Marzo, 17 martes
Quizá
sea la flor que define la primavera; quizá sea la flor que tiene más
seguidores; puede, también que sea la más cantada por los poetas, por las
personas que tiene una sensibilidad especia; por los que sienten una pasión
hacia ciertas flores.
Puede
que se también la flor que más “habla” porque las rosas, aunque no lo parezca
tienen una manera de comunicarse diferente a como lo hacen las otras flores que
Dios nos ha regalado. Hay quien incluso, según su color, les atribuye un mensaje
diferente…
Leonardo
Favio, un argentino lleno de poesía, cuando yo era muchacho hizo pública una
canción preciosa: “Y qué suerte, que suerte, tu mirada y la mía. Cuando
llegue mi amor / le diré tantas cosas / o quizá simplemente / le regale te
regale un rosa…”
Otro
argentino, Alberto Cortez, que vivió muchos años entre nosotros, tanto que era
uno de los nuestros, también nos dejó: “Te llegará una rosa cada día / que
medie entre los dos una distancia / y será tu silente compañía / cuando a solas
te duela la nostalgia / te llegará una rosa cada día / augurándote tiempos de
ventura / compañera total del alma mía…”
Hablaba,
también, de quitar hojas al calendario, de magos prodigiosos para trocar las
rosas por estrellas, de sueños sigilosos junto a la almohada, y la mañana para
vivirla entre comillas. Le daba un recorrido al alma escapada por la venta desde
tu orilla hasta mi orilla. ¿Se puede decir más bonito?
Un italiano,
Massimo Ranieri, también, cuando yo era muchacho y me las andaba por Palma de
Mallorca, fue estrella en las radios de entonces que era lo que había. Pregonó
que estaba arrepentido de una decisión tomada, que había comprado rosas rojas y
que ella, - la destinataria - debía saber muy bien lo que quería decir. A
veces, uno encarga a las rosas que sean ellas las quienes hablen…
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