domingo, 25 de enero de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Sevilla, cuna de la Escultura Barroca

 



                                                        Inmaculada. Alonso Cano (1601-1667)


            Enero, 25 domingo


Hay quien dice que la Escultura Barroca vino de Italia. Su creador, Bernini. Algunos críticos de Arte, sitúan el nacimiento de la nuestra, la española, en Sevilla, (también brillaron con luz propia: Valladolid y Granada) por aquel entonces, emporio económico con el comercio de América.

Dicen, que a diferencia de lo que se entiende de manera generalizada como una escultura llena de contorsiones en sus figuras, la nuestra, la que sacan a flote los escultores del siglo XVII se mueve “dentro de la sencillez expresiva y de una contención de las formas”. Lo heredan, agregan, de la última escultura del Renacimiento español.

Cuando avanza el siglo, y sobre todo en su segunda mitad aparecen las huellas  de una expresividad  y dinamismo que la eleva a la cumbre de lo sublime. Es la entrega absoluta al espíritu de la Contrarreforma donde se impone la espiritualidad e impera la belleza serena.

La iglesia católica (catedrales, iglesias, parroquias, conventos,  oratorios…) son los principales clientes. Piden obras para llenar sus lugares de oración. Imágenes que transporten al fiel que se postra ante ellas hacia un mundo idealizado y espiritual. Alguien lo expresó de manera muy rudimentario: “del suelo, al cielo”.

En Francia o Italia se utiliza el mármol. En España, la madera. La madera policromada le da, además un aspecto más natural. Humaniza a las imágenes y si, como en algunos casos, se estofa o se apoya en la combinación de colores, entonces, se alcanza algo muy cercano a la perfección emocional.

La policromía, los escorzos, los ojos de cristal, la viveza extraída de lo cotidiano es tan real, que la imagen que aparece sobre un trono o en un altar entre cirios en la penumbra de un templo, es algo nuestro, tan nuestro que se le pone incluso la identidad de un vecino al que se conoce. Piensen, por ejemplo, en el gitano que en su agonía da vida al Cachorro de Triana…

Se les van a recoger, en la iconografía, a los nuevos santos canonizados. Santa Teresa, San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier, San Juan de Dios… Aparecen las cofradías con manifestaciones religiosas en las calles y en los templos.

En Sevilla, trabajan, entre otros, que casi forman multitud, Ocampo, Ruiz Gijón, el alcalaíno, Juan Martínez Montañez o el granadino Alonso Cano, Pedro Roldán, su hija ‘la Roldana’… Su número y calidad artística es tan excelsa que solo uno de ellos llenaría muchas páginas de la Historia del Arte. Un tiempo en la que España, y este caso, Sevilla, dijo mucho y muy bueno; un tiempo donde la escultura subió a cotas de ensueño…

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