viernes, 19 de junio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora.La Iglesia del Carmen de Antequera, joya del Barroco
Junio, 19 viernes
Andalucía es una ebullición del Arte Barroco. Sí, ese estilo que en contraposición con el Renacentista que dejaba atrás, enmarañó la madeja y lo llevó al compás de la Contrarreforma y, además, se quedó un poco corto con lo que venía después, el Rococó. (Ya la palabra, en sí es rebuscada).
Algunas ciudades andaluzas compiten entre ellas: Écija, Priego de Córdoba, Osuna, Carmona, o la propia Sevilla…y muestran bellezas que parecen insuperables. Hay una que se escapa antes de llegar a la línea de meta. Antequera. Es inalcanzable.
A Antequera hay que ir sin prisa. Es imposible, no solo en el barroco, que ya lo es, sino en todo su patrimonio -Prehistórico, romano y natural- , abarcarlo en un día. Iglesias, conventos, palacetes, casas señoriales, espadañas, fachadas, museos, leyendas… Pasado sobre pasado. Se sobrepone sobre sí mismo.
Debes saber que “el sol sale por Antequera” que está casi en el centro geográfico de Andalucía y que puedes venir por las carreteras, ahora autovías, desde Sevilla, Córdoba, Granada o Málaga. Yo, lo hago por una del siglo XIX (no han tenido tiempo, ni dinero, ni voluntad de suprimir algunas curvas ni darle un poquito de más anchura)…
Acércate al Carmen. Asómate al mirador. Contempla la panorámica de la Moraleda. Debe el nombre a las huertas que cultivaban las moreras como base alimenticia de la larva que daba vida a la industria de la seda.
Está colgada sobre el precipicio y fue convento de Carmelitas Calzados. Su origen, como casi todo en Antequera, en el XVI.
Entra. De su aspecto exterior - descompuesto - no te destaco nada.
Su retablo es la joya del templo. “Es un himno carmelitano en el que santos y santas relacionados con la orden se ven acompañados de toda una corte de ángeles adolescentes y pequeños que tocan instrumentos musicales, sostienen guirnaldas o juntan sus manos en actitudes que parecen una aptitud orante o un toque de las palmas”.
Y todo el artilugio barroco no es sino marco para resaltar el camarín central en el que se guarda la imagen de la Virgen del Carmen, titular de la Orden y del templo. El autor Antonio Primo; las imágenes de José de Medina; obra, del XVIII.
Me parece que lo mejor que puedes hacer ante una obra así es sentarte delante, según dispongas de tiempo, y escudriñar con ojos avizores cuánto de belleza se muestra bajo la pátina del paso del tiempo que mutila santos, ausenta y volatiza figuras o simplemente los cubre con una capa de polvo.
De yeserías, retablos, imágenes, capillas..., lo mejor es que te dejes llevar por la ‘Guía de Jesús Romero’, o por las explicaciones de los jubilados que te lo enseñan. Te van a decir más y mejor.
Créeme. Te
quedarán ganas de volver…
jueves, 18 de junio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El Ebro
Junio, 18 jueves
“El
Ebro guarda silencio / al pasar por el Pilar / la Virgen está dormida / no la
quiere despertar”. Don José Oropesa, un hombre bueno, en el
buen sentido de la palabra, bueno, con un puntero señalaba sobre el mapa de
hule, ajado…
La
chiquillería cantábamos: El Ebro nace en Fontibre provincia de Santander, pasa
por Reinosa, Logroño y Zaragoza y desemboca – y aquí tomábamos aire – en el mar
Mediterráneo, por Amposta… Y se tomaba
impulso. Sus afluentes son, por la derecha el Jalón; por la izquierda, el Cinca
con el Segre, el Noguera Pallaresa y el Noguera Ribagorzana. En la tarde tibia
sobrevolaban las moscas sobre nuestras cabezas. Al otro lado de ventana veíamos
como se iban las nubes por cielo azul.
Pues
no, ahora, dicen que no. Según los nuevos trazos de los geógrafos, el Ebro nace
en el Pico “Tres Mares”, en la Comunidad de Cantabria que tiene su capital en
Santander, a orillas del mar. Dicen que los ríos que nacen en ese pico vierten
sus aguas al Océano Atlántico, al Cantábrico y al mar Mediterráneo. ¡Qué cosas!
¿Verdad?
No
queda ahí todo. El niño aquel se hizo grande y como es muy curioso ha ido
varias veces por aquellas montañas lejanas y ha visto como brota en Fontibre el
río y como luego lo remansan en un pantano enorme.
Es el pantano de Reinosa, adonde llegó el tren
que llevó, desde Madrid, a Marcelo, sobrino de don Celso. Allí fue a recogerlo
Chisco con las bestias, para acercarlo a Tablanca, en la Montaña donde se
encontró con Lía, el cura y el médico… Lo cuenta José María de Pereda en Peñas
Arriba. (Por cierto, es una obra deliciosa).
Aguas
abajo, en las Merindades, que ya es Burgos, la erosión del río forma unos
cañones impresionantes. Si quieres, date una vuelta por aldeas diminutas, con
iglesias románicas – más de mil años ante tus ojos – enormemente bellas…
En
la Toba y en Frías, hay que pararse. Sin bulla – la prisa para los ladrones y
los malos toreros - y luego el puente de piedra, medieval camino de Valdivieso,
y con el punto de peaje en el centro para aquellos que en tiempos lejanos
traían o llevaban mercancías…
En
la Rioja, el río es delimitación. A una orilla, La Guardia de Álava, un pueblo bonito,
bonito. Más abajo, Navarra: Tudela, Peralta, Lodosa… La hortaliza, de
escándalo; a éste, Logroño y Calahorra y te adentras en Aragón y aguas abajo,
Caspe y…
Hace
unos días me escapé a Zaragoza. En el Puente de Piedra me encontré con el
crepúsculo de la tarde. En el Pilar, la Virgen… Me acordé de la Jota que
encabeza este escrito y… de muchas más cosas.
miércoles, 17 de junio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Por los Cerros de Úbeda, en el Año Jubilar de San Juan de la Cruz
Junio, 17, miércoles
¿Adónde te escondiste / Amado, y me dejaste
con gemido? / Como el ciervo huiste, / habiéndome herido; / Salí tras ti,
clamando, y eras ido….” El hombre que escribió esto había nacido en
Fontiveros. Tuvo una infancia terrible. Su hermano murió de hambre; él, casi.
Se conoció como Juan de Yepes. En la iglesia como San Juan de la Cruz. En la literatura española como el más grande
poeta místico de nuestra Historia.
Llegó a
Úbeda en los primeros días del otoño de 1591. Fue a curarse de “unas
calenturillas”. Después, han dicho que era una erisipela que degeneró en una
septicemia. Su celda muy humilde. Entregó su vida en la noche del 12 al 13 de
diciembre, con cuarenta y nueve años…
Hileras
de olivos plantados en perfecto alineamiento peinan lomas y cerros; alternan
con campiñas de barbecho. Montañas azules en la lejanía. Cazorla y su sierra un
poco más allá. Solo un poco más allá y luego se pierden por la de Segura y por
Quesada, por Benatae y por Siles…
Los
pueblos de la Loma de Jaén, en lontananza, son pueblos blancos; salpican
colinas onduladas, a veces, pardas, a veces, rojizas; la carretera, una raya
entre olivos bajo un cielo entoldado.
Desde
la lejanía, Úbeda aparece recostada: caserío blanco de tejados pardos. En el
horizonte algunas torres le dan nota de un pasado esplendoroso.
Úbeda
regala Renacimiento. Es una prolongación de Vandelvira, y de la cerámica de
Tito, de la música de Sabina, de la literatura de Muñoz Molina…
Las
plazas son amplias. No tiene agua la fuente en la plaza de Vázquez de Molina.
El Salvador, majestuosidad en piedra, espera al otro lado, reminiscencia de un
pasado que fue y que se resiste a irse. Vive de un recuerdo ahíto de esplendor.
Atesora mucho arte y la esencia acumulada a través de los siglos.
Sus
calles rezuman Renacimiento: palacios e iglesias, monumentos civiles, casonas
con dinteles de piedra y fachadas blasonadas; forjas y retablos. Recuerdos de
Carlos V en la piedra del palacio de Francisco de los Cobos.
Úbeda
es la antesala de la Sierra de Cazorla. He pernoctado muchas veces… La última
vez que estuve me subí en un artilugio a modo de tren articulado con neumáticos
y recorrí la ciudad desde un balconcillo abierto. No la anduve, como otras
veces, a música de talón, y es que los años… Pues eso, ¡ya se sabe…!
martes, 16 de junio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Manzanilla aloreña
Junio,
16 martes
Es
tiempo y momento. Viene cuando el verano entra con nombre propio. Nació en la
floración de primavera y se recolecta desde finales de agosto, las muy
tempranas, a finales de septiembre, según la climatología, o sea si se
presentan lluvias – casi siempre, a modo de tormentas – y entonces alcanza un
calibre de mayor proporción.
Es
la aceituna ideal para consumirse en la mesa. Sus propiedades organolécticas - ojú, con la palabrita - le concede una
preeminencia sobre otras variedades. Su pulpa sabrosa y excelente y la
facilidad para despegarla del hueso la hacen que domine el mercado dentro de
las variedades que se conocen como aceitunas de aderezo y consumo en fresco.
Conversaba,
hace unos días, con un agricultor.
-
Mira cómo está ya la aceituna.
-
En su punto. Es que estás muy encima…
-
La cuido como a la niña de mis ojos.
El
calibre alto hace que alcance unos precios excelentes. Este año el tiempo le ha
venido muy bueno. Al ser una variedad de aceituna muy temprana, si se prolonga
el calor, además de quedarse menudas propicia que pronto se ponga morada por lo
que su destino es la molienda.
La
manzanilla “aloreña” no ofrece una riqueza de aceite que sí pueden dar otras
variedades: picual, hojiblanca, zorzaleña, marteña… Según qué comarcas estas
variedades, en función de la composición de la tierra y el clima, tienen mayor
o menor arraigo.
La
aceituna manzanilla “aloreña”, única aceituna de mesa con Denominación de
origen, es oriunda de Álora, municipio del vértice norte de lo que antaño se
conoció como Hoya de Málaga y ahora Valle del Guadalhorce. Su cultivo no es
exclusivo del municipio, sino que está extendido por otros: Alozaina,
Casarabonela, Pizarra, Cártama, Tolox, Guaro, Valle de Abdalajís… Su
enumeración se hace larga y siempre puede quedarse algún lugar fuera del
listado. No me asiste ningún sentido excluyente sino solo la limitación de
espacio.
Las
mejores muestras se obtienen en olivos centenarios, algunos injertados sobre
pie de acebuche. (Es el caso de la foto que ilustra el artículo: Finca las
Pelonas, junto a la Realenga del Chopo) Hay lugares con aceituna excelentes por
las correntías de sus barrancos – esta variedad no quiere encharcamientos –
como Majaluna, la Zurriaga, la Herradura, La Hacilla o los olivares de las
faldas de El Hacho que unen, a su situación privilegiada, su orientación a sol
naciente.
La
manzanilla “aloreña” aderezada, joya de aceituna para su consumo en fresco en
la mesa, está en su momento y hora…
lunes, 15 de junio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Guadix
Guadix
Junio, 15 lunes.
En esta tarde calurosa cercana al verano recuerdo que la última vez que estuve en Guadix, era invierno. La Mora (el puerto, claro) bajo cero; en las laderas, restos de la nevada y a las choperas de las orillas del Frades, antes de Purullena, sólo les quedaban ramajes como esqueletos, esperpentos en medio de un frío que cortaba la cara. Desde la lejanía, la torre de la catedral, antes de llegar a Guadix, sobresalía del caserío: ella y el paisaje lunar que los circunda son sus señas de identidad. Busco restos del arte perdido. Los encuentro.
La poca luz entraba a la catedral por la linterna del crucero. Entreabierta, una de las puertas laterales: accedo; desde el altar mayor, el celebrante se dirige a un pequeño grupo de mujeres mayores. Ocupan el espacio entre el coro y el presbiterio. Aquí también, las iglesias, aunque tengan categoría de catedral, están vacías. Se impone el respeto. En el trascoro encuentro lo buscado: una réplica de la Piedad del genio más grande del Cinquecento, Michelangelo Buonarroti.
El mármol blanco de Carrara tiene vida. La réplica, espléndida. A la sombra del trascoro de jaspe luce más, y entre cordones de color corinto, en la penumbra se pone a golpe de palabras con el viajero. Habla desde el silencio del mármol. Invita al diálogo. Ese diálogo que surge del tú a tú cuando uno se encuentra a gusto.
Al viajero se le viene a la mente la descripción que el maestro Azorín hizo de otra catedral, en Castilla: “fina, frágil, sensitiva”. Ésta no es de Castilla. Es nuestra. Se ampara en su modestia; no tiene sepulcros suntuosos; están desmochadas las figuras del púlpito; quemadas, las del coro; ajado el mármol de Macael en cuadrados azules y blancos, que cubren el suelo…, los albañiles reparan, entre andamios y polvo, una capilla de la girola.
La ciudad nueva se escapa por otros barrios. Al alcance de la mano, el casco antiguo (palacetes, casas de fachadas blasonadas, ventanas y puertas desvencijadas) se resiste, entre la ruina y el abandono, a la desaparición. Una mujer joven, a las preguntas del viajero responde: ¿trabajo? Ya ve ustedes lo que hay…
En las afueras, cuevas trogloditas dan cuenta de un pasado que fue duro de vivirlo. Dicen que en invierno son cálidas; en verano, frescas. Su aspecto exterior es una oquedad en la tierra perforada. Lo permite su composición geológica.
Transito
por sus calles. Deambulo. Es la mejor manera de conocer la vida de la ciudad. Me
acuerdo del dicho: “la ciudad ideal para vivir es la que tiene Obispo y no
tiene Gobernador Civil”. Pues si lo afirma el aserto popular…
domingo, 14 de junio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La mirada del Efebo
Junio, 13 domingo
Si lo tienes a bien y te parece, nos llegamos en Antequera al Coso Viejo o lo que es lo mismo al palacio Nájera, que encierra el museo municipal. De entrada, ya te topas con la torre - la que da a la calle Nájera - “está considerada como una de las más bellas de los palacios andaluces”.
No voy
a caer en la tentación de contarte lo que tiene dentro. Pero sí quiero que
sepas que sólo el Efebo,
Tengo que decirte: desde hace más de mil años, el Efebo - joven imberbe - mira con los ojos huecos para que tú, y yo, y cada cual se lo imagine como guste hacerlo. ¿Que cómo se encontró? De la manera más sencilla: bajo la reja de un arado que arañaba la tierra de la vega y que lo devolvió a la luz para sorpresa y admiración de todos.
¿Qué sería de aquel joven modelo de la vega antequerana? ¿o no era de aquí? ¿quién sirvió de modelo que inmortalizó el bronce y el tiempo?
Alguien
con la autoridad del profesor García y Bellido ha dejado escrito que es hasta
hoy, y sin ninguna duda, “la pieza antigua más hermosa salida del suelo
peninsular”.
Párate a contemplar la belleza serena de la muerte en el rostro del ‘poverello de Asís’, Pedro de Mena puso la gubia y el arte; San Francisco, una filosofía de vida que siglos después se copia, se pretende seguir, pero ya sabes de aquello a hoy...
(Procede
la imagen del desamortizado monasterio de
viernes, 12 de junio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Cascabeles
Junio,
12 viernes
Dicen
que un día los ratones andaban muy preocupados. Mejor, estaban abatidos. El
gato siempre, agazapado, los cogía por la mano. El gato era muy pillo. Se valía
de sus patas rematadas en almohadillas y no hacía ningún ruido cuando
transitaba por las noches en el almacén. Siempre había un pobre ratón que
terminaba en sus garras.
Ellos,
ratoncillos minúsculos, decidieron convocar una asamblea (eso del bla, bla,
bla, como ven, viene de largo) y en esa asamblea entre todos buscarían una
solución para hacer frente al peligro.
Un
ratón viejo, dijo que el gato aprovechaba que de noche agudiza la vista y es
invencible; otro, habló de su agilidad para saltar con rapidez; hubo quien
opinó que el gato conocía mejor que ellos los entresijos de aquel almacén y
siempre iba con ventaja. Uno más espabilado opinó que lo suyo era ponerle un
cascabel y todos sabrían de sus hazañas… El problema generado fue mayor. No
hubo ni un solo ratón capaza de ponerle el cascabel al gato.
Desde
el siglo XVI, al XX los países europeos decidieron que su expansión colonial (o
esa rapiñar a los países que tenían riquezas superiores a las de ellos) tenía
que ser, principalmente, en África: Alemania, Italia, Reino Unido, Bélgica,
Francia, Portugal y España se hicieron con su pedazo de tierra. Mas o menos
grande, más o menos rica y más o menos sumisa.
Pasó
el tiempo y algunos de esos países de allí, se dieron cuenta del expolio al que
estaban sometidos. Comenzaron a despertar. El día de la independencia del
Congo, al rey Balduino de Bélgica le quitaron ¡la espada de la cintura! Luego,
esos países, casi todos, están en guerras internas que son las peores.
Casi ninguno, tenía cuadros de mandos para
llevar un país. Los gerifaltes europeos se habían encargado de ‘prefabricar’
lideres afines, a los que se encargaban ellos de ‘alimentar’ a su modo y
manera.
Casi
todos, poco a poco, llegaron a la independencia. Casi todos, por medio de una
guerra que los autodestruía y con armas compradas a sus ‘dueños’ anteriores.
Aparecieron dos amos nuevos: la URSS y China. Estos no eran capitalistas, eran
eufemísticamente, ‘socialistas’ pero tan amantes de la carne de los ratones
como los amos precedentes.
En
algunas partes han aparecido otros materiales aún más apetecibles que los
anteriores. El África, a ambos lados del Sahara, la subsahariana, la que va
cruzada por el Ecuador, la que está aún más baja, y llega hasta el Cabo de
Buena Esperanza conocen la miseria… Huyen. Se han echado a andar.
Se
conoce como movimientos migratorios. Nadie deja su tierra por placer. Los que
se echan al mar no pueden vivir en sus países, algunos muy ricos; otros menos.
Viene la gran pregunta. ¿Quién le pone los cascabeles a esos gatos? ¿Quién
exige a los responsables de ayer una solución al problema de hoy?
jueves, 11 de junio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Un hombre excepcional
Junio,
11 jueves
Dicen que
Dios se las andaba en la construcción del mundo. Llegó el momento de la Península
Ibérica y entonces, se las ideó para formar un terreno rodeado, por todas
partes menos por una, de mares de aguas azules y olas de nácar.
Y en
medio, una extensión de tierra. Por la parte de arriba colocó una cordillera,
que la separaba del resto del continente. En invierno, estaría cubierta de
nieve; en verano, las montañas estarían verdes y por mor del deshielo multitud
de arroyuelo bajarían de las cumbres para alimentar a los ríos.
En el
centro, una gran llanura. Como era muy grande, en medio una cordillera la partiría
en dos. En invierno, también, tendría nieve; en verano, senderos para que la
gente pudiese gozar de ella.
Colocó,
además, una sucesión de montes que
venían como sesgados desde el mar de arriba hasta la cercanía de las costas de
otro mar. Por en medio, una gran depresión por la que iba correr un gran río.
Abajo, al
Sur, que no sé porqué siempre, pensamos
que el Sur está abajo, un gran escalón lo separaba de la gran llanura del
centro; por en medio, otro gran río atravesaba otra depresión y una cordillera
con picos muy altos lo separaba del mar.
Alejadas
del territorio un espurreó un puñado de
islas a la derecha de la Península; y lejos, muy lejos, otras islas, como perdidas en un mar enorme que también
tendrá olas de nácar.
Entonces,
dicen, que un ángel que le acompañaba fue y le dijo:
- Señor,
¿no te parece que estás pasando?
- No, no.
Todavía le falta lo mejor
Y, entonces,
Dios le dijo al ángel, le voy a dar la gente, iguales entre sí pero, diferentes
con propiedades distintas para que puedan enriquecerse entre ellos y puedan dar
algo de ellos mismos a todos los demás que, a lo largo de los años, de muchos años, se van a encontrar por los
caminos.
El ángel
pensaba. Dios, cuando lo vio dubitativo, sintió un poco de remordimiento porque
lo venía envuelvo en una nube de zozobra y no entendía muy bien todo aquello y
fue le dijo:
Un día,
cuando pasen muchos años, le voy a enviar a mi representante en la tierra (porque
a ese planeta le van a llamar tierra…), será un hombre sencillo, con la cabeza
muy bien amueblada…
- ¿Qué?,
dijo, el ángel…
- Nada. Lo
vas a entender. Un hombre, que es de Dios, pero es humano. Escucha y regala
sencillez y les dirá cosas que los va a hacer pensar.
Les va hablar
de solidaridad, de construir en común, de unión entre ellos, de acoger a otros semejantes
que lo pasan mal… De tantas cosas buenas, que ellos van a decir: este hombre es
un enviado de Dios, que nos lo manda para hacernos pensar y recapacitar porque,
a veces, andamos un poquillo espesos…
miércoles, 10 de junio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Madre
Junio,
10 miércoles
Madre tomó un cubo de cinc con un asa grande.
Introdujo la ropa y una tabla de lavar de madera con rayaduras; sobre la ropa,
un taco de jabón…
- ¿A dónde vas? Preguntó, el niño.
- Al arroyo…, contestó, madre.
- Yo voy contigo, dijo el niño.
Madre tomó en una mano el cubo con el taco de
jabón, la ropa y la tabla de lavar; en la otra, la manita pequeña del niño…
Bajaron por la vereda, junto a la vía del tren. Se encaminaron al arroyo.
- Madre, dijo el niño, ¿de dónde vienen los
trenes?
- De muy lejos, le dijo
- Y ¿van muy lejos?
- Sí muy lejos, contestó madre. Y le dijo el
nombre de algunas ciudades, pero el niño no comprendió nada de todo lo que le
dijo.
Cuando llegaron al arroyo, madre, acopló la tabla
de lavar sobre unas piedras, y se arrodilló sobre una gamuza que traía en el
fondo del cubo debajo de la ropa. Le encargó que tuviese cuidado y no se mojase
porque el agua estaba muy fría.
- ¿Por qué, preguntó el niño, está el agua fría?
- Porque es invierno y en invierno está el agua
muy fría.
- ¿Y en verano, también, está fría?
- No, dijo, madre, en verano no está tan fría.
Pasó Francisquito con un hatillo de cabras.
Careaban despacio por el borde del arroyo. Frasquito era un hombre enjuto, con
la cara surcada por dos grandes hendiduras en ambas mejillas, quemadas por el
viento frío del campo. Saludó a madre y madre le devolvió el saludo.
- Madre, volvió a preguntar, el niño ¿de dónde
viene el agua del arroyo?
- De aquella sierra y le apuntó, con el dedo,
unas montañas en el horizonte…
- ¿Me vas a llevar un día a donde nace el arroyo? Preguntó.
- Cuando seas mayor, ahora, eres muy pequeño y no
puedes andar…
- Y ¿por qué no me lleva papá en los hombros?
- Por que papá está en el cielo.
- ¿Yo veré algún día a papa? Volvió a preguntar
el niño
El niño,
en la conversación, distraído, resbaló. Metió los dos pies en el agua y
entonces madre, dijo…
- Hijo vas a coger una pulmonía. Recogió la ropa
de prisa y tomó al niño de la mano…
- Madre, dijo, el niño. Estás llorando…
No, dijo madre, es que me ha caído jabón en los
ojos…
Y asido de la mano, madre y el niño volvían por
la vereda que va junto a la vía. En la lejanía sonó el pitido de un tren, al
poco rato apareció y desapareció casi con la misma velocidad que traía…
martes, 9 de junio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El Pueblo
El Papa León XIV por las calles de Madrid
Junio, 9 martes
Don
José Ortega y Gasset dijo que en España “lo que no hace el pueblo se queda por hacer”.
Don José nos conocía bien, muy bien. Él fue quien escribió un libro clave para
comprender todos los desaguisados que, ahora, nos atosigan, cuando siglo XXI
acaba de superar el primer cuarto. El libro se llamó España invertebrada.
Otro
español genial, don Antonio Machado definió Madrid como rompeolas de las
Españas. El pueblo de Madrid, o sea España, acaba de dar una lección de
civismo, de saber estar, de generosidad en la acogida a quien viene en una
visita oficial, pero que es algo más que la oficialidad de la vista, o sea,
recibe al Pastor. Nosotros lo llamamos Obispo de Roma o Papa.
Cuando
se publiquen los documentos de lo que nos ha dicho veremos la profundidad de
todo lo que nos ha dejado. Hacerle caso o no, es harina de otro costal. Vamos, como el molinero que sacaba la harina
que le convenía y del costal que él quería.
Mientras
tanto nos quedamos con el Pueblo – con mayúsculas -. Ese pueblo que cantaba
bajo el sol abrasador del sol de Cibeles una mañana de final de primavera: Como
estás mi Señor en la custodia, / igual que la palmera que alegra el arenal, /
queremos que en el centro de la vida / reine sobre todas las cosas tu ardiente
caridad”
El
Pueblo, ha dejado muy clarito, una vez más, que está por encima, muy por encima
de todo lo que le rodea y sabe distinguir entre churra y merinas y quien viene
fiel a su doctrina y aunque duela, a decir, esto es lo que hay.
Algunos
de los que somos pueblo, a veces, caminamos en la penumbra. Espinas, guijarros que hieren, dificultades,
decisiones muy duras y, en momentos, incomprendidos. El Papa ha trasmitido su
mensaje de esperanza, de paz. Ha mostrado el camino. Por lo pronto, el pueblo
de Madrid lo ha acompañado en su caminar físico. Ha llenado plazas, calles,
aceras o como anoche, el Santiago Bernabéu.
Nosotros,
mientras tanto, tenemos su mensaje, su doctrina. Citó, aunque parezca que no
está de moda, a san Manuel González y habló del Sagrario. En los tiempos que
correen, ¡Jesús, en el Sagrario! Nos ha citado, también a místicos.
Teresa
de Jesús: Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda, la
paciencia todo lo alcanza, quien a Dios tiene, nada le falta, solo Dios, solo
Dios basta. Ahí queda eso, o San Juan de la Cruz, que, tampoco, lo tuvo fácil y preguntó
directamente: ¿Adónde te escondiste, Amado, y me dejaste con gemido. / Como
el ciervo huiste, habiéndome herido; / salí tras ti clamando, y eras ido…
Lo que no hay es espacio, pero hay más, mucho más.
lunes, 8 de junio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El hechizo de Dios
Junio,
8 lunes
Esta
mañana, cuando llegué al campo, los primeros rayos del sol aparecían por detrás
de la loma de Virote. Cantaban los pájaros, como solo lo hacen en estos días de
finales de primavera, cuando los últimos volantones tardíos esperan en sus
nidos el momento para echarse a volar…
Me
vienen a la mente dos momentos de ayer tarde. El Papa echa un capote a un joven emigrante
que quiso hablar a pecho descubierto y claro, se le olvidó el texto - los
nervios juegan, a veces, esas malas pasadas – y él, como una humidad
sobrecogedora, va y le dice: “yo también tengo que leer porque se me olvidan
las cosas”. Eso se llama ponerse en el lugar de alguien que acababa de pasarlo
mal.
Aún
resuenan en mis oídos – son días de sensaciones, tantas, tantas, que unas se
sobreponen a las otras – las palabras de Antonio Banderas, ese hombre al que Málaga no le agradecerá
bastante, lo que hace por ella, y donde dijo que él recordaba aquellos momentos, cuando niño, en
que la mirada de su madre lo llevaba a la imagen de la Virgen de la Esperanza,
las cofradías en la calle y la saeta y…
Iba
a más, muchísimo más, dijo con la voz semiquebrada, “Hoy estoy aquí confesando haber sido víctima del
hechizo de Diós”. Él había sentido el ‘hechizo de Dios”. Viniendo de quien
viene eso deja a uno sin resuello. Este hombre, que tiene todo lo que el mundo
puede dar, ante León XIV, agotó el número de adjetivos calificativos. Se
acabaron los sinónimos. Solo quedaban palabras para decir, gracias Señor,
porque has puesto en este mundo de zozobras y tanto oropel a hombres como
Antonio. Coloca, como nadie, ese punto sobre una letra, que se llama ‘i” y que
sin ese punto sería un palote suelto sin sentido.
No
quedó ahí la cosa. Se entretuvo en citar a San Agustín. No usó la cita a la que
muchos recurrimos para autoanalizarnos y proclamar nuestra limitación. “Nos
hiciste, Señor, para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en
Ti”. No, no. Usó otra.
Tocó
la fibra de la fraternidad. Llamó a algo a lo que echamos mano, pero utilizamos
poco. “Si decís vosotros que los tiempos son malos, sed vosotros mejores, y
los tiempos serán mejores porque vosotros sois el tiempo”.
No
sé. A mí, hubo un momento en que me dio la sensación de que el Papa, también
estaba emocionado. Yo, desde luego, lo estaba y, obviamente, hoy no soy
objetivo y me he permitido romper ese principio sagrado de la objetividad y me
parece que, el auditorio de ayer tarde, también.
domingo, 7 de junio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Antequera, a pedir de mano
El Portichuelo; a la derecha, iglesia del Socorro. Antequera
Junio, 14 domingo
Porque me coge de camino; porque me gusta ver Antequera, desde arriba, recostada entre el cerro de la Veracruz y Capuchinos; porque encierra tanto que es difícil pararse en un punto solo; porque al otro lado está la Vega y más allá casi en el horizonte la Sierra de la Camorra y Mollina a sus pies…
Por eso y por muchas otras cosas tengo la costumbre de entrar (“salga el sol por Antequera) por el Portichuelo que tiene una Virgen, entre faroles de brazos retorcidos, y ladrillos mudéjares. Al lado, justo al lado, Santa María de Jesús o del Socorro que es lo mismo.
La devoción – parece - viene del XVI, mucho antes que Michel Quoist, el cura francés, que enseñó otra manera de llegar a Dios en su Oraciones para rezar por la calle: “Ofrécele tus preocupaciones, tus penas, tus pesares...” en Antequera, se le rezaba a la Virgen del Portichuelo, pero, esa es otra historia.
Al otro lado, en la hondonada, San Juan. Este año no he ido por mayo que es cuando hay que ir porque veneran al Señor de las Aguas. Es una iglesia, para mi gusto, de estilo tenebrista. ¿Ese estilo es una invención? En la pintura, sí. En la arquitectura, pues… No lo sé para mí, siempre me ha parecido una iglesia muy grande y muy oscura. Ya ves, uno que es un tanto raro.
Ya no puedo bajar, desde el Portichuelo, por la Cuesta del Viento. Han cambiado el sentido de la circulación y, por tanto, no le puedo hablar casi dese la misma altura (física, se entiende; de la otra, por supuesto que no, al Angelote de San Sebastián ) y, ahora hay que cruzar un dédalo de calles. No está mal. Es una manera de husmear por lugares por los que uno no transita casi nunca.
Salgo, por la calle Zapateros, casi al entronque de calle Estepa con la Plaza de San Sebastián. La bordeo, bajo por calle Encarnación, al paso puedo echar un vistazo al Coso Viejo. Sigue ahí, la estatua ecuestre de Fernando, el de Antequera. Su paso por aquí, efímero; su prolongación en la Historia de España alargado.
Y sigo
y sé que allí, en el Pedro de Espinosa, allí, precisamente, tuve primer examen, era el de Ingreso; al revolver,
frente a Santiago y antes del convento de Belén me ratifico que Antequera está
tocada por la gracia de Dios que desde la Prehistoria abrió la mano y dijo,
ahí, os dejo eso, para que gocéis de la capacidad de creación del hombre en eso
que, vosotros, llamáis Arte….
sábado, 6 de junio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Y, entonces, vino él.
Junio,
6 sábado
Sotana
y solideo, blancos; muceta púrpura; zapatos negros. Un cordón dorado sostiene
el pectoral. Esboza una semisonrisa de
complicidad. Menudo y erguido. Anda despacio, como quien necesita apoyarse. Escucha
más que habla... que lo hace pausado y firme y sin levantar la voz, sin querer
molestar y muy clarito.
Ha
llegado una mañana de verano a España donde llevamos una temporada con los
aires revueltos. Demasiada crispación. Vivimos en un país de algunos listos,
pillos y anguilas de las que viven en el agua, no; de las otras. En la calle
Roselló, en Barcelona, cobran 500 euros por ocupar un balcón a alguien que
quiera ver pasar al Papa.
Circula
por ahí, a modo de chiste, un jeroglífico. Lo envía, al amigo, un nota, al que la
NASA mandó a Marte. El telegrama dice:
PP
x,
R.I.P
20 x
1000
El
amigo lo lee. Se rasca la cabeza. Da vueltas. No ve salida. Se va al bar de la
plaza del pueblo. Pide ayuda para descífralo.
Está
clarísimo, le dice uno:
“Pepe,
por
tus muertos.
Vente
por mí…”
Algo
así está en mente, estos días en más de uno que búsqueda un callejón de salida.
El
‘callejón’ estaba esta mañana en los discursos.
¡Y, menudos discursos!, en el Palacio Real, del Rey de España y de Su
Santidad. Hay que volverlos a escudriñar, ahora, si se puede, y leerlos
despacio…
No
han hablado de huidas ni de escurrir el bulto. Han puesto letras en negro sobre
blanco de asumir responsabilidades y de la grandeza de un País con muchísimas
cosas positivas. Por supuesto, también, con sombras. A lo largo de los tiempos
sus balances son mejores de lo que airean algunos.
Han
salido a la luz, (entre otras cosas) entendimiento entre las tres culturas
básicas. Antaño conformaron nuestra tierra: árabe, ‘credo’ y judía. Hay más.
Aportaciones de ciudades: Toledo o Córdoba y, como guinda: Averroes y
Maimónides y, dejándose caer, con Teresa de Ávila, Juan de la Cruz e Ignacio de
Loyola… Por, cierto, ¿y si hacemos una encuesta y preguntamos quien ha leído
algo de esa delantera que no ha marcado goles, sino otra cosa?