jueves, 31 de marzo de 2022

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 Para ti...




Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El Emperador y otras cosas

 



                   Tornavacas (Cáceres)


Llego a Tornacas a media mañana. Al final del pueblo, a la derecha, por bajo de la carretera está la fuente. Es una fuente de piedra. Tiene dos caños y un agua clara, limpia, abundante y fresca. Me acerco. Me refresco echándome un poco en la cara.

La mañana está espléndida. La carretera es un hilo asfaltado. Sube – una continua curva – hasta coronar el puerto. Ya no es Extremadura. Arranca Castilla. Allí nace el Jerte.

Un hombre mayor sentado junto al pilar, deja que pasen las horas. Es tiempo de verano y está abrigado con una chaqueta, jersey y una camisa de cuadros. Entre sus manos, un bastón de madera de castaño. Apoya la espalda contra la pared de piedra…

-         Buenos días, abuelo.

-         Buenos…

-         ¿Echando el rato?

-         Echándolo…

-         Hace calor…

-         Hace…

-         Tienen ustedes un pueblo muy bonito…

-         No está mal. Antes era otra cosa…

-         ¿Y eso?

-         Pues ya ve, los jóvenes se han ido. Solo quedamos los viejos…

-         Pues, usted está muy bien…

-         Como los duraznos, lo malo por dentro…

-         ¿Cuántos hace?

-         Metido en los noventa y tres…

Poco a poco, me gano su confianza. Me cuenta, que de joven trabajó en el campo. (A lo lejos se escucha cómo faenan los hombres en la recogida de las cerezas, cencerras de vacas en la ladera y un burro que rebuzna en una cuadra). Se interesa por saber de dónde vengo y me dice que cuando era “momento” iba a comprar papas a la vega de Antequera. “Llevábamos picotas, y en el retorno cargábamos papas…” Tenían buen género.

Se llama Antón Méndez. En la casa de un antepasado suyo, pernoctó el Emperador cuando iba camino de Jarandilla antes de atravesar la sierra de Tormantos.

-         Mire cómo era la gente de antes. A los pocos días descubrieron en el desván una imagen de la Virgen. Dieron noticias al séquito para decirles del olvido. El Emperador les escribió una nota de su puño y letra y les dijo que era una donación por lo bien que lo había atendido…

Le digo que sigo camino, que voy para el Barco de Ávila, y de allí a Matarredonda de Gredos en busca del nacimiento del Tormes. Me desea buen viaje….

Era una mañana soleada de un día de verano de hace unos años… Entre los árboles, voló una oropéndola.

 

 

 

 

miércoles, 30 de marzo de 2022

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 Para ti...




Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Lotería

 

                                 

Inundaciones Setenil de las Bodegas (Cádiz) 

                  

Nubes y claros. El tiempo, como todo, rarísimo. Si uno ve la televisión – además de encontrarse con gente que sabe de todo – siente por dentro una sensación de ahogo e impotencia que lo deja anonadado. Mucho de lo que dicen, o es malo o va por el camino.

¿Se acuerdan de aquello de que todo lo que gusta está prohibido, es inmoral o engorda? Más o menos, pero al revés. Las noticias que saltan son como para echar a correr y no mirar hacia atrás. Lo que está a nuestras espaldas es para no verlo, pero anda, ¡que lo que tenemos por delante…!

Los ayuntamientos que no saben en qué gastar el dinero que no tienen, se han encontrado con un regalo añadido. Las calles – las fachadas también, pero ese es problema de los vecinos – tienen el barro incrustado de tal manera, que ni el agua a presión lo saca. Si el agua a presión fuese la solución para algunas cosas… pues eso.

Decían en no sé qué sitio, esos que les comentaba antes que lo saben todo, que nuestro gobierno le ha dado el Sahara a Marruecos para que frenase las oleadas de personas en las vallas de Ceuta y Melilla - como si la injusticia con cara de hambre y necesitad se frenase así – y están llegado en masa a Canarias… Ahora ¿cómo le ponemos al niño?

Esta primavera ha entrado muy rara. Después de un otoño e invierno secos, le ha dado por venir el agua a su antojo y la está liando en muchos sitios. Ayer por la tarde, le tocó a Setenil de la Bodegas y la semana pasada a la Comunidad Valenciana. Vamos que esto va por barrios.

Barbeito, ha ironizado en su “Tempranillo” de hoy sobre cómo envenenar a los negociadores de Ucrania: ¿fruta? ¿agua? ¿un polvillo sobre las mesas que con el roce entra en la piel y luego se va a la sangre? Con el cariño que te tengo, maestro, se te ha olvidado que, en este país nuestro, tenemos un sistema hipnotizador menos nocivo y más discreto: la tele.

El cambio climático, el culpable de todo. Y nosotros ¿qué? Nos puede pasar como el del chiste que le pedía a Santa Rita el premio de la lotería y la santa le contestó que al menos sacase el décimo. No hay que hacerse ilusiones; al menos sacar el décimo…

 

martes, 29 de marzo de 2022

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 Para ti...





Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Don Remigio

 

                                     


29 de marzo, martes. En invierno, el aula de Ciencias Naturales era oscura. Estaba en los bajos de la rotonda, conforme se bajaba por la escalera de caracol, a la derecha. Era una sala amplia, con ventanales que daban al patio – a aquel espacio de expansión se le llamaba patio, pero no lo era – donde se jugaba al fútbol, al frontón o simplemente se paseaba.

El techo era alto, en uno de los laterales, a la derecha de la mesa del profesor y frente a los ventanales, estaban las vitrinas que guardan el material propio del aula. A mí lo que más me gustaban eran las aves disecadas. Había un puñado de pájaros de diferentes tamaños y colorido en las plumas que alguien había puesto allí para completar nuestra formación. A sus pies tenían el nombre científico, y una pequeña leyenda, que casi nadie leía.

En otra de las vitrinas estaba colocada la mineralogía. Era algo frío, distante, poco atrayente. Los pájaros, aunque disecados, tenían un interés de algo que en su día tuvo vida, pero la mineralogía, pues eso, como que no.

-         Don Remigio, ¿esta piedra…?, preguntábamos, iniciando la provocación al profesor.

-         Hijos, - don Remigio era un resorte y atronaba – no seas bruto, eso no es una piedra, es un mineral…

Don Remigio era un hombre mayor, alto de estatura, con la cabeza blanca y acento de Valladolid, lo que daba aún más sensación de corrección en su lenguaje, ortodoxo, pulcro, correctísimo.  Vestía un traje gris, camisa blanca y corbata negra. Su mesa, la mesa del profesor, estaba en la cabecera del aula sobre una tarima, que lo elevaba – en sabiduría y gobierno – sobre todos nosotros.

Don Remigio era un hombre bueno. A mí me parecía que era muy bueno y que intentaba sacar de nosotros todo lo que llevábamos dentro sin apartarse de la metodología que imperaba en aquel tiempo (yo me aprendí de memoria toda la cristalografía… Hoy me pregunto ¿para qué? Pero no obtengo respuesta). Don Remigio era también el director del Instituto Femenino que estaba en calle Gaona…

Por los ventanales, los días de viento de levante, veíamos como se agitaban las ramas de los eucaliptos, esperpénticas, desarboladas, como si asidas al tronco de donde habían salido, luchasen por sobrevivir que era su sino ante las fuerzas telúricas. ¡Qué tiempos, Dios mío!

 

lunes, 28 de marzo de 2022

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 Para ti...




Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Misericordia divina

 

 


           Álora. El Hacho. 

                           

28 de marzo, lunes. Día gris. No llueve, lo parece, pero no. Una sensación de humedad constante en el aire, da una nota apagada y triste. El sol se ha escondido o debe andar de vacaciones por otras tierras. Tiene secuestrada a la primavera…

Detrás de los cristales se ve El Hacho sumido en la bruma; el cielo, entoldado; no andan las nubes, están quietas; no cantan los pájaros. Los algarrobos de la jerriza son fantasmas que surgen entre ese roquedo de piedras desprendidas con las que hemos convivido siempre y que se quedaron a media ladera en su camino de bajada.

Dicen que viene otra borrasca. Bueno, un rosario de borrascas. No les dan la intensidad de las anteriores, las que entraron la semana pasada. En su evolución, en ese remolino que originan los vientos en su giro, no descartan que nos vuelvan a traer, otra vez, polvo en suspensión del desierto. Eso sería repetir la faena.

Un chiste que ha circulado estos días, por las redes decía que le hemos cedido el Sahara a Marruecos, y su rey, como correspondencia nos ha regalado el polvo del desierto. Se ve que la cortesía, a pesar de tanta crispación, no se ha perdido… O como dijo el Guerra “hay gente pa tó”.

Dice un amigo que el barro caído – llovido – hace unos días ha puesto las fachadas como los trajes de los niños de primera comunión cuando los chavales se derraman la taza de chocolate. A lo peor no es tanto, pero el casi lo lleva puesto. Algunos pueblos blancos han dejado de ser blancos en sus fachadas según la orientación, y han emulado a los pueblos de adobe de Castilla. Una manera de dar trabajo a los pintores en estos meses que se nos acercan…

Por un casual ¿no se han dado cuenta de las ganas que tiene la gente de echarse a la calle? Ahora se las andan con las previsiones de cómo estará el tiempo en Semana Santa. Quienes temen a la lluvia y quienes la están deseando, porque en todos sitios no ha llovido igual.

Hace unos días en una tertulia – discrepancias aparte, que las había – Teodoro León Gross contó la respuesta que dio el maestro Alcántara cuando le preguntaron sus preferencias sobre vino o cerveza, ginebra o güisqui, ron o… “No pongamos, contó que respondió, cortapisas a la misericordia divina”. Pues eso.

 

domingo, 27 de marzo de 2022

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 Para ti...




Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Xébar

 

 


                          Alora. Arroyo Jévar a su paso por La Panera

 

27 de marzo, domingo. Tiene vocación de río, pero le falta el curso continuo de agua y se queda en arroyo. En su nacimiento, junto a la ermita que le da nombre, al sur del macizo kárstico de El Torcal es como un potro encabritado que bracea a su antojo y se desboca bravucón y caprichoso. En su vejez, o sea, en su final ya agotado se pierde en meandros pronunciados, reacio a entregar el tributo al Guadalhorce, entre el Morquecho y La Molina, que lo espera a la bajada de la Cuesta del Río, frente a Álora.

 

Es el más importante del término municipal junto al arroyo de Las Piedras que nace en los Prados de Eslava. Se alimenta de otros arroyos que le entregan sus aguas. El arroyo de Los Chinos o de la Atalaya – la Atalaya de Omar -, Cañada del Cerro del Cura, Valsequillo, y Espinazo del Perro, por la derecha;  Ancón, Pedro de la Torre y Morales, por la izquierda.

 

Se menciona en el Libro del Repartimiento en las propiedades de “Diego de Vera, alcayde quedale (...) quince arançadas de azebuchar e que haga heredad, linderos el arroyo Xebar y el Camino Real”. El Catastro del Marqués de la Ensenada dice que “las tierras de Catalina Romero, viuda, confrontan con el arroyo Jévar; por poniente, con el Camino que va a Córdoba.”

 

En la avenida del 26 de septiembre de 1906 dice la Hojita Parroquial que “entró por lo alto del llano del olivar de Casablanquilla, inundando las huertas. En la vivienda conocida como “casa del boticario” subió 80 ctms de altura. Destrozó propiedades colindantes en Venta Tendilla y el Morquecho, arrancó fuertes de piedra que protegían las márgenes y ahogó animales.

 

En la de finales de los años cuarenta del siglo XX fue el protagonista de un suceso triste y luctuoso. Un vecino, apellidado Torrijos fue arrastrado por sus aguas, perdiendo la vida. Asido a una adelfa en el entronque con la cañada de la Panera, en las cercanías del Tajo Galupe, frente a Casablanquilla, no pudo resistir la fuerza de la riada. Su cadáver se encontró unos días después. Aquella avenida se conoció, entre los vecinos del pueblo, como “la riada de Torrijos”.

 

De muchacho, uno recuerda al arroyo Jévar con agua clara y pajarillos abrevando en sus ensenadas; con pececillos diminutos, ignorantes del fin cercano en los calores del estío…

 

 

 

sábado, 26 de marzo de 2022

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 Para ti...

                                                 


                         Foto de archivo


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Habas

 



26 de marzo, sábado. Dicen que es comida de Cuaresma, tiene su máximo esplendor en primavera y es la base alimenticia de muchas comunidades. Sí y algo más, mucho más. En Granada – por San Antón, que es pleno invierno, se comen con bacalao- y en mi pueblo, en Álora, cuando tienen flores, o sea por febrero, que no es todavía primavera, aunque “por febrero, busca la sombra el perro”, algunas cabezas se ponen…

Es una leguminosa de grandes propiedades nutritivas por su alto contenido de proteínas, vitaminas, minerales y antioxidantes. En el campo, por su enorme componente de fosforo, se utilizaba como abono natural en la alternancia de barbechos y aportaba el enriquecimiento de la tierra para la siembra posterior de cereales.

Tiene una raíz que crece en profundidad. Los nódulos, al igual que otras fabáceas, familia a la que pertenece, fija el nitrógeno en el suelo. Consume el ochenta por ciento para nutrición propia y el veinte por ciento restante lo utiliza para mejorar la fertilidad de la tierra.

El haba – en algunos lugares se emplea en femenino – no es una verdura y sí una legumbre muy rica en fibras e hidratos de carbón, además de agua. Aportan potasio y vitamina A y al refranero le dan una salida cuando se quiere hacer patente la estulticia de alguien y se le llama “tonto del haba”, o “como las habas cuanto más grande, más vaina”. Se ve que el refranero no la exime de cierta dureza… ¡en fin, cosas de la vida!

Posee también ácido fólico. La cantidad de fibra de la vaina que es comestible, si se consume en fresco conjuntamente con la ‘pipa’, aporta al organismo minerales. Su ingestión es recomendable en medicina para los enfermos de diabetes.

Se cultiva en regadío o en secano. Su tallo, muy tierno, fácilmente sensible a los vientos helados del norte, acusándolos en cuanto aparecen y a los vendavales de aires fuertes de levante. Pueden causar destrozos en los sembrados (“el aire ha revolcao el jabá”). La vaina aparece en el tronco y es fruto de una sola vez.

Desde tiempo inmemorial ha sido alimento animal y del hombre. Oriunda de América, forma parte de la dieta humana desde el sur de Chile hasta México. En Europa, se concina de diferentes formas y maneras. Ollas mediterráneas, tortillas, revueltos… ¡o crudas!  ¡Que a ustedes les aproveche!

 

 

 

viernes, 25 de marzo de 2022

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 Para ti...



                                   Sola y valiente, ha resistido al temporal de agua...

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Viñas

 

                             


 

25 de marzo, viernes. El tren cruzaba raudo, veloz, como alma que va en pena, como alma que empuja el diablo como…  ¡yo qué sé! El tren iba por ese extremo de La Mancha donde son más Montes de Toledo que la propia llanura que dio apellidos a Don Quijote. Ese lugar –salvado Depeñaperros- que se abre de Madrid hacia abajo y dice que es tierra de algunos olivos, de azafrán y de viñas.

Las viñas dan personalidad al paisaje. Aún no han brotado. Se alinean en hileras que guardan las distancias entre las cepas. Forman recuadros rectangulares, cuadrados a veces, distintos pero uniformados entre sí.

Cuando lleguen los meses de estío y todo esté seco porque lo pide el tiempo – ahora están secos por la falta de lluvia y por la estacionalidad – serán extensiones verdes. Algo así como asomos del paraíso terrenal que se vino a vivir por un tiempo a un lugar lejano al suyo. En un verano de esos en que las chicharras casi tienen miedo a asomarse, un paisano que lo contemplaba, lanzó a voz en grito:

-         ¡ Po anda que no hay ahí, comersación, ni ná…!

Ahora cuando el tren va cruzando los campos, las cepas desnudas de hojas porque por esas tierras lo brotes tiernos tardan más en salir, son pequeños esqueletos endurecidos y desnudos. Acaban de superar los meses del rigor del invierno, aunque a bien decir, éste que se nos va dentro de unos días, no ha sido tan riguroso como otros hermanos anteriores.

Las viñas, decía Josep Pla, que humanizaban el paisaje. Me parece que, además, les da algo sensual. Todo es pequeño, a pesar de la extensión de tierra en que crecen, y piden una caricia sobre esas, una o dos yemas – qué polémicas sostengo con mi amigo Juan Blanco cuando se empeña en dejarle la tercera, y le digo que no, que una o dos, y me responde, que su padre le dejaba más… - porque lo pequeño, lo delicado, lo sensual es así.

Todo está ordenado. Esperan ese momento en que debajo de los pámpanos aparezcan los racimos y luego sean uvas y regalarán el “néctar divino que algunos llaman vino porque del cielo nos vino …” En fin, qué cosas se le ocurren a uno mientras el tren cruza raudo, veloz por una tierra donde en los pueblos lejanos sobresale la torre de su iglesia…

jueves, 24 de marzo de 2022

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 Para ti...




                              Foto de archivo

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Carmen

 


                                   

                                     Foto. Marisa Segura Zamudio

 

Si se piden a bote pronto, tres pilares de la literatura española de los años cuarenta, saltan los nombres de Cela con la Familia de Pascual Duarte, Miguel Delibes con La sombra del ciprés es alargada y Carmen Laforet con Nada. Carmen y Miguel, premios Nadal en 1944 y 1947.

El Instituto Cervantes de Madrid, acaba de inaugurar una magna exposición, “Todo y Nada” sobre Carmen Laforet donde se recoge la trayectoria de una mujer con nombre propio y ¡tan propio!, desde sus inicios hasta sus últimas obras.

Carmen fue la primera mujer que ganó el Premio Nadal y lo que es más importante, marcó un hito tan señero de la nueva novela española que surgía y que luego tuvo continuadoras (me refiero dentro del mundo femenino, entre otras, como Carmen Martín Gartín Gaite, Ana María Matute, Gloria Fuertes o Carmen Conde… que son referentes  y sin las que la novela estaría incompleta.

Nada es la huida de la literatura vacua y sin contenido. Presenta la realidad dura de cada día en una familia desestructurada donde cada uno desempeña un papel ante los demás y el suyo propio, a veces ocultado a la vista de los otros. Tiene mucho de autobiografía. Algunos críticos ven parte de su propia realidad en Barcelona, a donde llegó la autora desde Canarias, donde vivió de niña y comenzó su despertar literario.

Su escritura es “directa y fresca, en oraciones cortas y claras. Es una voz moderna; a diferencia de la mayoría de los novelistas españoles de la época, no es prolija y no ata los cabos sueltos en un mensaje moral” según dijo de ella, de Nada, Miachael Eaude, en el obituario con ocasión de la muerte de Carmen publicado por el periódico The Guardian, en 2004

Carmen Laforet escribió Nada con 22 años. Presentó al crítico literario Manuel Cerezales – con quien posteriormente se casó, tuvo cinco hijos, y se divorció en 1970 – la novela para que la publicase en su editorial, Novela y Cuentos. Le recomendó que se presentara al Primer Premio Nadal, que consiguió. La salida a luz de la novela, asombró a todos por su realismo y su fuerza en la denuncia de una sociedad decadente.

La exposición, en el Instituto Cervantes de Madrid,  invita a redescubrir a la escritora a través de sus libros, manuscritos, documentos, artículos, fotografías, y objetos personales. Merece la pena, y mucho.

 

miércoles, 23 de marzo de 2022

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 Para ti...


                          Foto de archivo

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El Capricho

 

 

                            


                      Parque de El Capricho. Alameda de Osuna (Madrid)

 

23 de marzo, miércoles. El Madoz, que es como el Vademecum al que se recurre cuando se hurga en algo muy especial, dice: “es una de las posesiones más hermosas y magníficas que hay en España, y la única quizá que puede competir con los Reales Sitios”.

María Josefa de la Soledad, no deja de ser un nombre de mujer. Era de cara fina y alargada, nariz pronunciada, boca armoniosa, ojos grandes y cejas arqueadas; en la barbilla, un hoyuelo… Si se le agregan los apellidos Alfonso-Pimentel y Tellez-Girón, nos lleva a la duquesa de Osuna que pintó Goya. Eso ya rompe moldes.

Mujer – de vida muy longeva, vivió 82 años – nacida en 1752, estuvo casada con el duque de Osuna, uno de los más grandes linajes de España, compro al duque de Priego “un huerto y una casa”, cerca de Barajas. Allí comenzó la construcción de un jardín bellísimo.  Es el único jardín del Romanticismo que hay en Madrid.

Lo dividió en tres estilos: inglés, con espacios abiertos y arboleda; francés, con proliferación floral, arriates y compartimentos; el giardino italiano, con primorosidad de fuentes, estanques y estatuas que rodean glorietas y caminos. Tiene un punto más de originalidad, su apartado chinesco con una casa de bambú. En él trabajaron los más importantes jardineros de Europa. Se construyó en diferentes épocas.

A la muerte de la duquesa pasó por manos de la ocupación francesas durante la Guerra de la Independencia, alta sociedad madrileña y adinerados. Sus dependencias, lugares de fiestas. Los derroches llevaron a los herederos a la bancarrota y las obras de arte pasaron a manos de coleccionista y banqueros. Durante la Guerra Civil, el general Miaja estableció en su suelo un búnker usado por el Estado Mayor del Ejército, que dirigió la defensa de la zona Centro. Hoy es propiedad del Ayuntamiento de Madrid.

Entre sus señas de identidad están el Abejero (1793-1796), cúpula con una rotonda con la estatua de Venus y un pabellón con panales, protegidos por cristales y donde los invitados contemplaban el trabajo de las abejas; un Casino de baile, neoclásico con dos plantas; la casa de la Vieja que recrea una aldea de Madrid; la Ermita y el Fortín, una estructura de ladrillo que daba acceso a la casa del Artillero.

El Parque del Capricho es un conglomerado de belleza en la ornamentación, variedad, riqueza floral y buen gusto… o sea “un capricho”.

 

 

martes, 22 de marzo de 2022

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 Para ti...




Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Polvo en los zapatos

 

 

      

Manifestación en Madrid, domingo 20 de marzo 2022


“Campo, campo, campo. / Entre los olivos, / los cortijos blancos”. Lo vio don Antonio Machado. También vio cómo venía la lechuza a beber en el velón de aceite de Santa María. El maestro Barbeito, veía en los olivos de Bailén, los primeros de Andalucía, a un escuadrón, en posición de firmes que presentan armas en el recibimiento a los viajeros que se adentran por Despeñaperros.

Hace unos días el campo – agricultores, ganaderos, cazadores… -  se ha presentado en las calles de Madrid. Desde Atocha hasta Nuevos Ministerios, han subido por la Glorieta de Carlos V, Paseo del Prado, Plaza de Cánovas, que por cierto era malagueño, Cibeles, Recoletos, Colón – al que todavía andan buscándole el sitio de nacimiento – y Castellana….

El hombre del campo siempre puso la espalda esperando el garrotazo del hambre, del señorito, del impuesto, del temporal, del intermediario…, ahora ha puesto sobre las calles de Madrid su hombría de bien. Han ido a lo que han ido. Ni un incidente, ni una bandera ofensiva, ni un escaparate apedreado y roto, ni un comercio saqueado, ni un coche volcado, ni un servidor del orden herido, ni un jardín destrozado, ni un banco fuera de su sitio…

El hombre del campo ha puesto sobre el asfalto su hastío, su impotencia, su clamor. No puede aguantar más. Yo, a los hombres del campo que conozco son los que tienen arrugada la cara de pasar frío y calor y las manos encallecidas; de los que saben de madrugadas bajo las estrellas; de los que no pueden pagar el jornal, y de los que viven de ese jornal que no les llega; de las mujeres que esperan el regreso, porque hay que echar la casa adelante y los niños están ahí…

Mi abuelo decía que el campo tenía mucho aguante. Todo el que se arrimaba al campo como mínimo, al regreso, llevaba polvo en los zapatos. Esos hombres del campo saben lo que llevan pasado y soportado.

Coincidí por la carretera con muchos autocares que regresaban a los pueblos de Andalucía. Me acordé de don Quijote cuando Cervantes hablaba que, por aquella tierra, a la hora del alba salió al campo tan ufano, tan contento que de puro gozo le reventaban las cinchas del caballo. Ésta era otra hora, la del crepúsculo. No sé su grado de satisfacción. Solo me asaltada una pregunta. ¿Y ahora qué?

 

 

 

lunes, 21 de marzo de 2022

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 Para ti...



                        Foto de archivo

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora.

 

 


             Quinta de los Molinos. Madrid            


 21 de marzo, lunes. Pasear por Madrid, por la tarde, a finales de invierno, a esa hora en que el sol dora arreboles sobre las cumbres del Guadarrama, es una experiencia única. Esos atardeceres los pintó Velázquez y dejó la profundidad y el colorido en sus lienzos.

El parque de la Quinta de los Molinos está casi al comienzo de lo que se llamó Carretera de Aragón. Ahora los tiempos cambian. Se llama Barrio de El Salvador, en el distrito de San Blas-Canillejas. Se accede por varios sitios, pero la parada de Metro más cercana, es la estación de Suanzes, en la línea 5, en el número 527 de la calle de Alcalá…

El parque tiene dos partes. Una artística y monumental, en la norte; otra, de labor. Está sembrado de plátanos orientales, olivos, pinos y eucalitos. La estrella del parque, los almendros. Florecen entre mediados de febrero y marzo. En este espacio de tiempo, son exponentes de la Gracia de Dios.

Los almendros hacen que este paisaje no se pueda confundir con ninguno. Hileras tiradas con cordel. Geometría y campo de la mano. Floración exuberante, colorido. Reverbera el color blanco; zumban las primeras abejas. Hay cantos de pájaros y arrullo de torcaces picoteando la yerba que apunta en los bordes de los caminos, entre las calles espaciosas y amplias de almendros.

Hay que deambular, perderse, dejarse ir por donde se apetece. Rincones, estanques, pequeños vericuetos con alhelíes, lianas, lirios, enredaderas…

De vuelta a la calle – se puede salir también por la calle Juan Ignacio Luna de Tena, en la zona norte; por el este, Avenida 25 de septiembre; por la Avenida Miami, por el Oeste – a la calle de Alcalá uno se topa de cara con la bulla, la prisa y el ruido sordo de la ciudad. Es la vorágine. Coches, gentes, terrazas… A eso le llaman civilización.

El parque fue un espacio propiedad del marqués de Torre Arias. Lo abandonaron a su suerte, y años después el Ayuntamiento, mediante acuerdos urbanísticos, lo recuperó para la ciudad. Madrid tiene varias rosaledas, dos son únicas: la de Cecilio Rodríguez y la del Parque del Oeste; espacios verdes admirables: El Retiro, la Fuente del Berro, las riberas del Manzanares, el Juan Carlos I, el parque de Roma… Otros, desconocidos pero soberbios: la Quinta de los Molinos o el Parque de El Capricho en la Alameda de Osuna…

domingo, 20 de marzo de 2022

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día.

 Para ti...



                            Foto de archivo 

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Huelva sí o sí

 

 

                      

                      Romería de la Virgen de Flores. Encinasola (Huelva)

                          

20 de marzo, domingo. A pesar de conocerla –  eso es una presunción -  desde hace mucho tiempo, unas veces porque a uno le gusta ir al reencuentro con los amigos; otras, porque pasaba por allí; alguna vez en la búsqueda de lo nuevo...

Huelva ofrece siempre algo especial como lo tiene cuando se relee a Juan Ramón. La misma primavera, las mismas flores. ¿son las mismas las margaritas del camino para que los niños jueguen con Platero?

Sabe a mar abierto en el océano un poco más allá, solo un poco más allá de la ría. Todo es infinitud. Al atardecer de cada día, se va el sol camino de América. Por allí también se fue Colón que buscaba otras tierras y cuando se perdió de vista Palos – que entonces era Reino de Sevilla -  la gente marinera ya sabía que la mar, era mucha mar, demasiada mar para que terminarse allí mismo…

Coquinas, chirlas, jibias y chocos, gambas blancas bajo el ‘azul de los cielos, en el mar de Andalucía’ Isla Cristina saca punta de espigón. Es el puerto pesquero más importante del Sur.

Espera y espera a que regresen con la pesca los barcos, a que vuelen rasantes las gaviotas, a que vengan las nubes que traen las borrascas.

Sabe distinto en cada sitio, el embutido de la Sierra – Aracena, Aroche y las Cumbres, las tres, y Encinasola, donde dice mi amigo Fermín que comienza Andalucía – y en Alájar cuna del Renacimiento, y en Galaroza cuando celebran la fiesta de los ‘Jarritos’ o con los frutos de primor, en Lepe. Vinos en la Palma y en el Condado…

Dolor en la mina; paisaje lunar en Riotinto…Guadiana y Múrtiga: Ayamonte, Vila Real, Sanlúcar de Guadiana, Alcoutin, Barrancos…  Para el caso lo mismo, según qué orilla, según el lugar desde donde se mire…

En El Cerro del Andévalo, carne de caza y cordero; jara y romería - San Benito  - y El Rocío, en Almonte, pero distinto. Huelva, esencia del fandango: Alosno, - ‘Calle Real del Alosno…’- Valverde, Calañas, Almonaster (¡qué pueblo tan bonito y con tan buena gente como Antonio Domínguez o Pepito…) Me quedo con la Danza del Pandero en Encinasola: “Yo sembré en una maceta / la semilla del engaño / con lágrimas la regué / y la flor salió llorando/ tuvo la culpa el querer”. Ah, y con la Virgen de Flores. Pues eso…

 

sábado, 19 de marzo de 2022

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 Para ti...



                                         Foto de archivo

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Espárragos

 

 

                                  

   

                    Esparraguera silvestre.

 

19 de marzo, sábado. Es un manjar apreciado. Los espárragos son brotes de los tallos carnosos de la esparraguera. Pueden ser blancos, rosáceos, o verdes. Los blancos crecen bajo tierra y nunca ven la luz; los verdes, reciben los rayos del sol y la función clorofílica permite la fotosíntesis que les confiere ese color.

En la antigüedad fue muy apreciado por egipcios, griegos y romanos, pero quedó en el olvido durante la Edad Media. En el siglo XVIII, el rey Felipe V lo devolvió a un lugar de privilegio en la mesa, sitio que, no solo no ha abandonado todavía, sino que cada vez lo ocupa con más fortaleza.

El espárrago se consume a menudo en conserva – pensemos en la publicidad mañanera mientras se esperan los encierros de San Fermín, en los primeros días de julio – sin embargo, los verdaderamente expertos en gastronomía, los prefieren frescos.

Se presenta ligeramente cocido. Su época ideal de consumo es abril y mayo en que la tierra ya ha dejado la textura invernal y los ofrecen con unas propiedades excepcionales. Las noches frías, que poco a poco van dejando de ser menos largas y que con riegos apropiados – sin encharcamientos – hacen que su desarrollo sea el ideal al levantarle el abrigo que los cobija.

Su contacto al paladar los hace suaves, sin fibrosidad, equilibrados y con un ligero amargor que permite el maridaje con las mahonesas, si son de huevo mejor, que con la de leche aunque puede subyacer el peligro de la salmonelosis, hoy subsanada con los controles sanitarios.

Se siembran para cultivos en blanco, en líneas – en caballones, en algunos sitios llamados también lomos de tierra – que se abren y se cortan por la base del espárrago cuanto más bajo mejor, porque alcanzan mayor grosor y altura.

El espárrago silvestre crece espontáneo. Es amante de terrenos rocosos y pobres. Su nombre en sí, significa brote. Las tendencias ecologistas - en su ignorancia - están en contra de la quema de esparragueras cuando eso significa nuevos nacimientos de brotes con más fortaleza que vivifican la planta.

Tienen propiedades diuréticas. Se excretan por la orina y deja un fuerte olor porque contiene azufre.  Les atribuyen también propiedades afrodisíacas, pero no se han podido demostrar.

En España son famosos los de Navarra y Huetor-Tajar (Granada). Los silvestres, en todo el Mediterráneo que incorpora su gastronomía. Unas sopas perotas, en Álora, sin espárragos… Pues eso.

 

viernes, 18 de marzo de 2022

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 Para ti...


                              Foto de archivo

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Joaquín

 

 

                           Reales Alcázares. Sevilla

 

18 de marzo, viernes. Romero Murube – Joaquín Romero Murube – era un escritor ameno, directo, asequible, de los que llegan y tocan con los nudillos de la sensibilidad en el alma de quien lo lee, y si se le abre la puerta, entonces, se adentra y deja un poso de delicia y gozo.

No hay manera de ver con más acierto, con más sencillez, la vida íntima de los pueblos como lo hace él cuando habla de lo cotidiano, donde no pasa nunca nada. Unas ocasiones lo hace cuando cuenta cosas del suyo; otras, cuando describe otros pueblos perdidos en la campiña, al pie de una sierra, o en las orillas de un río y ven cómo pasa el agua…

Hurga como nadie en el alma oculta que se asoma a la ventana, o que va en el gañán que regresa del campo, o en la mujer joven que despierta a la vida y espera encontrar en el camino ese hálito de su sueño que vaga en su búsqueda...

Leer a Romero Murube es sacar la esencia de las rosas de los Reales Alcázares que tanto cuidó y amó, pero que solo se abren a quienes se acercan a ellas cuando buscan el aroma que tienen cuando están a punto o cuando ofrecen su belleza desde lo más recóndito de sus almas.

Cuando se lee a Romero Murube, no es solo la vida la que aparece entre las líneas de sus escritos. Hay algo más. Nadie mejor que él sabe sacar la poesía a las esencias de las cosas, algunas veces tan ocultas, que pueden estar en el seto que forma el vallado orillando el sembrado o en las campanas lejanas que dejan que su tañido se expanda, hasta perderse en la lejanía del campo.

A veces añoro y me imagino cómo debieron ser aquellas conversaciones entre él y Miguel Hernández entre mirtos, bajo los naranjos al amparo del arrullo de las palomas o en el canto entrecortado de los mirlos en las mañanas cuando el sol se abría paso en la espesura del jardín. Al otro lado de la muralla pasaba lo que estaba pasando… 

Flota en sus escritos siempre un olor que no aparece en los escritores de oficio. El suyo es el olor de lo auténtico, de lo singular, de lo único del que pueden – podemos – participar todos.