jueves, 15 de octubre de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La mano de Dios

 


Canal de Castilla. Tierra de Campos. Palencia



Octubre, 15 jueves

 

Andaba esta mañana – día de Santa Teresa, precisamente – dándole vueltas a la "loca de la casa” sobre que escribir hoy que, en algunos sitios como en el sur del Sur, es pleno verano, y en otros ya ha llegado el otoño.

Me ha venido el fogonazo de la imagen y algo interior me ha dicho que a lo mejor podía ser una señal para hacer reflexionar, al menos a mí me lo ha hecho, en este mundo convulso y, en ocasiones, muy desorientado. ¿Sabemos realmente dónde vamos?

La foto corresponde al Canal de Castilla. Fue una obra, en su concepción primitiva, faraónica. Llevar los barcos desde el interior de Castilla al puerto de Santander. Los desniveles los pensaban salvar con exclusas que elevarían los barcos de entonces hasta el nivel superior del agua.

La obra era costosísima, pero sacar las producciones de Castilla, trigo y lana, principalmente, era de una expectativa económica descomunal. A la inversa podrían venir otros productos a España. Castilla y España, en ocasiones son sinónimos.

La llegada del ferrocarril hirió de muerte el proyecto. El tren era más rápido,    y menos costoso que el tránsito de los barcos, hoy, indudablemente pequeños y además jugaba con una ventaja: podía transportar más mercancías.

Hoy, cuando ha pasado el tiempo y ni barcos ni tren, y sí muchos pueblos languidecen despoblados esperando un final certero porque están vacíos…, uno piensa en esas muchas tierras que son Castilla o hijas de Castilla, siguen esperando.

La foto, al margen del canal, es de una belleza enorme. Si les digo los versos de San Juan de la Cruz que tantas veces cito y digo que es verdad que no lo tiene que decir Fray Juan de Yepes, que por “aquí mil  gracias pasó derramando”, ¿a qué me quedo corto?

Este verano me las anduve por esas tierras, desde Frómista a Ampudia pasando por Palencia. Luego subí a la Montaña Palentina – pero esos son otros lópeces- . Créanme si les digo que es una tierra de gente recia, pero de corazones tan grandes como los horizontes que se abren en la Tierra de Campos.

Y esta mañana la mano de Dios aparece en una fotografía. ¿Un cuadro impresionista? Sí, pero también, un albadonazo. Viene de arriba y nos dice. “Dejaoos de pamplinas. Aprended uno poco de mí. Os envío paisajes bellísimos y os marco el camino” y uno, en respuesta,  se apropia de algo del primer ecologista. Fue en el siglo XIII, se llamaba Francisco y también conocido como el “poverello de Asís” y le contesta. “Loado seas mi Señor”.


miércoles, 14 de octubre de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Aspidistras

 


                            Aspidistras. Balneario de Tolox (Málaga)


Octubre, 14 miércoles

 

Mi madre, cuando yo era niño, partía las pilistras al llegar los meses de otoño. Unos días antes me encargaba que tenía que traerle mantillo de la huerta. El mantillo era un humus del fondo de estiércol que, ya muy hecho, se convertía en una sustancia esencial para las macetas.

Tenía ‘muy buena mano’. De una planta envejecida por el paso del tiempo y ocupante de un tiesto grande sacaba varias macetas. Alguna acababa en casa de una amiga a la se la tenía prometida. Un servidor era el encargado de llevarla y casi nunca “perdía” el viaje.

Con cuidado la sacaba del recipiente. La ponía en el suelo sobre un saco de arpillera porque siempre dejaba residuos. Tenía un chuchillo recio, muy largo, con el puño de madera envejecida y con la hoja, espejo del paso del tiempo, oxidada. Antes de comenzar, la afilaba con una piedra especial que tenía para estas ocasiones. Según ella, así, cortaba más.

 Tenía preparados los recipientes que le darían “nueva” acogida. En el fondo depositaba varios puñados de mantillo, asía con las dos manos el panete y lo colocaba, con cuidado, de tal manera que quedasen bien acomodados los rizomas (ella les llamaba raíces) sin que uno estuviese sobre los otros. La rellenaba, además, con el mantillo por los bordes, entre la planta y la maceta, generalmente, macetón de barro. Era casi una exigencia de la aspidistra.

Con una regadera (recipiente de latón, que le hacía Pedro Luque, el maestro latero del Camino Nuevo) le repatría el agua  - porque escaseba el agua y había que administrarla y por exigencia de planta - con sumo cuidado. Las empapaba sin mojarle las hojas. Con una tijera de jardín, grande, le cortaba todas las hojas amarillentas, o deterioradas. “Hay que clarearlas”, me decía. Y, antes de concluir la faena, le pasaba un trapo húmedo por las hojas que había sobrevivido al saneamiento. "Así, peinadas, decía, lucen más”.

Mi madre no sabía que la aspidistra procedía de Asía. Mi madre no sabía dónde quedaba Asia; su hijo, entonces, tampoco. Tuvo que pasar mucho, pero que mucho tiempo, para que, a aquel niño, una noche de tormenta en los Urales viese como amanecía en Sverdlovsky, “esto, le dijerón, ya sí es Asia”. Es, otra historia.

La Aspidistra no quiere sol directo, soporta bien la falta de agua y el frío, si no es excesivo. Junto a ellas, el niño cuando fue muchacho, leyó a Mark Twain un navegante del Mississipi que contó las aventuras de otro niño que se llamaba Tom Sayer….



 

martes, 13 de octubre de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El impresionismo: aquello era otra cosa

 

                

            'Impresión, sol naciente', Monet

 

Octubre, 13 martes


Ya pisaba su último cuarto de siglo, el XIX. En 1874 aparece una nueva corriente. Se va a conocer, al principio, como un movimiento contrario a lo que existía hasta entonces y con un nombre despectivo: Impresionismo.

Pintores seguidores de esta nueva tendencia se había abierto sitio, como todo lo que llega nuevo, primero tímidamente; luego, con más seguidores, en París. Alguien dijo que por las aguas del Sena bajaban todas las corrientes y de allí, por osmosis, al mundo entero. Puede ser una exageración. En otros sitios también nacieron movimientos que tuvieron repercusión a nivel mundial y no tenía que ser necesariamente París.

Dentro de aquellos círculos de artistas, Édouart Manet ya era conocido por su cuadro “Almuerzo sobre la hierba”.

 

                   


         Manet, nació y murió en Paris, relativamente joven, con 51 a consecuencias de una enfermedad circulatoria que obligó a amputarle una pierna. A los pocos días falleció. Viajó por Brasil y algunos países de Europa. En España conoció la pintura de Velázquez. Lo encandiló.

Manet y otros «rechazados» por las tendencias ‘oficialistas de moda, comenzaron entonces a reunirse en grupos de artistas fuera de los círculos expositivos oficiales (en ese Salón de los Rechazados) y deciden exponer sus obras por su cuenta. En una primera exposición (en 1874).

Claude Monet que, posteriormente, se erigió, como la figura más señera expuso un paisaje del puerto de Le Havre. Se titulaba “Impresión, sol naciente”. Quería captar la luz.

Y la llevó de tal manera que impacto. Por allí pasó Lois Leroy, muy influyente en el academicismo reinante, del gusto del colectivo de intelectuales de aquel tiempo, Leroy la tituló “Impresionismo”. Desconocía que le estaba dando nombre a una corriente pictórica de una importancia colosal en el mundo de Arte.

Monet, incluso, se fue a ir a vivir a una villa que adquirió a poco más de una hora de Paris. Hizo su propio jardín, sembró sus propias flores, construyó los parterres que le servirán de modelo y trazó los estanques y riachuelos donde crecían los nenúfares. Esa villa se llamó Giverny.

Con Monet llegaron también: Degas, Manet…,



                                Renoir: En los bosques

 


                       Pissarro: Bulevar de Montmartre.

 

El Impresionismo francés irrumpía, tomaba su sitio y se prolongaba en el panorama artístico, primero en París; luego, en otras partes del mundo para firmar una página dorada dentro de una nueva tendencia en lo que llamamos Historia del Arte.