viernes, 9 de enero de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La Virgen de los caminantes

 

                               


Enero, 9 viernes

El Puente Romano de Córdoba da entrada o salida a la ciudad. Es del siglo I. Salvaba el mayor obstáculo: pasar el río de una a otra orilla. El puente es de piedra, con arcadas que permiten, a las aguas seguir su curso.

Junto al puente, en la margen derecha, una puerta. La Puerta del Puente. Construida en 1575 con motivo de la visita del Rey Felipe II. Tiene tres cuerpos, sillares y una inscripción que hace mención al Rey.

Ocupó el mismo sito en la que hubo otra. Córdoba había sido una ciudad amurallada. La puerta se conoció, según la época, con nombres distintos:  Bab al-Sura (Puerta de la Estatua) en recuerdo a una del tiempo romano. Bab al-Qantara (Puerta del Puente), Bab al-Wadi (Puerta del Río) o Bab al-Yazira (Puerta de Algeciras). Entrada Córdoba desde las tierras del Sur o lugar por se partía de la ciudad más importante de Al-andalus.

Junto a ella, en el muro sur de la mezquita, en una hornacina, una pequeña imagen de la Virgen del Pilar. Se colocó el 8 de diciembre de 1740. El pueblo la conoce como Virgen de los caminantes, el nombre lo toma de las plegarías que a ella dirigían los que entraban o salían de Córdoba a través de la Puerta del Puente. En distintas épocas ha sufrido profanaciones e incluso ha sido robada. La imagen actual es de 1938.

La hornacina se remata con una venera y está enmarcada entre columnas bajo un frontón. Su coste lo afrontó el Cabildo catedralicio. La imagen, la reja y el cristal en otro tiempo fue sufragada por el administrador del puente.

La imagen actual, de 1938 es obra del imaginero valenciano Amadeo Ruiz. Tras el último robo y recuperación posteriormente, ha sido restaurada.

Las obras de la mezquita se iniciaron el 785 por Abderramán I sobre la iglesia de San Vicente; en 1236, tras la toma de Córdoba, después de la Batalla de las Navas de Tolosa, en 1212, junto a Bailen, los cristianos, la convirtieron en Catedral.

En 1523, el obispo Alonso Manrique construyó en su interior una catedral. Se cuenta como anécdota, se desconoce, si cierta, que, tras la visita, el Emperador Carlos V a Córdoba, lamentó con dureza: “Habéis destruido lo que era único en el mundo, y habéis puesto en su lugar lo que se puede ver en todas partes”.

La mezquita-catedral está dedica a la Virgen de la Asunción.

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