viernes, 5 de junio de 2026

Una hoja suelta del cuaderno de bitácora. El Santuario de Flores

 






                                Santuario de Flores. Donde zurean las palomas en las ventanas..


Junio, 5 viernes

 

A media mañana me las andaba por la realenga de Casabermeja, en la Loma de las Caballerías, a la altura de la Hacilla. Los olivos están ahítos de aceitunas. Ya se sabe una en San Juan...

Hacía calor; un poco antes se había arrancado el levante. De vez en cuando venía una brisa suave, agradable. Ponía una nota de placidez en un día donde también parece que se han dejado abiertas las puertas del infierno…

Decido que, en el regreso, tomaré en Casablaquilla, a la derecha, por Virote, Paredones, Camino de los Llanos, Cuesta del Convento y al santuario.

No hay casi tránsito a esta hora. Camiones de los que limpian el arroyo Jévar llevan zahorra; levantan mucho polvo. Adelanto a uno a la altura de la fuente de Juan Rajao…

Subo la cuesta. El cielo, a pesar del levante, sigue azul, muy azul. Llego. Percibo la paz de siempre. Allí, en su altar, Ella, la que vino a finales del XV de mano de los marochos desde Encinasola en la Ribera del Múrtiga…Hoy, le han cambiado de manto. Echo un ratillo con ella. Le he pedido que nos conceda lo que más falta nos haga…

Un matrimonio, que no conozco, está sentado en la nave del evangelio, delante del atar de san Francisco. En un momento determinado ella se ha levantado. Ha depositado unas monedas en el lampadario, se ha encendido una velita ‘artificial’. Es una buena medida; evita posibles problemas.

Él tiene abierta, por la mediación, una de las Biblias que, sobre una mesita, en la nave de la epístola, ante el la Capilla de la Orden Tercera espera a que alguien les eche un vistazo…

Se me vienen a la mente recuerdos de siglos… Las obras del Santuario de Flores se iniciaron en 1590. Es de suma sencillez y humildad. Viene de la mano de la nueva reforma de los Observantes, los Recoletos.

El Concilio de Trento manifestó la voluntad de la Iglesia de que los templos, casas de Dios infinitamente incomprensible por ser infinito, se convirtieran en lugares de conmoción y de impresión sensorial. El convento de Flores, lo es. El arco toral con guirnaldas, hiedras (símbolos de fidelidad), frutos o ramilletes, amparados en los versículos: “Flores aparuerunt in terra nostra” (Cant. 2, 12) (“Nuestra tierra se llenó de flores” en una traducción muy libre), dan entrada al mundo de gozo por la presencia de Dios. Culmina, tras pasar por la muerte, en el ‘Paraíso’ representado en el camarín con María, Reina y Señora.

El templo es grande, alegre, diáfano; engalana sus paredes lisas con la cal nítida, combinada con grises, marrones, ocres o tonos más intensos, propios del tenebrismo de un barroco avanzado. Concluirá con la exaltación del rococó del camarín.

En el lateral de la Epístola, un camarín más pequeño, decorado con yeserías rococó de finales del siglo XVIII y junto a este, una capilla adyacente cubierta con bóveda de media naranja con decoración de rocalla. Perteneció a la capilla de la Tercera Orden.

 

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