Río Jorox
Marzo, 2 lunes
Jorox es naturaleza viva, un deleite entre sierras y pinares – a pie de carretera entre Alozaina y Yunquera - y agua que baja limpia y cristalina; primor de la vida en medio de vergeles de naranjos. Y roca caliza, y valle que se abre sobre un vacío como si a saltos de saltimbanquis la naturaleza se ofreciera en capricho único.
Si vas bien de tiempo - y si no búscatelo - te sugiero que te sientes junto
al puente y contemples cómo se precipita el agua, abajo, en todo lo hondo del
barranco y a lo lejos se pierde entre la maleza; por el contrario, en frente,
bajo un manto casi siempre azul, la sierra parece acariciar el cielo. Es la Torrecilla.
Más de mil ochocientos metros. El pico más alto de la provincia, que ni que
decir tiene que como es invierno está con un velo blanco.
Siento coartarte en tus idílicas delicias. No has sido el primero; no.
Antes, mucho antes, vinieron otros. Algunos se asentaron: dejaron huellas en
las Cuevas del Algarrobo y en la de las Vacas. Dicen que eran del Paleolítico
en un período enclavado en uno de esos muchos nombres que se les asigna; luego
romanos - ¡mira que estos anduvieron por sitios; aquí, también, claro -. Los
árabes le sacaron rendimiento al agua. Hasta nueve molinos harineros tuvo en un
tiempo en la corriente del agua. Después, ya sabes lo que pasa, las costumbres
y eso que llamamos progreso. Casi todos desaparecieron.
Estás en un corredor natural entre sierras con abundancia de agua y
comprenderás por qué sobreviven dos puentes romanos y que por cierto, llamaron
al lugar “Juncaria”, que dicen que significa “prado de juncos” y que los árabes sembraron
los naranjos de los huertos, y dados a hablar de árabes, al igual se te viene
una sonrisa cuando recuerdes que en muy cerca de aquí me recomendaron la visita
a la ‘ermita árabe’, y que, además, me dijeron que está a medio
kilómetro del pueblo, y me especificaron que en un llano. Y es que, puestos a
escribir, algunos, pues eso, que ya sabes...
Ah, si tienes tiempo y es hora, da cuenta de unas migas… Tienen el sabor de
lo que se encuentra escondido en los recodos del camino. Yo las acompañé, además,
con naranjas de terreno. ¡Ni te cuento! Uno siente pena que el plato se acabe,
pero ya sabes, otra cosa sería glotonería y eso que dicen que gula y eso, ya
sabes, no está bien.
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