miércoles, 13 de mayo de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Aquel tiempo

 

                                 

                                           Málaga. Puente de Tetuán. Años 50 del siglo XX 

 

Mayo, 13 miércoles

 

Calle Cuarteles era el cordón umbilical desde Puente de Tetuán (no era el de la flor de la canela, pero como si lo fuera, porque Málaga es la única ciudad española hermanada con Lima) a la Estación. Acercaba el centro a algo tan periférico como el Bulto. De la estación hacia poniente, arrancaba calle Ayala y algo que comenzaba alargarse, de manera indefinida, y que dieron en llamar, entonces, carretera de Cádiz.

Por calle Cuarteles subían los carros, de cuatro ruedas neumáticas, tirados por caballos percherones. Emitían sonidos metálicos, acompasados y repetitivos. Llevaban trote cochinero. Un hombre los azuzaba desde lo alto del pescante. El hombre tenía un látigo de cuero largo, pendía del extremo de un palo delgado y flexible. Lo hacía crujir con gran maestría. Decían que las gomas no dañaban la calzada, pero las calles estaban llenas de baches y acarreaban las mercancías, desde la estación, a los almacenes de coloniales de Jacinto Pariente, Guerrero de las Peñas o Adolfo Marineto.

 

Estación de Málaga, años 50 del siglo XX

Lo primero que veíamos los niños de los pueblos cuando bajábamos del mixto, que venía de Ronda y Antequera, antes de unirse, en un solo tren, en Bobadilla, era el asilo de San Manuel: lo atendían las Hermanitas de los Pobres. Hacía esquina con la calle por la que se iba el tranvía de Huelin.

 


                      Asilo, Hermanita de los Pobres. Calle Cuarteles. Málaga años 50


 Una vez, mi madre nos llevó, en el tranvía, a casa de mi tía María, que no era mi tía, pero que yo la quería como si lo fuera porque “niño –me contó mi madre un día- tita María fue la primera mujer que a ti te cogió en brazos y a mí me llevaba, todos los días, un caldito del puchero al hospital”.

          


 Cuartel de Aviación, ‘Gurripatos”, en calle Cuarteles. Málaga, años 50 del siglo XX


Un poco más arriba, en la misma acera, del asilo estaba el cuartel de los “Gurripatos”; y en frente, Casa Catalina, la mejor freiduría de pescado de la calle, que era como decir, de Málaga. Cuando regresábamos, por la tarde, al pueblo, mi madre compraba cartuchos de aquella fritura que nos comíamos en el tren y que estaba sabrosísima.

A mí el tren me parecía diferente al de la mañana. Al niño de entonces le desorientaba entrar a la estación por una puerta y salir por otra. Sólo una cosa no había cambiado: eran los mismos asientos de madera, corridos y duros, muy duros. Y el tren enfilaba hacia tierra adentro entre humo y carbonilla que se entraba, a modo de motas, por los ojos. Málaga se quedaba lejos, muy lejos…

 


Tranvía de Huelin. Málaga, años 50. Siglo XX

martes, 12 de mayo de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. ¡Ay, trece de mayo!

 

 

             Santuario de Fátima. Procesión de las antorchas


                                                ¡AY, TRECE DE MAYO!

 

13 de mayo, miércoles.


Lo pide la fecha en el calendario y lo pide el tiempo; lo pide lo que uno lleva dentro y “tus ojos de manzana / y tus labios de cuchillo…” Se lucieron Rafael de León y el Maestro Solano. Se lució doña Concha y, otras que, también la han cantado, pero como como ella, ninguna.

 

Hay otro trece de mayo. Portugal - ¡con la de buena gente que hay, ahí, casi al lado de la Raya! hoy también tiene un día grande. En Fátima miles de personas irán a ver a su Virgen. Don Antonio Machado dijo que España era devota de Frascuelo y de María. También tenemos ahíto el calendario de advocaciones marianas en estas tierras: Rocío, Pilar, Flores, Desamparados, Fuensanta, Paloma, Aliseda, Monserrat o Remedios….

Me decía un amigo que la fe empieza donde termina la limitación del hombre. Cientos, miles de personas buscarán una salida, elevarán una, cientos, miles de plegarias y, a la noche - o quizá antes - vuelvan a sus casas con la esperanza de que todo va a tener arreglo.

Dicen los que saben que la copla siempre es una pequeña historia con un inicio, un desarrollo y, el desenlace. Puede. Ésta, desde luego, además de un poema bellísimo, es un canto a la desesperación, al amor ciego, al amor que llega de dónde, donde y cuanto quiere… En la España de hoy quizá se quedaría en la plaza del suspiro.

¿Cuántos nombres tienen nueve letras? ¿Sería un capricho de Rafael de León poner el nueve? ¿Sería la prueba definitiva para ver si la cuenta estaba bien hecha? Maestro, preguntaba el niño en la escuela ¿con la prueba del nueve?

Se va a echar dentro de unos días, mucha gente a los caminos. Gente de media Andalucía - en la otra mitad se mira, se observa, se interroga-. Van a la aldea de Almonte. El lunes de pentecostés llama a la puerta y en la madrugada del domingo al lunes vamos a ver escenas que a uno le faltan calificativos para darles un sitio, pero las cosas son cono son o como queremos que sean.

Hace muchos años fui por primera vez a Fátima. Después he vuelto. Les aseguro que el rezo del rosario por la noche en la explanada de la Basílica es de las cosas que impresionan de verdad.

 (“Bienaventurados los que sin ver creyeron”) ¡Ay, trece, trece de mayo en que me encontré contigo!

lunes, 11 de mayo de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Nuestra rosa de cada día

 


Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Cargado de luz

 



                Cumanacoa. Estado Sucre. Distrito Montes, Venezuela


Mayo, 11 lunes


Ha escrito Lorenzo Orellana un libro. No, mejor, ha publicado el Atlas de su vida: Etapas, Cartas y Diario de un cura diocesano, ExLibric, 2026. Muestra página a página el devenir de una vida de entrega y servicio. Yo subiría un peldaño más: Lorenzo acerca al lector el valor divino de lo humano.

En un rosario (su madre, precisamente, se llamaba Rosario) nos desgrana la infancia, la vocación, el muchacho, la experiencia de seminarista, -sabrosísimo y osado conducir una máquina del tren - el cura…

En Santo Domingo, recién ordenado, administra su primera Unción de los Enfermos. Una abuela del “Corralón del Barco”, en el Perchel..

-  ¿“Y usted tan joven por qué se ha metido a cura”?

- Abuela, porque hay personas que están solas y quiero estar dispuesto para cuando me necesiten…

A la anciana se le saltaron las lágrimas, pidió el Sacramento y le dijo:

- ¿“Le doy un beso como si fuese mi nieto”?

- ¡“Cómo no”!

“Y la abuela, cuenta, me contempló con un rostro cargado de luz”.

La obediencia primera. Le dicen que va de superior al seminario. La preocupación lógica. No estoy preparado; “Pues, prepárate”.

 


Iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria, (Cumanacoa) Estado Sucre, Distrito Montes (Venezuela)


“En el templo parroquial, Nuestra Señora de la Candelaria, (…) cuando elevaba el pan en el ofertorio, un colibrí sostenido por la velocidad de sus alas se detuvo a la altura del florero del altar…”

En la lectura se van a encontrar con la ternura de los que no tienen casi nada, de la ebullición y solidaridad de los cristianos en Venezuela, con la guerrilla que aparece entre la maleza. Odios, abusos, maltratos, gente buena que llevan a Dios consigo; la injusticia de los hombres...

 

 



Melilla.

 

El silencio de la primera noche en Melilla; el dolor del regreso; la gestión de los problemas en una sociedad – cristianos, musulmanes,  judíos e hindúes - que cambia y donde todos creen que la razón es suya y Dios están de su parte…; la España que despierta.

La materialidad de la vida y la grandeza interior del hombre de Dios con quien hace una piña y al que no suelta (a lo mejor, es mutuo) de su mano. El dolor ante la muerte; la incomprensión de los ‘nuestros’ ; de los "otros" y la de la gestión que raya casi en la diplomacia’.

Es un libro para leer de un tirón. Un libro para la noche hasta que vence el sueño o para una tarde de domingo. Un libro para releerlo, también despacio. (No se dejen atrás el prólogo de Alfonso Crespo)…

Al leer el último capítulo: ‘Despedida’, me acuerdo de Michel Qoist en aquel inolvidable, Oraciones para rezar por calle “y porque me quieres, ¡Lodado seas, mi Señor!”  y has puesto – eso lo agrego yo – a personas como Lorenzo en nuestras vidas.