DESDE EL LUGAR
Lectores de José Morales García
martes, 3 de noviembre de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Las maritoñis
Secuoyas. Finca de la Losa. Huéscar (Granada)
Noviembre, 3 martes.
Llegué a Huéscar al atardecer de un día muy frío de invierno. Hasta allí alcanzaba
- hoy, no lo sé - el Arzobispado de Toledo y por allí casi se va Andalucía para
la tierra Murcia. Unos niños, cuando se va la tarde, jugaban en la calle. Les
pregunto por las secuoyas. No tienen ni idea. Les hablo de unos árboles muy
grandes…
- ¡ Ah Usted, me dicen, lo que quiere ver es a las ‘maritoñis’!… No están en el pueblo. Están lejos…
Busqué donde pasar la noche. Era invierno; hacía frío. Mucho frío. Calles solitarias; silencio. Hacía rasca; demasiada. Lo más prudente, optar por buscar el cubil.
-
Esta noche se congelan las tuberías…
-
Seguro.
Y, como luego hice yo, callejeas por el pueblo te puede aturdir la respuesta. La segunda sorpresa, la que corresponde al saludo
- Buenos días
- Él lo haya”.
La tercera, a poco que hables con la gente. Te
contarán que la casa blasonada de la plaza de Maza era de un “duque que la vendió - yo lo vi, dice - que vino dos veces a ver
el escudo” y, que antes esto no era lo que es, porque ¿sabe usted? la
agricultura está en crisis y que la lana ya no vale lo que pagaban, vamos, que
no vale nada; que de los lavaderos de los genoveses, que dieron fama, dinero y
gloria, sólo el recuerdo; ¿el cordero?, sí; el cordero es el mejor del mundo y
toda la carne se vende fuera, ¿sabe usted?, y ha habido mucha emigración,
¿sabe usted?, sobre todo de jóvenes; los
jóvenes se van y vamos quedando los
viejos, ¿sabe usted?
Huéscar. Parque público Rodríguez Penalva
Y, porque va de sorpresas, llégate hasta el parque: jardín y bosque. Más de doscientos mil metros cuadrados de superficie para el ocio y disfrute. No es normal que los pueblos gocen de espacios verdes tan amplios, como tampoco es normal luego, cuando subamos por la carretera de San Clemente a La Losa encontremos el único reducto de sequoias de España. “¡Las maritoñis!”. Las trajo un duque, el de Wellington, a quien Fernando VII regaló estas tierras en agradecimiento a la ayuda prestada cuando los franceses.
Antes de echarme a la carretera tomé un
chocolate con churros - en época de buen tiempo, me dicen, lo hacen en la calle
- (tampoco es malo el pan y el aceite, que por ser de aceituna picual es muy verde)
en ‘La Perla’ donde la plaza de Santa Adela, junto al mercado de
abastos…
lunes, 2 de noviembre de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Calizas y olivos
Villanueva del Trabuco desde la Sierra de San Jorge
2
de noviembre, 2026
El
corazón de Andalucía, por su parte sur, que es el norte de la provincia de
Málaga, ¿un juego de palabra? No. ¿Un contrasentido? Tampoco. Entonces, qué es,
entonces. Algo muy sencillo: un paisaje singular donde la roca caliza le da un
color que no hiere al envés plateado de los olivos.
Desde
las altas cumbres – algunas porcima de los mil metros de altitud, con creces –
hasta los valles fértiles: olivos, más olivos. Laderas y vegas del Genil por
Cuevas de San Marcos o por Cuevas Bajas (la que tiene zanahorias moradas); la
del Guadalhorce, cuando salva Villanueva del Trabuco y se deja ir, casi de
frente, a Archidona…
Por
un lado, casi al norte están las suaves cumbres de la Subbéticas: ahora pienso
en Priego, Carcabuey, Lucena con el santuario de la Virgen de Araceli en la cumbre de la Sierra o Cabra con su
sierra donde veneran a su Virgen. No se puede llamar de otra
manera: la Virgen de la Sierra; a sus pies nace el río Cabra, pero eso no es
tierra de Málaga. Son Córdoba.
Villanueva del Trabuco
Si
hablamos de nacimientos de río - y esto es acercar el toro a las tablas – el Guadalhorce
es un manojo de hilos, de chorros de plata que serpentea, se filtra y se pierde
por la caliza hasta que, un poco más abajo, casi al pie, los hacen un haz, le
dan forma de fuente múltiple y le ponen el nombre de la Fuente de los Cien
caños. Los años ricos en agua es un espectáculo. Merece la pena, pero, si pueden,
eviten domingos y festivos. Ríanse de las aglomeraciones de las ferias.
Carretera adelante, el Puerto de los Alzares les habla de tú a las provincias de Granada y de Málaga. Retamas, tomillos y olivos. De ahí siguiendo el curso del río van a ver ejemplares de olivos únicos. Según época, la sierra de Camarolo, San Jorge, el Carmorro, con su falla pueden que estén cubiertas con un velo blanco: es la nieve. Se llevan bien, estas cumbres y la nieve.
Las Villanuevas:
la del Trabuco, Tapia, Rosario y Algaidas, tienen un aceite envidiable. Las vegas
del Genil, - que, en verano por mor del deshielo, lleva el agua turbia y muy fría,
tienen una hortaliza muy buena y Archidona, además de un canto al amor en la Peña
de los Enamorados (que no sé si es de ella o del término municipal de Antequera)
posee uno de los santuarios más bellos de Andalucía. En su cumbre, en una antigua
mezquina almohade veneran a la Virgen de Gracia. No es una imagen exenta, es
una pintura italo-gótico del siglo XV. Su romería, la noche del 14 al 15 de
agosto, la única nocturna de la provincia de Málaga.
Sierra de Camarolo. Villanueva del Rosario
domingo, 1 de noviembre de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora 7. Jardines de Sabatini. Madrid
Hay momentos especiales en que los jardines ‘ganan con la hora del día”. A mí me encanta visitar los Jardines de Sabatini, que se construyeron en el siglo XX, a esa hora de la tarde en que el sol sobre la Sierra de Madrid le da al cielo un color velazqueño que solo se da a ciertas horas del día y según cómo venga el aire.
Los
Jardines de Sabatini llevan el nombre del arquitecto que dio los últimos
retoques al Palacio Real y construyó, en su parte norte, las Caballerizas en el
siglo XVIII. Los jardines son de estilo
neoclásico con pinceladas románticas. Ocupan un espacio entre la calle de
Bailén, y la Cuesta de San Vicente y muestran destellos de romanticismo e
intimidad a los visitantes que osan bajar los peldaños de las escaleras que lo elevan
a la altura de la explanada del Palacio Real
Fueron diseñados en 1930 por Fernando Garcia Mercadal, que aprovechó estudios previos de Aníbal Álvarez y Durán Salgado. La aparición de la guerra supuso la interrupción de las obras que se continuaron en 1940 por Herrero Palacios y Muñoz Monasterio. No se inauguraron hasta 1950
Uno
de los lugares idóneos para su contemplación es de la escalinata por la que se
puede acceder. El verlos desde la altura le confiere un aspecto de intimidad al
mismo tiempo que de globalidad. Su prolongación hacia el Campo del Moro es una
ilusión óptica. Primitivamente, los arquitectos del Palacio pensaron en
jardines en sus ángulos, pero nunca se llevó a cabo, como su posible unión con
la parte baja de la colina.
El
fondo gris de la piedra de la fachada norte da carácter de frialdad; la
verticalidad de los cipreses, espiritualidad porque parece que pretenden llegar
al cielo y, al mismo tiempo, majestuosidad. Sin embargo, la proximidad y
colorido de, rosal de floribunda le confiere calidez y conjuga el entorno para
hacerlo más entrañable y lleno de vida.
















