DESDE EL LUGAR
Lectores de José Morales García
miércoles, 15 de julio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Salve, Estrella de los Mares
El Purgatorio. Siglo XVIII. Parroquia de Santa María
de la Mesa. Sahara de la Sierra (Cádiz)
Miércoles, 15 de julio
Doña Concha, doña Concha Piquer, dicen, mecía – porque una cosa es cantar y otra mecer – la copla como no lo había hecho nadie. Algunas, se le han acercado, pero solo eso, de cerca.
Doña Concha cantata eso de A la Virgen cirio y a la mar maera. Hablaba de La Lirio y del Café de la Bizcocha, en Cádiz. Estamos en otro tiempo. De aquello no queda nada. Del fulgor del verano, sí. De las tres celebraciones de la Virgen - Carmen, Asunción y Natividad- la marinera abre puerta en el calendario.
Salve, estrella de los mares… Este año, como tantos, habrá gente en el rebalaje con los pies en la arena de la orilla y un suspiro en la garganta esperando a la jábega que la trae desde mar adentro a tierra entre cohetes, vítores y cantos…
Entrañable, Paco Rengel, no estarás como aquella tarde -¿cuánto tiempo ha pasado desde entonces? - El tiempo pasa, pero no borra. No quiero ni puedo hacerlo cuando el mar llegue, al compás de las olas, a la playa de El Palo. Tú habías pregonado a la Virgen, a la festividad, a la gente que la vive unos días antes. Hombres de la mar con su fe a cuestas. Hombres duros, de cara arrugada y alma curtida. Saben de olas y arreboles que anuncian cambio de tiempo, de tempestad y mar brava, y que sacan, a manera de copo, lo que dan las profundidades.
Esta gente de la mar conoce las noches cuando arrecia el levante, y de olas que rompen en proa o en popa y de cuando el poniente siembra el azul de pañolitos blancos. Saben de estrellas lejanas perdidas en la oscuridad impenetrable.
Ellos se adelantan a los pronósticos y con solo mirar la mar saben lo que puede pasar dentro de un rato cuando se haga realidad el cambio de tiempo, y entonces, precisamente entonces, nunca les falta ese asidero que se llama Virgen del Carmen.
En casa de mi abuela había un cuadro que me sobrecogía cuando yo era niño. La Virgen del Carmen sacaba a las almas del purgatorio ofreciéndoles desde su mano extendida un escapulario; en la otra, un Niño Jesús, contemplaba la escena donde las llamas nunca se apagaban….
En la parroquia
de Santa María de la Mesa, en Zahara de Sierra, hay un cuadro con la misma
temática. Tiene una variante, entre los penitos que arden en el purgatorio hay
un personaje revestido de cardenal… ¡Qué cosas, verdad! Salve, estrella de los mares…
martes, 14 de julio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Libros
Julio,
14 martes.
Le atribuyen a Shopenhauer (por cierto, aún no
he aprendido a escribir correctamente su nombre): «Comprar libros sería algo
bueno si también pudiéramos comprar el tiempo para leerlos».
Nos quejamos, reiteradamente, de la falta del
tiempo. Es verdad. Me he preguntado muchas veces si no es no mejor poco y bien
aprovechado, que mucho por donde las basuras se imponen inexorablemente.
Soy un convulsivo comprador de libros. Tengo
una máxima, si llego a la página 30 y no me ha enganchado, lo dejo. Me va a
hacer perder un tiempo precioso y no voy a sacar ningún provecho. Es más, si
comienza a rodar de un lugar a otro de la mesa o, de silla en silla, o de aquí
te dejo y me olvido de él, tampoco tiene ningún sentido ser recalcitrante.
Ahora, observo en muchas librerías (no voy a
hacer la relación, pero en Málaga todo el mundo sabe a las que me refiero) la
proliferación de autores con apellidos extranjeros. Obviamente, son
desconocidos, no por su calidad literaria que si la desconozco no puedo
juzgarla. Creo que es una moda donde parece que lo de fuera es mejor.
Han desaparecido los autores españoles de las
estanterías. No están de moda. ¿Alguien se ha tropezado últimamente con Juan
Ramón, con Alberti, los Machado, Pérez Lozano, o Pío Baroja…? ¿Alguien ve obras
de Cervantes, Quevedo, Pereda, San Juan de la Cruz, Bécquer, Galdós o Rosalía?
Eso, por citar a algunos. En Tarazona, en una
ocasión, busqué si tenían las Cartas desde mi celda… La nada por
respuesta. Cuando le dije a la ultima señorita que me atendía que se habían
escrito muy cerca de allí, en Veruela, me miró con asombro. Me cupo la duda, si
conocía incluso, la existencia de Bécquer.
Algo parecido me ocurrió en Moguer. Ninguna
librería tenía nada de Juan Ramón. En un momento determinado se me ocurrió
decirle: es que ustedes están en el mapa por los hermanos Pinzón y por Juan
Ramón. Créanme que me miró casi perdonándome la vida… y me dijo algo que me
hundió: “Es que nadie lo lee”. ¡Ay, pena, penita, pena! De aquellos polvos
estos lodos…
Es verdad que somos presas fáciles de la prisa.
Tenemos muchas cosas a las que atender y para las que no siempre disponemos del
tiempo necesario. Queda a un lado lo verdaderamente interesante.
Además, hay un factor añadido, el espacio.
Vivimos en pisos reducidos. A Andrés Trapiello le leí en una ocasión: “no
entran más libros hasta que no salgan; uno que entra, otro que sale”. El
problema viene cuando tienes que decidir de cuál te desprendes… ¡Ay, Dios mío!
lunes, 13 de julio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Oh, bosques y espesuras...
Julio,
13 lunes.
Gonzalo
de Yepes, en Toledo, era un hombre con posibles. Emparentado con la nobleza
vieja como otros españoles de aquel tiempo. En su final pudo estar arruinado.
Tuvo un hijo de igual nombre y un nieto que también se llamó Gonzalo. En la familia
aparecen médicos y comerciantes, profesiones, en aquel tiempo. cercana a los judíos
o judeo-conversos.
El
menor de los Yepes tras la muerte de su padre aparece viviendo en Toledo. Lo
acoge un tío canónigo de la Catedral. Se
desconoce su nombre. Posteriormente, “agente comercial” de la familia. Acude,
cada año, a la feria más importante de España, entonces, la de Medina del Campo.
Durante
el trayecto que se hacía, en caravana con otros ‘enviados para el mercadeo’ o a
caballo…, la noche la pasaba en Fontiveros, en casa de una viuda de la que tampoco
sabemos su nombre
Regentaba
una pequeña tejeduría de sedas y “buratos”, paños finos de esos que usaban las
damas con chales y que a decir de Covarrubias “tan transparentes que descubren
lo que cubren”.
Con
ella trabajaba una muchacha, Catalina Álvarez, probablemente, nacida en Toledo.
De ella dicen que era “joven, doncella, hermosa, de porte distinguido, y buena”,
pero pobre, huérfana pobre.
Gonzalo
de Yepes se enamora de ella. La familia se opone. Los clérigos de la familia tienen acceso a la
documentación. Toledo en aquel tiempo tiene poco más de cincuenta mil
habitantes. Hoy sería un pueblo grande. Todos se conocen. Saben de sus vidas…A
pesar de la situación, Gonzalo de Yepes y Catalina contraen matrimonio. La
familia, cristiana vieja, lo cesa en todos sus cargos comerciales y de
representación.
El
joven galán de padre arruinado (no le dejó nada en herencia a muerte) se casa en
1529 con una joven que podría tener una ‘mancha”… Ser judeo-conversa. Eso, en Toledo,
les traía al pairo. Casi todos lo eran, pero y ¿si era morisca? Eso podría
suponer la “gran deshonra de la familia”.
En
1530 nace el primer hijo, Francisco. Contó la boda de sus padres que se “habían
casado por amor como se casan los pobres”. Establecidos en la Moraña (“tierra
de moros”) nace, su segundo hijo: Luis. Murió unos años después, ya no vivía su
padre, de hambre. Como suena y Juan… posiblemente en 1540. Pasado el tiempo ese
niño sería el más grande poeta (si tienen tiempo les animo a leerlo) de la
Literatura Española. Se conoce con el nombre de San Juan de la Cruz.