Enero, 11 domingo
Una eterna quimera. La pregunta sin
respuesta y, si la tiene, a veces, es contradictoria y hay un perdedor. ¿Quién
pierde? Obviamente, quien no gana. El dilema está en discernir qué se entiende
por ganar o por perder.
En el ballet el Lago de los Cisne
universalmente conocido por su trama y por la música que le puso Piotr Illich
Chaikovski. Narra el amor entre el príncipe Sigfrido y Odette, una princesa
condenada por un malvado a ser cisne de día y humana por la noche.
El amor
verdadero libera al yo auténtico de la trampa de una imagen fraudulenta.
Permite la integración. Sigfrido promete amor y fidelidad eternos a Odette, Su idealismo
desmesurado y busca del amor romántico y perfecto se ven, trágicamente
influenciados por la oscura mano del destino.
En otro lugar de ese inmenso país,
Rusia, Zhivago viaja en un tranvía. Por una calle de Moscú, por la misma que,
curiosamente, va el tranvía, con paso firme y decidido Lara, el amor que antes,
mucho antes, hizo a Zhivago ser el poeta que es, va a alguna parte.
Quedan ya muy lejos la revolución, la
estancia en la casa de campo, aquella noche de lobos aullando en la estepa cubierta
de nieve, y el hombre que se realiza entre sueños y realidad y plasma en el
papel los sentimientos que brotan del alma...
El destino, antes, los ha hecho
encontrarse en una biblioteca de un poblado perdido en medio de la nada…. Los
ojos de Lara dicen que aquello, con un ‘no’, es un “si”. No puede
romperse… El amor se va. Navega por no se sabe dónde por mor de la guerra.
Parece que puede haber un reencuentro añorado. Ahora, es el corazón, el otro
corazón, el que no aguanta…
Vivimos en España la ruptura de los
sueños de un amor. Nació con una palabra mágica: democracia. Se venía de un
pasado triunfal para algunos; triturador y desgarrador, para otros. Un puñado
de jóvenes habíamos nacido en el interregno que vino después. Se abría el
futuro.
Surgió la palabra mágica, Democracia.
Creímos que nacía el amor. Como el amor, una entelequia que con la ilusión de
muchos florecía como las rosas en primavera. Ahora, corre un viento de
demasiada tensión. Crispación. Reproches. Nos hemos propuesto ahogarlo. Hay
algo nuevo. A eso se puede llamar, desamor. Todos la mataron, se suele decir, y
ella sola se murió. ¿Será como el recuerdo de un lago donde es el final de un
cisne que soñó, lo imposible? ¿Terminará en una calle cualquiera y sin nombre
porque han tirado una noche en la bolsa de basura la voluntad de entenderse? Si
no es así, los que juegan en el parque lo dejarán escrito en sus libros de
Historia.Hace frío. Tirita el cuerpo. Se hiela el alma…
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