DESDE EL LUGAR
Lectores de José Morales García
martes, 19 de mayo de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Ibn Gabirol, "el Malagueño"
Mayo, 19 martes.
Ibn Gabirol, “el malagueño” o Avicebrón, (latinizado) tiene una estatua en la linde de la judería de Málaga. La que se asoma a calle Alcazabilla, en las traseras del museo Picasso, frente al teatro romano. Un monumento discreto, casi como su recuerdo. Exalta a una de las figuras más importantes: poeta y filósofo andalusí que nuestra tierra aportó, allá, por el 1021.
Su familia procedía de Córdoba, de ahí también, el otro gentilicio de “cordobés” con el que se le conoció. Vivió en Málaga. Después de la muerte de su madre, marcha a Zaragoza. Se educa bajo la protección del mecenas Yekutiel Ben Isaac, visir judío del rey Munir II de la taifa.
Vida azarosa; años después lo llevan Granada, Lucena y Valencia donde murió. Pero no es el caso. Los hombres perviven por sus obras, aunque parte de lo que estas tierras le aportaron, quedó reflejado en su poesía.
Málaga, como a casi otros tantos, lo ha ignorado mucho tiempo. Todo va muy deprisa. Lo descubrí a través de las publicaciones de Rafael León Portillo. Su poesía, desconocida: “Fíjate en el sol del ocaso rojo, / como revestido de un velo de púrpura (Hablaba del atardecer de Málaga). El resto de su obra, también. Sus proverbios y máximas se citan bajo su nombre latinizado, de Avicebrón: “La paciencia cosecha la paz; la prisa, la pierde”.
Casi desparecida la Judería (como desaparecieron la Trinidad y el Perchel), y casi reinventada, años después, cuando los intereses comerciales lo creyeron necesario. “¿A dónde fueron tus barrios?”, se preguntaba la copla, pero esos son otros cantares.
En un pequeño jardín, oasis de verdor y encanto, frente a reminicencias del pasado. Un cubo de cristal permite, en medio de la calle, a los viandantes observar fragmentos de murallas de otros tiempos; un poco más allá, el recuerdo de Roma. Alegorías en mármol, de Adrián Risueño, habla del paso de las estaciones. Monte arriba trepan la alcazaba y Gibralfaro. En un palmo de terreno herencia de las culturas romana, árabe y judía. Málaga, crisol de culturas. Ciudad abierta, desde siempre.
La cercanía del Museo Picasso, el embrujo del Pimpi, surgido como recuerdo de lo antiguo, mezcla de esencia vieja, vino y estética. Parada, casi imprescindible para los buscadores de algo de tipismo, aunque sea artificial.
Hoy,
ante la mirada curiosa de algunos transeúntes, su estatua sin pedestal, en
bronce, obra del escultor americano afincado en Málaga, Hamilton Rees Armstrong
en 1969, ve como pasa la gente y el tiempo. Inclina la cabeza de mirada
discreta hacia la tierra. En su mano izquierda sostiene un pergamino enrollado;
su diestra, abierta, parece que quiere asirse a otras manos para seguir camino
por una Málaga que fue y ya no es.
lunes, 18 de mayo de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora: Almoradux de hogaño
Mayo, 18 lunes
¡Qué bonito, qué bonito! Cuando subíamos, esta mañana, a las Mesas de
Villaverde, además del tomillo - que rebrota al abrigo de la primavera - ya
estaba el romero en flor y apuntaba el almoradux. La mano de Dios lo ha
sembrado a voleo y capricho...
De lejos, el río, se iba escondido entre las huertas. Buscaba la mar
soñada, anhelada, deseada, como se desea a la amante la noche de luna que rompe
abril, como se desea que se cumplan los imposibles… Ya se sabe. “El Dorado
siempre está un poco más allá de donde nosotros podemos llegar”.
Detrás de los montes aquellos que dicen de Málaga y, entre la bruma,
está la mar. No sé ve. Sabemos que está, que es azul y de olas plateadas.
Llegan, dejan besos de amor en el rebalaje y se van. Esa mar, también, es mar
de silencio y tumba. Hombres que huyen del hambre y la miseria y creen, otra
vez… El dorado... ¡Ya sabes!
Por aquellos montes, de enfrente, en caliza pura, se quiebran los
vientos fríos. Vienen del norte. Abajo, en el valle, se asienta antes que en
otros sitios la primavera. Están de antojo los almendros hardaleños; de
provocación, los ciruelos. Orgía de abejas en tropel ¿Quién llegará primero?
¿Has visto? Ya huele el aire a cebadas maduras.
Por los cerros de Bombíchar trepan olivos centenarios. Retorcidos.
Apuntan a trama nueva. Dentro de unos meses serán aceitunas y por San Juan…,
no, aún no estarán llenas de aceite que es vida, que es ungüento y bálsamo;
perfume y sueño de molino y compañía a la hogaza de pan…Bendita aceituna nueva.
Por allí… Teba y la campiña y Campillos y la laguna y Los Mapaganes y
las sierras del Sur de Sevilla. Ahí, entre los pinos, ruinas en piedra.
Matagallos, sabinas y mastrantos; salivitas del Señor, piñas en las ramas y en
suelo. Se han subido los espárragos. Mil años de historia. Sueños de hombres a
los que les vino chico su tiempo y, nosotros, en la cumbre, veroniqueando con
el viento; es un lugar para desgranar versos. ¡Qué suerte, qué suerte!
domingo, 17 de mayo de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. ¿Vivió Michael en Álora?
Santo Cristo de la Salud. (Málaga). José Michael Alfaro. Siglo. XVII
Mayo,
17 domingo
José
Michael Alfaro no era italiano. Es un escultor barroco – que probablemente pasó
en su formación por Italia, pero fue en Málaga donde realizo un puñado de obras,
algunas de gran renombre como es el caso del Cristo de la Salud.
No he
encontrado documentos escritos, a modo de mandas, escrituras o documentos de
pago en los que se puedan constatar el paso y presencia por Álora a lo largo de
la vida del escultor e imaginero aragonés, del siglo XVII. (¿Pudo venir huyendo
para refugiarse de la peste bubónica que asoló Málaga en las décadas los años
cuarenta de aquel siglo?)
Un testimonio
verbal recogido por Pepe Rosas a Mario Palma Burgos, sí lo afirman. Según le
transmitió, en una reparación realizada por su padre, Francisco Palma García al
patrón de Málaga, el Cristo de la Salud, al levantar el rostrillo de la cara
del Cristo, encontró una nota que decía: “Hecho por Micael en Álora. Siglo
XVII”.
El padre
Andrés Llordén O.S.A. en su extensa obra cita el nombre de otros imagineros qué
sí realizaron obras para la parroquia de la Encarnación de Álora y para otras
capillas, pero no a José Michael Alfaro como posible imaginero que dejase su
huella artística.
Michael
indujo a la confusión a muchos investigadores al ‘italianizar’ su nombre compuesto.
Se sabe que nació en Alcañiz, provincia de Teruel, en 1595. Era hijo de Jerónimo Alfaro y Francisca
Serrano. Fue bautizado en el 22 de marzo.
Hay oscuridad en su biografía durante unos años.
Con 34
años, en 1629, se traslada a Málaga. Hace imágenes para Colmenar, Antequera, El
Borge, Riogordo, Motril, Granada y San Ciriaco y Santa Paula, patronos de la
ciudad, para la iglesia los Mártires de Málaga... Trabaja para la sillería del Coro
de la Catedral y deja varios apóstoles, bustos de santos y santas y decora las
cornisas.
Su obra
cumbre es el Cristo de la Salud (1633) que hoy se venera con el mismo nombre en
la capilla de la calle Compañía. Junto a la plaza de la Constitució. Existe una
calle, barrio de la Victoria, que se conoce como ‘Calle Cristo de la Epidemia”.
Va desde Fuente Olletas, al inicio de la carretera del Colmenar al Jardín de
los Monos.
Existía entre los escultores una leyenda. Si se realizaba una imagen que el pueblo la ‘consagraba’ como ‘milagrosa’. Al poco tiempo, su autor moría. Efectivamente, falleció como consecuencia de la peste bubónica que había azotado la ciudad desde unos años antes. El pueblo atribuyó la superación de la epidemia a un milagro. La imagen del Cristo apareció en una carreta de manera casual. Michael anunció que su muerte estaba cerca. Tenía 55 años… Lo enterraron en la parroquia de Santiago.