miércoles, 16 de septiembre de 2015

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Rafalillo

Rafalillo era un personaje solitario. Rafalillo vivía en la calle de Atrás. Era hijo de Felipe y de Josefa y hermano de Adrián que perdió una pierna en un accidente laboral y que terminó atendiendo a las llamadas del teléfono en la parada de taxis. Rafalillo tenía más  hermanos y una hermana…

Era de estatura baja; delgado, de complexión débil y con pocas carnes. De nariz larga un poco aguileña y orejas prominentes. Tenía la boca grande y muy deficiente en la palabra. No iba limpio. Vestía mal, generalmente con ropa desechada de otros y su calzado…

Su pelo era largo y rebelde; muchas veces estaba sucio; su higiene… Caminaba despacio. Felipe Aranda captó que en cara nunca faltaba un esbozo de sonrisa. Arrastraba los pies como quien no va a ninguna parte. De hecho Rafalillo nunca fue a ninguna parte. De joven desfilaba, una vez al año, en la cabalgata de Gigantes y Cabezudos en la feria. Lo usaban para las cucañas… Hasta su nombre se quedó en diminutivo.

‘Sostenía’ las paredes o la barandilla de la fuente. Buscaba la recacha en invierno; la sombra, en verano. Su estado nunca le permitió el acceso al mundo laboral. Los días de fríos reguardaba las manos en los bolsillos. Sus dedos eran largos y tenía las puntas de las uñas negras.

Rafalillo no se metía con nadie. No hablaba con nadie. No era amigo de nadie. Nadie era amigo de Rafalillo. Rafael siempre estaba solo. Se subía cada mañana a la Fuentarriba. Era su sitio natural, o sea el sitio para dejar que pasasen las horas. Su espera era siempre la misma: la hora del vaso de vino.


Rafalillo nunca anduvo sobrado de nada y sí falto de todo. Pequeña, lúgubre  sin ventilación su casa. Escasa la dotación de inteligencia que se le asignó el día que lo echaron al mundo. Su deambular fue triste. Al final, extendía la mano. Todos sabíamos qué quería y para qué lo quería. Al menos eso, ya que tuvo tampoco… 

2 comentarios:

  1. En toda crónica queda lugar para la fantasía del escritor, para compartir su visión del mundo. El problema surge cuando es la fantasía quien quiere vestirse de realidad. Realidad que sabrán reconocer aquellos que compartieron su tiempo y su vida con Rafalillo, pero que por desgracia, no tienen la difusión que alcanzan otras versiones, cargadas de la suciedad que desde aquí solo se ve en las ropas ajenas. Tienes la boca muy grande, pero el problema lo tienen aquellos que escuchan, pues creen la versión sesgada y deficiente como verdad.

    Todos podríamos tomar ejemplo de él, y no meternos con nadie.

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  2. La media verdad, no es verdad, la media verdad es una mentira, mi TITO RAFAEL nunca se metió con nadie, ni estuvo desatendido por su familia, mi suegro (D. EMILIO RODRIGUEZ) que era su HERMANO lo cuidaba a diario, nunca lo dejó solo, tampoco lo vi sucio (estaban su hermanos, hermana y cuñada), y de las personas ajenas a la familia la única persona que de verdad se interesó por él fueron: Dª. Pilar Jurado, D. Diego Rosas y D. Pepe Rosas. Espero que estas líneas las compartas literalmente en Facebook, pues desde aquí no podemos acceder, y tenemos el Legítimo Derecho a la Réplica, máxime cuando la información que Vd. da no se atañe a la realidad. .

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