DESDE EL LUGAR
Lectores de José Morales García
miércoles, 4 de febrero de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Tened cuidadito...
Río Guadalete por Jerez de la Frontera (Cádiz)
Febrero, 4 miércoles
Escribir
un día como hoy no es fácil. No es cuestión de encadenar palabras, más o menos
enlazadas, y que digan algo fuera de los tópicos. Escribir, hoy, cuando la naturaleza
(el maestro Alcántara decía que la Naturaleza era una madre con muy mala leche)
nos pone en nuestro sitio… Pues eso.
Rebobino.
Una tarde, bajó Dios a echar el paseo, como todos los días, con la pareja y él
estaba escondido. Dios le preguntó que pasaba y le confesó aquello de su vergüenza
por estar desnudos, y todo eso que sabemos. En el fondo, le confirmaba que creía
que él podría ser como Dios - ¡puñetera soberbia! Y, vino, lo que vino.
Tiempo
después de aquella tromba de agua que dejó el Arca en el Monte Ararat,
decidieron hacer una torre tan alta, tan alta que el agua no pudiese llegar hasta
aquella altura. ¡Otra vez, la soberbia! Dice la Biblia que Dios los confundió,
les dio diferentes lenguas, y ya no se entendía entre ellos. (Ahora, tampoco,
perol eso es otro cantar).
Pasaron
días y noches. Cuarenta años de peregrinación por el desierto. Enfrente, la tierra
que manaba leche y miel. Dios que le dice que colpe con su vara para que brote
agua. El hombre conductor de su pueblo lo hace, pero por dos veces, por
desconfianza. Viene el castigo. No pisará la Tierra Prometida…
Ha pasado
desde entonces mucha agua por debajo de los puentes. Ahora, - esto es cíclico, también,
algunos hombres echados en manos de la ciencia decían, hace unos meses, que
tendríamos un invierno caluroso y seco…. (Que Santa Lucía les conserve la
vista); otros, han visto los cauces de arroyos y ríos más lejos de lo que están
en realidad y han avanzado y han creído que domesticarían a la Naturaleza. En
el fondo, no queremos reconocer que la Naturaleza se rige por otras leyes, a
las que nosotros les ponemos zancadillas, pero la Naturaleza no tiene la culpa.
Hay quien
va más lejos y culpa a Dios. ¿Por qué permite Dios esto? Un amigo me decía hace
unos días hablando del nombre del nuevo Hospital de Málaga, que se va a llamar
Virgen de la Esperanza, que Dios comenzaba donde el hombre no es capaz de superar
su limitación.
Ahora,
llueve y llueve. La impotencia humana queda de manifiesto. Se intenta atajar,
en la medida de lo posible, el desastre. Aparece la solidaridad. Lo mejor de
los hombres, gente anónima. Tienen muchas cosas buenas. Esta mañana, un equipo
de TV entrevistaba en Grazalema a una mujer mayor. Ella, se prestaba a ayudar a
sus vecinos; sacan agua del interior de las casas. Se despiden. La señora les
dice:
- Tened
cuidadito…
martes, 3 de febrero de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El catalán
Febrero, 3 martes
El tren
partía de Málaga, de la estación que todavía no se llamaba María Zambrano, en
el corazón de El Perchel, al caer la tarde, entre dos luces, Las manillas del
reloj superaban las 5,30. En los meses de invierno, la luz ya estaba
empobrecida.
Cuando
llegaba a El Chorro ya era casi de noche. Los túneles, en las tinieblas,
perdían el encanto que tenían con la plena luz de día. En Bobadilla – la
primera parada – ya estaban las luces encendidas. Era de noche.
Como
era de noche la llegada a Córdoba. Allí, le unían el otro trozo de tren que
venía de Sevilla. Obviamente, se llamaba el “Sevillano”. Maletas de
cartón, cestos, canastos granes cosidos para que nadie pudiese meter mano en la
mercancía. Sueños por dentro; y el otro, el que hace que se cierren los ojos
por el cansancio…
Con la
noche cerrada, en los meses de verano, se veían las estrellas en el firmamento;
por las ventanillas entraba el olor a rastrojo, a mies recién segada; a campo…
El tren caracoleaba por Montoro, por el Carpio, por Villa de Río, por Marmolejo,
por Andújar… con el Guadalquivir. Luego, venía la oscuridad más intensa.
Despeñaperros y La Mancha.
En
Alcázar de San Juan, tomaba dirección a Levante. Indefectiblemente, subían
varios hombres. Voceaban por el pasillo y despertaba a la gente rendida por el
cansancio…
- “Tortas
de Alcázar, tortas de Alcázar…”
Al amanecer,
el tren estaba en Albacete. Ya era de día. La llanura, inmensa. Si era
invierno, helada y algunas veces cubierta de nieve. Ofrecían café en botellines
de cerveza. Un hombre con una caja colgada al cuello que pendía de una correa
larga, pregonaba:
- “Navajas
de Albacete, navajas de Albacete...”
El tren
reanudaba la marcha. En la la Higuera desenganchan unos vagones. Iban para
Alicante; el grueso, para Valencia. Cambiaba el paisaje. Ahora, extensiones
bellísimas de naranjos. La estación una preciosidad. Al igual que en Alcázar,
ponían la máquina tractora en cola. Otra vez, en sentido contrario.
Por
Castellón la cercanía de la costa dejaba ver el mar. En Tarragona casi se podía
tocar con la mano. Era, por supuesto una ilusión. La vegetación, desde la
ventanilla: pinos, algarrobos, almendros, olivos raquíticos, y bosque bajo
mediterráneo. Era otro paisaje. Se antojaba más verde y oloroso.
La gran
ciudad se abría mucho antes de llegar. El humo salía de las fábricas, grandes
construcciones, naves de diferentes tamaños… Era otro paisaje. Después, el tren
aminoraba la marcha. Surgían vías a ambos lados. La estación de Francia parecía
inmensa. Veintitrés horas de viaje y el
tren echa el freno; por los conductos de la maquina salían chorros de humo
blanco, o sea vapor… Unos, tenían más cerca sus sueños; otros, seguíamos
camino…
lunes, 2 de febrero de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Andalucía vista por españoles del siglo XIX
ANDALUCÍA VISTA
POR LOS ESPAÑOLES DEL SIGLO XIX
Febrero, 2 lunes
Los viajeros
románticos buscaban en la Andalucía del siglo XIX bandoleros, artistas,
toreros, gente de guitarra y castañuelas. Los nuestros, no. Relataron lo que
ellos conocían. Contaron una realidad que palpaban. A veces, de las ventanillas
del tren que era la novedad, o en la diligencia que consumía horas bajo el sol
y cruzaba campos solitarios.
Olivares de la
Peña (1878) dice:
“La vegetación,
pobre y desmedrada sobre las alturas pedregosas, se hace cada vez más bella y
potente, rica en trigo, viñas y olivares, gracias al Guadalquivir que pronto se
descubre en el campo que fertiliza. Lo atravesamos en Menjibar, sobre un puente
de hierro”.
Cecilia Böhl de
Fäber (1856) establece, un canon de lo que debe ser el paisaje desde su punto
de vista. Ofrece una visión negativa de los paisajes cotidianos del campo
andaluz. No dice el nombre, pero deja al pobre pueblo para el arrastre:
“Para hacer de este pueblo, que tiene fama de ser muy feo, un lugar pintoresco y vistoso (…). En él no se ven ni ríos, ni lagos, ni umbrosos árboles; tampoco casitas campestres con verdes celosías, merenderos cubiertos de enredaderas, ni pavos reales y gallinas de Guinea picoteando el verde césped”.
El granadino,
Pedro Antonio de Alarcón (1873) describe ambientes y paisajes con precisión y
detalle. Su obra histórico-literaria: La Alpujarra es una fiel
interpretación de uno de los paisajes agrarios señeros de Andalucía:
“Lanjarón es un
sueño de poetas (…). Lo que yo puedo asegurar que en Marzo, cuando lo vimos
nosotros, parecía un verdadero paraíso; pues, en la base del cerro, todo era ya
verdor, y hasta fruto; en su cumbre, abundaban aquellos árboles que no pierden
sus hojas en el invierno; y, en la parte intermedia, los almendros, los
guindos, los cerezos, los perales y los duraznos, si no tenían hojas, tenían
algo mejor: tenían flores (…)
Se canta el
campo que se vive, que se conoce o que se ve al pasar. Juan Valera (1895),
egabrense, viajero por el mundo. Embajador de España en Portugal, Bélgica y
Alemania. Hombre muy enamoradizo vertía su propia vida en los paisajes ¿o era
al revés y los paisajes lo configuraron a él? en Pepita Jiménez, su obra
más universal cuenta:
“Hermoso sitio,
de lo más ameno y pintoresco que puede imaginarse. El riachuelo que riega casi
todas estas huertas, sangrado por mil acequias, pasa al lado de la que
visitamos: se forma allí una presa, y cuando se suelta el agua sobrante del
riego, cae en un hondo barranco poblado en ambas márgenes de álamos blancos y
negros, mimbrones, adelfas floridas y otros árboles frondosos”.
Aprovechamiento del agua. Cuevas del Becerro (Málaga)