jueves, 20 de mayo de 2021

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Rafael Nuño

 

 

                                   


Sonó el teléfono a esa hora en que, en algunos sitios, no tienen todavía puestas las calles. Eso de ver las primeras luces del alba, va con Rafael. Durante los meses en los que se nos ha dejado salir a tomar el fresco de la mañana con cuentagotas, él ha publicado las mejores fotos de las calles de Málaga.  Captaba su belleza, porque todo, por raro que parezca, tiene su encanto.

A Rafael, que tiene apellido del linaje de Mío Cid y la bonhomía de quien vino a hacer el bien, lo conozco desde niño. Desde esas edades en que comienzan a fraguarse las amistades que duran toda la vida. Qué palabra ¿verdad?, ahora que ya no existen las fraguas ni los fuelles, ni cortafríos, ni ese golpeo sobre la forja del hierro para que naciese el martinete y los cantes de la fragua. A lo que iba, a Rafael lo conozco desde hace tanto tiempo, que casi ni me acuerdo.

Después de unos años, en los que las necesidades del trabajo lo llevaron por Haro y por Agreda, donde el Moncayo es casi el vecino de enfrente, y por otras tierras de Castilla, desde Osorno hasta la románica Frómista, volvió a Málaga. Y con la paciencia que se puede aprender del ‘Poverello de Asís’, cogió la guía de teléfono y nos fue congregando a todos, y desde entonces, como que no ha vuelto a romperse el hilo.

Rafael ha echado los años de su vida en puestos de responsabilidad en Renfe y por eso de que un ferroviario tiene que llevar de la mano un viaje, si no en la realización, si en mente pues…

Me ha dicho que ha andado estos días por Manzanares. Sí, esa que está a 175 km. de Madrid, kilómetro más o menos, esa que cuando no había autovías, siempre veíamos la torre de su iglesia clavada en el centro de la carretera, inmóvil, oteando vientos, allá al fondo, y que nunca llegaba…

Esta mañana, cuando sonó el teléfono y decidimos – porque ya sí se puede – echar el día juntos, me dio una alegría enorme. Tan es así, que se me vino a la mente aquel pasaje en que cuenta Cervantes: “La del alba sería cuando Don Quijote salió de la venta, tan contento, tan gallardo, tan alborozado (…) que el gozo le reventaba por las cinchas del caballo”. Gracias, Rafael.

 

 

 

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