martes, 30 de junio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Celestinas
Junio,
30 lunes
Dicen
que vienen de lejos, del trópico. O sea, de los sitios más calientes. Arbustivas
y siempre verdes. Es una planta que desarrolla, en ocasiones, con bastante
voracidad y es invasiva del espacio que ocupa privándoles a otras plantas cercanas
a ellas en los arriates, incluso de su espacio. Los rosales próximos ‘sufren’
su invasión.
Su
color azul, a veces intenso, y otras más suave hace que al plumbago, que ese es
su nombre, también se la conozca por celestina. Las hay de color azul
intenso, otras, más turquesas y las hay, incluso que aparecen con un color desleído,
como despintadas.
Tienen
el color del cielo cuando ya declina la tarde; el color de los ojos de la niña
aquella que vendía revistas en el quiosco de la esquina cuando íbamos a clase y
subíamos la cuesta del Ejido antes de doblar calle Carrión; tienen el color turquesa
de la mar cuando regala calma…
En
algunos jardines ocupan rincones de privilegio; en otros, tienden a subirlas
para que hagan emparrados y den sombra en verano; otros, les peinan sus formas
a modos de setos o en bolas de tamaño considerable…. Sus flores se abren desde
una espiga. Les dan aspecto de belleza delicada y sutil.
De
donde vienen ella no pega el frío. Está extendida por las zonas templadas de
todos los continentes, principalmente, África, América del Sur, Asia - donde
cambia el color azul por otros anaranjados – y por el mediterráneo de Europa.
No
son exigentes en cuanto a suelos. Sí, con las temperaturas. Les duele el frío –
‘temen’ al frío, dicen los que saben - en su esencia y en los lugares donde
pegan las heladas su desarrollo es menor, e incluso paran el crecimiento.
Amigas del calor, como el jazmín - de hecho, a ella, en algunos lugares, la
denominan Jazmín de El Cabo y Jazmín del cielo – amigas del calor del estío.
El
plumbago no pide muchos riegos. Los prefiere mañaneros cuando el sol aún no
calienta ni abrasa; tampoco es muy ‘delicado’ en la selección de abonos y no
quiere suelos encharcados…
Pide
podas. Todas las plantas arbustivas quieren podas severas. Florecen sobre los
tallos nuevos. Duele, en ocasiones, ‘sentarles’ la mano, pero es necesario. En
ello les va su subsistencia, es decir, la vida.
lunes, 29 de junio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Noche de jazmines y luna llena
Junio, 29 lunes
La luna creciente en el cielo anuncia
que está muy cercana a ser luna llena. O sea, a poner esa nota de luz única que
solo ponen ciertas fases de lunas en el año en el éter del firmamento y ella
solo se basta para oscurecer a las estrellas.
Florecen con más vigor lo jazmines en
las tardes de verano. Lo prolonga por las noches y están casi ahítos de perfume
embriagador que solo tienen ellos. Digo casi porque le falta muy poquito para
apoderarse de los cielos del verano y entonces, en la humidad de su pequeñez,
llenen totalmente el entorno que los rodea. Bendita noche que huele a jazmines
y pone esa nota de esencia y perfume que no pude poner ninguna otra flor.
En Álora porque es tierra de Málaga,
tierra de jazmines, desde siempre el jazmín tiene sitio y lugar. Cuando yo era
muchacho, cada noche, le ensartaba a mi madre una moña en un ganchillo de los
que las mujeres se colocaban en la cabeza. Mi madre se lo ponía en el canalillo
del pecho y, desde aquel momento, mi madre olía a jazmines y los jazmines olían
a madre.
No sé porqué razón ahora, en mi pueblo,
las mujeres – buenos, algunas mujeres – se han apartado de esa costumbre de adornarse
con ramilletes de jazmines en las noches de verano. En Málaga, no. En Málaga
suele aparecer el biznaguero, ese hombre que vende perfume por las calles va
vestido de marengo, camisa blanca, pantalón negro, alpargatas de esparto y
fajín rojo en la cintura y recorre el centro. Lleva las biznagas hincadas en
una penca de chumba y ensartadas en un palito de eneldo…
Siendo monográfica, como lo es, la luna
mueve las mareas y, al mismo tiempo, lleva la serenidad y la quietud, el
sosiego, el embrujo y el embelesamiento y la dulzura a quien la contempla y la
ve y la mira y entorna los ojos… “como esas noches de luna en que se mira al
cielo cuando todos duermen”. Recuerdo, cuando yo era niño, y me acostaba bajo
la parra, junto a mi abuelo, y yo la miraba y la miraba hasta que me rendía el
sueño… y de lejos venía el perfume del jazmín.
domingo, 28 de junio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora.Nuestra cruz de cada día...
El Hacho; a sus pies, Alora.
Junio, 28 domingo.
No, no es la que usted está pensando. No. Es 'otra'. Tiene, también, su bellaza, pero distinta. Todavía está calentita la visita del Papa León XIV a España. Ha dejado una estela de mensajes. Hacen pensar. Lo ha dicho todo muy clarito. En la Sagrada Familia, de Barcelona, bendijo algo que aún no se había finalizado cuando estuvo por allí, el Papa Benedicto. Y, entre otras cosas, proclamó: “La cruz fue diseñada para reflejar la luz del sol durante el día y brillar como un faro de noche”.
Muchos años antes, en esta tierra nuestra, ya se tenía sentido de lo sagrado. En tiempos de los visigodos debió vivir por aquí una población de campesinos y gente que manejaba el ganado. El obispo y monje Martín de Dumio los llama ‘rustici’. El concilio del año 653, los cataloga como ‘plebe rustica’. Están más cercano al mundo del esclavo o del siervo que al del hombre libre.
No hay que descartar tampoco a los que, apartados de las orillas del río, optaron por las montañas como lugar más seguro (caza y alimento a modo de frutos secos: bellotas) de vida y subsistencia. Buscan la coronación de montes o cerros - fácil defensa y difícil acceso - y, probablemente enclavan el habitat en el entorno de alguna ermita o lugar sagrado con el apócope cristiano de “sanct”. Me viene a la mente el cerro de Sancti Petri en el camino de Álora a Almogía.
Ortiz Lozano cita a Medina Conde. Dice: “el despoblado del castillo de Sancti Petri (…) lo era de un lugar existente en 1480: habiendo una tradición de la existencia allí de un monasterio en tiempos de los godos”.
No hay que descartar, tampoco, como una costumbre venida de la época la tradición de coronar un monte con la cruz. El Hach lo está, y según el citado Martín de Dumio, en el 570 hace una llamada a la corrección (De correctione rusticorum) de los campesinos. Afirma que son muchos los espíritus malignos que habitan en los mares, ríos, bosques e incluso en los propios hombres “los cuales no saben protegerse con el signo de la cruz”.
Felipe
Aranda, - el notario fotográfico de la Álora de nuestros días - recoge en un
documento muy explicativo, sin pretenderlo, parte de lo expuesto en este
artículo. Tradición y modernidad. En el centro, la Cruz. Desconocemos quién y
cuándo la puso. Cuando yo era niño la cruz estaba hecha en madera; ahora,
metálica. En el entorno la rodea un enjambre de antenas de comunicación. ¿Cabe
mejor conjunción?
sábado, 27 de junio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. La gente de la playa
Playa de la Malagueta. Málaga
Junio, 27 sábado.
La gente, poco a poco, llegaba a la playa desde las primeras
horas de la mañana. Acaba de comenzar el
verano; no ha hecho más que irse, vamos que casi va por la esquina del puerto
la noche de San Juan. La gente tiene ganas de la playa, de mar azul, de gaviotas
de vuelos bajos y olas de nácar.
Se sentaba frente al mar. Llevaban ropa adecuada, o sea poca
ropa. Extendían las tollas. Izaban las sombrillas Se desprendía de la ropa de
calle. Sacaba de una cesta de palma, toallas de rayas de colores intensos, bronceadores
y gafas de sol. Se daba una loción de crema protectora…Algunos, los menos, se
han puesto un sombrero en la cabeza.
Algunos, los más madrugadores, han avanzado por el rebaje y han
tomado “posesión” de la orilla, lo más cerca posible, del agua; otros, se han
conformado, ¡qué remedio!, con la segunda, tercera o cuarta fila. Lo que quedaba.
La orilla sabe de otra manera. Diría que diferente. Vamos,
un sabor a sal y olas que se bamboleaban esta mañana a su antojo. La brisa
acariciaba los cuerpos; movía acompasadas las ramas de las palmeras; las flores
rojas, sensuales de los flamboyas; de las plumarias bancas y rosas; de adelfas
multicolores. Jugaba con ellos como solo
lo hacen las brisas caprichosas que se levantan de la mar los días de verano.
Lejos de la playa hacía calor. Allí no se sentía.
Cuando el sol subía lento, parsimonioso, sobre la mar, a esa
horas en las que aún no ha llegado a su cenit
pero les falta poco, algunas velas se movían sobre el azul. En la lejanía,
entre una bruma difusa que no sé es por calor o por ese vaho en que en ocasiones
de acunan el mar y el cielo.
Ya han regresado las traíñas que han pasado la noche de pesca.
Las barcas venían de la pesca de bajura. Las barcas buscan el amparo del puerto
y han pasado de largo por enfrente de la playa. Un enjambre de gaviotas
revoloteaba entre el mar y el cielo. A su paso, dejaban una estela de espuma
blanca sobre el agua. El motor con su ruido monocorde rompía el graznido de las
gaviotas.
Me acompañan unos amigos que ha dejado, por unos días, el
calor de Sevilla y se han venido al sur del sur. Esto, me dicen, es una delicia.
Esta brisa no tiene igual; aquí no hace calor. ¡Qué suerte tenéis en Málaga!
Pues si ellos los dicen…
viernes, 26 de junio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Belleza Kárstica
El Torcal. Antequera (Málaga)
Junio, 26 vienes.
Si como yo, vas desde el Guadalhorce por Álora y el Valle de Abdalajís, de entrada, te digo que la carretera no es buena. Muchas curvas, estrecha, bien asfaltada, pero si te toca un camión o algún vehículo lento olvídate del tiempo. No podrás adelantarlo.
La naturaleza es generosa. El paisaje bellísimo; te compensa. Subes por la Herriza del Duque, y a la izquierda la Sierra de Abdalajis. Te ofrece su mole karstica. Según la hora, el paisaje cambia. Donde viste una sola sierra, ahora ves un puñado; entre ellas; hondonadas, picachos que sorbresalen y las sombras te hacen pensar en figuras extrañas….
Cuando dejes, a un lado el Valle de Abalajís, a la derecha llevas el arroyo de las Piedras. Nace en los Prados de Eslava, por encima de los Nogales. Es uno de los arroyos tributarios al Guadalhorce y, con las gotas frías de los otoños, sus crecidas, tremendas. Pasado el puerto del Álamo ves, a la derecha, la cara norte de El Torcal.
Del Torcal se ha escrito mucho y bueno. No soy el llamado a contártelo porque otros que saben más y lo hacen mejor ya han ido delante. Si te digo que la belleza te sobrecoge. Esta tarde he acompañado a unos amigos, vienen, exultantes.
Sube
por la carretera que va al nacimiento del río de
Cuando te asomes al mirador de las Ventanillas, al fondo, entre brumas, Málaga y el mar. Es el mar de fenicios, griegos, cartagineses y romanos. Por ahí vino el comercio, y el arte y el derecho y la lengua en la que nos entendemos más de trescientos millones de parlantes. Más cerca, bajo tus pies, son tierras de secanos. Villanueva de la Concepción. Colinas suaves y caseríos blancos, y el Campanillas y el Guadalmedina que, todavía, no son ríos sino torrenteras arrancadas de largo.
Como para la parte del este quedan Casabermeja, Colmenar, Comares - pincelada blanca en una cumbre -, Periana, Canillas de Aceituno...
Al norte, la llanura, y según a donde mires la Sierra de Rute, la Camorra, El Puntal y, si apuras, y está pero que muy limpio el día (esta tarde no lo estaba) las estribaciones meridionales de Sierra Morena.
Al oeste Alcaparaín, Sierra de Aguas, de las Nieves, Los Guaperos, la Serranía de Ronda.
Le ponen nombres y
comparaciones. No hemos andado ninguna de las rutas con las que han tenido a
bien orientar a cuantos viajeros osan pisar sus piedras, recorrer los
vericuetos intrincados y ocultos. Es comienzo de una tarde de verano; calor. He
acompañado a un matrimonio amigo; todas las dependencias cerradas. Cuesta creerlo,
pero es así. Luego hemos bajado llenos de asombro y admiración, a la mano de
Dios, al paisaje y a los caprichos que regala la naturaleza.
jueves, 25 de junio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Malcocinado
San
José de Malcocinado
Junio, 25 jueves.
Me las andaba por la Sierra Norte de Sevilla. Supe que, camino adelante, llegaba a Malcocinado. La geografía dice que ya es Extremadura; al sur, Sierra Morena. La carretera tiene buen piso. Tramos de dehesa; alterna con tierras desbrozadas o de monte de cacería. El paisaje de los que uno recuerda durante mucho tiempo.
En la distancia se vislumbra, entre brumas de la tarde las estribaciones más septentrionales, “Qué bien los nombres ponía, / quien le puso Sierra Morena a esta Serranía” y en medio, blanco y estirado, sobre un altozano de colores ocres y amarillos, Azuaga.
En un periódico digital he leído que Malcocinado es un municipio de la provincia de Badajoz. El nombre es un poco ‘raro’. El periodista que firma el artículo, Alejandro de Santiago, da dos posibles explicaciones para aclarar un término un tanto raro
En el diccionario histórico de la
lengua, afirma, el término aparece vinculado al mundo rural como el lugar de la
dehesa donde se depositaban los restos de reses muertas o los despojos de
animales sacrificados.
La leyenda popular, agrega, ofrece
otra lectura. Según la tradición oral, en una de las calles del pueblo existía
una posada frecuentada por viajantes a la que acudía con frecuencia un hombre
llamado Marcos Cinado. Con el tiempo, la pronunciación coloquial del
nombre, unida al acento de la zona, habría derivado fonéticamente hasta
transformarse en «Malcocinado».
En otra ocasión hurgaba por la Sierra
de Cádiz, camino de Vejer. Hay que andar caminos, todos los caminos
posibles. Un indicador indica por dónde se va a San José de Malcocinado… Aquí
el paisaje es distinto. Recibe los vientos del Estrecho. Una alfombra verde
crece por campiñas onduladas, riberas de alisos y fresnos, vegetación de lugares
donde no falta el agua o debajo de
quejigo, encinas y alcornoques, sobre todo, estos árboles que necesitan de
mucha humedad y dan una corteza generosa, el corcho. Luego, los hombres le sacan
mucho, muchísimo partido.
En las zonas libre de arbolado, dehesas y
más dehesas. En algunas crecen toros bravos; en otras, ganado retinto. Dan una
carne de excelente calidad.
El toro bravo vilipendiado por una parte
de la sociedad es la esencia de una cultura ancestral en muchos pueblos de la
Península Ibérica y del sur de Francia. Dicen que es el heredero del toro
mítico que crecía en la isla de Creta y luego se extendió por todo el
Mediterráneo.
Aquí cuando camino entre paisajes
bellísimos los veo que pastan, tranquilamente, en prados del edén, perdidos
donde Cristo dio las tres voces y solo la oyeron quienes tenían que hacerlo o
algún despistado que transita por los caminos y busca los lugares a los que no
va casi nadie.
miércoles, 24 de junio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El muelle.
Junio, 24 miércoles
Cuando
yo era niño y alguna vez mi madre me llevaba a Málaga, en esas horas muertas
del mediodía en que cerraban las tiendas, era n
las horas más felices para el niño de pueblo. Mi madre me llevaba al parque.
Sentados en un banco el cartucho de pescado frito sabía a gloria bendita.
Luengo, al puerto, a ver los barcos y el mar. ¡Qué hermosura, el mar!
El
niño no sabía que al puerto se entraba por una puerta grande porque una verja
lo separaba del Paseo de los Curas. En una garita un Guardia Civil, diferente a
los guardias del pueblo, controlaba la entrada y salida del personas y mercancías
al recinto. Era un Guardia de Aduanas.
Al
niño le llamaba la atención lo grande que era el Melillero. Era un barco que,
entonces, hacía las travesías por las noches y llegaba al amanecer. En realidad,
eran dos barcos que se cruzaban en alta mar, esa que baña las costas de África
y Europa. Salían al anochecer. Hacía sonar una sirena ronca y alargada para
anunciar su salida.
El
Melillero llevaba y traía, magrebíes pero, sobre todo, soldados. Los que venían
con el permiso reglamentario y los que regresaban a sus destinos. En otro
tiempo llevaba hombres a la guerra. Después de esas guerras – como todas,
verdaderos disparates – se supieron muchos entresijos de los que algunos
debieron avergonzarse. Otros dejaron allí su sangre y la copla cantó: “En
el Barranco del Lobo / hay una fuente
que mana / sangre de los españoles que murieron por la patria”.
Al
niño le llamaba la atención un edificio muy feo y muy alto. Encerraba grano.
Una grúa muy grande, muy grande llevaba el trigo desde el edificio hasta un
barco atracado delante. Los granos de trigo caían sobre el enlosado y una
bandada de palomas degustaban un festín. ¡Ah, el edificio se llamaba el silo!
En
otros lugares, otros barcos, también movían sus mercancías. A esos barcos los
llamaban barcos mercantes o de cabotaje. Tenían nombres muy raros y, además, en
la popa llevaban una bandera del país al que pertenecían.
Muchos
años después - ya no hay maromas atadas a los noráis - porque un alcalde que modernizó Málaga hizo
tal reforma que el muelle, dejo de ser muelle; el Melillero lo cambiaron por un
barco mayor; al paseo lo llamaron el Palmeral de las Sorpresas y en la otra
parte, prologaron el espigón del morro,
más allá de la farola y allí atracan unos barcos enormes que no llevan y traen
granos. No, no. Se llaman trasatlánticos y mueven personas que se conocen como
turistas.
En
las palmeras siguen las palomas de Picasso. El niño se hizo grande y su madre
ya no puede llevarlo a comer cartuchos de pescado frito de Casa Catalina…
martes, 23 de junio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Verano
Junio, 23 martes
Ha entrado el verano con aire que viene del desierto. El cielo está sucio, feo. Dicen que tiene polvo del desierto en suspensión. Lo llaman calima. Anuncian calor. Y dicen, los viejos, que de esto saben algo, que el año que preludia puede ser de pronóstico reservado, lo que tampoco es una novedad con lo que está cayendo.
Han entrado las maquinas segadoras a los secanos… En otro tiempo habrían sido cuadrillas de segadores. Los tiempos adelantan que es una barbaridad. Lo decía don Hilarión en la Verbena de la Paloma. Don Hilarión llevaba razón. Las maquinas han suprimido las cuadrillas de siega. Es verdad que quitan trabajo, en este caso, para bien, porque es horrible el calor que soportaban los hombres en las costeras de las lomas en los tiempos de siega.
La sabiduría popular lo plasmó a modo de copla: “De segar de los secanos ya vienen los segadores / de beber agua de pozo / toda llena de gusanos”.
Vendrán las brevas, por San Juan ya está rayadas en las higueras y bandadas de pajarillos de plumas negras están yendo y viniendo para degustar el néctar; ciruelas, a los ciruelos y los mirlos a los huertos de tomates, frutas perdidas en los pimpollos y bichillos de todas clases tienen un festín continuo.
La sandía – “como si de pronto se entreabriera el día” que dejó dicho Salvador Rueda el poeta de Benaque a quien Málaga dejo morir de olvido en la Coracha, llenará el postre de la mesa. Complemento final al gazpacho refrescante; los melones, ponen el punto de dulzor sensual en el paladar, guindas sensuales y uvas por Santiago que anunciarán que el verano va llegando a su mediación…
Entran días con horas de sopor y, noches, muy cortas. Se abren las damas de noche cuando declina la tarde. Embriagan el ambiente. Son noches de jazmines y heliotropos.
Se acuestan tarde porque los días son muy largos los pájaros, aunque se levantan pronto, o sea que duermen poco. y buscan las sombras los gatos; en los charcos del arroyo abrevan las tórtolas. Sestean las cabras y se acarran las ovejas…
Me acuerdo de Juan Ramón
cuando en el crepúsculo de la tarde entraba con Platero en el pueblo y de la
tristeza de sus jazmines. De madrugada veo las estrellas desparramadas por el
cielo. Casi al alcance de la mano, casi tan nuestras que parecen que, un año
más, nos hablan y nos reciben y nos dan la bienvenida. Es tiempo de verano.
lunes, 22 de junio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Otra manera de ver el arte
Junio, 22 lunes
Dicen
que eso es un tópico. Puede ser verdad. El arte siempre ha caminado en un afán
de superar todo lo anterior y, el artista, en este caso, una mujer, muestra
cómo ella lo ve y así lo transmite al espectador que se acerca a la obra. Lo de
repetir, es adocenamiento, conformismo; lo de este cartel, arte
La autora, Elena Martín muestra el cromatismo que regala Álora, uno de los
pueblos con mucha belleza en su interior, y que, al mismo tiempo, regala a
cuantas personas se acercan a ella que avienta soles en el vértice norte del
Valle del Guadalhorce.
No conozco personalmente a esta joven artista. Desde el propio Ayuntamiento
informan que es poseedora de un Master de Diseño Gráfico y UX/UI y en su obra
da salida a su creatividad y a su interés desbordado por el diseño.
Expone en su obra anunciadora un collage donde una mujer se erige en eje
conductor que hace girar figuras geométricas con algunas muestras
arquitectónicas, civiles y religiosas. Sobresale bajo la infinitud del cielo el
castillo árabe con el juego de sus diferentes torres y que le dan nombre al
recinto, al filo del precipicio. No sé si por azar o por intención adrede le ha
dado su lugar preciso, exacto en la obra.
Al
templo de la Encarnación le ha captado con enorme proyección simetría el triple
ventanal del campanario o la ventana de una de las dependencias…; el detalle de
la campana que no lo es, pero ella lo insinúa y el espectador necesariamente ve
una campana… Diría más identifica sus tañidos esparcidos sobre el propio
pueblo.
No queda ahí la cosa. Álora es la Cuna de la Malagueña Cunera. Una guitarra
lo dice todo, unas florecillas complementan el agua de la fuente que rinde
homenaje al Cante por Malagueñas y a cuantos expandieron este cante o aquellos
otros que llevaron el folclore, o sea el saber del pueblo por los caminos del
aire…
El cartel es una renovación. Huye de lo manido y de lo tópico. Según la
autora su “intención era crear una imagen atractiva, actual y capaz de
transmitir la identidad de nuestro pueblo desde una perspectiva diferente".
Con creces lo ha conseguido. Y si no, miren, el lenguaje no verbal del abanico…
Cabe felicitara a la Corporación Municipal por la elección del cartel y a
la autora, de la que se esperan más obras con la belleza, precisión y mensaje de
este cartel anunciador de la Feria de 2026
domingo, 21 de junio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. De la ilusión a la histeria
Junio, 21 domingo.
Málaga
y la provincia han vivido una semana fuera de sí. Lo más inconcebible que a
usted se le pueda ocurrir ya había gente que había estado allí y venía de
vuelta. Málaga ha pasado de la ilusión a la histeria colectiva. Todo se ha
desbordado y el río se había salido de madre.
Obviamente,
nuestro deseo era ascender, pero llegar a la locura generalizada que se ha
vivido en Málaga es excesivo. Esta sociedad, desengañada por muchas cosas,
necesitaba a garrarse a algo, aunque sea tan fútil como un partido de futbol.
Los
valores que otras veces nos han tenido encantados se han perdido y los hemos
suplantados por cosas muy banales. Si no se hubiese conseguido, el desencanto habría
sido enorme. La sociedad, a veces, apuesta a granos vacíos, y últimamente, en
la nuestra es flor de cada día y no
consigue frutos...
Permítanme
un recuerdo para amigos que comenzamos hace casi cuarenta años a ir juntos a la
Rosaleda: Miguel Ruiz, Pedro, Martos, Paco Estrada y sobre todo a Fernando,
Fernando Espíldora (su hermano Antonio vivía en Sevilla, y al terminar los partidos
nos hablábamos). Con Fernando he vivido momentos únicos, excepcionales. Tenía
unos golpes increíbles. De todos, ahora, porque ya no están acudo yo solo, - a
los partidos nocturnos, en invierno, no. Llego a mi casa tardísimo y mi mujer
está en zozobra).
Hay
sabia nueva. Novísima. Dos antiguos alumnos. De niños venían conmigo a la
Rosaleda. No hemos perdido el hilo del cariño.
Antonio Javier Trujillo y Jesús Mora Ávila anoche, entre un aluvión de
amigos, se acordaron de mí. Antonio Javier escribe en El Español Lean el
artículo. Excepcional, magnífico. Me
llama y me dice: Lo llamé desde Tarragona y ahora, en la alegría que nos llena,
vuelvo a hacerlo. De tú, Antonio Javier, de tú, le dije, y me responde: “No,
esta noche de Usted.”
Jesús
desde Estepona me pone un mensaje: “Don José. Enhorabuena. muchas gracias, una vez más, por sembrar
en mí aquella semilla malaguista que se mantendrá en mí hasta el fin de mis
días🥲💙🤍💙⚽”. Yo, le respondí: El mérito no es mío
sino tuyo que eres una excelente tierra para dar el ciento por no. Yo soy el
agradecido por tanto como tú me has dado. Un fuerte abrazo.
Estos dos hombres hoy, siendo niños ayer
fueron unos extraordinarios lazarillos en un momento de mi vida donde las
circunstancias casi me imposibilitaban ver la luz. Ya ven el fútbol que mueve
tanto, conjuga también los hilos de la vida para llevar la alegría a una
ciudad, a amigos lejanos que se congratulan, a otros, a los que uno, aunque no
los vea a diario, se siente unido, muy
unido…
Hoy, si toca. Ah, por cierto, en mi
carné dice que soy el socio número 181 del Málaga…
sábado, 20 de junio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Santo Tomás Moro
Junio, 20 sábado
Cuando yo era joven
asistí en el cine Albéniz de Málaga a la proyección de una película excelente,
de esas que, a uno lo enganchan y lo hace amante del cine. Era 1966. Fred
Zinnemann dirigió “Un hombre para la eternidad”. Alcanzó seis premios de
la Academia y otros muchos de los que se entienden de menor importancia. La
película narraba la vida de un hombre, Tomás Moro, canciller de Inglaterra, con
una conducta fiel a sus principios. Le costó la vida.
Se enfrentó al rey
Enrique VIII que, ante la negativa del Papa, Clemente VII, de concederle la anulación del matrimonio con
Catalina de Aragón, decidió separarse de la iglesia de Roma. El cisma estaba en
bandeja. Se separó y creó su propia iglesia. Nacía la Iglesia Anglicana de la
que se erigía, además, Sumo Pontificie.
Tomás Moro, se
opone. No firma el acta donde el rey rompe con Roma. Lo encarcela en la Torre
de Londres y, tras un juicio amañado, fue condenado y ejecutado en 1535. Su negativa a reconocer al monarca como cabeza
suprema de la Iglesia de Inglaterra y su rechazo a convalidar el divorcio del
rey con Catalina de Aragón, le costó la vida.
Fue un hombre de una
cultura excepcional. Irónico, con gran humor. Lorenzo Orellana, publica: “Dame,
Señor, una buena digestión y naturalmente algo que digerir”. Experto en Leyes, Filosofía e Historia, entre
otras materias. Amigo personal de Erasmo de Roterdam, seguidor de san Agustín
de Hipona y reconocido por numerosas Universidades europeas.
Su gran obra la
Utopia, escrita en 1516, es algo irrealizable por lo que pretende implantar
en la sociedad de su tiempo. Él ya lo vio y propone la creación de una sociedad
imaginaria, que vive en una isla, también, irreal.
Es un modelo
sociopolítico y filosófico basado en la supresión de la propiedad privada y
del dinero. Defendía una sociedad igualitaria. El trabajo, bligatorio para
todos, la educación, universal, y donde reina la tolerancia religiosa y los
bienes se administran en beneficio colectivo.
La riqueza pertenece
a la comunidad. Al no existir la propiedad privada ni el dinero, se elimina la
ambición, la codicia y la desigualdad social. Los hombres según su teoría
vivirían en un mundo fantástico. No era un loco. Su vida estuvo llena de
coherencia y fue ejemplar en muchos aspectos. Se casó joven y al morir su
mujer, en menos de un mes se casó, de nuevo. Costumbre inusual en aquellos
tiempos.
Su nueva esposa,
viuda, llevaba una niña – él tenía dos y un niño -. Luego tuvo más hijas. A
todas les dio la misma educación que al varón. Algo insólito en aquellos tiempos.
La Iglesia Católica lo canonizó en 1937. Su fiesta, se celebra el 22 de junio.
San Juan Pablo II lo elevó a Patrono de políticos y hombres de Estado….
viernes, 19 de junio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora.La Iglesia del Carmen de Antequera, joya del Barroco
Junio, 19 viernes
Andalucía es una ebullición del Arte Barroco. Sí, ese estilo que en contraposición con el Renacentista que dejaba atrás, enmarañó la madeja y lo llevó al compás de la Contrarreforma y, además, se quedó un poco corto con lo que venía después, el Rococó. (Ya la palabra, en sí es rebuscada).
Algunas ciudades andaluzas compiten entre ellas: Écija, Priego de Córdoba, Osuna, Carmona, o la propia Sevilla…y muestran bellezas que parecen insuperables. Hay una que se escapa antes de llegar a la línea de meta. Antequera. Es inalcanzable.
A Antequera hay que ir sin prisa. Es imposible, no solo en el barroco, que ya lo es, sino en todo su patrimonio -Prehistórico, romano y natural- , abarcarlo en un día. Iglesias, conventos, palacetes, casas señoriales, espadañas, fachadas, museos, leyendas… Pasado sobre pasado. Se sobrepone sobre sí mismo.
Debes saber que “el sol sale por Antequera” que está casi en el centro geográfico de Andalucía y que puedes venir por las carreteras, ahora autovías, desde Sevilla, Córdoba, Granada o Málaga. Yo, lo hago por una del siglo XIX (no han tenido tiempo, ni dinero, ni voluntad de suprimir algunas curvas ni darle un poquito de más anchura)…
Acércate al Carmen. Asómate al mirador. Contempla la panorámica de la Moraleda. Debe el nombre a las huertas que cultivaban las moreras como base alimenticia de la larva que daba vida a la industria de la seda.
Está colgada sobre el precipicio y fue convento de Carmelitas Calzados. Su origen, como casi todo en Antequera, en el XVI.
Entra. De su aspecto exterior - descompuesto - no te destaco nada.
Su retablo es la joya del templo. “Es un himno carmelitano en el que santos y santas relacionados con la orden se ven acompañados de toda una corte de ángeles adolescentes y pequeños que tocan instrumentos musicales, sostienen guirnaldas o juntan sus manos en actitudes que parecen una aptitud orante o un toque de las palmas”.
Y todo el artilugio barroco no es sino marco para resaltar el camarín central en el que se guarda la imagen de la Virgen del Carmen, titular de la Orden y del templo. El autor Antonio Primo; las imágenes de José de Medina; obra, del XVIII.
Me parece que lo mejor que puedes hacer ante una obra así es sentarte delante, según dispongas de tiempo, y escudriñar con ojos avizores cuánto de belleza se muestra bajo la pátina del paso del tiempo que mutila santos, ausenta y volatiza figuras o simplemente los cubre con una capa de polvo.
De yeserías, retablos, imágenes, capillas..., lo mejor es que te dejes llevar por la ‘Guía de Jesús Romero’, o por las explicaciones de los jubilados que te lo enseñan. Te van a decir más y mejor.
Créeme. Te
quedarán ganas de volver…
jueves, 18 de junio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El Ebro
Junio, 18 jueves
“El
Ebro guarda silencio / al pasar por el Pilar / la Virgen está dormida / no la
quiere despertar”. Don José Oropesa, un hombre bueno, en el
buen sentido de la palabra, bueno, con un puntero señalaba sobre el mapa de
hule, ajado…
La
chiquillería cantábamos: El Ebro nace en Fontibre provincia de Santander, pasa
por Reinosa, Logroño y Zaragoza y desemboca – y aquí tomábamos aire – en el mar
Mediterráneo, por Amposta… Y se tomaba
impulso. Sus afluentes son, por la derecha el Jalón; por la izquierda, el Cinca
con el Segre, el Noguera Pallaresa y el Noguera Ribagorzana. En la tarde tibia
sobrevolaban las moscas sobre nuestras cabezas. Al otro lado de ventana veíamos
como se iban las nubes por cielo azul.
Pues
no, ahora, dicen que no. Según los nuevos trazos de los geógrafos, el Ebro nace
en el Pico “Tres Mares”, en la Comunidad de Cantabria que tiene su capital en
Santander, a orillas del mar. Dicen que los ríos que nacen en ese pico vierten
sus aguas al Océano Atlántico, al Cantábrico y al mar Mediterráneo. ¡Qué cosas!
¿Verdad?
No
queda ahí todo. El niño aquel se hizo grande y como es muy curioso ha ido
varias veces por aquellas montañas lejanas y ha visto como brota en Fontibre el
río y como luego lo remansan en un pantano enorme.
Es el pantano de Reinosa, adonde llegó el tren
que llevó, desde Madrid, a Marcelo, sobrino de don Celso. Allí fue a recogerlo
Chisco con las bestias, para acercarlo a Tablanca, en la Montaña donde se
encontró con Lía, el cura y el médico… Lo cuenta José María de Pereda en Peñas
Arriba. (Por cierto, es una obra deliciosa).
Aguas
abajo, en las Merindades, que ya es Burgos, la erosión del río forma unos
cañones impresionantes. Si quieres, date una vuelta por aldeas diminutas, con
iglesias románicas – más de mil años ante tus ojos – enormemente bellas…
En
la Toba y en Frías, hay que pararse. Sin bulla – la prisa para los ladrones y
los malos toreros - y luego el puente de piedra, medieval camino de Valdivieso,
y con el punto de peaje en el centro para aquellos que en tiempos lejanos
traían o llevaban mercancías…
En
la Rioja, el río es delimitación. A una orilla, La Guardia de Álava, un pueblo bonito,
bonito. Más abajo, Navarra: Tudela, Peralta, Lodosa… La hortaliza, de
escándalo; a éste, Logroño y Calahorra y te adentras en Aragón y aguas abajo,
Caspe y…
Hace
unos días me escapé a Zaragoza. En el Puente de Piedra me encontré con el
crepúsculo de la tarde. En el Pilar, la Virgen… Me acordé de la Jota que
encabeza este escrito y… de muchas más cosas.
miércoles, 17 de junio de 2026
Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. Por los Cerros de Úbeda, en el Año Jubilar de San Juan de la Cruz
Junio, 17, miércoles
¿Adónde te escondiste / Amado, y me dejaste
con gemido? / Como el ciervo huiste, / habiéndome herido; / Salí tras ti,
clamando, y eras ido….” El hombre que escribió esto había nacido en
Fontiveros. Tuvo una infancia terrible. Su hermano murió de hambre; él, casi.
Se conoció como Juan de Yepes. En la iglesia como San Juan de la Cruz. En la literatura española como el más grande
poeta místico de nuestra Historia.
Llegó a
Úbeda en los primeros días del otoño de 1591. Fue a curarse de “unas
calenturillas”. Después, han dicho que era una erisipela que degeneró en una
septicemia. Su celda muy humilde. Entregó su vida en la noche del 12 al 13 de
diciembre, con cuarenta y nueve años…
Hileras
de olivos plantados en perfecto alineamiento peinan lomas y cerros; alternan
con campiñas de barbecho. Montañas azules en la lejanía. Cazorla y su sierra un
poco más allá. Solo un poco más allá y luego se pierden por la de Segura y por
Quesada, por Benatae y por Siles…
Los
pueblos de la Loma de Jaén, en lontananza, son pueblos blancos; salpican
colinas onduladas, a veces, pardas, a veces, rojizas; la carretera, una raya
entre olivos bajo un cielo entoldado.
Desde
la lejanía, Úbeda aparece recostada: caserío blanco de tejados pardos. En el
horizonte algunas torres le dan nota de un pasado esplendoroso.
Úbeda
regala Renacimiento. Es una prolongación de Vandelvira, y de la cerámica de
Tito, de la música de Sabina, de la literatura de Muñoz Molina…
Las
plazas son amplias. No tiene agua la fuente en la plaza de Vázquez de Molina.
El Salvador, majestuosidad en piedra, espera al otro lado, reminiscencia de un
pasado que fue y que se resiste a irse. Vive de un recuerdo ahíto de esplendor.
Atesora mucho arte y la esencia acumulada a través de los siglos.
Sus
calles rezuman Renacimiento: palacios e iglesias, monumentos civiles, casonas
con dinteles de piedra y fachadas blasonadas; forjas y retablos. Recuerdos de
Carlos V en la piedra del palacio de Francisco de los Cobos.
Úbeda
es la antesala de la Sierra de Cazorla. He pernoctado muchas veces… La última
vez que estuve me subí en un artilugio a modo de tren articulado con neumáticos
y recorrí la ciudad desde un balconcillo abierto. No la anduve, como otras
veces, a música de talón, y es que los años… Pues eso, ¡ya se sabe…!