DESDE EL LUGAR
Lectores de José Morales García
jueves, 9 de julio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Rosas de Alsacia
Estrasburgo, capital de la Alsacia
Julio,
9 jueves
Nuestro amigo Tomás López se las anda por tierras de
Alsacia… Le he dicho que no es tierra desconocida y que no me importaría
repetir la experiencia.
Hago que afloren los recuerdos y me encuentro un artículo de
hace unos años. Dice: Es un anticipo de lo que dentro de unos meses enviarán
las casas especializadas. Un amigo me
manda el primer catálogo de rosas del año. Ha venido como vienen las cosas
buenas. Por sorpresa. Me llego al correo y está allí. Espera la recogida.
Es un catálogo de un vivero francés. Concretamente, de
Alsacia – mi amigo vive en Barcelona – y trae un muestrario que a los que nos
gustan estas cosas hace que los ojos se iluminen de manera especial y dejan
escapar ese brillo que en ocasiones dicen que emiten los ojos porque reflejan
el estado del alma.
Los franceses hacen las cosas bien. Algunas, muy bien. Este
caso es una pequeña muestra de cómo se hacen las cosas con calidad y
profesionalidad. Naturalmente, al ser su especialidad las rosas – algunas de
creación propia y otras obtenidas por otros rosalistas - el muestrario es
extenso y generoso.
Me ha dado, además, una pequeña alegría añadida. Alguna de
las variedades que comercializan yo las tengo plantadas. Son viejas amigas y
conocidas. Me son familiares, las Charles De Gaulle, la Julio Iglesias, la
Ingrid Berman, la Black Bacarra, la Eddy Mitchel… Todas las conocen las
personas que habitualmente me siguen. Ya saben, en ese pequeño capricho de
poner “nuestra rosa de cada día”, ellas han tenido su protagonismo.
Decía el refrán que “la buena ropa en el arca se vende”.
Eso, era antes. Ahora con los medios y la tecnología puesta al servicio de los
consumidores desde cualquier punto viene algo que anuncia que las fronteras las
ponemos, estúpidamente, los hombres. No existen para el viento, para el vuelo
de los pájaros, para el sol que alumbra cada día o para que un catálogo diga
que en otro lugar cultivan bellezas únicas y, que, además, están al alcance de
la mano de quien gusta de estas cosas.
Rilke dijo de ellas: “Todos cuantos te buscan te tientan. /
Y quienes te encuentran te atan / al gesto y a la imagen”. Rilke también dijo
otras muchas más cosas… Hago mía la letra de U-2 “Veo la espina clavada en
tu costado… / y espero por ti…/ sin ti… / contigo o sin ti…”
miércoles, 8 de julio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora La fiesta del Tour
Pau, en el Bearn francés.
Julio,
8 miércoles
En recuerdo
a mis amigos Jacques Laulheret y Rafael Lería
Dicen, que los franceses inventaron el chauvinismo. Olé por
los franceses. Las retransmisiones de la televisión gala del Tour son una
gozada. ¡Qué manera de enseñar los suyo! Las imágenes preciosas. La marcha de
los ciclistas es la excusa perfecta para mostrar palmo a palmo su país.
Solo tiene un inconveniente. O siesta, o Tour porque ‘soplar
y sorber’, ya se sabe. Francia es una
fiesta al paso de la carrera. Pueblos medianos; otros, pequeños, casi aldeas,
en la calle. La gente a pie de carretera; el entusiasmo, generalizado.
A esa hora, a la hora de la siesta, cada año nos traen los
puertos emblemáticos, los ríos señeros, los bosques tupidos, las campiñas
feraces, los viñedos exuberantes. Todo limpio, todo pulcro. Todo a pedir de
vista donde se ve que el civismo, la urbanidad y la educación no se venden en
el supermercado de la esquina.
Ríos bellísimos de aguas azules, claras, limpias; bosques
tupidos; frondosidad de lo verde. Campos sembrados de cereales: maizales, trigos,
campos de centeno. El esfuerzo de los hombres de las bicicletas, colosal; el
paisaje, sin igual.
No hay papeles, ni cartones, ni basuras en las cunetas; no
exhiben el muestrario de latas que ‘crecen’, generosamente, tan espontáneamente
en nuestras carreteras. Esta gente del país vecino con nosotros tiene algunos
puntos en común; en otras cosas hace mucho tiempo que se nos escaparon por delante.
Vamos, que no les vemos el número del dorsal.
La gente hace una fiesta del paso del Tour por sus ciudades,
por sus pueblos, por la puerta de sus casas. Setos recortados. Detalles de buen
gusto. Muestran su bandera; ondea al viento. Enseñan sus habilidades, lo que
producen en su zona. Todo sin grandes dispendios. Unas pacas de paja, por
ejemplo, sirven para confeccionar una bicicleta, o una mesa que invita a su
gastronomía, o unas botellas del buen vino que crían en la región…
Olé por ese espectáculo visual que cada siesta se nos
coloca, enfrente, en el saloncito de nuestra casa…
Hoy, un año más, ha llegado a Pau, la ciudad de mi amigo
Jacques. Mi recuerdo y gratitud hacia ellos no se desvances nunca pero hoy aflora de manera especial. Amigos, nos dejasteis desamparados.
Eso no se hace…
martes, 7 de julio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Jazmín de Virginia
Julio,
7 martes
La
primera vez que supe de su nombre me embaucó. Me pareció tan bonito que me hice
la promesa, a mí mismo, que un día vendría a ese lugar donde uno deja que
vuelen solos los sueños por los espacios que quieran ellos.
La
busqué. La encontré y vino a su sitio porque dicen que debe ponerse cerca de
una celosía para que pueda enredarse. Yo la he dejado que crezca a su antojo y
así entre los cuadrados de la valla metálica se asoma -porque es muy curiosa –
para ver quién va por el camino y lleva a cabo su desarrollo propio.
Mi
amigo Paco González, en cierta ocasión, me dijo que había dos variedades: una
de invierno; otra, de verano. Yo le dije que tenía la de verano y entonces él,
con la generosidad que le caracteriza, fue y me regaló la que florece en los
meses de frío. Es tan bonita o más que su hermana, la que gusta de los calores.
Tiene
flores en forma de trompeta, unas rojas; otras anaranjadas y como si ellas solas
quisiera tocarle cada mañana a los ángeles cuando se despiertan y se levantan
al alba y tienen que comenzar sus tareas.
Dios
que está en todo va y les encarga el trabajo. Ellos, se sacuden las plumas de
las alas y se vienen a nuestro lado. No nos percatemos, y ahí se las andan, y
nos llevan, nos traen, nos insinúan y nosotros – tontos nosotros – nos creemos
que eso es de nuestra cosecha. Ya ven, a los humanos se nos ocurren unas cosas…
¿Solos?, ni al revolver de la esquina. Y ellos, recuerdan que las trompetas
mañaneras los despertaron. Siguieron el mandato de Jefe se bajaron al mundo
para hacer su trabajo.
Estás
plantas gustan de suelos no muy pobres; riegos moderados, un lugar para trepar,
luz abundante. Y si hace mucho, pero que mucho frío, pues como que no. En
Andalucía les llamamos también bignonias, pero a mí me gusta más llamarle Jazmín
de Virginia…