Chefchauen
Julio,
31 viernes
Cuanto
estaba permitido, las carreteras españolas exhibían paneles
publicitarios en sus orillas. Algunos, vulgares; otros con su chispa de gracia.
Recuerdo uno, entre Aranda de Duero y Burgos: "Papá, ven en tren”. Kilómetros más adelantes: “Con Iberia ya
habría llegado…”
Otro,
en un panel grande combinaba figuras de tuaregs del desierto sobre camellos,
paisaje nevado del Atlas y algunos edificios emblemáticos de Marrakech. Era una
preciosidad. Con grandes letras fácilmente legibles: “El amable vecino de
enfrente”. La verdad, el cartel entraba por los ojos.
He
estado dos veces en Marruecos. La primera, a final de los años ochenta del
siglo pasado. Entramos por Melilla. Continuamos: Nador, Oujda, Taza, Fez, Mekne,s
Marrakech, – en el hotel Es Saadi, desconozco si aún existe, pedí un refresco
de limón. En mi mente era una fanta. La sorpresa vino con un jarrito de
zumo de limón, agua fresca y azúcar para que hiciese la proporción adecuada… -,
Safi, Casablanca, Rabat, Larache, Ceuta. Doce días inigualables. ¿Experiencia?
En Fez, en pleno ramadán, tarde tórrida. Compramos una sandía, con la Ciudad
Santa delante. Le ofrecimos al guía acompañante una tajada. Cortésmente, la
rechazó.
- No
es posible. Es el ramadán.
Otra.
Salíamos de Marrakech. Mi amigo conducía; yo, de copiloto. Un mapa sobre las
piernas. Me comenta que nos sigue un coche y que, a pesar de darle paso, no nos
adelanta. Me dice que le ha hecho señas con las luces.
-
Prevente, sin que las mujeres se den cuenta de nada. Tomo una cesta que
teníamos con viandas sobre mis piernas. Discretamente, introduzco la mano en la
cesta. Cojo un cuchillo sin que se vea mi mano. Se echa a la cuneta, baja el
cristal de la ventanilla. El coche se pone a nuestro par…
- Se
han equivocado. En Marrakech han preguntado por Safi. Tendrían que haber tomado
a la izquierda y han cogido la carretera de la derecha. Dense la vuelta. Van
mal. Sentí una profundísima vergüenza. Podían más los prejuicios que la solidaridad
humana.
La
segunda vez. En la mediación de este primer cuarto de siglo XXI. Entramos por
Ceuta. Seguimos por Tánger, Asilah, Chefchauen – una de las ciudades más
bonitas que he visto del Atlas – Tetuán y otra vez, Ceuta. La experiencia
totalmente, contraria. Nos engañaron dos veces. Convenimos unos precios; luego,
quería otros.
Nuestro
amable vecino de enfrente hoy la ha liado. Y bien liada. Se ven que la
condición humana es como el día y la noche. Cuando hay luz y relación positiva
tiene que venir la oscuridad que todo lo estropea. Ustedes al igual que yo a
estas horas están empachados de opiniones. Vecino, es; que está enfrente,
también. Con el sofocón de hoy ¿Amable?