Jesús Orando en Huerto. Fernando Ortiz. S.XVIII; el ángel Egudiel. Antonio Castillo Lastrucci (1949)
Marzo, 10 martes
Llama la Semana Santa a la
puerta. Se refresca memoria de muchas cosas. Entre otros la de aquellos
imagineros que nos dejaron sus obras. Algunas, aún pueden admirarse a pie de
calle.
Es el caso de Fernando Ortiz
nació y murió en Málaga (1717-1771). Está considerado como el imaginero más
importante de Málaga en siglo XVIII y, a medida, que se conoce su obra,
también, como uno de los grandes imagineros de la España de su tiempo.
Nació en la calle Madre de Dios.
En su familia que se dedicaba a la artesanía no aparece ninguna figura determinante
de su vocación. Él pudo aprender en los talleres de los Zayas, Fernando y
Pedro, que desde Úbeda se habían trasladado a Málaga.
No hay mucha documentación
sobre su vida. Se sabe que el nombre de su mujer era Josefa y que se casaron en
la iglesia del Sagrario de Málaga. El matrimonio tuvo 8 hijos. Tres hijas
profesaron en el Convento de la Purísima Concepción situado en la Plaza de la
Constitución. Pidió ser enterrado en la iglesia de Santiago, aunque no se
conoce el lugar exacto del enterramiento.
Vivió un tiempo en Madrid lo
que le permitió enriquecer su estilo. Académico de San Fernando fue comisionado
para buscar mármoles destinados al Palacio Real.
Es un seguidor del estilo,
formas y manera de Pedro de Mena hasta el punto que algunas de sus obras se han
atribuido a Mena y posteriormente, la mayor de las veces, al ser restauradas y encontrada
su firma, ha facilitado reconocer su autoría.
Algunos críticos reconocen tres
etapas en su vida. La primera (1735 – 1745) en la que define su estilo y seguimiento
a la obra de Mena con manifiesta influencia. Se demuestra en el coro de la
catedral de Málaga; la segunda (1745-1756) en la que la influencia de Mena se
limita a los rostros y acentúa los movimientos y los plegamientos más acordes
con el arte andaluz de la época; la tercera (1756-1771), considerada como su
época de esplendor y donde plasma parte de la experiencia adquirida en Madrid a
la sombra de Olivieri. Es la época más italianizante.
Su
muerte temprana, 54 años y los desmanes de destrucción de la guerra propiciaron
que su obra, que no era muy numerosa, esté, en parte, desaparecida.
Tiene imágenes en diferentes puntos de la
provincia de Málaga, de Granada, Cádiz, en Tarifa (su primera obra que lo dio a
conocer) y Sevilla, en Osuna. Su gran
obra – una vez que los críticos han logrado separar lo atribuido a Mena – es Jesús Orando en Huerto que se procesiona el
Domingo de Ramos.
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