miércoles, 21 de octubre de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Con el chacachá del tren

 


                    Tren de las Tierras Altas de Escocia




Octubre, 21 miércoles


    Rafael Nuño que ocupó cargos de responsabilidad en Renfe ha pronunciado una charla coloquio en la Asociación Sínesis, en calle Trinidad Grund de Málaga, sobre la evolución del tren. Dijo que comenzó, con la aparición en 1765 de la máquina de vapor, inventada por el escocés James Walt. En 1804 se aplicó por primera vez al ferrocarril.

    George Stephenson presentó la Rocket (cohete) diseñada por su hijo Robert perfeccionada en 1829. El ferrocarril ya no era algo cuestionado y transportaba mercancías y viajeros.

    Ha hablado de los elementos esenciales de la seguridad en los trenes modernos: infraestructura (vías, carriles, señalización);  material móvil  ( ruedas, coches, máquinas); sector humano: profesionalidad, control, vigilancia, formación y tecnología.

    Al terminar se ha sometido a preguntas y ha recordado sus años de servicios en Asturias, Castilla, La Rioja y Andalucía, concretamente en la línea de Málaga a Córdoba y, en el tren de cercanías de Fuengirola y Álora. Ha dejado patente que, a pesar de su jubilación, sigue con el fervor entusiasta del profesional que ama lo que hace.

    Hace años, le volvieron las espaldas al tren y apostaron por el asfalto y las carreteras y los coches y, además de perder aquel romanticismo de la máquina que llegaba a la estación y envolvía a los viajeros en una nube de vapor que soltaba al detenerse, perdieron perdieron el tiempo.

    Suprimieron el tren de Churriana, los Alhaurines y Coín; el de la costa a Torre del Mar y, luego, por Vélez, subía hasta el Boquete de Zafarraya. Era tanto –el tren-  que hasta el romancero anónimo le escribió letra y le cantó el Niño de la Moras: “Te tengo comparaíta / con el correo de Vélez / que en cayendo cuatro gotas / se le mojan los papeles”.

    En un tiempo pasado se popularizó la copla del “chacachá del tren” y hablaba de un expreso que iba a Lisboa. Los trenes expresos hacían largos recorridos. Andrés Dobarro, con “O tren”,cantaba al que lo acercaba a Galicia, y cruzaba los campos de su verde tierra cargado con la ilusión del que vuelve…

    Tenía el tren de entonces olor y sabor propio. La máquina de vapor disparaba miles de chispas ardiendo de carbón mineral. El fogonero alimentaba la caldera para que el agua hirviese y, vapor, y presión y luego… un pitido largo y agudo.

    España estaba cruzada (no sé quién lo escribió, pero ¡qué acierto!) por esas cremalleras largas, sin término y con pocos remaches. Los pueblos estaban más cerca, y los trenes iban o venían –todo es cuestión de hacia dónde se mira- por las noches, al amanecer, a esas horas del día donde parece que se para el tiempo.

    Cuando de madrugada, llegaban a la estación de Alcázar –Alcázar de San Juan – se partían. Los que iban para Madrid o los que enfilaban a Levante. Subía un hombre con un canasto grande; recorría los pasillos y despertaba a los viajeros, entreabriendo la portezuelas de los departamentos, con una voz pregonera: “tortas de Alcázar”… Fuera hacía frío.

    Resuena, el recuerdo, el cuchillero de Albacete. La estepa manchega blanca por la escarcha mañanera y el hombre que transita, junto a las ventanillas, por el andén, con un blusón largo, con el primer botón abrochado y caído, de bolsillos grandes: “navajas de Albacete”.

    En Astorga, también, subía un vendedor. Tenía otro timbre de voz. Como más cantarina, más duce y más melodiosa. Como escapado de una obra de Valle-Inclán: lastimero y agudo. Cambiaba la mercancía. Ofrecían “mantecadas de Astorga”. Ahora los trenes ni saben ni huelen. ¿Dónde estará el sabor del tren de entonces? Rafael Nuño ha dejado algo de todo eso en su conferencia de hoy.

martes, 20 de octubre de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Monsaraz

 


                Al fondo, Monsaraz; en primer plano, pantano de Alqueva en el río Guadiana

 

Octubre, 20 martes.


         A media mañana, en compañía de unos amigos, cruzamos el Múrtiga. Viene de Fuenteheridos y va camino del Ardila; luego, los dos que ya son uno, entregarán sus aguas al Guadiana. Ya no existen fronteras y subo hasta Barrancos de un tirón. Es el primer pueblo del Alentejo. En un supermercado nos aprovisionamos de quesos y algo de embutidos...

         La carretera sigue camino hacia Amareleja. Por allí el paisaje sufre las colas de la calor tardía. La presa de Alqueva, el mayor lago artificial de Europa, preciosa. Un puente une las dos orillas. Remansa las aguas del Guadiana.

 



Paisaje de verano. Alentejo (Portugal)

 

         Alentejo, literalmente significa “más allá del Tajo”. “allen- Tejo”. Por un lado, por donde cada tarde se va el sol camino de América, el Océano Atlántico; por donde viene cada mañana, o sea por el Este, España, de la que le separa el Guadiana.

El Alentejo es una tierra ardiente en verano y muy fría en invierno. El paisaje ondulado. No es un disparate decir que está salpicado de pequeñas ciudades, de pueblos y freguesias muy bien comunicadas entre sí que no tienen edificios apiñados ni la polución de las grandes ciudades. Son espacios en los que se funden paisajes rurales y toques ligeros urbanos. Entornos distinguidos y sobrios a la vez.

 

Alentejo. Bosque de alcornoques


El campo es una dehesa continuada de bosques de alcornoques (Portugal es primer productor de corcho del mundo) olivares y viñedos, de vez en cuando, alguna dehesa, pero pocas. Transito por campos casi sin nadie en las carreteras.

Reguengos de Mosaraz sigue con sus tiendas de cerámica a orillas de la carretera. Vamos a un antiguo molino de aceite reciclado como restaurante…. Aún conserva el olor a fábrica y a maquinaria que ha dado su esquilmo. El lugar, un escondite, para no olvidarlo.



Reguengos de Monsaraz


Hace calor. He estado en Monsaraz… No sé, cuatro, cinco veces.  He perdido la cuenta. He llegado por muchos caminos:  desde Moura, desde Évora, desde Barrancos, (las, más). Se ve desde la lejanía. Sobresale sobre un cerro la mole del castillo. Está allí, dice la historia, desde el siglo XIV.

Lo tienen muy bien conservado por el exterior; su interior, un pupurrí repetitivo de tiendas para turistas. El patio de armas es una plaza de toros y la iglesia… del XVI. Acusa el paso del tiempo. Tiene una casa de la Inquisición, un pozo comunal, una casa de la misericordia, y una oferta de paisajes, sobre el Alentejo, como se pueden encontrar pocos sea la época del año que sea.



Mourao. Alentejo. (Portugal)


De regreso, cuando cae la tarde, viene bien un descanso en el parque de Mourao junto al quiosco de la música. En una esquina de la plaza, la iglesia de san Francisco, barroco del XVIII. Sobre los tejados chimeneas circulares acabadas en remates circulares… ¡Ay, Portugal, por qué te quiero tanto!



lunes, 19 de octubre de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Las grandes pequeñas cosas

 


Octubre, 19 lunes.

 

Hace unos días, Antonia María Ortega publicó la foto de un cuadro pintado por ella y decía que le gustaban las cosas pequeñas. No tiene mal gusto. En lo pequeño uno se deleita; en lo grade, se diluye. Algo así como cuando la mente tiene tantas llamadas que no sabe a donde acudir.

El primor de lo pequeño es algo difícil de valorar. Dicen que nuestro cerebro trabaja a unas revoluciones ínfimas comparadas con la capacidad con que la naturaleza lo ha dotado. Puede ser. De neurología, - como de tantas otras cosas – ni idea.

A lo que iba. Esta mujer, o sea Antonia María, ha conseguido que uno concentre la mirada en un puñado de objetos: unas azucenas; dos claveles; un pajarillo que picotea una flor; unas cortinas cubren las paredes de una habitación desvencijada. Sobre una mesa de madera, un libro sin abrir. ¿Qué procesión de letras hilvanada unas a otras, tendrá en su interior el libro cerrado? ¿Qué dirá ese mensaje escrito? No lo sabremos nunca. Nunca la autora nos abrirá, al azar, el libro…

De este pequeño cuatro recojo un mensaje tácito. Es la obra de una mujer con un alma grande, que la exhibe a la vista de todos. Abarca un puñado de preguntas y una conclusión: uno cuando está delante de un cuadro así sabe que está ante el primor de las cosas pequeñas y por supuesto, de un regalo de su interior. Se entra en el alma de la creadora. ¿Por qué ha utilizado los blancos, rosas y naranjas para flores? ¿Por qué los rojos con intensidad diluida de las cortinas, de la mesa… ¿Por qué esa manera de pliegues en las cortinas? Por qué, por qué…

Lo primoroso es diminuto. Hay una curiosidad. ¿Cuántas veces le cambiará el agua al jarrón? Porque no me negarán que el agua del jarrón de cristal es transparente y clara. Es una de las propiedades inherentes de las almas sencillas. Son las almas que regalan transparencia. ¿El primor de lo pequeño? También y, además, la luz que emanan un puñado de flores de diferentes colores que alguien colocó en un jarrón sobre una mesa con su único cajón entreabierto…

Oh luz de Dios que brillas en la altura cantaba el Villancico. O luz de Dios que nos regalas con el trabajo, la ilusión, de ese darse sin esperar, que hacen las personas, generosamente, a veces, con la sonrisa en un saludo, con una canción mientras realiza una faena,  o en una combinación, de colores a su manera de ver y entender y que llamamos cuadro…

Gracias, amiga. Como el arpa de los versos de Bécquer, la mano de tu inquietud arranca esas notas que dormían y que, ahora, nos deleitan y nos hacen reflexionar.