DESDE EL LUGAR
Lectores de José Morales García
sábado, 22 de agosto de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Llanto sobre llanto
Agosto,
22 sábado
Atraviesa
la agricultura española momentos duros en los costes de producción, en la
competencia con otros países y bajo el peso yugo de la propia administración española.
Cuando
entramos en la Comunidad Europea llegó un aire fresco al campo. Duró poco,
primero afectó a la ganadería, luego a la propia estabilidad del agricultor. Se
empezó a “pagar por no producir”. Eso es de locos. Media humidad pasa hambre y
los países ricos pagan para que se abandone los cultivos.
El
mal del campo por una u otra causa viene de largo. En 1795 Gaspar Melchor de
Jovellanos, (al que por cierto tuvieron preso en el castillo de Bellver en
Palma de Mallorca) uno de los españoles con vergüenza, intentó una reforma agraria y en su Memoria al informe lo deja claro.
En
la época romana durante doscientos años, que pudo ser un período de progreso,
no lo fue. Los males vinieron de continuas y sangrientas guerras. En la paz de
Augusto “no pudo gozar el cultivo en España ni de estabilidad ni de gran
progreso”. Empleo de esclavos en su dirección y cultivo, abandono, ignorancia….
Después
de aquel tiempo, la cosa de mal en peor. Vicios, desalientos. Cuanto más fértil
más “vexada que otras por tasas, exacciones a trigos y levas de gentes que los
Pretores hacían para completar ejércitos y abastecer a la capital".
Con
los visigodos, de mal en peor. No eran agricultores y sí ganaderos herederos
del clima del que venían. Abandonaban el campo. “Tan floxos estos bárbaros y
tan perezosos como diligentes en la
guerra". Anteponían la cría de ganados.
Hasta
la conquista de Toledo la agricultura era de la España septentrional. Las
llanuras de León y Castilla se veían amenazadas por las razias sarracenas.
Incendios de campos, destrucción. Se tenían que refugiar en los castillos; el
campo durante meses, abandonado.
Las
grandes conquistas del Valle de Guadalquivir se vieron ensombrecidas en guerras
internas de unos contra otros, vergonzosas divisiones, privanzas y tutorías…
¿Cuál pudo ser la suerte de la agricultura hasta finales del siglo XV?
La
toma del reino nazarí y las conquistas de América; expulsión de los moriscos,
despoblamiento de gente que iban de un sitio para llenar otras tierras… todos
eso llevó a cabo a una situación de pobreza extrema. Al campo le atacaban las
guerras, la nobleza a veces, era una de las manos de los gobernantes, la
iglesia… Todo llevaba al desaliento. Ah,
la reforma, como casi todas las emprendidas no prosperó, no por deficiencia en
ella sino por los de siempre. Ustedes me entienden.
viernes, 21 de agosto de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Y yo estaba allí.
Foto. Ignacio Sánchez Morales
Agosto,
21 viernes
“Madrid,
Madrid, Madrid…” Madrid huele a verbena de verano, a chotis de Agustín Lara, ‘a
rompeolas de las Españas”, de don Antonio Machado; a verbena de barrio castizo y kilómetro cero donde la gente busca una foto de recuerdo.
Madrid
huele a calor de segunda quincena de agosto; a sofoco de noches largas, tan largas
que cuando llega el poco fresco de la madrugada uno lo agradece por la espera y
por el placer que siente cuando llega…
Madrid huelo,
también, a verde en los plátanos de sus calles. Ya alfombran de marrón con
hojas color tabaco, antes de tiempo, porque se hartaron de las alturas y decidieron
venirse al suelo de sus aceras.
A
acacias en la Castellana, a frondosidad en el Retiro, en Recoletos, en Velázquez;
a sombras en las calles de prunos en sus orillas, de castaños en los parques,
en las medianas, en cualquier lugar donde pueda vivir un árbol; él y el viandante
que lo agradece.
Madrid,
sigue, con afán, la búsqueda del tesoro. ¡Qué bien lo escondieron! Siguen y siguen en el empeño. Y no lo encuentran. ¿Dónde lo meterían?
Esta
medio Madrid patas arriba; el otro medio, en la espera. Han levantado el parque
subtropical de Atocha y los accesos a los embarques de la primera planta por donde
nos vamos los que tenemos que regresar.
Lo buscan
en la Puerta de Alcalá. Han sacado a oreo, su jardincillo circular y parte de
la calzada hasta la diosa Cibeles que la han ocultado con lonas para que nadie
la vea sin agua sobre su fuente.
Se las
andan por la estación de metro de Ciudad Lineal y por la Avenida de Barcelona, con
media acera tapada con vallas metálica para hacer un túnel. ¿Un túnel a Barcelona?
No, no, para aligerar el tránsito por los alrededores de la estación. Ah, ya.
Barcelona está igual de lejos, aunque hay quien se empeña a llevársela más lejos…
Madrid huele a
españoles de América por la Gran Vía, a retraso de trenes, a gentes por sus
calles. ¡Ay, ministro, que me tenga que acordar de usted...! Ya, ya verás, decían
con sorna mis compañeros de AVE, después de salir veinte minutos tarde y con
dos paradas… como en La Sagra se vuelve a parar. ¡Y se paró!
A mi me vino
bien. Me dio la foto para ilustrar con el atardecer el artículo de hoy y saber
que Dios, como cada día, estaba allí; Madrid, en su sitio y que España llega más lejos, mucho más lejos del
Puente de Vallecas.
lunes, 17 de agosto de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Álora, conocerla para amarla
Pago rural de Los Llanos
Agosto, 17 lunes
El Pago rural de los Llanos está dedicado al monocultivo de cítricos. Extenso, con un paisaje para pasearlo, disfrutarlo, y luego, si se quiere se pueden contar al que guste saber de estas cosas.
El mejor lugar para empaparse de su panorámica está en el Santuario de Flores. Si se quiere se tiene una visión más amplia, también más distante, desde las cumbres de El Hacho o los Cerrajones, por el oeste. Las Lomas de Virote, a sol naciente. Por el norte, al pie de la Sierra de Abdalajís, que corta los vientos fríos del invierno, desde las Angosturas. Son tres de los cuatro puntos cardinales: por el sur, la mejor, desde el Cerro Pelado. Hay otra manera de conocerlo: andando sus caminos.
El arroyo de Paredones, por el norte, fue el
límite de la Dehesa de la Villa cuando el repartimiento de los Reyes Católicos
en 1.484. Viene desde Sierra Aguas en su vertiente oriental. El río Guadalhorce
pone su límite a sol naciente; al sur con el pago denominado “La Noria” y al
oeste con la carretera que une Álora con las barriadas de Las Mellizas,
Caracuel, Bermejo y El Chorro.
Paredones. Vía convencional, a su paso por Los
Llanos, entre las estaciones de Álora y Las Mellizas
El pago rural está atravesados por el
ferrocarril Málaga-Córdoba, de norte a sur; de oeste a este, por el arroyo
Claverino que en épocas de tormenta otoñales, al encontrar el obstáculo de la
vía férrea origina grandes inundaciones. Ha llegado, en ocasiones, a más de dos metro de altura.
Casi paralelo a la vía transcurre el Guadalhorce. Es el más importante de la provincia de Málaga. Nace en las cercanías del Puerto de los Alazores. Pasa tierras, cuando no por la propia población, de Villanueva del Trabuco, Archidona, Antequera, Campillos (Se remansa en los embalses Guadalhorce-Guadalteba), y recibe al río Turón, Álora, Pizarra, Cártama y Alhaurín de la Torre. Deja sus aguas en el Mar Mediterráneo.
Al ser zona de depresión sufre de altas temperaturas en los meses de estío, mientras que en invierno (enero-febrero) soporta temperaturas muy bajas con incidencias en cultivos, árboles y frutos, que periódicamente se ven afectados por heladas.
En 1969 formaba parte de la circunscripción del Partido Judicial. Zona muy poblada que se comunica por una vía, en sentido norte-sur, con ramificaciones a los diferentes caseríos.
El libro de Amillaramiento, Riqueza Rústica,
recoge que Leonardo Navarro Pérez posee una huerta en dicho partido, según
escritura pública otorgada en 28 de febrero de 1897.
Fte. José Morales. Álora. Diccionario del paisaje… y algo más.
(Inédito) 2025