DESDE EL LUGAR
Lectores de José Morales García
miércoles, 29 de julio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Entre el Cielo y la Historia
Paisaje otoñal en La Pernía
Julio, 29 miércoles
La Pernía es una comarca en la Montaña
Palentina. Al norte limita con el Puerto de Piedrasluengas; al este, con las
Sierra de Corisa, de Híjar, Peña Labra y Valdeolea; al sur, con Cervera de
Pisuerga y al oeste con el Parque Natural de Fuentes Carrionas.
Tiene monte, paisajes, un río de norte
a sur, el Pisuerga recién nacido con pajarillos que cantan en sus choperas una
mañana de verano; lobos y osos ocultos en la impenetrabilidad de las laderas,
más grandes cuanto más cercanas, y una leyenda que cambió el nombre del pueblo.
No hay gente en estos pueblos. Su ‘capital’, San Salvador de Cantamuda (108
hab.).
El rollo jurisdiccional, en la plaza
del pueblo, recuerda otro tiempo; un puente medieval. Su joya, una iglesia románica, la Colegiata de
San Salvador. Más de mil años reflejados en la piedra sobreviven al paso del
tiempo. Dicen que la espadaña de su campanario es la más bella del románico
español…
Todo comenzó, dice la leyenda una noche
fría de invierno. El conde Munio vive en el castillo de Peña Tremaya. Duda de
la fidelidad de doña Elvira, su mujer. Carga en una mula coja sus enseres, y le
da por compaña una criada muda. Espera que se despeñen y mueran. Llegan a San
Salvador y la muda ‘canta”. Cambia de nombre. Toma el de San Salvador de
Cantamuda.
Dice la historia en dos documentos: 1037
y 1069 conservados en la catedral de León que la condesa Doña Elvira otorgó una
cuantiosa donación e incluye el monasterio. Después colegiata con abad y
canónigos…Su construcción, poco a poco a través de los años.
Interior de San Salvador de Cantamuda.
El interior, de una armonía portentosa, sobrecogedora. La nave se cubre con bóveda de cañón, propia del románico puro; el ábside central con bóveda de horno reforzado; capiteles con bueyes, caballos y una serpiente. El altar mayor, excepcional… El templo, para más realce, en un prado…
San Salvador de Cantamuda
martes, 28 de julio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Tierra de osos y lobos
Valle de la Liébana. Ladera norte del Puerto de Piedrasluengas.
Julio, 28 martes
Tenía
ganas de volver por aquellas tierras. Quería saludar a las montañas, esas de
las que vemos sus nombres escritos en los mapas. Quería reencontrarme con el
Carrión y el Pisuerga recién nacidos y con otros ríos menores. Con árboles
impresionantes, con cumbres que arañan, en la lejanía, el cielo.
Vaca de raza parda palentina
Pastan
vacas de raza parda palentina y caballos bretones en los prados.
A casi todos los circundan pastores eléctricos. Es tierra de osos y lobos. Los
prados, en las laderas de los montes. La hierba segada preparada para cuando
lleguen los días duros del invierno. La gente está en sus cosas. Esta España
despoblada, de pueblos minúsculos, algunos con escudos nobiliarios en sus
fachadas, orillan la carretera. Ven
pasar los coches…
San Cebrián de Mudá, intenta aclimatar el bisonte europeo. No hubo suerte. No había nadie. La oficina, cerrada. Un grupo de chavales jugaban bajo un nogal en las horas de la siesta. Habían llegado esa mañana para pasar unos días en la montaña…
En
el Parque Natural de las Fuentes Carrionas nace el río Carrión. Aguas abajo, en
Dueñas, las entregará, como tributo al Pisuerga.
Oquedad
por la que aflora el río Pisuerga
Carretera
adelante, el pantano de Requejada, tiene el agua azul de cielo, remansada, en
este caso, del Pisuerga. Antes de llegar, a Areños, el río todavía, aprendiz de
todo, tras pasar por Tremaya (15 hab.) y
Santa María de Redondo (43 hab.), lleva a Fuente del Cobre. Dicen que, por la
oquedad, aflora, pero viene de las laderas del Pico Valdecebollas…
Camasobres (Montaña Palentina)
Camasobres (12 hab.) y Piedrasluengas (7 hab.) que da nombre al puerto, uno de los lugares más bellos que uno puede encontrase por los caminos; a la derecha, Piedra Labra, ese que pintábamos de marrón en el mapa y la cumbre, blanca. El la lejanía los Picos de Europa recortan el cielo y el Pico Tres mares, dice que sus aguas van al Cantábrico, al Mediterráneo y al Atlántico.
¿Delante?
La Liébana y el verdor tupido de endrinos, tejos, hayas, robles…
Peña Labra
domingo, 19 de julio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Higuera
Julio, 19 domingo.
Me acuerdo de los versos de Manuel Machado: “Quema el sol, el aire abrasa”. Mañana de mes de julio. El cielo, con calima del desierto. No está limpio. Acuden los tordos, en bandadas, a la higuera en la busca de la fruta madura.
La higuera llegó al Mediterráneo desde la parte más occidental de Asia. Es un árbol de hoja caduca y de mediana altura, de madera blanca y blanda, que da brevas e higos y algunas, las dos cosechas. A esas se les llama bíferas. Las brevas vienen por san Juan de junio, los higos cuando ya está bien entrado el verano. Tiene la corteza de color grisáceo El refranero no la trata muy bien: “la leña de higuera, que la corte mi hijo y la queme mi nuera”.
Es un árbol que aparece en el Evangelio y maldecida por Jesús. Es uno de los pasajes que inducen a confusión, porque la maldición le viene porque no tiene fruto…
Aparece en la obra de numerosos autores. José Antonio Muñoz Rojas en Las cosas del campo dice: “Ahí tenéis a la higuera. Las ramas que peló el invierno, caen graciosamente curvadas de los troncos cenizosos (…)”
Miguel Hernández, en una de las elegías más bellas escritas en nuestra lengua y en la que llora la muerte de su amigo Ramón Sitgé, escribe: “Volverás a mi huerto y a mi higuera / por los altos andamios de las flores / pajareará tu alma colmenera”.
En otra elegia, Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, el torero de la Generación del 27, Federico García Lorca, llora con todo su dolor de amigo: “No te conoce el toro ni la higuera, / ni caballos ni hormigas de tu casa. / No te conoce tu recuerdo mudo / porque te has muerto para siempre”.
Otro poeta del campo, Antonio García Barbeito, aunque en este caso lo hace en prosa, en De lo cercano habla de la higuera: “Podíamos cruzar el campo de parte a parte, todo el término un gran territorio, y podíamos ir de un pozo a un cercado, de una huerta a unas higueras, de un olivar a una era, sin que nada, acaso una linde alta, acaso una valla alambrada, pero de fácil paso, acaso un portillo sin más llaves que un par vueltas de alambre, se nos impusiera”.
Sentado a su sombra, sueño y dejo que pase el tiempo…