DESDE EL LUGAR
Lectores de José Morales García
jueves, 11 de junio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Un hombre excepcional
Junio,
11 jueves
Dicen que
Dios se las andaba en la construcción del mundo. Llegó el momento de la Península
Ibérica y entonces, se las ideó para formar un terreno rodeado, por todas
partes menos por una, de mares de aguas azules y olas de nácar.
Y en
medio, una extensión de tierra. Por la parte de arriba colocó una cordillera,
que la separaba del resto del continente. En invierno, estaría cubierta de
nieve; en verano, las montañas estarían verdes y por mor del deshielo multitud
de arroyuelo bajarían de las cumbres para alimentar a los ríos.
En el
centro, una gran llanura. Como era muy grande, en medio una cordillera la partiría
en dos. En invierno, también, tendría nieve; en verano, senderos para que la
gente pudiese gozar de ella.
Colocó,
además, una sucesión de montes que
venían como sesgados desde el mar de arriba hasta la cercanía de las costas de
otro mar. Por en medio, una gran depresión por la que iba correr un gran río.
Abajo, al
Sur, que no sé porqué siempre, pensamos
que el Sur está abajo, un gran escalón lo separaba de la gran llanura del
centro; por en medio, otro gran río atravesaba otra depresión y una cordillera
con picos muy altos lo separaba del mar.
Alejadas
del territorio un espurreó un puñado de
islas a la derecha de la Península; y lejos, muy lejos, otras islas, como perdidas en un mar enorme que también
tendrá olas de nácar.
Entonces,
dicen, que un ángel que le acompañaba fue y le dijo:
- Señor,
¿no te parece que estás pasando?
- No, no.
Todavía le falta lo mejor
Y, entonces,
Dios le dijo al ángel, le voy a dar la gente, iguales entre sí pero, diferentes
con propiedades distintas para que puedan enriquecerse entre ellos y puedan dar
algo de ellos mismos a todos los demás que, a lo largo de los años, de muchos años, se van a encontrar por los
caminos.
El ángel
pensaba. Dios, cuando lo vio dubitativo, sintió un poco de remordimiento porque
lo venía envuelvo en una nube de zozobra y no entendía muy bien todo aquello y
fue le dijo:
Un día,
cuando pasen muchos años, le voy a enviar a mi representante en la tierra (porque
a ese planeta le van a llamar tierra…), será un hombre sencillo, con la cabeza
muy bien amueblada…
- ¿Qué?,
dijo, el ángel…
- Nada. Lo
vas a entender. Un hombre, que es de Dios, pero es humano. Escucha y regala
sencillez y les dirá cosas que los va a hacer pensar.
Les va hablar
de solidaridad, de construir en común, de unión entre ellos, de acoger a otros semejantes
que lo pasan mal… De tantas cosas buenas, que ellos van a decir: este hombre es
un enviado de Dios, que nos lo manda para hacernos pensar y recapacitar porque,
a veces, andamos un poquillo espesos…
miércoles, 10 de junio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Madre
Junio,
10 miércoles
Madre tomó un cubo de cinc con un asa grande.
Introdujo la ropa y una tabla de lavar de madera con rayaduras; sobre la ropa,
un taco de jabón…
- ¿A dónde vas? Preguntó, el niño.
- Al arroyo…, contestó, madre.
- Yo voy contigo, dijo el niño.
Madre tomó en una mano el cubo con el taco de
jabón, la ropa y la tabla de lavar; en la otra, la manita pequeña del niño…
Bajaron por la vereda, junto a la vía del tren. Se encaminaron al arroyo.
- Madre, dijo el niño, ¿de dónde vienen los
trenes?
- De muy lejos, le dijo
- Y ¿van muy lejos?
- Sí muy lejos, contestó madre. Y le dijo el
nombre de algunas ciudades, pero el niño no comprendió nada de todo lo que le
dijo.
Cuando llegaron al arroyo, madre, acopló la tabla
de lavar sobre unas piedras, y se arrodilló sobre una gamuza que traía en el
fondo del cubo debajo de la ropa. Le encargó que tuviese cuidado y no se mojase
porque el agua estaba muy fría.
- ¿Por qué, preguntó el niño, está el agua fría?
- Porque es invierno y en invierno está el agua
muy fría.
- ¿Y en verano, también, está fría?
- No, dijo, madre, en verano no está tan fría.
Pasó Francisquito con un hatillo de cabras.
Careaban despacio por el borde del arroyo. Frasquito era un hombre enjuto, con
la cara surcada por dos grandes hendiduras en ambas mejillas, quemadas por el
viento frío del campo. Saludó a madre y madre le devolvió el saludo.
- Madre, volvió a preguntar, el niño ¿de dónde
viene el agua del arroyo?
- De aquella sierra y le apuntó, con el dedo,
unas montañas en el horizonte…
- ¿Me vas a llevar un día a donde nace el arroyo? Preguntó.
- Cuando seas mayor, ahora, eres muy pequeño y no
puedes andar…
- Y ¿por qué no me lleva papá en los hombros?
- Por que papá está en el cielo.
- ¿Yo veré algún día a papa? Volvió a preguntar
el niño
El niño,
en la conversación, distraído, resbaló. Metió los dos pies en el agua y
entonces madre, dijo…
- Hijo vas a coger una pulmonía. Recogió la ropa
de prisa y tomó al niño de la mano…
- Madre, dijo, el niño. Estás llorando…
No, dijo madre, es que me ha caído jabón en los
ojos…
Y asido de la mano, madre y el niño volvían por
la vereda que va junto a la vía. En la lejanía sonó el pitido de un tren, al
poco rato apareció y desapareció casi con la misma velocidad que traía…
martes, 9 de junio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El Pueblo
El Papa León XIV por las calles de Madrid
Junio, 9 martes
Don
José Ortega y Gasset dijo que en España “lo que no hace el pueblo se queda por hacer”.
Don José nos conocía bien, muy bien. Él fue quien escribió un libro clave para
comprender todos los desaguisados que, ahora, nos atosigan, cuando siglo XXI
acaba de superar el primer cuarto. El libro se llamó España invertebrada.
Otro
español genial, don Antonio Machado definió Madrid como rompeolas de las
Españas. El pueblo de Madrid, o sea España, acaba de dar una lección de
civismo, de saber estar, de generosidad en la acogida a quien viene en una
visita oficial, pero que es algo más que la oficialidad de la vista, o sea,
recibe al Pastor. Nosotros lo llamamos Obispo de Roma o Papa.
Cuando
se publiquen los documentos de lo que nos ha dicho veremos la profundidad de
todo lo que nos ha dejado. Hacerle caso o no, es harina de otro costal. Vamos, como el molinero que sacaba la harina
que le convenía y del costal que él quería.
Mientras
tanto nos quedamos con el Pueblo – con mayúsculas -. Ese pueblo que cantaba
bajo el sol abrasador del sol de Cibeles una mañana de final de primavera: Como
estás mi Señor en la custodia, / igual que la palmera que alegra el arenal, /
queremos que en el centro de la vida / reine sobre todas las cosas tu ardiente
caridad”
El
Pueblo, ha dejado muy clarito, una vez más, que está por encima, muy por encima
de todo lo que le rodea y sabe distinguir entre churra y merinas y quien viene
fiel a su doctrina y aunque duela, a decir, esto es lo que hay.
Algunos
de los que somos pueblo, a veces, caminamos en la penumbra. Espinas, guijarros que hieren, dificultades,
decisiones muy duras y, en momentos, incomprendidos. El Papa ha trasmitido su
mensaje de esperanza, de paz. Ha mostrado el camino. Por lo pronto, el pueblo
de Madrid lo ha acompañado en su caminar físico. Ha llenado plazas, calles,
aceras o como anoche, el Santiago Bernabéu.
Nosotros,
mientras tanto, tenemos su mensaje, su doctrina. Citó, aunque parezca que no
está de moda, a san Manuel González y habló del Sagrario. En los tiempos que
correen, ¡Jesús, en el Sagrario! Nos ha citado, también a místicos.
Teresa
de Jesús: Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda, la
paciencia todo lo alcanza, quien a Dios tiene, nada le falta, solo Dios, solo
Dios basta. Ahí queda eso, o San Juan de la Cruz, que, tampoco, lo tuvo fácil y preguntó
directamente: ¿Adónde te escondiste, Amado, y me dejaste con gemido. / Como
el ciervo huiste, habiéndome herido; / salí tras ti clamando, y eras ido…
Lo que no hay es espacio, pero hay más, mucho más.