lunes, 2 de marzo de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Jorox

 


      Río Jorox

 


Marzo, 2 lunes


 

Jorox es naturaleza viva, un deleite entre sierras y pinares – a pie de carretera entre Alozaina y Yunquera - y agua que baja limpia y cristalina; primor de la vida en medio de vergeles de naranjos. Y roca caliza, y valle que se abre sobre un vacío como si a saltos de saltimbanquis la naturaleza se ofreciera en capricho único.

                   

Si vas bien de tiempo - y si no búscatelo - te sugiero que te sientes junto al puente y contemples cómo se precipita el agua, abajo, en todo lo hondo del barranco y a lo lejos se pierde entre la maleza; por el contrario, en frente, bajo un manto casi siempre azul, la sierra parece acariciar el cielo. Es la Torrecilla. Más de mil ochocientos metros. El pico más alto de la provincia, que ni que decir tiene que como es invierno está con un velo blanco.

 

Siento coartarte en tus idílicas delicias. No has sido el primero; no. Antes, mucho antes, vinieron otros. Algunos se asentaron: dejaron huellas en las Cuevas del Algarrobo y en la de las Vacas. Dicen que eran del Paleolítico en un período enclavado en uno de esos muchos nombres que se les asigna; luego romanos - ¡mira que estos anduvieron por sitios; aquí, también, claro -. Los árabes le sacaron rendimiento al agua. Hasta nueve molinos harineros tuvo en un tiempo en la corriente del agua. Después, ya sabes lo que pasa, las costumbres y eso que llamamos progreso. Casi todos desaparecieron.

 

Estás en un corredor natural entre sierras con abundancia de agua y comprenderás por qué sobreviven dos puentes romanos y que por cierto, llamaron al lugar “Juncaria”, que dicen que significa  “prado de juncos” y que los árabes sembraron los naranjos de los huertos, y dados a hablar de árabes, al igual se te viene una sonrisa cuando recuerdes que en muy cerca de aquí me recomendaron la visita a la ‘ermita árabe’, y que, además, me dijeron que está a medio kilómetro del pueblo, y me especificaron que en un llano. Y es que, puestos a escribir, algunos, pues eso, que ya sabes...

 

Ah, si tienes tiempo y es hora, da cuenta de unas migas… Tienen el sabor de lo que se encuentra escondido en los recodos del camino. Yo las acompañé, además, con naranjas de terreno. ¡Ni te cuento! Uno siente pena que el plato se acabe, pero ya sabes, otra cosa sería glotonería y eso que dicen que gula y eso, ya sabes, no está bien.

 

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