Seminario
Menor de Málaga. Galería de la Obediencia.
Abril, 23 jueves
No, no
es una almáciga donde germinan las semillas que luego darán fruto. No, es otro
semillero. Se le conoce como el Seminario. Allí un puñado de muchachos de los
pueblos de la provincia acudían en busca de formación. La mayoría llevaba en su intención el
ser sacerdotes; otros, era la única salida que veían factible. En la mayoría de
sus pueblos – solo había Institutos en Ronda, Antequera y Vélez-Málaga-
carecían de casi todo.
En
1921, el Obispo don Manuel González – hoy, San Manuel González, el Obispo de
los Sagrarios abandonados – encargó a los arquitectos: Guerrero Strachan, Rafael
Benjumea y Loring la construcción de un edificio, a las afueras de Málaga, en lugar
soleado, con excelente ventilación y al que llegasen las brisas que venían del
mar.
Los seminaristas
que se acogiesen a él venían de un ala de Palacio Episcopal, (la que tiene
entrada por calle Santamaría). Ustedes pueden hacerse una idea de la salubridad
de las estancias si les digo – me lo contó don Juan Ortega, profesor de Griego
de Quinto, o segundo de Retóricos – que en una pared apareció pintada una raya
horizontal y a su derecha, escrito con carbonilla: “Aquí llegó el sol el día 22
de junio de 1917, Solsticio de verano”.
Don
Manuel encargó a los arquitectos una obra donde aflorase la vida, y la luz de
Málaga (por cierto, según decía él se hizo con cero, cero, cero pesetas) ¿Quién
puso el dinero? Ah, don Manuel lo tenía clarísimo y así lo trasmitió en su
obra. El edificio es de estilo historicista-neomudéjar. Posee un pabellón longitudinal.
La parte sur la ocupa la capilla del Buen Pastor. No se puede describir (bueno,
si se puede, pero es mejor vivirlo dentro), una galería, la galería de Obediencia,
al lado este, una arcada a cielo abierto; en la oeste, amplias dependencias que
servían de salones de estudio y clases. En la parte norte, dependencias para comedores,
cocina, almacenes. En 1944, en época de don Ángel Herrera, se agregó otro pabellón
adaptado a la orografía para Seminario Mayor (ocupado por Filósofos y Teólogos).
Los
niños ‘bautizaron’ las dependencias con sus nombres identificativos: ‘Bobadilla’,
‘el Palomar”, o “el Tranvía”. El Corazón de Jesús sobre la puerta principal
de la Capilla y la Virgen Blanca del recreo, imágenes tan propias que aún hoy
se llevan dentro. Las Humanidades, excelentes; en Letras, extraordinarias; en Ciencias
justitas. La formación en Valores, imposible calificarla: Espiritualidad sin ñoñerías,
puntualidad, hábito de estudio, honradez, silencio, respeto, aprovechamiento
del tiempo, compañerismo, amistad…
Allí
nacieron amistades que duran casi sesenta años después. Hoy, hemos compartido Asamblea,
turismo y mesa. Nuestra formación, Sínesis (encuentro), sabe algo de todo esto.
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