domingo, 17 de febrero de 2019

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Arde Cantabria





Dicen que allí todo es verde y que los prados bajan hasta la misma lengua del mar. Dicen que el paisaje es de una belleza tan grande que compite en belleza de paraíso con todos los demás paisajes de la cornisa que reciben los vientos del Cantábrico.

 Dicen, también, que no hay ni diálogo ni entendimiento entre las administraciones, agricultores y ganaderos. El problema no es nuevo. Se repite año tras año.

El periódico y las imágenes informan que ahora arde de una manera tan desorbitada que todo puede terminar en una catástrofe sin precedentes. Se ven impotentes para frenar el fuego. A las tres de la tarde tenían contabilizados cuarenta y cinco focos y en once de los trece distritos en que dividen la Comunidad estaban sufriendo el fuego.

Los hombres que componen las cuadrillas se multiplican. No solo es el esfuerzo humano, también hay medios técnicos. Operan por tierra y por aire. Parece que todo es insuficiente para frenar el infierno que ha abierto sus puertas en aquellos montes.

La Guardia Civil ha detenido a un ‘artista’ al que acusan, presuntamente, claro, de ser artífice y haber provocado al menos uno de los fuegos. No tiene que cundir la alarma, casi seguro que no podrán probarlo totalmente y dentro de un rato estará en libertad ‘con cargos’ – como se suele decir – y se va a su casa de rositas.

Estamos en febrero, casi no hay rastrojos y ahora se culpa al viento del sur el que impulsa la desolación de la mano del fuego. Vamos como si fuese la primera vez que el viento en aquellos lugares sopla del sur y no de otro lado. Algunas veces las explicaciones son un tanto peregrinas. Al menos, lo parecen…

La mano del hombre, dichosos hombres que tienen una capacidad de destrucción muy superior a la que tienen otros seres de la naturaleza. ¿Qué  puede  pasar por la cabeza – si es que tiene cabeza- de alguien para sembrar tanta destrucción y tanta muerte?

¿Qué castigo tienen que pagar si lo han hecho por revancha?  Entre la gente normal frustración y miedo; impotencia. Las nubes de humo han quitado el sitio a las nieblas cargadas de humedad que viene del mar y son las que imperan en la cumbres de la Cantábrica una de las zonas bonitas y embrujadas de esta tierra llamada España.



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