viernes, 24 de marzo de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Encarnación

El templo, magnífico; soberbio; sobrio. Sustituyó a otro de igual nombre, la Encarnación; hoy, por cierto, su festividad. Eran tiempos de desencuentros – como ahora –, lo levantaron sobre el solar de la mezquita mayor de los vencidos.  Allí permaneció durante mucho tiempo. Luego se quedó pequeño. El pueblo se hacía, poco a poco, más grande; se chorreaba por la ladera.

Decidieron que edificarían uno nuevo. Al pie de la ladera del castillo. Primero una plaza; luego, el templo. Por la calle principal subían al  castillo – por la del Postigo del adarve, también -. Allí establecieron los servicios comunes: el concejo,  la cárcel – hasta la palabra es feo – el pósito…

El templo, de piedra. Se acerca más a la arenisca que al granito duro, indómito y recio con el que levantaron otros templos en otros lugares. No tiene canecillos ni lobos y hombrecillos de fauces horrendas, ni górgolas por las que caen caños de agua las noches de lluvia.

El templo se abre a tres calles. La fachada principal, al mediodía, o sea mira cara a cara a la belleza blanca del Albaicín nuestro. Lo llamamos el Barranco. En una de las esquinas de la fachada principal se levanta la torre del campanario. Cinco cuerpos; el último, chato. Rematado con prisas y, al parecer, con falta de dinero.

Las otras dos puertas lateras abren a dos calles. A la de Atrás, que cambió un montón de veces de nombre, para seguir con el mismo de siempre. El pueblo, sabio dice que con sus cosas no se juega. Le puso ese nombre; es el que perdura. Los demás para el recuerdo y los papeles viejos.

La puerta de la calle Bermejo era el acceso al panteón. La muerte siempre estuvo cercana a los templos. Fue camposanto hasta que Carlos III dijo que la salubridad se imponía y que había que enterrar a los muertos fuera de las ciudades…


En el testero de la fachada principal se abre un balcón civil. Un obispo quiso perpetuarse; dejó su escudo en la piedra. Pocos templos tienen balcones para que los clérigos gozasen de un lugar tan privilegiado; éste, sí. En la torre huellas de tiros de cuando las cosas se resolvían a las bravas…¡Otros tiempos!
Resultado de imagen de alora iglesia de la encarnacion

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