sábado, 16 de mayo de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Sur sagrado






Mayo, 16 sábado

 

En un recoveco de la Sierra de la Demanda, en la Cordillera Ibérica, entre Castilla y La Rioja se encontró el Código Emilianense donde un monje del siglo X escribió las primeras frases que se conservan en idioma castellano. O sea, nuestra habla es hija de Castilla.

En algún lugar del territorio andalusí, más al sur, nació el zéjel en la Edad Media. Es una composición poética con una métrica predeterminada que busca la rima de los versos donde tras varios entresijos expresa la idea. El zéjel entró en la poética castellana. Se fundieron.

Dice el maestro Barbeito que los olivos de Jaén son un ejército en plena formación y presentan armas enhiestas a los viajeros que se adentran por Despeñaperros. Vienen desde las llanuras de lo que antaño se llamó Casilla la Nueva; luego, La Mancha por donde anduvo el loco que quería arreglar el mundo, y ahora la cruzan trenes y vehículos con prisa porque siempre vamos tarde.

Por cierto, alguien sabe el nombre del monje que escribió aquel primer castellano, o el que nos dejó el primer Zéjel. ¿Cómo se llamaba el fenicio que traía en su barco el primer plantón de olivo? A lo mejor, traía el hueso de la aceituna y la sembró. No nos dejaron dicho nada; sus obras si quedaron.

En todo ese conglomerado – vinieron otros y nos aportaron y se mezclaron con los que ya había- y nació un pueblo con sello propio. Tan es así que canta cuando tiene penas, que llora cuando está alegre y donde para “cantar una copla o matar un toro se basta un hombre solo”.

Un poeta andaluz, don Manuel Machado, nos retrató con una precisión asombrosa: “yo soy como las gentes que a mi tierra vinieron / -soy de la raza mora, vieja amiga del sol-, que todo lo ganaron y lo todo lo perdieron. Tengo el alma de nardo del árabe español”.

Aquel andaluz de entonces nacido en el crisol de la fusión de culturas dejó monumentos (algunos perdidos como Medina Azahara, por ejemplo); otros, en pie. Han sorteado vientos, tempestades, guerras, desencuentros y han permanecido con muchos esfuerzos. Ahí sobreviven la Giralda, la Alhambra, la Mezquita de Córdoba, la Alcazaba de Málaga…

Ahora, cuando un tonto dice una tontería, es decir lo que le es propio se entiende que tenemos que respetar la libertad de expresión. Hay por ahí una mente luminosa que dice que nos quiere levantar del sofá. La respeto, expreso la mía: ¡Qué atrevida es la ignorancia”. Bendito Sur sagrado.

 


viernes, 15 de mayo de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Jacarandas en flor

 




Mayo, 15 viernes


Ha publicado mi amiga Manuela una foto de Sevilla en primavera. El Giraldillo, desde su altura, se asoma a ver la ciudad a la que tiene a sus pies todos los días y todas las noches del año …

Vaya por delante que Sevilla ofrece belleza en cualquier estación del año. A mí me lo parece, y cada vez que, por algún motivo me he acercado a ella nunca me ha defraudado, ni en las personas que me han acogido, ni en el arte encerrado en sus iglesias y museos, ni en las sombras de sus calles, ni en el frío del invierno o el calor de sus veranos. Siempre, siempre han sido generosos en abundancia.

El Giraldillo, en esa foto de jacarandas en flor, se asoma como quien se empina solo lo justo para decir que, siempre, en el corazón de las personas que admiran la belleza – y no esos bodrios, ruptura de paisajes, empeñados en poner feos los cielos de algunas ciudades - estará él para dar acogida a los que vienen de lejos.

 Ahora tengo una duda. ¿Cuál es la flor de Sevilla en primavera?, ¿ la lila del árbol que, por el camino de la mar océana, vino desde tierras lejanas en la América del Sur o el de las rosas de los Reales Alcázares? A lo mejor,  las dos preguntas pueden tener cabida y aceptar que son ambas...

El Giraldillo ve también al ‘pasmo de Triana’. Junto al puente ve pasar los días para engrandecimiento del barrio que fue alfarero y Cava de los Gitanos, y ve el puente cada Viernes Santo cuando el Cachorro agonizante lo hace pequeño, extremadamente pequeño…

A sus pies, Santa Cruz, ya no es ni judería ni barrio de embrujo por el que paseaba don Juan Tenorio (“los muertos que vos matáis gozan de buena salud, don Juan”) y daba en una de las mesas del Laurel para rendir cuentas con don Luis…

 Ahora, (“¡Ay, Barrio de Santa Cruz! ¡Ay, plaza de Doña Elvira…”),  es Leyenda de amores de sueños que pasaron a lo imposible, porque la vida está hecha de imposibles que, a veces, un día cualquiera, se fueron por el revolver de una esquina.

Ve el Giraldillo que el Arenal, ya no es el Arenal, ni por allí se las andan Rinconete y Cortadillo, ni están los pillos sentados en los escalones de la Catedral, ni Cervantes en la cárcel del Rey. Ve, eso sí, la belleza de un río que trajo riquezas. No las supieron aprovechar los hombres, ni el Rey quiso hacer a la ciudad Capital del España. Mientras tanto, cuando ya ha pasado tanto tiempo, él, cada primavera, se asoma tras las copas moradas de los jacarandas…

jueves, 14 de mayo de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Jardín de la Concepción

 

Jardín de la Concepción. Málaga

Mayo, 14 jueves.

 

Conforme se enfila la autovía de las Pedrizas, a la salida de Málaga, hacia el interior, al poco de pasar el nudo de carreteras que desvía el tráfico para la ciudad o para la costa, en sus dos versiones, ahí está el jardín que va caballo entre la belleza y el ensueño.

¿Qué por qué está ahí? Como todo en la vida tuvo un principio. Junto al Camino de Casabermeja, vivía en el siglo XIX Manuel Agustín Heredia; los terrenos de enfrente estaban vacíos. Se los regaló a su hija, Amalia Heredia Livermore, casada con Jorge Loring Oyarzábal. En 1855 comenzaron a formar el más bello jardín de Málaga. Los expertos dicen que también de Europa...

 

         


Cantidad de especies vegetales traídas por los capitanes de los barcos de la flota de Heredia que venían de América, de Asia y África, conocedores de la afición a las plantas de las propietarias, su madre Isabel Livermore y ella, les obsequiaban con plantas y semillas como regalos especiales y únicos.

En la finca de enfrente, en la que hoy conocemos como San José vivían sus padres. Allí estaba la nodriza que surtía de belleza a los dos jardines. Posteriormente lo hizo con otros de la capital y sus aledaños. La muestra más notoria el parque de Málaga al que muchos aficionados lo llaman, Jardín Botánico…

 


El catálogo de plantas tiene censadas más de cinco mil quinientas especies (tampoco es cuestión de contarlas); más de cien de palmeras, glicinias trepadoras, dragos, ficus, magnolios, bambúes, coníferas, plantas medicinales….

El jardín tiene la belleza propia de las cuatro estaciones del año. En primavera es la eclosión de la vida. Cientos de pajarillos anidan en su frondosidad. Rodeado de silencio y embrujo, mientras se pasea por sus caminos es algo de ensueño.

El otoño pone la sinfonía de oro viejo en las hojas de los plátanos orientales. Las bambolea el viento, caen despacio, sin prisa; alfombra el suelo de la manera como solo lo saben hacen estos árboles y desnudos reciben el invierno que les llega poco a poco…

 


Las cascadas de agua y los estanques dan frescor en verano. El senador cubierto de glicinias pone un punto diferenciador. Se sabe que allí, bajo ellas, se escribieron páginas de la Historia Económica y Política de España. La temperatura interior por todo el jardín pone una nota diferenciadora. Propicia una acogida placentera y uno deja pasar el tiempo sin prisa, solo con ese sentir interior que le hace saber que está en un lugar especial creado por el hombre, el único ser de la Creación “a semejanza de Dios”.

- Pepe ¿Cómo está aquí, me dice Santiago, este paraíso?

- Ya ves, cosas que pasan…