viernes, 6 de febrero de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Grazalema entre el miedo y la esperanza

 

     

            Grazalema (Cádiz)


Febrero, 6 viernes

 

Grazalema es un municipio integrante de ese rosario de poblaciones con un apellido común: Pueblos Blancos. Está en Sierra de Cádiz, limítrofe con la provincia de Málaga, y en uno de los parajes más bellos que uno puede encontrarse por los caminos. Hoy, obligado al desalojo por temor a la tragedia.

Tengo un pellizco especial con Grazalema. La primera vez que oí hablar de él fue a través de un amigo. Era coadjutor en la parroquia de Ubrique  Desde allí, atendían a la parroquia de Benamahoma, y a veces, a Grazalema.

“Iba y venía, me contó, andando, por los caminos de la Sierra (eran la época “de los maquis”). Los veía, hablaba con ellos y servía de correo con sus familias)”. “A muchos, agregó, le conseguimos la reinserción”. La Guardia Civil conocedora de todo me incordiaba buscando información”.  El párroco, se puso el manteo, que era como se vestían los párrocos cuando visitaban oficialmente al Obispo y se fue a Málaga a verlo. Lo Puso al corriente de todo… Por arte de birlibirloque terminaron “las molestias”.

Años después, un Domingo de Resurrección, Diego, un Municipal del pueblo me puso al corriente de la importancia que tuvo para su economía la fabricación de mantas y paños. “Un inglés que vivió aquí, me dijo, lo dejó todo en un libro”. Mi amigo Salvador Rodríguez Becerra me dio acceso a ese libro. The People of the Sierra. El mejor estudio antropológico de Grazalema, de los años cuarenta. Su autor, Julián A. Pitt- Rivers. Vivió allí desde 1949 a 1952; en 1954 lo publicó.

Su gente, excepcional. Ayer, mientras achicaban agua, una señora mayor no se ‘escuchaba a sí misma”. Se dirige a un cámara. “Hijo, ¿queréis unos calcetines secos? Estáis chorreando”. Sin palabras.

Se agolpan los recuerdos de otras visitas: las iglesias (casi siempre cerradas), de aquel día de nevada, de una mañana después de una noche de lluvia… y de aquel día, de finales de mayo, 25 y lunes…  Era una tarde soleada y tibia, con otros amigos, dejamos a un amigo entre los muros encalados del Camposanto…

He vuelto muchas veces; unas de paso: por el Puerto del Boyar y Benamahoma a El Bosque; por el de Las Palomas, a Zahara de la Sierra. Por la otra vertiente, a Benaocaz y por Villaluenga del Rosario a Ubrique; otras, he deambulado sin rumbo por sus calles.

La última vez - poco más de un año – escribí que Grazalema es una pincelada blanca entre las calizas de la sierra; Grazalema es la primorosidad de lo bien hecho o el buen gusto que juega al escondite por las esquinas. (…) Se asoman, a la plaza, los picos calizos de la sierra de San Cristóbal o El Torreón y, el pueblo, desde la balconada, ve irse el Guadalete y la Serranía y a las tierras lejanas, que se entrecortan en el horizonte más allá de la carretera que lleva a Ronda o a Olvera, bordeando el pantano.

 

miércoles, 4 de febrero de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 



Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Tened cuidadito...

 


                Río Guadalete por Jerez de la Frontera (Cádiz)


Febrero, 4 miércoles


Escribir un día como hoy no es fácil. No es cuestión de encadenar palabras, más o menos enlazadas, y que digan algo fuera de los tópicos. Escribir, hoy, cuando la naturaleza (el maestro Alcántara decía que la Naturaleza era una madre con muy mala leche) nos pone en nuestro sitio… Pues eso.

Rebobino. Una tarde, bajó Dios a echar el paseo, como todos los días, con la pareja y él estaba escondido. Dios le preguntó que pasaba y le confesó aquello de su vergüenza por estar desnudos, y todo eso que sabemos. En el fondo, le confirmaba que creía que él podría ser como Dios - ¡puñetera soberbia! Y, vino, lo que vino.

Tiempo después de aquella tromba de agua que dejó el Arca en el Monte Ararat, decidieron hacer una torre tan alta, tan alta que el agua no pudiese llegar hasta aquella altura. ¡Otra vez, la soberbia! Dice la Biblia que Dios los confundió, les dio diferentes lenguas, y ya no se entendía entre ellos. (Ahora, tampoco, perol eso es otro cantar).

Pasaron días y noches. Cuarenta años de peregrinación por el desierto. Enfrente, la tierra que manaba leche y miel. Dios que le dice que colpe con su vara para que brote agua. El hombre conductor de su pueblo lo hace, pero por dos veces, por desconfianza. Viene el castigo. No pisará la Tierra Prometida…

Ha pasado desde entonces mucha agua por debajo de los puentes. Ahora, - esto es cíclico, también, algunos hombres echados en manos de la ciencia decían, hace unos meses, que tendríamos un invierno caluroso y seco…. (Que Santa Lucía les conserve la vista); otros, han visto los cauces de arroyos y ríos más lejos de lo que están en realidad y han avanzado y han creído que domesticarían a la Naturaleza. En el fondo, no queremos reconocer que la Naturaleza se rige por otras leyes, a las que nosotros les ponemos zancadillas, pero la Naturaleza no tiene la culpa.

Hay quien va más lejos y culpa a Dios. ¿Por qué permite Dios esto? Un amigo me decía hace unos días hablando del nombre del nuevo Hospital de Málaga, que se va a llamar Virgen de la Esperanza, que Dios comenzaba donde el hombre no es capaz de superar su limitación.  

Ahora, llueve y llueve. La impotencia humana queda de manifiesto. Se intenta atajar, en la medida de lo posible, el desastre. Aparece la solidaridad. Lo mejor de los hombres, gente anónima. Tienen muchas cosas buenas. Esta mañana, un equipo de TV entrevistaba en Grazalema a una mujer mayor. Ella, se prestaba a ayudar a sus vecinos; sacan agua del interior de las casas. Se despiden. La señora les dice:

- Tened cuidadito…

 

martes, 3 de febrero de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El catalán

 

        


 

Febrero, 3 martes


El tren partía de Málaga, de la estación que todavía no se llamaba María Zambrano, en el corazón de El Perchel, al caer la tarde, entre dos luces, Las manillas del reloj superaban las 5,30. En los meses de invierno, la luz ya estaba empobrecida.

Cuando llegaba a El Chorro ya era casi de noche. Los túneles, en las tinieblas, perdían el encanto que tenían con la plena luz de día. En Bobadilla – la primera parada – ya estaban las luces encendidas. Era de noche.

Como era de noche la llegada a Córdoba. Allí, le unían el otro trozo de tren que venía de Sevilla. Obviamente, se llamaba el “Sevillano”. Maletas de cartón, cestos, canastos granes cosidos para que nadie pudiese meter mano en la mercancía. Sueños por dentro; y el otro, el que hace que se cierren los ojos por el cansancio…

Con la noche cerrada, en los meses de verano, se veían las estrellas en el firmamento; por las ventanillas entraba el olor a rastrojo, a mies recién segada; a campo… El tren caracoleaba por Montoro, por el Carpio, por Villa de Río, por Marmolejo, por Andújar… con el Guadalquivir. Luego, venía la oscuridad más intensa. Despeñaperros y La Mancha.

En Alcázar de San Juan, tomaba dirección a Levante. Indefectiblemente, subían varios hombres. Voceaban por el pasillo y despertaba a la gente rendida por el cansancio…

- “Tortas de Alcázar, tortas de Alcázar…”

Al amanecer, el tren estaba en Albacete. Ya era de día. La llanura, inmensa. Si era invierno, helada y algunas veces cubierta de nieve. Ofrecían café en botellines de cerveza. Un hombre con una caja colgada al cuello que pendía de una correa larga, pregonaba:

- “Navajas de Albacete, navajas de Albacete...”

El tren reanudaba la marcha. En la la Higuera desenganchan unos vagones. Iban para Alicante; el grueso, para Valencia. Cambiaba el paisaje. Ahora, extensiones bellísimas de naranjos. La estación una preciosidad. Al igual que en Alcázar, ponían la máquina tractora en cola. Otra vez, en sentido contrario.

Por Castellón la cercanía de la costa dejaba ver el mar. En Tarragona casi se podía tocar con la mano. Era, por supuesto una ilusión. La vegetación, desde la ventanilla: pinos, algarrobos, almendros, olivos raquíticos, y bosque bajo mediterráneo. Era otro paisaje. Se antojaba más verde y oloroso.

La gran ciudad se abría mucho antes de llegar. El humo salía de las fábricas, grandes construcciones, naves de diferentes tamaños… Era otro paisaje. Después, el tren aminoraba la marcha. Surgían vías a ambos lados. La estación de Francia parecía inmensa. Veintitrés horas de viaje y  el tren echa el freno; por los conductos de la maquina salían chorros de humo blanco, o sea vapor… Unos, tenían más cerca sus sueños; otros, seguíamos camino…