miércoles, 27 de mayo de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Mi río

 



                              Álora, río Guadalhorce a su paso por el pago rural de Los Llanos


 Mayo, 27 miércoles

 

En el pueblo no estaban, todavía, las calles puestas. Los hermanos Hierrezuelo -Antoñín y Joaquín - ya habrían llegado desde pescadería con su porte de sardinas de plata, calamares frescos, jurelitos saltarines y merluzas de nácar; Paca, la de las Caballerías, (o sea mi madre) ya llevaba un rato con el medio litro de la leche en la mano y más de un mozalbete habría venido por su ración de tabaco; Catalina, la de Juanico Díaz, vendía el pan mañanero y verduras; las campanas de la iglesia llamaban a la  misa primera...

Por el Madrugrón pasaba la segunda o tercera ronda - tengo perdida la cuenta - de coñac, un Machaco y manzanilla del Hacho con un chorreón de limón; Pepe, Chispa,  en el Potro habría servido más de un café con leche, más de una copa de Anís,  más de una Palomita y Rocío rebanadas de lomo en manteca. Rocío, desde que te nos fuiste, como esas, ninguna. ¡Palabrita del Niño Jesús!

Esta mañana he llegado temprano, muy temprano al campo. Me acerqué a la orilla del río. El sol hacía un rato que había aparecido por los Lagares. Yo, absorto, miraba cómo se iba el agua; recordaba lo relatado en el preámbulo de este artículo…

Pajarillos sin nombre daban un concierto bellísimo. Una sinfonía que solo se disfruta a la orilla del río, una mañana, bien entrada la primavera. A vuelapluma, identifiqué jilgueros, chamarines, verderones, y un mirlo despistado que tocaba ese trombón que solo tocan los mirlos cuando pretenden imponer su mando en plaza. Qué ilusos, ¡si con la gente menuda no hay quien pueda!

Algún cabrero a su paso por la orilla cualquier tarde de estas o una ráfaga fuerte de viento ha tronchado unas cañas. Tan endebles y como resisten las noches huracanadas de invierno cuando silva el viento en los tejados y se esconden los gatos en el pajar y ellas, las cañas, soportan la fuerza de lo que se les viene y ven como troncha troncos y ramas de árboles…

Mi río nos la ha hecho pasar malas, muy malas. Dicen que fue un día en que a Dios se le fue la mano. No sé. A lo mejor había otra lectura y ustedes saben… Esta mañana entre arboleda de ribera regalaba belleza, quietud, invitaba a no irse y entonces me acordé del maestro Barbeito cuando escribió: “sería de mi gusto quedarme aquí, a la orilla del río, junto a la música del agua y hacer un amplio retrato de lo que veo”. Pero, maestro, de entrada, te digo que tú estás tocado con la Gracia Divina…

martes, 26 de mayo de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Un poco raros, sí

 




Mayo, 26 martes


Alguien dirá que con la que está cayendo ya vamos bien despachados. No toco la política. No se preocupen, me voy por Olvera que está incluso más lejos que ‘al margen’ (Por la similitud con el nombre del pueblo).

         Cuando Adolfo Suárez se presentó a una de las tantas elecciones a las que se enfrentó, el cartel era el de su imagen. Un hombre guapo, a decir, de las mujeres de aquel tiempo. Un analista norteamericano, esos señores que saben tanto de todo. Vamos por saber, saben hasta dónde van a sembrar lo alhaurinos los ajos el año que viene. Pues, también, se subió al carro y dijo que se hartaría de ganar elecciones. Todos sabemos lo que vino después.

Cuando Felipe González, o sea su partido, sacó a su campaña aquellos carteles de parques con niños jugando; otros paseaban en bicicleta; las madres disfrutaban del paisaje de un parque maravilloso donde, incluso, había pájaros que surcaba su cielo. También supimos qué pasó.

Hace unos años una empresa manchega hizo una propaganda de su famoso queso en Dinamarca. Tuvieron a bien poner el paisaje de la tierra, es decir, una estepa, molinos de viento, un hombre famélico sin una pizca de masa muscular. El compañero rechoncho bajete y con cara de buena persona….

La campaña, un fracaso. La pregunta vino de momento ¿qué ha podido pasar para habernos dado de bruces en el suelo? La respuesta se la dio el pueblo danés. Un señor tan delgado y otro tan sobrepasado que comen de lo mimo, si han llegado a esta salida con ese producto es que lo que nos venden como que no…

¿Por qué el señor guapo y el parque tuvieron una aceptación tan dispar? Muy fácil, un cartel era la España real.  El pueblo esta harto de realidades; el otro, la ilusión. Necesitamos ilusionarnos con algo. ¿Qué es un imposible? Ya se verá…

Parte del pueblo español se ha ido hace unos días a las marismas de Guadalquivir y se han desbordado en manifestar su devoción y su alegría. Hoy, esta mañana, cuando algunas hermandadas inician el camino de vuelta han debido desviarse porque está ardiendo Doñana. Dicen que puede ser provocado. Están contra el Rocío. Estos no admiten la felicidad de los otros, ¿Qué quieres que te demos?, le preguntaron a uno, que, a tu vecino, le vamos a dar el doble, y dijo “que me saquen un ojo”. ¿Somos así? ¿Distintos?  Un poco raros, sí.

 

lunes, 25 de mayo de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Corregüelas y albahacas

 

                      


 

Mayo, 25 lunes

 

“Por fin trajo el verde mayo / correhuelas y albacas…”. Lo dijo y escribió Miguel Hernández.

Mayo o el campo que, para el caso es lo mismo, está precioso. De cine. No de cine de Hitchcock, el del suspense, ese lo dejamos para la agricultura y la ganadería. No saben por dónde tirarse. Es el otro cine, el que deja el alma henchida y no constreñida en un puño.

Ya han virado las cebadas tempranas. Llaman a la hoz del segador que desmoche espigas: “de segar de los secanos ya vienen lo segadores / de segar de los secanos / de beber agua de pozo / toda llena de gusanos”. Y barcinas, con blandura y espera en la era a que se levante la marea. Espera larga bajo los palos mal trazados del chozajo…

Titilan los chopos. No se ve. Desde el soto del arroyo sube el arrullo de una tórtola. No debe tener el nido muy lejos. Arrulla en esas horas lentas, cansinas, soporíferas de la siesta. En el campo, por un rato, se hace el silencio de los otros pájaros…

Mayo, me evoca, también, de cuando niño, las tardes del mes de María con azucenas en tarros de cristal, margaritas y rosas bajo una estampa desleída y vieja. Reproducía la Inmaculada de Murillo; las voces blancas cantaban: “Venid y vamos todos”; después, cuando uno descubrió la literatura supo de aquel romance triste, muy triste que decía “que era por mayo, por mayo cuando hace el calor…”

 De grande, a veces, uno se pierde y, apenas si sabe ya con mayo deberá quedarse…