Marzo, 6 viernes
Amaneció
un día esplendido; cielo azul y sin viento. Abría como un preludio de la
primavera que llama a la puerta. Al rato, aparecieron unas nubes por las
cumbres de Sierra Agua. Abría la yerbabonita; cantaba un carbonerillo…
Dicen
los que saben de pájaros, o sea, los ornitólogos, que pertenece a la familia de
los páridos y que es muy común en Europa. Vive en los bosques y en las zonas
umbrosas. Ocupa un espacio que puede llegar, de oriente a occidente, desde el
Cáucaso al Cabo de San Vicente; por el norte, hasta los países nórdicos.
(Ahora, los carbonerillos del Cáucaso deben sentir, también, el miedo…)
En mi
pueblo se les conoce como el pajarito del agua. Les atribuyen la característica
que no poseen como es el de predecir el cambio de tiempo, Dicen que anuncian si
va a llover… A diferencia de las aves frías que vienen en los meses más gélidos
del invierno, su llegada era preludio de buen tiempo y anunciaban que vienen
las flores al campo y las rosas a los rosales y las campanillas moradas a los
bordes de los caminos.
Durante
el verano pasan al ostracismo. Están desapercibidos. No es especialmente bello,
pero sí muy significativo. Es de estos pájaros que cantan en monosílabos.
Según
interese, la gente del campo decía que respondían a las preguntas. “¿Pajarito
del agua – era la pregunta de manual – va llover?” y con ese “sí, señor; sí,
señor; sí, señor” parecía contentar al interrogante curioso que se dejaba
llevar por el deseo y no por la verdad.
Esta
mañana lo he escuchado. Venía de la zona más tupida donde los granados ya
comienzan a vestirse Hacía poco rato que el viento, el poco viento que soplaba,
casi imperceptible venía de poniente. Tañeron las campanas del Santuario de
Flores a la hora del ángelus...Era el momento de acordarse de Ella.
El
cielo, entoldado, por momentos. Al rato, comenzaron a bajar gotas despistadas. Eran nubes plomizas y andarinas. Ya se sabe:
“el levante las mueve y el poniente, las llueve”. Las nubes no permanecían
quietas. Iban ligeras como quien tiene bulla…
-
Si se echara el aire, me dijo un vecino, a lo mejor, llovía.
El
carbonerillo seguía con su canto. Me atreví, en la compañía de mi soledad, a
preguntarle…
-
Carbonerillo, ¿el mundo tiene arreglo?
-
Al principio, permaneció en silencio. Luego, “sí, señor; sí,
señor; sí señor… (Creí entender).
No dije
nada. Recogí mis cosas… Al pasar por la Cuesta del Convento, giré, como algunas
veces, para llegarme hasta donde está Ella…
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