DESDE EL LUGAR
Lectores de José Morales García
sábado, 2 de mayo de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Crespúsculo
Mayo, 2 sábado
Me dice un amigo, que sus nietos van a acompañar a un grupo de niños italianos que vienen en intercambio de Erasmus a Huelva. ¡Qué suerte tienen estos niños que no tuvimos los niños de ayer! Van a visitar esa punta de España que ve irse el sol cada tarde…
“La Fe descubridora” asida a una cruz, pierde la mirada –como si la fe tuviese mirada- en la mar océana, aquella de la que Colón quiso que lo nombrasen almirante, y lo consiguió… Una traiña regresa a puerto y en el horizonte la luz. Y Huelva, allí, con su entramado de hierros que recuerdan a Eiffel…
La luz, la ‘sagrada luz’ del sur que la llamó Miguel Ángel Asturias de un sol que se hunde a un palmo del agua. Todo dorado, todo de ensueño, todo único como los paisajes que reflejan, a veces, los estados de alma. ‘Por allí, me dijeron la primera vez que estuve, se va a América”.
América
está tan lejos que no puede verse, que se intuye, que se sabe, que se anhela y
que fue El Dorado para muchos. Alguien dijo que El Dorado está siempre un poco
más allá de donde nosotros podemos llegar. Lo he buscado tanto que, siempre,
siempre, cuando creía tenerlo al alcance de la mano, me topaba con la realidad.
Cruda, dura, tal cual.
La mar, en calma. Sosegada, quieta, como sólo sabe hacerlo la mar cuando quiere ser buena, deja que reposen - quizá tengan echadas las redes - un puñado de pequeñas barquitas. Si uno no fuese hombre de tierra adentro sabría cómo se llaman esas barcas, qué están haciendo…
Me vienen a la mente aquella canción de tragedia donde la mar se tragaba faluchos y amores y esperanzas… ‘¿Me quieres, me quieres mucho? Dímelo, Manuel’… Y Gracia Montes que era quien la inmortalizó - a la copla - pregonaba que era tan bonita, la niña de Punta Umbría, como la Virgen del Conquero, como una flor entre la mar y la ría… Pero ¡ay! Ausencia, luto y pena y todo lo que viene después.
Las sirenas, dicen las malas lenguas que, no se atreven a llegar a donde se unen el Tinto y el Odiel porque, enfrente, en Punta Umbría, la niña sigue, triste y sola, mirando y mirando a las olas y, ahora, cuando ha pasado eso que llamamos tiempo, sigue y no se cansa de esperar.
Sigue
allí, imbuida en el hábito de fraile franciscano de La Rábida cercana, la Fe
Descubridora, y los faluchos que van y vienen a puerto y, la mar dorada bajo el
sol de la tarde. Y lejos, muy lejos, debe quedar eso que llamaron El Dorado y
que siempre - ¡me cachis! - siempre,
está un poco más allá de donde nosotros
podemos llegar.
viernes, 1 de mayo de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Mosaico de mayo
Mayo, 1 viernes
A media mañana se arrancó el levante; nubecillas
errantes en el azul del cielo. El celindo de la esquina está ahíto de
florecillas blancas, pequeñitas y perfumadas. Le han comprado un traje de
Primera Comunión; todavía, no ha florecido el jazmín; revientan los geranios…
El campo
no ha perdido la intensidad del verde crecido sin límites entre marzo y abril;
ofrece pinceladas prietas del impresionismo. Si el verde de las lomas y de los
bordes de los caminos se tornasen en azules y lilas podríamos decir que estamos
delante de un cuadro de Monet
Desde
la orilla del camino veo como cierra el cielo, la mole rocosa de la caliza
kárstica de El Torcal; más abajo, sobre las lomas de Virote, olivos prietos;
aquí, casi al alcance de mi mano, alcauciles nuevos, retamas en flor, hinojos,
tagarninas subidas, eneldos…
Han
pasado varios coches. Llevan prisa, demasiada prisa. Uno tiene necesariamente
que preguntarse por la gente que va por la carretera con tanta prisa. Estoy seguro
que no gozan, como lo hago yo, ahora, con la mirada del paisaje.
Las
montañas cercanas y las que están más al fondo o sea las Orejas de la Mula,
Pozo Viejo, Alhaja Prieta… forman una enorme concavidad. Por su fondo corren
dos arroyos; mejor, tres: el Jévar, el del Aljibe y el arroyo del Espinazo del
Perro. Después de andar sus tretas, volteando piedras y lodos, cahorros y secanos, todos terminan en el Guadalhorce.
Se cumple lo del pez grande se come al chico…
Todo
está vigoroso. El campo tiene la bendición de Dios que le envió agua aún a
tiempo y sol y brisa para peinar los trigos encañados. Ya tienen espigas, y las
cebadas tempranas y los garbanzales ahítos de salitre y cascabullos, y los
habares y... El paisaje hace que uno piense en Muñoz Rojas y en Barbeito que lo
pintaron con la palabra escrita y en Monet y en Benjamín Palencia que lo
hicieron con los pinceles y, por supuesto, en ese otro Pintor de Pintores. ¿A
qué sí?
jueves, 30 de abril de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Se nos va abril
Dehesa de Abajo. La Puebla del Río (Sevilla)
Abril, 30 jueves
Dice el calendario que se va
abril. El refranero afirma que tiene aguas mil; la liturgia católica que es el
mes de los grandes misterios sobre todo el de la Resurrección. Hay, también, en
ese mes un pasaje del evangelio que a mí me sabe a genial. El de los discípulos
de Emaús. Solo una frase, solo una, ya da sentido a todo lo que ocurrió por el
camino: “lo conocieron al partir el pan”.
Abril, este año, por mor del
calendario dice que en muchos pueblos se conmemora, un poco antes, a la Virgen
que está en el Cabezo, en Sierra Morena, en Andújar. También, en Álora y en
muchos más sitios. La imagen de la Sierra es muy morena, tanto que es casi
negra; la de mi pueblo, blanca…
Mayo llama ya a la puerta.
Mayo, el de las cruces en los patios, el de los rosales en flor, el laVírgenes
de Fátima y Auxiliadora, el de san Fernando… El del poema: “por mayo era por
mayo / cuando hace la calor…” ¡y usted que lo diga…!
No queda ahí la cosa. El trío,
Rafael de León, Quintero y Quiroga compusieron muchas canciones; algunas,
sublimes. Me encanta esa que cuenta como el amor no tiene fechas, ni lugares,
ni momentos. Viene cuando tiene que venir y punto. Y lo proclama: Amantes de
abril y mayo, porque las cosas requieren su tiempo.
El trío se juntó porque el azar
lo quiso. Antonio Márquez, marido de doña Concha Piquer les pidió un
espectáculo para su mujer. La copla les debe mucho. Ella, también, les dio lo
suyo. ¿Cómo se entiende si no que de algo tan cotidiano pueda surgir esta
belleza? Amantes de abril y mayo cuenta la proclamación de un amor.
Surge quizá de manera espontánea. Ella, ve el paso de los años, inexorablemente;
él, con el brío que aportan los veintidós…
No aclara la copla si Peñaflor
es el palacio astigitano o es el pueblo en las estribaciones de Sierra Morena,
en la margen derecha del Guadalquivir. No importa. Es el protagonista. Aparece
porque es testigo, ante la calle, de algo sublime, excelso. No se puede ocultar
y aflora: el amor.
La envidia cochina, a modo de
murmuración, y la culminación de la felicidad. ¡Qué pena que la copla no nos
cuente más cosas! Amantes de abril y
mayo. ¡Casi ná!