viernes, 31 de agosto de 2018

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora Nuestra rosa de cada día

Para ti...




Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Quietud



La luz, la sagrada luz del Sur que recorre su camino  desde el amanecer hasta que el día pone fin – por hoy – y dice adiós hasta mañana, la luz que lo vivifica todo, se asoma al espejo del agua. No se puede encerrar más belleza; no se puede dar tanto en tan poco; no cabe un sendero mejor para que vayan y venga y se aposenten, donde  quieran, los sueños.

Rompe el horizonte una cortina de árboles. El sol ha abierto la puerta, su puerta, por el lugar donde la altura es menor y deja que sus rayos se prolonguen y marquen una nota de melancolía.

Se cierra en la lejanía la estela  del avión que pasó hace un rato; otro, a más altura, y más cercano en el tiempo, la emula y deja huella. Son esos aviones que van a alguna parte. Queda constancia de su paso.

El río es un espejo, serenidad y quietud. Tiene el encanto de los momentos únicos que queremos atrapar y dejarlo inmóviles,  para delicia y gozo.

Escribió Gerardo Diego de otro río, el Duero, a su paso por Soria, y dijo de él que era ‘agua quieta y en marcha’. Está quieta – lo aparenta – y está en marcha camino de la marisma donde la quietud aún será mayor y, luego, cuando deje a un lado el coto se abrazará con la mar océana esa que llega tan lejos, tan lejos que lo llaman América.

Federico veía en los ríos de Granada donde solo reman los suspiros ‘agua oculta que llora’. Vio de otra manera el río de Sevilla y entonces, dijo de él que era el camino más apropiado para ese navegar lento y parsimonioso de los veleros.
Ha captado Pilar toda la belleza que encierra el momento. La empalizada que otea tiempos, la vegetación de ribera donde ya han anidado los pájaros en los meses de primavera, y a donde regresan cada noche, cuando por el cielo se despega un puñado de luminarias distantes que llaman estrellas.

Está el agua parada. Es el lugar para que el alma deje, a un lado la zozobra, y entonces, solo entonces, entregarse al gozo infinito de la contemplación y saber que una Mano le abrió cauce y sitio y lugar para deleite a cuantos puedan contemplarla.





jueves, 30 de agosto de 2018

Nuestra rosa de cada día

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La talega



El hombre, cuando iba a trabajar al campo de sol a sol, echaba talega. Ahora los tiempos han cambiado; la gastronomía, también, y en lugar de la ‘talega’ se echa otra comida porque entre otras cosas el horario laboral es diferente y la jornada tiene otro ritmo.

La talega la preparaba la mujer de la casa la noche antes. Se dejaba colgada en un clavo por aquello del gato que llegaba a todos sitios y así no la tuviese a su alcance. Ya se sabe el dicho, “la curiosidad mató al gato”; el hambre, también.

En la talega, se ponía casi todo fiambre. Algo del embutido que había en aquel tiempo: un trozo de morcilla, chorizo, un taco de tocino – si tenía alguna vetilla entreverada, mejor –  y algún que otro resto de matanza si la había, claro. En una fiambrera (casi siempre de aluminio, ¡qué disparate!, pero es lo que había, una tortilla, una fritada de tomates…) que se cerraba con asas a modo trampilla. Y un cuarterón de pan.

Cuando el hombre llegaba al tajo, se colgaba en una rama. Allí estaba hasta la hora de las sopas. Si no era tiempo o lugar se tiraba de la talega, y si no, era el complemento para la comida fuerte del medio día.

Eran tiempos duros, muy duros. Cuando el padre regresaba por la noche, los chavales hurgaban en la talega del padre. Buscaban qué había sobrado. Sé de un padre, que no se comía lo que llevaba la talega. Fingía que no había tenido hambre. Mentira cochina. Sabía que aquello era algo esencial para que sus hijos comiesen algo más aquel día.

Ese padre, tenía las manos curtidas y muy endurecidas. Surcos hondos en la cara y arrugas en la frente.  Ese padre daba un jornal cuando lo había y sus hijos lo veneraron siempre como lo que era un hombre excepcional. Uno de sus hijos es amigo mío. Un día entre lágrimas me enseñó la navajilla – no llegaba a navaja, por su tamaño - de su padre. La guardaba como una reliquia. “Esta navaja, me dijo, no cortaba el pan que él no se comía para que lo comiésemos nosotros”.




miércoles, 29 de agosto de 2018

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El Hacho



Es, a nosotros, como el Gurugú a Melilla; el Pan de Azúcar a Río de Janeiro; como el Moncayo a Aragón…

Si tiene – cosa rara- puesta la capucha es señal de agua. Seguro.  “Cuando El Hacho / se pone la mantilla / suelta los bueyes / y vente a la Villa”. Aquí las borrascas entran por el Estrecho y el sol se va por el Monte Redondo.

Si subes en día claro y es invierno, a lo lejos, en línea recta, una cumbre blanca. Es Sierra Nevada. A la derecha la bahía de Málaga y a tus pies el pueblo – entenderás porqué lo hicieron aquí – y la alfombra verde de la vega, o los  trigos que despuntan en las lomas, o Los lagares que parecen olitas de tierra en un mar de montañas. Dicen que es el mejor, y único sitio para ver todo el pueblo.

Lo verás – El Hacho – por cualquiera de los caminos que llegues.  Siempre una faz diferente, incluso te cambiará de cara varias veces. Será un ‘cuchillo’ abierto; una meseta en forma de trapecio; un semicirco. A veces la roca se transforma ‘en la puerta de la iglesia’, en un perro tendido, en una cara de mostruo… Otras, no te lo vas creer la sombras te jugarán una pasada y puede aparecer algo así como un Buda sentado y gigante, un fantasma de brazos abiertos o la mismísima efigie de Gizeh… Siéntate en la ladera del ‘Quebraero’ y espera a que caiga la tarde…

Pues subir, también, en coche por el Sabinal y los Cortigüelos.
Si andas holgado de tiempo sube, a pie, por el ‘cuchillo’. La ascensión es más difícil; más cómoda por la Viñuela del Soldado. Aprovisiónate de agua. La única fuente la de Pedro Sánchez está al otro lado de la vertiente y ya fue mencionada hace más de quinientos años en los papeles del repartimiento en tiempos de los Reyes Católicos.

Huele a tomillo, a romero y aulagas.

Patea la cumbre. Desde el Monte Redondo se ve el mar. En el “Hoyo” florecen y enchan ftruo las aureolas. Dicen que tiene también una gruta – que nadie ha visto – misteriosa y profunda donde se oye el rugir de las olas del mar.
Los precipicios son enormes, así que si padeces de vértigo, ya sabes…
Párate a escuchar el campo. Párate a escuchar los silencios… y el viento …
                               (De Álora, guía práctica para viajeros diferentes, José Morales García 1998)




martes, 28 de agosto de 2018

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Caminos



El viajero está sentado, cómodamente, en la sala de estar de su casa. La televisión ofrece imágenes de la Vuelta Ciclista a España. Coronan la sierra. El puerto durísimo. Luego enfilan campos de soledad y rastrojos. Olivares nuevos. Hace calor, mucho calor. Los hombres pedalean y sudan. El viajero echa mano a los apuntes. Recuerda lo que escribió un día cuando anduvo por aquellas tierras…

Agrón tiene nombre de gas con letras bailadas, muchos indicadores - como seis o siete - a la entrada del pueblo y una iglesia de estilo “planes del Instituto Nacional de Colonización”. Poco más de seiscientos habitantes viven en una altiplanicie azotada por el viento.

Cuando sigas camino el cereal  por lo tardío del estío, por la altitud - más de ochocientos metros -, y por el ciclo de cultivo, aún estará por segar.

Al fondo, pero que no muy al fondo, Sierra Nevada cierra llanura y conserva neveros en barrancos y cumbres.

Si vas ensimismado en tus pensamientos puede que tengas que volver sobre tus pasos para entrar en Ventas de Huelma. Hazlo y entra: viejos sentados a la sombra de un tapial dejan irse la siesta. Una mujer de luto riega, con jarrillo de lata, geranios rojos y fucsias. El chorro de agua se resbala por la cal de la pared. La casa de don Torcuato, el médico, da esquina a la calle Larga, tiene enrejado diferente y un mal gusto que se sube por el color de la fachada... La iglesia, pequeña y encalada. Está cerrada.

Cae la tarde. Granada, cerca. Aumenta el tráfico. En frente, a la derecha, te queda Escúzar, y más allá, Otura y ‘El suspiro del Moro’.

Por La Malá, - Malahá o Malá que de todas formas se escribe - al igual ves jóvenes que dejan correr las horas de la tarde. Su nombre deriva del topónimo árabe. Se traduce, dicen,  por “Alquería de Sal”. Las salinas vienen de cuando los romanos y las abastece el arroyo Salado. Sirvieron de moneda de cambio entre los Reyes Católicos y El Zagal. Por medio, la rendición de las plazas de Guadix y Almería. Tuvo balneario de aguas ‘cloruro-sódicas’, pero, de eso sólo el recuerdo.

Los ciclistas se dirigen a Santa Fe – donde los ‘piononos’ ¿qué no los has probado? No sabes lo que te pierdes – y Granada y Alfacar famosa por el pan…




lunes, 27 de agosto de 2018

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Luna de agosto



Llegó ella y se hizo señora del cielo. Es la última luna llena del verano. Cuando venga otra vez ya será otoño. Apareció como quien no quiere la cosa por los Lagares. Primero, tímida; luego, luz refulgente. Lo llenó todo. La luz pálida con la que juega al escondite con los jazmines y con las rosas y con el agua de la alberca. La luz de luna de la luna de agosto.

Federico dijo que era un pozo chico. Claro, Federico se las andaba con el zorongo y habló de brazos (“lo que valen son tus brazos cuando de noche me abrazas). Y dijo que las flores no valen nada… Federico podía decir lo que él quisiera.  No habló de besos. Porque dicen que hay besos de verdad… y los otros, claro.

El maestro Castellano la bajó al río. Dijo que  era la dueña de todo.  El toro la miraba y la veía entre jaras y romeros. Se bajó al agua. Embistió con pintones en punta y se vio burlado, tan burlado que no quería creer que todo había sido un espejismo. ¿Realmente lo era? Esperó y esperó… todo en vano. Jaras, sombras. ¡Cuántas sombras!

Bécquer la persiguió. La vio de cerca, de lejos. Casi la tocó con la yema de los dedos y dijo que podría estar en el fondo de la laguna, aquella laguna negra tan lejana y tan próxima. La vio perderse detrás de los troncos de los pinos centenarios o jugando en las buhardillas y en los palomares de los caserones desvencijados… Llegó a la conclusión. Supo que ‘poesía eres, tu’… Y no quiso decir más.

El maestro Agustín Lara le preguntó si se iba, también, de ronda, ‘como ella se fue’, y habló de quiebra y tristeza y soledad de alma. De heridas que lastiman el corazón. Y se sumió en la noche de la espera infinita con un mensaje que nunca llega a término porque hay noches que duran mucho, demasiado.

El utrerano Tate Montoya – se nos fue muy pronto, aunque todas las partidas siempre vienen demasiado  pronto y traen adelanto  – se lo preguntó reiteradamente: “Yo quisiera saber / yo quisiera saber / si la luna que yo miro / es la luna que ella ve”. No sé si obtuvo respuesta; yo, tampoco.



domingo, 26 de agosto de 2018

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Agradecimiento






Una de las palabras más hermosa de nuestra lengua es gracias. Sirva, unida a la rosa - una de las flores más bellas -  de hoy, como respuesta de gratitud para quienes habéis querido compartir con nosotros un día de gozo con motivo de la boda de mi hija María.


No puedo responder personalmente a cada una de vuestras comunicaciones. Me es imposible. Un abrazo entrañable y emotivo que dicen que, como la alegría, cuando se comporte, es aún mayor. 




jueves, 23 de agosto de 2018

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Chorreo de cal



Dicen – me lo cuenta Eugenia, una guía turística a quien conozco desde hace muchos años – que los turistas que vienen a Álora, cuando regresan se llevan dos improntas: la cal que es un chorreo por las fachadas, y la orografía de calles tortuosas,  que suben y bajan. Alguna, muy pocas, llanea, pero es tan efímera la impresión que no les da tiempo a reponerse.

Hablan y hablan de la subida al castillo. Es algo impresionante, me comentó, incluso para los que tenemos curtidos los pies de ir una y otra vez. Lleva razón. Conforme se sube por la calle Ancha, al primer recodo se abre, a la derecha, abajo, por la calle Churrete y el Llano de las monas, en la lejanía todo el valle. “¿Pepe, me preguntó, porqué esos nombres”?

Enfrente, arriba, el castillo. Mejor, las torres recortadas en el cielo. Imponentes, soberbias, únicas. Le dan nombre. Queda muy poco de la primitiva parroquia de la Encarnación, el campanario reconstruido con tintes de alminar y no es ni lo uno, ni lo otro. La torre del Homenaje  daba protección a la residencia del alcaide…

Una vez arriba, en la explanada de entrada, las sensaciones se incrementan. Ganan en belleza. Todo es asombroso, todo es ilusionante y dice de la importancia del sitio y de la inexpugnabilidad que tuvo durante toda la Edad Media hasta que las ‘modernas’ armas  – lombarda y ribadoquines- de destrucción acabaron con él.

Bordea el castillo primero, un camino; calle, después. La calle del  Carril. Desde allí, en la altura,  el pueblo es un chorreo de cal blanca que baja por las fachadas. Parece como si El Hacho, en una magnanimidad propia de dioses, hubiese querido hacer un regalo…

Entre ambas calles, un barrio recoleto e íntimo. El Barranco fue el crecimiento natural de pueblo. Tampoco tuvo otros posibles lugares de expansión desde el borde de las murallas. Hoy, como una albaicín blanco quiere competir con el reto del pueblo. Es santo y seña, lugar que aporta la originalidad de quien tiene personalidad y lo hace distinto, diferente a todos los otros barrios del pueblo…




miércoles, 22 de agosto de 2018

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Noé



 Noé era un buen tipo. Vivió, tierra adentro, entre las montañas del Cáucaso o en sus cercanías. No queda claro el lugar. Según cuentan, Dios le dijo que tomase un hacha, cortase un puñado de cipreses e hiciese un arca. Murió viejo, muy viejo. Le gustaba el vino lo que en opinión de mi entrañable Fernando Espíldora era buena gente “porque a nadie  que le gusta el vino es mala gente…”

¿El primer arboricida? Puede que no. No dejan claro que cortase árboles indiscriminadamente. Lo cierto es que la gente que le rodeaba  y vivía en sus cercanías tenía mandanga. En mi pueblo es como decir que eran malas navajas.

Dios estaba harto de ellos. El publiquito, a su bola. Maldad y más maldad. Violencia y más violencia. ¡Un montón de cromos juntos! Dios una tarde se acercó a donde  Noé y le dijo que los iba a fulminar a todos. Se arrepentía de su obra. A él, y a su mujer, Naamá, no. A sus hijos Sem, Cam y Jafet, tampoco. No informa ni  la Biblia ni los  libros de las otras religiones  del nombre de sus nueras. Como se entere la ministra que yo me sé de la discriminación, la lía. Seguro.

El hombre iba lento. Dios tenía bulla. Le apremió. Hizo el arca con tres pisos (sin proyecto, ni ascensor, ni permiso de urbanismo de su pueblo, que se sepa). Metió al personal dentro del arca y a una pareja de animales de todas las especies…

Comenzó a caer agua. Tanta, tanta que el arca cuando aquello aflojó estaba posada en lo alto de un cerro, tan alto, tan alto que en lugar de cerro era un monte. Mientras la cosa iba de aquella manera aguantaron. Cuando escampó soltó un cuervo que  iba y venía. Luego, una paloma, y luego otra, y otras.

Comienzan las dudas. Si las parejas de palomos – que en teoría iba una en el viaje –pone dos huevos, y sacan cada veintiún días y estuvo lloviendo cuarenta con sus días y sus noches… ¿A ver dónde buscó Noé tantas palomas?

Cuenta el Maestro Alcántara que, en medio del aguacero, Noé sacó la mano por una ventana y vino a decir algo así como: “parece que el tiempo está de  agua”
No fue exactamente así, pero un poco de humor con tanta calima como cae pienso que no viene mal…



martes, 21 de agosto de 2018

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Olores del verano



Cada estación del año tiene su olor. Cada estación aporta, además, un colorido diferente. Hay  una procesión de colores como pinceladas única que definen cada momento. Va desde el azul de la marina a las nubes plomizas que pueden surcar los caminos del cielo.

En pleno invierno, las flores del almendro son el grito de la vida. Dicen que, en apariencia, todo duerme. Allí están ellas para desmentirlo. La rigidez del frío mañanero, la tibieza del sol de mediodía, el recogimiento cuando llega la noche.

En primavera todo es eclosión. Rompe el campo. Abanicos de colores se abren por todos sitios. Florecillas diminutas, humildes, casi sin nombre llenan bordes, cunetas, caminos, el campo…

El verano es el color de lo pajizo. Todo es amarillento y seco. El otoño rompe en la dulzura de atardeceres largos y encantadores. Llegan los dorados y ocres, llegan los oros viejos en los plátanos, en los granados y en los castaños.

Tienen las noches de verano olor propio. Ninguna otra estación – solo la primavera con el azahar – le hace competencia al embrujo de las noches de verano. Parece que hay una competencia de olores que pulsean las estrellas distantes en cielos casi siempre limpios y diáfanos.

Sale, por encima de todos los olores, el de la dama de noche. Durante el día el arbusto ocupa su sitio sin que apenas notoriedad sobre otros arbustos que puedan hacerle competencias. Cuando llega la noche despliega su poderío. Es entonces cuando ella toma mando en plaza y lo lanza a la media distancia como un capote de embrujo.

El jazmín abre su flor a media tarde. Es más, casi cuando el sol ha traspuesto por los cerros más cercanos,  él deja que sus flores – flor de un día – abran en su modestia y sean pespuntes blancos en el testero y en la sensualidad. Es pequeña, diminuta pero está llena de encanto y poesía.

La yerbaluisa  es más modesta. Su arbusto tiene un desarrollo medio. Algunas veces cuando está en suelo propicio alcanza una cierta altura. Dicen que la trajeron de América del Sur. Sus hojas tienen olor y sabor a limón. Se aplica en infusiones y en recetas de cocinas. La yerbaluisa tiene, además algo único, su solo contacto perfuma a quien tiene la suerte de poder  rozarse con ellas y se lleva captado su aroma…




lunes, 20 de agosto de 2018

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Huevos fritos



Mañana de sol y levante. Aire que trae brisa de  la mar que está al otro lado de los montes. Más allá, solo un poco más allá. Se intuye  pero no se ve.  La mar por la que cruzaba la Lola de la copla, buscando otros mares…, la mar por al que viene la gente desesperada a la tierra de promisión, la mar azul de veleros con proa hacia alguna parte y velas desplegadas.

Mi amigo Juan me llama. Me recoge. Me dice que tomamos café en Los Caballos. Hay gente. Está llena la terraza. Buscamos una mesa un poco apartada. Nos vamos casi a la misma mesa que hemos compartido con José María hace unos días cuando vino a cargar las pilas…

El camarero nos pregunta: “¿no hay otra más lejos?”. Le digo que sí  pero nos pareció bien ésta. ¡No te... ¡ Huimos del ruido. La gente no se habla,  se grita entre ella. Parece que es otra manera de entenderse. En el suelo picotea un gorrión. Está confiado. Va a lo suyo. Éste por la manera de cómo se desenvuelve entre las mesas parece que es de la casa.

Le pedimos lo de siempre. O sea, rebanada de pan casero, aceite de oliva virgen extra, eso que llaman zumo de naranja  y que a estas alturas sabe a cámara y un ajo, que este año trae en su interior más pique de la cuenta… Lo llaman desayuno mediterráneo. Yo diría que es gloria bendita que baja del cielo a la mesa.

Hay otra gloria. Trae, también, la bendición de Dios. Es simple. Muy simple, como todo lo grande. A saber. Un plato de papas fritas, un par de pimientos tiernos y que no sean muy grandes… - de medianos hacia abajo -. Admite, a discreción, un par de rebanadas de berenjenas  emborrizadas en harina, chistorra, choricillo casero…, en sus justas ‘diócesis’. En el aceite de los pimientos se echan a freír un par de huevos, a ser posible, del corral para que salgan con el punteo minúsculo de eso que sueltan los pimientos… ¿Manjar de dioses? No sé si se han percatado, a los huevos fritos todo le pega…




domingo, 19 de agosto de 2018

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Rastrojo



Ha terciado agosto un puñado de hojas en el calendario. La Asunción, la fiesta grande el mes y casi del verano, ha dicho que comienza eso que dicen que es cuesta abajo para enfilar lo que queda de año que ya tiene sobre su lomo un rejón que anuncian muerte.

La Asunción es la celebración de una de las advocaciones con que en España que en un tiempo se llamó tierra Mariana pone la estrella al verano. Casi media España en fiesta tirada a la calle en las plazas de los pueblos.

Se abrieron las celebraciones marianas con  la Virgen del Carmen. Es la fiesta marinera. Hasta el rebalaje de muchas costas vinieron hombres recios de la mar con su Virgen en una embarcación. Ellos buscaban la veneración del momento y la protección para todo el año cuando arrecian los temporales y les sorprende muy lejos de la orilla.

Para el ocho de septiembre, la Natividad pone otro sello de especial celebración. Algunos pueblos del interior sacan a sus patronas – Álora, entre ellos – y hay un canto de esperanza a María y de agradecimiento al verano que toca a fin y casi da la bienvenida al otoño que se antoja cercano.

Hay, otras dos – hay muchas más, pero no es el momento de ir desmenuzando – como el Rocío, en la marisma; en Sierra Morena, la Virgen de la Cabeza,  con romerías de primavera. La Virgen del Rosario pone fin al ciclo.  Otras, en pleno invierno, la Candelaria en febrero y la Inmaculada cuando ya los pastores andan de camino por los montes de los Nacimientos.

Desde el quince agosto, o sea, desde la Virgen de agosto en el campo se guardaban los suelos de los olivares. Eso era como decir que la aceituna temprana ya tiene aceite y su pulpa va con paso firme camino del molino. Se abría, también, la media veda para la tórtola y la codorniz…

Están los rastrojos lambidos por los animales. Apenas quedan pajotes y ya está lejos la recogida de la siega. Apuran los animales los últimos pastos. Piden que venga pronto la otoñada…




viernes, 17 de agosto de 2018

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Tormenta



Decían los viejos que cuando aparece, en las tardes de verano, la nube de Alcalá es tormenta segura. Se ha formado. Es un nimbo-cúmulo de desarrollo vertical que, de manera súbita, sobre El Torcal tiene un crecimiento rápido y muy original no exento de belleza.

Esa nube lleva en sí una configuración extraña, muy extraña. También encierra posibilidades de un desastre en sus entrañas. Marilina la ha captado. Luego, nos la ha dado a modo de regalo.

Dice la televisión que hay un montón de lugares en España que esta tarde están bajo riadas de agua, de granizo y de vientos con más fuerza de la normal y la deseada. Son tormentas de verano. Preludian el final de algo y la llegada de otro tiempo.

Se ha desatado parece que con casi la misma fobia que se alimenta desde hace un tiempo otro tipo de tormenta en Cataluña. Un homenaje a gente anónima que su único delito fue encontrarse en un lugar donde un puñado de asesinos decidieron matarlas ha sido el pretexto para mostrar toda la intolerancia que encierran.

Un amigo que reside allí desde hace muchos años me dice que aquello no tiene arreglo. Mi amigo sabe de lo que va la cosa y  sabe de lo que habla. Ojalá mi amigo no lleve razón y se equivoque. Ya ven de ilusión también se vive.

Hay otra tormenta también muy dolorosa en un lugar lejano. En Pensilvania se habla de hombres que decían que eran de Dios y en sus almas llevaban semillas del diablo a modo de violaciones a menores e indefensos.

Donde sí había una enorme ‘tormenta’ de gente era en la feria de Málaga. Aglomeración por todos sitios. En algunos el ruido tan tremendo como el que generan los truenos en la meteorología. Era el compañero ideal para eso que algunos han dado en llamar diversión. Hay cosas que cuesta entender. Bullicio, calor, decibelios fortísimos. A eso hay quien lo entiende como felicidad. 

Sobre Sierra Blanquilla, Alcaparaín y la Sierra de las Nieves, un manto de nubes feas y negras. Tronará en las alturas. Si es tormenta con agua puede ser dañina o puede que refresque un poco el ambiente. Si es seca, peligro. Un puñado de rayos desatados sobre el campo traspillado y sobre los pinares la puede liar.  ¿Con qué tormenta nos quedamos?




jueves, 16 de agosto de 2018

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Por verdiales



La Patria Chica se ha hecho grande en calle Larios. Hace unos años, la Banda de Música Municipal llenó la arteria vital de Málaga acompañando a los Santos Patronos San Ciriaco y San Paula. Hoy, de la mano de Miguel Ángel Mayo, lo ha hecho la Panda Juvenil de Verdiales.

La Patria Chica lleva un tiempo que rompe moldes. La denominación de origen para la mejor aceituna de mesa, la ‘manzanilla aloreña’ ha puesto el nombre del emblemático pueblo del Guadalhorce – que siempre se llamó a la zona Hoya de Málaga, y desde hace un tiempo Valle del Guadalhorce, son ganas de innovar, digo yo – en el mapa gastronómico de los que saben apreciar la  calidad de un producto excelente.

No se cultiva la ‘manzanilla’ solo en Álora. No. Pueblos limítrofes: Alozaina, Casarabonela, Carratraca, Ardales, Cártama… tienen una producción muy estimable. Algo parecido ha ocurrido con el tomate de la variedad ‘huevo de toro’. Ha saltado al estrellato de la mesa. Afloran, también,  los nombres de Coín, Alhaurín, Guaro, Pizarra…  Hace poco el alcalde de Álora, conjuntamente con otros representantes de instituciones hacía una exposición pública del tomate – que alcanzó precios deslumbrantes en la subasta de la primicia -  en El Pimpi…

Hoy ha sido por Verdiales. Álora no tiene un verdial propio. Participa del ‘estilo Almogia’, diferenciado de los otros dos estilos: Montes y Comares. No es el sitio, ni mis conocimientos llegan a ese nivel. Apelo a la autoridad  de Salvador Pendón para que exponga cuando lo crea oportuno las características de cada uno de ellos.

La Panda Juvenil de Álora entró en calle Larios bajo el mando de su alcalde, Miguel Ángel Mayo. Estuvo arropada por el gentío que ya a esta hora – poco más del mediodía – llenaba la calle. Todo era fiesta,  jolgorio al son de guitarras, violín, platillos y cante. Dos abanderadas abrían calle.  Alguien dijo que en Álora, del río allá: cante y baile; del río acá, cante.

Hace unos días se nos fue el último de los  tres grandes verdialeros salidos de Álora,  Juan Aranda ‘Veneno’. Antes lo hicieron, Pepe Rosas y Juan Martín, ‘el Capitán’. En recuerdo a ellos y en honor a la pureza hay que pulir algunas cosillas. A ver si este entusiasta alcalde de panda, Miguel Ángel Mayo, lo consigue… Enhorabuena, por adelantado. Hoy la Patria Chica se hizo grande.




miércoles, 15 de agosto de 2018

Una hoja del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada dia

Para ti, entrañable Marilina... que hoy le has dicho un 'hasta luego' a Andrés, tu amigo del alma. Tu dolor es también el dolor de todos.




Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Barranco



Está ahí. Donde siempre. Desde aquel día en que el pueblo decidió – como los niños cuando dejan de serlo – hacerse grande y se echó a andar por una ladera cualquiera. Bajó, primero despacio como quien tiene un poco de miedo a la aventura emprendida. Luego, fue más de prisa y se hizo grande.

Dejó arriba, en la cumbre, el castillo y sus torres y sus murallas. Lo perdió, al principio, de vista pero se trajo algo con el que siempre sabría que los mantendría unidos: su cielo azul. Su cielo azul y limpio que lo corona todo, que lo llena todo, que reparte con generosidad la poesía que lleva dentro.

Y, fue entonces, precisamente entonces, asido a su cielo cuando él, barrio humilde, tímido, recoleto, decidió hacerse calle y se bajó con tiento, poco a poco, con esa compañía que en ocasiones da el silencio y se hace íntimo y avanzó sin que nada ni nadie le opusiese obstáculo…

En su suelo, porque en este pequeño Abaycin blanco que forma el Barranco nuestro,  hay acopio de historia. Una historia que viene de lejos. Una historia que apareció en los papeles y luego la contó y cantó en romance y dijo a cuántos quisieron saberlo que allí,  murió una primavera, de hace muchos años,  Diego de Ribera, Adelantado de Andalucía, y fue entonces, cuando nació “Álora, la bien cercada”…

Dejó que a sus lados de la calle hubiese una proyección de sombras. Decía el Doctor Marañón que en las sombras todos nosotros somos figuras escapadas de un cuadro de El Greco. Aquí, no, aquí solo las dejó  para que se asomasen un poco. Lo suficiente para que diese profundidad al cuadro, a otro cuadro de vida, que se ofreció al fotógrafo, Felipe Aranda, con el misterio  que lleva dentro y se lo regaló a su cámara.

Hay pinceladas de macetas con flores. Hay paredes lisas y blancas. Son macetas pequeñas. Está ahítas de color y belleza. Lo humilde, casi siempre, tiene ese punto para decir que no falta ni sobra nada. Están en su sitio. Una mano anónima las dejó con la simetría que solo saben dar los pueblos viejos. Otra Mano dejó sembrado de estrellas el cielo que vendrán luego cuando llegue la noche y le dé aún más embrujo y más encanto si es que le cabe.





martes, 14 de agosto de 2018

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

Para tí, Paquita que hoy tienes el mayor de los dolores que puede encerrarse en el alma de una madre.






Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Brisas



Al  mediodía se arrancó el levante. El cielo perdió la limpieza que tenía desde el amanecer y apareció  con un tul de gasa que  cubría de un sitio a otro. Dicen que cuando sopla de más allá del mar, entonces, como es polvo en suspensión que viene del desierto tiene un color diferente.

La tarde ha estado agradable. Dice el periódico que la gente ha pasado calor y se ha divertido en la feria. Mi amigo Paco  Valverde ha lanzado llamadas a náufragos perdidos – otros náufragos, se entiende – para acercarlos al puerto de su caseta de El Rico. Yo no he podido ir. A veces, el deseo va por unos sitios; la obligación a la obediencia, por otros. Pero son lópeces distintos.

Hay un montón de noticias incrementadas con el rigor del calor. Agosto apunta a mediación y da información de ferias, corridas de toros, fiestas en muchos pueblos y costas con dos o tres filas de hamacas. Hablan de aglomeración en algunos rebalajes hasta el punto que llegar  al agua es una verdadera odisea.

Odisea, también la viven personas que vienen de África hacia la tierra prometida que ellos creen que es la vieja Europa. Desde luego, algunos viven tan mal en sus propios países que llegar hasta aquí puede suponer la liberación. Pobres. No sabe a dónde llegan.

Hay controversia en muchos países. No los quiere nadie. O casi nadie. Su presencia es un cúmulo de problemas para los que ni hay ni quieren ni pueden dar respuesta. Como en la vida todo es ‘del color del cristal con que se mira’.

Ahora resulta, según leo, que las mafias se están inflando de ganar pasta. O sea, dinero. Me pregunto – sin acritud ¿se acuerdan? – si la traída se debe a servicios humanitarios y a solidaridad entre la gente, eso es encomiable y digno de elogio. Si lo que media es cobrarle  aún más al desgraciado que se agarra a la tabla de salvación, ojito, ojito que eso puede estar en la raya del tráfico con personas… Eso era algo que se llamaba delito, ¿no? La tardanza en esclarecerlo es la mala. Me temo que me quedo sin la brisa que lo aclare.




lunes, 13 de agosto de 2018

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

Para ti...




Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Rosas



Ha llegado el primero. Es un anticipo de lo que dentro de unos meses enviarán las casas especializadas.  Un amigo me manda el primer catálogo de rosas del año. Ha venido como vienen las cosas buenas. Por sorpresa. Me llego al correo y está allí. Espera la recogida.

Es un catálogo de un vivero francés. Concretamente viene de Alsacia – mi amigo vive en Barcelona – y trae un muestrario que a los que nos gustan estas cosas hace que los ojos se iluminen de otra manera especial y dejan escapar ese brillo que en ocasiones dicen que emiten los ojos porque reflejan el estado del alma.

Los franceses hacen las cosas bien. Algunas, muy bien. Este caso es una pequeña muestra de cómo se hacen las cosas con calidad y profesionalidad. Naturalmente al ser su especialidad las rosas – algunas de creación propia y otras obtenidas por otros rosalistas -  el muestrario es extenso y generoso.

Me ha dado, además, una pequeña alegría añadida. Alguna de las variedades que comercializan yo las tengo plantadas. Son viejas amigas y conocidas. Me son familiares, las Charles  De Gaulle, la Julio Iglesias, la Ingrid Berman, la Black Bacarra, la Eddy Mitchel… Todas las conocen las personas que habitualmente me siguen. Ya saben, en ese pequeño capricho de poner “nuestra rosa de cada día”, ellas han tenido su protagonismo.

Decía el refrán que “la buena ropa en el arca se vende”. Eso, obviamente, era antes. Ahora con los medios y la tecnología puesta al servicio de los consumidores desde cualquier punto viene algo que anuncia que las fronteras las ponemos, estúpidamente,  los hombres. No existen para el viento, para el vuelo de los pájaros, para el sol que alumbra cada día o para que un catálogo diga que en otro lugar cultivan bellezas únicas  y, que, además, están al alcance de la mano de quien gusta de estas cosas.

Rilke dijo de ellas: “Todos cuantos te buscan te tientan. / Y quienes te encuentran te atan / al gesto y a la imagen”. Rilke también dijo otras muchas más cosas… Hago mía la letra de U-2 “Veo la espina clavada en tu costado… / y espero por ti…/ sin ti… / contigo o sin ti…”





domingo, 12 de agosto de 2018

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

Para ti...





Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Abejarucos



Se han levantado con las primeras térmicas de la mañana. Es temprano pero hace calor. Es tiempo y lugar. Agosto, sur del Sur de España. Nos asomamos a los cerros un día claro y casi vemos África al otro lado… Suena a exageración. No lo es. Hoy, no va por ahí la cosa. 

Los abejarucos, “parecen nacidos del arco Iris”, como los ve el maestro Barbeito. Vinieron  hace un par de meses. Este año por esa primavera larga y fresca que ha pisado los primeros días del verano, han llegado quizá un poco más tarde. Los abejarucos vienen siempre porque lo llevan marcado en su hoja de ruta.

Su canto los identifica. Enseguida lo sabemos. Sí, son. Son ellos. Luego posados en los cables de la luz se toman un reposo y miran el entorno. Giran a un lado y a otro la cabeza… Es probable que ya sepan donde están colocadas este año las colmenas que los apicultores habrán dejado cerca del río, de la acequia, de las corrientes de agua.

Los abejarucos son el terror de los colmenares. Abejas, tabarros – terrizos y de los otros – moscardones, insectos…forman el forraje de su alimentación diaria. Un amigo me decía que el colorido de las abejas que cazan en sus vuelos forman  la belleza de sus plumas: amarillas, azules, anaranjadas, violetas, rojas… No sé si esto lo sostiene la ciencia. Sería una última contribución de la abeja que entrega su vida a un pico largo, muy largo, puntiagudo y fuerte.

Han anidado en las cárcavas del arroyo  conforme se sube camino de la sierra después del moño de adelfas que ha crecido donde tributa la cañada de los Huertos. Han hecho nidos profundos. Entran y salen constantemente. Llevan en el pico los insectos. Es el alimento de sus pollos.

Los abejarucos estarán por aquí hasta finales del verano cuando el otoño llame a la puerta y diga que las calores pierden  poderío y mando en plaza. Entonces, el aire ya no será tan caliente y ellos deberán hacer un esfuerzo mayor. Les va a costar sustentarse y decidirán una mañana cualquiera que ha llegado el momento de emprender la marcha. El cielo se quedará sin su vuelo a impulsos, los cables de la luz sin ocupas momentáneos y entrará un sosiego largo e invernal en el colmenar. El cielo perderá colorido. Es ciclo de vida.