DESDE EL LUGAR
Lectores de José Morales García
martes, 17 de febrero de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Un malagueño las bautizó: Islas Filipinas
Fuente:
Novaciencia
Febrero,
martes 17
Su
nombre, Ruy López de Villalobos. Nació en Málaga, entre 1505 y 1510. Su padre
del círculo cercano a Fernando II de Aragón, el Rey Católico, que unos años
antes habían conquistado la ciudad en el final de la Guerra de Granada.
“Caballero hijodalgo”, hombre de letras más
que de espada, licenciado en Derecho. Fue cuñado de Antonio de Mendoza, el
primer virrey de Nueva España, que lo pone al frente de la Armada de Poniente y
a quien encomendó el cuidado de sus hijos en caso de muerte.
Un biógrafo lo define: “alto
de cuerpo mas muy delgado [...] de sutil y muy claro ingenio [...] casto y
amigo de sus amigos [...] hombre suficiente para proveer cosas de la mar,
aunque en cosas de guerra ni de las que llevaba entre manos nada
experimentado”.
Una vez, en Méjico, zarpó
de Jalisco en una escuadra “hacia el lugar por donde se ponía el sol”. Sin un
conocimiento exacto de sus posibilidades ni de los mares que transitaban. Llegan
a las islas Hawai ¿Estaban y descubiertas? No lo sabemos, si no lo estaban
ellos fueron los descubridores.
Llevan a cabo la
exploración por el Mar del Sur. Van seis barcos. El suyo, la nao capitana: Santiago.
A bordo de los seis barcos, cuatrocientos hombres, entre marineros, soldados,
religiosos y funcionarios.
Anduvieron por las islas
Marsallh, Molucas y otras del Pacífico. Tuvieron conflictos con los portugueses,
que aducían la propiedad y que ya habían llegado con anterioridad. Villalobos
con el Tratado de Tordesillas defiende la españoleidad de aquellas islas.
En Mindanao bautiza una bahía con el nombre de
Málaga que no prospera en la posteridad. A las Islas les da el nombre de
Filipinas en honor del Príncipe, anteriormente ya había dado el nombre del rey
Carlos I a las Carolinas.
Las penalidades se apoderan
de ellos. Manda de regreso, en 1556, a parte de la expedición en un barco
portugués. Llegan muy mermados a Lisboa. Él no vuelve, muere de fiebres
palúdicas en la isla de Amboina, el Viernes de Ramos de 1556, con el consuelo
de la asistencia espiritual del misionero jesuita Francisco Javier (no puede
ser el santo navarro porque había muerto cuatro años antes; debe ser otro
jesuita de igual nombre), siendo enterrado en el pueblo de Zozanibe.
Una placa en el centro de
Málaga, en la esquina de calle Santos con Compañía, recuerda su nombre a los
transeúntes y curiosos que hurgamos en los papeles viejos. Una Asociación
pretende rescatar del olvido nombres ilustres. Hoy no sabríamos de ellos, de no
ser por su empeño y dedicación.
Bibliografía
C.
Pérez Bustamante, La Bula de Alejandro VI y el meridiano. Portugueses y
españoles en Oceanía. La expedición de López de Villalobos, Santa Cruz
de Tenerife, Imprenta de Sucesores de M. Curbelo, 1922
l viaje de
don Ruy López de Villalobos a las islas de Poniente, 1542-1548, Milán, ed.
Cesalpina- Goliardica, 1983
Islario
español del Pacífico, Madrid, Ediciones Cultura Hispánica, 1984
Descubrimientos
españoles en el Mar del Sur, Madrid, Ediciones Cultura Hispánica, 1991
Malagueños
en América. Del Orto al Ocaso, Málaga, Diputación Provincial, 1992, págs.
107-164
lunes, 16 de febrero de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Palo borracho
Palo borracho (Ceiba speciosa). Fuente de la Manía. Álora
Febrero,
16 lunes
Es un
árbol de hoja caduca, originario de las selvas tropicales y subtropicales de
Sudamérica. En su tronco ensanchado en la parte inferior almacena agua que
utiliza en los períodos de sequía. Sus ramas horizontales están cubiertas de
púas. Resiste el frío moderado y la sequía. A veces, florece en primavera y
otoño o en una sola de las dos estaciones, son de gran belleza de color rosáceo
o blancas. Su nombre científico: Ceiba speciosa.
En
Álora hay un ejemplar de gran belleza. Es encentra en un jardín apartado, a la
derecha de la Avenida Pablo Ruiz Picasso, en el entronque de la Fuente de la
Manía con las Avenidas Virgen de Flores, Avenida Cervantes y Avenida de la
Constitución.
Existen
otros ejemplares, de menor porte, en la Avenida de Don Juan Calderón, conforme
se baja, a la derecha, antes de llegar a la glorieta del cascarero. Por
desconocimiento, pienso, de los Servicios Operativos Municipales de sembraron
sin guardar las distancias oportunas entre ellos. Suelen alcanzar un gran
desarrollo y ya se están molestando entre ellos y ya no cabe la posibilidad de
entresacarlos.
Este
árbol es un pariente lejano del baobab, que vive en la selva brasileña y en la
pampa argentina. Vulgarmente también se le conoce como árbol botella por lo
abultado de su tronco y en algunas parte de América yuchán, samohú y
barrilito. Crece mucho y sus frutos -sus flores no están perfumadas- contienen
un algodón sedoso que se puede emplear para rellenar almohadones.
En el
parque de Málaga hay uno que rompe todos los moldes porque da flores amarillas.
Es el único que, se sepa, existen en la Penísula Ibérica. Los rosáceos son muy
abundantes en e Jardín de la Orotava en las Islas Canarias y donde también los
hay blancos. Amarillo solamente en Málaga, lo que viene a dar una nota más
diferenciadora, de la calidad botánica del parque.
sábado, 14 de febrero de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora: Cantabria
Febrero, 14 sábado.
Esta mañana, mientras el viento zarandeaba
media España ponían en televisión un reportaje de Cantabria. Hace unos años que
no voy por allí. La última vez, en un curso de verano de la Menéndez Pelayo, en
la Magdalena, en la capital, en Santander. En las ponencias, entre otros: Vargas
Llosa y Carmen Posadas…
Todo aquel verano tuvo cosas para no olvidarlas:
la península donde se asoma al mar el palacio. Por cierto, desde esa bahía,
dicen, que se puede ir a cinco mares. Yo, por lo pronto, solo la crucé para pasar
una tarde y parte de la noche, en frente, en Pedreña… Algo inolvidable.
Monumento, homenaje a José
María de Pereda.
Fue también inolvidable el reencuentro con Pereda. La búsqueda por las librerías que tenían apurados sus libros descatalogados. Tampoco había que pedir tanto. Con solo ver el monumento que le tienen levantado y luego callejear y asomarse a la bahía y gozar de ese mar es algo que uno se ratifica en que está en unas de las ciudades más señoriales, con empaque y buen gusto de España.
Esta mañana mostraban, también, parte de
esa galerna que azota desde el mar y los paisajes idílicos que se asienta en
toda su tierra: Comillas, San Vicente de la Barquera, Potes, La Liébana, el Desfiladero
de la Hermida... Era un reportaje filmado en esa primavera de principios de verano
que se suele implantar por aquellos lugares.
Desfiladero de la Hermida
Solo tiene un inconveniente: está en la otra punta del mapa…
¡Me cachis, no se puede tener todo!
Convendrán
que si los publicistas de Cantabria, cuando los niños cantábamos, en la escuela,
sobre el mapa de huele y puntero en mano: “Castilla la Vieja tiene ocho
provincias: Santander, Burgos, Logroño, Soria, Segovia y Ávila…’- lo cazan…
Dios, ¿cómo le ponemos al niño? Y, es que, además, es verdad que “España limita
al norte, con el mar Cantábrico…”
Galerna en el Cantábrico
Mar
profundo, cielo azul, prados verdes donde pastan vacas de pelos castaños y
miradas indiferentes. Ese lugar que algunos vemos en la otra punta del mapa
como el sitio ideal para huir de la calor que achicharra cuando llega agosto,
que vendrá, a pesar de una noche como la pasada y uno tenga que hacer un acto
de fe para creerlo….
Por lo
pronto me voy a quedar con el fragmento de la letra de Jorge Sepúlveda. Lo muestran
en una placa, en el paseo, junto al mar: “Santander, al marchar te diré / guarda
mi corazón / que por él volveré”. La tardanza es la mala.