DESDE EL LUGAR
Lectores de José Morales García
viernes, 4 de septiembre de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Encinasola: en su sitio
Virgen de
Roca-Amador. Encinasola (Huelva)
Septiembre, 4 viernes
Describe
Cervantes en El Quijote, uno de los momentos más sublimes del estado de ánimo
de su protagonista: “La del alba sería
cuando Don Quijote salió de la venta, tan contento, tan gallardo, tan
alborozado por verse ya armado caballero, que el gozo le reventaba por las
cinchas del caballo…”
Encinasola, es esa tierra que según ellos está lejos de
todos sitios, - creo que no, que se equivocan, está en su sitio – y que está
sola y que hace aflorar el gozo cuando se visita.
Puede que sí, puede estar lejos, eso es verdad,
pero que se viene en el corazón de los que, una y otra vez. nos acercamos a ella,
también. De un algo en el corazón que se queda dentro y a uno se le viene como
compañero inseparable.
Se enclava donde casi Sierra Morena pone fin a
una andadura de muchos kilómetros - “¡qué, bien los nombres ponía / quien puso
Sierra Morena a esta serranía!” Como su andadura es muy larga, a veces, cambia
de nombre y hay sitios donde se llama Despeñaperros, o Sierra Madrona, o de los
Santos o de los Pedroches o de Aroche o... Es igual es la misma.
Es un pueblo coqueto, de calles anchas, con
empedrados que imitan estilos portugueses, sus vecinos de enfrente, a pedir de
mano y asomados a la cresta de una loma. Es Barrancos, pueblo blanco de tejados
rojizos.
Se puede llegar desde el Este, por Santa Olalla
del Cala desde Monesterio. Hay que apartarse de la Autovía de la Plata y
adentrarse por una carretera que escinden la dehesa (no se pueden ni imaginar,
cómo está la dehesa cuando es primavera).
Si se viene por el Norte, se deja atrás Jerez de
los Caballeros (¡pedazo de ciudad monumental, sombra alargada de los
Templarios!) y Fregenal que el refranero la califica como ciudad de “los
señores”.
Desde el
Sur, en la Venta del Alto, está la desviación. El indicador de carretera manda
a Portugal. Antes se pasa por Aracena - ¡No se equivocó quién le puso Gruta
de las Maravillas al tesoro escondido bajo su tierra y Galaroza (la de los ‘jarritos,’
por septiembre) y Fuenteheridos, y la Sierra de la Contienda. Las aguas del Múrtiga
llevan a Flores. Ya se sabe, lo dice la copla: “A orillas de la Ribera /
está la Virgen de Flores / patrona de Encisanola / reina de los corazones”.
Ellos andan estos días novenando a la Virgen de
Roca-Amador; nosotros, a la de Flores. Eso suele pasar con los pueblos
‘hermanos’. Será, una vez más, el momento de revivir lo que se lleva dentro.
jueves, 3 de septiembre de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La Ciguecita
La Cieguecita. Juan Martínez Montañés. Catedral de Sevilla
Septiembre,
3 jueves
Don
Antonio García era el cura de El Chorro. Don Antonio era natural de Dos
Hermanas. Por motivos de salud vino al Seminario de Málaga y por su estado
delicada lo destinaron, una vez ordenado, a la parroquia de El Chorro,
entroncada con la de Álora.
A
él lo conocí yo de niño. Era un hombre obeso, con una gracia natural que Dios
le había dado y con una generosidad fuera de lo normal. De El Chorro lo
trasladaron a Melilla y ya, al final de su vida, delicado de salud, volvió a su
pueblo natal donde murió.
Don
Antonio fue, siendo yo muchacho, el primer guía que tuve en Sevilla. Me enseñó
la ciudad, parte de sus monumentos, su parque, los Reales Alcázares y por
supuesto la catedral. Recuerdo como si nuestra conversación fuese de ayer
mismo.
-
Aquí todo lo que hay es magnificencia, pero quédate con estas tres: la
Cieguecita y el Cristo de la sacristía de los Cálices que son de Juan Martínez
Montañés.
Luego,
me llevó a una tercera obra: Este cuadro, me dijo, de San Antonio es de
Murillo. En una ocasión – el cuadro es de grandes dimensiones – robaron el Niño
Jesús, pero recuperado fue incrustado en su lugar y no se nota nada.
Alguna
de las veces que he vuelto a Sevilla, cuando he podido me ha acercado y ante
las tres obras de arte, lo he recordado. Se lo conté a mis alumnos cuando
íbamos de viaje de estudios o con amigos. Siempre se lo he agradecido y ahora
aprovecho para exteriorizarlo.
La
Cieguecita – por motivo de espacio hoy, no hablaré de las otras dos obras –
está en el trascoro de la catedral, no lejos del mausoleo de Cristóbal Colón.
Fue un encargo de Jerónima de Zamudio en recuerdo de su marido, Francisco
Gutiérrez de Molina.
Martínez
Montañés la realizó en madera de cedro entre 1628 y 1631. Le originó un pleito
por incumplimiento de contrato. Elartista atravesada un momento de delicado de
salud por la muerte de su hermana menor y la de sus discípulos Andrés de Ocampo
y Juan de Mesa.
La
imagen de la Inmaculada Concepción es una manifestación muy precoz de que
Sevilla proclamó el Dogma más de doscientos años antes que Roma. Le costó un
proceso de la Inquisición. La imagen, bellísima. Inclina la cabeza ligeramente hacia
la derecha; las manos, a la izquierda. Le confiere un movimiento único. Sus
ojos medio entornados miran al suelo. El pueblo la bautizó como “la cieguecita”
y él “como una de las mejores cosas que haya en España y lo mejor que he
hecho”.
Si tienen la suerte, como yo tuve, en una
ocasión, de escuchar las campanas de la Giralda muy temprano cuando ya el sol aparece
sobre el horizonte, desde una de las habitaciones del hotel doña María, al otro
lado de la calle…
miércoles, 2 de septiembre de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Málaga y sus cosas
Maneras de pedir un ´Café’ en
Málaga
Septiembre, 2 miércoles
Málaga
se nos va haciendo demasiado grande. En el último tercio de siglo XX, por
motivos políticos, le segregaron Torremolinos. En un principio aquello suponía
un frenazo para la ciudad provinciana. Al mismo tiempo un empujón para otra
ciudad de Andalucía, Sevilla que con la capitalidad podía iniciar un despegue
imparable.
Málaga
se puso las pilas. Ya se sabe, somos según el aforismo popular “gente de
Málaga” más despectivo que de reconocimiento. El pueblo, a su aire. De no tener
plazas hoteleras, a un crecimiento de hospedajes, casi incontables.
Somos
de otra manera. No tenemos un puerto. No. Tenemos, tres, en uno. El de los
trasatlánticos, el de carga y descarga de toda la vida (en uno de sus muelles
atraca el “Melillero” ese barco, correo con Melilla y sin el que Málaga
perdería parte de su identidad). Y, el
de yates de lujo, un poco más allá del muelle uno, ese paseo genial para
tomar el sol de invierno.
No
tenemos un parque al estilo de los parques europeos. El Jardín de Luxemburgo en
París, el Retiro de Madrid o Hyde Park en Londres. No, no. Tenemos tres
jardines que son tres joyas de la botánica: el Retiro, en Churriana, la
Concepción a la salida por la autovía, que para nosotros sigue siendo “la
carretera de las Pedrizas” y el Parque. En el centro de la ciudad. Lejanos
entre sí, pero, tan próximos en belleza y contenido que se dan la mano para
jugar a la rueda las tarde de primavera.
No
tenemos, como tienen todos los puertos de mar un faro que alumbre en las noches
tenebrosas. No, no. Tenemos una ‘farola’ centenaria y a pie de un monte
que ese sí, ese, dijeron, que se iba a llamar Gibralfaro. O sea, la luz (faro)
que alumbrará desde la roca. Entre la farola y el monte una plaza de toros,
también, centenaria. Tomó el nombre del barrio, La Malagueta. Por su sombra pasaba
el tren de vía estrecha. Ya no está, Iba
hasta Ventas de Zafarraya. Era muy especial. Uno de sus tramos, de cremallera,
según la copla: “que soy como el tren de Vélez / en cayendo cuatro gotas /
se le mojan los papeles”.
Tenemos
nuestra manera de pedir el café. Más café que leche: Solo, largos, semilargo, corto,
mitad. Más leche que café: Entrecorto, corto, sombra, nube, no me lo pongas (el
favorito para hacer amigos). El Café Central los plasmó en un mosaico; el P. Laureano
Manrique, los tradujo al ¡latín! ¿Quieren más? Lo hay
Una
mañana temprano en la barra del Central, dos chicas jóvenes se dirigen al
camarero.
-
Queremos un café, pero no está en el mosaico…
-
Díganme.
- Muy
poco café, que sea grande y tenga mucha agua…
-Ustedes,
lo que quieren es un café americano.
¡Qué
arte, Dios mío! Recuerdo al maestro Alcántara: “Por la mar chica del puerto
/ andan buscando los buzos / la llave de mis recuerdos” Me salgo y me echo
a andar por las calles solo…