DESDE EL LUGAR
Lectores de José Morales García
sábado, 28 de marzo de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Virgen de los Dolores: Pide y alcanza...
VIRGEN
DE LOS DOLORES: PIDE Y ALCANZA…
Marzo,
28 sábado de Pasión. Avanzaba la noche lentamente, con parsimonia,
con esa cadencia con que se mueren todas las tardes, pero ésta era la de
viernes de Dolores. Igual, pero distinta a otras tardes. No era un atardecer
luminoso. No estaba el sol de la primavera recién nacida; todo, penumbra.
Desde
no se sabe cuándo (tampoco importa) cada atardecer de viernes de Dolores, los
hermanos llevan a la Virgen que tiene por nombre el mismo del día, desde su
altar – en la nave de la Epístola – al trono, al final de templo.
Se han
apagado casi todas las luces; encendidas, solo aquellas que facilitan la visión
imprescindible. Algún foco lejano, y un leve rumor de cantos que son rezos. Un
coro de voces femeninas entona: “Si las dulces palabras del ángel /
inundaron de gozo tu alma, / de un profeta la fúnebre calma / la llenó de
amargura y dolor”.
Un
golpe seco sobre la madera de varal pone el cortejo en marcha. La mecida suave,
con mimo, con cariño, como solo puede hacerse en un acompañamiento a una Madre
transida de dolor. El remate del canto apostilla: “por tus dolores / ten
compasión. / Pide y alcanza nuestro perdón”.
Una voz
entona: Dios te salve, María… Y así, poco a poco. Paso lento y corto, paradas
leves. Solo las suficientes que aportan un sentimiento especial. Vamos en una
procesión claustral. Se desgranan los Misterios Dolorosos: ¿Quién es esa
Mujer que angustiada, / vacilante y llorosa camina? / ¿Quién es esa Mujer tan
divina? ¿Quién es esa mujer celestial?” No hace falta, ¿verdad, que no la
respuesta?. El coro la da. “Esa triste mujer – responde – es María…”
Se
alterna con el rezo del Santo Rosario esa otra manera de rezar. Ya se sabe que
quien reza cantando, reza dos veces. Repasa lo acumulado por el fervor desde no
se sabe cuándo. La musicalidad, en un pentagrama sin partitura.
Recorre
el lateral del templo por la nave del Evangelio. Al final, espera el trono
donde María Santísima de los Dolores Coronada, paseará, un año más, por las
calles de Álora la noche del Jueves Santo y en la mañana del Viernes Santo. La
Despedía, punto y aparte. Llamada totémica en Álora….
Terminan
rezos, cantos y recogimiento; concluye el acto. El cielo, oscuro; la noche
cerrada. Es noche de viernes de Dolores. En mi interior resuena el estribillo
final: “por tus dolores / ten compasión. / Pide y alcanza nuestro perdón”.
Por
cierto, anoche iba la Virgen más bonita que nunca. Al menos, a mí me lo
pareció…
viernes, 27 de marzo de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El Cachorro, entre la vida... y la muerte
El Cachorro. F. Ruiz Gijón. (Utrera 1653 – Sevilla 1720)
Marzo 27, viernes de Dolores
Oscureció hace un rato. Subo a la terraza del
hotel Ribera de Triana. Sevilla aún no dormita bajo luces amarillas que
encauzan los caminos del sueño. Hace frío. Abajo, el río es una oscuridad
quieta. Chapina desde que hicieron la desviación tiene más de mar que de río…
Mañana, temprano, hemos convenido que iremos a
ver al Cachorro. “Mañana”, cuando uno está ávido de aprovechar el tiempo, está
ahí, al revolver de la madrugada.
¡Ay río de Sevilla! ¿Cuántos sueños bajaron por
sus aguas hacia aquellas tierras lejanas donde, a estas horas, hace un rato que
llegó el sol? A esas tierras la llamaron América.
Pienso que por este río también han subido
sueños. Sueños imposibles. Dijo Lorca que por los ríos de Granada solo reman
los suspiros, pero que para los barcos de vela Sevilla tiene un camino…
- ¿Para ir al Cachorro? Preguntamos…
- Al volver la esquina, todo seguido, calle
Castilla adelante. Le lleva a la puerta de la Basílica.
Encierra en su interior probablemente la joya más
grande de la imaginería barroca. Alguien dijo, que Ruiz Gijón cuando talló el
Cristo de la Expiración, no sabía que superaba a sus maestros Andrés Cansino y
Pedro Roldán y que de su gubia salía la obra más excelsa de un hombre – o sea
Dios – agonizando. Barbeito, maestro, dice que es el ‘Cristo de los gitanos’ de
la Saeta de don Antonio Machado.
La imagen del Cachorro, leyenda del gitano de la
cava, muerto por siete puñaladas, es el barroco pleno. Expresa el movimiento de
lo que pasa en ese momento. Es el tránsito de la vida a la muerte.
Ya no hay vida, pero todavía no ha llegado la
muerte porque es agonía. Sus ojos, vidriosos, no ven la tierra, pero entran en
el paraíso. El estudio anatómico de la imagen da como conclusión que en la
madera se consigue la perfección: es la obra de arte que lleva a la oración: "muéveme
Tú, muéveme de tal manera…”
Decía la sevillana de los Hermanos Reyes: “Del
Cachorro están hablando, Triana, / y dicen que no han visto, / un semblante
agonizando, Triana, / igual al de este Cristo…”
Llegamos a las Basílicas. Están unidas. La
primera con la Virgen de Patrocinio, talla de gloria - ¿la iglesia en el
antiguo camino de Extremadura y Huelva da nombre al barrio o el barrio da su
nombre a la Basílica? Todo es silencio. Él, soberbio en su soledad de la Cruz;
la imagen nueva de la Virgen, Patrocinio… Me acuerdo de Silvio. Único, acuñó
con aquel rock inolvidable, esa nueva manera de entender la saeta o la oración:
“Patrocinio del mío existir…”
Salgo a la calle. Voy a tu encuentro… . Por
dentro hay un no sé qué…
jueves, 26 de marzo de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Juan de Mesa, grande, de verdad
Cristo de la Buena Muerte. “Ego feci Joannes de Mesa, anno de 1620″.
Marzo, 26 jueves.
Hace
unos días cometí un error imperdonable, exceso de confianza. Uno es humano.
Atribuí una obra suya, el Cristo de la Buena Muerte, a su maestro Juan
Martínez Montañés, andaluz como él. Uno, de Córdoba, el alumno; de Alcalá la
Real, el maestro. Los dos, crearon, y dijeron que entraban dentro del elenco de
los grandes, en Sevilla. Desde allí parte de sus obras se expandieron por otros
lugares.
El 13
de marzo de 1620 el prepósito de la Casa Profesa de la
Compañía de Jesús en Sevilla, Pedro de Urteaga, contrató su hechura con el
imaginero cordobés. En la carta del concierto el artista queda obligado a “dar
hechas y acabadas dos imágenes de escultura, la una con Cristo Crucificado y la
otra una Magdalena abrazada al pie de la Cruz, de madera, de cedro, ambas a
dos, de la estatura ordinaria humana…”. El importe del encargo ascendió
a 150 ducados.
Hoy, se procesiona en la tarde y noche del
Martes Santo, como Hermandad de Estudiantes, desde la Antigua Fábrica de
Tabacos, actualmente, Universidad de Sevilla. Verlo de cerca, sublima; en la
calle, su belleza, aunque cercana, pero desde la altura del trono, reprime el resuello.
Juan de
Mesa nació en 1583, en Córdoba, de familia de pintores. Se inició en el taller
de Uceda, y en 1606 pasó a Sevilla. Entró a trabajar con Montañés. Fue oficial
hasta 1615. En esa fecha abre su propio taller. En la primera época en que
vuela solo dicen los críticos de arte que aún se observa la influencia del
maestro. Realiza un San José con el Niño para la parroquia de las
Fuentes de Andalucía y una Asunción para la de la Magdalena de Sevilla
que relacionan con la realizada por su maestro para Santiponce.
En el
período comprendido entre 1518 y 1523 según algunos de sus estudiosos, Juan de
Mesa alcanza el mayor grado de perfección en su obra. Ya era un maestro. En
esos años, además, entra con nombre propio en la Historia del Arte de España,
en la imaginería del Barroco sevillano, que para el caso es lo mismo.
Murió
muy joven con 44 años en 1626, parece que de tuberculosis. Lo enterraron, sin
conocerse el lugar exacto, en la iglesia de San Martín de Sevilla. Una lápida,
en el exterior, del templo lo recuerda.