viernes, 20 de marzo de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Marisa Segura


                       


Marzo, 20 viernes


Marisa es una mujer pequeña – en estatura, claro – de ojos grandes y negros; de mirada franca y voz quebrada por mor de una puñetera afonía crónica en las cuerdas vocales o como se llame que, para el caso, es lo mismo. Marisa, tiene un corazón grande y generoso. Como las buenas esencias, en frasco… ya se sabe.

Marisa es una hormiguita del tiempo; de la colección; de su crónica mala memoria que dice ella; como todos los grandes se infravalora; de la fotografía, de la investigación. Después de don José Fernández López de Uralde que ya no está con nosotros, tiene la mejor biblioteca privada de Alora. Alguien dijo: detrás de una Kodak (años sesenta) siempre aparece un japonés. Extrapolado: detrás de una cámara digital siempre hay una mujer. Se llama Marisa.; y, además es amiga mía.

Marisa ha recopilado, también, lo que otros miraron para que nosotros lo viésemos. O sea, fotografías. Cuánto más antiguas, mejor. Tendrá cientos. ¿Digo, cientos? No; me quedo corto, miles. Ya no tiene capacidad física para contarlas. Ni ella misma sabe los tesoros que guarda. Unas, en soporte de papel; otras, en eso que se llama pendrive, “pendrai” para los amigos. La digitalización tiene cosas así.

Siempre tiene alguno perdido (me refiero a los pendrive); siempre tiene que descargarlos; siempre anda falta de lo que damos en llamar tiempo… Pero lo encuentra. Cada año, en su colegio - el Cervantes de Álora - porque Marisa ha sido docente, yo digo que lo sigue siendo, las exponía en su Semana Cultural y nos vemos como fuimos, y nos añoramos y… nos alegramos.

Le faltaban paredes - sala de exposiciones temporal - en el gimnasio. La vida. La vida en la estación, aquellas máquinas del tren… ‘País, paisaje y paisanaje’ que decía don Miguel de Unamuno. Marisa hace que tenga actualidad la coplilla del Cancionero Anónimo: “Ojos que no ven / o que ver desean,/¿qué verán que vean?”

Experta en desempolvar la pátina del tiempo, nos muestran lo que fue y ya no es; gente recordada. Con esas fotos antiguas nos dicen cómo eran…, algo nuestro que dormía en el recuerdo. Y, ahora, cuando menos se espera, Marisa Segura Zamudio, - ese es su nombre completo -, nos las trae, cada noche, de la mano de facebook.

Acaban de reconocerle su labor. Le han dado el título de “Mujer del Año”. Un reconocimiento público – los homenajes en vida por lo que estoy totalmente de acuerdo con el Jurado que se lo ha concedido ¿para qué se quiere un reconocimiento cuándo se esté criando malvas? – que viene a decir lo grande que es Marisa. Mujer de cada día, como el pan que nos alimenta, como el sol que nos alumbra, como la sabiduría que nos guía. Gracias, Marisa.


jueves, 19 de marzo de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Tierra nuestra

 

 

                              Puente de Triana. Río Guadalquivir. Sevilla.

                               

Marzo, 19 jueves.

 

Escribió don Manuel Machado (éste también tiene ‘don’): “Todas las primaveras / tiene Sevilla /nueva tonada /de seguidillas; nuevos claveles / y niñas, que por mayo, / se hacen mujeres”.

Y, por si fuera poco, además, Sevilla tiene ya naranjos ahítos de azahar, jacarandas a punto de romperse en flores lilas, rosas en los jardines de Murillo y, el Domingo de Resurrección, con clarines y sin timbales a Morante en la Maestranza…

Mi amiga Manuela publicó hace unos días, en su página, una foto del Guadalquivir – “¡Ay, río de Sevilla...¡” Agua mansa y quieta por donde decía Federico que venían los barcos de vela,  bajo el  Puente de Isabel II o de Triana, que para el caso, lo mismo. Al fondo, la luz de la tarde, y un cisne en su salsa. Le pongo un comentario.

- Sevilla, preciosa; el cisne no me cuadra. Lo veo desproporcionado.

Me responde:

- Es un pato, hay muchos en las orillas. Se ven a menudo por el río. Será que les gusta Sevilla.

No digo nada. Lo pienso: sevillanismo, en esencia…

Cuando yo era muchacho, Ideal de Granada, publicaba una viñeta de humor. Miranda, su autor.  Protagonistas: un gitano con puro y gordinflón, sombrero de ala ancha, bastón y pinta de poco amor a doblar la espina… En la viñeta, ademas, siempre, un felino, negro…

- Miranda ¿Por qué pone usted todos los días un gato? Preguntó alguien.

- No es un gato; es una gata…

Granaíno, sin dar más vueltas.

Los andaluces somos así. Jaime pinta sirenas en los Baños del Carmen; Leonardo, la musicalidad del grifo que gotea; Andrés Sáenz de Tejada, desgrana el misterio de cada día…

Cádiz se abre al Atlántico, y en la misma orilla, hacia el Estrecho, Tarifa tiene dos mares: la mare que parió al levante y la mare que parió al poniente; en la Sierra del Huelva, el viento de poniente es ‘foreño’; en Granada, al del norte: aire de la Sierra;  en Jaén,  matacabras; en mi pueblo, en Álora, ‘aire de arriba’ y cuando, a media mañana, arranca el levante, la gente del campo, dicen: ya están aquí las ‘malagueñas’. Por cierto, en Málaga, al aire, en verano, del noroeste, se le llaman terral… ¡Qué Dios te coja confesado, hermano! Así es la Tierra nuestra...




miércoles, 18 de marzo de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Obispos que dejan huella. Diego Ramírez de Villaescusa

 


              Portada Isabelina (Gótico Tardío) Parroquia del Sagrario. Málaga


Marzo 18, miércoles.


Fue, el segundo obispo de Málaga después de Pedro de Toledo, una vez incorporada a la Corona de Castilla. Nació en Villaescusa de Haro a mediados del siglo XIV. Residió por nuestra tierra poco, aunque dejó obras de gran impacto. Algunas han permanecido hasta nuestros días.

Fue alumno de Elio Antonio de Nebrija en Salamanca, donde se licenció en Teología. En un acto académico sorprendió a los Reyes con su erudición y oratoria.

Los Reyes lo ven “como una persona muy cualificada”. Deciden incorporarlo al Gobierno Real. Comienza, poco a poco, a brillar y Fray Hernando de Talavera, confesor de la Reina, lo nombra arcediano de Olmedo y al ser elevado al arzobispo de Granada se lo lleva con él como deán de la nueva diócesis.

Los Reyes lo nombran capellán de su hija Juana. La acompañó a los Países Bajos para su boda con Felipe el Hermoso. Él bendijo la unión de la pareja para que consumasen el matrimonio, aunque dos días más tarde, les casara el obispo de Cambray. Se integró en la corte borgoñona a la perfección. Hizo de intermediario de los Reyes Católicos desde Flandes. Fue el primer hombre en tomar en brazos al futuro emperador Carlos I de España y V de Alemania. Permaneció allí ocho años y estuvo al servicio de la futura Juana I de Castilla.

En 1504 comenzó a centrarse en su trabajo como obispo de Málaga, una dignidad eclesiástica, otorgada por Isabel y Fernando en febrero de 1500, pero en realidad la Diócesis de Málaga la gestionó en ese tiempo desde Toledo y Madrid, mientras siguió vinculado a la princesa y de hecho, no visitó la ciudad hasta finales de 1502 o comienzos de 1503. Era el segundo obispado que ocupaba, tras dos años como obispo de Astorga (León).

Afianza el territorio para hacer frente a los asedios por las costas de los berberiscos. Reordena el territorio con disputas sobre Antequera que pretende Sevilla, levantó una torre vigía en la desembocadura del Guadalmedina

Diego Ramírez de Villaescusa sucede al frente de la Diócesis de Málaga a Pedro de Toledo y comienza un duro trabajo, casi un «empezar de cero». «Lo primero es afianzar el territorio, reordena los barrios a través de las parroquias, trata el asunto de los conversos, ordena los diezmos, que es lo que le permite reconstruir o construir en ese territorio inmenso y además estás peleándote con Sevilla por Antequera». Entre sus obras hace la portada gótica de la Iglesia del Sagrario e inicia la Colegiata de Antequera. Tiene enfrentamientos con el Cabildo, preside la Chancilleria de Valladolid y ayuda al Hospital de Santo Tomé.

De aquí pasó a Cuenca…