martes, 5 de mayo de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Venid y vamos todos
Foto. A. García Suárez
Mayo, 5
martes
Las tardes de mayo apuntaban a calor. Los niños volvíamos a la escuela a las tres; en el campanario de la iglesia, casi sobre nuestras cabezas, las campanas tocaban a vísperas; la brisa de la tarde peinaba los trigos y las cebadas tempranas que ya estaban espigadas.
Mi maestro era don José Oropesa. Don José era bajito, de cuello corto un poco entrado en carnes y de voz muy agradable… Un hombre bueno “en el buen sentido de la palabra bueno”. Teníamos la clase en el primer piso de aquel casaron inmundo, conforme se subía las escaleras, a la izquierda. Una ventana abría al patio interior donde don Sebastián Arrabal tenía sembrados varios celindos. Por mayo, se ponían preciosos.
Don José abría la sesión de la tarde con un dictado. Uno se repetía sobre los demás. Entonces, no sabía su autor. Después supe que era del Padre Colomas; de su obra “Jeromín: "Resonaba en el fondo de la galería un piano destemplado que parecía balbucear, de mala gana, un monótono tema de los ejercicios de Hanon". Nosotros lo sabíamos de memoria; apenas sacábamos faltas de ortografía. Por días, salíamos a la pizarra Miguel Bootello, Agustín Lomeña, Paquito, el Pillo Lobato, Almodóvar, Pepe Campano, Diego Mamely,…
Un mapa de hule pendía en la pared. Me gustaban los dibujitos con que ilustraba a los personajes típicos de cada región: el del campo charro, uno de mis preferidos, un hombre con un sombrero muy raro y una capa; una mujer lo acampaba, también, vestía de negro. Tenía collares en el cuello. Las cordilleras estaban tintadas de color marrón, los ríos de azul y la Depresión del Guadalquivir, de verde…
Don José Oropesa tenía una estampa de la Inmaculada de Murillo colgada en el testero principal, al fondo, el cristal hacía mucho tiempo que estaba cubierto de polvo. ¿Culpable? El tiempo. Una repisa de madera sostenía dos tarros de cristal: en mayo, siempre con flores. Los niños traían azucenas de sus casas; la otras, del campo.
En las tardes del mes de mayo, después, de hacer aquel dictado, ponía varias cuentas de dividir (ya dividíamos por casi todas las cifras,) en la pizarra; después, Geografía. Era lo que más me gustaba. Yo veía muy arriba del mapa el Mar Cantábrico…Algunas regiones tenían levantado el trozo de hule donde ponía su nombre.
Don
José rezaba, un Ave María; al finalizar, entonaba: “Bendita sea tu
pureza …” De aquella clase salieron amistades de ideologías dispares. Han
durado hasta que Dios, a su antojo, a alguno los llamado a su vera. Con don
José, ahora, escriben el dictado en la pizarra azul, no utilizan tizas y no
tiene principio ni fin…
lunes, 4 de mayo de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Amor al saber...
San Martín de Tours. Frómista
Mayo, 4 lunes
Llamo a un amigo. Hoy ha publicado un artículo excelente de filosofía. Hablamos. La mejor definición sobre filosofía, le digo, nos la dio don Manuel Burgos: “Filosofía es amor al saber” Viene del griego. Del verbo fileo: amar; sophia, saber…
La inquietud por saber del Románico me
llevó a recorrer el Pirineo. Buscaba las raíces desde de Jaca a Camprodón. Fui
de la mano de mi amigo Joan Mas. Experto. Me llegó por todos los vericuetos perdidos
en lo más intricado de aquellos montes. Decían que nos separaban de Francia. Es
verdad…Quédense por no abusar con San Juan de la Peña, San Clemente de Taüll, todo
el Valle de Boí, Ripoll…
El románico riojano lo he husmeado
desde el Ebro hasta las estribaciones de la Ibérica: Sierras de las Demanda,
Urbión, Cebollera…Yuso y Suso, San Millán de la Cogolla (donde nacieron el euskera
y el castellano) …
El románico castellano-leonés, arranca en Burgos y Soria. Camina por Segovia; su cenit, en Palencia. Santo Domingo de Silos; los valles de Valdivieso, la Bureba y el Condado de Treviño… Campos solitarios. De vez en cuando, en primavera, cantos de alondras; por los caminos, peregrinos que van a Santiago.
En Segovia hay que ir a Cantalejo, Turégano,
Riaza, Sepúlveda (aquí, además, cordero lechal… ¡Imponente!), Ayllón y de allí
a San Esteban de Gormaz (pero, eso es Soria, a orillas del Duero) Y ¿si les
digo que no vayan en invierno? Avisados están.
En Palencia, parada, fonda y algo
más. Tierra de Campos. Ampudia, Frómista, Támara… He deambulado sin rumbo fijo.
Es lo mío. Mosaicos de verde cuando aún no ha entrado el verano; palomares, en
medio de los páramos en el verano abrasador. Desvencijados por el abandono del
hombre y el paso del tiempo.
Bellísimos. “Quien habla a solas, espera
a hablar a Dios un día”: Lo dijo don Antonio Machado. No hay nadie. En Frómista,
además, el Canal de Castilla. Tanta belleza ahí… Manda la sensatez hacer parada
y fonda y algo más.. Sí, sí. Volver, volver siempre, una y otra vez, volver…
domingo, 3 de mayo de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Málaga, a la orilla del mar
Málaga
en el crepúsculo; al fondo, África
Mayo, 3 domingo.
Cuando
llegaba de su Valladolid natal en los primeros viajes hasta su nuevo traslado,
Málaga, me decía mi admirado Paco Fadón que, tras pasar el Puerto del León, al
llegar a lo alto de la Cuesta de Reina, creía que ya había llegado…
Málaga
se extendía a sus pies. Si era de día, a veces, cubierta con alguna bruma.
Dependía de dónde venía el aire; si era de noche, un sinfín de puntitos luminosos
emergían en la oscuridad. La ciudad parecía más grande de lo que, entonces,
era.
Málaga,
desde las cumbres, cuando se viene desde Colmenar era una ciudad de sorpresas.
Primero, a la izquierda, desde esas primeras ventas que uno no sabe si son
adelantos escapados de la ciudad o son, por el contrario, las primeras
salutaciones de bienvenida al viajero que llega.
Si
viene con luz del día ve precipicios imponentes, desde allí hasta Comares
tierras quebradas de suelo alpujarride. Antaño tierra de viñedos. Las uvas
pasas y el vino fueron bandera y seña de una ciudad, de muchos pueblos y de
mucha gente a los que la filoxera llevó a la ruina.
Si mira
hacia el otro lado de la carretera, primero, ve unos cuantos alcornoques.
Pocos, es verdad, pero hacen pensar que ahí el clima debe ser muy húmedo. Es un
espejismo. Una pequeña sensación para despistar al viajero. Luego, unas cuantas
encinas; después, la mano del hombre ha sembrado una extensión considerable de
pinos. Era la manera de luchar contra el empobrecimiento de la tierra, el
arrollamiento de tierras con las lluvias fuertes y una manera de acabar con las
inundaciones periódicas que arrasaban la ciudad. Para esto, además,
construyeron el pantano del Agujero…
El
viajero comienza la bajada; a media ladera la Fuente de la Reina; un poco más
adelante, ahora, al otro lado, una casa de los antiguos Peones Camineros. El
abandono se ha apoderado de ella. La bajada es una sucesión de curvas. Málaga,
al fondo. Unas veces por la derecha; otras, por la izquierda. La línea de mar
se ve más clara. Se adivina la costa. La ciudad se ensancha, se estira en la
línea de playa…
-Málaga
¿es que está a la orilla del mar?
-Sí, a la
orilla, de punta a punta.
- ¿Cómo
dice?
- Desde
la Araña hasta el Guadalhorce…
Hay que
bajar, hay que llegar a la orilla y, entonces, se comprende que Málaga nació y
vivió durante la mayor parte de su milenaria existencia del mar, para luego, más
tarde, darle la espalda… Cosas que pasan.
sábado, 2 de mayo de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Crespúsculo
Mayo, 2 sábado
Me dice un amigo, que sus nietos van a acompañar a un grupo de niños italianos que vienen en intercambio de Erasmus a Huelva. ¡Qué suerte tienen estos niños que no tuvimos los niños de ayer! Van a visitar esa punta de España que ve irse el sol cada tarde…
“La Fe descubridora” asida a una cruz, pierde la mirada –como si la fe tuviese mirada- en la mar océana, aquella de la que Colón quiso que lo nombrasen almirante, y lo consiguió… Una traiña regresa a puerto y en el horizonte la luz. Y Huelva, allí, con su entramado de hierros que recuerdan a Eiffel…
La luz, la ‘sagrada luz’ del sur que la llamó Miguel Ángel Asturias de un sol que se hunde a un palmo del agua. Todo dorado, todo de ensueño, todo único como los paisajes que reflejan, a veces, los estados de alma. ‘Por allí, me dijeron la primera vez que estuve, se va a América”.
América
está tan lejos que no puede verse, que se intuye, que se sabe, que se anhela y
que fue El Dorado para muchos. Alguien dijo que El Dorado está siempre un poco
más allá de donde nosotros podemos llegar. Lo he buscado tanto que, siempre,
siempre, cuando creía tenerlo al alcance de la mano, me topaba con la realidad.
Cruda, dura, tal cual.
La mar, en calma. Sosegada, quieta, como sólo sabe hacerlo la mar cuando quiere ser buena, deja que reposen - quizá tengan echadas las redes - un puñado de pequeñas barquitas. Si uno no fuese hombre de tierra adentro sabría cómo se llaman esas barcas, qué están haciendo…
Me vienen a la mente aquella canción de tragedia donde la mar se tragaba faluchos y amores y esperanzas… ‘¿Me quieres, me quieres mucho? Dímelo, Manuel’… Y Gracia Montes que era quien la inmortalizó - a la copla - pregonaba que era tan bonita, la niña de Punta Umbría, como la Virgen del Conquero, como una flor entre la mar y la ría… Pero ¡ay! Ausencia, luto y pena y todo lo que viene después.
Las sirenas, dicen las malas lenguas que, no se atreven a llegar a donde se unen el Tinto y el Odiel porque, enfrente, en Punta Umbría, la niña sigue, triste y sola, mirando y mirando a las olas y, ahora, cuando ha pasado eso que llamamos tiempo, sigue y no se cansa de esperar.
Sigue
allí, imbuida en el hábito de fraile franciscano de La Rábida cercana, la Fe
Descubridora, y los faluchos que van y vienen a puerto y, la mar dorada bajo el
sol de la tarde. Y lejos, muy lejos, debe quedar eso que llamaron El Dorado y
que siempre - ¡me cachis! - siempre,
está un poco más allá de donde nosotros
podemos llegar.
viernes, 1 de mayo de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Mosaico de mayo
Mayo, 1 viernes
A media mañana se arrancó el levante; nubecillas
errantes en el azul del cielo. El celindo de la esquina está ahíto de
florecillas blancas, pequeñitas y perfumadas. Le han comprado un traje de
Primera Comunión; todavía, no ha florecido el jazmín; revientan los geranios…
El campo
no ha perdido la intensidad del verde crecido sin límites entre marzo y abril;
ofrece pinceladas prietas del impresionismo. Si el verde de las lomas y de los
bordes de los caminos se tornasen en azules y lilas podríamos decir que estamos
delante de un cuadro de Monet
Desde
la orilla del camino veo como cierra el cielo, la mole rocosa de la caliza
kárstica de El Torcal; más abajo, sobre las lomas de Virote, olivos prietos;
aquí, casi al alcance de mi mano, alcauciles nuevos, retamas en flor, hinojos,
tagarninas subidas, eneldos…
Han
pasado varios coches. Llevan prisa, demasiada prisa. Uno tiene necesariamente
que preguntarse por la gente que va por la carretera con tanta prisa. Estoy seguro
que no gozan, como lo hago yo, ahora, con la mirada del paisaje.
Las
montañas cercanas y las que están más al fondo o sea las Orejas de la Mula,
Pozo Viejo, Alhaja Prieta… forman una enorme concavidad. Por su fondo corren
dos arroyos; mejor, tres: el Jévar, el del Aljibe y el arroyo del Espinazo del
Perro. Después de andar sus tretas, volteando piedras y lodos, cahorros y secanos, todos terminan en el Guadalhorce.
Se cumple lo del pez grande se come al chico…
Todo
está vigoroso. El campo tiene la bendición de Dios que le envió agua aún a
tiempo y sol y brisa para peinar los trigos encañados. Ya tienen espigas, y las
cebadas tempranas y los garbanzales ahítos de salitre y cascabullos, y los
habares y... El paisaje hace que uno piense en Muñoz Rojas y en Barbeito que lo
pintaron con la palabra escrita y en Monet y en Benjamín Palencia que lo
hicieron con los pinceles y, por supuesto, en ese otro Pintor de Pintores. ¿A
qué sí?
jueves, 30 de abril de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Se nos va abril
Dehesa de Abajo. La Puebla del Río (Sevilla)
Abril, 30 jueves
Dice el calendario que se va
abril. El refranero afirma que tiene aguas mil; la liturgia católica que es el
mes de los grandes misterios sobre todo el de la Resurrección. Hay, también, en
ese mes un pasaje del evangelio que a mí me sabe a genial. El de los discípulos
de Emaús. Solo una frase, solo una, ya da sentido a todo lo que ocurrió por el
camino: “lo conocieron al partir el pan”.
Abril, este año, por mor del
calendario dice que en muchos pueblos se conmemora, un poco antes, a la Virgen
que está en el Cabezo, en Sierra Morena, en Andújar. También, en Álora y en
muchos más sitios. La imagen de la Sierra es muy morena, tanto que es casi
negra; la de mi pueblo, blanca…
Mayo llama ya a la puerta.
Mayo, el de las cruces en los patios, el de los rosales en flor, el laVírgenes
de Fátima y Auxiliadora, el de san Fernando… El del poema: “por mayo era por
mayo / cuando hace la calor…” ¡y usted que lo diga…!
No queda ahí la cosa. El trío,
Rafael de León, Quintero y Quiroga compusieron muchas canciones; algunas,
sublimes. Me encanta esa que cuenta como el amor no tiene fechas, ni lugares,
ni momentos. Viene cuando tiene que venir y punto. Y lo proclama: Amantes de
abril y mayo, porque las cosas requieren su tiempo.
El trío se juntó porque el azar
lo quiso. Antonio Márquez, marido de doña Concha Piquer les pidió un
espectáculo para su mujer. La copla les debe mucho. Ella, también, les dio lo
suyo. ¿Cómo se entiende si no que de algo tan cotidiano pueda surgir esta
belleza? Amantes de abril y mayo cuenta la proclamación de un amor.
Surge quizá de manera espontánea. Ella, ve el paso de los años, inexorablemente;
él, con el brío que aportan los veintidós…
No aclara la copla si Peñaflor
es el palacio astigitano o es el pueblo en las estribaciones de Sierra Morena,
en la margen derecha del Guadalquivir. No importa. Es el protagonista. Aparece
porque es testigo, ante la calle, de algo sublime, excelso. No se puede ocultar
y aflora: el amor.
La envidia cochina, a modo de
murmuración, y la culminación de la felicidad. ¡Qué pena que la copla no nos
cuente más cosas! Amantes de abril y
mayo. ¡Casi ná!
miércoles, 29 de abril de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Carretería: del pasado a la modernidad
Abril 29 miércoles
Una actuación urbanística ha recuperado
una de las calles emblemáticas de Málaga. Se une a ese ‘nuevo’ centro peatonal para
disfrute del ciudadano que casi no conoce su ciudad. Poco a poco, descubre una joya
olvidada. El tiempo la tenía en el baúl de recuerdos abierto de tarde en tarde,
o en los papeles de la Historia.
Carretería nació a la sombra de la muralla
nazarí. La muralla, arrancaba en la Alcazaba. Cerraba el perímetro de la Ciudad
por la Plaza de la Merced, Álamos, la propia Carretería, Pasillo de Santa
Isabel hasta el fuerte de San Lorenzo junto a la desembocadura, entonces, del
Guadalmedina, en lo que, muchos años después, se conoció como Puente de Tetuán.
La muralla se abría al exterior, de norte
a sur, o sea al campo o al río por las Puertas de Granada, de San Buenaventura,
junto a lo que hoy es la Plaza del Teatro, de Antequera, Postigo de Arance o
Puerta Nueva… De aquellas puertas – de otras también – hoy, solo el recuerdo o
el nomenclátor callejero.
El vecindario, una vez perdido el carácter
defensivo de la muralla, convirtió el foso en un muladar. Tuvo que actuar el Concejo
y donó – lo que hoy podemos identificar como acera ascendente a los vecinos el espacio
para que edificasen. En la acera izquierda, en el mismo sentido, las construcciones
vinieron muchos años después. Estaba orillado por el río y sus crecidas,
periódicamente, vestían de luto a la ciudad.
Volviendo a Carretería que debe su nombre
por ser la entrada de las carretas (tenían prohibida la entrada al centro) que
traían las mercancías a la ciudad, muestra señales palpables de casas notables,
palacetes, mansiones…
En la fachada del número 15, una
placa dice que en la inundación del 24 de septiembre de 1907 el agua alcanzó dos
metros de altura. Era la señal, pero el pueblo sabía que todo el barrio había
sido anegado; el número 9, con una notable fachada de buena rejería, y
molduras en sus huecos, adornada en el XIX da cuenta de un pasado de esplendor.
Así, una sucesión de palacetes, museo del Vino, edificaciones notables.
En la Nuño Gómez nacieron dos
personajes ilustres del siglo XIX. En la 11 el político de la Restauración,
Antonio Cánovas del Castillo. Conjuntamente, con el riojano, Sagasta, marcaron
la Historia de España; en la 13, el escritor Salvador González Anaya… La
historia de Málaga del XVIII al XX, pero el espacio no da más.
Lugar excelente para tapear, pasear,
ver, si es posible coger sitio en la Tribuna de los pobres, el paso de
procesiones…
martes, 28 de abril de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora.
...Y CON LA MUERTE EN LOS PITONES
Ha terminado la feria de Sevilla. ¿No lo sabían? Bueno algo de eso han dicho periódicos, televisiones y emisoras de radios, pero no iba yo por ahí. No. Iba por la otra feria, por la de verdad, por esa que abre la puerta única en una plaza excepcional. Se llama Real Maestranza de Caballería, la plaza; la puerta, la del Príncipe. Es la puerta de la gloria, pero como la gloria es tan efímera dura lo que tardan en llegar al Hotel Colón que no está muy lejos de allí.
Zahariche se asienta en una loma entre Palma del Río y La Campana. De allí han venido los que han echado el cerrojo en la última corrida. En Zahariche pastan los toros de Miura, portadores, quizá, de la leyenda y de los genes de aquellos otros toros míticos que, cuando la historia no tenía nombre, pastaban, aguas abajo, en la marisma de Tartessos. Dicen que son los únicos toros que aprenden desde el primer capotazo.
Del campo charro, no lejos de Ciudad Rodrigo, de la ganadería de los Hermanos García Jiménez, llegó un embarque. Uno, en la tablilla decía que de nombre ‘Clandestino’, ha dado un disgusto grande al maestro Morante. Sí, José Antonio, de apellido Morante y es de la Puebla, la que ve como ya no vienen los barcos de vela camino a Sevilla. Ahora vienen otros. ¡Dios qué barcos!
De Guadalix de la Sierra, de la ganadería de Ricardo del Río González, en la Sierra de Madrid, el que estuvo a punto de llevarse a ese lugar por donde pastan no los toros, sino las nubes, a Andrés Roca Rey. Ese muchacho que cambió su tierra peruana para hacerse torero en Sevilla.
El ganadero-poeta arruinado, Fernando Villalón, en su búsqueda de míticos toros de ojos verdes, los alimentaba con margaritas del Guadalquivir; con espigas de media primavera crecidas con ‘lluvias de abril y sol de mayo’, que diría don Antonio Machado, en la Campiña de brisas ábregas y solanos de levante para que crezcan jaramagos y amapolas.
Ahora el río sigue su curso desde Cazorla a Sanlúcar; dentro
de unos días otro río, el Guadiamar, le lavará con su agua a algunos peregrinos,
‘otro’ pecado original, en el Vado del Quema. Son los que van por primera ver a
la Blanca Paloma en las marismas… Eso, yo lo viví un año con su noche y es otra
cosa. He ido más veces, pero nunca como aquella vez y en esa fecha. En fin, la
mañana del Lunes de Pentecostés está ahí casi al alcance de la mano. Dicen que
seguirá llorando la margarita por ser romero…
lunes, 27 de abril de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. ... Y la gracia de tus manos
Abril, 27 lunes
Popularizó
Carlos Cano una canción preciosa. Era un rosario de sensaciones, de sabores, de
olores, de asombros. Él la tituló Alacena de las monjas. Ya se sabe, el
arte de los conventos no solo está en los rezos – porque las monjas le hablan a
Dios de tu- sino en casi todo lo que ellas tocan. Pero el Arte (ahora con
mayúsculas) no se queda ahí.
Hay
quien opina que arte es la música, la pintura, la arquitectura… A lo mejor,
alguien con más generosidad lo extiende a otros campos y, a veces, la vida nos
sorprendo con algo que quizá casi nunca se repara en ello. Me refiero al ‘punto
de cruz”.
El arte
de cruz, dice, en su programa de mano, Toñi Díaz Blanco que ha colgado treinta
y ocho obras en la Casa de la Cultura de Fuengirola “Manuel Delgado Perea”, del
9 al 30 de abril de 2026, es una forma popular de bordado en la que usan
puntadas, en una combinación precisa, oportuna y milimétrica de hilos, sobre tejidos de trama uniforme. Eso es verdad.
Pero
eso no es todo. Esta mujer a la que he preguntado (a los amigos se les puede
preguntar y a mi me honra con su amistad) cuándo sintió la llamada de expresar
lo que lleva dentro, de exteriorizar esta riqueza, de sacarla a la luz y no me
lo ha contestado, no porque no haya querido, no, en absoluto. Sencillamente no
me lo ha contestado porque el sentimiento, el pellizco de arte, el hálito que
sale de su alma, nació con ella.
Toñi es
una mujer de tierra adentro – nació en Álora – y ha combinado esa sutil esencia
que solo tienen las personas privilegiadas, con las brisas saladas que suben
del mar, en su tierra de adopción, en Fuengirola. La Sierra de Mijas, las
retiene y ella las lleva a los lienzos, combina los hilos, juega con ellos,
como las golondrinas juegan con las corrientes de aire y hace que uno, cuando
sale de la exposición, le pregunte a quienes le acompañan: ¿no os ha asaltado
una voz sin eco, una sensación de admiración que reprime el resuello ante tanta
belleza, ante algo tan sublime?
Me
quedo sin espacio. Toñi ha puesto en punto de Cruz al Grego, en el Entierro
del conde Orgaz (que no era conde, sino señor del pueblo toledano), a
Velázquez en La Rendición de Breda, las Meninas, las Hilanderas. A
pintores franceses, belgas…
Ah, por
cierto, los cuadros son de su colección privada; no están en venta.
Toñi Díaz Blanco, en plena faena de
creación
domingo, 26 de abril de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Y, al norte el mar Cantábrico
La Escuela de los años cincuenta del siglo XX
Abril, 26 domingo.
España
era para el niño un mapa de hule descascarillado y viejo. Brillaba - el mapa -
por algunos sitios; en otros, tenía perdido el color. Con un puntero de madera
largo – como los palos de billar que usaban, los hombres para jugar en el
casino al que llamaban Círculo Cultural – se señalaban los accidentes
geográficos.
El niño
sabía porque lo cantaban, todas las tardes, en la escuela, que España limitaba
“al norte con el mar Cantábrico y los Montes Pirineos que nos separan de Francia”.
El niño nunca había visto el mar y ni, por supuesto, tenía idea de dónde podía
estar Francia.
No
comprendía por qué si la Islas Canarias eran unas islas tenían que encerrarlas
con una línea quebrada y no la dejaban libres, sin marca, sin ninguna marca,
como estaban las Islas Baleares que también eran otras islas.
El niño
no entendía muchas cosas. No comprendía por qué la Guardia Civil cuando
llevaban a alguna persona detenida la paseaba, esposada y humillada, por la Fuentarriba - que era la plaza principal
de su pueblo - ante los ojos de todos los que miraban y no lo hacían de una
manera más discreta.
También
se preguntaba por qué había entierros de varias ‘categorías’ y que según
pagaban los dolientes, les hacía uno o dos o más responsos, con canturreos
gregorianos, parando la comitiva fúnebre en la calle…y, por qué, otras veces,
delante de la caja no iba el cura, pero esos entierros no hacían paradas en la
calle.
Otras
veces, venían por las casas algunas personas mayores, pidiendo para enterrar a
alguien “de caridad”. Los entierros siempre le impresionaban mucho al niño
porque cuando la ‘parroquia’ se acercaba a la casa del muerto desde dentro
salían muchos llantos y gritos de las mujeres; los hombres, casi siempre, iban
detrás, en silencio.
El niño
se hacía mayor. Cambió el pantalón corto por uno largo; de jugar en la calle
pasó a jugar en el Llanillo y se moceaba por la Cancula. Luego anduvo los caminos
que le marcó la vida. El niño comprendió algunas cosas; otras, no. ¡Cosas que
pasan!
sábado, 25 de abril de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La importancia de llamarse Antonio
Abril, 25 sábado
Dentro
de unos años va a ser algo insólito. Los ríos llevarán agua; en invierno hará
frío; en verano, calor. El sol saldrá cada mañana y las sierras estarán blancas
cuando en sus cumbres se deposite la nieve; el mar tendrá agua salada y por las
vías (por algunas) circularán los trenes, pero eso de llamarse Antonio puede
ser algo raro. Seguro que sí.
Verán.
Me lo contaron hace unos días. Llega a la consulta del médico. Tienen que
hacerle la ficha:
-
¿Cómo se llama usted?
-
Iloveni
-
Me lo repite, por favor…
-Iloveni
-
Por Dios que nombre más raro. No lo he oído nunca.
-
Pues no sé. Se ve mucho por la calle. Lo pone en las camisetas (I love NY)
La
enfermera alucina en blanco, en negro, en colores. Una sorpresa mayúscula de hasta dónde puede llegar la
estupidez humana. La publicidad de la ciudad americana… (I love NY) “Yo amo a Nueva York”, en inglés,
lo había tomado como un nombre…
Hasta
hace unos años a los recién nacidos les colocaban el nombre de los abuelos (a
algunos, de verdad, los machacaban); luego, vinieron otros nombres y, sobre
todos, se impusieron los de los protagonistas de las telenovelas y películas.
Aparecieron Cristal, Yésica, Kevin, Jhonsire…
En
Castilla tenían la costumbre de ponerles el nombre del Santo del Día. Conocí en
un curso de verano, en Ciudad Real, a una chica zamorana – un encanto de
persona – a la que le habían encasquetado ¡Alfonsa!
En la
mili, mi furriel se llamaba ¡Rosario! Un día no me pude contener – era,
también, una buenísima persona – y se lo dije: “En mi pueblo ibas tú listo:
Charito, por aquí, Charito por allí”. Los
que fueron al Registro a la inscripción se lucieron.
Pasado
los años los masculinos y femeninos de Franciscos, José, Juan, Manuel,
Bartolomé, Jerónimos… Se conocían por Pacos o Pacas, Pepes o Pepas, Manolo o
Manola; Bartolo, Jeromo… Una letanía, casi apócrifa de Santos o Santas. Para el
caso, lo mismo.
Ahora
ya ven. Esto, como decía don Hilarión en la Verbena de la Paloma. “hoy las
cosas adelantan que es una barbaridad”. Dentro de unos años cuando la moda
vuelva a imponerse si usted a un niño, le puso por nombre Antonio, pues será un
espécimen raro, un bicho que, quizá ha venido de otro planeta de esos que se
las anda por los mundos siderales, pero podrá sacar pecho y valorará la
importancia de llamarse “Antonio”, por ejemplo.
viernes, 24 de abril de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Laudes
Abril, 24
viernes
Señor,
esta mañana ha amanecido un día gris, entoldado. Eran nubes altas. Parecían
quietas como ancladas en un cielo que no estaba azul. El sol no ha aparecido
como todos los días por detrás de los montes, esos que cierran el horizonte. Si
embargo, la luz cada vez era más intensa. Loado seas, mi Señor, por esa luz que
nos alumbra y nos dice que ya viene entrando el día.
Los
primeros coches de la mañana van ligeros. Van al trabajo. Bendito trabajo para
quien puede lograrse el sustento de cada día. Algunos coches se detienen ante
la puerta de la panadería. No paran el motor. Una chica con cara de sueño,
despacha, a cada demandante, sus peticiones: dos barras; una integral
gallega; medio casero cortado; una malagueña que esté tostadita… La prisa
hace que no se intercomuniquen por sus nombres. Solo el “buenos días” y
despacha… según, cada demanda. Un timbre dice que se abre la caja registradora.
Se intercambian un billete de papel y unas monedas de la vuelta. Bendito seas
Señor por esta gente de los que desconozco sus nombres. La prisa, Señor, la
dichosa prisa que nos empuja.
Cuando
he llegado al campo la luz era más intensa. El sol no ha aparecido. Las nubes
lo van a ocultar. El hombre del tiempo ha dicho que hoy puede llover en
Andalucía Oriental, que puede caer granizo en algunas zonas y que podría haber
oleaje fuerte en Almería.
Señor,
no te digo nada. A lo mejor hay alguna patera perdida entre olas embravecidas.
Loados seas, mi Señor, por las olas de nácar, por los mares azules, (por los
otros, también, pero cuando no hay personas por medio que huyen de sus
miserias) por la mano que les vas a tender para que lleguen a la playa. Loado
seas Señor por esos hombres vestidos de verde, por los otros, los de uniforme
rojo y una Cruz Blanca. ¿De qué color era tu Cruz, Señor? Siempre la hemos
visto de color madera…
Loado
seas, mi Señor, por las rosas, espejos tuyos que han sobrevivido a la noche.
Esta noche (no sé a qué hora vinieron las nubes, porque las nubes van y vienen
siempre de algún sitio a alguna parte) no han visto ese vocabulario en morse,
con apariencia de estrellas, con el que Tú hablas por las madrugadas.
Loado
seas, mi Señor, por el carbonerillo que canta en las ramas de la higuera. Debe
tener el nido cerca. Se deshace en sus trinos monótonos. Yo le pregunté si iba a llover. Me dijo que
sí…
Señor,
a media mañana, unas gotas mojaron el suelo ¿Se habrá mojado el nido del
carbonerillo? Loados seas mi Señor, por los pajarillos que han cantado al
amanecer, por este día que nos has regalado, por este mundo, aunque está
demasiado convulso.
Loado
seas, mi Señor, por mi amigo Bruno que va recibir el Sacramento de la
Confirmación. Mi amigo Bruno tiene ocho años, como ocho soles, cara de pillo y
ojitos de niño listo, muy listo.
Loado seas, mi Señor, hoy y siempre.
jueves, 23 de abril de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Semillero
Seminario
Menor de Málaga. Galería de la Obediencia.
Abril, 23 jueves
No, no
es una almáciga donde germinan las semillas que luego darán fruto. No, es otro
semillero. Se le conoce como el Seminario. Allí un puñado de muchachos de los
pueblos de la provincia acudían en busca de formación. La mayoría llevaba en su intención el
ser sacerdotes; otros, era la única salida que veían factible. En la mayoría de
sus pueblos – solo había Institutos en Ronda, Antequera y Vélez-Málaga-
carecían de casi todo.
En
1921, el Obispo don Manuel González – hoy, San Manuel González, el Obispo de
los Sagrarios abandonados – encargó a los arquitectos: Guerrero Strachan, Rafael
Benjumea y Loring la construcción de un edificio, a las afueras de Málaga, en lugar
soleado, con excelente ventilación y al que llegasen las brisas que venían del
mar.
Los seminaristas
que se acogiesen a él venían de un ala de Palacio Episcopal, (la que tiene
entrada por calle Santamaría). Ustedes pueden hacerse una idea de la salubridad
de las estancias si les digo – me lo contó don Juan Ortega, profesor de Griego
de Quinto, o segundo de Retóricos – que en una pared apareció pintada una raya
horizontal y a su derecha, escrito con carbonilla: “Aquí llegó el sol el día 22
de junio de 1917, Solsticio de verano”.
Don
Manuel encargó a los arquitectos una obra donde aflorase la vida, y la luz de
Málaga (por cierto, según decía él se hizo con cero, cero, cero pesetas) ¿Quién
puso el dinero? Ah, don Manuel lo tenía clarísimo y así lo trasmitió en su
obra. El edificio es de estilo historicista-neomudéjar. Posee un pabellón longitudinal.
La parte sur la ocupa la capilla del Buen Pastor. No se puede describir (bueno,
si se puede, pero es mejor vivirlo dentro), una galería, la galería de Obediencia,
al lado este, una arcada a cielo abierto; en la oeste, amplias dependencias que
servían de salones de estudio y clases. En la parte norte, dependencias para comedores,
cocina, almacenes. En 1944, en época de don Ángel Herrera, se agregó otro pabellón
adaptado a la orografía para Seminario Mayor (ocupado por Filósofos y Teólogos).
Los
niños ‘bautizaron’ las dependencias con sus nombres identificativos: ‘Bobadilla’,
‘el Palomar”, o “el Tranvía”. El Corazón de Jesús sobre la puerta principal
de la Capilla y la Virgen Blanca del recreo, imágenes tan propias que aún hoy
se llevan dentro. Las Humanidades, excelentes; en Letras, extraordinarias; en Ciencias
justitas. La formación en Valores, imposible calificarla: Espiritualidad sin ñoñerías,
puntualidad, hábito de estudio, honradez, silencio, respeto, aprovechamiento
del tiempo, compañerismo, amistad…
Allí
nacieron amistades que duran casi sesenta años después. Hoy, hemos compartido Asamblea,
turismo y mesa. Nuestra formación, Sínesis (encuentro), sabe algo de todo esto.