DESDE EL LUGAR
Lectores de José Morales García
domingo, 29 de marzo de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Gran Poder
Marzo,
29 Domingo de Ramos
Era una noche de abril.
Tú allí, sobre el trono.
Entre Tú y yo el silencio.
Yo
escuchaba el silencio. El silencio con que me hablas tantas veces.
Yo
escuchaba el silencio. Tu silencio. ¿Puedo decírtelo? Te lo digo: el silencio
nuestro. Hemos impuesto es manera de hablarnos: nuestro silencio.
Te veía
lejos, muy lejos sobre las cabezas del gentío. Pienso que todos, al igual te
hablábamos en esa manera diferente de hablar: nuestro silencio.
Otras
veces te he visto en San Lorenzo. No sé. Aquella noche de primavera te veía sin
la imposibilidad de mirarte con el miedo que da el mirarte cara a cara, el
sostenerte la mirada. En la lejanía, sabes que es otra cosa. Tú, sin embargo,
sabes que no existe esa distancia…
Musito
en silencio. No cabe otra. Entre labios me sale: “Yo pecador, confieso ante
Dios…” Y siento ese algo que se sabe que brota por dentro…
No sé.
No lo sé.
Era una
noche de abril.
Tú
allí, sobre el trono.
Entre
Tú y yo el silencio.
Una vez
más, otra vez, más el silencio con que Tú siembre me hablas… Y escucho y acepto
y…
sábado, 28 de marzo de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Virgen de los Dolores: Pide y alcanza...
VIRGEN
DE LOS DOLORES: PIDE Y ALCANZA…
Marzo,
28 sábado de Pasión. Avanzaba la noche lentamente, con parsimonia,
con esa cadencia con que se mueren todas las tardes, pero ésta era la de
viernes de Dolores. Igual, pero distinta a otras tardes. No era un atardecer
luminoso. No estaba el sol de la primavera recién nacida; todo, penumbra.
Desde
no se sabe cuándo (tampoco importa) cada atardecer de viernes de Dolores, los
hermanos llevan a la Virgen que tiene por nombre el mismo del día, desde su
altar – en la nave de la Epístola – al trono, al final de templo.
Se han
apagado casi todas las luces; encendidas, solo aquellas que facilitan la visión
imprescindible. Algún foco lejano, y un leve rumor de cantos que son rezos. Un
coro de voces femeninas entona: “Si las dulces palabras del ángel /
inundaron de gozo tu alma, / de un profeta la fúnebre calma / la llenó de
amargura y dolor”.
Un
golpe seco sobre la madera de varal pone el cortejo en marcha. La mecida suave,
con mimo, con cariño, como solo puede hacerse en un acompañamiento a una Madre
transida de dolor. El remate del canto apostilla: “por tus dolores / ten
compasión. / Pide y alcanza nuestro perdón”.
Una voz
entona: Dios te salve, María… Y así, poco a poco. Paso lento y corto, paradas
leves. Solo las suficientes que aportan un sentimiento especial. Vamos en una
procesión claustral. Se desgranan los Misterios Dolorosos: ¿Quién es esa
Mujer que angustiada, / vacilante y llorosa camina? / ¿Quién es esa Mujer tan
divina? ¿Quién es esa mujer celestial?” No hace falta, ¿verdad, que no la
respuesta?. El coro la da. “Esa triste mujer – responde – es María…”
Se
alterna con el rezo del Santo Rosario esa otra manera de rezar. Ya se sabe que
quien reza cantando, reza dos veces. Repasa lo acumulado por el fervor desde no
se sabe cuándo. La musicalidad, en un pentagrama sin partitura.
Recorre
el lateral del templo por la nave del Evangelio. Al final, espera el trono
donde María Santísima de los Dolores Coronada, paseará, un año más, por las
calles de Álora la noche del Jueves Santo y en la mañana del Viernes Santo. La
Despedía, punto y aparte. Llamada totémica en Álora….
Terminan
rezos, cantos y recogimiento; concluye el acto. El cielo, oscuro; la noche
cerrada. Es noche de viernes de Dolores. En mi interior resuena el estribillo
final: “por tus dolores / ten compasión. / Pide y alcanza nuestro perdón”.
Por
cierto, anoche iba la Virgen más bonita que nunca. Al menos, a mí me lo
pareció…
viernes, 27 de marzo de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El Cachorro, entre la vida... y la muerte
El Cachorro. F. Ruiz Gijón. (Utrera 1653 – Sevilla 1720)
Marzo 27, viernes de Dolores
Oscureció hace un rato. Subo a la terraza del
hotel Ribera de Triana. Sevilla aún no dormita bajo luces amarillas que
encauzan los caminos del sueño. Hace frío. Abajo, el río es una oscuridad
quieta. Chapina desde que hicieron la desviación tiene más de mar que de río…
Mañana, temprano, hemos convenido que iremos a
ver al Cachorro. “Mañana”, cuando uno está ávido de aprovechar el tiempo, está
ahí, al revolver de la madrugada.
¡Ay río de Sevilla! ¿Cuántos sueños bajaron por
sus aguas hacia aquellas tierras lejanas donde, a estas horas, hace un rato que
llegó el sol? A esas tierras la llamaron América.
Pienso que por este río también han subido
sueños. Sueños imposibles. Dijo Lorca que por los ríos de Granada solo reman
los suspiros, pero que para los barcos de vela Sevilla tiene un camino…
- ¿Para ir al Cachorro? Preguntamos…
- Al volver la esquina, todo seguido, calle
Castilla adelante. Le lleva a la puerta de la Basílica.
Encierra en su interior probablemente la joya más
grande de la imaginería barroca. Alguien dijo, que Ruiz Gijón cuando talló el
Cristo de la Expiración, no sabía que superaba a sus maestros Andrés Cansino y
Pedro Roldán y que de su gubia salía la obra más excelsa de un hombre – o sea
Dios – agonizando. Barbeito, maestro, dice que es el ‘Cristo de los gitanos’ de
la Saeta de don Antonio Machado.
La imagen del Cachorro, leyenda del gitano de la
cava, muerto por siete puñaladas, es el barroco pleno. Expresa el movimiento de
lo que pasa en ese momento. Es el tránsito de la vida a la muerte.
Ya no hay vida, pero todavía no ha llegado la
muerte porque es agonía. Sus ojos, vidriosos, no ven la tierra, pero entran en
el paraíso. El estudio anatómico de la imagen da como conclusión que en la
madera se consigue la perfección: es la obra de arte que lleva a la oración: "muéveme
Tú, muéveme de tal manera…”
Decía la sevillana de los Hermanos Reyes: “Del
Cachorro están hablando, Triana, / y dicen que no han visto, / un semblante
agonizando, Triana, / igual al de este Cristo…”
Llegamos a las Basílicas. Están unidas. La
primera con la Virgen de Patrocinio, talla de gloria - ¿la iglesia en el
antiguo camino de Extremadura y Huelva da nombre al barrio o el barrio da su
nombre a la Basílica? Todo es silencio. Él, soberbio en su soledad de la Cruz;
la imagen nueva de la Virgen, Patrocinio… Me acuerdo de Silvio. Único, acuñó
con aquel rock inolvidable, esa nueva manera de entender la saeta o la oración:
“Patrocinio del mío existir…”
Salgo a la calle. Voy a tu encuentro… . Por
dentro hay un no sé qué…