martes, 14 de agosto de 2018

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Brisas



Al  mediodía se arrancó el levante. El cielo perdió la limpieza que tenía desde el amanecer y apareció  con un tul de gasa que  cubría de un sitio a otro. Dicen que cuando sopla de más allá del mar, entonces, como es polvo en suspensión que viene del desierto tiene un color diferente.

La tarde ha estado agradable. Dice el periódico que la gente ha pasado calor y se ha divertido en la feria. Mi amigo Paco  Valverde ha lanzado llamadas a náufragos perdidos – otros náufragos, se entiende – para acercarlos al puerto de su caseta de El Rico. Yo no he podido ir. A veces, el deseo va por unos sitios; la obligación a la obediencia, por otros. Pero son lópeces distintos.

Hay un montón de noticias incrementadas con el rigor del calor. Agosto apunta a mediación y da información de ferias, corridas de toros, fiestas en muchos pueblos y costas con dos o tres filas de hamacas. Hablan de aglomeración en algunos rebalajes hasta el punto que llegar  al agua es una verdadera odisea.

Odisea, también la viven personas que vienen de África hacia la tierra prometida que ellos creen que es la vieja Europa. Desde luego, algunos viven tan mal en sus propios países que llegar hasta aquí puede suponer la liberación. Pobres. No sabe a dónde llegan.

Hay controversia en muchos países. No los quiere nadie. O casi nadie. Su presencia es un cúmulo de problemas para los que ni hay ni quieren ni pueden dar respuesta. Como en la vida todo es ‘del color del cristal con que se mira’.

Ahora resulta, según leo, que las mafias se están inflando de ganar pasta. O sea, dinero. Me pregunto – sin acritud ¿se acuerdan? – si la traída se debe a servicios humanitarios y a solidaridad entre la gente, eso es encomiable y digno de elogio. Si lo que media es cobrarle  aún más al desgraciado que se agarra a la tabla de salvación, ojito, ojito que eso puede estar en la raya del tráfico con personas… Eso era algo que se llamaba delito, ¿no? La tardanza en esclarecerlo es la mala. Me temo que me quedo sin la brisa que lo aclare.




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