lunes, 19 de octubre de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Las grandes pequeñas cosas

 


Octubre, 19 lunes.

 

Hace unos días, Antonia María Ortega publicó la foto de un cuadro pintado por ella y decía que le gustaban las cosas pequeñas. No tiene mal gusto. En lo pequeño uno se deleita; en lo grade, se diluye. Algo así como cuando la mente tiene tantas llamadas que no sabe a donde acudir.

El primor de lo pequeño es algo difícil de valorar. Dicen que nuestro cerebro trabaja a unas revoluciones ínfimas comparadas con la capacidad con que la naturaleza lo ha dotado. Puede ser. De neurología, - como de tantas otras cosas – ni idea.

A lo que iba. Esta mujer, o sea Antonia María, ha conseguido que uno concentre la mirada en un puñado de objetos: unas azucenas; dos claveles; un pajarillo que picotea una flor; unas cortinas cubren las paredes de una habitación desvencijada. Sobre una mesa de madera, un libro sin abrir. ¿Qué procesión de letras hilvanada unas a otras, tendrá en su interior el libro cerrado? ¿Qué dirá ese mensaje escrito? No lo sabremos nunca. Nunca la autora nos abrirá, al azar, el libro…

De este pequeño cuatro recojo un mensaje tácito. Es la obra de una mujer con un alma grande, que la exhibe a la vista de todos. Abarca un puñado de preguntas y una conclusión: uno cuando está delante de un cuadro así sabe que está ante el primor de las cosas pequeñas y por supuesto, de un regalo de su interior. Se entra en el alma de la creadora. ¿Por qué ha utilizado los blancos, rosas y naranjas para flores? ¿Por qué los rojos con intensidad diluida de las cortinas, de la mesa… ¿Por qué esa manera de pliegues en las cortinas? Por qué, por qué…

Lo primoroso es diminuto. Hay una curiosidad. ¿Cuántas veces le cambiará el agua al jarrón? Porque no me negarán que el agua del jarrón de cristal es transparente y clara. Es una de las propiedades inherentes de las almas sencillas. Son las almas que regalan transparencia. ¿El primor de lo pequeño? También y, además, la luz que emanan un puñado de flores de diferentes colores que alguien colocó en un jarrón sobre una mesa con su único cajón entreabierto…

Oh luz de Dios que brillas en la altura cantaba el Villancico. O luz de Dios que nos regalas con el trabajo, la ilusión, de ese darse sin esperar, que hacen las personas, generosamente, a veces, con la sonrisa en un saludo, con una canción mientras realiza una faena,  o en una combinación, de colores a su manera de ver y entender y que llamamos cuadro…

Gracias, amiga. Como el arpa de los versos de Bécquer, la mano de tu inquietud arranca esas notas que dormían y que, ahora, nos deleitan y nos hacen reflexionar.

domingo, 18 de octubre de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 



Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Jardines de España 5. Huerto de Calixto y Melibea. Salamanca

 

 


                                                                                                                                       Octubre, 18 domingo

Salamanca. “Arte, saber y toros”. En su suelo nació el Lazarillo. Ese pillo simpático que cae bien y con quien se establece una corriente de afecto. Él mismo dice:

«Pues sepa vuestra merced, ante todas cosas, que a mí llaman Lázaro de Tormes, hijo de Tomé González y de Antona Pérez, naturales de Tejares, aldea de Salamanca. Mi nacimiento fue dentro del río Tormes, por la cual causa tomé el sobrenombre.”



Unos años antes, a finales de siglo XV, el Bachiller Fernando de Rojas natural de la Puebla de Montalbán (Toledo) escribió La Celestina o Tragicomedia de Calisto y Melibea. Era criptojudío, o sea, judío converso (su padre murió quemado por la Inquisición). Ejerció como juez en Talavera de la Reina donde murió.



Su obra cumbre, La Celestina. Calisto pretende a Melibea que lo rechaza. Recurre a una vieja alcahueta muerta a manos de sus criados Sempronio y Pármeno al no conseguir parte de una cadena oro, botín pagado por Melibea por los favores. Los ajustician al día siguiente. Calisto cae de una escalera al escalar un muro y muere; Melibea se suicida… Se le puede suprimir lo de “comedia” y dejarlo en tragedia



No hay ninguna evidencia que la obra transcurra en Salamanca ciudad muy conocida por el autor como estudiante en su Universidad. Salamanca ha querido dar su nombre a un “huerto” hoy parque recóndito y lleno de romanticismo en recuerdo al amor que no pudo ser.               

    “Celestina: No hay cirujano que a la primera cura juzgue la herida. Lo que yo al presente veo te diré: Melibea es hermosa; Calisto loco y franco. Ni a él penará gastar, ni a mí andar. ¡Qué corran monedas y dure el pleito lo que tiene que durar! Todo lo puede el dinero; las peñas quebranta, los ríos pasa en seco. No hay lugar tan alto que un asno cargado de oro no lo suba.”

               


    “Entrando Calisto en una huerta en pos de un falcón suyo, halló ahí a Melibea, de cuyo amor preso començole de hablar. De la cual rigurosamente despedido, fue para su casa muy sangustiado.”

 


 


    “Calisto: En esto veo, Meibea, la grandeza de Dios.

Melibea: ¿En qué Calisto?

Calisto: En dar poder a la naturaleza que de tan perfecta hermosura te dotase y hacerme, inmérito, tanta merced que alcanzase a verte, y en tan conveniente lugar que mi secreto dolor pudiese manifestarse.”




    “Sempronio. ¿Pues qué? ¿Toda tu vida habías de llorar?

Calisto. Sí.

Sempronio: ¿Por qué?

Calisto. Porque amo a aquella ante quien tan indigno me hallo que no la espero alcanzar.”

 


    “Celestina. No es cosa más propia del que ama que la impaciencia. Toda tardanza le es tormento. Ninguna dilación le agrada. En un momento querrían poner en efecto sus deseos.”



    “Celestina. (…) ¡Y qué gorda y fresca que estás! ¡Qué pechos y qué gentileza! Por hermosa te tenía hasta ahora, viendo lo que todos podían ver; pero ahora te digo que no hay en la ciudad tres cuerpos tales como el tuyo en cuanto yo conozco." 



    “Celestina. No lo sienten con el enajenamiento del amor; no les apena; no ven; no oyen. Lo cual yo juzgo por otros que he conocido, menos apasionados y metidos en este fuego de amor, que a Calisto veo. Que ni comen, ni beben, ni ríen, ni lloran, ni duermen ni velan ni hablan ni callan, ni penan ni descansan, ni están contentos ni se quejan, según la perplejidad de aquella dulce y fiera llaga de sus corazones.”



La Celestina, de la que he seleccionado algunos fragmentos que preceden recoge la enfermedad del amor; la pasión y la añoranza del placer sexual; la fortuna y la muerte, la magia y la prostitución; las relaciones sociales de amos y criado; el dinero.

Todo eso, parte de la vida de entonces, y de ahora, ha convertido a La Celestina en la primera obra en importancia, después de El Quijote, de la Literatura Española.

 



sábado, 17 de octubre de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Luz y otra cosa

 

   


Octubre, 17 sábado

 

    La luz; la sagrada luz del Sur se ha venido a vivir, por un tiempo, a los lienzos de Jaime Rittwagen. Es la luz de cada día. La del amanecer por la mar abierta; la misma luz que se va, cada tarde, agotada por la Sierra de Mijas. Mientras tanto, eso que llamamos vida, se las anda por las calles de Málaga.

Jaime es un pintor näif. Vamos, Jaime pinta lo que todos pensamos que podríamos hacer pero que sólo los artistas tienen la capacidad de llevarlo desde la realidad al lienzo. Jaime nos enseña que tocados con la varita mágica del arte hay… muy pocos.

La obra Rittwagen es uno y dos y más momentos de la Málaga de cuando éramos niños. La vida, toda la vida de entonces, la refleja con sus pinceles primorosos, delicados, únicos. El pintor näif ve la realidad diferente a como la ven otros artistas. Ni mejor ni peor, ni idealizada ni realista. Sencillamente, diferente.

Por los cuadros de Jaime circulan coches de caballos y carruajes que llevan sacos de azúcar desde los almacenes de coloniales de Adolfo Marineto o de Guerrero de las Peñas a las tiendas de calle Compañía, Cisneros Especerías…; toneles de vino que van de las bodegas Pérez Texeira a los Quitapenas, a las Campanas, a la Casa de Guardia…

Está la bahía con veleros al sol de la tarde; los barcos se van para otros mares. Los bañistas casi tostados al sol y chaveas que juegan a ser felices, y tranvías por la Alameda que cruzan el puente y que vienen de El Palo o de Huelin. Pregonan: Cerveza Victoria, Ceregumil, hojas Palmera y Anís del Mono.

Hay quien vende castañas en la calle; hay palomas en el parque, y un nota que siempre va en bicicleta, y gatos curiosos y perros y quien pasea el niño en un carrito. En Capuchinos o en la Trinidad han dejado la tarde libre a los soldados…

Yo creía que Jaime pintaba todo esto que acabo de contarles. No, no. Hay algo más. Hace unos días me envió una lámina con un toro para una corrida de época. Hice lo que hay que hacer: enmarcarlo y colgarlo en mi casa. Gracias, amigo.