sábado, 10 de enero de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Juan, el Capitán, un hombre irrepetible

 



Enero, 10 sábado


Juan Martín Vargas, que ese es su nombre, es uno de los grandes folcloristas que ha dado Álora. Se une a esa reata formada por Pepe Rosas, Juan Veneno, Niña Benítez, Antonio Cid “el Divino”, María, ‘la Estorba’, Gabriela López, el maestro Escalona… Estilos, palos vivencias de “decir” lo nuestro de otra manera.  Ya no están con nosotros.

Juan Martín nació el 18 de febrero de 1930 en el arroyo Rabanero, en el término municipal de Álora. Casado con Concepción Álvarez. Tuvieron cinco hijos. Desde muy pequeño sabe de la dureza de la vida del campo. Pasó la infancia guardando ganado, y con la juventud le llegó el trabajo duro y diario, cuando lo había, en el campo.

Amante de la Fiesta y verdialero de pro fue una gran autoridad dentro del estilo “Almogía”. Suya es la letra del Verdial: “En el arroyo Rabanero / el dinero es el que pita / se echa una novia un obrero / viene un rico y se la quita”. Dicen los que saben de estas cosas que en el toque del pandero era un virtuoso. Se puede catalogar como alguien a quien difícilmente se superará.

Salvador Pendón en su obra: Que asoma por el Oriente. La fiesta de verdiales. Memoria y reflexiones. Málaga 2022. Dice de él que “ha sido uno de los más aventajados y significativos intérpretes” dentro de la fiesta de Verdiales, y en ella en el apartado “Almogía”: (Existen otros dos, “Montes” y “Comares”.

En su biografía, Juan puede contar que la vida no le regaló nada. Una mañana en El Potro, donde coincidíamos con frecuencia, entre otros, Diego Mamely, Alonso “Rajuña”, el Rubio “Manita”, Juan “el Veterinario”, Manolillo “el Albulaguero”… Todas la leches  e ironías juntas.

- “¿Tendremos que haber gente pa tó”? Me dijo, en una ocasión, en la que lo provocaban..

- Claro, Juan.

Juan Fernández, pinchaba. Que te cuente, que te cuente lo que le pasó el otro día en Loja. Él se resistía como gato panza arriba. Al fin, dijo:

- Na, que aquí don Juan – porque le hablaba de ‘don’ se empeñó en que fuese con él porque iba a capar unas cochinas. Hacia un día de perros. Llegó la hora del “bocaillo” y dos hombres, malamente vestidos, se apartaron, se pusieron al amparo de una pared en la que daba el sol, abrieron la talega y se pusieron a comer.

- Yo, me roía, por dentro. ¡Es mester ver que en los tiempos que corren ocurran estas cosas! y, entonces, me acerqué a ellos y les pregunté, por decirle algo y romper hielo…

- “Ustedes ¿seis fijos o aventuales?

- Nosotros, me contestaron, semos los amos

Juan estuvo con su panda por diferentes lugares de España. Sacó el cante y baile por Verdiales a Europa. Actuaron en el Albert Hall de Londres. En los amigos nos dejó el recuerdo y la imposibilidad del olvido.

 

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