viernes, 28 de agosto de 2020

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Manolete






Hoy, 28 de agosto, día de San Agustín de Hipona, el que acuñó: “Nos hiciste Señor para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”, Manuel Rodríguez Sánchez, Manolete (1917-1947), se vistió de rosa en la plaza de Toros de Linares, formando terna con Luis Miguel Dominguín, que le comía los terrenos y Gitanillo de Triana. Ganadería, Miura, de Lora de Río, finca Zahariche. Un toro: Islero, número 21 en la camada…

¿Hizo Dios a Manolete para el toreo? Aquí cuadra lo del refrán: “De casta le viene al galgo…” Su padre, torero, su madre, casada en primeras nupcias con Lagartijo Chico. Su abuelo, su tío y su primo, toreros… ¿Descansó el corazón del que llamaron IV Califa el día que pasó a la Historia del toreo? No lo sabremos nunca. Los muertos no hablan. Las leyendas son eso, historias que otros hacen que corran y corran y nunca se terminen.

La muerte llegó de madrugada. La cornada, en el quinto toro, que ya le había ‘avisado’,  parecía, dice Rosario Pérez, que traía ya la muerte consigo. Una premonición desde antes de acudir a la plaza lo había dejado entrever… Manolete se vistió en el Hotel Cervantes. Por la mañana, le anunció a los periodistas “K-Hito”, y Bellón que era su último año y que se despedía de los ruedos. ¡Tenía hambre de vivir la vida!

Algunos investigadores quieren ver una intención maligna al administrarle un plasma en mal estado, donde el fascismo y la iglesia no ‘veían’ con buenos ojos la vida que llevaba con Lupe Sino, su compañera, que podía ser un mal ejemplo para la juventud, mientras que su muerte en la plaza, lo pasaba a las páginas de la heroicidad. Cuando he estado documentándome para escribir esta líneas, eso me parece demasiado, demasiado.

Enjuto como un junco del río. Enhiesto, seco, impasible. En la mediación del camino del toreo estilista y puro de Joselito, y el ‘pasmo’ de Belmonte. Manolete fue el ídolo de una España de alpargata, hambre y luto. Su muerte conmocionó de tal manera, que 73 años después, se siguen escribiendo – cada vez menos, es verdad – pinceladas de su vida.




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