jueves, 29 de enero de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Sevilla vista por los viajeros románticos

 

               Palacio de San Telmo, río Guadalquivir. Siglo XIX. Sevilla


Enero, 29 jueves


Sevilla, tiene un cartel que casi la identifica con el infierno en verano; y fría en invierno. Pues bien, ayer, la TV, la mostraba, además, como una ciudad de viento huracanado que arrancaba árboles y la hacía inhabitable.

Esta ciudad que no es nada de eso. aunque a veces, casi se empeñe en llevar la contraria tiene un pasado para soñarlo.

Un colectivo de intelectuales, los viajeros románticos, que llevados por el su afán de aventura y conocimiento recorrieron Andalucía dijeron otra cosa. Su afán de saber más, de conocerla de primera mano, de experimentar sensaciones que solo se pueden tener si se duerme bajo sus estrellas o se recorren sus caminos nos dijeron otras cosas.

Hablaron de sus costumbres, de su vida, de la leyenda de bandoleros, toreros y artistas a los que ellos quieren llegar y tratarlos personalmente. Casi todos pasan por Sevilla, Córdoba, Málaga, Granada (Washington Irvin se mimetiza con la Alhambra donde llega a vivir) y hacen un desvío, si es necesario, para pisar Ronda.

Ronda, para los viajeros románticos, es un lugar insólito y, desplazarse hasta ella constituía una experiencia que les servía para descubrir algunos elementos propios de la cultura del Sur que había traspasado las fronteras y había desaparecido en sus países. Vienen en su búsqueda.

Pero, sobre todas, las ciudades, se impone Sevilla. Laborde encuentra una ciudad de 35.000 habitantes, rodeada de una gran llanura, sin piedras y con excelentes producciones como la de aceitunas que son grandes como huevos de paloma (…) que dan menos aceite y de inferior calidad, pero son las mejores cuando están aliñadas.

Ciudad de gustos refinados, posee una de las tres Maestranzas de Andalucía cuyo fin principal parece ser conservar el carácter del antiguo espíritu de caballería y cuyo verdadero motivo es una mezcla de orgullo y amor por placer. 

Ford, que vivió tres años en ella, dice que hasta Sevilla llegan los vapores por el Guadalquivir. La valora como ciudad que puede satisfacer a los jubilados durante el invierno.

Mas exhaustiva es la descripción de Gautier, definiéndola como extensa, difusa, completamente moderna, alegre, riente, animada… tiene toda la impetuosidad y el murmullo de la vida: un loco rumor se cierne sobre ella a toda hora del día, apenas se toma tiempo para echar la siesta.

Redes de calles, - prosigue – donde el ojo percibe el añil del cielo y el blanco del yeso.

 Davillier habla de sus patios con limoneros, plantas trepadoras y damas de noche que embriagan con su aroma.

William Jacob, narra las costumbres y describe el funcionamiento administrativo. El Arzobispo, dice, dedica su atención solamente a los intereses de su grey.

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