jueves, 21 de septiembre de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Lo nuestro: Avenida de la Constitución

En el ordenamiento callejero está catalogada como Avenida. Circunvala la población por la zona este y conecta con la salida hacia el extrarradio en la expansión del pueblo por las carreteras de El Chorro y de Flores o con la barriada de la Estación. En su margen derecha, en sentido descendente se enclava el edificio de Cruz Roja; en la izquierda, el Instituto de Educación Secundaria ‘Las Flores’ y la piscina municipal. Salva el arroyo de Los Azulejos con el Puente de la Cabeza. El padrón municipal de 2007 le asignaba una población de 468 habitantes (218 h. y 250 m.).



MORALES GARCÍA, J. Diccionario Histórico-Geográfico de Álora y su término municipal. Servicio de Publicaciones de Diputación Provincial de Málaga. Málaga, 2008



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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

“Tú que marchas bajo el sol…”



Gilbert Bécaud


“Tú que marchas bajo el sol…”

Gilbert Bécaud


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Lo malo

Está de moda. Puede más que lo bueno. Hay comportamientos que suenan como un chino en una lata. Algunas cosas son dificilillas de entender. Bueno, las cosas, exactamente, no; algunos exabruptos que salen por ciertas boquitas, sí.

Cuando yo era niño me gustaban las películas del oeste. Siempre ganaba el bueno.  Daba igual que los indios – ahora hay quien hace el indio y lo hace muy bien – fuesen muchos. Además,  aquellos indios todos eran muy feos y malísimos. De lo que se infiere que la bondad debe ir de la mano de la belleza pero no es así.

Después, de muchacho cambiaron muchas cosas. Vino un aire nuevo. Limpió todo – o casi todo – lo anterior. Hubo una generosidad enorme por una parte; por la otra pasaron hoja. Por la ventana entró algo que se llamaba ilusión.

En la limpieza supimos qué hermoso era los cuerpos de algunas mujeres. A eso se le llamó destape. Desaparecieron las telarañas de algunas mentes y se pusieron los espartitos para una España nueva. Los tabúes quedaron como algo viejo y cochambroso. Hubo quien se consideraba, y se empecinaron, en creerse superior a otros. La cosa, pues miren por dónde, no salió todo lo bien que se soñaba y…

Hay una ley de oro. No debería transgredirse nunca. “Mi libertad llega hasta donde empieza la de los demás”. La libertad en todos los puntos de esto que llamamos vida.  ¿Se han parado a pensar cuantas manos no llegaría con tanta ligereza al cajón de la empresa o al bolsillo de los demás?

Me paro a pensar un poco. ¿Qué iba a ser de esos que sacan pecho porque son conscientes que los valores entendidos como honradez, lealtad, integridad, han pasado a otra vida? Asistimos atónitos al esperpento. Zafiedad de ideas, de comportamiento. Lo malo gana terreno, si me apuran la batalla, y si quieren llegar más lejos hasta pueden ganar la guerra.


Ennio Morricone puso la música; Almería, el paisaje. Sergio Leone, la dirección. Clint Eastwood, Lee Van Cleef y Eli Wallach, las caras. Visto cómo está el patio - el feo, sabemos quién es - ahora hagan el reparto para El bueno,  y el malo.

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miércoles, 20 de septiembre de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

“Lo importante es la rosa…”


Gilbert Bécaud


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Lo nuestro: Aneales

Tierras de aluvión forman una fértil vega, en uno de los meandros del curso medio del río Guadalhorce fácilmente inundable en períodos de crecidas del río. Su cercanía al cauce y el hecho de encontrarse en una hondonada facilita la oscilación térmica con bajas temperaturas, sobre todo en los meses de enero y febrero que contrastan con las altas que se alcanzan en los meses de estío (julio y agosto). Está dedicada al monocultivo de cítricos, que por las características climatológica sufren, según años, pérdidas por heladas. Con motivo de la avenida del miércoles 26 de septiembre de 1906 la Hojita Parroquial contó que “vino destrozando el río todas las huertas especialmente las de los Aneales, donde enterró por completo la acequia y abrió un canal por los sotos”.



MORALES GARCÍA, J. Diccionario Histórico-Geográfico de Álora y su término municipal. Servicio de Publicaciones de Diputación Provincial de Málaga. Málaga, 2008


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Cuervos

El Maestro Barbeito hace unos días llamó por su nombre a la plaga que dicen que viene de oriente. No tiene nada que ver con el aforismo: ex Oriente lux. No; en absoluto. Es otra cosa; una mala cosa. La ha emprendido con el olivar. Ataca también a otros cultivos. Vamos, sin miseria.

Se llama Xilella Fastidiosa. La han visto por Alicante y anda como quien no tiene el alma limpia por medio del campo sin respetar a nada ni a nadie. Siembra temor, mucho temor y, más, impotencia y, sobre todo, cuando se ve cómo otras plagas con más extensión que varillas  tiene un abanico se las andan a sus anchas.

Uno de mi pueblo como buen hombre del campo conoce a los cojos tendidos. Dice que esto no ha venido ‘porque sí’, que no, que no, que detrás hay una mano que lo ha movido, y todo, por intereses. Unos para vender más productos; otros, para poner zancadillas de las que hacen que te vayas al polvo irremisiblemente.

Hace veinte años. ‘Que veinte años no es nada…’ cantó Carlos Gardel. A lo que iba. En 1997 el comisario de Agricultura Franz Fischler – que por el nombre y apellido debía entender de olivos como yo de osos polares – se entretuvo en decir que en España sobraban olivos. Treinta millones, olivo más u olivo menos. Hacía una llamada a lo que podría pasar con el mucho aceite…

Y vuelvo a lo de mi pueblo: “Maíz, maíz” ¿con que sobraban olivos y ahora cuando nadie se acuerda aparece la xillella de marras? Y, ¿todo es tan ingenuo como el vuelo del cuervo que se escaba de la novela de Edgar Allan Poe? Yo, ¿qué quieren? No me lo creo.
Hay una banda de cuervos volando por todo el mundo. Uno se tiñe el pelo de panocha y la emprende con la aceituna negra de La Roda de Andalucía; otro, deja volar no sé qué palomita que va y viene de un olivo – muerto – hacia otro vivo…


Pienso en el olivo ‘gordo’ del camino de la ermita de Encinasola. Ella ha puesto sobre él sus ojos; pienso en la luna entre olivares y cortijos blancos y en la lechuza que se bebía el velón de aceite de Santa María y que San Cristobalón quería espantar y todo eso que ustedes conocen… 


martes, 19 de septiembre de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día



“Rosas rojas a ti...”


Massimo Ranieri


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Lo nuestro: Pepe Vergara

La muerte temprana de José Vergara Moreno privó a los aficionados al Flamenco de uno de los grandes cantaores que Álora dio en el siglo XX. Nació en el partido de la Cuesta del Río en 20 de marzo de 1948, murió en noviembre de 2009. Hijo de Francisco Vergara y Águeda Moreno, de quien heredó la vena del arte. Su cante, profundo mostraba una personalidad y originalidad fuera de lo común. Participó en festivales y compartió, en ocasiones, cartel con Antonio Mairena, Fosforito, José Meneses, Antonio Núñez “Chocolate”, o Diego Clavel. Actuó en diferentes puntos de la geografía nacional y en Francia. En Televisión Española ganó, en 1980 el Primer Premio, “Gente Joven” y para Canal Sur TV, rodó el programa “La puerta del cante”; grabó dos discos de larga duración y un compacto. Persona generosa y querida fuera y dentro de los escenarios.



MORALES GARCÍA, J. Diccionario Histórico-Geográfico de Álora y su término municipal. Servicio de Publicaciones de Diputación Provincial de Málaga. Málaga, 2008


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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. ¡Agua!

La piden los que saben; los que no saben, también. Agua. Hace falta agua. España está seca. Las fuentes,  las que manan agua clara, limpia y fresca se han agostado. Caños herrumbrosos, en ocasiones, solo dejan caer unas gotas que se pierden.  San Francisco de Asís le dedicó cuatro adjetivos: útil,  humilde, preciosa y casta.

Están los índices de los pantanos bajo mínimos como algunas mentes de las que debería brotar ideas para paliar el problema. Hablan de unas reservas que de aquí a algunos días pueden ser ya un recuerdo sin solución. Los fondos de los pantanos, desnudos, muestran barro seco y muñones de caseríos y pueblos engullidos, algún campanario sin campanas que ya no llaman, y troncos de árboles retorcidos.

Los veneros están vacios; los pozos nos enseñan sus entrañas más profundas, esas que como los años buenos se ven muy de tarde en tarde y, ahora se muestran pobres, paupérrimas.  Solo responden a la voz del eco que retorna angustiada.

Se ha estacando el agua en algunos ríos. Han perdido  casi el nombre río y conservan solo el apellido con el que se escribían en el hule de los mapas. Ahora son charcas. Acaparan el poco líquido y cuando corren son aguas sucias y feas. Los pájaros que viven del río, sobre todo los patos, van de volada en volada y se zambullen y buscan los bichillos.

Septiembre siempre pulsea al calendario. Éste ya supera la mediación.  Hace bueno lo que el refranero dijo de él  hace mucho tiempo: “o seca las fuentes o se lleva las puentes”. Septiembre tumba con su fuerza titánica días calurosos y noches largas. Al final podrá con las hojillas del almanaque que ya no se cuelga en las paredes. La tecnología lo ha hecho digital.


Alguien dijo que en occidente no sabíamos la importancia que tenía dar un pellizco a la pared y girar media vuelta la rosca del grifo y, así, de pronto,  se iluminaba la habitación y, además, caía agua. A eso le llaman progreso. El progreso como sigamos con esta falta de agua puede que le hayan sacado tarjeta amarilla; después, ya se sabe, viene la roja. ¿O se la han sacado ya?


lunes, 18 de septiembre de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

“Hay cuatro rosas en tu honor…”


Gabinete Caligari



Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Lo nuestro: El Barranco

“Álora tiene tres calles / que no las tiene Madrid / calle Ancha , el Barranco  y la calle del Carril…”


Popular. Fandango de Álora

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Yerba

                                                          A mi amigo José María que añora las granadas dulces que se comía, de niño, por este tiempo, en su huerta de la Gavia.

No eran los años del cuplé, pero casi. Villanueva de la Concepción hoy es un pueblo pequeño en las faldas de El Torcal. Si hoy no es muy grande, entonces… Junto a Villanueva –  ya municipio – había un ramillete de pedanías: La Joya, Los Nogales, La Higuera…

Tierras de secano. Cuando se acercaba el otoño bajaban con bestias de carga – ni coches, ni carriles, ni ningún vehículo de motor por aquel tiempo… -  al  regadío. Buscaban una fruta de aguante, sabrosa. Aún no había naranjas y la granada era la fruta  reina. Crecía en las lindes de las huertas, en los vallados,  en los bordes de las acequias y desagües de riego y, suponía, además,  una ayudilla económica para los propietarios.

Mientras había fruto en la otra orilla del río, o sea, del río allá, nadie se atrevía a cruzarlo. El caudal que por aquel tiempo llevaba, lo poco agradable que resulta el agua para quien se ha criado en el secano y unido a que las bestias también mostraban un temor cierto al agua… retenía en la otra orilla a los posibles compradores que agotaban las existencias.

Los ‘del río acá’ sabedores que, cuando cruzaban el cauce, ya venían por claudicación, tiraban de la picaresca. Le daban a probar unas exquisitas – sabedores que el visitante era incapaz de distinguir las variedades  - pero, luego, les llenaban los cujones del serón con las de dienteperro ácidas y fortísimas…

Al final del verano en las huertas crece una yerba muy especial “el amor del hortelano”.  Se adhiere como una lapa al vello y a las ropas y si son de lana, entonces arrancarlas roza la heroicidad.

-          No entre usted aquí conmigo, le dijo, el agricultor que vestían un pantalón de pana antigua y repelente que aquí criamos una yerba que a nosotros nos conoce porque la hemos criado,  pero a los forasteros se les avanza…

      El hombre vio que estaba en la génesis del engaño. No solo no le hace caso; lo sigue muy de cerca.  Al momento, los pantalones,  un poema… No sale de su asombro:


-          Cuando yo llegue a mi partido y diga que la yerba aquí conoce a la gente, no me creen ni puesto en cruz.



domingo, 17 de septiembre de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día



“ a ella le gusta una rosa y a mí…”


Ding dong, estas cosas del amor. Leonardo Favio




Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Lo nuestro: Calle Ancha

Situada en el caso antiguo. En los asientos de Contaduría del siglo XVI se le llamó, sucesivamente, del Pósito Viejo, del Pósito, de las Torres, o calle que va a la iglesia. En 3 de enero de 1638, se llama ya Ancha, según escritura ante Jerónimo González. En ella estuvieron el Pósito y el Ayuntamiento. Por la calle Ancha accedió, hasta la Parroquia de las Torres, donde se cantó un Te Deum, el rey Felipe IV cuando visita Álora en 2 de abril, Martes Santo, de 1624.


MORALES GARCÍA, J. Diccionario Histórico-Geográfico de Álora y su término municipal. Servicio de Publicaciones de Diputación Provincial de Málaga. Málaga, 2008


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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Compás de espera

Iba esta mañana, como cada día, al campo, temprano. Se me antojaba un día distinto. Amanecía diferente. ( El Maestro Alcántara dice que el paisaje es un estado de alma;  el Maestro siempre lleva razón.)  Apuntaba radiante; el sol sobre el Cerro de la Fiscala tomó posesión de lo suyo.

Están traspillados los rastrojos de las Lomas; en Virote todo está  seco, y el campo da boqueadas;  pide agua. Se arquean las ramas de los olivos. La aceituna de verdeo está en el compás de espera entre quedarse en perdigón o en tomar su cuerpo definitivo. La sequía la tiene a mitad de camino.

Todo está como en tierra de nadie. Ha cumplido ciclo; aguarda lo que ya llama a la puerta pero aún no llega. El verano espera al puntillero que lo va a mandar al desolladero del recuerdo. La puntilla pondrá fin a un tiempo seco y duro. Ha aguantado mucho haciendo la puñeta este verano que no ha dejado siquiera ni un  mal chaparrón.

Los membrillos del borde de la alberca han tomado un tinte que quiere ser oro pero todavía asoma el pelillo de la dehesa que dice que están verdes, que le falta un poco de tiempo para que pasen por el perol y se conviertan en carne sabrosa y golosa con gacheros calientes para que los niños inquietos se quemen la lengua.

Bajan las temperaturas por las noches. Son noches largas y un poco más frescas. Las naranjas viran de color. Del verde intenso y rabioso de hace unos días ya pasan a un verde más suave.  Es la antesala para cuando llegue su color auténtico y sean pinceladas  de color entre las ramas y las hojas  de los naranjos.


Las granadas del vallado maduran poco a poco. Solo las ratas, que saben que ahí está su comida para cuando dé de corto el tiempo que nos alumbra, han ido probando las más maduras y  han dejado las otras  para después pero solo para cuando se termine el compás de espera de estos días. 


sábado, 16 de septiembre de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Las nuestras: Cándida

Tiene la belleza serena que dan los años; la dulzura de quien ha vivido con plenitud y sus alforjas rebosan paz;  sus ojos administran el verde aceituna del mar de olivos de su tierra. Ha andado muchos caminos.  Dosifica con sabiduría su discreción; derrocha agrado. La vida no le privó de palos y sufrimientos. El  paso de los años le ayudó a ver cómo  cambian las cosas…

Cándida Montenegro Velescao nació en Alameda (Málaga),  en un  España en blanco y negro. Tiempos duros de posguerra; difíciles para todo y para todos. Hija de Frasquito, ‘el Cabrero’, padre de seis hijos… “en mi casa, dice, con una sonrisa amplia, no faltaba leche”
Se casó con Antonio, ‘el Comino’. En los años donde  no había de todo tomaron el tren una noche en la estación de La Roda… Varios días de viaje. Se establecen en las cercanías de Stuttgar. Él trabaja en la fábrica de máquinas Singer; ella, en un taller de costura.

Un nudo aprieta en el pecho; la saliva no baja por la garganta. Su hijo mayor, José tiene ocho meses, se queda en el pueblo; después, nacieron tres más.  Confiesa que fue muy dolorosa la separación. Hasta que no vuelve a ver a su hijo el tiempo de emigración se hace penoso. Añora el regreso.

A la vuelta montan un bar; muere su marido. El mismo día que terminan de tejar la casa que se hacen con los ahorros de Alemania, su marido entra difunto, en Alameda, su pueblo, porque Cándida es de Alameda. Una cirrosis  hepática se lo había llevado… El albañil que ve el cortejo fúnebre desde lo alto del tejado, se pone malo.

Vende el bar. Se traslada a su nueva casa. Está a las afueras. Comienza la aventura de la gastronomía. En un principio, venta de carretera; después,  un restaurante puntero: “ Cándida”. Está orgullosa de cómo guisa el arroz caldoso y los zorzales con patatas pimientos y huevos;  cocina de calidad, única…


Cándida se levanta temprano. Vive mucho  tiempo en el restaurante porque “el ojo del amo…” Sale a dar un paseo, cada mañana, con su hermana. Es un ejemplo de tantas mujeres anónimas, sencillas, desconocidas.  Viudas que se enfrentaron a los avatares que venían. Supieron salir adelante; una de las nuestras.



Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día


"El amor es como una rosa trepadora / cuanto más lo alimentas, más crece". 


 Fred Burch


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Lo nuestro: Virgen de las Ánimas

Recibe veneración y culto en la antigua parroquia de las Torres. Es obra del imaginero aloreño, José Navas-Parejo Pérez, que no llegó a concluirla. Su hijo José, al fallecer su padre, en marzo de 1953 termina y policroma la imagen en los talleres que poseían en la Gran Vía de Granada y que la Cofradía de Jesús había encargado a su padre el año anterior. El contrato se firma el 25 de diciembre de 1952 y en él se recoge que el precio total sería de cuarenta mil pesetas pagaderas a diez mil los primeros de mes de enero, febrero, marzo, abril mayo y junio de 1953. Tras años de vicisitudes, volvió a salir en procesión, pero en la noche del Viernes Santo, acompañada de una enorme masa de fieles y penitentes, que se incrementa cada año, y que acuden, desde los puntos más insospechados de Andalucía.


MORALES GARCÍA, J. Diccionario Histórico-Geográfico de Álora y su término municipal. Servicio de Publicaciones de Diputación Provincial de Málaga. Málaga, 2008


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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Las nuestras: Cándida

Tiene la belleza serena que dan los años; la dulzura de quien ha vivido con plenitud y sus alforjas rebosan paz;  sus ojos administran el verde aceituna del mar de olivos de su tierra. Ha andado muchos caminos.  Dosifica con sabiduría su discreción; derrocha agrado. La vida no le privó de palos y sufrimientos. El  paso de los años le ayudó a ver cómo  cambian las cosas…

Cándida Montenegro Velescao nació en Alameda (Málaga),  en un  España en blanco y negro. Tiempos duros de posguerra; difíciles para todo y para todos. Hija de Frasquito, ‘el Cabrero’, padre de seis hijos… “en mi casa, dice, con una sonrisa amplia, no faltaba leche”
Se casó con Antonio, ‘el Comino’. En los años donde  no había de todo tomaron el tren una noche en la estación de La Roda… Varios días de viaje. Se establecen en las cercanías de Stuttgar. Él trabaja en la fábrica de máquinas Singer; ella, en un taller de costura.

Un nudo aprieta en el pecho; la saliva no baja por la garganta. Su hijo mayor, José tiene ocho meses, se queda en el pueblo; después, nacieron tres más.  Confiesa que fue muy dolorosa la separación. Hasta que no vuelve a ver a su hijo el tiempo de emigración se hace penoso. Añora el regreso.

A la vuelta montan un bar; muere su marido. El mismo día que terminan de tejar la casa que se hacen con los ahorros de Alemania, su marido entra difunto, en Alameda, su pueblo, porque Cándida es de Alameda. Una cirrosis  hepática se lo había llevado… El albañil que ve el cortejo fúnebre desde lo alto del tejado, se pone malo.

Vende el bar. Se traslada a su nueva casa. Está a las afueras. Comienza la aventura de la gastronomía. En un principio, venta de carretera; después,  un restaurante puntero: “ Cándida”. Está orgullosa de cómo guisa el arroz caldoso y los zorzales con patatas pimientos y huevos;  cocina de calidad, única…


Cándida se levanta temprano. Vive mucho  tiempo en el restaurante porque “el ojo del amo…” Sale a dar un paseo, cada mañana, con su hermana. Es un ejemplo de tantas mujeres anónimas, sencillas, desconocidas.  Viudas que se enfrentaron a los avatares que venían. Supieron salir adelante; una de las nuestras.



viernes, 15 de septiembre de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Lo nuestro: Castillo de las Torres

Monumento Histórico Artístico por Decreto de 3 de junio de 1931, Gaceta de Madrid en 4 de junio de 1931. Corona el Cerro de las Torres. En su base hay restos fenicios. Posteriormente fue reedificado por romanos y árabes, en las épocas del emirato, califato y taifas. Tuvo categoría de ‘Hins’, ‘Iqlim’ y ‘Tagr’. En 1695 se midió y reconocieron sus ruinas para proceder a su venta, según documento existente en el Archivo Histórico Municipal Carpeta 0263. Dcto.557.


MORALES GARCÍA, J. Diccionario Histórico-Geográfico de Álora y su término municipal. Servicio de Publicaciones de Diputación Provincial de Málaga. Málaga, 2008

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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

“Sintiendo que tú estás aquí mi amor…”


Willy Sommers


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Otro tiempo

El abuelo, mi abuelo, fumaba cigarros ideales. Mi abuelo era un hombre alto, enjuto, falto de carnes y sobrado de huesos. Mi abuelo – al otro abuelo no lo conocí – madrugaba mucho. Se levantaba con las luces del alba. A lo mejor, hasta antes.  El lucero se las andaba por el cielo y él ya atizando la candela.

A mi abuela le decía madre.

- Madre, ya he hecho el café y he gastado dos pañiles de leña.

- Ya has ganado el peoncillo, hoy, solía responderle ella.

Mi abuelo se sentaba en invierno en un sillón de dos brazos junto a la lumbre. Era muy amante de la cacería.  Por las  tardes aparejaba la yegua y  se iba de puesto a las lomas de Virote. Lo hacía, a resguardo del aire, con piedras y ramas de retama y matojos.

En una habitación fresca y venteada tenía varios pájaros en jaula. Cada pájaro tenía su nombre. En las correderas del maíz crecían las verdolagas y mi abuelo –  yo iba con él – cogía cada tarde un manojo. Las picaba muy menudas y se las ponía a cada pájaro en el portoncillo que, entre los alambres, le servía de comedero.

Mi abuelo era un hombre del campo. Un hombre de campo de regadío aunque las tierras de secano tampoco le eran ajenas. Tenía los primero pepinos del contorno. Sabía en qué luna había que echar la era y,  luego,  sembrarlos cuando agosto tocaba a la mediación, volvía a echar otra almáciga y cerraba el ciclo de la hortaliza; otros vecinos  por aquellos días ya tenían su pasada.

A mi abuelo le gustaba el aguardiente, pero no un aguardiente cualquiera; no. Bebía del más fuerte, ese que si un niño tenía intención de probarlo y lo probaba, lo aborrecía como para no probarlo en mucho tiempo. A mí me mandaba a comprarlo a la cantina. Mi abuela me ponía la botella – que era verde – en una talega y yo hacía el mandado. Mi abuelo guardaba la botella en un rinconcillo de la alacena que estaba en el lado contrario a la puerta de entrada a la cocina.


En las noches de invierno, con la luz del candil y sus dedos nos dibujaba figuras que a nosotros nos embelesaba y ahora las recuerdo con la añoranza del niño que fue, y ya no es…

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jueves, 14 de septiembre de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Lo nuestro: Parroquia de la Encarnación (1600-1699)

Destaca, como elemento distintivo, el campanario de cinco cuerpos de planta cuadrada donde muestra una desconexión entre el último y los restantes que aporta un añadido de una época diferente.


MORALES GARCÍA, J. Diccionario Histórico-Geográfico de Álora y su término municipal. Servicio de Publicaciones de Diputación Provincial de Málaga. Málaga, 2008


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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

“Quiero volver de nuevo a soñar…”


Willy Sommers


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Verdad Desnuda


Llegó no como el pan recién salido al alba con las claras del día, no. Llegó a eso de media mañana. No es pan,  pero es tan bendito como eso que se amasa con harina, sal y agua y se hornea y hace la delicia de la mesa.  Es un libro, el noveno de poesía en palabras de su autor, y el décimo segundo de su cosecha literaria…

El trigo de Antonio Vergara se ha derramado generoso en la siega de sus versos. Antonio es un hombre diferente, distinto. No es satírico pero lleva la ironía como el maestro José Tomás lleva el peligro en el pliegue de la muleta. Yo dije de él en una ocasión que, de haber vivido en otro tiempo, habría tenido sitio propio en un cuadro de El Greco.

Verdad Desnuda que así se llama refleja al hombre. Antonio se codea con el mundo del arte,  o sea, flamenco, copla o verdiales, como lo hace la brisa que saluda al sol cuando apunta por la cresta de los cerros. Antonio Vergara no tiene un encasillamiento en un apartado determinado. No. En cualquiera tiene el sitio, ese lugar que solo se le reserva a los privilegiados; los demás, admiramos.
Apunta en esta obra – al menos, a mí me lo ha parecido -  un deje de tristeza, como si se estuviera despidiendo, como quien trae el camino andado y toma un asentadero y piensa en voz alta y no se lo guarda para sí sino que va y nos los cuenta y nos pone a pensar, y nos deja con…


“Por tener los ojos cansados / de tanto otear caminos…” Trae mucho – y bueno – andado este hombre. Está en los lugares donde la palabra encendida y vehemente va de la mente del poeta al sentir de mucha gente. Pregonero incasable. Primoroso y escudriñador de la palabra precisa, oportuna, necesaria… Gracias por el Libro, por tu generosidad sin límites, por el alma que te fuiste dejando cada día. 




miércoles, 13 de septiembre de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

“A la que una mariposa…”


La rosa. Hermanos Álvarez Quintero


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Lo nuestro: calle Zapata

Comienza en la de la Calle de la Parra;  termina en la de Algarrobo. Ocupa parte de su anchura las calzadas de varias casas de su acera derecha. En su arranque con la de la Parra tiene comunicación con la de Atrás. En tiempos antiguos, tuvo dos callejuelas, la del Limón que comunicaba con la calle Bermejo, y otra, a la calle de Atrás, en aquel tiempo Real. Se llamó, también, de la Cilla por estar en ella la Cilla Decimal, pero su nombre más usual lo debe a personas principales de ese apellido. 


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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Veneno

Lo ha dicho Antonio Banderas. El hombre no quiere trabajar con dinero público porque dice que viene envenenado. Algo de eso hay, sobre todo, cuando deja a muchos como fuera de sitio y otros pierden el sitio detrás de él.

Hubo una señora ministra que se entretuvo en decir que el dinero público no es de nadie. Más o menos o algo por el estilo. Como presunta administradora…, pues, eso.  Se ve, también, que la señora o gana tanto que le duele poco o es tan inconsciente que no sabe ni lo que dice. Regentó el Ministerio de Cultura. Ahora se explican muchas cosas de cómo va la cultura.

En España, últimamente, hay demasiado veneno al alcance de cualquiera. Cuando de algo sobra, rebosa por los filos de la vasija. Chorrean veneno muchas cántaras y no solo de dinero mal venido sino de otras cosas.  Cleopatra, dicen, usaba un frasco pequeño y muy bello. ¡Hay gustos que matan! (De Borgias y otras lindezas no hablamos).

Hay cadenas de televisión de las que se apartan hasta las víboras. No se puede tener más inquina encerrada. Pontifican  - no tienen púlpitos, pero tampoco lo necesitan – como aquellos inquisidores que quemaban brujas, herejes y a todo quien no estuviese en su cuerda.

Carlos Arniches escribió una comedida deliciosa, Los caciques. En un momento de la obra el protagonista dice con total convencimiento. “¿Qué aquí no hay libertad política? Vamos, hombre, sí aquí hay dos partidos, los miistas y los otristas”. Poco ha cambiando España cuando se ven algunas cosas…


Estos días vivimos un tiempo muy revuelto. Alguien dijo que la primavera es el tiempo más revuelto de las cuatro estaciones. Será que ahora con el cambio climático las estaciones han corrido las lindes pero lo cierto es que todo, absolutamente todo, está liado. Y casi como aquel del chiste de Lourdes cuando la silla de ruedas enfiló la cuesta de bajada, hay que pedir, “Madre mía, que me quede como estaba”.


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martes, 12 de septiembre de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

“blanca estrella que del cielo,
curiosa de ver el suelo,
resbaló…”

La rosa. Hermanos Álvarez Quintero


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Lo nuestro: Cerro de Chávez

Se encuentra al NE del término municipal. Es terreno quebrado y en su composición entra a formar parte el zócalo alpujarride, con tierra suelta y ligera, de fácil drenado. Se dedica prioritariamente al cultivo de almendros y olivar, con enormes gastos de recolección, así como con cultivos en crisis por obsoletos. En el Libro de Amillaramiento, Riqueza Rústica, en 2 de febrero de 1897, se recoge que Joaquín Mamely Díaz posee un almendral de siete fanegas y seis celemines en dicho pago.



MORALES GARCÍA, J. Diccionario Histórico-Geográfico de Álora y su término municipal. Servicio de Publicaciones de Diputación Provincial de Málaga. Málaga, 2008



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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Cuestión de días

El otoño juega al escondite con las hojas del calendario. Está escondido en las esquinas y, como los niños traviesos, de vez en cuando,  asoma su cabeza. Ha vestido de rebeca de hilo, o sea, ligera, las noches de un verano que se resiste, sobre todo, al mediodía, a irse.

Están los olivares doblados. Las ramas se arquean con el peso de la aceituna madura y menuda porque no le ha llegado el agua del cielo. Ya se sabe, el olivo bebe por la hoja y, este año, solo ha bebido el polvo que se levanta de los caminos.

La luz, la sagrada luz del sur, cada día madruga menos. Tarda en levantarse Se queda acurrucada con las sombras entre las sábanas de la noche y con los ojos un poco cerrados mira cómo tintinean muy arriba las estrellas.

Se han ido las golondrinas. Ya no hay quien se beba las nubes de paso y perdidas por el cielo en los charcos del arroyo. Se han quedado sin su canto chirriante los cables de la luz y como hace tiempo que se suprimieron los del telégrafo, ahora solitarios, esperan que pasen los tiempos del frío y cuando vuelvan por primavera, el progreso no haya decretado que ellos ya no estén ahí esperándolas.

Se han ido, también, los vencejos que anidaron bajo el alero del tejado  y las tórtolas que se escaparon de las escopetas de la media veda. No han llegado, todavía, los estorninos que caerán sobre los olivares con las aceitunas sobrevivientes del verdeo en la penitencia del morado esperando la tolva y el molino.


El otoño llama a la puerta. Lo dice el hombre del tiempo y el calendario. Es cuestión de días. El verano que no ha sido ni bueno ni malo sino todo lo contrario, que nos ha azotado a su modo y estilo, tiene los días contados. Un puñado, solo un puñado, de días,  como los años buenos que vienen cada siglo, y como esos en los que usted y yo pensamos,  aunque viendo cómo está el patio a lo peor el ‘puñado’ se cuenta con los dedos de una mano y hasta sobran dedos…

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lunes, 11 de septiembre de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

“rosa la más encendida…”


La rosa. Hermanos Álvarez Quintero.

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Lo nuestro: Isla Hermosa

Debe su nombre a la situación geográfica, donde el río Guadalhorce, en un meandro, casi la circunda, por Norte, Oeste y Sur, mientras que por Levante, una acequia de riegos, la hace totalmente rodeada por el agua. Es tierra de aluvión compuesta por limos de arrastre que le proporciona una gran fertilidad. Se dedica exclusivamente al cultivo de cítricos.. Sus tierras se regaron con aguas de la presa del Molino Nuevo de Altamirano y con otras que aportaba la “acequia chica de la Isla”.


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Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Pan

Lo dice el Evangelio. La noche antes se los llevó a cenar juntos. Buscaron un lugar apartado del bullicio, se sentaron a la mesa, celebraron algo único y especial. Y dice que, entonces, tomó pan, lo compartió y le dijo que eso no se quedase allí sino que lo hicieran por siempre y como recuerdo.

Hay otra  página excelsa. Tiene también el pan por medio. Estaban a la orilla del lago. La muchedumbre no tenía que comer. Pregunta qué hay. Le dicen que poco. Vamos más que cerca de la nada y, entonces, manda que comiencen a repartir y dan y dan y dan. Panes y peces y terminan informando que sobró de todo…

Hay más. Cae la tarde. Van de regreso. El sol se oculta detrás de las montañas; el camino polvoriento de una primavera que apunta. El hombre va solo, se agrega a otros dos… “quédate con nosotros” le dicen. Hay peligro en los caminos. Hablan de lo que ha pasado esos días. Se sientan a la mesa, toma el pan y… “lo conocieron al partir el pan”.

Tres maneras de tratar el pan – en el reparto de la Comunión, nos dicen: “el Cuerpo de Cristo” – y lo tomamos con la unción como se toma todo lo sagrado. Tiene el Evangelio el mensaje claro como todo lo que dice el Evangelio, aunque algunos se empeñan en explicarlo,  para que lo entienda todo el mundo.

Casi el filo de la media noche. Suena el teléfono. Un amigo me cita a media mañana; vamos a partir el camino.  Hay cambio de agenda. Me trae un pan de tierras gallegas. Mi amigo ha intentado mitigar los calores del verano lejos del infierno que azota su tierra de abril a noviembre. Se acuerda de los amigos…


Pan, ¡bendito, pan! ¡Dios mío que pan hacen por esos mundos que están más allá de las sierras que hay frente a la ventana de mi casa. Es el pan que hacen en otra tierra; es ese pan que nos sabe muy bueno porque no lo comemos a diario pero es que, además, es bueno, buenísimo.

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