lunes, 28 de septiembre de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Día de Otoño

 



Septiembre, 28 lunes


Hoy, se ha derramado la primera, de las tres Cabañuela del Pastor. El día abrió entoldado. Estaba gris plata; luego, se oscureció. Subió el tinte y se tornó más oscuro. Caían gotas casi imperceptibles. La calle cada vez estaba mas mojada; algunos coches llevaban accionado el limpia parabrisas.

A media mañana se quiso arreglar. Comenzó a llover de verdad. Era un agua mansa, de esa que cala. Si yo supiera escribir les diría que era algo precioso, deseado. Les contaría que los pájaros se han resguardado entre las hojas espesas de algunos árboles y que los campos, las lomas del Chopo y las de Virote y las otras, todas las otras y todas las tierras la recibían como se reciben los regalos especiales y únicos.

Era una mañana para estarse quietecito y contemplar. Esperar serenamente que pase el tiempo y aguardar. Aguardar… ¿qué? Ese momento en que uno siente el alma henchida porque sabe que Dios nos está regalando su Gracia.

Me senté donde siempre, delante de la ventana. Veía como una música casi continua bajaba – porque, como dice Barbeito, en días como estos, Dios toca el arpa de la lluvia- sin descanso, sin interrupción sobre las copas de los algarrobos del Peñón Gordo, sobre el tejado de frente de mi casa, sobre los olivos escuálidos de la jerriza, sobre las piedras desprendidas de El Hacho, desde no sabemos cuándo y están ahí y formaron parte de nuestras vidas y de nuestros juegos infantiles.

Era mañana de libro. Me refugié en la Vidas del Miguel de Cervantes. Una biografía distinta. Reeditado por Destino 2025. Hace unos días, cuando caía la tarde, en un encuentro entrañable, me lo dedicó su autor. Para mi amigo Pepe Morales, esta vida incógnita. Con todo mi afecto. A. (esa ‘A’ la aclaro yo: Andrés y agrego Trapiello) 18 de sept. De 2026…

         He leído hasta hace un rato. He puesto, de fondo -ahora no llueve-  el Otoño de Vivaldi y acudo a comunicarme con ustedes que me leen cuando pueden porque hoy es un Día de Otoño.

 

domingo, 27 de septiembre de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suela del cuaderno de bitácora. Jardines de España. Reales Alcázares. Sevilla

 

                  JARDINES DE ESPAÑA 2. REALES ALCÁZARES. SEVILLA

 


Hay que recorrerlos despacio. Sin prisa. Da igual la estación del año. Su belleza, deslumbra. Sale al encuentro del visitante. ¿Quién busca a quién?



No se sabe a dónde atender. Puede que los descubras con las luces del otoño. Se despiden las buganvillas y las madreselvas; rompen a llamar los ocres y amarillos…; si es por primavera, habrá un deslumbre de todos los sentidos.


 

La noche, en invierno, se echa la capa, y se resbala por las solerías y cerámicas, por entre las celosías de las ventanas, por los recovecos de los mirtos mientras la luna rompe el embrujo de las nubes.  Y te susurra palabras de amor, palabras…

                                


Las tardes de primavera eclosionan en la ruptura de los sentidos: azahares, surtidores, sombras embrujadas…  y como Altolaguirre: “Mi tiempo labrado en el aire / en agua, en fuego, en arcilla, testimonio la de un alma que ante Dios se exterioriza”

 


El verano tórrido de Sevilla necesita durante el día las sombras, sus sombras, las sombras vitales… y cuando la noche llegue, como don Antonio: “En el cenit, la luna, y en la torre, / la esfera del reloj iluminada. / Yo en este viejo pueblo paseando / solo, como un fantasma”.

             


Casi imposible, describir en pocas líneas toda la realidad, la poesía, la historia, incluso la leyenda, que encierran estos jardines. Junto al palacio real habitado más antiguo de Europa, Patrimonio, hoy, de la Humanidad

 


En la antigüedad, huertas musulmanas; hoy, jardines exuberantes. Abarcan toda la Historia y los estilos de la jardinería desde el siglo X hasta casi nuestros días. No queda un palmo que no ofrezca o parte de esa historia o la belleza acumulada a través del paso de los años. Y, en silencio conmigo mismo, lo hago más mío porque “Yo soy como la gente que a mi tierra vinieron / - soy de la raza mora, vieja amiga del sol - que todo lo ganaron y todo lo perdieron…”

 


Pavos reales, gorriones, palomas, vencejos, golondrinas “pero aquellas que el vuelo refrenaba / tu hermosura y mi dicha al contemplar, / aquellas que aprendieron nuestros nombres…/ esas…no volverán”), jilgueros con nidos, cuando viene mayo, en los naranjo, ruiseñores en las madreselvas…

                


Antiguos jardines de los taifas Sevillanos, viejos cruceros almohades, esplendor de lo mudéjar, grutescos renacentistas que conviven hoy con escenografías barrocas, recuerdos de la epopeya americana, delicados toques de eclecticismo novecentista, retazos de jardín regionalista de principios del siglo pasado e incluso un ligero apunte de paisajismo inglés en honor de S.M. la Reina Victoria Eugenia.



Todo perfumado con un aura de romanticismo que impregna la poética de sus patios y fuentes, la espesura de sus setos, la hierática frescura de sus estanques, la sombra de sus árboles, la escondida semántica de sus nombres: jardín del Chorrón, de la Danza, de la Galera, jardín del Laberinto, de las Damas, de los Poetas, patio del León, estanque de Mercurio, pabellón de la China…

 


Una letanía de nombres. Cada uno de ellos en sí encierra tanto como para dejar que pase el tiempo en su contemplación sin tener que justificarlo.  Porque aquí se encierra historia. Mucha historia y belleza, tanta, tanta que uno no sabe con cual quedarse. ¿Y si se queda con las dos? Entonces, necesariamente, tiene que ir una y dos o más veces a extasiarse en su interior.



Joaquín Romero Murube, su Conservador, entendía el Alcázar no solo como un palacio histórico, “sino como un refugio espiritual donde la naturaleza, el agua y la arquitectura islámica y renacentista se funden en una sola melodía”.

 


Mirtos, calas, nenúfares… y ¿como no? rosas, siempre rosas, rosas con espinas, ahíta de color y belleza, como la vida, como Sevilla, como los Jardines de sus Reales Alcázares…


Y si tienes ocasión, siéntate, sueña ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén


P.d. Fotos. Tomadas de la red; M. Hidalgo.

 

 

 

sábado, 26 de septiembre de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra música folk ¿una desconocida?

 


             Pepe Rosas, Paulina, Juan Martín “El Capitán”, Rafael Lería


Septiembre, 26 sábado


Álora, cuna de arte desde tiempos perdidos, desde no se sabe cuándo ha sido un poso de referencia en convenciones, encuentros de estudiosos y conocedores del mundo del folclore, la etnografía y la riqueza cultural que duerme bajo la pátina del olvido. Álora aflora, pero después, otra vez, vuelve a ocultarse no sabemos por qué.

Dentro del folclore de Álora hay dos figuras – sin por supuesto, olvidarnos de otras – que descuellan sobre todos lo demás. Uno fue, Pepe Rosas. El profesor Rodríguez Becerra, Catedrático emérito, de Antropología Social de la Universidad de Sevilla lo definió como “memoria colectiva de un pueblo”. No hace falta decir que es acertadísima la definición.

Había, además, una serie de personas, “gente del pueblo” - ¿Puede haber una expresión más bonita? que atesoraban coplas canciones, villancicos… A vuela pluma pienso en la Niña Benítez, el maestro Escalona, Antonio “el Divino”, Juan Martín “El capitán”, el maestro Paquirri, María “la Estorba” Gabriela López, Juan "Veneno", Dolorcita “la Rubia”. Y llegado aquí pido perdón por la omisión de muchos más nombres. La memoria de uno, endeblísima…

El otro pilar, el Grupo Folk Nuestra Tierra, bajo el alma de Tomás Salas. Surgieron en un momento donde la música Folk (la palabra folclore significa “saber del pueblo”) en España se removían en los cimientos que estaban olvidados o identificados con algo que no era.  Quizá sería más exactos decir ‘dormidos’ y esperaban como el arpa de los versos de Bécquer, la mano que le arrancase las notas.

“Nuestra Tierra”, uno que ama estas cosas sintió que ellos nos regalaban algo que todos necesitábamos y que llegó en su momento. Sacaron del arca prendas preciosas. Es más, casi únicas.  Sabíamos que estaban ahí, pero…. Y ellos con un trabajo de casi ‘rebusca’ (pemítaseme la expresión) comenzaron a sacar coplas, canciones, momentos de la pequeña gran historia de Álora.

En sus canciones supimos cómo era la Álora de nuestros bisabuelos, o de quizá antes. La vida cotidiana del pueblo se expresaba en el cante y baile. Y dijimos que para patrona bendita…Y supimos que nuestro callejero no era como el de Madrid, sino mejor, porque tenía tres calles de las que carecía la Capital de España y que eso de los noviazgos en las esquinas… pero y si el pretendiente ¿era aceitunero? Pues entonces, la madre terciaba. ¡Ay, mi niña que yo quiero otro novio ti!...

Había más, la lacra, la enorme lacra de la violencia. Se nos adelantó a los tiempos y se cantó a modo de romance… Y supimos que ella en un alarde de generosidad enorme dejó encargado que le digan a mi madre “que he muerto de una calentura grande”.

¡Qué grande es Nuestra Tierra! Y la tierra madre que nos vio nacer, y no es chauvinismo. Si uno no quiere a su madre ¿a quién va querer?