miércoles, 26 de julio de 2017

Una hoja suelta del cuadeno de bitácora. Colorao

España está achicharrada. Normal; en julio, en el hemisferio norte, precisamente lo que no sobra es frío. España tiene el termómetro a punto de saltar hecho añicos por mor de un montón de cosas que se han acumulado.

La política como que es para pasar. “Quítate tú, que me pongo yo”. Pues eso, con su pan -  y nuestros impuestos – se lo coman. No hace falta el arco iris de colores. Está tan clarito como un mediodía de sol de estos que nos alumbra.

Dicen que la Guardia Civil no va a tomar medidas para acabar con las retenciones de coches que retornan de la playa. No sé qué querrán que haga la Guardia Civil. Dotarlos con un pico y una pala para que amplíen las calzadas a lo peor no entra entre sus cometidos, vamos digo yo.

No quiero dar ideas. Al igual me copian y hay alguna  lumbrera que pone eso de días pares y días impares…, o de los de pueblo o los de las capitales… Pregunto y los que ¿no son de pueblos sino de ciudades de medio pelo para arriba qué hacemos con ellos?

Bueno, si se nublase de vez en cuando puede que a alguien le quite la idea de irse a la orilla y ver cómo van y vienen las olas, y como los barcos se pierden por el horizonte…. A mí siempre me asalta la pregunta ¿adónde irán esos barcos lejanos que se pierden lentamente? No encuentro la respuesta.

Dijo un expresidente del Reino de España que se iba a dedicar a contar nubes. Está claro, yo no soy expresidente pero cuento aviones. Cada noche, sentado en el rancho, cruzan el cielo, bastante más bajos que las estrellas pero más altos que la parra entre cuarenta y cincuenta… Vienen de lugares lejanos, la cercanía del aeropuerto lo hacen bombones de colores con luces que parpadean.


Durante el día se ven lo colores del fuselaje. Uno de mi pueblo, el otro día me dijo: “¡Po anda que el del pico colorao, no pega viajes ni ná…!” España está achicharrada. Ya ven, cosas que pasan.

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martes, 25 de julio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Incorrecto

Hoy hablo de mí. Voy a ser eso que se dice políticamente incorrecto. Tengo setenta años y un rosario de meses. Cuando yo era niño, a una persona de setenta años y unos meses se le decía que era un viejo; ahora, también.  Eufemísticamente, se le llama persona mayor. Así que a estas horas de la madrugada puedo decir lo que me venga en ganas.

Tengo algunas pasiones. Unas intento dominarlas; otras, me dominan ellas. Desde muy jovencito, el fútbol; el mío, siempre el Málaga. La máxima satisfacción que había dado a sus seguidores, antes de la aciaga noche de Dortmund, fue llegar a unas semifinales ante el Athetic  en la Copa del Generalísimo ¿algo lejos, verdad?

Ascensor de Segunda a Primera, y al pozo, y vuelta a empezar. Vinieron tiempos aún peores. Aquel año fuimos (y digo fuimos, porque yo también estaba allí) como visitantes a… la Estación de Cártama, ni siquiera al pueblo; no, no, a la Estación (con todos los respetos, por supuesto, para la Estación de Cártama).

Uno ha visto un montón de partidos en La Rosaleda; otros, por esos mundos de Dios (¡anda que no hacía frío la tarde de Guadix, con Novoa en el banquillo y con más Guardias Civiles que malagueños a los que nos rodeaban porque habían declarado el partido de alto riesgo! ¡Guadix-Málaga de alto riesgo! ¡No te jode!).

Uno ha visto, también, algunas ‘cosillas’… Aquel empate presuntamente pactado con el Betis; y…, los dos a Segunda; y la victoria ante el Terrassa, y el día del Beasain… Y, un montón de balones que no entraron y fueron goles (Málaga 0; R. Madrid 1) balón de córner… Pablo Sánchez Ibáñez, el árbitro.
Y ha visto a árbitros buenos, buenísimos, objetivos, imparciales y dando una lección de que ellos no eran culpables de nada; y, árbitros malos y peores.., y uno de los de  la pareja de hermanos cántabros, y  ese señor que hace, ahora, declaraciones explosivas. ¡A buenas, mangas verdes!


Viene esta cantinela porque dicen algunos periodistas que Pablo Fornals abandona la concentración del Málaga en Holanda llorando… En mi pueblo dirían “maíz, maíz”. El fútbol es mercadeo. Todo se compra y todo se vende. Dinero. Todos esos del beso al escudo y lágrimas fáciles tienen un nombre… Al buen entededor. Así que, ustedes perdonen, y como decía el letrerito aquel del bar: “a escupir, a la calle”.


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lunes, 24 de julio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Doblados

El terral no quiere irse; o sea, no nos deja el calor… por ahora. Dice el hombre del tiempo que va a estar unos días más. Como las visitas inoportunas que no se marchan, y uno que desea lo contrario y, ellos, pues eso, que aquí me encuentro muy bien y que no, que no me voy…

Al amanecer una banda de estorninos tenía por suya la higuera. Se daban un festín. Los higos ya chorrean gotas de néctar y miel por el ombligo y están a punto. La higuera es temprana y compite con las primeras uvas de la parra. Los pájaros están en una provocación permanente. No saben a dónde acudir primero.

Con las corrientes térmicas de la mañana los abejarucos bailaban un vals a su modo. Es un vals precioso y único. Solo lo saben acompasar ellos; otros pájaros, no.  Los abejarucos tienen música y coreografía propia. Su piar llena el cielo y describen círculos impulsados por ese aire caliente que no se ha enfriado durante la noche.

Los abejarucos tienen sus nidos en las cárcavas de La Albina y del Hoyo del Conde. Allí no les molesta nadie. Las cárcavas están al otro lado del río y eso para ellos no supone ningún obstáculo.

Se han puesto sus plumas de colores, azules, violetas, naranjas amarillas, rojas… Han afilado el pico largo y han sembrado el terror entre la pléyade de tabarros, moscas, abejas… Yo a los tabarros le tengo tirria. Dicen que todos los insectos son necesarios. Pienso que unos más que otros y estos… ¡qué quieren que les diga!


Los olivos están cuajados de aceitunas; están arracimadas. En este tiempo son pezones de teta de novicia.  Se chorrean por los varetas a modo de cuentas de un rosario que engrosan por día. Los olivos ya tienen sed. El agua de la primavera fue muy poca. Solo suficiente para el cuaje y, ahora, a medida que el rigor del infierno, quiero decir del verano de esta tierra aprieta, ellos aguantan y piden un refrescón. Anda que si al de Arriba se le ocurre mandar una tormenta tempranera… ¡Cómo se lo iban a agradecer!

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domingo, 23 de julio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Pena

Müller, Weber… no se confundan; no. No estoy esbozando la alineación de la selección alemana, esa de la que dicen, que juegan  contra un puñado de selecciones, pero siempre ganan ellos… No, no. Estos nombres vienen por otro tema.

Ratisbona está en Baviera. Yo no he estado nunca en Ratisbona. Me dice un amigo que es una ciudad preciosa, con una pasado impresionante y con un casco antiguo donde da gusto perderse porque han sabido conservar lo histórico y ofrecerlo para deguste de nativos y visitantes.

Por Ratisbona pasa el Danubio. El río con un puente de cuando los romanos y su catedral son los monumentos más excepcionales. La ciudad fue de las pocas ciudades alemanas que se libraron de los bombardeos durante la II Guerra Mundial.

En Ratisbona nació don Juan de Austria. Sus padres Carlos V, el Emperador y Bárbara Blomberg. Yuste y Jeromín,  y don Luis Quijada y Magdalena de Ulloa, y  la emboscada camino del monasterio…, eso vendría después.

La catedral acoge a uno de los coros más antiguos del mundo. Hablan de más de mil años de existencia. Se conocen como los ‘gorriones de la catedral’ y viajan por el mundo bajo el paraguas de ser considerados como “embajadores culturales de Europa”.

Hace unos años saltó el escándalo. La iglesia abrió una información esclarecedora de todo lo que salía a la luz. Desgraciadamente lo que en un principio se anunciaba era, siendo muchísimo, aún menos de lo que había en el fondo.

Lo leí hace unos días en El País. Un montón grande, muy grande, de niños del Coro de Ratisbona han sufrido abusos sexuales y castigos físicos. ¿Implicados? Gente de tanto poder que aterra. Unos por sinvergüenzas, canallas  y pervertidos; otros, por cobardes que miraban hacia otro lado…


La lista de los implicados  - el informe dice que son más de 500 niños los que ha sufrido los abusos – es amplia. Entre ellos un hermano del Papa emérito Benedicto XVI, por supuesto que el Papa será responsable de sus actos pero no de los de su hermano, reconoce en el informe que en alguna ocasión  propició castigos físico a los niños…; ha pedido perdón. ¡De pena, oigan, de pena!

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sábado, 22 de julio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Las nuestras: Concepción Arenal

Mujer de frente despejada y abierta. Pelo corto, labios prietos y boca grande. Rasgos de dureza en su rictus incrementado por una nariz prominente y robusta;  maxilar pronunciado y mirada penetrante y franca.

Concepción Arenal  Ponte es una mujer del siglo XIX. Puede considerarse como la madre del feminismo. Busca la igualdad total de la mujer con el hombre; su pleno desarrollo en mundo muy difícil donde estaba relegada a papeles muy secundarios.

Su padre, Ángel Arenal  Cuesta, fue un hombre de ideas liberales. Comenzó el estudio de Leyes pero la Guerra de la Independencia lo llevó a la milicia. Tiempos de Fernando VII donde el absolutismo fue un grillete para todas las personas de ideales avanzados y progresistas. Murió joven; influyó decisivamente en su hija.

A la muerte de su padre, con su madre y sus otras dos hermanas van a vivir al Valle de Liébana, en Cantabria. Allí muere una de sus hermanas. Su madre quiere para ellas una vida con una educación esmerada. Se instalan en la Corte. Recibe la educación propia de las señoritas de su tiempo; la deja insatisfecha.

Por su cuenta en este tiempo aprende italiano y francés. Es mujer de grandes ideales. Choca con su madre en cuanto al modo de vida propio que debía llevar entonces la mujer. Asiste vestida de hombre a clases de Derecho.

Es no menos que pintoresca su estancia en la Universidad. En un despacho de profesor espera a que un bedel la acompañe al estrado del aula. Se sienta junto al profesor; al terminar la clase vuelve al mismo despacho…

Por enfermedad de su abuela la retorna a Potes. Allí conoció a Jesús Monasterio y a obra de la Conferencia de San Vicente de Paúl…

Concepción Arenal tiene  grandes dotes para la literatura realista; es una mujer con hondísimas inquietudes sociales. Distingue entre “beneficencia”,  ‘filantropía”, y “caridad”. Comienza una labor titánica en pro de las mujeres a las que conoce de primera mano en sus visitas a las cárceles.


Su obra, muy adelantada para su tiempo. No siempre tuvo la comprensión que necesitaba y navegó en un mar proceloso de conflictos políticos y necesidades reales. Concepción Arenal nació en Ferrol (A Coruña) en 31 de enero de 1820, muerió en Vigo, setenta y tres años después, el 4 de febrero de 1893

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viernes, 21 de julio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Pies de barro

Dice el Libro que Moisés subió al Sinaí; departía con Dios. Allí supo que, en las cumbres, Dios  y el viento van de la mano. Dios le esculpió en piedra, dos tablas. Tenían marcado diez preceptos;  las llamaron las Tablas de la Ley.

Bajó Moisés una mañana, y cuando llegó al valle se encontró que el publiquito harto de esperar había hecho un dios de oro, a manera de becerro; lo adoraban. Entonces Moisés que no debía ser pan comido, montó en cólera y estrelló las Tablas contra el suelo.

No sé qué haría Moisés si viese algunas cosas del publiquito, otro publiquito, que vive en otros sitios y que se ha puesto a adorar a otros ídolos que tienen los pies de barro aunque ellos pretendían hacerse de oro. 

La prensa quema; la televisión, también. No se queda atrás la radio… No es por el calor de julio. No, no. Tampoco tienen que ver esas noticias con lo que  se llaman serpientes de verano… A mí la serpiente - no por serpiente -  que más me gusta es la que se pierde por los paisajes bellísimos de Francia en estas siestas del Tour.

La noticia de un tiro casi con las primeras luces del día en la Sierra Morena cordobesa ha llenado los telediarios. No ha sido ni por el sitio, ni por el tiro. Por supuesto que no. Ha sido porque quien apretó el gatillo que antes apretó, hasta la asfixia la economía a algunos que quisieron más o que fueron unos incautos… ¡vaya usted a saber! Y, él, el hombre de tanto oro terminó  con el barro de sus pies demolido.

Al fútbol le han metido un gol pero con el portero amarrado… Hace años que uno perdió algunas inocencias y entre ellas esa de creer que todo el mundo es bueno y que son errores humanos y que pañitos calientes… Toda una trama de llenarse los bolsillos.


Algunos deseaban ver hombres vestidos de verde por la Diagonal de Barcelona. Han ido otros ‘verdes’  -ayer, de paisano- no por la Diagonal sino a sedes oficiales de mucho renombre. No iban de turismo cultural. Buscaban papeles del tres por ciento. .. ¡Qué ilusos!


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jueves, 20 de julio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. España, si ir más lejos... El Andevalo.

El viajero entró en El Andévalo por San Bartolomé de la Torre. En sus oídos, el golpe seco de la bota de ‘los danzones’; flauta dulce y el tamboril. Lo hacen en honor de San Bartolomé, su patrón.

Habló, junto a la torre de la iglesia, con un hombre invidente. Le contó muchas cosas. ‘Han hecho, ¿sabe usted?, un monumento a las víctimas de la guerra. A ver si ya no se repiten más esas cosas”  Y,  le dice que sí, que a ver si entra la cordura…

Siguió camino hacia Alosno. No es tiempo; la jara no está en flor. El campo cambia de color. Como Alosno cambia todo el del folclore donde ya, de por sí, es ríquísimo. “Alosno, Calle Real del Alosno / con sus esquinas de acero / es la calle más bonita / que rondan los alosneros”.

Paró en El Portichuelo, adonde volvería luego. En el casino preguntó por Carlos Carpintero. Le indicaron. Fue. No estaba. En el Portichuelo, de regreso, se encontró con Sebastián. Joven lleno de ilusiones. Le dijo que él quería cantar Flamenco… y se arrancó y le cantó algo. Unos días después una agencia de transporte dejó en casa del viajero una botella de aguardiente que le enviaba Sebastián.

Después de comer volvió  adonde Carlos. Estaba. Lo hizo pasar a su casa. Lo recibió con una hospitalidad… (ponerle adjetivos es minusvalorarla). Le regaló un libro suyo y un vinilo con Villancincos del Alosno. Carlos se desprendió de una joya y se la dio a alguien a quien no conoce…

Valverde, es… otra cosa. Lo dice el fandango: “Valverde de mi Valverde / Valverde de mi consuelo / ¡ay, quién estuviera en Valverde / aunque durmiera en el suelo / debajo de un pino verde”  Tierra de gurumelos, botos artesanos, gente que canta y sueña. En Valverde tienen un erudito del folclore de Huelva. Se llama Tomás López. Es amigo; acaba de invitarme a las III Jornadas Marochas en el 5 y 6 del agosto. No sé si podré ir…

“Calañas ya no es Calañas, / que es un segundo Madrid / quien ha visto por Calañas / pasar el ferrocarril / a las dos de la mañana” Pues eso.  En Tharsis está a flor la crisis de la mina;  en Puebla de Guzmán se adelantaron en un año a la proclamación de la República. En El Cerro del Andévalo  celebran por mayo, la romería de San Benito - dicen, los que saben, que es la más antigua de España- acaban de descubrir una plantación de marihuaha… ¡Algo horrible!


En Villanueva de los Castillejos una enorme naranjal abastece a la industria de zumos. Paymogo tiene nombre oriental y Sanlúcar de Guadiana una barca que cruza el río y lleva a Alcoutim que es Portugal…

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miércoles, 19 de julio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Mi alcalde

Suela el teléfono. Hace un rato que pasó el mediodía. Es él. Me llama desde el despacho. Me dice que se ha incorporado. El médico le ha dicho que puede retomar la actividad y que, desde hoy, ya pelea con los problemas de cada día.

Mi alcalde es un tío en esa edad en que la madurez hace ver las cosas con la clarividencia de quien ha pasado el ecuador pero aún le queda mucho para llegar a coronar el puerto. Es decir, está en el momento de rendir a tope.

¿Le han contado algo de las cornadas que dan los toros en las noches de luna en la soledad del cerrado? Eso es poco para las que le ha dado la enfermedad que se presentó agazapada, camuflada en un montón de cosas para tenerlo, a él, medio hundido,  a los médicos peleando contra los imponderables, y a los amigos con un nudo en la garganta.

 Y así han pasado los días. Muchos días; demasiados días para quien lucha  contra algo que se viene encima. No se la había llamado;  se presenta, y…  Este mediodía me ha dado una gran alegría.

Mi alcalde no ha estado solo en la pelea con la enfermedad. Ha tenido a su familia  - ¡esa mujer y esas hijas valen un imperio ¡ – y a sus amigos, y a sus compañeros de partido, - el PSOE con lo que está cayendo -  han dejado, a un lado, muchas cosas, y a una Teniente-Alcalde en una posición dificilísima toreando un toro… ¡Uff…! No  erar el suyo;  estaba, ahí, en el ruedo…

¡Olé! por la oposición. En su sitio, en ese lugar de respeto y elegancia. Izquierda Unida, PP y UPyD (no sé exactamente en qué titulación, si de ‘no adscrito’ o  en posición de Independiente) demostrando talante de gente de enorme valía y generosidad.


A partir de ahora mi alcalde  a reemprender el trabajo por conseguir un pueblo mejor. Urge  limpieza, si no de todas porque no se pueda, al menos de la mayor parte de las cosillas que tenemos ahí flotando,  y… por cierto, a quien corresponda, ¿no veis el pueblo  un poco - demasiado - gris?  Pide, a voces, una siembra masiva – en cuanto pasen las calores – de árboles. Entre todos, ya se sabe…  Bien reencontrado, alcalde ¡Olé por toda la gente de mi pueblo!

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martes, 18 de julio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Noche de verano

Ha avanzado la tarde; pasa el tiempo. El sol se despidió primero de las lomas de Virote; luego, se remontó al Cerro de la Fiscala. Doró las últimas cumbres de El Torcal. Era un sol amarillo y cansado. El sol del verano madruga mucho. A ciertas horas se entrega como los toros mansos en tablas…

Se ha hecho noche cerrada. El cielo, el cielo de julio tiene el encanto de las noches de verano. Es placentero y quieto. Se ha llenado de sueños incumplidos - ¿o no? y están, tan distantes, que se antojan inalcanzables.

Hace un rato llegaron mis nietos. Pasamos un primer repaso a la parra; luego, otro y otro… Las uvas ya pintonean. Es una aventura eso de  trepar desde los hombros del abuelo a las alturas a las que los niños no llegan.  Abuelo, otra vez, otra vez… ¿Quién disfruta más?

 ¿Ves aquel punto que se mueve? Es más pequeño que una  estrella, menos reluciente,  le digo a mi nieto, eso es un satélite… “Abuelo, y ¿adónde va”? a ninguna parte, le contesto. Da vueltas y vueltas y vueltas…”Ah”, me dice en su asombro de niño…

Ha virado el viento. Ahora sopla de poniente. Es un viento que viene caliente. El viento que sube de la mar refresca y trae pespunteos de brisa. Es más especial que otros vientos. El viento de poniente, cuando no sopla desde el Estrecho, viene caliente porque atraviesa la tierra caldeada.

Pasan coches por la carretera. Las hojas de la parra, de vez en cuando, tienen un abaniqueo imprevisto. Debe ser algún pajarillo; busca un mejor aposento. Los pajarillos en las noches de invierno se refugian en las ramas más bajas de los árboles; ahora, no; ahora, en esos lugares por donde les entra algo de fresco y no llegan los gatos.

La dama de noche tiene un olor que embriaga. Es un olor sensual, profundo, penetrante. Es un olor propio de esas plantas que dan toda su gracia amparadas en la oscuridad. Dejan la luz del día para las otras; ellas compiten con lo mejor que tienen: regalan fragancia.


Huele, también,  a campo seco y parva en la era. En la lejanía se escuchan las cencerras de las bestias. Carean en el rastrojo. Las bestias aprovechan esas horas más frescas de la noche y se comen los pajotes que dejaron las cosechadoras. Ladra un perro…

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lunes, 17 de julio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. ...Pespunte de nácar

Dice el Libro que Dios vio que todo lo que había hecho era bueno y que, entonces,  les dijo a los dos, o sea, a Adán y Eva: “Creced y multiplicaos y llenad al faz de la tierra”. No sé si fue exactamente así pero si no, pudo serlo.

Y dicen que se las anduvieron por todo lo ancho y lo largo y lo lejano y lo cercano y que pasaron penalidades y supieron de noches de vientos y tormentas y de días de calor y que cruzaron ríos y montes y llanuras y mares y…

Y dicen, los que saben, que el hombre primitivo, es decir, el hombre de hace muchos miles de años vino y se asentó a la orilla de un río que entonces aún no tenía nombre o si lo tenía nosotros no lo conoces porque como no lo dejó escrito…

Lo que sí dejó fueron restos de piedras pulimentadas, afiladas por uno de los extremos y que muchos años después alguien le dio el nombre ‘hachas neolíticas’ y otros hombres las encontraron en lugares de aluvión  y que sí tienen nombre y que se conocen como Hoyo del Conde…

Luego, otros hombres subieron desde el mar. Dejaron restos de los materiales que usaban. No eran piedras; no. Eran materiales hechos a modo de amasar la tierra arcillosa con agua y a eso llamaban cerámica y para que tuviese más consistencia la cocían en hornos calentados con fuegos. A esos materiales también le dieron nombre: cerámica ibera.

Al pie del cerro, a la izquierda de la fotografía, un arroyo profundo circunda el promontorio y se llama arroyo Hondo y allí los que saben de estas cosas dice que hay restos de, al menos, tres alfares, que es el lugar donde se cocía ese barro.

Desconocemos quién fue el primer hombre que se decidió a edificar en la altura. Era un tío de buen gusto.  Seguro que tenía una mujer a su lado con tan buen gusto como él. Puso los cimientos de un poblado que se llamó Iluro; luego Al-a- orá;  y, ahora, Álora.


Cada tarde, cuando la luz del sol se esconde por detrás del Monte Redondo, los últimos rayos doran las cumbres, y las murallas de su castillo, y la blancura de su caserío, pespunte de nácar,  que se asoma, casi de puntillas, a la llanura del río…

domingo, 16 de julio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Virgen Marinera

“Y a la mar, maera  / y a la Virgen, cirios”. Han cruzado el rebalaje los pueblos de la orilla marinera. Se han echado a la mar. Han puesto el pequeño trono sobre traíñas, barcas de pesca, otras barcas con nombres de mujer…. Los marengos metidos en agua; la gente en la orilla…

El trono,  en la mínima cubierta; luego, se ha adentrado en la mar. Se hinca el sol en el horizonte… Una voz larga, aguda pregona: “Carmen, Carmen, Carmen…”; y, el coro contesta: “guapa, guapa, guapa…”. Luces en el cielo. Luces de otras barcas que acompañan. Hay murmullo de voces en la lengua del agua.

“Dice una voz marinera / quién me presta una patera / para poder rescatar / marineros que en faena / no pudieron regresar…” Reina y Señora del mar. De la mar abierta en noches de levante; en noches donde se vinieron  encima el temporal  y las olas, ¡ay, las olas de la mar bravía…! Y,  todo eso, que se sabe que viene, y que está ahí.

Hay otros, Madre del Carmen, que la igual nunca han sabido de ti. Vienen en pateras – otras pateras – buscaban esa oportunidad que nunca habían tenido… Ya ves, Carmen Divina, ahí tienes  faena. Ahí hacen falta redes, otras redes que se  llaman Justicia. Algunos la han olvidado en no se sabe dónde…

Y recuerdo, también esa voz ronca, bueno una, no; muchas voces que cantaban eso de “Salve, Estrella marinera… El día  pone fin; la gente de uniforme  le canta en proa a su Virgen en esa oración  - Santa Teresa decía que cantar es rezar dos veces – que se canta cuando se sabe que Ella es iris de aventura, fénix de hermosura, Madre del  Divino Amor.


“¿Adónde va ese barquito  / que cruza la mar serena?” No lo sé. Juan Mostazo y Joaquín de la Oliva decían en ‘Las carceleras del Puerto’ que si para Almería que si para Cartagena. Da lo  mismo. Lo que  sí sé es dónde va el barquito del cariño a mi amigo Paco Rengel. De su mano, viví algunas cosas que cuento… El barquito, en su sitio. No se lo ha tragado el horizonte del olvido.


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sábado, 15 de julio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Las nuestras: Mencía de Figueroa Laso de la Vega

Nació en Beas de Segura en el siglo XV. No se conoce con exactitud la fecha. Muere en  Segura de la Sierra en  1444. Casada con Rodrigo Manrique, frontero Mayor en el Reino de Jaén.

Su educación,  esmerada y exquisita. Perteneció a una familia de reconocidos poetas. Su formación muy superior a otras mujeres de su tiempo.  Prima de Íñigo López de Mendoza, marqués de Santillana, nieta de Diego Hurtado de Mendoza, entroncado con la literatura y cuñada de Gómez Manrique…

Tenemos pocos retratos que nos den una imagen de ella. La pintan como una mujer delgada, de tez clara, cara alargada, y ojos grandes; nariz afilada, cuello espigado, boca pequeña y barbilla fina.

En 1431 contrae matrimonio con su primo segundo Rodrigo Manrique. Su vida transcurrió tranquila al cuidado y educación de sus hijos aunque siempre con la inquietud de quien sabe que toda su familia se dedica al oficio de guerrear. 

En 1434 vive en Beas de Segura. En ese año, Enrique de Aragón, maestre de la Orden de Santiago  nombra a su marido, comendador de Segura de la Sierra. Allí nació su hijo Jorge. En Paredes de Nava, en Palencia, no opinan igual, donde afirman el nacimiento del poeta.

Alvaro de Luna, maestre de la Orden de Santiago, tras desavenencias con Rodrigo, persigue a la familia. Se refugian en otro pueblo de la Sierra, Siles. Mencía de Figueroa, muere en 1444. La entierran en el monasterio de Nuestra Señora de la Peña en Orcera. Años más tarde trasladan los restos al monasterio de Uclés (Cuenca) por miedo a una profanación.

Del matrimonio de Rodrigo Manrique y Mencía de Figueroa nacen siete hijos: Pedro, II  Conde de Paredes de Navas; Rodrigo, Señor de Ibros, Villapalacios, Villaverde, Bienservida y Riópar; Diego, muerto de corta edad;  Fadrique, Justicia mayor de Úbeda; Leonor y Elvira, Señoras de la Villa de San Román y Frómista y Jorge.


Jorge Manrique, sobrevive en honores a todos los miembros de su familia. Cuarenta y tres coplas de pie quebrado, Coplas la Muerte de su padre,  “Recuerde el alma dormida / avive el seso y despierte / contemplando/ como se pasa  vida / como se viene la muerte, tan callando…”,  le han dado sitio propio en la Historia de la Literatura española. Doña Mencía de Figueroa  Laso de Vega, fue su madre…

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viernes, 14 de julio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Joaquín

WhatsAapp (o como se escriba) da la noticia. Ceno casa de unos amigos. Noche de verano; calor; ambiente espléndido y aparece: Fallece el periodista malagueño Joaquín Marín.

Me quedo de piedra. A Joaquín, en la distancia, lo quería; mejor, lo quiero. Verán, nuestras vidas caminaron juntas cuando niños. Tuvimos puntos de coincidencia;  otros, alejados. Normal. Joaquín me llevó a SUR. Juan Rebollo nos coordinaba. Joaquín siempre tendió una mano amiga para el corresponsal de pueblo.

Nos conocimos a comienzos de los años sesenta, o sea, hace más de cincuenta años… El Seminario de Málaga nos congregó a muchos. Joaquín desde Mijas; yo, desde Álora. Allí convivimos con otros muchachos de otros pueblos.

Desde muy pronto Joaquín Marín Alarcón apuntaba que era alguien diferente. En los acontecimientos de una vida de internado él siempre marcaba ser  distinto, como lo fue Alejo  García,  otro de los grandes en la comunicación.

La galería de la obediencia era una lección diaria. Don Manuel González, hoy en los altares,  (que poco realce le ha dado el clero de Málaga al reconocimiento de santidad por la Iglesia Oficial) marcó con mosaicos de piedras los defectos que había que pisar cada día. “Cuco”, “cras” “hodie…”

En uno de los laterales, junto a la centralita de teléfonos, Joaquín, cada mes, colgaba un periódico mural: “FAX” (Futuros Apóstoles de Cristo).  Para el común de los que pasábamos por allí,  la novedad del acontecer en un mundo cerrado; para Joaquín el despunte de la vocación de muchacho, tímido, poco locuaz, preciso y clarividente.
Joaquín no podía ir  iba a todos los  sitios. Le era imposible. Vino a la Semana de Cultura Andaluza de Los Llanos de la mano del Maestro Alcántara. Inolvidable. Hace unos meses coincidimos en el Gastronómico Paco Rengel,  le dábamos  un premio al Maestro. Hablamos, dejó entrever un hálito de amargura; desencanto… Yo no sabía nada de la enfermedad; el apuntó que andaba de médicos peros nunca sospeché lo que venía.

La Prensa en Málaga elogia a Joquín Marín.  Palmarés impresionante entre los grandes. Se va dolido por las cornadas de la vida de las que no hablaba, de las que dan los conocidos,  y los desagradecidos.  Me quedo con el muchacho de Mijas al que conozco desde hace tanto  tiempo.


Acabo de llegar de Parcemasa; no he ido a cumplir. Casi no he hablado con nadie. He ido a estar con Joaquín. Ya estás con otro entrañable amigo, Paco Rengel.  También él, supo como tú de puñaladas y deslealtades; un abrazo, amigo.

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jueves, 13 de julio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. ...Y, nunca estuvo en Málaga

Se perdió por El Perchel. Le contaron que el barrio, “los percheles’, lo cita Cervantes. El ventero guasón se ríe de don Quijote la noche de la vela de armas y le dice que fue caballero y que en sus años mozos anduvo de la ceca a la meca  y que visitó “los Percheles de Málaga” y las “islas de Riarán”.

Le contaron, también, que don Miguel recordó el Barrio en Los Trabajos de Persiles y Segismunda: “nos cautivamos juntos porque yo cautivé en Alicante en un navío de lanas que pasaba a Génova: mi compañero en los Percheles de Málaga, donde era pescador”.

Le dijeron,  que el nombre le viene porque desde el tiempo de los árabes los pescadores secaban el pescado, sacado con el copo, en perchas, al sol, y de ahí el nombre de calle Salitre y… Stendhall asentía a todo.

Le contaron que un gitano  pinturero, el Piyayo, que estuvo en Cuba, creó un cante con aires de Guajira; le dio un aire especial al tango y, desde entonces, fueron Cantes del Piyayo: “Adiós patio de la cárcel / rincón de la barbería / el que no tiene dinero / se afeita con agua fría…”

Supo, también, que en calle Mármoles dos hermanas  pregonaban las mercancías de  su puesto de hortalizas.  Nació la  Jabera: “Barrio de la Trinidad / cuantos paseos me debes / cuántas veces me han tapao / las sombras de tus paeres”…

¿La Virgen de la rosa roja en el pecho? Zamarrilla. Camino de Antequera. Un bandolero huye de la justicia; se refugia bajo su manto. Le clava una rosa blanca con su puñal como agradecimiento; se torna encarnada. Es una leyenda; es preciosa…

Barrio de gracia. Carecieron de casi todo. Anduvieron  por el Llano de la Trinidad y por delante de la puerta de la Casa de Socorro...;  de aquello, hoy,  casi nada. Había poco que conservar; tampoco se hizo con algunas cosas  que sí lo merecían... 


Y bajaron, después, porque Stendhall no iba solo, por calle Cuarteles. En Casa Catalina compraron un cartucho de pescaíto frito. Sacaron dos  billetes de tren para Álora; pagaron 0,70 céntimos de peseta  - a 0,35  cada uno – y subieron a un tren de madera. La locomotora lanzó un pitido largo y agudo.  El tren se puso en marcha y… se cerró el cuaderno de la fantasía porque Stendhall nunca estuvo en Málaga. 

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora.... Y, nunca, estuvo en Málaga

Se perdió por El Perchel. Le contaron que el barrio, “los percheles’, lo cita Cervantes. El ventero guasón se ríe de don Quijote la noche de la vela de armas y le dice que fue caballero y que en sus años mozos anduvo de la ceca a la meca  y que visitó “los Percheles de Málaga” y las “islas de Riarán”.

Le contaron, también, que don Miguel recordó el Barrio en Los Trabajos de Persiles y Segismunda: “nos cautivamos juntos porque yo cautivé en Alicante en un navío de lanas que pasaba a Génova: mi compañero en los Percheles de Málaga, donde era pescador”.

 Sepa usted, le dijeron,  que el nombre le viene porque desde el tiempo de los árabes los pescadores secaban el pescado, sacado con el copo, en perchas, al sol, y de ahí el nombre de calle Salitre y… Stendhall asentía a todo.

Le contaron que un gitano muy pinturero, el Piyayo, creó un cante con aires de Guajira de cuando estuvo en Cuba y le dio un aire especial al tango y desde entonces se llamó Cantes del Piyayo: “Adiós patio de la cárcel / rincón de la barbería / el que no tiene dinero / se afeita con agua fría…”

Supo también que en calle Mármoles dos hermanas  tenían un puesto de hortalizas. Las pregonaban y vendían. Allí nació la  Jabera: “Barrio de la Trinidad / cuantos paseos me debes / cuántas veces me han tapao / las sombras de tus paeres”…

¿La Virgen de la rosa roja en el pecho? Zamarrilla. Camino de Antequera. Un bandolero huye de la justicia; se refugia bajo su manto. Le clava una rosa blanca con su puñal como agradecimiento; se torna encarnada. Es una leyenda; es preciosa…

Barrio de gracia. Carecieron de casi todo. Pasaron por el Llano de la Trinidad y por delante de la puerta de la Casa de Socorro...;  de aquello, hoy,  casi nada. Había poco que conservar; tampoco se hizo con algunas cosas  que sí lo merecían... 


Y bajaron, después, porque Stendhall no iba solo, por calle Cuarteles. En Casa Catalina compraron un cartucho de pescaíto frito. Sacaron dos  billetes de tren para Álora; pagaron 0,70 céntimos de peseta  - a 0,35  cada uno – y subieron a un tren de madera. La locomotora lanzó un pitido largo y agudo, y una bocanada de humo. El el tren se puso en marcha y… se cerró el cuaderno de la fantasía porque Stendhall nunca estuvo en Málaga. 

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miércoles, 12 de julio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Callejeo

Stendhal, que habíamos quedado que nunca vino a Málaga de haberlo hecho saldría desde Cinco Bolas, a calle Nueva.  La calle es estrecha;  transitada. Todos los comercios,  modernos. Ya no estaban La Imperial, ni Álvarez Fonseca, ni Martín Luque, ni Raf’a,  ni Casa Mira, ni la Ibérica, ni…

Giró, frente a las Esclavas, a la izquierda. Llegó hasta Especerías; luego, salió a la Plaza. La Plaza de la Constitución debe su nombre ’a la Pepa’. La Constitución Liberal de Cádiz que abolió la Inquisición y la esclavitud y trajo aires de libertad… Han pasado gobiernos y períodos de todos los pelos y colores; la Plaza no ha perdido el nombre.

Se adentró por la estreches de calle Compañía. Bueno, no se adentró. Solo un poco. En el Santo Cristo de la Salud supo que de allí sacan un Coronado de Espinas y los estudiantes le cantan por la calle “Gaudeamus, igitur” y que allí estuvo enterrado Pedro del Mena, ¿el del coro de la catedral? Ese, ese… y que José Micael Alfaro esculpió al Santo Cristo que libró a Málaga de la epidemia y… que la tradición, dice, que se lo llevó a él, al imaginero.

Pasó por delante del Sagrado Corazón y  cerca de Pozos Dulces y supo que, un poco más allá, solo un poco había restos de la muralla árabe que rodeaba la ciudad y que como abrían puertas y esas cosas pues la llamaron Puerta Nueva.

Una placa, en la fachada del Parador de San Rafael recuerda que allí murió el pintor Martínez de la Vega… No dice cómo; mejor. Subió por la Tribuna de los Pobres. Cruzó por un puente un río sin agua… ¿No han tenido tiempo de solucionar esto? Tiempo, sí; lo que no ha habido es otra cosa.

Le dijeron que por allí, cada Lunes Santo, el Hombre de la túnica blanca viene de la Trinidad a Málaga y…; un poco más abajo, en Santo Domingo, donde según el Maestro Alcántara cuando Cristo dio las tres voces  lo escuchó la Legión que ya estaba allí…


Y que cada Jueves Santo con su Cristo de la Buena Muerte dicen que “nadie en el Tercio sabía…”, y que cuando “al fin lo recogieron/ entre su pecho encontraron / una carta y un retrato de una divina mujer…”
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martes, 11 de julio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Stendhall

Marie-Henry Beyle, o sea Stendhall, el del síndrome en Florencia; el que dejó dicho que lo mismo que de amor, de empacho de arte también se muere, y si no se llega a tanto, se queda uno casi al borde, en el escalón de la puerta..., nunca estuvo en Málaga.

De haberlo hecho, habría paseado por calle Larios  hasta  el pedestal donde Mariano Belliure  subió al II Marqués que dio nombre a la calle con el sombrero en la mano… Hay quien dice que era como reverencia a las procesiones que giran, allí, en la doble curva. Me pregunto: ¿no podría ser como cortesía a las mujeres que pasaban a su lado?

Stendhall, si era hora, tomaría un chocolate con churros en Casa Aranda, iría, luego,  al mercado de Atarazanas y se preguntaría cómo puñetas llegaban hasta allí los barcos con sus mercancías. Claro que aún la Alameda no había empujado todavía más hacia sus adentros a la mar…

En la Casa de Guardia supo que es un ‘Pedro’, y ‘un ‘lagrimas’. y ‘un moscatel’ y qué es el sabor de lo antiguo y de lo añejo. Hay quien lo confunde con la cochambre y con lo viejo. Son cosas distintas. Allí pudo saborear todo – lo poquito – que Málaga ha sabido conservar de aquel tiempo de vendeja cuando las mujeres envolvían en papel de seda blanca sus cajas de pasas…

Llegó, después,  a la Plaza de Felix Saéns, ese reducto de arquitectura modernista al que un alcalde se empeñó en poner un muro delante para ‘evocar’ – decía - la muralla árabe. Ese alcalde, que fue un buen alcalde, tuvo, también, algunos caprichos que el sentido común le fue echando a tierra. Son cosas que suelen pasar algunas veces.

Subió por calle San Juan y allí se extasió. Miro al cielo y vio cuánta belleza araña el azul, casi añil y permanente donde juegan al pilla-pilla con las nubes las torres de sus iglesias  cuando salen al recreo. Entró y vio, en una inscripción, hasta dónde habían llegado en una ocasión las aguas del río Guadalmendina…


Cuando salió, otra vez, a la calle, se perdió por Cinco Bolas donde nunca entra el sol y van la mujeres a comprar lanilla para hacer jerseys de punto… Se giró, miró, respiró hondo y no dijo nada…

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lunes, 10 de julio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Síndrome

Stendhal viajó a Florencia en enero de 1817. Marie-Henry Beyle, que era su nombre, llegó a Italia unos meses antes. Traía hambre de arte. Había pasado por Roma, Nápoles, Milán y Bolonia. Terminó en Florencia.

En sus calles, sembradas de  belleza, se empapó. Desde la cúpula de Brunellechi, esa que decían sus contemporáneos que se iba a caer de un momento a otro, y que todavía sigue en pie, hasta la Santa Croce. Visitó el palacio de los Uffizi, la Plaza de la Signoria, el Ponte Vecchio…

En la Santa Croce, donde está enterrado Miguel Ángel,  dicen, que sintió una descomposición. Un médico lo atiende. Le tomó el pulso. Le diagnostica algo así como ‘empacho de arte’. Otros, de una manera más sutil, lo llaman ‘síndrome de Shendhal. Como quieran. Florencia, más lo que traía en el cuerpo, da para eso y para más.

Stendhal nunca vino a Málaga. Por aquí vinieron otros viajeros románticos; buscaban toros, cante y bandoleros. Cuestión de gustos y de andar los caminos que, en aquel tiempo, no eran ni seguros ni cómodos.

Si Stendhal si hubiese acercado a Málaga en aquel tiempo habría visto una Málaga muy diferente a hoy. Si jugamos con eso que se llama fantasía, habría bajado de un crucero en el puerto; cruzaría el parque y vería cómo se enrosca el embrujo en Puerta Oscura y sube por Gibralfaro y se chorrea por la Alcazaba.

En la Plaza del Merced podría saber lo que significó Torrijos para el Liberalismo y Picasso para el arte; por calle Granada, una entradita al Santiago  - oigan, lo han dejado precioso – y al tiempo un repaso a lo que es la libertad para el preso y de lo trabajan Edu y Paco Valverde en ese tema...

Por Santa María lo que hay de gótico en Málaga, y un poco más allá, aquello de “en el café de Chinitas / le dijo Paquiro a su hermano / soy más torero que tú / más valiente y más gitano…”


Desde calle Larios  - si entró a la sillería del coro de la catedral todavía la traería en la retina y habría sabido quien fue Pedro de Mena – cuando llegase a la mediación, solo tendría que levantar la cabeza, y mirar, y entonces, solo entonces sabría que el perfume de biznagas en las noches de verano aún hace más hermosa la belleza de la “manquita”…
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