domingo, 28 de junio de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora.Nuestra cruz de cada día...

 

El Hacho; a sus pies, Alora.

 

Junio, 28 domingo.

 

No, no es la que usted está pensando. No. Es 'otra'. Tiene, también, su bellaza, pero distinta. Todavía está calentita la visita del Papa León XIV a España. Ha dejado una estela de mensajes. Hacen pensar. Lo ha dicho todo muy clarito. En la Sagrada Familia, de Barcelona, bendijo algo que aún no se había finalizado cuando estuvo por allí, el Papa Benedicto. Y, entre otras cosas, proclamó: “La cruz fue diseñada para reflejar la luz del sol durante el día y brillar como un faro de noche”.

Muchos años antes, en esta tierra nuestra, ya se tenía sentido de lo sagrado. En tiempos de los visigodos debió vivir por aquí una población de campesinos y gente que manejaba el ganado.  El obispo y monje Martín de Dumio los llama ‘rustici’. El concilio del año 653, los cataloga como ‘plebe rustica’. Están más cercano al mundo del esclavo o del siervo que al del hombre libre.

 No hay que descartar tampoco a los que, apartados de las orillas del río, optaron por las montañas como lugar más seguro (caza y alimento a modo de frutos secos: bellotas) de vida y subsistencia. Buscan la coronación de montes o cerros - fácil defensa y difícil acceso - y, probablemente enclavan el habitat en el entorno de alguna ermita o lugar sagrado con el apócope cristiano de  “sanct”.  Me viene a la mente el  cerro de Sancti Petri en el camino de Álora a Almogía.

Ortiz Lozano cita a Medina Conde.  Dice: “el despoblado del castillo de Sancti Petri (…) lo era de un lugar existente en 1480: habiendo una tradición de la existencia allí de un monasterio en tiempos de los godos”.

 No hay que descartar, tampoco, como una costumbre venida de la época la tradición de coronar un monte con la cruz.  El Hach lo está, y según el citado Martín de Dumio, en el 570 hace una llamada a la corrección (De correctione rusticorum) de los campesinos. Afirma que son muchos los espíritus malignos que habitan en los mares, ríos, bosques e incluso en los propios hombres “los cuales no saben protegerse con el signo de la cruz”.

Felipe Aranda, - el notario fotográfico de la Álora de nuestros días - recoge en un documento muy explicativo, sin pretenderlo, parte de lo expuesto en este artículo. Tradición y modernidad. En el centro, la Cruz. Desconocemos quién y cuándo la puso. Cuando yo era niño la cruz estaba hecha en madera; ahora, metálica. En el entorno la rodea un enjambre de antenas de comunicación. ¿Cabe mejor conjunción?





sábado, 27 de junio de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La gente de la playa

 



            Playa de la Malagueta. Málaga


Junio, 27 sábado.


La gente, poco a poco, llegaba a la playa desde las primeras horas de la mañana.  Acaba de comenzar el verano; no ha hecho más que irse, vamos que casi va por la esquina del puerto la noche de San Juan. La gente tiene ganas de la playa, de mar azul, de gaviotas de vuelos bajos y olas de nácar.

Se sentaba frente al mar. Llevaban ropa adecuada, o sea poca ropa. Extendían las tollas. Izaban las sombrillas Se desprendía de la ropa de calle. Sacaba de una cesta de palma, toallas de rayas de colores intensos, bronceadores y gafas de sol. Se daba una loción de crema protectora…Algunos, los menos, se han puesto un sombrero en la cabeza.

Algunos, los más madrugadores, han avanzado por el rebaje y han tomado “posesión” de la orilla, lo más cerca posible, del agua; otros, se han conformado, ¡qué remedio!, con la segunda, tercera o cuarta fila. Lo que quedaba.

La orilla sabe de otra manera. Diría que diferente. Vamos, un sabor a sal y olas que se bamboleaban esta mañana a su antojo. La brisa acariciaba los cuerpos; movía acompasadas las ramas de las palmeras; las flores rojas, sensuales de los flamboyas; de las plumarias bancas y rosas; de adelfas multicolores.  Jugaba con ellos como solo lo hacen las brisas caprichosas que se levantan de la mar los días de verano. Lejos de la playa hacía calor. Allí no se sentía.

Cuando el sol subía lento, parsimonioso, sobre la mar, a esa horas en las que aún no ha llegado a su cenit  pero les falta poco, algunas velas se movían sobre el azul. En la lejanía, entre una bruma difusa que no sé es por calor o por ese vaho en que en ocasiones de acunan el mar y el cielo.

Ya han regresado las traíñas que han pasado la noche de pesca. Las barcas venían de la pesca de bajura. Las barcas buscan el amparo del puerto y han pasado de largo por enfrente de la playa. Un enjambre de gaviotas revoloteaba entre el mar y el cielo. A su paso, dejaban una estela de espuma blanca sobre el agua. El motor con su ruido monocorde rompía el graznido de las gaviotas.

Me acompañan unos amigos que ha dejado, por unos días, el calor de Sevilla y se han venido al sur del sur. Esto, me dicen, es una delicia. Esta brisa no tiene igual; aquí no hace calor. ¡Qué suerte tenéis en Málaga! Pues si ellos los dicen…


viernes, 26 de junio de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Belleza Kárstica

 

                                 

 

El Torcal. Antequera (Málaga)

 

Junio, 26 vienes.

 

Si como yo, vas desde el Guadalhorce por Álora y el Valle de Abdalajís, de entrada, te digo que la carretera no es buena. Muchas curvas, estrecha, bien asfaltada, pero si te toca un camión o algún vehículo lento olvídate del tiempo. No podrás adelantarlo.

La naturaleza es generosa. El paisaje bellísimo; te compensa. Subes por la Herriza del Duque, y a la izquierda la Sierra de Abdalajis. Te ofrece su mole karstica. Según la hora, el paisaje cambia. Donde viste una sola sierra, ahora ves un puñado; entre ellas; hondonadas, picachos que sorbresalen y las sombras te hacen pensar en figuras extrañas….

Cuando dejes, a un lado el Valle de Abalajís, a la derecha llevas el arroyo de las Piedras. Nace en los Prados de Eslava, por encima de los Nogales. Es uno de los arroyos tributarios al Guadalhorce y, con las gotas frías de los otoños, sus crecidas, tremendas. Pasado el puerto del Álamo ves, a la derecha, la cara norte de El Torcal.

Del Torcal se ha escrito mucho y bueno. No soy el llamado a contártelo porque otros que saben más y lo hacen mejor ya han ido delante. Si te digo que la belleza te sobrecoge. Esta tarde he acompañado a unos amigos, vienen, exultantes. 

Sube por la carretera que va al nacimiento del río de la Villa y luego por la Boca del Asno. Y lo ves. Si alguna vez nos encontramos en un cruce de caminos, hablamos. Te insisto en que te empapes de cuanto ven, miran, aprehenden o captan tus ojos. 

Cuando te asomes al mirador de las Ventanillas, al fondo,  entre brumas,  Málaga y el mar. Es el mar de fenicios, griegos, cartagineses y romanos. Por ahí vino el comercio, y el arte y el derecho y la lengua en la que nos entendemos más de trescientos millones de parlantes. Más cerca, bajo tus pies, son tierras de secanos. Villanueva de la Concepción. Colinas suaves y caseríos blancos, y el Campanillas y el Guadalmedina que, todavía, no son ríos sino torrenteras arrancadas de largo. 

Como para la parte del este quedan Casabermeja, Colmenar, Comares - pincelada blanca en una cumbre -, Periana, Canillas de Aceituno... 

Al norte, la llanura, y según a donde mires la Sierra de Rute, la Camorra, El Puntal y, si apuras, y está pero que muy limpio el día (esta tarde no lo estaba) las estribaciones meridionales de Sierra Morena. 

Al oeste Alcaparaín, Sierra de Aguas, de las Nieves, Los Guaperos, la Serranía de Ronda. 

Le ponen nombres y comparaciones. No hemos andado ninguna de las rutas con las que han tenido a bien orientar a cuantos viajeros osan pisar sus piedras, recorrer los vericuetos intrincados y ocultos. Es comienzo de una tarde de verano; calor. He acompañado a un matrimonio amigo; todas las dependencias cerradas. Cuesta creerlo, pero es así. Luego hemos bajado llenos de asombro y admiración, a la mano de Dios,  al paisaje y a  los caprichos que regala la naturaleza.