miércoles, 1 de julio de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 







Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Esperanza

 

                                              



 

Julio, 1 miércoles

 

La fotografía ha dado la vuelta al mundo. No precisa palabras aclaratorias. Unos ojos con miedo y asombro miran a lo lejos. Hablan por sí solos. Dan una lección enorme. Lo dicen todo en el silencio del dolor y la tragedia.

Un perro pregunta con ojos de miedo y mirada perdida por algo interior que le dice que lo ocurrido fuera es algo muy grande; un niño pequeñito, muy pequeñito duerme seguramente rendido por el dolor. Encima, unos cascotes de una vivienda derrumbada por la magnitud del seismo…

Ha ocurrido en Venezuela donde parece que todos los demonios se han desatado sobre aquella tierra hermana del otro lado de la mar Océana. La del Orinoco y el Arauca vibrador del que canta la copla. La que está sembrada de bosques, de árboles bellísimos, de gente con un corazón enorme y de perros que muestran más corazón, muchísimo más, que muchos seres humanos.

No sé, exactamente, en que lugar ha ocurrido. Tampoco importa mucho. La nota dice que los equipos de rescate, entre los escombros, encontraron un bebé dormido bajo un perro protector. Probablemente sea el alma del perro quien ha dicho a quien quiera entenderlo que el alma de algunos animales, a veces, supera a la de muchos hombres.

Solo hay que ver un poco lo que lleva padecido este país poblado por españoles de América, hermanos de lengua, religión, cultura y bonhomía de los españoles de Europa para saber que lanzan una llamada desgarradora. Piden ayuda. Ellos solos no pueden.

Venezuela, dicen los libros de economía, tiene una riqueza regalada por la naturaleza muy superior a otros países. Tiene, también, una rehata de presuntos gobernantes que es peor que el mayor de los venenos. Por si ellos, por sí solos, no se valían para inventar terror, contaron con la colaboración de otras aguas mansas, esas de la que dice el refrán que nos libre Dios.

 Ahora el terremoto ha venido a hundirlos aún más. Les ha dado, por si fuera poco, miseria, dolor, pena, tristeza y muerte. Le ha dado también, una imagen que ha traspasado las fronteras. Un perro, un animal -dicen que al principio se resistía a que unos hombres buenos y generosos lo rescatasen-, cuando vio que salvaban al niño, el animal condescendió…

Bendito seas mi Señor por los hombres buenos que dan lo mejor de ellos mismos por los demás y por los animales que muestran una imagen muy superior a la de algunos hombres.



martes, 30 de junio de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Celestinas

 



Junio, 30 lunes

 

    Dicen que vienen de lejos, del trópico. O sea, de los sitios más calientes. Arbustivas y siempre verdes. Es una planta que desarrolla, en ocasiones, con bastante voracidad y es invasiva del espacio que ocupa privándoles a otras plantas cercanas a ellas en los arriates, incluso de su espacio. Los rosales próximos ‘sufren’ su invasión.

    Su color azul, a veces intenso, y otras más suave hace que al plumbago, que ese es su nombre, también se la conozca por celestina. Las hay de color azul intenso, otras, más turquesas y las hay, incluso que aparecen con un color desleído, como despintadas.

    Tienen el color del cielo cuando ya declina la tarde; el color de los ojos de la niña aquella que vendía revistas en el quiosco de la esquina cuando íbamos a clase y subíamos la cuesta del Ejido antes de doblar calle Carrión; tienen el color turquesa de la mar cuando regala calma…

    En algunos jardines ocupan rincones de privilegio; en otros, tienden a subirlas para que hagan emparrados y den sombra en verano; otros, les peinan sus formas a modos de setos o en bolas de tamaño considerable…. Sus flores se abren desde una espiga. Les dan aspecto de belleza delicada y sutil.

    De donde vienen ella no pega el frío. Está extendida por las zonas templadas de todos los continentes, principalmente, África, América del Sur, Asia - donde cambia el color azul por otros anaranjados – y por el mediterráneo de Europa.

    No son exigentes en cuanto a suelos. Sí, con las temperaturas. Les duele el frío – ‘temen’ al frío, dicen los que saben - en su esencia y en los lugares donde pegan las heladas su desarrollo es menor, e incluso paran el crecimiento. Amigas del calor, como el jazmín - de hecho, a ella, en algunos lugares, la denominan Jazmín de El Cabo y Jazmín del cielo – amigas del calor del estío.

    El plumbago no pide muchos riegos. Los prefiere mañaneros cuando el sol aún no calienta ni abrasa; tampoco es muy ‘delicado’ en la selección de abonos y no quiere suelos encharcados…

    Pide podas. Todas las plantas arbustivas quieren podas severas. Florecen sobre los tallos nuevos. Duele, en ocasiones, ‘sentarles’ la mano, pero es necesario. En ello les va su subsistencia, es decir, la vida.

 

lunes, 29 de junio de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Noche de jazmines y luna llena

 



Junio, 29 lunes


La luna creciente en el cielo anuncia que está muy cercana a ser luna llena. O sea, a poner esa nota de luz única que solo ponen ciertas fases de lunas en el año en el éter del firmamento y ella solo se basta para oscurecer a las estrellas.

Florecen con más vigor lo jazmines en las tardes de verano. Lo prolonga por las noches y están casi ahítos de perfume embriagador que solo tienen ellos. Digo casi porque le falta muy poquito para apoderarse de los cielos del verano y entonces, en la humidad de su pequeñez, llenen totalmente el entorno que los rodea. Bendita noche que huele a jazmines y pone esa nota de esencia y perfume que no pude poner ninguna otra flor.

En Álora porque es tierra de Málaga, tierra de jazmines, desde siempre el jazmín tiene sitio y lugar. Cuando yo era muchacho, cada noche, le ensartaba a mi madre una moña en un ganchillo de los que las mujeres se colocaban en la cabeza. Mi madre se lo ponía en el canalillo del pecho y, desde aquel momento, mi madre olía a jazmines y los jazmines olían a madre.

No sé porqué razón ahora, en mi pueblo, las mujeres – buenos, algunas mujeres – se han apartado de esa costumbre de adornarse con ramilletes de jazmines en las noches de verano. En Málaga, no. En Málaga suele aparecer el biznaguero, ese hombre que vende perfume por las calles va vestido de marengo, camisa blanca, pantalón negro, alpargatas de esparto y fajín rojo en la cintura y recorre el centro. Lleva las biznagas hincadas en una penca de chumba y ensartadas en un palito de eneldo…

Siendo monográfica, como lo es, la luna mueve las mareas y, al mismo tiempo, lleva la serenidad y la quietud, el sosiego, el embrujo y el embelesamiento y la dulzura a quien la contempla y la ve y la mira y entorna los ojos… “como esas noches de luna en que se mira al cielo cuando todos duermen”. Recuerdo, cuando yo era niño, y me acostaba bajo la parra, junto a mi abuelo, y yo la miraba y la miraba hasta que me rendía el sueño… y de lejos venía el perfume del jazmín.