sábado, 9 de mayo de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Mariposas blancas sobre los membrillos

 

 



                                

Mayo, 9 sábado 


Los membrillos se han vestido de mariposas blancas, alas de nácar sobre las hojas tiernas. Como con un espurreo de copos de nieve los membrillos han amanecido blancos. Al principio pensé que eran gotas de la lluvia caída durante la madrugada. Podría haber sido, pero no, no era eso.

Los membrillos están en flor. A fin de verano serán carne de dulzor en los peroles, pero, ahora, la primavera revienta por todo el campo. Los azahares - limoneros y naranjos -ponen la nota sensual del perfume; las flores, colorido a las veredas; las yerbas ribetes a los caminos, a los bordes de la carretera, y los pájaros… ¿qué digo de los pájaros? Cuando raya la luz del alba, la sinfonía es total; luego, se van a sus menesteres.

A media mañana carean, en los manchones, las cabras. Se pierden sones lejanos de cencerras. Ladra un perro… ¿A dónde se habrán ido los “chamarines”, jilgueros y verderones…? Zurean las tórtolas, esas tórtolas turcas que lo han invadido todo. Viene de poniente el viento. Chaparrones; viento revuelto, y un murmullo de hojas titilan gozosas en anuncio de savia nueva y de vida que corre por todo el campo. La lluvia reciente ha extendido un manto verde y las lomas han cambiado el ocre de la tierra por sembrados salpicados de amapolas.

Acaricia el viento el trigo que se sembró en las lomas “Arando en un peñascal / se me perdió la besana / ¿adónde la vine a encontrar? / debajo de tu ventana”, decía la copla. Ya no quedan gañanes que, con la mano en la mancera del arado, canten en los sucos de las besanas, pero sí quedan mariposas blancas, alas de nácar, que esta mañana, como en un espurreo, han vestido los membrillos del borde de la alberca de copos blancos.



viernes, 8 de mayo de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El barco y el mar



        Crucero  infestado por el ‘dichoso’ virus alejándose de las costas africanas frente a Cabo Verde


Mayo, 8 viernes


Cuando niño, entre la gente menuda, corría una canción los días que íbamos de asueto a algún sitio que se salía de lo normal. La chiquillería cantaba: por el mar corren las liebres por el monte las sardinas…

Algo insólito, pero ante la alegría de romper la tenaz monotonía de lo que tardaba en pasar el tiempo, aquello tenía un sabor diferente, distinto. No sé quién se habría inventado el libreto y la música. Eran malos; nosotros, peores cantores. Nos dábamos la mano en la alegría desbordada de la infancia.

Hoy, dicen las noticias, que por el mar corre otra cosa. Lo llaman crucero. Iban a comerse el mundo de las bellezas desconocidas y un bichito que solo se ve en los microscopios ha formado un lío y bueno. Habían partido del sur del sur de Argentina. Dicen que allí se acaba la tierra y hacia abajo, o sea, hacia el Polo Sur, agua - embravecidas, hielo y el fin del mundo - le pusieron por nombre la Antártida donde dicen que hace frío hasta verano.

Pues bien, un ratoncillo que dicen que vive en la Cordillera de los Andes, esa que separa, como si fuera una espina dorsal, pero echada hacia un lado, Argentina de Chile, la ha liado. Es portador de un virus. Alguien ha pisado sus excrementos. No saben si fuera o dentro del barco. Puede que el ratón haya querido embarcarse con ellos y andar medio mundo, aunque sea por por el mar. Ya hay un puñado de muertos y lo que te rondaré morena.

Es un barco de apestados. No los quiere nadie. Los pobres, porque como son pobres, dicen que no tienen medios para hacerles frente a lo que se les viene encima; los ricos, porque como son ricos, a ellos esas cosas como que no, y que con su pan se lo coman.

Nunca he visto a tanta gente pontificando y con tanto saber oculto como estos días en los medios de comunicación. ¡Dios Santo, qué poderío! Arremeten contra lo divino y lo humano. Naturalmente, alumbran en la procesión según les va por la teta. Todavía no se sabe sin son tirios o troyanos. Lo cierto es que por el mar azul ( algunos se han enterado ahora donde está la isla de Santa Elena, que saben que les suena pero no saben de qué) navega hacia las Islas Canaria un barco, que no es un barquito velero y que está claro que no va, ni para Almería, ni para Cartagena…

jueves, 7 de mayo de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Percheles

 

 

                                      

                                          Calle del Arco. (desaparecida) El Perchel. (Málaga)


Mayo, 7 jueves


Lo cita Cervantes en El Quijote. Solo por eso hay que descubrirse. Algo insólito, diferencial y distintivo de una ciudad como Málaga a la que se le pueden poner un montón de epítetos. De aquel barrio no queda nada o casi nada. Metamorfosis con viviendas por las que se pagan más de medio millón de euros…

El Perchel, barrio extramuros de la entonces ciudad constreñida por el Guadalmedina, nació antes, mucho antes. Julián Sesmero dice que existía en la Málaga romana. En su suelo se hicieron salazones.  Dieron nombre a uno de los productos propios de esta ciudad Mediterránea.

En Bolonia fabricaban el garun; en Málaga salaban el pescado, lo secaban colgado sobre un palo o una percha, ‘percheles’ y se ‘curaba con el tiempo. El olor desagradable no lo admitía la ciudad romana. Decidieron alejarlo. Lo colocaron al otro lado del río.

Los árabes siguieron el camino ya iniciado. En el barrio ‘industrial’ – por llamarlo de alguna manera – comenzó a congregarse gran cantidad de población. Mano de obra, se le llama hoy. Trabajaban en la confección de cítricos, en la vendeja, en las bodegas, en los derivados de la mar… Apareció el chulo de la calle que imponía su ley – mejor, la sin ley que era la suya- y dejaron de depender de la iglesia de San Juan.

Construyen una capilla, a San Andrés, patrón de pescadores. Se amplía y le da nombre a una parte de la zona y a la playa (a otra, más deteriorada, la bautizan como “El Bulto”, allí fusilan a Torrijos) San Pedro y Santo Domingo, convento dominico, con uno de los grandes obispos de Málaga, Fray Alonso de Santo Tomás, inyectan nueva vida.

No queda ahí la cosa, el convento del Carmen, es punto de excelencia, y el de San Carlos para “recoger a mujeres de la calle”, una aspiración social. Lorenzo Armengual de la Mota, también obispo, aunque nunca de Málaga y figura señera apuesta por mejorar su barrio. En el siglo XIX llega el ferrocarril.  Nace “la Estación”. Es el progreso.

Aparecen las cofradías Nuestra Señora del Mar, del Cristo de las Penas, de Jesús de la Buena Muerte, la del Chiquito o Misericordia “para socorro de los pobres enfermos, administrarles alimentos, medicina y Médico (10 de diciembre de 1791)”

Aquel Perchel se unía por el Llano a la Trinidad; luego, calle Mármoles, fue la arteria separadora; de Armengual de la Mota, hacia el Camino de Antequera, Zamarrilla, el convento de la Aurora hacia el pasillo de Guimbarda…

La ‘remodelación’ (¿?) urbanística del Perchel no ha sido afortunada. Es verdad que no había mucho que salvar, pero de ahí a entrar con el pico y la pala, hay un trecho. Han recuperado pinturas de algunos antiguos mosaicos. Señalaban la actividad de la zona; otros, los han inventado. Hoy ¿qué queda de aquellos nombres sonoros?: calle Ancha del Carmen,  Calvo, Cerrojo, Ríos Rosas, Isturiz, Pulidero, Zurradores, San Jacinto…