El Carpio (Córdoba). Sobre los olivos, el Burro grande. Autor. Fernando
Sánchez Castillo.
Abril,
13 lunes
Es una
palabra de uso despectivo. Cuando alguien quiere zaherir o humillar la emplea
sin miramientos. La cosa es que el animal que conocemos por burro no tiene nada
de despectivo. Es un colaborador del hombre, sobre todo en la carga, en muchas
tareas desde hace miles de años.
Viene
de África. Los primeros, surgidos de diferentes cruces, aparecieron hace más nueve
mil años, o sea siete mil a. d. C., en Nubia y Etiopia. Se extendió por todo el
continente y luego pasó a Asia y a Europa. Resistente, tozudo, se adapta a los
climas áridos, dicen que cuando pasa por un camino no olvida jamás y colaborador
del ser humano en las tareas del campo. La presencia de la maquina agrícola lo
ha casi eliminado en los países desarrollados. En el Tercer Mundo, hoy, es un animal
necesario.
Aparece
en muchos pasajes de la Biblia. En Israel, el asno era considerado el animal de
la realeza. Se utilizaba en la coronación de los reyes, El rey David impulsó la
costumbre de que los reyes entraran en la capital del reino a lomos de un burro,
ceremonia que, históricamente, realizaban los reyes al dirigirse a Jerusalén después
de ser ungidos.
Las palabras
del profeta Zacarías se cumplen plenamente: “Regocíjate, hija de Sión, grita
con júbilo hija de Jerusalén. He aquí que tu rey viene hacia ti. Es justo manso
y victorioso, montado sobre un asno, sobre un borrico, cría de asna”
La más
notable, por su trascendencia, es la entrada de Jesús en Jerusalén. Es la
víspera de la Pascua, la gran fiesta judía, Jesús manda a sus discípulos a la
aldea de enfrente, les dice que encontraran una asna con un pollino. Y agrega. Si
alguien os pregunta decid que el Señor lo necesita. Entra, entre ramos de
olivos, triunfalmente, a lomos de una borriquita.
En la literatura
universal el burro es un animal de mucho uso. De los ‘nuestros’ me quedo con
dos. Cervantes hace circular por las tierras de España el reflejo de la humanidad:
la soñadora, idealista y de metas inalcanzables la encarna Don Quijote, va sobre
un rocín. La real, la que ve molinos donde hay molino y no gigantes, la que palpa
la dureza de cada día, la encarna Sancho, va sobre un rucio, “mi rucio”, lo
llama él.
Lo más
tierno y más humano, nos lo contó el poeta de Moguer Juan Ramón, de genio impetuoso,
pero con alma de nácar. ¿Quién no
recuerda que “Platero es pequeño, peludo, suave; tan blanco por fuera que se
diría todo de algodón…” Eso.
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