lunes, 19 de marzo de 2018

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Aires


Alguien dijo que la primavera – ya llama a la puerta – solo es placentera en la mente de los poetas. Desde hace unos días, además de la lluvia, arrecia el aire. El hombre del tiempo pone las flechas como que vienen de poniente. Luego, a la hora de la verdad, es un aire revuelto que forma remolinos y la lía.

Árboles caídos, ramas que vuelan, olas que superan una altura a la que las playas donde tienen el rebalaje no están acostumbras y vienen ellas muy listas y se llevan la arena y destrozan los merenderos y hunden embarcaciones y todas esas cosas que pasan.

Dice el Maestro Barbeito que, de vez en cuando, el río que no se mete con nadie se presenta con los escrituras debajo del brazo y enseña los papeles. La mar ha hecho algo parecido en las costas de Huelva, Cádiz y, esta mañana, en Almería. No sé si solo ha enseñado los papeles de las escrituras. Parece por lo que cuenta la televisión que, también, ha enseñado los dientes.

Hay otro aire. Pega más de la cuenta. Ese aire se ha metido por las rendijas. Es un aire que siendo más viejo que el palmar de la Fiscala se presenta como nuevo. Es sutil como una puñalada por la espalda. No hay más que ver el telediario. ¡Dios mío qué cosa cuenta, y cómo se comportan algunos (permítanme que también diga algunas) que deberían dar ejemplo de otra cosa.

El refranero habla de marzo lluvioso, y éste lo ha sido cuando ya nadie daba un duro por él y ha venido y ha arreglado algo de eso endémico que en España es la envidia, no, no que me equivocado, eso no tiene arreglo, quería decir la sequía En algunos sitios los pantanos desaguan; en otros hablan de cifras de embalses impensables… ¡Qué cosas!

El aire, este aire que les ha dado horas extras a los que arreglan persianas y venden macetas para balcones y marquesinas para las paradas de autobuses y lleva de su mano las nubes sobre el castillo… cuando se torna manso y amable, entonces, entonces peina los trigos en las lomas y le pasan la mano a los habares y abre las flores de los ciruelos y los perales y deja que liben en las pasifloras la abejas… ¡Con ese me quedo!




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