martes, 21 de agosto de 2018

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Olores del verano



Cada estación del año tiene su olor. Cada estación aporta, además, un colorido diferente. Hay  una procesión de colores como pinceladas única que definen cada momento. Va desde el azul de la marina a las nubes plomizas que pueden surcar los caminos del cielo.

En pleno invierno, las flores del almendro son el grito de la vida. Dicen que, en apariencia, todo duerme. Allí están ellas para desmentirlo. La rigidez del frío mañanero, la tibieza del sol de mediodía, el recogimiento cuando llega la noche.

En primavera todo es eclosión. Rompe el campo. Abanicos de colores se abren por todos sitios. Florecillas diminutas, humildes, casi sin nombre llenan bordes, cunetas, caminos, el campo…

El verano es el color de lo pajizo. Todo es amarillento y seco. El otoño rompe en la dulzura de atardeceres largos y encantadores. Llegan los dorados y ocres, llegan los oros viejos en los plátanos, en los granados y en los castaños.

Tienen las noches de verano olor propio. Ninguna otra estación – solo la primavera con el azahar – le hace competencia al embrujo de las noches de verano. Parece que hay una competencia de olores que pulsean las estrellas distantes en cielos casi siempre limpios y diáfanos.

Sale, por encima de todos los olores, el de la dama de noche. Durante el día el arbusto ocupa su sitio sin que apenas notoriedad sobre otros arbustos que puedan hacerle competencias. Cuando llega la noche despliega su poderío. Es entonces cuando ella toma mando en plaza y lo lanza a la media distancia como un capote de embrujo.

El jazmín abre su flor a media tarde. Es más, casi cuando el sol ha traspuesto por los cerros más cercanos,  él deja que sus flores – flor de un día – abran en su modestia y sean pespuntes blancos en el testero y en la sensualidad. Es pequeña, diminuta pero está llena de encanto y poesía.

La yerbaluisa  es más modesta. Su arbusto tiene un desarrollo medio. Algunas veces cuando está en suelo propicio alcanza una cierta altura. Dicen que la trajeron de América del Sur. Sus hojas tienen olor y sabor a limón. Se aplica en infusiones y en recetas de cocinas. La yerbaluisa tiene, además algo único, su solo contacto perfuma a quien tiene la suerte de poder  rozarse con ellas y se lleva captado su aroma…




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