DESDE EL LUGAR
Lectores de José Morales García
domingo, 19 de julio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Higuera
Julio, 19 domingo.
Me acuerdo de los versos de Manuel Machado: “Quema el sol, el aire abrasa”. Mañana de mes de julio. El cielo, con calima del desierto. No está limpio. Acuden los tordos, en bandadas, a la higuera en la busca de la fruta madura.
La higuera llegó al Mediterráneo desde la parte más occidental de Asia. Es un árbol de hoja caduca y de mediana altura, de madera blanca y blanda, que da brevas e higos y algunas, las dos cosechas. A esas se les llama bíferas. Las brevas vienen por san Juan de junio, los higos cuando ya está bien entrado el verano. Tiene la corteza de color grisáceo El refranero no la trata muy bien: “la leña de higuera, que la corte mi hijo y la queme mi nuera”.
Es un árbol que aparece en el Evangelio y maldecida por Jesús. Es uno de los pasajes que inducen a confusión, porque la maldición le viene porque no tiene fruto…
Aparece en la obra de numerosos autores. José Antonio Muñoz Rojas en Las cosas del campo dice: “Ahí tenéis a la higuera. Las ramas que peló el invierno, caen graciosamente curvadas de los troncos cenizosos (…)”
Miguel Hernández, en una de las elegías más bellas escritas en nuestra lengua y en la que llora la muerte de su amigo Ramón Sitgé, escribe: “Volverás a mi huerto y a mi higuera / por los altos andamios de las flores / pajareará tu alma colmenera”.
En otra elegia, Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, el torero de la Generación del 27, Federico García Lorca, llora con todo su dolor de amigo: “No te conoce el toro ni la higuera, / ni caballos ni hormigas de tu casa. / No te conoce tu recuerdo mudo / porque te has muerto para siempre”.
Otro poeta del campo, Antonio García Barbeito, aunque en este caso lo hace en prosa, en De lo cercano habla de la higuera: “Podíamos cruzar el campo de parte a parte, todo el término un gran territorio, y podíamos ir de un pozo a un cercado, de una huerta a unas higueras, de un olivar a una era, sin que nada, acaso una linde alta, acaso una valla alambrada, pero de fácil paso, acaso un portillo sin más llaves que un par vueltas de alambre, se nos impusiera”.
Sentado a su sombra, sueño y dejo que pase el tiempo…
sábado, 18 de julio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Abandono rural
Julio,
18 sábado
El
telediario muestra imágenes pavorosas; los periódicos digitales – los otros, lo
de papel prácticamente han desaparecido – se renuevan con una periodicidad
asombrosa y dan noticias de cómo se dominan algunos fuegos y aparece otros.
Las
últimas noticias dicen que han ardido o arden tierras de la Axarquía malagueña,
del Este de Almería, de las Cinco Villas en Aragón, de lugares de Navarra y de
otros de Castilla-La Mancha, en Guadalajara. Pronto van a ser sustituidos por
otros. ¿Dónde? Donde menos se piense.
Dan
explicaciones sobre sus posibles causas. Ustedes también tienen las suyas. Casi
todos coinciden en una: abandono rural. El campo se ha quedado, como otros
lugares, sin nadie. La radio decía que han desaparecido de nuestro suelo más de
veinte mil pastores. Es decir, la posible población de un pueblo que apunta de
medio para arriba.
La
poca rentabilidad, las malas condiciones de vida, la dureza del trabajo, la
dependencia de factores externos: lluvias, carencia de cosecha o que no vengan
otros productos de otros países que gozan de permisividad y mientras tanto, a
los autóctonos de les cruje con ‘plagas’ burocráticas y de las otras.
Hay
más. Una a todo eso la falta de prestaciones – he estado casi medio mes yendo y
viniendo, por causas familiares a Tolox, desde Álora, dos veces al día. En una
distancia de treinta kilómetros. Carreteras sobre caminos de herradura. Aproximadamente,
se invierte casi un hora, se interrumpe la comunicación de teléfono y si tienes
la ‘suerte’ de encontrarte por un camión por delante…¡Ni les cuento!
No
hay mejor suerte si se va a Antequera, desde el eje del Guadalhorce. La hora de
viaje no te la quita ni Dios (Bueno, Dios está para otras cosas, disculpen que
lo implique aquí). Por cierto, han comenzado las obras para prolongar en 4 km.
de autovía, ¡aleluya!, para acercar Málaga, dicen, a Ronda…
Alguien
debería ver cómo están las cunetas. Yerbas secas, plásticos y basuras. (Esto no
lo produce la tierra). Lo cierto es que el campo, por una u otra cosa, está
abandonado y España arde.
jueves, 16 de julio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Acinipo
Acinipo. Ronda (Málaga)
Julio, 16 jueves.
Mañana de verano. Madrugo para evitar las horas del mediodía.
Me echo a andar ‘por la rosa de los
vientos’.
Si al salir de Ronda, como yo, después de pasar por la
Indiana, sigues de frente, te lleva por la izquierda, a Montejaque y Benaoján. Hoy
las descarto; por la derecha, a las ruinas romanas de Acinipo.
“Se ubican - dice la guía de la que me sirvo - en una
gran meseta caliza de origen terciario, con una altitud media de
He andado por allí varias veces. Me permito abrirte un
abanico por si te es de utilidad. Si es por primavera, el campo, vestido y en
flor; si por verano, como hoy, el estío hace amarillear el pasto; si es otoño,
tonalidades de oros viejos y, si por invierno, el viento y el helor te corta la
cara.
Las ruinas se mantienen en pie. Sostienen el paso del
tiempo y de los hombres. Entiende que te encuentras en lugares que estuvieron
poblados desde el Neolítico. Por Acinipo - eran y son fértiles sus tierras - pasaba
una vía que unía puntos de tanta importancia como el Valle del Guadalquivir y
la costa gaditana. El hombre, además, ayer como hoy, compraba mármoles y
piedras de construcción, hierro y arcillas para la alfarería e iba de un lugar
a otro...
Si te sientas en la escalinata, medita en la precisión
del dato - ¿por qué
De Ronda – ‘la de los toreros machos’ pregonaba
Villalón – se ha escrito mucho; de Acinipo, menos, y a mi entender quizá poco. Ronda,
más sevillana que malagueña es la capital de la Serranía; Acinipo, tartésica y
romana. acuñó monedas con granos de uva… Parece que le va a llegar un momento
de rescatar parte de aquel esplendor. Nunca es tarde...