DESDE EL LUGAR
Lectores de José Morales García
sábado, 7 de marzo de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El Silencio
Autor. José Carlos Torres
Marzo,
7 sábado
“La Virgen
de la Piedad nos abraza con su mirada” dijo Pilar Carrrasco Gil en la
presentación del cartel de la Cofradía de la Piedad o el Silencio. La
presentación de la obra de José Carlos Torres congregó a muchísimas personas. Llenaron
el templo de la Vera Cruz, hasta abarrotarlo – muchos lo siguieron de pie - donde esta advocación de uno de los momentos (“El
Silencio, dijo, la presentadora es el momento más humano de la Pasión” ) más
enternecedores de la Muerte de Jesús.
Pilar
Carrasco engarzó una sucesión de palabras emotivas, llenas de descripción,
cargadas de mensaje cofradiero y portadoras de pinceladas de fe y devoción para
una veneración que, por su iconografía, manera de actuar y manifestación en la
noche del Viernes Santo es emblemática y diferenciadora de todas las procesiones
de la Semana Santa de Álora.
La presentadora,
Licenciada en Historia y Arte por la Universidad de Córdoba, desgranó una
misiva pausada, sencilla y con pincelada poéticas, del mismísimo de San Juan de
la Cruz y o del cancionero popular. Cada palabra tenía un sentido. Encerraba una
vivencia cofradiera, aspecto que atesora, por su formación universitaria y por
sus experiencia familiar, que la han formado desde su nacimiento en el seno de la
comunidad cristiana.
Pilar Carrasco
tuvo momentos de cariño y ternura para personas muy cercanas a ella que han
incidido de manera muy directa en su formación. La disertación fue interrumpida
varias veces por aplausos del público, y ella, en cada reanudación, mantuvo la
serenidad del mensaje directo con la palabra y tono ponderado y pleno de
dulzura. Su línea de firmeza en el tono de la palabra era una conjunción perfecta
con el mensaje que proclamaba.
José Carlos
Torres, ya – hace mucho tiempo que había superado el listón, y ahora queda
confirmado- ha dejado de ser un
artistita de promesa para mostrarse dominador del arte sacro en algo tan
puntual y directo como es un cartel. Todo en él es mensaje. No da puntadas sin
hilos y todo va directo al espectador que mira y ve lo que el artista ha
querido plasmar.
“Juega’
con la salida procesional. El Centro es la imagen de María que sostiene a Jesús,
muerto en sus brazos. Hace realidad las palabras del profeta: “Oh, vosotros que
pasáis por el camino, mirad si hay dolor semejante a mi dolor”; el fondo, el dintel
del templo de la Vera Cruz escoltado por un conjunto capirotes negros y
morados. José Carlos, como Velázquez en la Rendición de Breda – soy consciente de
que estas son palabras mayores – ha jugado con la inclinación de los colores y
ha dado movilidad y vida al cortejo…
Presidió
el acto el párroco de la localidad Felipe G. Gallego y el edil de Cultura José
Antonio Díaz, en representación del alcalde Fracisco J. Martínez, ausente por
motivos de agenda, que se incorporó posteriormente, y hermanos mayores de otras
Cofradías.
Anoche
en la iglesia de la Veracruz se confirmó el aflore de savia nueva. Gracias a Pilar
y a José Carlos. Enhorabuena, Álora. Lo que viene es mejor, bueno, buenísimo.
Enhorabuena generaciones que ya dejáis de ser futuro y sois realidad.
viernes, 6 de marzo de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El carbonerillo de media mañana
Marzo, 6 viernes
Amaneció
un día esplendido; cielo azul y sin viento. Abría como un preludio de la
primavera que llama a la puerta. Al rato, aparecieron unas nubes por las
cumbres de Sierra Agua. Abría la yerbabonita; cantaba un carbonerillo…
Dicen
los que saben de pájaros, o sea, los ornitólogos, que pertenece a la familia de
los páridos y que es muy común en Europa. Vive en los bosques y en las zonas
umbrosas. Ocupa un espacio que puede llegar, de oriente a occidente, desde el
Cáucaso al Cabo de San Vicente; por el norte, hasta los países nórdicos.
(Ahora, los carbonerillos del Cáucaso deben sentir, también, el miedo…)
En mi
pueblo se les conoce como el pajarito del agua. Les atribuyen la característica
que no poseen como es el de predecir el cambio de tiempo, Dicen que anuncian si
va a llover… A diferencia de las aves frías que vienen en los meses más gélidos
del invierno, su llegada era preludio de buen tiempo y anunciaban que vienen
las flores al campo y las rosas a los rosales y las campanillas moradas a los
bordes de los caminos.
Durante
el verano pasan al ostracismo. Están desapercibidos. No es especialmente bello,
pero sí muy significativo. Es de estos pájaros que cantan en monosílabos.
Según
interese, la gente del campo decía que respondían a las preguntas. “¿Pajarito
del agua – era la pregunta de manual – va llover?” y con ese “sí, señor; sí,
señor; sí, señor” parecía contentar al interrogante curioso que se dejaba
llevar por el deseo y no por la verdad.
Esta
mañana lo he escuchado. Venía de la zona más tupida donde los granados ya
comienzan a vestirse Hacía poco rato que el viento, el poco viento que soplaba,
casi imperceptible venía de poniente. Tañeron las campanas del Santuario de
Flores a la hora del ángelus...Era el momento de acordarse de Ella.
El
cielo, entoldado, por momentos. Al rato, comenzaron a bajar gotas despistadas. Eran nubes plomizas y andarinas. Ya se sabe:
“el levante las mueve y el poniente, las llueve”. Las nubes no permanecían
quietas. Iban ligeras como quien tiene bulla…
-
Si se echara el aire, me dijo un vecino, a lo mejor, llovía.
El
carbonerillo seguía con su canto. Me atreví, en la compañía de mi soledad, a
preguntarle…
-
Carbonerillo, ¿el mundo tiene arreglo?
-
Al principio, permaneció en silencio. Luego, “sí, señor; sí,
señor; sí señor… (Creí entender).
No dije
nada. Recogí mis cosas… Al pasar por la Cuesta del Convento, giré, como algunas
veces, para llegarme hasta donde está Ella…
jueves, 5 de marzo de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. ¿Belleza o desconcierto?
Puente romano de Córdoba sobre el río Guadalquivir
Marzo, 5 jueves
Los
parámetros del arte van por derroteros que, a veces, desconciertan. Hay
momentos puntuales que nadie tiene que decir lo que encierra dentro. ¿Hay que
explicar un crepúsculo? ¿El canto de un ruiseñor en la madrugada? ¿El llanto de
un niño? ¿La expresión de alegría en la cara?
Decían
que los griegos cultivaron la belleza por el placer de lo bello. Pensemos en
cualquiera de las muestras de su arte que, algunas hasta mutiladas, han llegado
hasta nosotros. A veces, incluso, en nuestra fantasía podemos llegar a dotarlas
de más belleza aún de la que incluso tenían.
Los
romanos a lo bello, agregaron, lo práctico. La utilidad. El Coliseum era una
obra de arte por la magnificencia que se unía a lo que ya en sí suponía, por su
acústica, por su espectacularidad. He visto pasar el agua del Tajo bajo el
puente de Alcántara o del Guadalquivir en
Córdoba y he pensado en la marcha del agua que no está quieta y en el puente
estable durante años y años para que se dé uso a la gente.
Jardines
del Generalife. Granada
Los
árabes nos trajeron jardines con aguas, arriates con mirtos en flor, fuentes
que manaban y mitigaban los rigores de la noche de los veranos tórridos del sur…
Los pájaros cantaban en las arboledas y el hedonismo de unos pocos era envidado
por otros que carecían de muchas cosas. El Generalife, la Alhambra, Medina Azahara…
En las
proximidades del año mil la gente pensó que se acaba el mundo. A aquel gran
cataclismo que iba a arramplar con todo había que hacerle frente. Muros
descomunales que pudieran resistir lo se les venía. El hombre luchó contra su
miedo y su impotencia y… no pasó nada.
El
gótico respondió con el encaje de la piedra, con las vidrieras que darían la
luz – oh luz del sol, o Luz de Dios – al interior de templos oscuros que, a
medida que avanzaba el día todo era una sinfonía en el interior y uno, cuando
se encuentra allí y mira sin saber hacia dónde porque quiere atraparlo todo, queda
anonadado.
Vidrieras de la Catedral.
León
El Barroco, el Rococó, el arte de los siglos XX y XXI es una sucesión de sensaciones. Nos preguntamos. ¿Qué es la belleza? Hay dos respuestas: la que nos da la naturaleza y la que nos ofrece el artista. Me quedo con aquella que dice que “es una iluminación, algo que se ha de sentir más que se ha de pensar, algo que el hombre puede hallar en cualquier ser de la creación y o en cualquier obra creada por otro hombre.”
El peine de los vientos. E.
Chillida