martes, 14 de julio de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Libros




Julio, 14 martes.


Le atribuyen a Shopenhauer (por cierto, aún no he aprendido a escribir correctamente su nombre): «Comprar libros sería algo bueno si también pudiéramos comprar el tiempo para leerlos».

Nos quejamos, reiteradamente, de la falta del tiempo. Es verdad. Me he preguntado muchas veces si no es no mejor poco y bien aprovechado, que mucho por donde las basuras se imponen inexorablemente.

Soy un convulsivo comprador de libros. Tengo una máxima, si llego a la página 30 y no me ha enganchado, lo dejo. Me va a hacer perder un tiempo precioso y no voy a sacar ningún provecho. Es más, si comienza a rodar de un lugar a otro de la mesa o, de silla en silla, o de aquí te dejo y me olvido de él, tampoco tiene ningún sentido ser recalcitrante.

Ahora, observo en muchas librerías (no voy a hacer la relación, pero en Málaga todo el mundo sabe a las que me refiero) la proliferación de autores con apellidos extranjeros. Obviamente, son desconocidos, no por su calidad literaria que si la desconozco no puedo juzgarla. Creo que es una moda donde parece que lo de fuera es mejor.

Han desaparecido los autores españoles de las estanterías. No están de moda. ¿Alguien se ha tropezado últimamente con Juan Ramón, con Alberti, los Machado, Pérez Lozano, o Pío Baroja…? ¿Alguien ve obras de Cervantes, Quevedo, Pereda, San Juan de la Cruz, Bécquer, Galdós o Rosalía?

Eso, por citar a algunos. En Tarazona, en una ocasión, busqué si tenían las Cartas desde mi celda… La nada por respuesta. Cuando le dije a la ultima señorita que me atendía que se habían escrito muy cerca de allí, en Veruela, me miró con asombro. Me cupo la duda, si conocía incluso, la existencia de Bécquer.

Algo parecido me ocurrió en Moguer. Ninguna librería tenía nada de Juan Ramón. En un momento determinado se me ocurrió decirle: es que ustedes están en el mapa por los hermanos Pinzón y por Juan Ramón. Créanme que me miró casi perdonándome la vida… y me dijo algo que me hundió: “Es que nadie lo lee”. ¡Ay, pena, penita, pena! De aquellos polvos estos lodos…

Es verdad que somos presas fáciles de la prisa. Tenemos muchas cosas a las que atender y para las que no siempre disponemos del tiempo necesario. Queda a un lado lo verdaderamente interesante.

Además, hay un factor añadido, el espacio. Vivimos en pisos reducidos. A Andrés Trapiello le leí en una ocasión: “no entran más libros hasta que no salgan; uno que entra, otro que sale”. El problema viene cuando tienes que decidir de cuál te desprendes… ¡Ay, Dios mío!

 

lunes, 13 de julio de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Oh, bosques y espesuras...

 




Julio, 13 lunes.

 

Gonzalo de Yepes, en Toledo, era un hombre con posibles. Emparentado con la nobleza vieja como otros españoles de aquel tiempo. En su final pudo estar arruinado. Tuvo un hijo de igual nombre y un nieto que también se llamó Gonzalo. En la familia aparecen médicos y comerciantes, profesiones, en aquel tiempo. cercana a los judíos o judeo-conversos.

El menor de los Yepes tras la muerte de su padre aparece viviendo en Toledo. Lo acoge un tío canónigo de la  Catedral. Se desconoce su nombre. Posteriormente, “agente comercial” de la familia. Acude, cada año, a la feria más importante de España, entonces, la de Medina del Campo.

Durante el trayecto que se hacía, en caravana con otros ‘enviados para el mercadeo’ o a caballo…, la noche la pasaba en Fontiveros, en casa de una viuda de la que tampoco sabemos su nombre

Regentaba una pequeña tejeduría de sedas y “buratos”, paños finos de esos que usaban las damas con chales y que a decir de Covarrubias “tan transparentes que descubren lo que cubren”.

Con ella trabajaba una muchacha, Catalina Álvarez, probablemente, nacida en Toledo. De ella dicen que era “joven, doncella, hermosa, de porte distinguido, y buena”, pero pobre, huérfana pobre.

Gonzalo de Yepes se enamora de ella. La familia se opone.  Los clérigos de la familia tienen acceso a la documentación. Toledo en aquel tiempo tiene poco más de cincuenta mil habitantes. Hoy sería un pueblo grande. Todos se conocen. Saben de sus vidas…A pesar de la situación, Gonzalo de Yepes y Catalina contraen matrimonio. La familia, cristiana vieja, lo cesa en todos sus cargos comerciales y de representación.

El joven galán de padre arruinado (no le dejó nada en herencia a muerte) se casa en 1529 con una joven que podría tener una ‘mancha”… Ser judeo-conversa. Eso, en Toledo, les traía al pairo. Casi todos lo eran, pero y ¿si era morisca? Eso podría suponer la “gran deshonra de la familia”.

En 1530 nace el primer hijo, Francisco. Contó la boda de sus padres que se “habían casado por amor como se casan los pobres”. Establecidos en la Moraña (“tierra de moros”) nace, su segundo hijo: Luis. Murió unos años después, ya no vivía su padre, de hambre. Como suena y Juan… posiblemente en 1540. Pasado el tiempo ese niño sería el más grande poeta (si tienen tiempo les animo a leerlo) de la Literatura Española. Se conoce con el nombre de San Juan de la Cruz.

 

domingo, 12 de julio de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Sampedros

 


Julio, 12 domingo

 

Sus flores son pequeñitas, casi diminutas. Deja a otras un mayor lucimiento. A veces pienso que pueden tener algo de humildad franciscana. Siempre en la discreción de dar lo mejor, pero sin llamar, excesivamente, la atención. Casi pidiendo perdón por el lugar que ocupan.

Los españoles de América conocen a la planta como ‘Maravilla del Perú”; para nosotros, los españoles de Europa, Sampedros; los genetistas, lo conocen por Dondiego de noche, según nos dijo don Remigio cuando nos impartía clases de Ciencias Naturales, en 5º y explicó las Leyes de Mendel…

Gregorio Mendel fue un fraile agustino nacido en lo que, después, fue Chequia. Estudio la genética y vino a decir, que los genes, no se trasforman, sino que pasan, por herencia, de abuelos a nietos… Desarrolló su tesis, amparado en semillas de guisantes.  Según decía don Remigio el dondiego es una planta idónea para este tipo de experiencias.

Hace alusión a la noche porque en esas horas es cuando la planta tiene más actividad y el polen de sus flores se relacionan entre ellas de mejor manera transportado por insectos o por el viento.

Sus flores son de muchos colores: amarillas, moradas, rojas, violetas, fucsias… Durante el día permanecen cerradas, al igual que los jazmines que solo abren por las noches. Es cuando se muestran en todo su esplendor.

La planta tiene un verdor intenso. Pueden alcanzar hasta un metro de altura y aunque su tronco da un aspecto de fortaleza se quiebra con mucha facilidad. Florece en los meses de verano y otoño, hasta el punto que en los meses de invierno desaparece para volver a rebrotar cuando llega el buen tiempo. Sus flores tienen forma de trompetas y en la misma planta pueden aparecer de diferentes colores.

Necesita del sol para su desarrollo. Suele vivir en baldíos y cerca del poblamiento humano. Los fríos no le sientan bien; su orientación al este, la agradecen. Humildes, bellísimas… Bienvenido dondiego que traes contigo las noches de verano y las tertulias familiares…