán, Sebastián Miranda, Zuloaga, Julio Camba o Ramón Pérez de Ayala. Autentifica la anécdota cuando el gallego excéntrico le dice que solo le falta, para la gloria, que lo mate un toro en la plaza y Juan le dice aquello: de “se hará lo que se pueda”. Poco más o menos.

Un genio que nace, se hace, se magnifica… Un genio que se asoma con misterio y embrujo y del que uno nunca sabe porqué este hombre aguantó tanto. Verlo sentado con el miedo en la misma habitación del hotel mientras lo viste el mozo de espadas, rompe el mito del “pasmo de Triana”. Los mitos, también, sienten aprietos en la garganta.

Juan le habla de tú a la muerte. Es una premonición. Muchos años después es  reencuentro de amigos una tarde.  El cielo abrileño se viste de ese color especial con que solo sabe hacerlo en primavera. Está en Gómez Cardeña, el cortijo utrerano donde, de niño, casi – o sin el casi- le echan los perros…


 Juan dijo, que algún día sería suyo. Tan suyo que lo fue para siempre. Juan Belmonte, el hombre; Manuel Chaves, el periodista que lo cuenta.

miércoles, 29 de enero de 2014

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Fernando


                                               

Fernando, ‘el Tripas’ era delgado  y derecho como un junco. Pelo negro y rizado; abundante en ironía. Vivió en la calle del Viento, en el Calvario y, al final, en Málaga, donde murió, con su sobrina. Vendía cupones. Subía, apoyado en su bastoncillo, desde el Palomar, por el  Camino Nuevo, Veracruz… Era su recorrido por la calle de la pasión de cada día.

Fernando era la gracia en persona. Fino como un coral. Oportuno, chispeante, agudo… A pesar de su privación de vista, su rostro serio ocultaba algo único por dentro.

En la puerta de la Vera Cruz  con la mercancía en la mano ofrece las listas (entonces los cupones venían en ristras) a los transeúntes. Pasa uno:

-       -   Fernando, ¿has visto a Juan Hidalgo?
-         - Como no se cuelgue un cencerro…

A medio camino entre la Vera Cruz y La Balita, Manolo ‘el Tapón’ trabajaba de camarero en el Zalamero. Temporal de agua; caen las canales. Fernando no vende un clavel; no se estrena. Entra, chorreando, en el bar. Manolo hace una apología de lo que está cayendo… “Porque este tiempo - dice - es bueno para el campo, para los pozos, para que corran los arroyos, para los veneros, para los trigos…”

-          Claro, contesta,  con estoicismo: ‘Tú, como flotas…’

Tensión política por el referéndum de Autonomía de Andalucía. El gobierno - por Ley- obliga que, en todas las provincias, se gane por unanimidad. El pueblo debe elegir entre los artículos 143 y 151. El primero ‘gana’ en todas, excepto en Almería donde se impone el Art. 151.

-          Fernando, le pide uno, a la mañana siguiente, dame el 51
-       -   “Vete a Almería por él”


Fernando, -Fernando Taboada, que ese era su nombre- genio y figura. Seguro que llevas en jaque a más de uno por las calles del cielo...

martes, 28 de enero de 2014

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Gary Gooper era más guapo

                                  

Compungido y triste. La lección bien aprendida. Recién salido de unos ejercicios espirituales, sólo ante el peligro, en Onda Cero, con Carlos Herrera, se ha presentado don José María del Nido…

Sus palabras desprenden: no pecaré más, padre; voy a ser bueno, tan bueno - ya lo estoy siendo, lo que ocurre es que usted  no me cree…- que Sevilla bajará el giraldillo cualquier día de estos y me coloca a mí en lo alto de la Giralda... Sí, sí, pero Gary Cooper era más guapo.

Solo. Carita de niño bueno. No ha roto un plato. Pido -  el tío con postura desafiante -  que me llame el juez a declarar. Le falto decir: la tardanza es la mala… el caballero Sandro Rosell a quien la Audiencia Nacional presuntamente le va a imputar por unas minucias de euros.

La ‘limpieza’ ha sido al club de sus amores; le sirve por cariño y sin ningún otro interés. Todo por amor, mucho amor. Los enemigos están fuera. Cualquier día, uno de los iluminados, baja a Colón del monumento en La Ramblas y lo sube a él para que señale: ¡por allí se va Brasil…! Sí, sí, pero Gary Cooper era más guapo.

Atraviesa, - el abogado al lado -  una calle estrecha y casi enigmática, don Iñaki (Urdangarín, por apellido). Va a por “atún y a ver al duque”. No, no. Me he equivocado. El duque (no sé si todavía) es él, va a declarar ante su Señoría. Por cierto, Señoría, el ¿atún era en conserva o fresco?


Mira, al tendido. Desafina el coro. Dicen que son el pueblo. No hacen falta ni insultos ni voces altisonantes. Sólo Justicia. ¿Es mucho pedir? ¿Bajarán a Ramón Llull del pedestal del final del Borne y lo ponen él?. Llull dijo que el amor hace esclavo al libre y al libre, esclavo y, éste… Sí, sí, pero Gary Cooper era más guapo.

lunes, 27 de enero de 2014

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Pierde aceite


                                                

En mi pueblo, decir que alguien pierde aceite tiene un mensaje concreto. Cuando uno lee que el Príncipe de Asturias está tirado en no sé qué aeropuerto caribeño porque el avión que lo lleva, en un viaje oficial, pierde aceite…el mensaje es otro.

País de chapuceros. ¿Dónde está la marca España? Leo: el avión se compró de segunda mano, con otro gemelo, - sin miseria, vamos- a los vecinos del otro lado de los Pirineos. Que ha volado desde 1983 y que es la segunda vez que deja tirado al séquito por tema de fallos mecánicos.

¿Cuántos han dimitido ya por negligencia, poco eficientes e improvisadores? Me temo que la lista  está colapsada: más numerosas que el listín de las guías (de las de antes) de teléfonos. Ni uno. Aquí no se mueve ¡ni Dios!.

Culpar a los recortes o culpar a la vetustez del aparato son parches calientes. Me pregunto ¿es denigrante viajar en un vuelo regular? Por cierto, aquel que va al Corte Inglés a comprar el viaje de novios. ¿Lo quiere usted, le pregunta la dependienta, en vuelo chárter o regular? “Démelo buenecito, porque para una vez que viajo…”

Esquina de la calle Cantarranas con Algarrobo. Es coincidencia. Los dos nombres tienen referencia con el Medio Ambiente (hay que ser fisno, que es lo que se lleva ahora). Enrique, gitano,  no de verde luna, no; del Barranco, estañaba jarrillos de lata….


Su ‘taller’ de trabajo, era una mesita baja, un banquillo de dos patas, un mandil con más lámpara que la casa Polonio… Levanta la cabeza y ve como pasa un avión ya en vuelo bajo por la proximidad de cercano aeropuerto… “¡Hay que ver a onde hemos llegao los lateros!”. Será chiste. Es chiste, pero ¿perdería aceite? ¡El avión, hombre, mira que los hay mal pensados…!

domingo, 26 de enero de 2014

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Buenas impresiones

                                  

Decía don Hilarión en la Verbena de la Paloma que los tiempos adelantan que es una barbaridad. Y tanta. Ricardo de la Vega escribió el libreto, el maestro Bretón le puso música. Las distancias, entonces, se medían por leguas; luego, kilómetros. Ahora, por  tiempo.

Las ‘cuatro leguas’ estaban –y están- en la curva, pasado lo de Paco Pérez, cuando se venía de Málaga, después de dejar la Estación de Cártama por la carretera vieja. El 103 en el punto kilométrico de esa medida en la Carretera de Barcelona, antes de llegar a Alcolea (la del Pinar), la otra, no; la otra, junto a Córdoba…

América estaba a casi tres meses en barco; Canarias a dos días y dos noches (me lo dice Ángeles que acorta, por días, su vida en Tacoronte), y el ‘melillero’ echaba la noche en la travesía, a pesar de que África, en las tardes limpias y luminosas de mayo, parecía al alcance de la mano.

Ahora, Nueva York dista  poco más de siete horas, en avión; París a dos horas y media -  más o menos -  y Madrid a cincuenta y pocos minutos… ¿Se acuerdan de la receta de Carlos Cano, cuando el tiempo se medía por ‘padres nuestros, ave marías y credos?

Madrid, antes estaba muy lejos; ahora, también. El ‘exprés’ tardaba toda la noche en casi seiscientos kilómetros que separan Málaga de la Capital; el correo veinticuatro horas y el AVE - hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad, de verdad que sí don Hilarión) no llega a las cuatro horas.

Con estos antecedentes, don Cristóbal, alcalde de Álora, en los años cuarenta, va a Madrid a resolver ‘algunos asuntos municipales’. La visita oficial, naturalmente sufragada por el bolsillo de  don Cristóbal.  Las arcas municipales… La estancia en la Villa y Corte dura una semana. De las peripecias, mejor creerlo que no averiguarlo.

Vuelve don Cristóbal al pueblo. Corre la noticia. Se acercan, se interesan, preguntan y… don Cristóbal ¿qué trae usted?


-“Buenas impresiones, buenas impresiones”.

sábado, 25 de enero de 2014

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Pasa el viento...

                                               

No sé. ¿Qué será? ¿Será que pasa el viento? Esta noche todo está diferente, distinto, revuelto. Día de sol; nubes sobre la Huma y El Torcal. El ruido de la calle sube a borbotones: coches, una moto, otra moto; gritan los  niños. Con la noche que hace ¿por qué no están es sus casas, calentitos? Quieren liberarse de los anclajes las chapas de las terrazas. Aleteos imposibles, sólo intentos…

Pasa el viento. Viene a bocanadas. Los pájaros han bajado, como cada tarde, desde el campo, a los árboles del parque. Buscan refugio. Acurrucados, en las ramas dejan que se vayan las horas. Esperan, una noche más, al alba. Pero ahora, lo que pasa es el viento.

Ulula en las esquinas. Seguro que tendrán miedo, mucho miedo, las flores de los almendros. Son nuevas, tiernas, pequeñas. Las flores de los almendros son sonrisas de Dios en lo más crudo del invierno. Ellas, cuando la cosa se pone así, también tienen miedo. Seguro.

Hay cosas que tienen su misterio. Uno se hace preguntas. No hay respuestas. No se entera - ¿dónde arrancó primero?- de  dónde viene; No sabe cuál es la calle que más le gusta; ni en qué esquina se da la vuelta el viento. Uno no sabe nada.

Hay una cosa que aprieta por dentro: congoja, miedo, zozobra, angustia… El diccionario es generoso, espléndido. Hace un rato leía… He cerrado los periódicos ya van no sé cuántos muertos. Se los ha llevado la gripe… Los políticos a la greña; parados que no saben a qué puerta llamar… ¿será que todo esto lo trae el viento?


Hablaba Juan Ramón de vientos y de copas de árboles donde se pierden amores que van y vienen; Miguel Hernández cantaba a otro viento. “Vientos del pueblo me llevan / vientos del pueblo me arrastran…” No son esos. Es, esta tarde, el que pasa, otro viento.

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Aceite y almendros

                                              

“Si la aceituna es campo, el aceite lleva dentro la sangre del campo”. Palabra de Barbeito. Echo mano - y trillo en collera -  del que sabe de “buenos aceites, de cómo se ama el mundo del aceite, de la almazara, ese olor que es vida en el aire, en la ropa, en las manos…”

¿Culpable? Una foto de molineros en facebook: Son, dice: “Juan García (mi tío Juan, hermano menor de mi padre), yo, Jorge (un chaval de Cala), mi hermano José, Antonio Palomar, José Antonio Hurtado y detrás, José Rodríguez. Estos tres últimos, de Gines, Molino de Gines. Año 1971 ó 72”.

“Por Gelves - pueblo que no está lejos -  pasa el río / pasa despacio…” cantaba El Pali. El mismo río que se tiñó de sangre de los Ortega, aquella tarde de mayo. Ahora rezuma aceitunas de verdeo, gordales y manzanillas y moliendas y aceite nuevo y algún barco camino de  la mar.

 “A mí, -cuenta-  en Las Navas de la Concepción, año 1966, donde le ayudada a mi padre en el verdeo, que abrió allí un puesto de compra, me decían ‘El niño de las aceitunas’. Y me encantaba. Y en Gines, mucha gente, Antoñito el del Molino. Y todavía más encantado”.

“La tolva, dice, era el embudo donde se echaba la aceituna para que el tornillo sinfín fuera subiéndola y la dejara caer en los rulos” y, del primer aceite, de batidoras y aceitunas enteras. “Te lo digo porque del olivo a los bidones, he vivido toda la vida de la aceituna”

¿Los monos?  “azules y duraderos, comprados de una tienda de Gines (Jovimar). No teníamos parientes militares” y, en la foto, capachos y  molineros llenitos de pringue. Como debe ser.


Bebo en su fuente.  Nacen los trigos en las lomas peinadas por el viento; apuntan, ya, las yemas en las parras. ¿A dónde te mando, Maestro, - al corazón o tus asuntos - un ramillete de flores nuevas, ahora que ya florecen los almendros?

viernes, 24 de enero de 2014

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Aceite y almendros

                                              

“Si la aceituna es campo, el aceite lleva dentro la sangre del campo”. Palabra de Barbeito. Echo mano - y trillo en collera -  del que sabe de “buenos aceites, de cómo se ama el mundo del aceite, de la almazara, ese olor que es vida en el aire, en la ropa, en las manos…”

¿Culpable? Una foto de molineros en facebook: Son, dice: “Juan García (mi tío Juan, hermano menor de mi padre), yo, Jorge (un chaval de Cala), mi hermano José, Antonio Palomar, José Antonio Hurtado y detrás, José Rodríguez. Estos tres últimos, de Gines, Molino de Gines. Año 1971 ó 72”

“Por Gines pasa el río / pasa despacio…” cantaba El Pali. El mismo río que se tiñó de sangre de los Ortega, aquella tarde de mayo. Ahora rezuma aceitunas de verdeo, gordales y manzanillas y moliendas y aceite nuevo y algún barco camino de  la mar.

 “A mí, -cuenta-  en Las Navas de la Concepción, año 1966, donde le ayudada a mi padre en el verdeo, que abrió allí un puesto de compra, me decían ‘El niño de las aceitunas’. Y me encantaba. Y en Gines, mucha gente, Antoñito el del Molino. Y todavía más encantado”.

“La tolva, dice, era el embudo donde se echaba la aceituna para que el tornillo sinfín fuera subiéndola y la dejara caer en los rulos” y, del primer aceite, de batidoras y aceitunas enteras. “Te lo digo porque del olivo a los bidones, he vivido toda la vida de la aceituna”.

¿Los monos?  “azules y duraderos, comprados de una tienda de Gines (Jovimar). No teníamos parientes militares” y, en la foto, capachos y  molineros llenitos de pringue. Como debe ser.


Bebo en su fuente.  Nacen los trigos en las lomas peinadas por el viento; apuntan las yemas en las parras. ¿A dónde te mando, Maestro, - al corazón o tus asuntos - un ramillete de flores nuevas, ahora que ya florecen los almendros?

jueves, 23 de enero de 2014

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Gañanes


                                                

Había que verlo para creerlo. Eran de otra madera; tenían pasta especial. No había apuntado el alba, y ya estaban en el andén del tinado, echándole la pastura a las vacas. Paja y sebo. Eran hombres con la cara cortada por arrugas profundas y manos encallecidas.

Del pajar, que olía a era trillada, sacaban una, dos, tres espuertas de paja; luego, con la mano vuelta un espurreo de grano molido y pulverizado. Las vacas lamían el sebo con la lengua larga y con puntitos como incipientes papilas – que yo no sé si las vacas tienen el sentido del gusto- gustativas; dejaban las granzas.

Con la primera luz, se hacían, las yuntas al campo. Del establo salía vaho caliente. Brillaba el lucero…; sobre las tapias cantaban los gallos. En la besana de surco largo y profundo se uncía la yunta. La vaca más díscola, embragada; la otra, ayudaba a reconducir la labor.

Presumían de tener los mejores frontiles con filigranas bordadas. Todo era pura artesanía… Araban las yuntas con paso cansino y acompasado. Se hundía la reja; la mano sobre la mancera, la aguijada, de punta afilada, daba el toque, sólo el toque oportuno para llevar el ritmo preciso, exacto…

“Si el Hacho se pone la mantilla, suelta los bueyes  y vente a la villa”. Entonces, si el día abría en agua, era cuestión de volver a la casa. La tarde - porque la gente del campo siempre hace algo - se empleaba en majar esparto, hacer tomiza, sacar los tinados…


Eran de otra madera. Hechos al frío, al viento, a la lluvia, a sol que abrasa… Eran duros como la madera de encina hecha arado, como la mancera empuñada,  como la garganta hundida hasta las orejeras, como el enjero y las lavijas…Crujían pero sin romperse. Eran hombres que apuntaban a otros cielos.

miércoles, 22 de enero de 2014

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Mañana de invierno

                                                
Por aquí el día está raro: nubes que pasan, gentes, viento a rachas. Voy a la Biblioteca (la palabra biblioteca siempre debería escribirse con mayúsculas) a devolver unos libros. En el parque, un grupo de jubilados, toman el sol mañanero

Me entero que se ha ido Manu Leguineche. Manu es – no quiero usar el pretérito imperfecto de antes - el reportero más importante que ha dado España en la segunda mitad del XX. Aventura pura y mejor pluma.
Se ha debido quedar - si es que a mitad de enero no lo está- helada la Alcarria. Manu vivía en Brihuega. 

Hace unos años estuve por allí. Pregunté. Sentí pudor por romper una intimidad… Ya será imposible.
Él que anduvo caminos, ¡tantos caminos!, hoy ha hecho bueno eso que dicen que dijo Séneca: “No hay viento malo cuando lleva a buen puerto”. Más o menos. Sabía, perfectamente, dónde iba, cuál era su puerto y el viento que lo empujaba.

Están arrecíos los ficus del parque. En sus copas, a estas horas de media mañana, no hay gorriones; andan por ahí, por no sabemos dónde, buscándose el grano de cada día y, ahora, que aún no han salido las sementeras, lo tendrán difícil.

Hablan, fuman, tosen. Son toses de bronquitis crónicas. No las quita el médico; son  despojos de muchas batallas en otra guerra de eso que llamamos vida. Están en sus cosas. Pozos de sabiduría, estos viejos, esperan que alguien se pare con ellos y los escuche.

“Porque ¿sabes? – me dicen-  a este banco le hemos puesto el ‘Clínico’. Los que se sientan aquí, todavía, tienen algún arreglo; aquel el ‘Maritimo’, muchas pruebas y al final… lo mismo; y, a ese, el ‘Pascual’: ahí, ya no hay remedio”.


Mañana de invierno; árboles sin pájaros, nubes que pasan, sol mañanero… Se ha quedado, aún, más helada, la Alcarria. Se nos ha ido Manu…Sabía de su viento y de su puerto.

martes, 21 de enero de 2014

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Entre pícaros anda el juego

                                 

No estamos de reestreno del teatro de Siglo de Oro ni en la reencarnación de aquella España de miseria y pobreza (en lo material) porque en la otra - en la de la Cultural - daban sopas con honda. No. Aquí no caben más sinvergüenzas por metro cuadrado.

Quien  condenado  por cohecho - y otras cosas que vendrán- pide al gobierno el indulto; quien por asesinato en carretera  se las anda por veredas parecidas. Quien por saqueador de Ayuntamiento…Compungido, apenado y triste –dice- que se arrepiente. Pronto ha olvidado el pregón del pasado verano: la Ley está para cumplirla… Pues blanco y en botella.

Uno - de los muchos que han ensuciado algo tan digno como la UGT- lo echa todo a una campaña contra el sindicalismo. Oiga, maestro ¿y, los que han metido la mano, también, son un invento? A lo mejor no hay que buscar fuera a los dañinos…

El duque y señora si no se llevan por delante a la Casa Real… poco les va faltar. ¡Lo que son las cosas! La izquierda harta de salir a la calle con banderas que piden la República y van a ser la hijita querida y el yerno… “¡Cosas veredes, amigo Sancho!”

El fiscal pide cuatro años de prisión para un ‘artista’ que vive a costa de los artistas. Se  gastó cuarenta mil euros en ‘otras artistas’ (vamos, en putas, hablando en cristiano); un obispo solicita al Estado que pida perdón a ETA y un recién creado Cardenal se mete en un berenjenal a costa nada menos que de la homosexualidad…


No merece la pena seguir. Rinconete y Cortadillo viven y colean. Por el Arenal sevillano, por la Villa y Corte, por Levante,  por las Islas Baleares o por donde dicen que es “bona si la bolsa sona”… Aquí, hay poco arreglo.

lunes, 20 de enero de 2014

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Marisa

                                                            

Marisa es una mujer pequeña – en estatura, claro – de ojos grandes y negros; de mirada franca y voz quebrada por mor de una puñetera afonía crónica en las cuerdas vocales o como se llame, que para el caso, es lo mismo. Marisa, tiene un corazón grande y generoso. Como las buenas esencias, en frasco… ya se sabe.

Marisa es una hormiguita del tiempo; de la colección; de la memoria; de la fotografía. Alguien dijo: detrás de una Kodak (años sesenta) siempre aparece un japonés. Extrapolado: detrás de una cámara digital siempre hay una mujer. Se llama Marisa; es amiga mía.

Marisa ha recopilado, también, lo que otros miraron para que nosotros lo viésemos. O sea, fotografías. Cuánto más antiguas, mejor. Tendrá cientos. ¿Digo, cientos? No; me quedo corto, miles. Ni ella misma lo sabe. Unas en soporte de papel; otras, en eso que se llama pendrive, “pendrai” para los amigos.

Siempre tiene alguno perdido; siempre tiene que descargarlos; siempre anda falta de lo que damos en llamar tiempo… Pero lo encuentra. Cada año, en su colegio - el Cervantes de Álora - porque Marisa es docente, las expone y nos vemos como fuimos, y nos añoramos y… nos alegramos.

Ya le faltan paredes - sala de exposiciones temporal - en el gimnasio. La vida. La vida en la estación, aquellas máquinas del tren… ‘País, paisaje y paisanaje’ que decía don Miguel de Unamuno. Marisa hace que tenga actualidad la coplilla del  Cancionero Anónimo: “Ojos que no ven / o que ver desean,/ ¿qué verán que vean?”


Experta en desempolvar la pátina del tiempo, nos muestran lo que fue y ya no es; gente recordada, vagamente. Con esas fotos antiguas nos dicen cómo eran…, algo nuestro que dormía en el recuerdo. Y, ahora, cuando menos se espera, Marisa Segura Zamudio,  - ese es su nombre -, nos las trae, cada noche, de la mano de facebook. Gracias, Marisa.

domingo, 19 de enero de 2014

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Mudanza

                                                

Dicen que andan moviendo trastos por cielo. Dicen que algún angelito travieso ha roto el edredón de plumas. Ha formado el espurreo y, de una u otra manera, han ido a caer sobre las cumbres de los montes, sobre los picos más altos…

Alcaparaín, la Torrecilla, El Torcal, el Huma… asieron plumas, a puñados, y han amanecido blancos. Dicen que eso es nieve. No me lo creo. Somos muy exagerados, a lo sumo son plumas de ángeles que deben andar en el pelecho.

Que no, hombre que no, me dicen, en el bar. Yo vine temprano de Atajate y, en la Serranía, caía agua nieve. ¡Hacía un frío…! Es lo propio del invierno: frío en enero, aires revueltos.

El telediario anuncia una nevada  por tierras de Jaén. En Sierra Mágina, los olivos han cambiado los fardos de recolección - porque ahora la aceituna se recoge con fardos hechos con hilos de plástico - por un manto blanco. Oigan, en imágenes, preciosos; sobre el terreno…, luego hablamos.

Sopla, cuando escribo estas líneas, un aire recio. Como enfadado, como si hubiese leído esta mañana los periódicos y dice que ya está bien. Que son los mismos… los mismos problemas de siempre. No se resuelven. Vivillos que nos toman el pelo.

Ahora sale el del sombrero y las barbas (¿habrá visto que se acaba la olla de las subvenciones?) y dice que Andalucía está por encima de España. Claro. Gerión y Habidis y Gades hundida en la mar océana y el aceite de la Bética, y las los almendros floridos de abd al-Ramán, y el toro marismeño y Juan Ramón y Picasso… 

No se había dado cuenta.  Juntos, hombre, juntos, sí podemos…

Debe haber un puñado de ángeles en el pelecho… o jazmines hechos biznagas en los cerros… Lo siento. Tío de las barbas, a ti no te quiero, me quedo con éstos.

sábado, 18 de enero de 2014

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Ella

                                                          

Llegó a media mañana. Y, ¿entonces?, entonces apareció ella… Es la Gracia de Dios que ha venido, con algo de retraso, eso sí, pero ya está aquí. Caprichosa, como siempre, a su antojo. Ella manda.

Vino suave, con tiento, como quien no quiere la cosa. Se asomó por los cerros de enfrente, bajó, cruzó la cañada que este año, aún, no ha corrido, y se dejó sentir. Sin avisar, sin decir nada, solapadamente. ¿Dónde habrá pasado todo este tiempo?

 Dejó de cantar el carbonerillo. No sé dónde se metieron los chamarines que preludian primavera ni dónde los jilgueros que cantaban un rato antes. Los mirlos han tomado su rama y, por un rato han dejado de buscar bichillos.

No hay, esta mañana, palomas en el tejado. ‘Tito Livio’ y ‘Agripina’ (dos gatos que mi hija ‘rescató’ en el último momento) ya no están en el caballete del corral. Han puesto tierra de por medio.

Han regresado - habían subido a hora temprana - dos motos con esparragueros. Han pateado  la sierra. Deben llevar un pañetilla apañada. El campo es tan generoso que con nada, con cuatro gotas, las esparragueras han respondido. Ya se ven los primeros espárragos.

Me han dicho, - no han florecido, todavía, los almendros- que por la Cuesta del Berrón, sí hay algunos con pinceladas blancas. Se ve que los almendros, también, la han esperado, pero como no quería venir…

 Hay tagardinas en los bordes del camino. No lo sé pero en la realenga que va porcima de Las Caballerías, antes de llegar al Lomo Frío, ya, tienen que estar brotados los alcauciles y las borrajas. Seguro. Apuntan las sementeras. Se viste el campo de ropa nueva.


Llueve, llueve desde  media mañana, y por la tarde, y cae de manera suave, tan bien como sólo – la lluvia, cuando quiere- sabe hacerlo. Cernida… Ha venido la lluvia. Bendita sea ella.

viernes, 17 de enero de 2014

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Lisboa

                                               

Lisboa de fados y el Tajo; Lisboa de navegantes y aventureros; Lisboa de Pessoa y de sueños… ¿te acuerdas? Era Lisboa en  primavera, con gente en las calles que iban y venían y noches tibias con brisas que subían del mar.

“Voluntariamente abandoné mi / trono de ensueños y cansancios” Leíamos a Pessoa sentados en un terraza; tomamos un café. Entonces, en Portugal, el café sabía a café de las colonias. Era amargo, más amargo, que el café que tomábamos en España.

Subimos por la Rúa Augusta y nos perdimos por aquellas calles estrechas y empinadas. No recuerdo a dónde íbamos. Había ropa, tendida, de balcón a balcón. Jugaban unos niños en la calle… Las paredes chorreaban humedad; verdín casi a ras del suelo. Todo era lóbrego; no entraba el sol.

En las esquinas parecía agarrarse el misterio y el desgarro del fado. “Palabras de amor, de esperanza, / de inmenso amor, de esperanza loca…” Subía el funicular. De los raíles salía un ruido metálico. Por la noche, la luz ámbar aumentaba el encanto… “Palavras de amor…” El fado aquel ¿te acuerdas?

Preguntamos por la “Estufa fría”…Y fuimos. Allí estaba toda la sensualidad de plantas traídas de los lugares más lejanos del mundo. Había un ambiente de calor artificial. Todo era, para nosotros, distinto; el vapor del agua configuraba una atmósfera cálida.

Al día siguiente, la Torre de Belén, el monumento a don Enrique, ‘el Navegante’ y, luego, a los Jerónimos… Volvimos en tren. Un par de horas, sentados,  en la plaza del Marqués de Pombal. Comentamos cómo en una República había tantos vestigios de la Monarquía.

El puente - porque todavía no había llegado la Democracia - llevaba el nombre por el Dictador: Ponte Salazar. El Tejo era un mar debajo de aquella obra inmensa y sobrecogedora de ingeniería moderna. El Atlántico – entonces, y ahora - el camino que llevaba a América


Éramos jóvenes. Éramos, tan jóvenes, que ni vislumbrábamos todo lo que la vida nos tendía por delante… ¿te acuerdas?

jueves, 16 de enero de 2014

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La olla de San Antón

                                   

“San Yago montó su potro/ y San Marcos en su toro; / San Antón en su marrano / y San Francisco en su lobo”. Así lo contó Fernando Villalón, en su ‘Oración de San Antonio; así se lo digo yo…

Dicen que San Antón fue un eremita de un lugar tan lejano como Egipto, que pasó por Alejandría, Constantinopla y algún que otro lugar de Francia (sus cenizas, claro) y que, en media Europa, y parte de América, se le venera como un santo protector de animales.

Al santo se le atribuyen muchas cosas. “Con pan y vino, se anda el camino”, cuenta el refranero. En este caso, con olla y vino… y todo lo demás. Es costumbre que, por estas fechas, - 17 de enero, días antes o días después – “porque hasta San Antón, Pascua es”, se guisa una olla grande con grasas, hortalizas y legumbres. Arrecia el invierno, hace frío y ya se sabe... la gastronomía siempre al quite.

Carlos Cano cantó aquello de “a la cena de las monjas”. La cosa iba más por dulces reposteros de convento que por ollas recias y reconfortadoras. No veo yo a esas beatitudes angelicales, encerradas tras un torno, dando cuenta de una olla como estas.

A San Antón lo muestra la iconografía con un cerdito a sus pies. “Del cerdo hasta los andares”, así que a la olla si le faltaba alguna bendición - que no le falta - pone como santo y seña al de las cuatro patas y el rabito rizado.


“Mirad que entre los pucheros y las ollas anda Dios”, escribió Santa Teresa y si tan alto Señor se las anda entre fogones y aguas hirviendo y todo lo que en ella se echa y cuece, ya me dirán ustedes que debo opinar yo ante tan magno misterio. ¡Qué aproveche!

miércoles, 15 de enero de 2014

Un hoja suelta del cuaderno de bitácora. Alora: las cosas del querer

                                              

“Álora - me dice, desde Chinchón, Juan Francisco- debe ser muy bonita, ¿verdad?” Y le contesté: Álora, se asoma cada mañana, casi de puntillas, a la vega por donde corre el río; es, un pespunte blanco hilvanado entre calles que se dan la mano; es, la Gracia de Dios que, cada mañana, cuando se levanta, va y dice: ¡ahí queda eso!

Álora tiene una iglesia grande, tan grande… Es un templo soberbio. Del XVII. Por la calle Ancha - debe el nombre a cuando la fortaleza lo era - se sube a las Torres, que es como aquí se conoce al Castillo. Desde la Joyanca  - casi en la mediación de la calle - se ve cómo va el río, serpenteando, por la vega y las casas blancas, entre el verdor de la huertas. Los cerros, enfrente.

En el paseo por el pueblo - después de extasiarse en el castillo - se sube y se baja. La conversación se traba con facilidad porque la gente es abierta y, aunque va a lo suyo, gusta de acoger al que llega.

Si es tiempo y hora, hay que ir al Santuario de Flores. Allí está la Virgen de Flores; vino de Encinasola. Las vistas…Si asombran las del castillo (las del cerro del Calvario, tampoco, desmerecen), las de Flores, permiten admirar, otra parte del contorno: a la espalda, El Hacho que corona y, enfrente, el Torcal y la Sierra de Abdalajís, y las Lomas, y el cerro de la Fiscala y los Montes de Málaga y, a lo lejos, muy lejos, el Barranco del Sol, pero eso, es Almogía.


La noche tiene embrujo y encanto. Es probable,  si es tiempo de invierno, que la gente esté  ya  recogida, pero en verano... A esas horas - en las noches de invierno - resuenan los pasos  por callejones estrechos. Con luz en penumbras, los pueblos - y éste más - se envuelven en el misterio. 

martes, 14 de enero de 2014

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El campanario

                                 

En el primer piso del campanario estaba el coro y  los cordeles que movían los badajos de las campanas. “Niño, el segundo”. Era la voz de Vicente, el sacristán, un hombre mayor y orondo. Llevaba los libros de la parroquia, los asuntos del templo y acompañaba, en los cantos de latines, al cura en los entierros.

Se subía por una escalera de caracol. Húmeda y estrecha. En el lateral del templo, entre el altar de Santa Rita y el Baptisterio. Una puerta pequeña, y la escalera que ascendía. Nunca ha entrado allí el sol.

Del primer piso hacia arriba -el campanario tiene tres cuerpos -  la escalera era cuadrada y con rellanos;  diferente y más amplia. Por las ventanas entraba la luz; corría el viento y al sentir los pasos, levantaban el vuelo, asustadas, las palomas.

Las vistas, únicas. Según por donde, se avista el Barranco a las faldas del castillo. Mucha cal y más necesidad. Por la calle Ancha subían, entre cuatro, a los que se iban para no volver. A la entrada de la calle, en un ángulo de la plaza, estaba la cárcel. De sólo pensarlo…

Por la ventana que mira al Calvario entraba el sol de la mañana. Tenía una campana pequeña, aguda, de tilín lejano que se perdía en el aire. (Como la conciencia de algunos políticos de ahora); si se miraba por donde  la campana mediana, el pueblo subía desparramado  hasta la lejanía…O sea el horizonte.

Por poniente: el Monte Redondo, Uriquí, el Hoyo del Olivo, el Baece y  las Lomillas... En una cueva del Monte Redondo, un día de tormenta, un rayo mató al niño del Macareno. El día del entierro - aún seguía lloviendo- había barro en las calles. Lo monaguillos tocaron, aquel día, con mucho sentimiento a muerto.


Desde el campanario se escuchaban las voces sueltas: venían del campo; las peleas de mujeres en la fuente, el cacareo de las gallinas en los corrales, las cencerras de las cabras. Habrá que subir un día de estos al campanario…, a ver si siguen por allí los recuerdos.

lunes, 13 de enero de 2014

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Volver a Antequera

                                               
He vuelto. Lo hice como a media tarde. El sol - que había salido por Antequera - ya se iba. Se iba… por la carretera andando, camino de Sevilla, de las marismas, de América. ¡Qué sé yo! Sólo sé que he vuelto y, no es poco.

He vuelto solo. Como uno tiene que ir al encuentro con el amor, con el recuerdo, con los sueños o consigo mismo… Me subí a Santa María. Sigue siendo la misma. La ciudad pinta  con rayas de blanco sus tejados;  se recuesta desde el Cerro de la Veracruz a Capuchinos y deja, abajo, como un sueño aparcado, su Vega.

Antequera es Renacimiento y Barroco. Los libros dicen que lo primero fue lo primero… Si nos remontamos a viejo hay que irse al Romeral, y a Viera, y a Menga. Antequera - Pedro Espinosa de espaldas a Santa María sigue con su lectura abierta – acoge al Efebo y a la Venus del museo y a Toral. Miren, de cerca, el San Francisco de Mena…

Dormita el Barroco en el Carmen, en los Remedios, en San Agustín, en Santiago, en Belén… Araña vientos el Giraldillo en San Sebastián; se hacen fuertes –hay que pasar la noche- espadañas, torres y veletas. Antequera la de las una y mil iglesias. Conventos, frailes y monjas, curas que rezan, señoritos arruinados, y el pueblo, siempre el pueblo que espera.

Tiene dos ríos Antequera. El de la Villa, viene del Torcal; el otro, el importante - el Guadalhorce – nació entre calizas, casi al alcance de los Alazores. Está llamado a fertilizar otras vegas. Naranjos, limoneros, azahar en abril y noches de embrujo y, allá a lo lejos, tan lejos, Málaga… Iba - el río - para otros sitios y a mitad de camino, se dio media vuelta.


He vuelto a Antequera. Estaba allí. Esperando. Era como a media tarde. Se encendían las luces; arreciaba el frío. Ya se sabe lo que es el invierno en Antequera.

domingo, 12 de enero de 2014

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El mar de Ulises

                                              

Estaba la mar, esta tarde de invierno, en calma. Había yates anclados en el muelle de levante. La gente tomaba el sol por el puerto: paseaba; otros, merendaban en las terrazas, madres con carritos, parejas asidas de la mano y sueños. Muchos sueños por lo que vendrá no sabemos cuándo.

Ya no está el silo que derramaba granos de trigo ni palomas picoteando por el suelo. Desde lo alto de un mástil, una gaviota, -¿será la paloma de Picasso de la que hablaba el Maestro?-, otea todo lo que es suyo. Un suave mecido rompe la quietud de los yates.

“Custom”, “Estrella del Sur”, María Teresa”, “George town”… casi se dan la mano. No es posible, las amarras a los malecones lo impiden. Bajadas las velas, un entresijo de cables forman esperpentos desnudos. Ondean el pabellón en cada popa.

Junto a la estación marítima el Juan J. Sister espera la hora de partir. Melilla queda enfrente. Ya no es aquella Melilla del Barranco del Lobo donde “hay una fuente que mana / sangre de los españoles que murieron por la Patria”.

Es éste, el mar de Ulises, el de las sirenas encantadoras; el mar de Manuel Alcántara por el que ve los barcos venir, desde su balcón en el ‘rincón del Rincón’. Es éste, el mar de la cultura nuestra. Todo está un poco, sólo un poco más allá, en el espacio y en el tiempo.


El mar, ahora, como yo lo veo, es un atlas sin pupitre que lo sostenga. En los mapas, cuando era niño,  el mar siembre era azul;  en la verdad es eso y algo más. Se refleja la luz. La ciudad, le da la espalda. Se esconde detrás de palmeras desmochadas y árboles pelados del parque; desde lo alto, mira Gibralfaro. Me pregunto ¿sabe alguien a dónde llevan los caminos de la mar?

sábado, 11 de enero de 2014

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Alcántara, Barbeito y otras cosas

                               

Acaba de cumplir el Maestro Alcántara un paso en la hoja del calendario. A eso llamamos años. Otro Maestro, el Maestro Barbeito - Antonio García Barbeito, el hijo de Antonio y Modesta - ha escrito en: La Tribu, Alcántara 11-1-14, un ‘peazo’ de Artículo (con mayúscula, por favor) felicitándolo. Fue, ayer, en ABC de Sevilla.

El Maestro Alcántara es la figura literaria, viva, más grande que tiene Málaga. Me acogió en su cariño hace ya muchos años; el Maestro Barbeito, hace un par de sementeras. Noches, aquellas, de ilusión y palabras; estos, días de sueños... Fueron, aquellos, viajes de muchos kilómetros. Pude, entrar, entonces, en el ‘sancta sanctorum’ del boxeo en su piso madrileño…; ahora, con el Maestro Barbeito, compartimos tiempo.

El Maestro Alcántara –“papá, le dijo un día, Lola, cada día escribes más lejos” -, cambió el aire de Guadarrama que, primero, llegaba al Paseo de Rosales y, luego a General Moscardó,  por el “rincón del Rincón” donde las olas juegan con caricias de amantes en el rebalaje. Algún día Málaga se enterará de quien fue el que paseaba por sus calles…

El Maestro Barbeito ha cambiado, también, besanas de surcos largos, capachos y almazaras por eso que llamamos poesía y se ha entretenido en escribir que “quien se mira en el aceite / cuando el aceite se asienta, / verá la cara de Dios / dulcemente satisfecha”. Amén.

Sus artículos son brisa de abril que peinan trigos en las lomas suaves; pájaros que van o vienen de la marisma a la campiña; palabras que viajan en un tren que se para en las estaciones que quiere, que silba cuando cruza los olivares que quiere, que se da en prosa o verso. Da lo mismo. “Niño, ¿a quién quieres más a tu padre o a tu madre?”


Cuentan que, cuando Juan Belmonte se fue del toreo, alguien dijo que ya nada sería igual. Claro no sabían que vendría José Tomás. El Maestro Alcántara no se ha ido de la columna diaria… Somos muchos quienes vemos en Barbeito… Ustedes me entienden. Al tiempo.

viernes, 10 de enero de 2014

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El hombre del escalón

                                

La noche ya se había echado a la calle. El hombre estaba sólo. Sentado en un extremo de un escalón de mármol blanco. Con un vaso de plástico alargaba su soledad hasta los viandantes. Nadie le hacía caso. Todos - yo también - pasábamos de largo.

El hombre no era ni mayor ni joven. En esa edad donde el ecuador de la vida te dice que ni a un lado ni al otro. Moreno de tez y pelo ensortijado. El hombre tenía unas gafas negras con cristales que cantaban unas diotrías por encima de lo que se suele llamar normal. Está expulsado de la sociedad y del sistema. Ropa sucia…

La noche comenzaba a vestirse de humedad. Una tienda de clientes pijos –a un lado- ofrecía bolsos y “complementos”; al otro, mucha luz y montones de zapatos alineados como en formación para ir a la batalla del uso, esperando clientes…Consumismo.

El hombre seguía allí solo. Gente con bolsa de colores y grandes letras: ‘Rebajas’. El capitalismo pone a menor precio productos que, hasta hace un par de días, tenían marcados un puñado de euros por encima de lo que marcan ahora.

La humanidad insolidaria lleva mucho tiempo de rebaja. Pasamos de la necesidad de la gente. Mendigos de cuerpo y alma esperan la moneda y la mano que ayude a salir del fango. No piden caridad; piden Justicia. Me acuerdo de Los Ángeles de la Noche, de Caritas, de los comedores sociales, de… Solucionan algo para el cuerpo pero, ¿y el alma?


Los faros rojos de las traseras de los coches eran puntales de aldabonazo a mi conciencia. Intento autoengañarme. “Tú no puedes solucionar todos los problemas”. Mi interior no está en total acuerdo. Sé que pude hacer algo; sé que podemos hacer más. Algún día…

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El hombre del escalón

                                  

La noche ya se había echado a la calle. El hombre estaba sólo. Sentado en un extremo de un escalón de mármol blanco. Con un vaso de plástico alargaba su soledad hasta los viandantes. Nadie le hacía caso. Todos - yo también - pasábamos de largo.

El hombre no era ni mayor ni joven. En esa edad donde el ecuador de la vida te dice que ni a un lado ni al otro. Moreno de tez y pelo ensortijado. El hombre tenía unas gafas negras con cristales que cantaban unas diotrías por encima de lo que se suele llamar normal. Está expulsado de la sociedad y del sistema. Ropa sucia…

La noche comenzaba a vestirse de humedad. Una tienda de clientes pijos –a un lado- ofrecía bolsos y “complementos”; al otro, mucha luz y montones de zapatos alineados como en formación para ir a la batalla del uso, esperando clientes…Consumismo.

El hombre seguía allí solo. Gente con bolsa de colores y grandes letras: ‘Rebajas’. El capitalismo pone a menor precio productos que, hasta hace un par de días, tenían marcados un puñado de euros por encima de lo que marcan ahora.

La humanidad insolidaria lleva mucho tiempo de rebaja. Pasamos de la necesidad de la gente. Mendigos de cuerpo y alma esperan la moneda y la mano que ayude a salir del fango. No piden caridad; piden Justicia. Me acuerdo de Los Ángeles de la Noche, de Caritas, de los comedores sociales, de… Solucionan algo para el cuerpo pero, ¿y el alma?


Los faros rojos de las traseras de los coches eran puntales de aldabonazo a mi conciencia. Intento autoengañarme. “Tú no puedes solucionar todos los problemas”. Mi interior no está en total acuerdo. Sé que pude hacer algo; sé que podemos hacer más. Algún día…

jueves, 9 de enero de 2014

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Una de batallitas

                                   

Hoy hace 43 años (como el licor, pero en seco). Nos formaron (¿) en la explanada de la estación. Nos leyeron no sé cuantas leyes: todas terminaban en ‘pena de muerte’, prisión en un penal militar o destierro en el Peñón Vélez de la Gomera. Con un poco de suerte, veríamos, algún día, a nuestra madre o volveríamos al pueblo…

Partimos; el sol se escondía por la Sierra de Mijas. En los túneles de El Chorro ya era noche cerrada, por fuera y,  por dentro. De madrugada subió un hombre al tren que vendía tortas de Alcázar. Nos amaneció en Albacete. Todo el campo era una llanura inmensa y blanca. Por las ventanillas entraba un aire con frío de hielo…

Nos dieron suelta en Valencia. Embarcábamos al anochecer. El Grao nos despidió con luces en la lejanía y Valencia era una ciudad en la que, por primera vez en mi vida, subía a un barco. La travesía duró toda la noche;  Palma nos acogió cuando el sol asomaba desde Son Dureta por encima del castillo de Bellver…

De lo que vino después – sólo catorce meses y un día- pues como que no. Batallitas de abuelo para los nietos en noche de chimenea. Decía el padre Maynanet que la escuela es el lugar donde arraigan las amistades que duran para toda la vida; la mili, también.

En el CIR 14  arrancaron dos que duran y duran. Gabriel fue con nosotros; a Joan Mas i Adrover,  lo ‘reclutaron’ en Felanitx. Pepe Zambrana que estaba de Guardia Civil en Inca era el portador de los paquetes que me enviaba mi madre; en la lambretta de Joan –entonces ni casco ni dinero- íbamos a recogerlos.


Juntos recorrimos la isla. Viven aún las impresiones de Deya, Soller, Valldemosa, Sa Calobra, el Puig de San Salvador, Lluch, Formentor…. En su boda me invitó de testigo, en la catedral, frente a la Almudaina. Aina y él decidieron andar, junto, el camino; Antonia y yo firmamos que lo vimos. Sólo han pasado…- y lo que te rondaré morena- para que yo recuerde y les dé la tabarra a mis lectores…como acabo de hacerlo ahora mismo.

miércoles, 8 de enero de 2014

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Candelas

                                             

Subían, a media mañana, columnas de humo desde los olivares de la Cuesta del Convento. No estaba el día claro. Entelerañado, el cielo, y viento en calma. La yerba chorreaba la pelúa de la noche y el campo despertaba con la pereza del que retoma algo dejado por un tiempo.

Talan los olivares y por mor de ‘la palomita’ hay que quemar varetas y ramas; la leña recia, se la llevan ¿sabe usted? ¡ cómo arde tan bien…! Pero el ramón hay que quemarlo. Las cabras, recién paridas, con las ubres llenas lo triscan con bocados certeros y monocordes. Hay un concierto de latón con lengüetas de acebuches.

Han pasado los Reyes; retoma la actividad enero. La prensa arremete contra el Rey - el que es casi tan mago como los que vinieron de Oriente - porque dicen que, físicamente, no está bien. ¿Cómo quieren qué que esté un hombre que tiene  un pie en los ochenta?  Majestad, los Reyes, - los de verdad - tampoco tienen el perdón del tiempo.

Un manto verde – y eso que no ha llovido – sube por la ladera. Mañana, cuando abra la primavera, será una alfombra de florecillas: violetas, moradas, lilas (que, aunque parezca igual, no es lo mismo) blancas, azules, amarillas, naranjas…

Los olivos, recién talados, parecen salidos de un corte de pelo y en sus ramas tiernas brotará  la trama de abril y dirá cómo viene el año de cosecha y, luego, por san Juan, el refranero que apunta… Como cada año. El ciclo de la vida.


No han florecido, este año, todavía los almendros. Las columnas de humo, dicen que allí está el trabajo del hombre. La naturaleza lleva su marcha. Bajo tierra duermen lo insectos. Cuando la reja del tractor abra el surco serán alimento de  las bandas de rezneros blancos… Esta mañana subía al cielo el humo de las candelas desde la Cuesta del Convento.

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Candelas

                                              

Subían, a media mañana, columnas de humo desde los olivares de la Cuesta del Convento. No estaba el día claro. Entelerañado, el cielo, y viento en calma. La yerba chorreaba la pelúa de la noche y el campo despertaba con la pereza del que retoma algo dejado por un tiempo.

Talan los olivares y por mor de ‘la palomita’ hay que quemar varetas y ramas; la leña recia, se la llevan ¿sabe usted? ¡ cómo arde tan bien…! Pero el ramón hay que quemarlo. Las cabras, recién paridas, con las ubres llenas lo triscan con bocados certeros y monocordes. Hay un concierto de latón con lengüetas de acebuches.

Han pasado los Reyes; retoma la actividad enero. La prensa arremete contra el Rey - el que es casi tan mago como los que vinieron de Oriente - porque dicen que, físicamente, no está bien. ¿Cómo quieren qué que esté un hombre que tiene  un pie en los ochenta?  Majestad, los Reyes, - los de verdad - tampoco tienen el perdón del tiempo.

Un manto verde – y eso que no ha llovido – sube por la ladera. Mañana, cuando abra la primavera, será una alfombra de florecillas: violetas, moradas, lilas (que, aunque parezca igual, no es lo mismo) blancas, azules, amarillas, naranjas…

Los olivos, recién talados, parecen salidos de un corte de pelo y en sus ramas tiernas brotará  la trama de abril y dirá cómo viene el año de cosecha y, luego, por san Juan, el refranero que apunta… Como cada año. El ciclo de la vida.


No han florecido, este año, todavía los almendros. Las columnas de humo, dicen que allí está el trabajo del hombre. La naturaleza lleva su marcha. Bajo tierra duermen lo insectos. Cuando la reja del tractor abra el surco serán alimento de  las bandas de rezneros blancos… Esta mañana subía al cielo el humo de las candelas desde la Cuesta del Convento.

martes, 7 de enero de 2014

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Las 'pasaeras'

                                    

                                               A Marifelix, castellana de Salamanca que se ríe, sola, de las cosas de Alora cuando viaja en  metro por Madrid.

El río, entonces, llevaba lo que tienen que llevar los ríos: agua. En invierno iba crecido. De hecho era difícil vadearlo. Los más osados, si tenían buenas bestias, se ‘echaban’ y lo cruzaban, si no, a dar la vuelta por el puente…¡ay, el puente!

Por las tardes, cuando desde el pantano soltaban el taponazo de agua para provocar el salto y dar funcionamiento a la fábrica de Paredones, venía el ‘aumento’. Ya no había manera. Rodeo por el puente; los que venían, a pie, de escardar en las lomas de Virote o  El Chopo, tenían la opción del ‘alambre’. Artilugio de tirolina que, colgados de un gancho, permitía el paso.

En verano la cosa se suavizaba algo. El estiaje, disminuía el caudal y el ingenio humano conseguía poner un ‘palo’ (“Coronao” era el ingeniero artífice) en la Cuesta del Río, en la desembocadura del arroyo Jévar que, naturalmente, venía seco. Donde no, unos rebolos, estratégicamente colocados se utilizaban como ‘pasaeras’.

Corrían por España - ¿y cuándo no es Pascua?- tiempos difíciles. El Mellizo vivía en Los Llanos. Un jornal cuando encartaba y la necesidad, sencilla. Se pone de moda la emigración a Argentina y, el hombre decide vender lo poco que tenía, y buscar aventura en aquella tierra. ¡A América!

Nunca había salido; su viaje más lejano… al pueblo o a Málaga. Toma el tren - con toda la familia - y se encamina a Cádiz. Nunca había visto el mar. Ante la inmensidad queda desolado. Mira y remira. No sale de su asombro.


Da vueltas, se rasca la cabeza y se decide. Pregunta por el puente. ¿Qué puente? El puente para cruzar este charco… ¡Hombre…¡ ¿Y, ni unas ‘pasaeras, ni ná’? “Na”. Entonces, si se hunde el barco me tengo tragar toda el agua? Toda. “Niña, le dijo a su mujer y a los suyos, media vuelta y pa Los Llanos…” 

lunes, 6 de enero de 2014

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Tierra de Lagares

                                              

Si entras, por la carretera del Valle - para nosotros, el Valle, es el Valle de Abdalajís – hazlo, pasado el Ventorro, antes de llegar a La Gavia,  por lo de Lucas ‘Jerriza’. Sube por la Cuesta del Moro y trepa por Viso Alto. A medida que se sube, se amplía el horizonte: la vega del río es más ancha. Por el norte alcanza la vista hasta la chimenea de la Presa de la Encantada.

Decía el cronista de los Reyes Católicos algo así  como que “son tierras que para pan no son”. Llevaba razón. Composición alpujarride; mucha pizarra, más laja, y poco suelo. Terreno quebrado en demasía. Cañadas, cajorros, barrancos…

Por Pollo Moro, (en Casablanquilla se deja la carretera) y arroyo Jevar, arriba, hasta la Plaza, luego, el arroyo de Pedro Latorre… En la Cañada de Garnica, si se toma, a la derecha,  lleva hasta la Zurriaga, Maja Luna y Maja Vieja; por la izquierda, a las lomas del Chaparral.

Montesinos queda muy arriba, pero sólo es cuestión de seguir subiendo y subiendo… Los pozos del arroyo, - porque es tierra corta en agua - se agostan pronto. En los pilares de los pozos abrevaban las bestias, las cabras del vecindario…, y se echaban buenos ratos de cháchara o… de lo que encartase.

Se han secado los almendros –el ‘gusano cabezudo’ tiene mucha culpa- pero no se pude descartar, tampoco, el abandono del campo. Ya se sabe, muchos costes y poca rentabilidad. Los olivos, manzanillos están injertados sobre pie de acebuche. No los conoció Barbeito: “olivos en las laderas / escarchadas de diciembre, / voleados sobre el paisaje / - vértigo de ramas verdes -,…” cuando los conozca…

De lo que antaño - lagares – le dieron nombre, ni rastro. Ni del molino de Serpeta que aguata en pie a duras penas, ni del fantasma que salía, las noches de invierno, en Villaverde.


Y una vez, ya arriba, casi al alcance de la mano El Torcal. La mano de Dios hecha caliza, belleza calada por las filtraciones del agua que se va a donde quiere. Lejos muy lejos, la mar y, Málaga echada a la luz del sur… Álora, a ratos, aparece acurrucada a los pies de El Hacho, no se ve. No importa. Se sueña. Los sueños, siempre, son más bonitos…

domingo, 5 de enero de 2014

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Ya están aquí

                                             

Eran tres, venían de Oriente y traían un séquito grande de pajes con plumas de colores, y turbantes y collares de bolitas redondas que brillan con la luz, y unos camellos de andar cansino y acompasado…
Empezaron - en el Nacimiento que montábamos en mi casa – bajando de unas montañas de corcho y gandinga, entre tomillos del Quebraero, aulagas de la jerriza del Llano de las Colmenillas y pitas del Cerro de las Viñas. Mi casa, por unos días,  olía a campo. ¡A gloria bendita!

Llegaban, - los Reyes - casi en los primeros días de enero, al umbral del portal. El portal era - porque tienen que ser así - el centro del Nacimiento. Cruzaron, primero, el río de papel de chocolate de casa de Juanico, ‘el de Bonela’, y luego, la llanura de serrín tintado de verde con anilina de la droguería del Pintor…

Por la mañana siempre ‘aparecía’ una pelota (era lo más de lo más) y ropa disfrazada de calcetines, un jersey, alguna camisa, un pantalón… Yo no le hacía caso a lo material de la vestimenta. La pelota era la ilusión; el Llanillo, el destino. Hoy me entero que abre el día con la muerte de uno grande Eusebio. Seguro que ha subido para enseñar lo que es jugar al fútbol por esos mundos por donde dicen que anda Dios…

Este año, también, han venido por mi casa: “1914-2014 Cien Años de la Primera Edición. Juan Ramón Jiménez Platero y yo. Ilustrado por Idígoras y Pachi” y “Az-zait. Antonio García Barbeito” ¿Se puede pedir más? ¿A que es verdad que existen?

Hace un rato he leído lo que escriben mis amigos: José María cuenta que Alcoy celebró la primera cabalgata en el siglo XIX; Fermín Adame que en Encinasola (no lo dice él pero lo digo, yo) que es el pueblo rayano al que se refiere, venían de...occidente  - ¡qué cosas! – de Portugal y Barbeito que su rifle Winchester no llegada…


Estos amigos míos son niños grandes. Cuando escribo estas líneas pienso en esos otros niños de los que todos nos acordamos. Pedro Rodado, ayer colgaba una foto de las que hieren el alma. Pedro, que es otro niño grande, pide: justicia social. Les hago una proposición deshonesta. ¿Si, hacemos, todos, la misma petición, podría haber algo de arreglo? Ya están aquí, pero a lo mejor para el año que viene…

sábado, 4 de enero de 2014

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Simeone Fashion

                                              

Llegaron en el AVE de la tarde antes. Recibimiento de gloria en la estación y paseo por La Rosaleda. Daltonismo en Aemet con previsión de alerta naranja por vientos huracanados, que no llegaron a tiempo para ‘ver’ el partido; el huracán, se vistió de rayas rojas y blancas (nada de naranja). ¿El de enfrente? Vendió cara la derrota; ante los grandes, se crece.

Los ‘Simeone fashion’ dijeron qué es el quiero y puedo. El Málaga, qué es el quiero, pero no puedo. Juegos de palabras. Cuando la gente juega de memoria, sabe dónde está el que tiene que estar y, además está, pues a eso se le pude llamar ‘Simeone fashion’ o lo que ustedes quieran. Pero ¿y, si le llamamos futbol?

El Atlético puede ganar la liga. Tiempo al tiempo. Son una piña, juegan compactos. No hay figura que sobresalga. Por cierto, chapeau – por hoy, a Schuster en el planteamiento- porque Sergio Sánchez apagó la luz de Diego Costa. No se estrenó. Se le fue sólo dos veces y, una facilito, el gol de Koke (Málaga 0; At. de Madrid 1).

Los de Aemet no saben que la primavera pasa en Málaga las tardes de invierno. Casi tanto calor como en abril. No era tarde de víspera de Reyes Magos.  No vino el viento anunciado ni la goleada temida. El Málaga de salida arrancó con cinco jugadores defensivos: Willy (portero), Gámez, Angeleri, Sergio Sánchez, Weligton, Antunes y Camacho; uno casi, Darder, Eliseu –flojito, en todos los aspectos – y en punta Samu y Juanmi.

 Mucha bisoñez en esa delantera para asustar al Atlético. Por cierto, alguien debería decirle a Antunes que el campo se termina en el banderín de córner de la parcela en la que juega el rival. Lo digo porque como nunca pasa de la línea del área grande…


Los ‘Simeone fashion’ saben a lo que van. Sosa faltó a la palabra dada, el público lo recibió - calentó en la banda - con hostilidad. Es parte del salario del mercenario. A los ‘Simeone fashion’ le viene bien lo de César: “Llegué, vi, vencí”, pero con trabajo, agrego, yo.

viernes, 3 de enero de 2014

Una hoja suelta de cuaderno de bitácora. El cabrero

                                               

Se iba la tarde, como se van las tardes a primeros de enero: con sol dorado y con bulla. Se hacen grandes las sombras. Los cirros, blancos y deshilachados, marcaban por el cielo, más celeste que azul, un camino. Como don Antonio Machado me pregunto: ¿adónde el camino irá?

El atajo de cabras careaba en la coronación de la loma. Poca yerba nueva y algo de pasto seco. El cabrero lleva una gorra, a modo de pasamontañas, que le cubre las orejas, una honda de siete ramales, un garrote de acebuche y un perro garbito que anda, junto a él, de manera cansina. En la cintura del cabrero cuelgan varios botijos – de madera de encina y cuerdas de pita - para ponerlos en la boca de los chivos ritones.

Lleva un puñado de cabras veleñas. “Casi toda, paridas - comenta - tempranas” porque “los chivos de enero no valen dinero”. Le digo que es un refrán viejo y me dice que todos los refranes los son. Sentencia. “Duran más que nosotros”. Le digo que sí. Tiene ganas de hablar y hablamos.

Me cuenta que hogaño el otoño se ha presentado duro. Como hacía muchos años que no venía otro igual. En el campo o nos ahogamos porque sobra el agua o porque no viene. Ya ve usted, el año pasado lo que nos trajo el río y éste… Están secos los veneros, no han corrido, todavía, las cañadas y, a los pozos, se le ve “lo hondo”.

Recogen la leche con un camión. Se la llevan a la central. No me parece de buen gusto hablarle de dinero, pero me cuenta que los chivos se los llevan a Barcelona y los pagan más mal que bien. El cabrero, sabrá lo que habrá pasado esos meses menores con las cabras a boca parir y el campo lambido de forraje.

Se echa la noche encima. Va camino del corral. Suena una sinfonía de cencerras. “Ahora, hay que darle de mamar a las chivas que he dejado para semilla”. Luego vendrá el destete y cuando lleguen los meses mayores ya serán unas primalas hermosas. El cabrero se levanta cuando asoma, por Los Lagares, el lucero y comienza el ordeño.


Huele el aire cabras. Le digo que hubo un hombre que se llamaba Miguel, que fue cabrero, y que escribía versos. Nunca ha escuchado hablar de ese hombre. Le cuento algunas cosas de él. Lo detuvieron por mor de un reloj y… por las ideas. Eran otros tiempos. Nos despedimos; se aleja el cabrero…

jueves, 2 de enero de 2014

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. De nuevo

                                           

Por un puente nuevo – de este verano aquí- cruzo el Cidacos. Va crecido el río. Lleva agua clara, abundante, saltarina… Va camino del Ebro y de allí, a la mar. Ya se sabe, lo de Jorge Manrique, lo de siempre. Están pelados los chopos. Es invierno.

Han adecentado, también la carretea que sube al puerto. Las mismas curvas pero con mejores quitamiedos. La subida a Oncala, desde La Rioja, se hace de manera más brusca. Si se viene de la tierra de Castilla, se le engaña al viajero y todo parece más llano. Mentira. Coronar el puerto significa haber subido por encima de los mil cuatrocientos metros.

Oncala sabe a puerto y a pueblo. Del puerto habla la radio porque lo da por cerrado muchos días del invierno. Del pueblo hablan los libros que dicen de la Mesta, de una arzobispo de Valencia que donó diez tapices –impresionantes- sobre cartones de Rubens…

El pueblo tiene dos partes. Algunos emigrantes en verano y la soledad en los días cortos de invierno. Pastan - ya no hay ovejas, como antes - algunas vacas de raza cherolais en las laderas de las montañas. Perros mastines. “Por los lobos, ¿sabe usted?” y varios vehículo todoterrenos aparcados a la puerta de las casas. Sale humo por algunas chimeneas.

Oncala tiene pinceladas - solo pinceladas - porque este año parece que todavía no ha llegado la hora de que se vista con manto blanco. Soledad, campos desiertos, nada de árboles, nada de vida, solo, de vez en cuanto, el vuelo raudo de pájaros negros que cruzan de una lado al otro de la carretera; en el cielo, vuelan en círculos concéntricos –por lo de las corrientes térmicas – un puñado de buitres.


Once horas –casi- de coche. Campos de soledad de Castilla; atrás el puerto y Garray y Numancia y muchos kilómetros, y coches y más coches, y progreso que engulle y prisas… y más cosas y todo eso y, de nuevo en casa, y con ustedes, los que me leen a quienes he comenzado fallando, el primer día del año. No ha sido por culpa.