DESDE EL LUGAR
Lectores de José Morales García
domingo, 8 de febrero de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El Barón de Davillier y Álora
Álora. El Cerrillo de Poco Pan y El Chinar. Foto Guerrero Strachan ¿Año)
Febrero, 7 sábado.
Estamos en el vértice norte de lo que antes se llamaba la Hoya de Málaga; ahora, valle del Guadalhorce. Por donde nace el sol, los Lagares y un poco más allá, casi en el horizonte, los Montes de Málaga. Por donde se pone: el pie de monte de la Serranía de Ronda. En el horizonte se recortan la Sierra de Mijas, la de las Nieves con la Torrecilla, Sierra Blanca Alcaparaín.
El monte más cercano, El Hacho. Siempre se mira casi con veneración; en estos días, además, con preocupación. Aquí, por ahora, no ha caído el disparate de agua que el cielo ha descargado un poco más allá. Solo un poco más allá. Nuestros hermanos, lloran; a nosotros, nos tocó no hace mucho. Ahora… ¿Qué toca ahora? No lo sé. Solo sé de mi impotencia.
La vega la surca el río Guadalhorce. Pepe Rosas, el más grande folclorista que ha dado la historia de Álora, acuñó algo irrevocable: “Del río allá, cante y baile; del río acá, cante”. O sea, en la margen izquierda, verdiales: se canta y se baila; en la de este lado nació la Malagueña Cunera. Palo duro, recio, de esos que pone a quien se atreve con ella, en su sitio si no lo hace bien.
Desde la época musulmana muchos viajeros recorrieron esta tierra. Dejaron en escritas sus impresiones. El Barón de Davillier anduvo por España en 1862, aunque ya había venido con antelación. En compañía de Gustavo Doré emprendió un viaje. La experiencia bajo el Título de L’Espagne, se publicó, por entregas en Le Tour du monde.
Pretendieron
mostrar una España real, alejándose de los clichés románticos exagerados,
aunque capturando lo pintoresco. Se publicó en 1874, y es famoso, también, por
los 309 grabados de Doré sobre toros, monumentos, gitanos y paisajes.
El Barón era
un hombre erudito, experto en artes decorativas y cerámica hispanoárabe. Nos
vio así:
“Antes de dejar Málaga, quisimos hacer una incursión por la Hoya,
hermosa llanura que se extiende entre el mar y las montañas. Atravesamos una de
las llanuras más bellas y fértiles de Andalucía y del mundo entero, donde las
palmeras se alzan graciosamente por encima de los campos de caña de
azúcar. La pequeña ciudad de Álora,
donde se detiene hoy el ferrocarril, está situada, sobre una altura coronada de
pequeñas ruinas, y por encima de la cual se levanta la sierra del Hacho.
Llevábamos una carta de recomendación para un propietario de Álora, que nos
enseñó magníficos campos de naranjas y limoneros. Ya empezaban las naranjas a
tomar su bello color dorado, y aunque aún no estaban maduras, vimos cargar
vagones enteros para la capital”.
sábado, 7 de febrero de 2026
UNA HOJA SUELTA DEL CUADERNO DE BITÁCORA. Se nos fue cuando venía el alba
Febrero, 7 sábado
Las
sierras estaban coronadas de nieve como ahora; los ríos no llevaban tanta agua
como estos días. Los almendros, cubiertos de flores; no se había vestido, todavía
los cerezos. Hace un ramillete de años, cuando llamó la luz del alba, él ya no
estaba. “Pronto madrugó la madrugada”. Lo habían convocado para jugar el
partido donde las canastas se cuentan por estrellas y las técnicas se anotan en
las hojillas que se lleva el viento.
Era un
niño grande. Tenía más grande el alma que el cuerpo. Lo conocí, como suele
ocurrir con la gente que el destino nos pone en el camino de manera casual.
Todo fue a través de la Semana de Cultura Andaluza en el Colegio Los Llanos.
“Este año, me dijo Paco Parras, que hacía que todos hiciésemos lo que había que
hacer en cada momento, hay que traer algún jugador de Baloncesto”
Manos a
la obra. Contacto con el periódico – entonces, escribía yo para SUR. Hablo con Redactor
jefe de Deportes. Se lo digo. “No te preocupes. Hecho. Vente y hablamos con
Paco Rengel”. Esa fue la vereda por el que este hombre llegó a mi vida.
Todo
tan sencillo como el encontrarse con una persona generosa, entregada, servicial
hasta dejarse las pestañas…. De su mano vino mucha gente del deporte. De su mano compartí coche con Pablo Lasso una
noche desde Sevilla a esas horas en que en los pueblos suelen quitar las
calles, de su mano fundamos ymalaga.com el primer periódico digital de Málaga.
Con él un grupo de amigos del gastronómico fuimos a Pamplona a despedir a
Antonio Jesús López Nieto, el mejor árbitro de futbol que ha dado Málaga, a
Pamplona, o sea, al revolver de la esquina…
Pero de
su mano conocí algo más importante, mucho más. No se es ‘más’ porque se ocupen
puestos de responsabilidad en un medio de comunicación, ni se sea el
especialista de Baloncesto del Grupo Correo, o que todo el mundo diga que es
quien más conoce del tema a nivel nacional, o se emprendan nuevas etapas. No,
no. De su mano supe que fue uno de los hombres más dignos, más honestos y más
enteros que he tenido el honor de conocer.
Se nos
fue físicamente hace un ramillete de años; en el cariño y en el recuerdo sigue
tan presente como si no pasase el tiempo. Los ríos llevan más agua que aquellos
días y están con flores los almendros, con flores blancas como tu alma, Paco.
viernes, 6 de febrero de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Grazalema entre el miedo y la esperanza
Grazalema (Cádiz)
Febrero,
6 viernes
Grazalema
es un municipio integrante de ese rosario de poblaciones con un apellido común:
Pueblos Blancos. Está en Sierra de Cádiz, limítrofe con la provincia de Málaga,
y en uno de los parajes más bellos que uno puede encontrarse por los caminos.
Hoy, obligado al desalojo por temor a la tragedia.
Tengo
un pellizco especial con Grazalema. La primera vez que oí hablar de él fue a
través de un amigo. Era coadjutor en la parroquia de Ubrique Desde allí, atendían a la parroquia de Benamahoma,
y a veces, a Grazalema.
“Iba y
venía, me contó, andando, por los caminos de la Sierra (eran la época “de los
maquis”). Los veía, hablaba con ellos y servía de correo con sus
familias)”. “A muchos, agregó, le conseguimos la reinserción”. La Guardia Civil
conocedora de todo me incordiaba buscando información”. El párroco, se puso el manteo, que era
como se vestían los párrocos cuando visitaban oficialmente al Obispo y se fue a
Málaga a verlo. Lo Puso al corriente de todo… Por arte de
birlibirloque terminaron “las molestias”.
Años
después, un Domingo de Resurrección, Diego, un Municipal del pueblo me puso al
corriente de la importancia que tuvo para su economía la fabricación de mantas
y paños. “Un inglés que vivió aquí, me dijo, lo dejó todo en un libro”. Mi
amigo Salvador Rodríguez Becerra me dio acceso a ese libro. The People of
the Sierra. El mejor estudio antropológico de Grazalema, de los años
cuarenta. Su autor, Julián A. Pitt- Rivers. Vivió allí desde 1949 a 1952; en
1954 lo publicó.
Su
gente, excepcional. Ayer, mientras achicaban agua, una señora mayor no se
‘escuchaba a sí misma”. Se dirige a un cámara. “Hijo, ¿queréis unos
calcetines secos? Estáis chorreando”. Sin palabras.
Se agolpan los recuerdos de otras visitas: las
iglesias (casi siempre cerradas), de aquel día de nevada, de una mañana después
de una noche de lluvia… y de aquel día, de finales de mayo, 25 y lunes… Era una tarde soleada y tibia, con otros
amigos, dejamos a un amigo entre los muros encalados del Camposanto…
He vuelto muchas veces; unas de paso: por el Puerto
del Boyar y Benamahoma a El Bosque; por el de Las Palomas, a Zahara de la
Sierra. Por la otra vertiente, a Benaocaz y por Villaluenga del Rosario a
Ubrique; otras, he deambulado sin rumbo por sus calles.
La última vez - poco más de un año – escribí que
Grazalema es una pincelada blanca entre las calizas de la sierra; Grazalema es
la primorosidad de lo bien hecho o el buen gusto que juega al escondite por las
esquinas. (…) Se asoman, a la plaza, los picos
calizos de la sierra de San Cristóbal o El Torreón y, el pueblo, desde la
balconada, ve irse el Guadalete y la Serranía y a las tierras lejanas, que se
entrecortan en el horizonte más allá de la carretera que lleva a Ronda o a
Olvera, bordeando el pantano.