El Cachorro. F. Ruiz Gijón. (Utrera 1653 – Sevilla 1720)
Marzo 27, viernes de Dolores
Oscureció hace un rato. Subo a la terraza del
hotel Ribera de Triana. Sevilla aún no dormita bajo luces amarillas que
encauzan los caminos del sueño. Hace frío. Abajo, el río es una oscuridad
quieta. Chapina desde que hicieron la desviación tiene más de mar que de río…
Mañana, temprano, hemos convenido que iremos a
ver al Cachorro. “Mañana”, cuando uno está ávido de aprovechar el tiempo, está
ahí, al revolver de la madrugada.
¡Ay río de Sevilla! ¿Cuántos sueños bajaron por
sus aguas hacia aquellas tierras lejanas donde, a estas horas, hace un rato que
llegó el sol? A esas tierras la llamaron América.
Pienso que por este río también han subido
sueños. Sueños imposibles. Dijo Lorca que por los ríos de Granada solo reman
los suspiros, pero que para los barcos de vela Sevilla tiene un camino…
- ¿Para ir al Cachorro? Preguntamos…
- Al volver la esquina, todo seguido, calle
Castilla adelante. Le lleva a la puerta de la Basílica.
Encierra en su interior probablemente la joya más
grande de la imaginería barroca. Alguien dijo, que Ruiz Gijón cuando talló el
Cristo de la Expiración, no sabía que superaba a sus maestros Andrés Cansino y
Pedro Roldán y que de su gubia salía la obra más excelsa de un hombre – o sea
Dios – agonizando. Barbeito, maestro, dice que es el ‘Cristo de los gitanos’ de
la Saeta de don Antonio Machado.
La imagen del Cachorro, leyenda del gitano de la
cava, muerto por siete puñaladas, es el barroco pleno. Expresa el movimiento de
lo que pasa en ese momento. Es el tránsito de la vida a la muerte.
Ya no hay vida, pero todavía no ha llegado la
muerte porque es agonía. Sus ojos, vidriosos, no ven la tierra, pero entran en
el paraíso. El estudio anatómico de la imagen da como conclusión que en la
madera se consigue la perfección: es la obra de arte que lleva a la oración: "muéveme
Tú, muéveme de tal manera…”
Decía la sevillana de los Hermanos Reyes: “Del
Cachorro están hablando, Triana, / y dicen que no han visto, / un semblante
agonizando, Triana, / igual al de este Cristo…”
Llegamos a las Basílicas. Están unidas. La
primera con la Virgen de Patrocinio, talla de gloria - ¿la iglesia en el
antiguo camino de Extremadura y Huelva da nombre al barrio o el barrio da su
nombre a la Basílica? Todo es silencio. Él, soberbio en su soledad de la Cruz;
la imagen nueva de la Virgen, Patrocinio… Me acuerdo de Silvio. Único, acuñó
con aquel rock inolvidable, esa nueva manera de entender la saeta o la oración:
“Patrocinio del mío existir…”
Salgo a la calle. Voy a tu encuentro… . Por
dentro hay un no sé qué…
Magnífico, Pepe.
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