Enero, 20 martes
Cuenta la leyenda que,
Abderramán III, el más grande Califa de Occidente, además, de un excelente
estratega tenía la sensibilidad excepcional.
Cuenta, también, que en cierta ocasión
veía como la tristeza afloraba en la cara de Azahara, el amor de su vida, para
la que había construido un palacio en las faldas de la Sierra Morena y no lejos
de las aguas de Río Grande que daba frescor a las noches tórridas de
Córdoba y agua para regar los campos y jardines y curso a los barcos que venían
de la mar lejana con mercancías y mensajes desde Oriente y, después, de salvar
Sevilla llegaban a atracar en sus muelles…
Cuenta, que un atardecer,
después de dar por terminada sus faenas se sentó junto a su concubina. El
califa miró al cielo, respiró hondo y le dijo que ella había puesto la
felicidad en su vida y que era una mujer más refulgente que la estrella que
cada madrugada aparecía en el cielo de Córdoba…
- Te he construido, le dijo, el más bello palacio, la joya de al-Andalus, para ti. Lo he dotado de fuentes con agua que canta y da el rumor de una sinfonía especial para tu deleite…
- Sí, le dijo ella.
- He llenado sus arriates de rosales. Nos dan las rosas más bellas. Vinieron de Bagdad, de la Meca, de Babilonia, de los jardines más hermosos de aquellas tierras que nos regalan su aroma, su belleza, su encanto…
- Sí, dijo ella.
- Te he salpicado los caminos y los rincones íntimos de cipreses que se elevan al cielo y mirtos y jazmines que nos dan misterio, embrujo, aroma…, para que tú, amada mía, pasees entre ellos y goces de tanto cuando nos ofrecen.
- Sí dijo ella.
- Te he sembrado los bordes de los caminos de agua con granados que se visten de verde en primavera y nos dan la única fruta coronada cuando llegan las calores del verano y se visten de oro viejo cuando aparece el otoño.
- Y ante el asombro del Califa, dijo ella, sí, pero falta algo…y agregó no me has dado la nieve de mi Sierra Nevada…
Y entonces, dice la leyenda que, Abderramán mandó talar todo el bosque de encinas y coscojas que lo rodeaba y ordenó que lo se sembrasen de almendros y así, cada año, cuando llega enero se visten de nieve con sus flores
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