miércoles, 8 de enero de 2014

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Candelas

                                              

Subían, a media mañana, columnas de humo desde los olivares de la Cuesta del Convento. No estaba el día claro. Entelerañado, el cielo, y viento en calma. La yerba chorreaba la pelúa de la noche y el campo despertaba con la pereza del que retoma algo dejado por un tiempo.

Talan los olivares y por mor de ‘la palomita’ hay que quemar varetas y ramas; la leña recia, se la llevan ¿sabe usted? ¡ cómo arde tan bien…! Pero el ramón hay que quemarlo. Las cabras, recién paridas, con las ubres llenas lo triscan con bocados certeros y monocordes. Hay un concierto de latón con lengüetas de acebuches.

Han pasado los Reyes; retoma la actividad enero. La prensa arremete contra el Rey - el que es casi tan mago como los que vinieron de Oriente - porque dicen que, físicamente, no está bien. ¿Cómo quieren qué que esté un hombre que tiene  un pie en los ochenta?  Majestad, los Reyes, - los de verdad - tampoco tienen el perdón del tiempo.

Un manto verde – y eso que no ha llovido – sube por la ladera. Mañana, cuando abra la primavera, será una alfombra de florecillas: violetas, moradas, lilas (que, aunque parezca igual, no es lo mismo) blancas, azules, amarillas, naranjas…

Los olivos, recién talados, parecen salidos de un corte de pelo y en sus ramas tiernas brotará  la trama de abril y dirá cómo viene el año de cosecha y, luego, por san Juan, el refranero que apunta… Como cada año. El ciclo de la vida.


No han florecido, este año, todavía los almendros. Las columnas de humo, dicen que allí está el trabajo del hombre. La naturaleza lleva su marcha. Bajo tierra duermen lo insectos. Cuando la reja del tractor abra el surco serán alimento de  las bandas de rezneros blancos… Esta mañana subía al cielo el humo de las candelas desde la Cuesta del Convento.

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