Enero, 10 sábado
Juan Martín Vargas, que ese es su
nombre, es uno de los grandes folcloristas que ha dado Álora. Se une a esa
reata formada por Pepe Rosas, Juan Veneno, Niña Benítez, Antonio Cid “el
Divino”, María, ‘la Estorba’, Gabriela López, el maestro Escalona…
Estilos, palos vivencias de “decir” lo nuestro de otra manera. Ya no están con nosotros.
Juan Martín nació el 18 de febrero de
1930 en el arroyo Rabanero, en el término municipal de Álora. Casado con
Concepción Álvarez. Tuvieron cinco hijos. Desde muy pequeño sabe de la dureza
de la vida del campo. Pasó la infancia guardando ganado, y con la juventud le
llegó el trabajo duro y diario, cuando lo había, en el campo.
Amante de la Fiesta y verdialero de pro
fue una gran autoridad dentro del estilo “Almogía”. Suya es la letra del
Verdial: “En el arroyo Rabanero / el dinero es el que pita / se echa una
novia un obrero / viene un rico y se la quita”. Dicen los que saben de
estas cosas que en el toque del pandero era un virtuoso. Se puede catalogar
como alguien a quien difícilmente se superará.
Salvador Pendón en su obra: Que
asoma por el Oriente. La fiesta de verdiales. Memoria y reflexiones. Málaga
2022. Dice de él que “ha sido uno de los más aventajados y significativos
intérpretes” dentro de la fiesta de Verdiales, y en ella en el apartado
“Almogía”: (Existen otros dos, “Montes” y “Comares”.
En su biografía, Juan puede contar que
la vida no le regaló nada. Una mañana en El Potro, donde coincidíamos con
frecuencia, entre otros, Diego Mamely, Alonso “Rajuña”, el Rubio
“Manita”, Juan “el Veterinario”, Manolillo “el Albulaguero”… Todas la
leches e ironías juntas.
- “¿Tendremos que haber gente pa tó”?
Me dijo, en una ocasión, en la que lo provocaban..
- Claro, Juan.
Juan Fernández, pinchaba. Que te cuente,
que te cuente lo que le pasó el otro día en Loja. Él se resistía como gato
panza arriba. Al fin, dijo:
- Na, que aquí don Juan – porque
le hablaba de ‘don’ se empeñó en que fuese con él porque iba a capar unas
cochinas. Hacia un día de perros. Llegó la hora del “bocaillo” y dos
hombres, malamente vestidos, se apartaron, se pusieron al amparo de una pared
en la que daba el sol, abrieron la talega y se pusieron a comer.
- Yo, me roía, por dentro. ¡Es mester
ver que en los tiempos que corren ocurran estas cosas! y, entonces, me acerqué
a ellos y les pregunté, por decirle algo y romper hielo…
- “Ustedes ¿seis fijos o aventuales?
- Nosotros, me contestaron, semos
los amos…
Juan estuvo con su panda por diferentes
lugares de España. Sacó el cante y baile por Verdiales a Europa. Actuaron en el
Albert Hall de Londres. En los amigos nos dejó el recuerdo y la imposibilidad
del olvido.
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