DESDE EL LUGAR
Lectores de José Morales García
domingo, 1 de noviembre de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora 7. Jardines de Sabatini. Madrid
Hay momentos especiales en que los jardines ‘ganan con la hora del día”. A mí me encanta visitar los Jardines de Sabatini, que se construyeron en el siglo XX, a esa hora de la tarde en que el sol sobre la Sierra de Madrid le da al cielo un color velazqueño que solo se da a ciertas horas del día y según cómo venga el aire.
Los
Jardines de Sabatini llevan el nombre del arquitecto que dio los últimos
retoques al Palacio Real y construyó, en su parte norte, las Caballerizas en el
siglo XVIII. Los jardines son de estilo
neoclásico con pinceladas románticas. Ocupan un espacio entre la calle de
Bailén, y la Cuesta de San Vicente y muestran destellos de romanticismo e
intimidad a los visitantes que osan bajar los peldaños de las escaleras que lo elevan
a la altura de la explanada del Palacio Real
Fueron diseñados en 1930 por Fernando Garcia Mercadal, que aprovechó estudios previos de Aníbal Álvarez y Durán Salgado. La aparición de la guerra supuso la interrupción de las obras que se continuaron en 1940 por Herrero Palacios y Muñoz Monasterio. No se inauguraron hasta 1950
Uno
de los lugares idóneos para su contemplación es de la escalinata por la que se
puede acceder. El verlos desde la altura le confiere un aspecto de intimidad al
mismo tiempo que de globalidad. Su prolongación hacia el Campo del Moro es una
ilusión óptica. Primitivamente, los arquitectos del Palacio pensaron en
jardines en sus ángulos, pero nunca se llevó a cabo, como su posible unión con
la parte baja de la colina.
El
fondo gris de la piedra de la fachada norte da carácter de frialdad; la
verticalidad de los cipreses, espiritualidad porque parece que pretenden llegar
al cielo y, al mismo tiempo, majestuosidad. Sin embargo, la proximidad y
colorido de, rosal de floribunda le confiere calidez y conjuga el entorno para
hacerlo más entrañable y lleno de vida.
sábado, 31 de octubre de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Oraciones para rezar por la calle: ¡Oh, Luz de Dios!
Octubre, 31 sábado
¡Oh,
luz de Dios!
Señor
hemos perdido la luz.
No
vemos y, a veces, cuando vemos, no vemos lo que es necesario ver; o sea, vemos solo lo que nuestro egoísmo nos permite.
Miramos,
y Tú lo sabes, Señor, lo que nos interesa mirar, y decimos que hemos visto la luz
de Dios, pero no es así. Es otra cosa.
Cae
la tarde, como cada día a esa hora, el sol, es decir una parte de tu Luz que lo
ilumina todo, se encamina hacia América. Allí como están tan lejos en el espacio
es media tarde. Para nosotros, no. Nosotros ya casi estamos al atardecer.
Unas
nubes han cubierto las cumbres del Monte Redondo y más allá, las de la Serranía
de Ronda. Donde Tú dijiste que se debían criarse los pinsapos y esos otros
árboles: encinas, alcornoques, castaños que nos deleitan. Solo hay que adentrarse
por entre sus sierras para ver otros pinos y otros árboles…
Se
filtran los rayos de sol por entre las rendijas de la techumbre que ensombrece
el mirador; otras, de manera bellísima sobre los olivos del Capricho, del
Baece, de los Peñones de Juan Díaz , de Las Lomillas… Felipe ha pasaba por allí. Lo ha captado con su cámara.
Señor,
los olivos piden agua. Necesitan el agua, tu agua. Las aceitunas se han quedado
menudas. No están ahíta de ese zumo sagrado para ungir a los catecúmenos, a los
enfermos, a los moribundos de alma, a los que lo necesitan para comer cada día.
Sabes,
de sobras, que estamos muy faltos de tu luz. Unos porque creen que no la
necesitan; a otros nos cuesta encontrarla. Otros, no sé Señor que pasa con los
otros, pero, en ocasiones da la impresión que están muy a gusto a oscuras.
Señor,
necesitamos tu luz. Hay que tomar decisiones y nos sabemos en nuestra oscuridad
donde encontrarla. Hace unos día has llevado a la Luz de tu presencia a personas
que tomaron un tren con las primeras luces del día. Era otra luz, no era la
tuya.
Dale
tu luz, también a sus familias. Ellos, ahora es probable, que solo vean
oscuridad. Dásela, a todos los que tienen que tomar decisiones. No lo tienen fácil;
los otros, es decir todos los demás, tampoco lo tenemos.
¡Oh,
Luz de Dios! Señor danos tu luz: a los que la queremos y a los que no la
quieren. No tardes. Como aquellos dos de Emaús…vemos que anoche. Y aunque no lo
digamos, la oscuridad da miedo a los niños pequeños y a los grandes.
Fte. Oraciones para rezar por la calle. Michel Qoist. París 1954. En España. Ediciones Sígueme. Salamanca 1961
viernes, 30 de octubre de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Carne de membrillo
Octubre, 30 viernes
Tenía el perol dos asas macizas para
asirlo con seguridad, un interior reluciente limpiado a base de estropajo,
nerisca y limón y las abolladuras que da el paso del tiempo. Sobre un rescoldo
de leña que ya no tenía llamas, unas trébedes le daban soporte. Y, mientras, el
gachero de caña daba vueltas y vueltas, para tener el almíbar a punto.
Goloso
el niño, siempre se quemaba porque para ver si el azúcar estaba a punto se
hacía que chorrease, como un oro líquido y limpio. Naturalmente, antes había
que esperar a que se enfriase algo, pero la espera no tenía hartura…
Sobre el
perol, con cuidado, se vaciaba aquella masa de membrillos cocidos previamente,
en una olla de porcelana, y tapados con un trapo blanco que no dejaba pasar el
vapor de la cocción. El pasapuré lo hacía pasta y al perol…
Por el
cielo azul del corral, porque la candela se hacía en el corral, se columbraban
las nubes algodonosas y blancas; en el caballete, distantes, pero tendidos para
evitar cansancio, los gatos veían toda la operación.
Poca pesca
para los gatos en eso de hacer carne de membrillo, pero como los gatos son tan
curiosos como los niños… No querían perder puntada. Tiene el campo sus
calendarios propios: cuando el otoño baja a tierra los pámpanos de la parra, a
modo de hojas atabacadas, se hace la carne de membrillo y las empanadillas
rellenas de polvo de batata o de cabello de ángel.
Y
vendrán, después, -antes de que lleguen los dulces de Navidad- pestiños y
castañas asadas, y pasas en aguardiente, y calabazate y mermeladas con las
últimas ciruelas y, el recuerdo de un tiempo que fue pero que ya no es.
Es
tiempo de recogerse temprano, es escuchar al autillo que mira con sorpresa a la
luna que ya está mengunte y de ver cómo se vienen los pájaros de los secanos
buscando cobijo en las ramas más bajeras de los árboles y de pensar –aunque
este año no lo haya sido- que son noches de humedad y aire que mea las ramas y…
de carne de membrillo.
Mi
vecino Cristóbal ha sembrado un ciento de cebollas, varias docenas de lechugas,
algunas coliflores y brócolis; yo, este año, me parece que voy a dejar pasar
las fechas del huerto…











