viernes, 12 de junio de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Cascabeles

 




Junio, 12 viernes


Dicen que un día los ratones andaban muy preocupados. Mejor, estaban abatidos. El gato siempre, agazapado, los cogía por la mano. El gato era muy pillo. Se valía de sus patas rematadas en almohadillas y no hacía ningún ruido cuando transitaba por las noches en el almacén. Siempre había un pobre ratón que terminaba en sus garras.

Ellos, ratoncillos minúsculos, decidieron convocar una asamblea (eso del bla, bla, bla, como ven, viene de largo) y en esa asamblea entre todos buscarían una solución para hacer frente al peligro.

Un ratón viejo, dijo que el gato aprovechaba que de noche agudiza la vista y es invencible; otro, habló de su agilidad para saltar con rapidez; hubo quien opinó que el gato conocía mejor que ellos los entresijos de aquel almacén y siempre iba con ventaja. Uno más espabilado opinó que lo suyo era ponerle un cascabel y todos sabrían de sus hazañas… El problema generado fue mayor. No hubo ni un solo ratón capaza de ponerle el cascabel al gato.

Desde el siglo XVI, al XX los países europeos decidieron que su expansión colonial (o esa rapiñar a los países que tenían riquezas superiores a las de ellos) tenía que ser, principalmente, en África: Alemania, Italia, Reino Unido, Bélgica, Francia, Portugal y España se hicieron con su pedazo de tierra. Mas o menos grande, más o menos rica y más o menos sumisa.

Pasó el tiempo y algunos de esos países de allí, se dieron cuenta del expolio al que estaban sometidos. Comenzaron a despertar. El día de la independencia del Congo, al rey Balduino de Bélgica le quitaron ¡la espada de la cintura! Luego, esos países, casi todos, están en guerras internas que son las peores.

 Casi ninguno, tenía cuadros de mandos para llevar un país. Los gerifaltes europeos se habían encargado de ‘prefabricar’ lideres afines, a los que se encargaban ellos de ‘alimentar’ a su modo y manera.

Casi todos, poco a poco, llegaron a la independencia. Casi todos, por medio de una guerra que los autodestruía y con armas compradas a sus ‘dueños’ anteriores. Aparecieron dos amos nuevos: la URSS y China. Estos no eran capitalistas, eran eufemísticamente, ‘socialistas’ pero tan amantes de la carne de los ratones como los amos precedentes.

En algunas partes han aparecido otros materiales aún más apetecibles que los anteriores. El África, a ambos lados del Sahara, la subsahariana, la que va cruzada por el Ecuador, la que está aún más baja, y llega hasta el Cabo de Buena Esperanza conocen la miseria… Huyen. Se han echado a andar.

Se conoce como movimientos migratorios. Nadie deja su tierra por placer. Los que se echan al mar no pueden vivir en sus países, algunos muy ricos; otros menos. Viene la gran pregunta. ¿Quién le pone los cascabeles a esos gatos? ¿Quién exige a los responsables de ayer una solución al problema de hoy?

jueves, 11 de junio de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Un hombre excepcional

 

 


 

Junio, 11 jueves

                                   

Dicen que Dios se las andaba en la construcción del mundo. Llegó el momento de la Península Ibérica y entonces, se las ideó para formar un terreno rodeado, por todas partes menos por una, de mares de aguas azules y olas de nácar.

Y en medio, una extensión de tierra. Por la parte de arriba colocó una cordillera, que la separaba del resto del continente. En invierno, estaría cubierta de nieve; en verano, las montañas estarían verdes y por mor del deshielo multitud de arroyuelo bajarían de las cumbres para alimentar a los ríos.

En el centro, una gran llanura. Como era muy grande, en medio una cordillera la partiría en dos. En invierno, también, tendría nieve; en verano, senderos para que la gente pudiese gozar de ella.

Colocó, además,  una sucesión de montes que venían como sesgados desde el mar de arriba hasta la cercanía de las costas de otro mar. Por en medio, una gran depresión por la que iba correr un gran río.

Abajo, al Sur, que  no sé porqué siempre, pensamos que el Sur está abajo, un gran escalón lo separaba de la gran llanura del centro; por en medio, otro gran río atravesaba otra depresión y una cordillera con picos muy altos lo separaba del mar.

Alejadas del territorio  un espurreó un puñado de islas a la derecha de la Península; y lejos, muy lejos, otras  islas, como perdidas en un mar enorme que también tendrá olas de nácar.

Entonces, dicen, que un ángel que le acompañaba fue y le dijo:

- Señor, ¿no te parece que estás pasando?

- No, no. Todavía le falta lo mejor

Y, entonces, Dios le dijo al ángel, le voy a dar la gente, iguales entre sí pero, diferentes con propiedades distintas para que puedan enriquecerse entre ellos y puedan dar algo de ellos mismos a todos los demás que, a lo largo de los años, de  muchos años, se van a encontrar por los caminos.

El ángel pensaba. Dios, cuando lo vio dubitativo, sintió un poco de remordimiento porque lo venía envuelvo en una nube de zozobra y no entendía muy bien todo aquello y fue le dijo:

Un día, cuando pasen muchos años, le voy a enviar a mi representante en la tierra (porque a ese planeta le van a llamar tierra…), será un hombre sencillo, con la cabeza muy bien amueblada…

- ¿Qué?, dijo, el ángel…

- Nada. Lo vas a entender. Un hombre, que es de Dios, pero es humano. Escucha y regala sencillez y les dirá cosas que los va a hacer pensar.

Les va hablar de solidaridad, de construir en común, de unión entre ellos, de acoger a otros semejantes que lo pasan mal… De tantas cosas buenas, que ellos van a decir: este hombre es un enviado de Dios, que nos lo manda para hacernos pensar y recapacitar porque, a veces, andamos un poquillo espesos…

miércoles, 10 de junio de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Madre

 

 



Junio, 10 miércoles


 Madre tomó un cubo de cinc con un asa grande. Introdujo la ropa y una tabla de lavar de madera con rayaduras; sobre la ropa, un taco de jabón…

- ¿A dónde vas? Preguntó, el niño.

- Al arroyo…, contestó, madre.

- Yo voy contigo, dijo el niño.

Madre tomó en una mano el cubo con el taco de jabón, la ropa y la tabla de lavar; en la otra, la manita pequeña del niño… Bajaron por la vereda, junto a la vía del tren. Se encaminaron al arroyo.

- Madre, dijo el niño, ¿de dónde vienen los trenes?

- De muy lejos, le dijo

- Y ¿van muy lejos?

- Sí muy lejos, contestó madre. Y le dijo el nombre de algunas ciudades, pero el niño no comprendió nada de todo lo que le dijo.

Cuando llegaron al arroyo, madre, acopló la tabla de lavar sobre unas piedras, y se arrodilló sobre una gamuza que traía en el fondo del cubo debajo de la ropa. Le encargó que tuviese cuidado y no se mojase porque el agua estaba muy fría.

- ¿Por qué, preguntó el niño, está el agua fría?

- Porque es invierno y en invierno está el agua muy fría.

- ¿Y en verano, también, está fría?

- No, dijo, madre, en verano no está tan fría.

Pasó Francisquito con un hatillo de cabras. Careaban despacio por el borde del arroyo. Frasquito era un hombre enjuto, con la cara surcada por dos grandes hendiduras en ambas mejillas, quemadas por el viento frío del campo. Saludó a madre y madre le devolvió el saludo.

- Madre, volvió a preguntar, el niño ¿de dónde viene el agua del arroyo?

- De aquella sierra y le apuntó, con el dedo, unas montañas en el horizonte…

- ¿Me vas a llevar un día a  donde nace el arroyo?  Preguntó.

- Cuando seas mayor, ahora, eres muy pequeño y no puedes andar…

- Y ¿por qué no me lleva papá en los hombros?

- Por que papá está en el cielo.

- ¿Yo veré algún día a papa? Volvió a preguntar el niño

 El niño, en la conversación, distraído, resbaló. Metió los dos pies en el agua y entonces madre, dijo…

- Hijo vas a coger una pulmonía. Recogió la ropa de prisa y tomó al niño de la mano…

- Madre, dijo, el niño. Estás llorando…

No, dijo madre, es que me ha caído jabón en los ojos…

Y asido de la mano, madre y el niño volvían por la vereda que va junto a la vía. En la lejanía sonó el pitido de un tren, al poco rato apareció y desapareció casi con la misma velocidad que traía…