miércoles, 25 de enero de 2017

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Racimos

La naturaleza es generosa, pródiga. Regala algunos frutos en racimos. Pienso en las parras de las que penden racimos de uvas;  pienso en las cepas que cobijan del rigor del verano lo que luego, cuando llegue el otoño, será ‘néctar divino’; pienso en la palmeras que alegra el arenal y en los dátiles acariciados el viento cálido del oasis…

Granos de trigo apretujados en la espiga cuando arrecian las primera calores de junio y cantos de ruiseñores al amanecer en el soto del río; y alondras en los primeros rastrojos; y  pan bendito en la mesa del pobre y Hostia Santa en el ara del altar. Cuerpo de Dios.

Parece que hay otros racimos. Vienen también de la naturaleza. Son fruto de la naturaleza humana. Un grupo de canallas, agrupados en racimo, ponen una bomba en un mercado; otros apalean – ante miradas pasivas – a una chica en la impunidad de la noche; hay quienes en manada, como los lobos, atacan a unos Guardias Civiles en un bar…

Se ve que la madre naturaleza, en ocasiones, tiene  poco de madre, y mucho de otra cosa. Saca las ideas de un cable caído y no es tan generosa. Algo no se hace bien. No se puede llevar tanto odio dentro en cuerpos jóvenes a los que todavía no les ha hecho cicatrices en el alma el helor de la vida.

España tiene la juventud más preparada de su Historia y cada vez salta con más frecuencia a las portadas de la prensa noticias que dejan a uno sin resuello. Da igual que sea en un pueblo navarro de un paisaje precioso; da lo mismo que sea en una región donde la gente es trabajadora y va a lo suyo e innova y exporta y sirve unas hortalizas excelentes…


¿Qué mal viento corre desde Oriente Medio hasta donde se abre el Atlántico? Si decían los clásicos que de Oriente venía la luz, ¿cómo es posible que tengamos tantas sombras sobre nuestras vidas sin que se le encuentre solución al problema?

Resultado de imagen de racimos

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