Mezquita-Catedral. Córdoba
Enero, 23 viernes
A veces
o se recurre al tópico o a la tragedia. O piensan en guitarras y juergas bajo
las parras – lo que es más falso que un duro de plata –, o en una tierra donde
la “muerte es gloria, cuando la fiesta es brava” Pienso, por ejemplo, en
Paquirri, la tarde de Pozo Blanco o Manolete en Linares.
(Hay
otra tragedia. Está cercana, también en esa Sierra Morena, entre encinas y
coscojas, retamas y brezos. Tierra quebrada por donde pasa el tren tan de prisa
como pasan los silbidos del viento, pero de esa, ya, no, hoy no. Ahora, vamos a
terciar un poco la hoja).
Esta
Andalucía nuestra, de Tartesos y un tesoro en el Carambolo; de los hombres de El
Alquiar; de ríos, uno grande, tan grande que lo lleva en el nombre, y de otros
con estiajes tremendos en los meses mayores; de cielos de estrellas y dos mares
en sus orillas… Está tan hecha a que le pidamos que, de vez en cuando, se deja
caer como quien no quiere la cosa y va y dice: “Ahí queda eso”
Y
aparece un Juan Ramón, en Huelva; y un Falla, en Cádiz; de Málaga sale un niño
que se fue pronto y que ahora… Ahora, ya saben aquello de Málaga: “Madre para
todos…”; de Granada, Federico; de Almería Salmerón, que dimitió para no firmar
una pena de muerte; de Jaén vino Andrés de Vandelvira y dijo que la piedra se
tornaba de oro viejo con la luz de la tarde; Córdoba nos dio… ¿Dios mío, con
quién me quedo? Alhaken II… Cuando no existía la imprenta, su biblioteca tenía
más de cien mil volúmenes. Velázquez se fue de Sevilla a Madrid para pintar el
cielo del Guadarrama…
Andalucía,
una tierra que siempre tuvo un escalón que la ponía un poquito más baja, solo
en lo físico, de la Submeseta Sur, pero tuvo la visión de abrirse a la mar
océana y dijo que la otra orilla era América, pero solo de nombre porque
Sevilla no era capital del mundo por mor de la ceguera de un rey que no veía
mucho más allá de los ventanales de sus aposentos frente a una sierra
bellísima, eso sí, verde en verano y blanca en invierno. Él no supo nunca de
los mares azules ni de las brisas marinas que en las noches de verano llevan
perfume de jazmines y biznagas… Andalucía, nuestra que ¡que nos da tanto!
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