DESDE EL LUGAR
Lectores de José Morales García
lunes, 16 de febrero de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Palo borracho
Palo borracho (Ceiba speciosa). Fuente de la Manía. Álora
Febrero,
16 lunes
Es un
árbol de hoja caduca, originario de las selvas tropicales y subtropicales de
Sudamérica. En su tronco ensanchado en la parte inferior almacena agua que
utiliza en los períodos de sequía. Sus ramas horizontales están cubiertas de
púas. Resiste el frío moderado y la sequía. A veces, florece en primavera y
otoño o en una sola de las dos estaciones, son de gran belleza de color rosáceo
o blancas. Su nombre científico: Ceiba speciosa.
En
Álora hay un ejemplar de gran belleza. Es encentra en un jardín apartado, a la
derecha de la Avenida Pablo Ruiz Picasso, en el entronque de la Fuente de la
Manía con las Avenidas Virgen de Flores, Avenida Cervantes y Avenida de la
Constitución.
Existen
otros ejemplares, de menor porte, en la Avenida de Don Juan Calderón, conforme
se baja, a la derecha, antes de llegar a la glorieta del cascarero. Por
desconocimiento, pienso, de los Servicios Operativos Municipales de sembraron
sin guardar las distancias oportunas entre ellos. Suelen alcanzar un gran
desarrollo y ya se están molestando entre ellos y ya no cabe la posibilidad de
entresacarlos.
Este
árbol es un pariente lejano del baobab, que vive en la selva brasileña y en la
pampa argentina. Vulgarmente también se le conoce como árbol botella por lo
abultado de su tronco y en algunas parte de América yuchán, samohú y
barrilito. Crece mucho y sus frutos -sus flores no están perfumadas- contienen
un algodón sedoso que se puede emplear para rellenar almohadones.
En el
parque de Málaga hay uno que rompe todos los moldes porque da flores amarillas.
Es el único que, se sepa, existen en la Penísula Ibérica. Los rosáceos son muy
abundantes en e Jardín de la Orotava en las Islas Canarias y donde también los
hay blancos. Amarillo solamente en Málaga, lo que viene a dar una nota más
diferenciadora, de la calidad botánica del parque.
sábado, 14 de febrero de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora: Cantabria
Febrero, 14 sábado.
Esta mañana, mientras el viento zarandeaba
media España ponían en televisión un reportaje de Cantabria. Hace unos años que
no voy por allí. La última vez, en un curso de verano de la Menéndez Pelayo, en
la Magdalena, en la capital, en Santander. En las ponencias, entre otros: Vargas
Llosa y Carmen Posadas…
Todo aquel verano tuvo cosas para no olvidarlas:
la península donde se asoma al mar el palacio. Por cierto, desde esa bahía,
dicen, que se puede ir a cinco mares. Yo, por lo pronto, solo la crucé para pasar
una tarde y parte de la noche, en frente, en Pedreña… Algo inolvidable.
Monumento, homenaje a José
María de Pereda.
Fue también inolvidable el reencuentro con Pereda. La búsqueda por las librerías que tenían apurados sus libros descatalogados. Tampoco había que pedir tanto. Con solo ver el monumento que le tienen levantado y luego callejear y asomarse a la bahía y gozar de ese mar es algo que uno se ratifica en que está en unas de las ciudades más señoriales, con empaque y buen gusto de España.
Esta mañana mostraban, también, parte de
esa galerna que azota desde el mar y los paisajes idílicos que se asienta en
toda su tierra: Comillas, San Vicente de la Barquera, Potes, La Liébana, el Desfiladero
de la Hermida... Era un reportaje filmado en esa primavera de principios de verano
que se suele implantar por aquellos lugares.
Desfiladero de la Hermida
Solo tiene un inconveniente: está en la otra punta del mapa…
¡Me cachis, no se puede tener todo!
Convendrán
que si los publicistas de Cantabria, cuando los niños cantábamos, en la escuela,
sobre el mapa de huele y puntero en mano: “Castilla la Vieja tiene ocho
provincias: Santander, Burgos, Logroño, Soria, Segovia y Ávila…’- lo cazan…
Dios, ¿cómo le ponemos al niño? Y, es que, además, es verdad que “España limita
al norte, con el mar Cantábrico…”
Galerna en el Cantábrico
Mar
profundo, cielo azul, prados verdes donde pastan vacas de pelos castaños y
miradas indiferentes. Ese lugar que algunos vemos en la otra punta del mapa
como el sitio ideal para huir de la calor que achicharra cuando llega agosto,
que vendrá, a pesar de una noche como la pasada y uno tenga que hacer un acto
de fe para creerlo….
Por lo
pronto me voy a quedar con el fragmento de la letra de Jorge Sepúlveda. Lo muestran
en una placa, en el paseo, junto al mar: “Santander, al marchar te diré / guarda
mi corazón / que por él volveré”. La tardanza es la mala.
viernes, 13 de febrero de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La tierra nuestra: Valsequillo
Febrero, 13 viernes.
Ayer, aprovechando el día soleado (hoy, desabrido, ventoso y con lluvia a ráfagas, imposible) paseaba con un amigo. El campo, agradecido por las recientes lluvias, se muestra pletórico.
Mi amigo, amante de la tierra como yo me dijo, escribe algo de Valsequillo. No es tierra de literatura fácil. Tiro de archivo y del Diccionario del Paisaje de Alora (2025) saco:
Según
Álvaro Galmés su nombre pertenece al grupo étnico-lingüístico de la raíz ‘sik
sek’ (corriente de agua). Nace en tierras del Cortijo de Mediano de Abajo, en
la vertiente sur del Cerro de la Fiscala.
Cañada de Valsequillo
Atraviesa tierras arcillosas dedicadas al cultivo de cereal y leguminosas. La cañada solo saca agua en períodos lluviosos, sobre todo en otoño, o cuando lo hace de manera torrencial, dependiendo, exclusivamente de la pluviometría.
En
su vertiente derecha está la Peña de los Ballesteros. Debe su nombre a la enorme piedra que sobresale,
solitaria, en todo el contorno y muy visible desde la lejanía. El Libro del
Repartimiento, este pago, se le asigna a Diego de Vera, y reza “que viene del
arroyo el Espinazo del Perro, e de la otra parte otro arroyo que viene de
Cortijo de Las Caballerías
En su composición geológica
aparece una alta aportación de arcillas expansivas que la hacen apropiadas para
el cultivo de cereales de verano.
En la izquierda, tierras del Lomo Frío, el Zarzo, Antonio Gálvez y Cortijo de las Caballerías. Sus tierras, cerealistas, están cruzadas de norte a sur por el Camino Real de Casabermeja. El cortijo debe su nombre a antiguas mediciones de tierra usadas en la época del Repartimiento. En la relación de hacendados de 1804, durante el reinado de Carlos IV, figura que Cristóbal Márquez, uno de los mayores contribuyentes de Álora, domiciliado en la calle de Parra, pagaba 3.389 rs. de vellón, por la siembra de tierras en el cortijo de las Caballerías. Las tierras del cortijo de Zorita, en su margen izquierda, lo despiden antes de tributar en el arroyo Jévar.
Por poniente lo delimita de las tierras de El Chopo el arroyo del Espinazo del Perro que nace en la vertiente norte del Cerro de la Fiscala en tierras cercanas a La Joya y al cortijo de Los Cabritos. En sus orígenes también se le conoce con el nombre de arroyo del Aljibe. Es tributario del arroyo Jévar, después de pasar por tierra de Alhaja Prieta, el Algarrobo, Frenturria, Los Cocos, la Pataleta, la Aguililla y Venta Tendilla. Desemboca frente a la Gavia.