viernes, 23 de enero de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Andalucía nuestra

 

                            


                Mezquita-Catedral. Córdoba


Enero, 23 viernes

 

A veces o se recurre al tópico o a la tragedia. O piensan en guitarras y juergas bajo las parras – lo que es más falso que un duro de plata –, o en una tierra donde la “muerte es gloria, cuando la fiesta es brava” Pienso, por ejemplo, en Paquirri, la tarde de Pozo Blanco o Manolete en Linares.

(Hay otra tragedia. Está cercana, también en esa Sierra Morena, entre encinas y coscojas, retamas y brezos. Tierra quebrada por donde pasa el tren tan de prisa como pasan los silbidos del viento, pero de esa, ya, no, hoy no. Ahora, vamos a terciar un poco la hoja).

Esta Andalucía nuestra, de Tartesos y un tesoro en el Carambolo; de los hombres de El Alquiar; de ríos, uno grande, tan grande que lo lleva en el nombre, y de otros con estiajes tremendos en los meses mayores; de cielos de estrellas y dos mares en sus orillas… Está tan hecha a que le pidamos que, de vez en cuando, se deja caer como quien no quiere la cosa y va y dice: “Ahí queda eso”

Y aparece un Juan Ramón, en Huelva; y un Falla, en Cádiz; de Málaga sale un niño que se fue pronto y que ahora… Ahora, ya saben aquello de Málaga: “Madre para todos…”; de Granada, Federico; de Almería Salmerón, que dimitió para no firmar una pena de muerte; de Jaén vino Andrés de Vandelvira y dijo que la piedra se tornaba de oro viejo con la luz de la tarde; Córdoba nos dio… ¿Dios mío, con quién me quedo? Alhaken II… Cuando no existía la imprenta, su biblioteca tenía más de cien mil volúmenes. Velázquez se fue de Sevilla a Madrid para pintar el cielo del Guadarrama…

Andalucía, una tierra que siempre tuvo un escalón que la ponía un poquito más baja, solo en lo físico, de la Submeseta Sur, pero tuvo la visión de abrirse a la mar océana y dijo que la otra orilla era América, pero solo de nombre porque Sevilla no era capital del mundo por mor de la ceguera de un rey que no veía mucho más allá de los ventanales de sus aposentos frente a una sierra bellísima, eso sí, verde en verano y blanca en invierno. Él no supo nunca de los mares azules ni de las brisas marinas que en las noches de verano llevan perfume de jazmines y biznagas… Andalucía, nuestra que ¡que nos da tanto!

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario