Morante, por verónicas. Real Maestranza de Caballería. Sevilla
Abril,
7 martes
Fue en
el segundo de su lote. Era un toro criado en la dehesa salmantina de
Garcigrande. Los toros de la ganadería pastan en un terreno medio ondulado,
poblado de encinas y con ríos pequeños que tributan al Tormes, en término del
mismo nombre y de Alaraz. Es un toro bellísimo por su estampa, bien armado y
con trapío. Nada búfalos aplaudidos en otras plazas. Los de ayer en Sevilla –
‘un toro de Sevilla y para Sevilla” dijo alguien. Se lució. Los toros hicieron
pasar un mal rato grande al ganadero. A los toreros, también. Solo hicieron
bueno el refrán: “corrida de gran expectación; corrida de decepción”.
La
primera sorpresa fue la presencia del Rey Emérito. Se vino desde Abu Dhabi para
ver a Morante. Como tiene palco, no tuvo problemas de entrada. Lo recibieron
con una gran ovación. Este hombre, - con más luces que sombras - barrunto que
se muere fuera de España. Luego vendrán las lamentaciones. No hay que
preocuparse. No llegan a tres días. Al tiempo…
La
plaza, la Real Maestranza de Caballería y Sevilla estaba como es norma de la
casa propia para las grandes ocasiones. El cartel, de ensueño. De esos que
agotan las entradas antes de salir del despacho del empresario. Un acierto televisarlo
en directo. De no ser así, nos estaría vetado para muchos.
Alguien
dijo que con ver solo paseíllo de Curro Romero ya estaba visto todo. No, no. El
paseíllo, obviamente, ya sin Curro, fue digno de verse. Los dos matadores,
(Roca Rey y David Miranda) cedieron el protagonismo a Morante. Lo dejaron
aparecer solo en el ruedo. La ovación, de estruendo. La debieron oír en la Cruz
del Campo; en San Santiponce, en la Venta de Antequera y la misma Puebla…
Luego,
el Himno Nacional. ¡Qué bien suena en una tierra donde se le quiere! Y el
minuto de silencio por los que no están que eran unos pocos incrementados con
lo de Adamuz… Esas cosas que en España se hace tan bien, o sea, los entierros.
No soy
crítico taurino, pero sí sentí un pellizco por dentro, cuando con un capote y
un toro delante al que se cita y se arranca o se queda a medio camino, y un
hombre, Morante, un artista, como quien no quiere va y para el tiempo. Eso solo
lo se lo he visto hacer a dos genios: a Curro, en Madri y en la corrida del
Domingo de Resurrección a Morante, la otra tarde en Sevilla a un toro de
Garcigrande...
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