martes, 25 de agosto de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Calor de agosto



Agosto, 25 martes


Esta mañana, muy temprano, una foto excepcional. Mostraba en un parque - ¿Plaza de América de Sevilla? – un vuelo de palomas de las que no tienen prisa. Las palomas de los parques nunca tienen prisa. Sus vuelos no van mucho más allá del límite de sus plazas; unas palmeras enhiestas y el cielo entoldado de nubes altas. ¿Preludio de lo que ya viene de camino?

Luego, supe que ha refrescado por la Sierra de Huelva y por las orillas del Guadalquivir. El telediario tempranero, además de las noticias, que ya no son noticias sino repeticiones de lo que dijeron ayer, informó que habían caído trombas de aguas cerca de la desembocadura del Ebro y que seguía en evolución el incendio – el enésimo del verano – otra vez, en Almería que ahora repetía.

Decía la chica que informaba que el calor no se va del todo, pero que vienen tiempos donde bajarán las temperaturas y refrescará de manera notable por las noches.

Dentro de nada estarán por aquí. Cuando digo “por aquí” pienso en el levante esas depresiones que cada otoño para el que solo faltan un puñado de días mal contados arrasarán lo de todos los años. Volveremos a escuchar las mismas lamentaciones y las mismas denuncias. ¿No me creen? Para ya mismito les emplazo. Verán como me salgo con la mía.

Hay quien dirá que es una gota fría; otros, lo llamarán DANA. Al igual este año acuñan un nombre nuevo. Todo viene por las diferencias de temperatura entre el agua del mar y la tierra y la gente que construye donde no debe y otros que no limpian lo que tienen que limpiar… Lo de todos los años.

Hay una noticia sorprendente. La Estadística, la más ‘mentirosa’ de las Ciencias Exactas, dice, en este caso, que los jóvenes han sido mayoritarios en asistencia a los festejos taurinos, encierros, becerradas y esas cosas en las que la gente se juega la vida por el place de hacerlo. ¡Hay gustos! No hay nada más fructífero que prohibir algo para que la gente lleve la contraria.

Ha refrescado por algunos sitios. Pues eso, el termómetro de mi coche, este mediodía, sobre las dos de la tarde marcaba 35º… las lomas de Virote y el Chopo siguen traspilladas y los pájaros, a diferencia de las palomas sevillanas, se han puesto a la buena sombra, claro que ellos han cambiado el cielo plomizo por uno azul turquesa.


lunes, 24 de agosto de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Quevedo y San Marcos de León

 

 


                                    Hoy Parador Nacional de San Marcos de León

Agosto, 24 lunes


Quevedo llegó a León un atardecer, muy frío de diciembre. Lo habían detenido la noche del día 6. A la mañana siguiente, salieron de Madrid con dirección a León. Tenía sesenta y un años.

La noche anterior se encontraba durmiendo al calor de los braseros, lo propio de diciembre, y en Madrid, en el palacio del duque de Medinaceli, inmueble alquilado al duque de Alba. Varios alguaciles de corte irrumpieron en la casa y lo sacaron para llevarlo detenido al convento de San Marcos. Era 1639.

Fue conducido durante cuarenta y cinco leguas, “a pelo, sin ropas y sin dinero”. A la llegada lo metieron en un aposento muy frío.

Todo venía por venganza del Conde Duque. Hay también quien opina, que el Duque del Infantado lo acusó de espionaje a favor de los franceses, y por oponerse al nombramiento de santa Teresa como patrona de España.

Durante el trayecto preguntó del “por qué a León”. Obtuvo como respuesta de alejarlo lo más lejos posible de Madrid. Fue encerrado en una celda de la Orden Militar de Santiago, a la que pertenecía el convento.

Quevedo había escrito un Memorial al Rey, escondido bajo una servilleta donde le daba cuentas de lo que ocurría en España… No se lo perdonaron. También había criticado al rey, ante las grades fiestas que daba en palacio por lo aguerrido de las tropas españolas que previamente habían sido derrotadas. Escribió: “es tan grande como los hoyos, mayor cuanta más tierra le quitan”.

Después, lo trasladaron, desde la primera celda, a un sótano pequeño, poco ventilado, casi sin luz y húmedo por la cercanía del río Bernesga. El frío, casi insoportable.

Lo excarcelan, después de casi cuatro años, enfermo y envejecido, en el verano de 1643 tras la caída del Conde Duque de Olivares y escribe. “… yo he pasado muchas veces los Alpes y los Pirineos y no he padecido de tan profunda destemplanza de frío como en este lugar”. Dos años vivió después y también fue muy gráfico: “me duele el habla y me pesa la sombra”.

Después de un año en Madrid “aprendiendo a andar”, dice, arregló asuntos y se marchó a La Torre de Juan Abad, en Villanueva de los Infantes, donde falleció un año después…

Su obra es la propia de uno de los grandes; su vida, desvergonzada, a veces; moralista, otras, un reflejo de como España trata a sus grandes, con el olvido. (Hace unos días, en una librería ‘de viejo’ en Madrid, en la calle Arenal, junto a la iglesia de San Ginés, sobre la mesa Mi idolatrado hijo Sisi de Delibes, lo vendían, por ¡1 euro!; de otro, sé que se ha vendido su obra ¡al peso!) España nuestra…


 

domingo, 23 de agosto de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La Virgen de Flores vetebra el reencuentro de Álora y Encinasola

 






                               

                                  Foto. José Carlos Torres

 

Agosto 23, domingo


Los pueblos de Encinasola y Álora, lejanos en la distancia; muy cercanos en el afecto, han vivido un fin de semana pletórico de actos reforzando, aún más si es posible, los lazos de afecto y hermanamiento entre ambos.

Un numeroso grupo de “marochos” se desplazaron a Álora. Arroparon a Juan Carlos Luna, pregonero del la Virgen de Flores, “perota”, devoción donada por los hijos de allí cuando en 1484 acompañaron a las tropas de los Reyes Católicos en la Guerra contra el reino nazarí.

La imagen, según tradición oral, fue donada por la Reina Isabel en los Reales Alcázares de Sevilla en 1502 y, desde entonces está entronizada en el Santuario de Flores. Un mosaico, obra de María Rengel inaugurado en la explanada del convento – otro idéntico – está en Encinasola, rememora el momento.

Un pitero, con tamboril y flauta dulce, abrió la comitiva a la entrada de la Encarnación cuando llegó la comitiva compuesta por los alcaldes de Álora, Francisco Martínez  y la Alcaldesa de Encinasola Dolores Benjumea; párrocos de Alora, Felipe G. Gallego y Diego Pérez de Encinasola que concelebraron la Eucaristía; hermanos mayores de Álora y Encinasola.

El pregonero, habló con voz quebrada, a veces, y con el corazón.  Emotivo, con pespuntes históricos, descriptivo del paisaje, que “desde la Flores de la Ribera venía al pie del Guadalhorce.

Derramó el cariño de quien quiere mucho a su Virgen de Flores desde pequeño inculcado por sus padres, también, presentes en el acto en la parroquia de la Encarnación. Intervino una pareja de la comitiva y la Panda de Verdiales, "el Capitán".

A la mañana siguiente, la Virgen de Flores de Álora fue bajada desde su Santuario al pueblo. Apuntaba el sol por los Lagares. Palabras de Felipe G. Gallego, párroco de Álora que se despide de su misión pastoral y marcha a Roma a completar estudios. Descorrió la cortina de inauguración.

El maestro Barbeito nos dona, sin él saberlo, el cuadro más hermoso para acompañar a la Virgen: “El amanecer de agosto no es verano; es un regalo, un auxilio; ese frescor de la mañana temprano es paño de Verónica en la cara quemada del verano que viene de atravesar hogueras invisibles desde que mayo se quiso hacer canícula y restrellaba látigos canallas con rabizas de fuego”.

Comitiva en marcha. Celebración eucarística de despedida; recuerdos preceptivos. Mucha emoción contenida, comidas de fraternidad y votos para continuar con los encuentros.

Ahora, cuando los viajeros retornan e irán cruzando los campos de esta Andalucía nuestra, y la tarde se nos va, cabe agregar, que uno echó en falta a personas a las que quiere y que, por imponderables, en esta ocasión, estuvieron presentes… en el recuerdo.

 

                              
Felipe G. Gasco, Diego Pérez. Dos hombres de servicio a la Iglesia. Dios cruzó sus caminos; ahora, los vuelve a separar…Seguro que, “hasta luego”.