DESDE EL LUGAR
Lectores de José Morales García
martes, 21 de abril de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Gredos
Puente medieval. Arenas de San Pedro (Ávila)
Abril,
21 martes
La Sierra
de Gredos es una montaña totémica. Forma parte del Sistema Central. Don Miguel de Unamuno decía de ella que era “el
espinazo de Castilla”. Divide las dos mesetas: la submeseta norte, antaño
conocida como Castilla la Vieja y la sur. En la escuela se estudiaba como Castilla
la Nueva.
En la
vertiente norte de Gredos nace el río conocido por su belleza literaria: Dio apellido a una de las obras cumbres del
Literatura española: El Lazarillo. Pasa por Salamanca; lleva sus aguas al río
Duero.
En la
sur, el Alberche y el Tiétar, entre otros. La última vez que anduve por allí
fui buscando sus fuentes, o sea su nacimiento. Dimos con algo que podría serlo.
Estaba enterrado entre zarzas y malezas y una alambrada no nos permitió
acercarnos más. Lo dimos por encontrado. Llevan sus aguas al río Tajo. El río
de Toledo, de Garcilaso, y de Lisboa.
La Sierra,
como se conoce en toda la zona, arranca casi en las puertas de Plasencia. Al norte,
el valle de Ambroz. Hervás, ciudad de pasado judío. Monumental, patria del
imaginero Pérez Comendador y Béjar, la del duque y de la extinta fábrica de
mantas. Al sur, la Vera.
Casi
todos sus pueblos agregan el apellido, “… de la Vera”. Cuacos, la excepción.
Cuaco de Yuste. Allí residió y murió el hombre más grande y poderoso de su tiempo.
Carlos I, el Emperador; en sus calles jugó uno de los personajes más importantes
de la Historia de España: Don Juan de Austria. El emperador quiso tenerlo cerca
y lo tuvo…
He ido
una, dos, tres… muchas veces a La Vera. He entrado por el Puerto de Mirabete,
por Plasencia, por el Puerto del Pico, conforme se viene de Ávila y se baja por
Mombeltrán, por Oropesa, por el Piornal y abajo, Garganta la Olla, por Navalmoral
de la Mata y tras cruzar el Campo de Arañuelo y el Tiétar, uno ya sabe que está
en un lugar distinto.
Campos sembrados
de tabaco, de pimentón - pimentón de la Vera – hortalizas, maizales… Los aspersores,
en verano, dicen que eso ya es otra tierra, otro lugar que tiene algo de mítico,
de sobrecogedor, de mensaje. Evoca un tiempo que ya no es de cuando veía en sus
libros “Editorial Gredos”.
Siempre
desde la distancia lo he visto como ese lugar que, como los imanes, son irresistibles.
Aparecen los primeros robles. El mayor porcentaje de robles, nacidos por la
Gracia de Dios, que tiene España, bendita España, más al sur. En invierno, Gredos
blanco de nieve; en las tardes de estío, con un caperuzón de nubes. “Hay
tormenta en la Sierra”, y a sus pies, Arenas de San Pedro.
Recuerdo
tus sombras, tus aguas heladas en las Gargantas, tus puentes, tus caminos, tu
estela larga que va conmigo….
lunes, 20 de abril de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora, España, sin ir más lejos: Frías
Frías. (Burgos)
Abril,
20 lunes
Dejé,
tras mis pasos, las tierras de La Bureba. Pernocté en Oña. Venía de Frómista.
Crucé de oeste a este las tierras de la Castilla añeja. Los paleógrafos buscan,
en la Sierra de Atapuerca, la identidad de los pobladores más antiguos de
Europa. Tampoco han borrado la huella y el recuerdo de un hombre casi mito en
la Historia de España, Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador. En esa ocasión
no iba tras los pasos de unos ni de otro. Buscaba llegar a las aguas del Ebro.
Más al norte, la tierra de Merindades. Conjunción de municipios y tierra donde
la historia y la administración de Justicia se escribió de otra manera.
Monasterio
de San Salvador. Oña (Burgos)
Admiro
la mole del monasterio de San Salvador, benedictino en su exclaustración
jesuita, después. Lo fundó Sancho García, conde de Castilla. Era por el 1011.
Desde entonces a hoy ha llevado mucha agua el río Oca al Ebro…
Con las
primeras luces del día reemprendí camino. Hay que hacer parada obligada en
Tobera. Es un pequeño municipio. No llega a los cien habitantes en torno al río
Molinar. Antes, empotrada en la roca, Santa María de la Hoz. Más que el valor
artístico de la iglesia hay que apreheender la belleza del pequeño monasterio
románico incrustado en la piedra. No se sabe qué fue antes si la iglesia o el
tajo cortado…
Un poco
más adelante, en el horizonte se recorta una belleza singular, sin igual. Algo
que hay apartar porque al andar los caminos uno se puede encontrar con pueblos
bellos, bellísimos, y si me apuran, hasta puede llegar a agotar los adjetivos.
Frías se aparta de todos. Sencillamente, Frías es único.
La
muralla recorta el horizonte. En su cumbre, el castillo, atalaya sobre el río.
¿Es el capricho de la roca que se eleva? ¿Es la voluntad de los hombres que
hicieron lo que no lograron hacer otros en lugares diferentes? No sé. Uno se
queda sin palabras. Al final, casi en la terminación de una calle larga con
puestos abiertos a ambos lados para atraer la atención del turista, el
castillo.
El castillo en un extremo; en el otro, la iglesia de San Vicente, románica. Le amputaron su portada y pasó al otro lado de Atlántico de la mano del dólar para disfrute de un clima más benigno, en Nueva York en el museo The Cloisters… ¡Cosas que pasan sin remedio!
Frías (Burgos)
Subo y
como en la copla, “a ti solita, a las demás no hago caso”. En lo que uno
se imagina que fue patio de armas preparan un espectáculo. Está, avanzada la
primavera, y por San Juan celebran las fiestas. Hombres y mujeres vestidos de
la época medieval. Sabor a otro tiempo…
Me bajo
despacio por la calle ancha y singular. Miro y admiro. Me llego hasta el Ebro.
El puente, soberbio. El río ha dejado de venir por las profundidades. Se abre.
En la mediación, - dicen que es romano – con pinta de medieval un puesto de
peaje. Era una manera de sobrevivir. El que viene, paga. Si no, se queda al
otro lado de las aguas…
Un
lavadero de otro tiempo y la huerta que sirvió la comida fresca para acompañar
la carne de caza en otro tiempo. Piedra y madera. Protección de vientos,
lluvias y en cuando el rigor del invierno apretase, entonces… ¡Dios mío! ¿Cómo
sería la vida entonces en este pueblo que ha pasado del paso del tiempo y sigue
siendo una joya medieval?
domingo, 19 de abril de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Abderramán III y el castillo de Álora
Abril, 19 domingo
Umar ibn Hasfun cometió, quizá, el mayor error militar de su vida. Él era un guerrillero nato. Conocía mejor que nadie el terreno, vericuetos, arroyos, pasos para cruzar los ríos y lugares donde ocultar su tropa. Sabía, también, la manera de enfrentarse a tropas superiores.
No se valoró así mismo lo suficiente y s creyó superior al potencial militar que tenía como contendiente. Se enfrento, en batalla abierta. a las tropas ¡nada menos que del Califato de Córdoba! Fue derrotado en la batalla de Poley. Era el anuncio de su fin y el del propio Bobastro. Sus hijos, divididos entre sí no tenían la capacidad de él, ni fortaleza para sobreponerse.
Umar, enfermó en Ubbda. Regresó a Bobastro y murió, de muerte natural, el 1 de febrero del año 918, a los 64 años de edad. Una edad muy avanzada en la vida de un hombre de aquel tiempo para la fecha en que ocurre. Lo enterraron bajo el rito cristiano: boca arriba, con los brazos cruzados sobre el pecho y con el rostro vuelto hacia oriente.
A la muerte de Omar ibn Hafsun, Ya’far, su hijo, dueño en Bobastro, se mantiene ajeno al Estado. Eso hace que desde Córdoba se inicie una campaña, en abril de 919, donde Abd al-Rahman III que vio la ocasión propicia dio orden de movilización de sus tropas.
El ejército partió de Córdoba bajo el mando del propio emir. Toman Balda (Cuevas de San Marcos) ponen cerco a los fortines cercanos a Bobastro, que se toman sin encontrar excesiva resistencia y, luego marchan hacia al-Lura/ Álora “notable por su inexpugnabilidad y por dominar el castillo de Bobastro, nido de perdición y sus puntos flacos”.
Dicen las crónicas que encuentran vacía la fortaleza de al-Lura. ‘Abd al-Rahman ‘lo agradeció a Alá y lo consideró presagio de victoria’. Tomó posesión de ella y colocó una guarnición al mando del alcaide Walí ibn Muhammad.
Los rebeldes de Bobastro ya jamás tendrían poder sobre Álora. Por el Guadalhorce marchó hacia Bobastro y puso el campamento al pie del Castillón, donde se asentaba Tallayra.
Se produce el
asalto, la huida y el abandono de la fortaleza a orillas del río cerca de los
que hoy se conoce como arroyo de la Dehesilla. Desde el cerro de enfrente,
Ya’far ve lo que se le avecina. Saqueada la fortaleza, - esparcieron las
cenizas de Umar al viento, algo impropito de tan gran califa - quemados los
campos y destruido lo que encuentran a su paso, dice la crónica: “luego se pasó
[otra vez] a la fortaleza de al-Lura para acabar de guarnecerla y reforzar a
los que la ocupaban”.