Palacio de San Telmo, río Guadalquivir. Siglo
XIX. Sevilla
Enero,
29 jueves
Sevilla,
tiene un cartel que casi la identifica con el infierno en verano; y fría en
invierno. Pues bien, ayer, la TV, la mostraba, además, como una ciudad de
viento huracanado que arrancaba árboles y la hacía inhabitable.
Esta
ciudad que no es nada de eso. aunque a veces, casi se empeñe en llevar la
contraria tiene un pasado para soñarlo.
Un colectivo
de intelectuales, los viajeros románticos, que llevados por el su afán de
aventura y conocimiento recorrieron Andalucía dijeron otra cosa. Su afán de
saber más, de conocerla de primera mano, de experimentar sensaciones que solo
se pueden tener si se duerme bajo sus estrellas o se recorren sus caminos nos
dijeron otras cosas.
Hablaron
de sus costumbres, de su vida, de la leyenda de bandoleros, toreros y artistas
a los que ellos quieren llegar y tratarlos personalmente. Casi todos pasan por
Sevilla, Córdoba, Málaga, Granada (Washington Irvin se mimetiza con la Alhambra
donde llega a vivir) y hacen un desvío, si es necesario, para pisar Ronda.
Ronda,
para los viajeros románticos, es un lugar insólito y, desplazarse hasta ella
constituía una experiencia que les servía para descubrir algunos elementos
propios de la cultura del Sur que había traspasado las fronteras y había desaparecido
en sus países. Vienen en su búsqueda.
Pero,
sobre todas, las ciudades, se impone Sevilla. Laborde encuentra una ciudad de
35.000 habitantes, rodeada de una gran llanura, sin piedras y con excelentes
producciones como la de aceitunas que son grandes como huevos de paloma
(…) que dan menos aceite y de inferior calidad, pero son las mejores cuando
están aliñadas.
Ciudad
de gustos refinados, posee una de las tres Maestranzas de Andalucía cuyo fin
principal parece ser conservar el carácter del antiguo espíritu de caballería y
cuyo verdadero motivo es una mezcla de orgullo y amor por placer.
Ford,
que vivió tres años en ella, dice que hasta Sevilla llegan los vapores por el
Guadalquivir. La valora como ciudad que puede satisfacer a los jubilados
durante el invierno.
Mas
exhaustiva es la descripción de Gautier, definiéndola como extensa, difusa,
completamente moderna, alegre, riente, animada… tiene toda la impetuosidad y el
murmullo de la vida: un loco rumor se cierne sobre ella a toda hora del día,
apenas se toma tiempo para echar la siesta.
Redes
de calles, - prosigue – donde el ojo percibe el añil del
cielo y el blanco del yeso.
Davillier habla de sus patios con limoneros,
plantas trepadoras y damas de noche que embriagan con su aroma.
William
Jacob, narra las costumbres y describe el funcionamiento administrativo. El
Arzobispo, dice, dedica su atención solamente a los intereses de su grey.
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