lunes, 4 de mayo de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Amor al saber...

 

 


                                          San Martín de Tours. Frómista

 

Mayo, 4 lunes

                           

Llamo a un amigo. Hoy ha publicado un artículo excelente de filosofía. Hablamos. La mejor definición sobre filosofía, le digo, nos la dio don Manuel Burgos: “Filosofía es amor al saber” Viene del griego. Del verbo fileo: amar; sophia, saber…

La inquietud por saber del Románico me llevó a recorrer el Pirineo. Buscaba las raíces desde de Jaca a Camprodón. Fui de la mano de mi amigo Joan Mas. Experto. Me llegó por todos los vericuetos perdidos en lo más intricado de aquellos montes. Decían que nos separaban de Francia. Es verdad…Quédense por no abusar con San Juan de la Peña, San Clemente de Taüll, todo el Valle de Boí, Ripoll…

 

Valle de Boí

El románico riojano lo he husmeado desde el Ebro hasta las estribaciones de la Ibérica: Sierras de las Demanda, Urbión, Cebollera…Yuso y Suso, San Millán de la Cogolla (donde nacieron el euskera y el castellano) …

El románico castellano-leonés, arranca en Burgos y Soria. Camina por Segovia; su cenit, en Palencia. Santo Domingo de Silos; los valles de Valdivieso, la Bureba y el Condado de Treviño… Campos solitarios. De vez en cuando, en primavera, cantos de alondras; por los caminos, peregrinos que van a Santiago.

            

San Miguel. Fuentidueña  (Segovia)

 

En Segovia hay que ir a Cantalejo, Turégano, Riaza, Sepúlveda (aquí, además, cordero lechal… ¡Imponente!), Ayllón y de allí a San Esteban de Gormaz (pero, eso es Soria, a orillas del Duero) Y ¿si les digo que no vayan en invierno? Avisados están.

En Palencia, parada, fonda y algo más. Tierra de Campos. Ampudia, Frómista, Támara… He deambulado sin rumbo fijo. Es lo mío. Mosaicos de verde cuando aún no ha entrado el verano; palomares, en medio de los páramos en el verano abrasador. Desvencijados por el abandono del hombre y el paso del tiempo.


Ampudia. (Palencia)
 

Bellísimos. “Quien habla a solas, espera a hablar a Dios un día”: Lo dijo don Antonio Machado. No hay nadie. En Frómista, además, el Canal de Castilla. Tanta belleza ahí… Manda la sensatez hacer parada y fonda y algo más.. Sí, sí. Volver, volver siempre, una y otra vez, volver…

 


                          Tierra de Campos. Palencia

 

 

 

 

                              

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                            

 

 

 

 


 


 

 


domingo, 3 de mayo de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Málaga, a la orilla del mar

 


                    Málaga en el crepúsculo; al fondo, África


Mayo, 3 domingo.


Cuando llegaba de su Valladolid natal en los primeros viajes hasta su nuevo traslado, Málaga, me decía mi admirado Paco Fadón que, tras pasar el Puerto del León, al llegar a lo alto de la Cuesta de Reina, creía que ya había llegado…

Málaga se extendía a sus pies. Si era de día, a veces, cubierta con alguna bruma. Dependía de dónde venía el aire; si era de noche, un sinfín de puntitos luminosos emergían en la oscuridad. La ciudad parecía más grande de lo que, entonces, era.

Málaga, desde las cumbres, cuando se viene desde Colmenar era una ciudad de sorpresas. Primero, a la izquierda, desde esas primeras ventas que uno no sabe si son adelantos escapados de la ciudad o son, por el contrario, las primeras salutaciones de bienvenida al viajero que llega.

Si viene con luz del día ve precipicios imponentes, desde allí hasta Comares tierras quebradas de suelo alpujarride. Antaño tierra de viñedos. Las uvas pasas y el vino fueron bandera y seña de una ciudad, de muchos pueblos y de mucha gente a los que la filoxera llevó a la ruina.

Si mira hacia el otro lado de la carretera, primero, ve unos cuantos alcornoques. Pocos, es verdad, pero hacen pensar que ahí el clima debe ser muy húmedo. Es un espejismo. Una pequeña sensación para despistar al viajero. Luego, unas cuantas encinas; después, la mano del hombre ha sembrado una extensión considerable de pinos. Era la manera de luchar contra el empobrecimiento de la tierra, el arrollamiento de tierras con las lluvias fuertes y una manera de acabar con las inundaciones periódicas que arrasaban la ciudad. Para esto, además, construyeron el pantano del Agujero…

El viajero comienza la bajada; a media ladera la Fuente de la Reina; un poco más adelante, ahora, al otro lado, una casa de los antiguos Peones Camineros. El abandono se ha apoderado de ella. La bajada es una sucesión de curvas. Málaga, al fondo. Unas veces por la derecha; otras, por la izquierda. La línea de mar se ve más clara. Se adivina la costa. La ciudad se ensancha, se estira en la línea de playa…

-Málaga ¿es que está a la orilla del mar?

-Sí, a la orilla, de punta a punta.

- ¿Cómo dice?

- Desde la Araña hasta el Guadalhorce…

Hay que bajar, hay que llegar a la orilla y, entonces, se comprende que Málaga nació y vivió durante la mayor parte de su milenaria existencia del mar, para luego, más tarde, darle la espalda… Cosas que pasan.

sábado, 2 de mayo de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Crespúsculo

 




Mayo, 2 sábado


Me dice un amigo, que sus nietos van a acompañar a un grupo de niños italianos que vienen en intercambio de Erasmus a Huelva. ¡Qué suerte tienen estos niños que no tuvimos los niños de ayer! Van a visitar esa punta de España que ve irse el sol cada tarde…

“La Fe descubridora” asida a una cruz, pierde la mirada –como si la fe tuviese mirada- en la mar océana, aquella de la que Colón quiso que lo nombrasen almirante, y lo consiguió… Una traiña regresa a puerto y en el horizonte la luz. Y Huelva, allí, con su entramado de hierros que recuerdan a Eiffel…

 


 

La luz, la ‘sagrada luz’ del sur que la llamó Miguel Ángel Asturias de un sol que se hunde a un palmo del agua. Todo dorado, todo de ensueño, todo único como los paisajes que reflejan, a veces, los estados de alma. ‘Por allí, me dijeron la primera vez que estuve, se va a América”.

América está tan lejos que no puede verse, que se intuye, que se sabe, que se anhela y que fue El Dorado para muchos. Alguien dijo que El Dorado está siempre un poco más allá de donde nosotros podemos llegar. Lo he buscado tanto que, siempre, siempre, cuando creía tenerlo al alcance de la mano, me topaba con la realidad. Cruda, dura, tal cual.

 


La mar, en calma. Sosegada, quieta, como sólo sabe hacerlo la mar cuando quiere ser buena, deja que reposen - quizá tengan echadas las redes - un puñado de pequeñas barquitas. Si uno no fuese hombre de tierra adentro sabría cómo se llaman esas barcas, qué están haciendo…

Me vienen a la mente aquella canción de tragedia donde la mar se tragaba faluchos y amores y esperanzas… ‘¿Me quieres, me quieres mucho? Dímelo, Manuel’… Y Gracia Montes que era quien la inmortalizó - a la copla - pregonaba que era tan bonita, la niña de Punta Umbría, como la Virgen del Conquero, como una flor entre la mar y la ría… Pero ¡ay! Ausencia, luto y pena y todo lo que viene después.

Las sirenas, dicen las malas lenguas que, no se atreven a llegar a donde se unen el Tinto y el Odiel porque, enfrente, en Punta Umbría, la niña sigue, triste y sola, mirando y mirando a las olas y, ahora, cuando ha pasado eso que llamamos tiempo, sigue y no se cansa de esperar.

Sigue allí, imbuida en el hábito de fraile franciscano de La Rábida cercana, la Fe Descubridora, y los faluchos que van y vienen a puerto y, la mar dorada bajo el sol de la tarde. Y lejos, muy lejos, debe quedar eso que llamaron El Dorado y que siempre - ¡me cachis! -  siempre, está un poco más allá de donde  nosotros podemos llegar.