domingo, 7 de junio de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Antequera, a pedir de mano

 


                               El Portichuelo; a la derecha, iglesia del Socorro. Antequera


Junio, 14 domingo


Porque me coge de camino; porque me gusta ver Antequera, desde arriba, recostada entre el cerro de la Veracruz y Capuchinos; porque encierra tanto que es difícil pararse en un punto solo; porque al otro lado está la Vega y más allá casi en el horizonte la Sierra de la Camorra y Mollina a sus pies…

Por eso y por muchas otras cosas tengo la costumbre de entrar (“salga el sol por Antequera) por el Portichuelo que tiene una Virgen, entre faroles de brazos retorcidos, y ladrillos mudéjares. Al lado, justo al lado, Santa María de Jesús o del Socorro que es lo mismo.

La devoción – parece - viene del XVI, mucho antes que Michel Quoist, el cura francés, que enseñó otra manera de llegar a Dios en su Oraciones para rezar por la calle:Ofrécele tus preocupaciones, tus penas, tus pesares...” en Antequera, se le rezaba a la Virgen del Portichuelo, pero, esa es otra historia.

Al otro lado, en la hondonada, San Juan. Este año no he ido por mayo que es cuando hay que ir porque veneran al Señor de las Aguas. Es una iglesia, para mi gusto, de estilo tenebrista. ¿Ese estilo es una invención? En la pintura, sí. En la arquitectura, pues… No lo sé para mí, siempre me ha parecido una iglesia muy grande y muy oscura. Ya ves, uno que es un tanto raro.  

Ya no puedo bajar, desde el Portichuelo, por la Cuesta del Viento. Han cambiado el sentido de la circulación y, por tanto, no le puedo hablar casi dese la misma altura (física, se entiende; de la otra, por supuesto que no, al Angelote de San Sebastián ) y, ahora hay que cruzar un dédalo de calles. No está mal. Es una manera de husmear por lugares por los que uno no transita casi nunca.

Salgo, por la calle Zapateros, casi al entronque de calle Estepa con la Plaza de San Sebastián. La bordeo, bajo por calle Encarnación, al paso puedo echar un vistazo al Coso Viejo. Sigue ahí, la estatua ecuestre de Fernando, el de Antequera. Su paso por aquí, efímero; su prolongación en la Historia de España alargado.

Y sigo y sé que allí, en el Pedro de Espinosa, allí, precisamente,  tuve primer examen, era el de Ingreso; al revolver, frente a Santiago y antes del convento de Belén me ratifico que Antequera está tocada por la gracia de Dios que desde la Prehistoria abrió la mano y dijo, ahí, os dejo eso, para que gocéis de la capacidad de creación del hombre en eso que, vosotros, llamáis Arte….

 

sábado, 6 de junio de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 





Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Y, entonces, vino él.

 



León XIV,  llega a Madrid


Junio, 6 sábado

 

Sotana y solideo, blancos; muceta púrpura; zapatos negros. Un cordón dorado sostiene el pectoral.  Esboza una semisonrisa de complicidad. Menudo y erguido. Anda despacio, como quien necesita apoyarse. Escucha más que habla... que lo hace pausado y firme y sin levantar la voz, sin querer molestar y muy clarito.

Ha llegado una mañana de verano a España donde llevamos una temporada con los aires revueltos. Demasiada crispación. Vivimos en un país de algunos listos, pillos y anguilas de las que viven en el agua, no; de las otras. En la calle Roselló, en Barcelona, cobran 500 euros por ocupar un balcón a alguien que quiera ver pasar al Papa.

Circula por ahí, a modo de chiste, un jeroglífico. Lo envía, al amigo, un nota, al que la NASA mandó a Marte. El telegrama dice:

PP

x, R.I.P

20 x 1000

El amigo lo lee. Se rasca la cabeza. Da vueltas. No ve salida. Se va al bar de la plaza del pueblo. Pide ayuda para descífralo.

Está clarísimo, le dice uno:

“Pepe,

por tus muertos.

Vente por mí…”

Algo así está en mente, estos días en más de uno que búsqueda un callejón de salida.

El ‘callejón’ estaba esta mañana en los discursos.  ¡Y, menudos discursos!, en el Palacio Real, del Rey de España y de Su Santidad. Hay que volverlos a escudriñar, ahora, si se puede, y leerlos despacio…

No han hablado de huidas ni de escurrir el bulto. Han puesto letras en negro sobre blanco de asumir responsabilidades y de la grandeza de un País con muchísimas cosas positivas. Por supuesto, también, con sombras. A lo largo de los tiempos sus balances son mejores de lo que airean algunos.

Han salido a la luz, (entre otras cosas) entendimiento entre las tres culturas básicas. Antaño conformaron nuestra tierra: árabe, ‘credo’ y judía. Hay más. Aportaciones de ciudades: Toledo o Córdoba y, como guinda: Averroes y Maimónides y, dejándose caer, con Teresa de Ávila, Juan de la Cruz e Ignacio de Loyola… Por, cierto, ¿y si hacemos una encuesta y preguntamos quien ha leído algo de esa delantera que no ha marcado goles, sino otra cosa?

viernes, 5 de junio de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El Santuario de Flores

 






                                Santuario de Flores. Donde zurean las palomas en las ventanas..


Junio, 5 viernes

 

A media mañana me las andaba por la realenga de Casabermeja, en la Loma de las Caballerías, a la altura de la Hacilla. Los olivos están ahítos de aceitunas. Ya se sabe una en San Juan...

Hacía calor; un poco antes se había arrancado el levante. De vez en cuando venía una brisa suave, agradable. Ponía una nota de placidez en un día donde también parece que se han dejado abiertas las puertas del infierno…

Decido que, en el regreso, tomaré en Casablaquilla, a la derecha, por Virote, Paredones, Camino de los Llanos, Cuesta del Convento y al santuario.

No hay casi tránsito a esta hora. Camiones de los que limpian el arroyo Jévar llevan zahorra; levantan mucho polvo. Adelanto a uno a la altura de la fuente de Juan Rajao…

Subo la cuesta. El cielo, a pesar del levante, sigue azul, muy azul. Llego. Percibo la paz de siempre. Allí, en su altar, Ella, la que vino a finales del XV de mano de los marochos desde Encinasola en la Ribera del Múrtiga…Hoy, le han cambiado de manto. Echo un ratillo con ella. Le he pedido que nos conceda lo que más falta nos haga…

Un matrimonio, que no conozco, está sentado en la nave del evangelio, delante del atar de san Francisco. En un momento determinado ella se ha levantado. Ha depositado unas monedas en el lampadario, se ha encendido una velita ‘artificial’. Es una buena medida; evita posibles problemas.

Él tiene abierta, por la mediación, una de las Biblias que, sobre una mesita, en la nave de la epístola, ante el la Capilla de la Orden Tercera espera a que alguien les eche un vistazo…

Se me vienen a la mente recuerdos de siglos… Las obras del Santuario de Flores se iniciaron en 1590. Es de suma sencillez y humildad. Viene de la mano de la nueva reforma de los Observantes, los Recoletos.

El Concilio de Trento manifestó la voluntad de la Iglesia de que los templos, casas de Dios infinitamente incomprensible por ser infinito, se convirtieran en lugares de conmoción y de impresión sensorial. El convento de Flores, lo es. El arco toral con guirnaldas, hiedras (símbolos de fidelidad), frutos o ramilletes, amparados en los versículos: “Flores aparuerunt in terra nostra” (Cant. 2, 12) (“Nuestra tierra se llenó de flores” en una traducción muy libre), dan entrada al mundo de gozo por la presencia de Dios. Culmina, tras pasar por la muerte, en el ‘Paraíso’ representado en el camarín con María, Reina y Señora.

El templo es grande, alegre, diáfano; engalana sus paredes lisas con la cal nítida, combinada con grises, marrones, ocres o tonos más intensos, propios del tenebrismo de un barroco avanzado. Concluirá con la exaltación del rococó del camarín.

En el lateral de la Epístola, un camarín más pequeño, decorado con yeserías rococó de finales del siglo XVIII y junto a este, una capilla adyacente cubierta con bóveda de media naranja con decoración de rocalla. Perteneció a la capilla de la Tercera Orden.