Junio,
12 viernes
Dicen
que un día los ratones andaban muy preocupados. Mejor, estaban abatidos. El
gato siempre, agazapado, los cogía por la mano. El gato era muy pillo. Se valía
de sus patas rematadas en almohadillas y no hacía ningún ruido cuando
transitaba por las noches en el almacén. Siempre había un pobre ratón que
terminaba en sus garras.
Ellos,
ratoncillos minúsculos, decidieron convocar una asamblea (eso del bla, bla,
bla, como ven, viene de largo) y en esa asamblea entre todos buscarían una
solución para hacer frente al peligro.
Un
ratón viejo, dijo que el gato aprovechaba que de noche agudiza la vista y es
invencible; otro, habló de su agilidad para saltar con rapidez; hubo quien
opinó que el gato conocía mejor que ellos los entresijos de aquel almacén y
siempre iba con ventaja. Uno más espabilado opinó que lo suyo era ponerle un
cascabel y todos sabrían de sus hazañas… El problema generado fue mayor. No
hubo ni un solo ratón capaza de ponerle el cascabel al gato.
Desde
el siglo XVI, al XX los países europeos decidieron que su expansión colonial (o
esa rapiñar a los países que tenían riquezas superiores a las de ellos) tenía
que ser, principalmente, en África: Alemania, Italia, Reino Unido, Bélgica,
Francia, Portugal y España se hicieron con su pedazo de tierra. Mas o menos
grande, más o menos rica y más o menos sumisa.
Pasó
el tiempo y algunos de esos países de allí, se dieron cuenta del expolio al que
estaban sometidos. Comenzaron a despertar. El día de la independencia del
Congo, al rey Balduino de Bélgica le quitaron ¡la espada de la cintura! Luego,
esos países, casi todos, están en guerras internas que son las peores.
Casi ninguno, tenía cuadros de mandos para
llevar un país. Los gerifaltes europeos se habían encargado de ‘prefabricar’
lideres afines, a los que se encargaban ellos de ‘alimentar’ a su modo y
manera.
Casi
todos, poco a poco, llegaron a la independencia. Casi todos, por medio de una
guerra que los autodestruía y con armas compradas a sus ‘dueños’ anteriores.
Aparecieron dos amos nuevos: la URSS y China. Estos no eran capitalistas, eran
eufemísticamente, ‘socialistas’ pero tan amantes de la carne de los ratones
como los amos precedentes.
En
algunas partes han aparecido otros materiales aún más apetecibles que los
anteriores. El África, a ambos lados del Sahara, la subsahariana, la que va
cruzada por el Ecuador, la que está aún más baja, y llega hasta el Cabo de
Buena Esperanza conocen la miseria… Huyen. Se han echado a andar.
Se
conoce como movimientos migratorios. Nadie deja su tierra por placer. Los que
se echan al mar no pueden vivir en sus países, algunos muy ricos; otros menos.
Viene la gran pregunta. ¿Quién le pone los cascabeles a esos gatos? ¿Quién
exige a los responsables de ayer una solución al problema de hoy?
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