DESDE EL LUGAR
Lectores de José Morales García
jueves, 12 de marzo de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Y te busqué por todas partes...
Callejón de Agua. Sevilla.
Marzo, 12 jueves
¿Sabes? El otro día, muy de mañana, te busqué junto al río, al otro lado del puente desde donde Belmonte mira la Giralda y espera el toque de clarines sin timbales. Luego, me adentré en Monserrat. En la Magdalena supe que allí habían bautizado a un genio llamado Murillo y en su collación dieron sepultura a otro, a Juan Martínez Montañés. Y te buscaba…
Anduve por Reyes Católicos y por Bailén y me llegué hasta el Museo… Tienen sus patios umbríos arrayanes que emulan la gloria de otros que compiten con rosas reflejos de reinas moras en tierras lejanas y cipreses que apunta al cielo y, dentro, todo lo sublime del arte que se puede guardar entre paredes.
Por Alfonso XII me llegué hasta la Plaza del Duque – el de la Victoria – pero el pueblo, ya se sabe, siempre toma la trocha que más le conviene. En la Campana, resuenan pasos de costaleros que ya vienen…, y voces de capataces que quieren abrazar la estrechez de la calle. Y te buscaba.
Sierpes, cervantina y carcelaria. Por cierto ¿será verdad que allí, se gestaron esas primeras letras del Quijote… “de cuyo nombre no quiero acordarme”? La Plaza del Salvador…. Dentro, Jesús de Pasión, y la Virgen de la Antigua y el Cristo del Amor, el primero de los cristos de Juan de Mesa…
En General Polavieja donde, sabes... Pues sí, allí, en la cercanía del Antiguo Mesón del Negro. Se remonta al XVII. Lo dice un mosaico en la pared; luego, sin prisa, hasta la Casa Grande que sigue siendo grande, pero desde hace mucho tiempo no es franciscana… Los tiempos tienen cosas así. Y te buscaba…
Por un laberinto de calles me perdí y supe del convento de la Encarnación y de la Hospedería del Laurel y en la Plaza de los Venerables otro mosaico informa de que por allí debió andar don Juan, el de Zorrilla y, el otro, el de verdad. En la Plaza de Doña Elvira fluía un rumor de agua clara en una fuente blanca….
Por una barreduela llegué hasta la Plaza
de Santa Marta. Soledad, umbría; misterio de monjas y conventos y,
entonces… ya no te busqué más porque, entonces, supe que tu esencia
flota en el aire, porque Sevilla, en lo íntimo eres tú, Bécquer eterno y,
ahora, más porque llega la primavera…
miércoles, 11 de marzo de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Y, así nos vieron...
Castillo de las Torres. Álora (Málaga)
Marzo, 11 miércoles
Francisco Henríquez de Jorquera, fue un historiador granadino nacido en 1594, en Alfacar, en las cercanías de Granada, en unas tierras dadas a s padre después de la Expulsión de los moriscos. Probablemente murió en Sevilla en 1646. Eso lo hace pensar el hecho de que la Biblioteca Capitular se encontrase parte de su obra.
Parece que vivió habitualmente en Granada. Su padre soldado; su madre perteneció a familia de artesanos. Se casó, tres veces. En 1616 con Gabriela de Mesa de la que enviudó en 1619; dos años después con Luisa de Espinosa, de catorce años de edad, hija del maestro de sastrería, dueño del taller en el que trabaja; y en 1624 con la viuda de Marcos López de Bedmar.
Pudo viajar por Toledo, donde asistió a la beatificación de San Francisco de Borja y por Sevilla donde parece que se asentó hasta el final de sus días. Falleció con cincuenta y dos años.
Sus estudios sobre todo lo relativo a la Guerra de Granada nos aporta detalles, como todo lo relativo a Álora que, a pesar de ser farragoso, es de un interés considerable.
"Villa de Álora. Yace en la misma hoya de Málaga tres leguas de ella y de Granada veynte y tres, cercada de fuertes muros e inexpugnable castillo: es la Villa de Álora bañada de un río que pasa por ella que toma su nombre, por quien se dixo aquella copla que comineza: “Álora, la bien cercada”.
Continua: “Goza de fértil terreno, abundante de todo mantenimiento que con las sobras se enriquecen su moradores”.
Sigue: “Fue población numerosa en tiempos de los
moros, bien defendida de ellos donde habíendose puesto sitio el adelantado
Enriquez (¿?) fue muerto de una saeta. Havitánla cantidad de vecinos en una
parroquia, con hermitas, (sic), vicaría de la diócesis de Málaga.”
Agrega: “Su fundación no consta, más se presupone por conjeturas ser de túsculos andaluces, más lo más cierto es ser de moros, según Garibay y Rodrigo Caro; a quien la ganaron los Católiccos Reyes, poblándola de csitianos. Es gobernada por alcaldes hordinarios (sic), Regidores y de la hermandad. Jurisdicción de Málaga, ganose cuando Málaga, por el mes de junio, día de San Juan”.
Bibliografía.
MARÍN OCETE, Antonio (1934) Henríquez de Jorquera, ed. Anales de Granada: Descripción del reino y ciudad de Granada. Crónica de la Reconquista. (1482-1492). Sucesos de los años 1588 á 1646.
Viñes Milltm, Cristina (1995). Figuras
granadinas. Granada: Sierra Nevada 95: El Legado Andalusí.
pp. 139-141.
martes, 10 de marzo de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Fernado Ortiz, un olvidado del XVIII
Jesús Orando en Huerto. Fernando Ortiz. S.XVIII; el ángel Egudiel. Antonio Castillo Lastrucci (1949)
Marzo, 10 martes
Llama la Semana Santa a la
puerta. Se refresca memoria de muchas cosas. Entre otros la de aquellos
imagineros que nos dejaron sus obras. Algunas, aún pueden admirarse a pie de
calle.
Es el caso de Fernando Ortiz
nació y murió en Málaga (1717-1771). Está considerado como el imaginero más
importante de Málaga en siglo XVIII y, a medida, que se conoce su obra,
también, como uno de los grandes imagineros de la España de su tiempo.
Nació en la calle Madre de Dios.
En su familia que se dedicaba a la artesanía no aparece ninguna figura determinante
de su vocación. Él pudo aprender en los talleres de los Zayas, Fernando y
Pedro, que desde Úbeda se habían trasladado a Málaga.
No hay mucha documentación
sobre su vida. Se sabe que el nombre de su mujer era Josefa y que se casaron en
la iglesia del Sagrario de Málaga. El matrimonio tuvo 8 hijos. Tres hijas
profesaron en el Convento de la Purísima Concepción situado en la Plaza de la
Constitución. Pidió ser enterrado en la iglesia de Santiago, aunque no se
conoce el lugar exacto del enterramiento.
Vivió un tiempo en Madrid lo
que le permitió enriquecer su estilo. Académico de San Fernando fue comisionado
para buscar mármoles destinados al Palacio Real.
Es un seguidor del estilo,
formas y manera de Pedro de Mena hasta el punto que algunas de sus obras se han
atribuido a Mena y posteriormente, la mayor de las veces, al ser restauradas y encontrada
su firma, ha facilitado reconocer su autoría.
Algunos críticos reconocen tres
etapas en su vida. La primera (1735 – 1745) en la que define su estilo y seguimiento
a la obra de Mena con manifiesta influencia. Se demuestra en el coro de la
catedral de Málaga; la segunda (1745-1756) en la que la influencia de Mena se
limita a los rostros y acentúa los movimientos y los plegamientos más acordes
con el arte andaluz de la época; la tercera (1756-1771), considerada como su
época de esplendor y donde plasma parte de la experiencia adquirida en Madrid a
la sombra de Olivieri. Es la época más italianizante.
Su
muerte temprana, 54 años y los desmanes de destrucción de la guerra propiciaron
que su obra, que no era muy numerosa, esté, en parte, desaparecida.
Tiene imágenes en diferentes puntos de la
provincia de Málaga, de Granada, Cádiz, en Tarifa (su primera obra que lo dio a
conocer) y Sevilla, en Osuna. Su gran
obra – una vez que los críticos han logrado separar lo atribuido a Mena – es Jesús Orando en Huerto que se procesiona el
Domingo de Ramos.