domingo, 11 de junio de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El aguador

El aguador es un hombre mayor pero no es viejo. Tiene andar cansino. Se llama Juan. Ha vivido mucho y no se alterea  nunca. De todas formas, en el  cargo que ocupa si perdiera los nervios…

El aguador sube, despacio,  por el camino. Ha dejado la moto, porque Juan tiene una moto, de las que se conducen sin carné –  él es de los que frenan con los pies – en el borde del canal. Juan  deja la moto en cualquier sitio. La gente  la conoce; sabe que un poco más allá o más acá el hombre estará en sus faenas.

Me saluda. Le devuelvo el saludo. Me dice que la gente está muy nerviosa. No hay agua. “Ya ves, los ingenieros, dicen que no hay agua el pantano y la gente que quiere regar… ¿a ver cómo arreglo yo esto?

A los Callejones no llega el agua porque no respetan los turnos y abren los caños cuando no les corresponde; en la Vega Redonda, no se aguantan ni ellos, y a los Aneales no llega ni la mitad… Las canaletas están hechas una graná. “Esto no tiene apaño”, sentencia.

Echo ratos largos con él, pero él no puede entretenerse. La ribera es muy larga y el agua hay que vigilarla, sobre todo, me dice en estos primeros riegos que todos quieren regar a la vez y, eso, no puede ser.

Le digo que me cuente cómo salvó a la Virgen de Flores en aquel tiempo en que alguna gente perdió la cabeza.  “¿Y para qué te lo voy a contar sí tú lo sabes?”. Sí, pero me gusta escucharlo de usted…

Fue – dice- de madrugada, aparejé el caballo castaño, y fui a la casa de don Francisco Pérez – la Virgen antes había estado en la de Doña Amelia Marín, pero la pasaron por las tapias del corral…- y me la traje a Virote y la escondí  en el andén del tinado y la tapé con una canasta donde empollaba una gallina llueca.


A San José lo traía en el otro cujón del serón;  lo puse en una higuera. Pasaron por debajo;  no lo  vieron. Eso, me dice, con toda su bonhomía, es un milagro. Hace años de lo que cuento. Esta mañana pían los gorriones en el alerto del tejado. Por el camino viene un hombre mayor; no es Juan. Juan se nos fue hace ya…

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