domingo, 23 de agosto de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La Virgen de Flores vetebra el reencuentro de Álora y Encinasola

 






                               

                                  Foto. José Carlos Torres

 

Agosto 23, domingo


Los pueblos de Encinasola y Álora, lejanos en la distancia; muy cercanos en el afecto, han vivido un fin de semana pletórico de actos reforzando, aún más si es posible, los lazos de afecto y hermanamiento entre ambos.

Un numeroso grupo de “marochos” se desplazaron a Álora. Arroparon a Juan Carlos Luna, pregonero del la Virgen de Flores, “perota”, devoción donada por los hijos de allí cuando en 1484 acompañaron a las tropas de los Reyes Católicos en la Guerra contra el reino nazarí.

La imagen, según tradición oral, fue donada por la Reina Isabel en los Reales Alcázares de Sevilla en 1502 y, desde entonces está entronizada en el Santuario de Flores. Un mosaico, obra de María Rengel inaugurado en la explanada del convento – otro idéntico – está en Encinasola, rememora el momento.

Un pitero, con tamboril y flauta dulce, abrió la comitiva a la entrada de la Encarnación cuando llegó la comitiva compuesta por los alcaldes de Álora, Francisco Martínez  y la Alcaldesa de Encinasola Dolores Benjumea; párrocos de Alora, Felipe G. Gallego y Diego Pérez de Encinasola que concelebraron la Eucaristía; hermanos mayores de Álora y Encinasola.

El pregonero, habló con voz quebrada, a veces, y con el corazón.  Emotivo, con pespuntes históricos, descriptivo del paisaje, que “desde la Flores de la Ribera venía al pie del Guadalhorce.

Derramó el cariño de quien quiere mucho a su Virgen de Flores desde pequeño inculcado por sus padres, también, presentes en el acto en la parroquia de la Encarnación. Intervino una pareja de la comitiva y la Panda de Verdiales, "el Capitán".

A la mañana siguiente, la Virgen de Flores de Álora fue bajada desde su Santuario al pueblo. Apuntaba el sol por los Lagares. Palabras de Felipe G. Gallego, párroco de Álora que se despide de su misión pastoral y marcha a Roma a completar estudios. Descorrió la cortina de inauguración.

El maestro Barbeito nos dona, sin él saberlo, el cuadro más hermoso para acompañar a la Virgen: “El amanecer de agosto no es verano; es un regalo, un auxilio; ese frescor de la mañana temprano es paño de Verónica en la cara quemada del verano que viene de atravesar hogueras invisibles desde que mayo se quiso hacer canícula y restrellaba látigos canallas con rabizas de fuego”.

Comitiva en marcha. Celebración eucarística de despedida; recuerdos preceptivos. Mucha emoción contenida, comidas de fraternidad y votos para continuar con los encuentros.

Ahora, cuando los viajeros retornan e irán cruzando los campos de esta Andalucía nuestra, y la tarde se nos va, cabe agregar, que uno echó en falta a personas a las que quiere y que, por imponderables, en esta ocasión, estuvieron presentes… en el recuerdo.

 

                              
Felipe G. Gasco, Diego Pérez. Dos hombres de servicio a la Iglesia. Dios cruzó sus caminos; ahora, los vuelve a separar…Seguro que, “hasta luego”.

sábado, 22 de agosto de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Llanto sobre llanto

 




Agosto, 22 sábado

 

Atraviesa la agricultura española momentos duros en los costes de producción, en la competencia con otros países y bajo el peso yugo de la propia administración española.

Cuando entramos en la Comunidad Europea llegó un aire fresco al campo. Duró poco, primero afectó a la ganadería, luego a la propia estabilidad del agricultor. Se empezó a “pagar por no producir”. Eso es de locos. Media humidad pasa hambre y los países ricos pagan para que se abandone los cultivos.

El mal del campo por una u otra causa viene de largo. En 1795 Gaspar Melchor de Jovellanos, (al que por cierto tuvieron preso en el castillo de Bellver en Palma de Mallorca) uno de los españoles con vergüenza, intentó una reforma agraria y en su Memoria al informe lo deja claro.

En la época romana durante doscientos años, que pudo ser un período de progreso, no lo fue. Los males vinieron de continuas y sangrientas guerras. En la paz de Augusto “no pudo gozar el cultivo en España ni de estabilidad ni de gran progreso”. Empleo de esclavos en su dirección y cultivo, abandono, ignorancia….

Después de aquel tiempo, la cosa de mal en peor. Vicios, desalientos. Cuanto más fértil más “vexada que otras por tasas, exacciones a trigos y levas de gentes que los Pretores hacían para completar ejércitos y abastecer a la capital".

Con los visigodos, de mal en peor. No eran agricultores y sí ganaderos herederos del clima del que venían. Abandonaban el campo. “Tan floxos estos bárbaros y tan perezosos  como diligentes en la guerra". Anteponían la cría de ganados.

Hasta la conquista de Toledo la agricultura era de la España septentrional. Las llanuras de León y Castilla se veían amenazadas por las razias sarracenas. Incendios de campos, destrucción. Se tenían que refugiar en los castillos; el campo durante meses, abandonado.

Las grandes conquistas del Valle de Guadalquivir se vieron ensombrecidas en guerras internas de unos contra otros, vergonzosas divisiones, privanzas y tutorías… ¿Cuál pudo ser la suerte de la agricultura hasta finales del siglo XV?

La toma del reino nazarí y las conquistas de América; expulsión de los moriscos, despoblamiento de gente que iban de un sitio para llenar otras tierras… todos eso llevó a cabo a una situación de pobreza extrema. Al campo le atacaban las guerras, la nobleza a veces, era una de las manos de los gobernantes, la iglesia…  Todo llevaba al desaliento. Ah, la reforma, como casi todas las emprendidas no prosperó, no por deficiencia en ella sino por los de siempre. Ustedes me entienden.

 

viernes, 21 de agosto de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Y yo estaba allí.



                Foto. Ignacio Sánchez Morales

 

Agosto, 21 viernes

 

    “Madrid, Madrid, Madrid…” Madrid huele a verbena de verano, a chotis de Agustín Lara, ‘a rompeolas de las Españas”, de don Antonio Machado; a verbena de barrio castizo y kilómetro cero donde la gente busca una foto de recuerdo.

    Madrid huele a calor de segunda quincena de agosto; a sofoco de noches largas, tan largas que cuando llega el poco fresco de la madrugada uno lo agradece por la espera y por el placer que siente cuando llega…

    Madrid huelo, también, a verde en los plátanos de sus calles. Ya alfombran de marrón con hojas  color tabaco, antes de tiempo, porque se hartaron de las alturas y decidieron venirse al suelo de sus aceras.

    A acacias en la Castellana, a frondosidad en el Retiro, en Recoletos, en Velázquez; a sombras en las calles de prunos en sus orillas, de castaños en los parques, en las medianas, en cualquier lugar donde pueda vivir un árbol; él y el viandante que lo agradece.

    Madrid, sigue, con afán, la búsqueda del tesoro. ¡Qué bien lo escondieron! Siguen y siguen en el empeño. Y no lo encuentran. ¿Dónde lo meterían?

    Esta medio Madrid patas arriba; el otro medio, en la espera. Han levantado el parque subtropical de Atocha y los accesos a los embarques de la primera planta por donde nos vamos los que tenemos que regresar.

    Lo buscan en la Puerta de Alcalá. Han sacado a oreo, su jardincillo circular y parte de la calzada hasta la diosa Cibeles que la han ocultado con lonas para que nadie la vea sin agua sobre su fuente.

    Se las andan por la estación de metro de Ciudad Lineal y por la Avenida de Barcelona, con media acera tapada con vallas metálica para hacer un túnel. ¿Un túnel a Barcelona? No, no, para aligerar el tránsito por los alrededores de la estación. Ah, ya. Barcelona está igual de lejos, aunque hay quien se empeña a llevársela más lejos…

    Madrid huele a españoles de América por la Gran Vía, a retraso de trenes, a gentes por sus calles. ¡Ay, ministro, que me tenga que acordar de usted...! Ya, ya verás, decían con sorna mis compañeros de AVE, después de salir veinte minutos tarde y con dos paradas… como en La Sagra se vuelve a parar. ¡Y se paró!

    A mi me vino bien. Me dio la foto para ilustrar con el atardecer el artículo de hoy y saber que Dios, como cada día,  estaba allí; Madrid, en su sitio y que España llega más lejos, mucho más lejos del Puente de Vallecas.