miércoles, 21 de diciembre de 2016

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Galaroza

No sé si lo sabrán ellos, los que viven el día a día en Galaroza, pero a mí al menos me pareció que tienen la fortuna de vivir en uno de esos pueblos que se dicen bonitos de verdad. Pueblo de sierra con aire limpio y cielo azul.

El Ribera de Huelva nace cerca. Río abajo, alimenta el embalse de Zufre. El pueblo, sin embargo, se orilla junto al Múrtiga, el que pasa casi a los pies de la Virgen de Flores y que también va al Atlántico, pero por otro camino. Por el Guadiana. Hay abundancia  - lo que no es poco - de agua. Verdor y exuberancia que se mitiga en otoño y hace que nazca una sinfonía de ocres.

Para tu gozo, mira los oros viejos en las orillas del río y cómo el agua corre por todas partes y cómo crecen castaños y olmos y chopos, y deléitate que ahora por mor de la estación exhiben sus ramas desnudas. Y piensa que estás en uno de los lugares más galardonados de la Sierra porque sus habitantes están tocados por la sensibilidad y por el buen gusto.

Y, por si fuera poco lo que aporta la naturaleza pues también tienen  talla de la Virgen del Carmen, que se entretuvo en hacer Luisa Roldán – la hija de Pedro – ‘la Roldana’, y templo del XVI – de la Purísima Concepción – y ermita a Santa Brígida, desde donde se ve y se mira, y se goza y se contempla la belleza de estas tierras.
                              

De la fiesta de los jarritos, por septiembre… Estaba permitido bañar a cualquiera que osase salir a la calle y ¿el que no lo hiciera? Él se lo perdía. Han escrito tanto que con sólo que preguntes te la van a contar y a decir que todos desean que se recupere para volver a tener lo que tenía antes, pero para eso hacen falta... ¡gentes!    

 Resultado de imagen de galaroza en otoño

No hay comentarios:

Publicar un comentario