DESDE EL LUGAR
Lectores de José Morales García
lunes, 3 de agosto de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. San Juan de Baños
San Juan de Baños. El sol de la mañana formaba un aura sobre su espadaña
Agosto 3, lunes
Hace rato que el sol está unos palmos por encima de las tierras del Cerrato. Está segado el cereal. Palencia, al alcance de la mano; el cielo limpio de nubes, azul… Se pierde la vista en la llanura; en el horizonte, cerros de poca altura a los que la comarca debe su nombre. No lejos de allí confluyen, los ríos Carrión y Pisuerga. Costó llegar hasta la iglesia. Demasiadas revueltas. Se echa en falta algún cartel indicador con más precisión.
Al llegar se siente la sensación de
estar ante algo tan único como tener delante de sí la iglesia más antigua de
España. Esos bloques de piedra soportan más de mil años de Historia. Está
documentado.
En la época visigótica debió existir en este entorno un monasterio dúplice: las monjas en san Isidoro (las ‘domnas’ que dieron nombre al pueblo de Dueñas) y los monjes, tal vez, en san Juan de Baños, a tres o cuatro kilómetros, bajo la titularidad de san Martín de Tours.
San Juan de Baños se levantó el año 661 por el rey visigodo Recesvinto. Cogobernó, al principio con su padre, Chisdanvinto y, luego, en solitario. Promulgó el Liber Iudiciorum (Fuero Juzgo) en 654. Unificaba las leyes para hispanorromanos y godos y persiguió sin piedad a los judíos.
El rey venía de luchar contra los vascones, - “de casta le viene al galgo” -que, unidos a sus hermanos del otro lado, de Aquitania, al mando de Froya cercaron Zaragoza donde fueron derrotados por el visigodo.
El rey padecía males renales. Acudió a
una fuente dedicada al dios romano, Esculapio. La creencia era que curaba los
males del riñón y Recesvinto al sentirse curado y libre de dolores, lo atribuyó
a un milagro. Decidió levantar una basílica en honor de san Juan Bautista, en
acción de gracias.
Fuente ‘milagrosa' que dio origen a San Juan de Baños (Palencia
Cerca de la fuente se encontró “el ara
de las ninfas” con una dedicación votiva. Igual que la corona del rey, una de
las más preciosas joyas visigodas que han llegado hasta nuestros días, se
custodian en el Museo Arqueológico Nacional de España, en Madrid.
La iglesia es de planta basilical con tres naves y tres ábsides. A lo largo de la historia ha experimentado trasformaciones y añadidos. Eso ha conllevado a la trasformación, parcial, de su trazado original.
Sufrió ataque de los musulmanes. Posteriormente acogió a monjes provenientes de Córdoba. Las monjas, desaparecieron. Sufrió el pillaje y la profanación durante la invasión francesa. La cosa no quedó ahí, ahora la fuente está protegida por una verja de hierro para evitar a los españolitos de hoy…. cosas que pasan.
La
basílica, en un prado cercado por un pequeño muro, otea vientos y temporales.
En los olmos cercanos cantan los pajarillos y en la hierba que la circundan
picotean lo gorriones. Uno tiene la sensación de que, en contraposición con su
pequeñez, está ante algo muy grande.
Corona
votiva del rey Recesvinto. Museo Arqueológico Nacional de España (Madrid)
domingo, 2 de agosto de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Kant no está de moda
Agosto,
3 domingo
España, física y moralmente, arde sin misericordia. Hoy toca en Ceuta y Extremadura. España, una parte de España se
nos va. Se nos fue, se nos está yendo. Paisajes que algunos no volveremos a ver
nunca más porque nuestra vida no será lo suficientemente larga como para poder
ver ese cambio soñado que no va a llegar.
El
filósofo alemán Kant decía que el sabio suele cambiar de opinión, el necio
nunca. Estos días asistimos a dogmatismos que ríanse de la terquedad de aquella
inquisición de otro tiempo. Me asombro cuando veo como hay gente que opina de
todo. No sabía yo que teníamos tanta gente sabia en puestos de responsabilidad ni esa pléyade de ingenieros forestales ocultos en
la oscuridad del anonimato. Salen como los espárragos después de una temporada
de lluvia. Naturalmente sus títulos de Ciencias Políticas y de Ingeniero de Montes es equivalente al mío
de maquinista de barco. Nulo; inexistente.
Opinan,
dogmatizan. Culpan a otros y todos saben lo que hay que hacer. Me flota una
pregunta en el aire. ¿Y por qué no se ha hecho? Ahora, me temo, que ya todo
esto es irreversible. No se puede volver el río a la cumbre de la montaña. Esta
situación – otra, como Ceuta, también – se nos han ido de la mano.
La
sucesión de noticias es de tal voracidad que, lo ocurrido esta mañana, parece
antiquísimo y a pesar de que la luna vuelve cada veintiocho días, todo,
absolutamente todo, es viejo. Hay algo peor. Estamos crispados. Saltamos como
esas chispas que prenden el campo seco y el bosque abandonado, como ese odio
ancestral oculto. Hay demasiada intolerancia; hay, también, demasiado estómago
agradecido pregonando su doctrina y vendiendo la consigna de culpar a otros a
los que se les pone incluso nombre: mafias. Hay demasiado mediocre ocupando
puestos de responsabilidad. Piensen en el señor de uniforme diplomático, que
ocupa un Ministerio fundamental.
Tengo
recorrido desde Plasencia hasta el nacimiento del Tiétar. Me son familiares, también, los nombres de
los países de la gente que huye del hambre y de esos pueblos achicharrados y lo
que era – desgraciadamente, ‘era’- parte de su paisaje. Ojalá, a quien o a
quienes corresponda sean conscientes de la situación y si no, que el demonio
los haga arder en ese fuego que no se apaga nunca. Por los clavos de Cristo.
Hagan caso a Kant: “el sabio, rectifica…”
sábado, 1 de agosto de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Un faro en tierra de Campos
Ampudia
UN
FARO EN LA TIERRA DE CAMPOS
Agosto,
1 sábado
Es media mañana. Dejo, después de albergar una impresión de
reverencia, admiración y sobrecogimiento, San Juan de Baños. Por Dueñas, a un
lado de la carretera, la Cartuja. Recuerdo a Fray María Rafael. Sus salidas y
entradas en la trapa. Su camino a la santidad…
¡Cómo pudo ser
Castilla tan grande en santos, en tierras, en monumentalidad, en hazañas al otro
lado de los mares! La respuesta me viene
con un gozo sentido por dentro. Nosotros, hijos de Castilla, en muchas cosas,
también, la metemos en la alforja de pueblos que forjaron Andalucía.
Un puñado de palomas picotea en el rastrojo; No está lejos el palomar. Es un edificio redondo, inconfundible. En la parte superior unas ventanas pequeñas se abren al campo; está casi derruido. Lo ha castigado el tiempo. Tampoco hay muchos hombres que valoren ya la palomina ni la importancia económica que en otro tiempo tuvieron los palomares.
Monasterio
de Alconada
Junto a la carretera, el Santuario de Alconada. Sigo camino; un poco más adelante, la torre monumental de San Miguel corta las pocas brisas que mueven los rastrojos. Sobresale a un templo, magnífico. Otro. Castilla, llena de templos y pueblos sin gente Le saca tres o cuatro cuerpos a los tejados de las casas. Una polvareda de tierra delata al tractor que va por la planicie.
Calle de Ampudia
Ampudia es un pueblo como todos los pueblos de Castilla de
color ocre. Sobresale también, sobre un
cerro de poca altura, el castillo. Sus calles, con soportales. Voy de paso.
Llego a Ampudia para saludar a una amiga.
Contemplo,
miro, me empapo de un horizonte entrecortado por oteros, algunas choperas en
las orillas del río Carrión cercano ya a entregarse al Pisuerga. Están segados
los trigos. El hombre castellano trabaja su tierra.
Me acerco al Museo, pregunto por Ascen. Me atiende un
hombre joven, muy amable, muy atento. Él, también sabe de mi llegada. Me dice
que hay un mal entendido, que ella me esperaba ayer tarde. Hace gestiones por
teléfono y al rato aparece, con paso firme, enhiesta como una espiga de trigo
de la Tierra de Campos, Ascen… Nos saludamos. Le pregunto por Begoña, me dice
que se habría alegrado mucho de estar…
Hablamos
muy poco, solo lo que da el tiempo del saludo y cuatro palabras más, todas muy
bonitas. Me dice de su alegría del reencuentro, le correspondo. Le digo que
tengo que seguir camino. Ante mí solo me restan cien kilómetros para llegar a
Aguilar de Campoo…
Castillo
de Ampudia