viernes, 30 de octubre de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Carne de membrillo

 

 

Octubre, 30 viernes

 

         Tenía el perol dos asas macizas para asirlo con seguridad, un interior reluciente limpiado a base de estropajo, nerisca y limón y las abolladuras que da el paso del tiempo. Sobre un rescoldo de leña que ya no tenía llamas, unas trébedes le daban soporte. Y, mientras, el gachero de caña daba vueltas y vueltas, para tener el almíbar a punto.

Goloso el niño, siempre se quemaba porque para ver si el azúcar estaba a punto se hacía que chorrease, como un oro líquido y limpio. Naturalmente, antes había que esperar a que se enfriase algo, pero la espera no tenía hartura…

Sobre el perol, con cuidado, se vaciaba aquella masa de membrillos cocidos previamente, en una olla de porcelana, y tapados con un trapo blanco que no dejaba pasar el vapor de la cocción. El pasapuré lo hacía pasta y al perol…

Por el cielo azul del corral, porque la candela se hacía en el corral, se columbraban las nubes algodonosas y blancas; en el caballete, distantes, pero tendidos para evitar cansancio, los gatos veían toda la operación.

Poca pesca para los gatos en eso de hacer carne de membrillo, pero como los gatos son tan curiosos como los niños… No querían perder puntada. Tiene el campo sus calendarios propios: cuando el otoño baja a tierra los pámpanos de la parra, a modo de hojas atabacadas, se hace la carne de membrillo y las empanadillas rellenas de polvo de batata o de cabello de ángel.

Y vendrán, después, -antes de que lleguen los dulces de Navidad- pestiños y castañas asadas, y pasas en aguardiente, y calabazate y mermeladas con las últimas ciruelas y, el recuerdo de un tiempo que fue pero que ya no es.

Es tiempo de recogerse temprano, es escuchar al autillo que mira con sorpresa a la luna que ya está mengunte y de ver cómo se vienen los pájaros de los secanos buscando cobijo en las ramas más bajeras de los árboles y de pensar –aunque este año no lo haya sido- que son noches de humedad y aire que mea las ramas y… de carne de membrillo.

Mi vecino Cristóbal ha sembrado un ciento de cebollas, varias docenas de lechugas, algunas coliflores y brócolis; yo, este año, me parece que voy a dejar pasar las fechas del huerto…

jueves, 29 de octubre de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora.

 


Octubre, 19 jueves.

 

Ha escrito, Juan García, Historia, vida y costumbres de un pueblo. O lo que es lo mismo, dentro del gran racimo que es la Historia de España, una uva con sabor y presencia propia, su pueblo, Álora.

 Es, también, una parte de su vida, no solo por las fotografías que lo ilustran, sino por el acopio de textos.  Ha dejado la impronta de quien ha andado muchos caminos por las páginas de otros libros para hacerlas suyas y expresarlas como su buen saber y entender le ha indicado. Las ha dejado aquí para gozo del lector que husmeará por ellas y como el agua del manantial quitará la sed a quien se acerque a beberla.

Juan García es un hombre hecho, como el hierro forjado, a través de una lucha continua para superar las etapas que la vida le marcó. Nació en Álora, en 1940. Tiempos duros, donde no siempre triunfó la Justicia, difíciles donde España estaba vestida de negro por mor del desencuentro de todos. “Lo peor que puede pasar, me dijo, una mañana calurosa de verano, es un enfrentamiento entre hermanos”.

Madrid, Tenerife, Campo de Gibraltar… sus puntos de Servicio dentro del Ejército Español; los libros el camino de formación; su entrega, lo llevó a la satisfacción que se tiene cuando se lucha consigo mismo y se sirve a su Patria y a los demás. ¿Cabe más honor? Sí, el de la humanidad desbordada. Juan es, además, el hombre bueno que ayuda al muchacho que llega desorientado…

Juan ha husmeado, con ojo avizor, en la Historia con mayúsculas de su pueblo. Hace un repaso por todos los que nos dejaron parte de su esencia y sus huellas. Fenicios, griegos, romanos, visigodos, árabes…Todos; un compendio de fechas, de aportaciones muy personales como es el caso del artillero, Francisco Ramírez, “Francisco de Madrid”, nombre con el que firmaba, un personaje que participó en la toma de Álora, con el Ejército de los Reyes Católicos. Personajes que aportaron mucho a nuestra historia, parte de ella desconocida, de no ser por la obra de Juan García.

No se queda ahí. Profundiza en el folclore, en nuestro arte, en la gastronomía, en los cultivos tan nuestros como el almendro, el algarrobo o el campo desbordado que se entrega ante quien ama a su tierra. Es el caso de este hombre que hoy descubrimos como alguien que tiene mucho que aportar.

Es la obra de un hombre que pone un broche excelso a una vida llena. Decía don Miguel de Unamuno que él no quería un hombre que hablase como un libro sino un libro que hablase como un hombre. Prosa precisa, clara, diáfana. La editorial Anáfora, de Málaga, ha ofrecido un trabajo primoroso. Disfrútenla. Es la obra de Juan García… Ah, solo el primero, de otros que vendrán. Seguro.

miércoles, 28 de octubre de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La Dama esperaba junto a la vía

 

               Castillo de Guadalerzas. Montes de Toledo, muy cerda de Urda y de la Vía del AVE


Octubre, 28 miércoles


La megafonía de la estación de Atocha anuncia salidas de trenes de manera continuada. Tren a Gijón con parada en Valladolid- Campo Grande; otro, a Barcelona-Sants con parada en Zaragoza-Delicias y Camp de Tarragona; y, a Valencia-Joaquín Sorolla; el de Alicante, tiene paradas en Cuenca- Fernández Flórez y Albacete-Los Llanos; a Sevilla-Santa Justa. Ave a Málaga-María Zambrano…

A muy primera hora, el tren Sevilla-Santa Justa arranca con sigilo. Al poco otro, con otro nombre al mismo destino. Ya no huelen las estaciones a trenes antiguos ni hay humo, ni a carbón. No se oyen aquellos pitidos agudos, del jefe de Estación que, con el silbato, daba la orden de marcha y respondía el maquinista… Maraña de vías; se entrecruzan. Se cruza con otros trenes. La ciudad se pierde y queda atrás.

El día, a estas horas, está fresco. Se condensa el humo de las calefacciones en el aire frío. Sale el tren a campo abierto. En la lejanía, restaurado, sobresale la piedra limpia del Sagrado Corazón en el Cerro de los Ángeles. Más adelante, se recorta el castillo de Consuegra. Por la Sagra, el Tajo, es un río de medio pelo y, en el horizonte, a la derecha, Toledo, la ciudad de siempre.

Entra en la comarca de los Yébenes. Se dibujan a un lado los Montes de Toledo; al otro, la llanura inmensa, casi sin fin. Es La Mancha. Unos kilómetros, más adelante, ya verdea el campo. Ha nacido la yerba nueva con las primeras lluvias del otoño…Romero, jara, tomillo; encinas dispersas, como supervivientes de otro tiempo, en la orilla del camino. Hay también algunas encinas dispersas; plantaciones nuevas de pistachos; almendros; olivos. El catillo desmochado de Guadalerzas; Urda…

La Dama madrugó. Estaba sentada al borde de un raíl junto a la vía. Ella se lo dijo a Rabindranath Tagore hace muchos años; hoy, a los viajeros de dos trenes – algunos no la han podido escuchar -  que habían salido de Madrid cuando apuntaba el día: "La muerte no es apagar la luz; solo es apagar la lámpara porque ha llegado el amanecer.

Descansad, en la misericordia de Dios, en Paz.

PD. Para los que se quedan aquí. Justicia, Señor, Justicia.