Adamuz. (Córdoba).Accidente ferroviario. Domingo 18 de enero 2026
Enero, 21 miércoles
En los
años cincuenta del siglo pasado, cuando yo era niño, viajar en el tren era la
aventura más grande en la que me podía ver inmerso. Solo teníamos, los niños de
entonces, dos posibilidades para viajar a lugares lejanos: el coche o el tren.
En mi
pueblo había muy pocos coches. Estaban contados. Solo tenían coche muy pocas
personas. Acceder a esa posibilidad de desplazamiento era para otros. Había un
autobús que hacía la línea hasta Málaga. Venía, de Ronda, por las mañanas y
volvía por la tarde.
El tren,
sin embargo, si estaba a nuestro alcance. Como los medios económicos eran tan
escuálidos solo se viajaba cuando empujaba la necesidad, imperiosamente la necesidad.
Por ocio, no se viajaba casi nunca. Obviamente, o se iba a un pueblo cercano o
a Málaga. A otros, sitios, ni soñarlos.
El tren
llevaba a la gente más variopinta. Desde personas mayores a niños vestidos de
nuevo porque eso de subir al tren era un acontecimiento. Luego, el crecimiento
económico, y eso que llamamos la vida, abrió el viaje en tren a más
lugares.
Ahora
ya se ve. Estos días hemos visto que el tren y el coche son necesarios. Es más,
sin ellos, se colapsa el país. El avión, como medio de transporte se usa para
desplazamientos lejanos, para viajes específicos o para algo tan impuesto en nuestra
civilización de consumo, como es el ocio.
El accidente
de Adamuz ha puesto de manifiesto que todo ha cambiado, tanto, tanto, que en
media España casi estamos aislados de la otra por incomunicación. Hablan y hablan,
buscan explicaciones, responsables, culpables, chivos expiatorios. Hay quien
opina y no sabe; hay quien sabe y guarda silencio… De todo en la viña del
señor.
Solo
tengo claro muy poquitas cosas. La gente, o sea el pueblo es, sencillamente,
maravilloso. Decía don José Ortega y Gasset que España es invertebrada, ¿a qué
sí? y, decía, también, que lo que en España no hace el pueblo se queda por
hacer. ¿A qué también es verdad?
Tengo, otras
cosas claras, muy claras. Forman un abanico. No son muchas más, pero entre todas
me quedo con una, el domingo, por la tarde, en este mundo de vorágine que nos
hemos dado entre todos, la muerte se agazapó en el tren y se dejó ver entre
encinares cuando caía la noche en Sierra Morena, ese escalón que separa
Andalucía del resto de España.
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