DESDE EL LUGAR
Lectores de José Morales García
miércoles, 25 de marzo de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Laura
Marzo, 25 miércoles
La parroquia de Álora ha inaugurado una exposición permanente sobre la vida y obra de Laura Aguirre Hilla, hoy Sierva de Dios y en camino de la Beatificación. Una serie de paneles financiados por el Ayuntamiento y empresas de la localidad, colocados en uno de los tapiales del Santuario, dan a conocer la vida y obra de una persona excepcional en su desarrollo personal, humano y sobre todo espiritual. Su lema: “Providencia y Caridad”.
El acto lo presidió el obispo emérito de Málaga, Jesús Catalá, acompañado por el párroco de la localidad e impulsor de la idea, Felipe Gallego, acompañado del ecónomo de la Diócesis. El Ayuntamiento estuvo representado por el edil de Cultura, José A. Díaz. Contó, también, con la presencia del Juez de Paz, Eduardo Peláez, colaboradores, miembros de la postulación, cofradías y la presencia de público seguidores de la obra de Laura Aguirre que llenó el santuario a pesar de la tarde desabrida, ventosa y fría.
La Señorita Laura era de estatura superior a las mujeres de su tiempo. Ligera de carnes y enjuta. De caminar seguro y paso firme; flexible como un junco y con la dureza de los aceros bien templados. Hablaba con dulzura y su voz siempre se acompasaba de un acompañamiento de manos entrelazadas.
Llegó, a Álora cuando acababa la década de los cuarenta del siglo pasado. Tiempos de necesidad y muchas - demasiadas - carencias. Gente de luto y, vacío en el alma y en los estómagos; frío, por fuera y, por dentro.
Vino a darse a niñas muy necesitadas: “de balde y con todo lo nuestro” en palabra de San Manuel González. Peregrinaron - ella y sus niñas - por distintos lugares: calle de Atrás, convento de Flores, Plaza Baja (que aún no era de la Despedía), carretera de Los Llanos…
Algunos de esos lugares hoy no pasarían ni la más mínima inspección de habitabilidad. Carecían de todo lo material, cristales rotos, ventanas que azotaba el viento en las noches de invierno, sin servicios ni agua, poca luz y paredes desvencijadas, humedades y goteras…
Allí faltaba de todo, menos lo principal: cariño, mucho cariño, muchísimo cariño hacia un grupo de niñas que lo precisaban más que las demás. Lo demandaban, a voces, a una sociedad que tampoco podía dárselo. Su barca quedó varada, en Álora, donde el Guadalhorce casi ni lleva agua. La Providencia tienes cosas así.
Se le unieron otras colaboradoras. En principio viven casi (o sin casi) de la generosidad de otros a los que tampoco les sobraba. Eso tiene un nombre, duro, pero real: caridad. Después, las cosas, las generaciones, la manera de enfocar la solución cambian y se adaptan a los tiempos…
Con su
muerte la labor siguió con sus continuadoras, después… pues eso. Nuevos
enfoques, nuevos tiempos, la desaparición. Por sus manos pasaron generaciones
de niñas, y por Álora aún pervive el recuerdo de gratitud, hacia quien pudiendo
tenerlo todo, lo dio - no es el sitio para una biografía- a cambio del Amor (con
mayúscula) a Dios y a sus niñas.
martes, 24 de marzo de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Chanquetes y boquerones
Marzo, 24 martes.
Decía el maestro Alcántara que
los chanquetes son un aguacero frito; otro maestro, que también se
llamaba Manuel y de apellido Machado, cantó a los boquerones. Vino a decir: “¡Boquerones,
hojitas de plata, que, fritos se vuelven de oro”! Y yo, admirador reverente
de ellos, digo que, ahí queda eso.
En Andalucía hay dos provincias
que se quedaron con la ciencia de freír el pescado: Cádiz y Málaga. Como la
esencia no se puede enseñar, entonces, en la noche de los tiempos, o sea, hace
mucho, tanto, tanto que hasta lo ha olvidado el recuerdo una vez que supieron
lo que era conseguir el éxtasis del secreto, entonces, decidieron arrojar la llave al mar.
De vez en cuando, las sirenas, sí, esas que
quería embaucar a Ulises cuando navega de regreso a Ítaca, parece que quieren
sacarla a flote y la convierten en nácar. Viene en la cresta de las olas, para que los
hombres – ilusos los hombres que nos lo creemos todo – pensemos que podemos
asirla en rebalaje con nuestras manos...
En Málaga, desde siempre, ha
sido una ciudad libre. Pueden buscar y no encontrarán un duque, un marqués o un
señor, que lleve por apellido el de la ciudad – fenicia, romana o mora -, da lo
mismo, sí tiene ¡miren por dónde¡ un rey: el boquerón.
Si se cría como para la parte
por donde nace el sol, entonces, es aún más especial. Es pequeñito, viruta de
plata que no se le ha caído a un platero, sino que, diseñada por Dios, se cría,
en el Rincón y, entonces, se dice que es un ‘vitoriano’. Puestos a comer,
para otras cosas también, somos artistas.
Lo mismo damos cuenta de los manjares de la mar que nos cepillamos la
grafología… y la ‘c’ (con la que, por cierto, escribimos: Creador, casa, corazón
o cariño) pasan al limbo de la ausencia…
El no va más de la gastronomía
malagueña es el pescatíto frito: los chanquetes, un recuerdo (los abusos
llevan a esas cosas); el boquerón o el vitoriano una oda del Mediterráneo que
ese sí, todavía, es nuestro. ¿La técnica? La más simple: aceite de oliva virgen
extra hirviendo, la materia prima, o sea, el pescado fresco, da igual de prima,
de alba, o de una noche de luna, un buen emborrizado en harina de trigo y la “gracia
de tus manos”. Buen provecho.
lunes, 23 de marzo de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Un puñado de razones para conocer Málaga: Alameda.
Río Genil a su paso por el término municipal de Alameda (F. Diario Sur
Bajo un
cielo azul, casi siempre, la Sierra de la Camorra llena el paisaje entre
Alameda y Humilladero. Es una elevación de poca altura y se prolonga por otras
sierras que rompen la monotonía de la llanura entre las Subbética y El Torcal
de Antequera.
La
Sierra de la Camorra está cubierta por vegetación de plantas xerófilas; su
subsuelo, lleno de cuevas y abrigos donde no es una aberración pensar que
pueden encontrase pinturas rupestres y restos de que en un tiempo muy remoto
estuvo ya por aquí la presencia del hombre. Dejó huellas. Dicen, por tanto, que
debió haber comida en la caza o sacada de la tierra fértil que forma su suelo.
En sus
cercanías dos lagunas, la de Fuente de Piedra y la de la Ratosa que, a pesar de
estar seca una buena parte del año, sobre todo en los meses finales de
primavera, en verano y en los primeros de otoño si las lluvias se retrasan está
considerada como una zona de especial interés por la atracción de aves
migratorias.
Alameda,
al norte de la provincia de Málaga, limita con tierras de Sevilla y Córdoba que,
en sus elevaciones, toman el nombre de Sierra de Estepa o de Rute. El Genil
viene de Sierra Nevada, pero está alejado y baña tierras de las poblaciones de
ambas orillas. “Dauro y Genil, torrecillas
muertas sobre los estanques”, los vio Lorca.
Vivió
gente del calcolítico y dejaron restos, Por su suelo pasaron tres importantes
vías romanas de la Bética. Unían Malaca, Corduba e Hispanilis. Se encontró un
pequeño tesoro visigodo y la civilización árabe apenas dejó huelas…
Un
personaje célebre pero ya de tiempos muy cercanos, el siglo XIX fue José María
Hinojosa conocido por el sobrenombre de “El Tempranillo”. Durante sus años
jóvenes se dedicó, como muchos más, al bandolerismo no exento de literatura y
admiración popular por aquello de “robar a los ricos para darlo a los pobres”.
Posteriormente
colaboró con las fuerzas reales y contribuyó, por sus conocimientos, a
desmantelar a algunas partidas. Fue abatido por uno de sus correligionarios que
no perdonó la deserción. Está enterrado en la iglesia del pueblo y es un
reclamo turístico para posibles viajeros que buscan otras cosas en sus
desplazamientos.
La
iglesia parroquial fue obra de los marqueses de Estepa. Se levantó en el siglo
XVIII y refleja aspectos de la arquitectura de un barroco decadente y con
connotaciones propias del rococó, aunque con grandes limitaciones. Posee tres
camarines que rompen la monotonía.
Pueblo
llano, sin grandes elevaciones. Invita a la visita, pero eso sí, nunca en
verano, donde las temperaturas son tórridas.