miércoles, 28 de marzo de 2018

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Jueves Santo


Jueves Santo. “Donde hay caridad y amor…”
Como cada año, en día diferente. Lo dicen la luna de Nisán, aquella de la noche de Getsemaní; la de la negación y la entrega. Lo manda el calendario.
Ahora mismo hace sol. No sé si mañana se va a cumplir el refrán: “Hay tres días que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión. El cielo azul; alguna nube despistadilla. Va para alguna parte.
Detrás de la ventana, ahí mismo, entre los naranjos de la huerta cantan los pájaros. Ellos como las flores, como el gato – Tito Livio – que se pasea por el caballete, van a lo suyo.
Dice el hombre del tiempo que viene agua. A la gente del campo siempre nos viene bien el agua. Quizá un pelín de retraso por tratarse del día y porque la gente está tirada a la calle y hay procesiones y…
Un poquillo de retraso no sería malo para esa lluvia anunciada. Como cuando el AVE llega a Córdoba y estamos a tres cuartos de hora de la estación término y albergamos las esperanza, “hoy nos devuelven el importe del billete” y, luego, va y recupera, y recupera, y por Santa Ana pasa a trescientos y algo y entra en Málaga y lo clava, pues eso…
El crepúsculo del Jueves Santo también es especial. La luz tiene su hora. Es rosa, violeta y azul. A la luz  le llega el momento de retirarse y, entonces, el Nazareno de las Torres baja entre un mar de cabezas. Apunta el primer lucero. Abajo el gentío; arriba, el silencio…
Con noche cerrada asomará por la calle Ancha Cristo Crucificado. Cristo dormido con cara de Dios infinitamente bueno. Y luego, desde la Encarnación San Juan y María del Amor… La humildad es el patrimonio de los grandes ante Dios.
Y, casi sin caber, cabe, y aparecerá Ella por la puerta grande que se queda pequeña… Ella, Virgen de los Dolores con rictus de dolor que le da nombre. ¡Madre mía! Jueves Santo.



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