Enero,
3 sábado
Aprovechó
la efeméride del día. Juan Eugenio García López, a media mañana, nos sorprendió
con un dibujo a lápiz y un texto: “Tal día como hoy, en 1492, nuestra Reina,
Isabel la Católica recibió de manos del Rey nazary las llaves de la ciudad de
Granada, después de 711 años en poder del Islam”.
He
visto la inclinación por la pintura de este hombre los retazos, aportados en otras
cosillas de las que ocurren en el pueblo. Eso sí, las ha regalado a cuenta
gotas. Se ve que hay almas con una predisposición especial hacia las
manifestaciones del arte.
Juan
Eugenio, que no ha tenido en su vida laboral una inclinación ni contactos con
las manifestaciones artísticas, si ha dejado claro que tiene un pellizco dentro
que lo expresa de manera espontánea y cuando menos se espera.
Si me
apuran, a Juan Eugenio le viene el agua molino, más por la música que la
pintura. La herencia de su madre Gabriela López le ha hecho entrar con pie
propio y de lleno en el amor por la música, especialmente, por la música folk.
Todos cantan en su familia, hasta el punto que el apodo de los “Cristinos”
navega como un vapor de nombre propio, sinónimo de bien hacer, mejor gusto y
deleite.
Parte
de su familia, - él también - integraron con Tomás Salas, Delia y Juan
Cristóbal Trujillo, y Pedro Yañez, su cuñado, del mejor conjunto de música folk
“Nuestra Tierra” que dado Álora. Sus contadas actuaciones hacen que a muchos se
nos abran las cataratas de la sensibilidad con el solo hecho de escucharlos.
Juan
Eugenio ha jugado en su dibujo a lápiz con tres elementos esenciales: la
historia, el acontecimiento en sí y, además, lo cuenta. De fondo recoge el
castillo, el Castillo de las Torres, emblema de un pasado de enorme raigambre.
Iberos, romanos y árabes dejaron su impronta. Hasta nuestros días llega el
recuerdo y parte de la esencia de lo que fuimos.
Ha
colocado un ejercito en marcha. Carece la pintura de agresividad. No es un
ejército en combate abierto. Manda un mensaje de algo que en la historia viene
porque las cosas son así y que de alguna manera queda refleja en el devenir de
los tiempos.
La presencia
de la Virgen de Flores es la tercera
impronta que Juan Eugenio destaca en su dibujo. Es la veneración más antigua de
las que se conocen en el pueblo. La imagen la trajeron los hijos de Encinasola
– lejos en el espacio, y próxima en el afecto – cuando en 1484 tomaron la villa
de “Álora, la bien cercada, la que está en par del río..” Desde entonces hasta
hoy. Y Juan Eugenio García López toma papel y lápiz y dice: ahí queda eso.
Gracias, amigo.
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