Abril,
6 lunes
Abril ha
traído rosas a los rosales más tempranos. Una lluvia de Gracia de Dios se ha
expandido sobre sus hojas frondosas y cada una, amarilla, rojas, blancas y
otras pespunteada como los toros salineros que levantan la expectación cuando
aparecen por la puerta de chiqueros, y además la acompañan con una voz de admiración.
Abril
ha traído florecillas nuevas a los bordes de los caminos. Se han espigado como
si pretendiesen alcanzar un cielo imposible los cardos, las tagarninas, las
corregüelas que se extienden como un manto para que por él transite y oye con su
pisar aquel pollino que hace unos días entró al Señor por las calles de
Jerusalén.
Abril
ha vestido de pámpanos nuevos a las parras. Ellas en su modestia desnuda han
comenzado a vestirse. Como a las niñas de quince años todo le cae bien. Son hojas
tiernas. Uno tiene el temor que esos pedriscos que se dejan caer, de vez en
cuando, las tardes de primavera los dañe y… Bueno.
Abril
ha desencajado la sinfonía de gorriones en los cipreses de la alberca. No cantan,
no. Solo que entre ellos tiene un enredo de piar como esas voces de romanzas de
tenores huecos de los que hablaba don Antonio Machado. Solo que, aquí, sabemos que
se las andan a la greña. pero no sabemos – lo intuimos – qué se dicen entre
ellos.
Abril
por esta tierra que está al sur del sur viste las lomas de verde. Los trigos alcanzan
la altura para espigarse en cuanto el calendario diga que en Encinasola vuelven,
en romería, con la Virgen de Flores, a orillas del Múrtiga, o sea a la Ribera;
en Cártama bajen a la de los Remedios de la ermita la pueblo, y en Álora, el
último domingo del mes, veneren a la de la Cabeza y un año más la procesionen
por Santa Brígida, por los Callejones, por la estación que ya no es lo que era…
Abril ya
ha traído a todas las golondrinas que tenían que venir de esas tierras lejanas
que están allá, más allá del mar de Ulises, hoy cementerio azul para miles de
personas que huyen y creen que aquí es posible vivir. Ellos no tienen la capacidad
de las golondrinas para remontar los peligros. Solo sabemos de algunos, de
otros, ni eso.
Abril
está aquí con el rey emérito y Morante aclamados en la Real Maestranza –
Sevilla es así – con una corrida que hace gala al aserto: “corrida de expectación,
corrida de decepción” y con un torero muerto en los corrales de la Malagueta… Los
toros matan. Es lo que pasa. Abril, abril… Felices Pascuas de Resurrección.
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