sábado, 26 de junio de 2021

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Las líneas de Málaga

 

 


Málaga, de la que el poeta en su exageración dijo que tenía más de ‘cien tabernas y una sola librería’, es también la ciudad de las palmeras y palomas en el parque, gaviotas en los barcos y sirenas que anunciaban la partida del Melillero.

Málaga es además, la ciudad de una catedral inacabada, iglesias señeras: san Juan, la Trinidad, San Pablo, Santiago…, de museos que  ofertan cuanto de bueno puede encerrarse entre unas paredes con auténticos tesoros detrás de ellas: pintura, escultura, etnografía, tauromaquia o gastronomía. Muchos, conocidos; a otros, les cuesta que la gente sepa de ellos. No hay que olvidar que hay quien prefiere otras cosas.

Málaga tiene varias líneas reales o imaginarias: el río de norte a sur,  el eje que va desde la Aduana, calle Santa María y, continúa, tras salvar el espacio único de la Plaza de la Constitución, que no perdió el nombre ni cuando a las calles se les llamaba de otra manera, y por calle Compañía, llega hasta el Guadalmedina, que ya no viste de luto a los barrios colindantes porque alguien tuvo la feliz idea de construir un pantano con un ojo en su pie de presa. Por ese ojo solo cabe el agua que el río puede desaguar….

Pasado el tiempo, otro pantano, - con mucha polémica cuando se levantó – construido aguas abajo, remansa su exiguo caudal. Entonces, cabe preguntarse dónde está el problema. Los que ven un poco más allá dicen, que una catástrofe natural de la mano de un terremoto (no hay que olvidar dónde está la ciudad) podría ser de  un final del que mejor ni pensarlo.

No ha habido un ‘alguien’ con la decisión de coger el toro por los cuernos y embovedar ese río, como lo hizo Granada con el Darro y el Genil o Almería con el suyo… Pero esos son otros lópeces.

Hay otra línea, esta imaginaría. Pasa por Atarazanas, Puerta del Mar y la Cortina del Muelle. Es la línea natural donde estaba el rebalaje, en la bahía a la que se asomaban Gibralfaro y la Alcazaba. La mano del hombre, empujó el mar y lo alejó. Allí se ganó un terreno con las aguas subterráneas muy a flor, pero que hoy dan una imagen de otra ciudad tan distinta, que nadie da en pensar que el Parque y la Alameda, pudiesen ser fondos marinos.

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